Estaba disfrutando de un aperitivo al atardecer, viendo los
veleros que vagaban por el Caribe cuando una mujer de unos treinta y cinco años
se me acercó y dijo:
-Ud. es Ricardo Erecto, ¿No es así?. Lo vi hace unos días por
televisión cuando lo entrevistaban sobre ¨La Influencia de la Edad Media en
Nuestras Costumbres.-
-Efectivamente, soy Ricardo Erecto. ¿En qué puedo ayudarla
señorita.-
-Susana Monte, mi nombre.-
Generalmente cuando se me acercan de esta manera es para
contarme alguna historia. Ya me había sucedido muchas veces. Frecuentemente no
dicen su nombre para resguardar su identidad y no comprometerse.
-Quería contarle algo, porque me enteré que Ud. estaba
investigando sobre la sumisión de mujeres. Conozco una persona que está a pocos
kilómetros de aquí que tiene varias jóvenes esclavas. Yo lo conozco bastante
como para solicitarle una entrevista, si es que Ud le interesa.-
-Por supuesto que sí, Susana.- respondí. ¿Cómo debo
conectarme con él?- Daba por sentado que se trataba de un varón.
-Lo llamo enseguida. Eso sí tendrá que ir Ud. solo, ya que yo
no lo podré acompañarlo. Seguramente ya se enterará por qué.-
Luego de realizar la comunicación, concertó la entrevista
para el día siguiente. Debía preguntar por el señor Hans Moeller.
A la mañana siguiente llegué a la enorme casona que me habían
indicado. Salió a atenderme un hombre de unos 32 años, bastante corpulento pero
de fino modales.
-Soy Hans. Susana ya me adelantó que Ud. está investigando
sobre esclavas. Tengo muchas cosas que comentarle, pero antes que nada pase Ud
que ya pongo una esclava a su disposición.-
La última aseveración no dejó de sorprenderme. Poco después
apareció nuevamente trayendo una joven, que sólo calzaba una muy diminuta
pantaleta, como allí le decían, de la punta de una cadena que rodeaba su cuello.
-Se llama Maqueta, porque todo en ella es de reducidas
dimensiones. Tetas pequeñas, culito pequeño, conchita pequeña, pero es muy
dócil. Por supuesto puede ordenarle absolutamente lo que desee que ella lo
complacerá.-
-Realmente no es mi intención ordenarle nada. Mi visita es
para informarme de su actividad aquí, y conocer algo de esclavas y sumisas.-
-Lo mejor será que primero visitemos las instalaciones y
luego le doy los detalles que desee.-
Nos dirigimos a un ala del edificio. Nos acompañaba Maqueta
que ahora tenía las manos esposadas en la espalda. Transponiendo una gruesa
puerta de madera se accedía a un pasillo largo, a la derecha del cual se veían
una serie de celdas con puertas enrejadas. En el interior de algunas de estas
celdas había mujeres desnudas, tres de ellas encadenadas. Recorrí el pasillo con
asombro. Casi hacia el final había sobre la izquierda una puerta con un cartel
que decía: Sala de Obediencia.
Transpusimos la puerta y pude observar el cuerpo desnudo de
una joven inclinada sobre un caballete con dos gruesas marcas en el culo.
-Esta es Cortina. La tengo muchas veces colgada de las
muñecas. Hoy es el día que le corresponde obediencia, por eso está aquí. Atada
en un caballete y hasta ahora ha recibido dos latigazos en el culo. Luego
recibirá alguno más. En esta Sala de Obediencia están todos los instrumentos que
uso sobre las chicas para enseñarles justamente obediencia. Hace tres años mandé
construir todo este ala de la casa. Entramos primero por las celdas, que son
doce y están todas ocupadas y este lugar que he equipado con todo tipo de
instrumentos para atormentar a las mujeres que están esclavizadas.-
Hans me dio todo tipo de detalles del uso de cada aparato y
con frecuencia pedía a Maqueta que se ubicara en el mismo para mostrarme su uso.
Terminado el recorrido, me indicó que debía castigar a Cortina. Nos dirigimos al
lugar en el que la muchacha estaba atada. Tomando un látigo que estaba junto al
cuerpo de la joven. Hans descargó otros dos azotes en el culo y otros dos en la
espalda. Cortina apenas emitió un quejido. Las marcas se notaron de inmediato.
Supongo que deben haber sido muy dolorosos.
Salimos de la Sala y recorrimos el pasillo ahora en sentido
inverso. Me paré frente a una puerta de reja de una de las celdas. En su
interior una joven desnuda con grilletes en los tobillos, esposas en sus muñecas
y una cadena que unía su collar con una argolla en la pared, me miraba con
cierta curiosidad. Su cuerpo tenía varias marcas de castigos que había recibido
no hacía mucho tiempo.
En el interior de la celda había sólo un catre de madera con
un edredón a modo de colchón. Hacia un costado divisé un pequeño baño.
Esta es Secuestrada, de la cual ya le contaré la historia, me
dijo Hans. Seguimos camino y nos encaminamos a su despacho. A una indicación mía
Maqueta se retiró del lugar.
-Hans, cuénteme cómo llegaron estas chicas aquí.-
-Es una historia un poco larga. La primera joven que ingresó
a esta casa como esclava fue Candado. Su nombre se debe a debió pasar muchos
días encadenada y con candados porque quería escaparse. Resulta que un día se
presentó y me pidió quedarse a vivir en esta casa a cambio de lo cual ella se
avenía a ser mi esclava. Yo nunca había tenido esclavas conviviendo conmigo pero
ante su insistencia, acepté y se realizó el contrato pertinente. Tenía en ese
momento apenas 18 años. Su cuerpo invitaba a gozarla y hacerle algunas otras
cosas.-
-Luego de todas las formalidades, me dispuse a violarla, como
era mi derecho. Ella no había previsto realmente lo que es una esclava por lo
que tuve que azotarla primero para violarla después. Allí me enteré que era
virgen y que yo era el primero en penetrarla. Como quiso escaparse la encadené y
tuve que diariamente recordarle que ella era mi esclava. Para ello nada mejor
que unos azotes u otros castigos. Luego de cuatro semanas era una joven dócil y
se empeñaba en servirme adecuadamente.
-Muy poco después me vino a ver un mercader de esclavas.
Traía una joven rubia de cuerpo firme y agradables líneas. Discutimos largamente
el precio pero finalmente compré a Pelitos para ampliar mi pequeño harén. El
nombre de Pelitos se lo puse por los finos y escasos pelos rubios que adornaban
su pubis. No es por jactarme pero cuando la compré pensaba que hacía una buena
compra. ¡Como se somete a mis caprichos sexuales! Además resiste muy bien los
castigos.-
-La tercera fue Secuestrada. Ella es la sobrina de Susana. Yo
conocía a Susana desde hacía un tiempo y me comentó que una sobrina de ella, de
comportamiento algo rebelde, quería que fuese la esclava de un varón y me
propuso que me hiciera cargo de ella. Me dijo, además, que ella no quería
aparecer como la promotora de su esclavitud, por lo cual prepararía todo para
que yo la secuestrara.-
-Hay algo que no entiendo Hans, Pregunté. ¿no estás fuera de
la ley secuestrando a una joven y esclavizándola de la manera que tú lo haces?-
-No. Si cualquier ciudadano secuestra a una mujer y no hay
reclamo por parte de un familiar directo dentro de los tres días de producido el
secuestro, la secuestrada pasa a ser propiedad del secuestrador, pudiendo
disponer de ella como quiera. Así es la ley en esta ciudad, pero continúo con mi
relato.-
-Susana preparó todo y un día de regreso de visita de la casa
de su tía estaba esperando en la ruta a algún vehículo que la alcanzara hasta su
casa. Susana me avisó y me dirigí al lugar indicado. Secuestrada subió al auto.
Hicimos algo más de dos kilómetros y le dije que debía internarme en un campo a
buscar la caza del día. Ella no se sorprendió. Finalmente paré el auto y sacando
una cuerda de la guantera del auto quise atarle las muñecas.-
-Comenzó a gritar y a resistirse pero finalmente logré atarle
fuertemente las muñecas en su espalda. Luego otra cuerda a la altura de los
codos ya dejaba sus brazos sin movimiento. Como seguía con sus gritos, pataleos
y pedidos de auxilio, primero la amordacé y luego le puse una capucha de tela
negra con lo cual comenzó a desorientarse. Finalmente una cuerda en los tobillos
y otra en las rodillas le hicieron perder toda posibilidad de escapar. La tomé y
la puse en el maletero del auto.-
-Esta pequeña pelea me había excitado y por un momento pensé
en violarla allí mismo, pero consideré que era mejor hacerlo en la Sala de
Obediencia. Llegamos a casa, la saqué del baúl y la llevé a la Sala. Allí le até
las muñecas por sobre su cabeza, le retiré la capucha y le desaté las piernas,
fijando sus tobillos con sendas cuerda al piso, manteniéndolas separadas.-
-Acto seguido comencé a aflojarle la camisa y le corté el
corpiño. Podía acariciar sus tetas a gusto. Ella mientras tanto, a pesar de la
mordaza se esforzaba por gritar. Así le fui cortando toda la ropa hasta que solo
le quedaba la bombacha, que muy poco después caía hecha jirones en el piso.
Ahora sí era el momento de violarla.
-Susana ya me había advertido que no era virgen, pero su
conchita era muy estrecha, por lo que era un verdadero disfrute cogérsela. Una
vez violada le di unos azotes en el culo y le quité la mordaza, explicándole que
la había secuestrado para convertirla en mi esclava. Gruesas lágrimas caían de
sus ojos pero sabía que no podría hacer nada. Nadie reclamaría por este
secuestro dentro de los tres días y luego quedaría definitivamente de mi
propiedad. Por ese (y otro motivo que ya te contaré) es que Susana no quiere
venir por aquí. No quiere que su sobrina la vea conmigo.-
-Quedó largo rato sollozando hasta que finalmente la llevé a
una celda y la encadené. Siempre se ha portado muy bien y no he tenido necesidad
de castigarla más allá de mi propio placer. De todas maneras la primera semana
la cogí por adelante y por atrás y la torturé en los diversos aparatos que
habrás visto. Era para afianzar mi poder sobre ella y que comprendiera que
estaba completamente sometida a mi voluntad. Tiene un cuerpo muy adecuado para
ser castigado.-
-Habrás visto que Secuestrada tenía una mirada de
resignación. Hace ya más de un año que es mi esclava. Luego compré otras dos.
Pelada, porque llegó con la concha afeitada e Inglesa, por su origen Británico.
A Pelada la compré en un remate de esclavas y a Inglesa la importé de Europa.-
-Me invitaron a un remate que se accedía solamente con
invitación especial. No tenía especial interés en comprar una esclava pero
cuando vi a Pelada, desnuda, en el estrado para ser subastada, me entraron ganas
de comprarla.-
-Por algún motivo que desconozco, hubo pocas ofertas y sin
pujar demasiado, bajaron el martillo, adjudicándome la compra.-
-En cuanto a Inglesa, me enviaron un catálogo con esclavas en
venta. Traía varias fotos de cada una de las esclavas en ventas, algunas
encadenadas, otras con arneses, atadas, amordazadas, etc. Inglesa estaba
encadenada, desnuda, con una cinta sellando su boca y mostrando unas tetas muy
firmes. Me gustó su figura e hice una oferta. Luego de discutir el precio la
compré y me la enviaron para aquí. La temperatura caribeña hace que las puedas
tener desnudas incluso a la intemperie, que se soporta muy bien.-
Ya tenía cinco esclavas pero quería tener más.-
-Poco tiempo después, de un colegio de jóvenes rebeldes me
ofrecieron unas diez chicas de 17 y 18 años que estaban en el establecimiento
pero que habían intentado escapar varias veces. La directora quería deshacerse
de ellas y me propuso vendérmelas a un precio realmente regalado. Vi fotos pero
quería conocerlas personalmente. Le propuse entonces que con la excusa de hacer
una pasantía en una estancia, quería entrevistarlas.-
-Así fue. Entrevisté a las diez y por su cuerpo y
personalidad elegí tres. Quedamos en que al día siguiente las pasaría a buscar
para llevarlas al establecimiento. Las tres jóvenes pensaron que sería muy buena
oportunidad para escaparse, desconociendo el futuro que yo les tenía preparado.-
-Al día siguiente fui al colegio, pagué lo estipulado y
acordamos vacunar a las tres jóvenes para prevenir enfermedades en la estancia.
En realidad fueron inyecciones de anestesia. Unos quince minutos más tarde y ya
en la ruta las tres jóvenes se quedaron profundamente dormidas.-
-Llegamos aquí, las bajé y las acomodé en las celdas,
desnudándolas previamente y encadenándolas al catre. Cerré las tres celdas y me
retiré a esperar que se despertaran.-
-Unas dos horas después comencé a escuchar unos gritos. Me
dirigí a las celdas. Efectivamente se habían despertado, encontrándose con la
sorpresa de estar encadenadas. Les anuncié que serían mis esclavas y que poco
después, luego de violarlas procedería a aplicarles algunos castigos.-
-Las tres palidecieron de temor. La primera en ser violada
fue Granito, nombre que le puse por un lunar que tiene cerca de la concha. Luego
que descargué mi leche en su interior la llevé a la Sala y la monté en un
caballete, amordazada. Unos cuantos azotes le calentaron el culo y la espalda.-
-Volví a otra de las celdas y violé a Tetitas, , nombre dado
por lo chico de sus pechos. Luego la llevé a la Sala y la fijé en la mesa de
torturas. Unas pinzas en los pezones y el clítoris completaban el castigo
inicial.-
-Finalmente era el turno de Culona, que podrás imaginar el
por qué del nombre. La llevé luego a la Sala y la até a una columna. Estaba por
usar una picana pero me pareció muy cruel para el comienzo. Entonces decidí sólo
clavarle algunas agujas en los pezones. No te imaginas la expresión de dolor en
su rostro.-
-Finalmente azoté abundantemente a Tetitas y Culona para
comenzar su entrenamiento.
-Yo quería tener más esclavas. Hablé con Susana para ver qué
podíamos hacer. Me sugirió que ella buscaría una muchacha apropiada para ser
secuestrada. Unos días después me llamó para informarme que tenía en la mira una
joven alemana de 22 años que acostumbraba a hacer escapadas con sus amigas a
lugares poco frecuentados, sin dejar señas de dónde estaba. Era la joven ideal
para secuestrar, porque si bien tenía familiares directos que podían reclamar,
no era probable que lo hicieran dentro de los tres días que marcaba la ley.
Pasado ese tiempo, no habría problemas.-
-Estaba todo preparado y ella misma la invitó a una salida y
quedó en que la esperara en la ruta. Allí fuimos los dos. Paramos el auto y como
vio a Susana, subió sin dudar. Poco después paramos el auto y comenzamos a
atarla. Al principio pensó que era un juego pero cuando ya atada Susana,
dirigiéndose a mí me dijo -¨Hans, puedes llevarla a tu casa tranquilo. Podrás
cogerla y torturarla a gusto. Está bien atada y ahora la amordazaremos.¨-
Intentó gritar, hecho que aprovechamos para introducirle una bola en la boca. La
trasladamos al maletero, yo alcancé a Susana a su casa y emprendí camino a la
mía. Otra razón por la que Susana no quiera venir.-
-A llegar la saqué del baúl. La misma Secuestrada me ayudó a
llevarla a la Sala y la atamos a una mesa diseñada para torturas. Una vez allí
Secuestrada, luego de desnudarla parcialmente, se retiró. Me quedé solo con ella
y a mi merced. Le retiré la mordaza de la boca y comenzó a pedir que no le
hiciera nada, que ella accedería a mis requerimientos sexuales.-
-Jovencita,- le dije, -desde ahora en más serás llamada Ale,
por tu origen alemán. Por supuesto que te voy a violar cuando así lo quiera,
pero primero voy a torturarte un poco para ver cómo te comportas.- Te aseguro
Ricardo, que la manera que comenzó a implorar que no la castigara me produjo tal
erección que no pude contenerme, la desnudé completamente, le apliqué dos o tres
azotes en el vientre y se la clavé sin más trámite.-
-Ya más calmo le expliqué qué es lo que haría con ella. Le
apliqué unos azotes más en las tetas, el vientre y las piernas y luego de
colocarle grilletes en los tobillos, un collar y esposas la llevé a una celda,
ordenándole a una de las esclavas que quedara fuera de celda, pero contra la
reja para informarla en detalle de la vida dentro de mi casa.-
-Las siguientes dos vinieron por su propia voluntad. Algo
sabían qué era ser esclavas y luego de darles más detalles, decidieron quedarse.
Son Palito, por lo flaquita y Manzana, por su culito redondo y rosado en forma
de manzana. Me han dado muchas satisfacciones. Palito la chupa muy bien. Te
diría que es una especialista en mamadas. En cuanto a Manzana su culo es ideal
para los azotes. Es uno de los castigos que frecuentemente le aplico.-
-Ya tenía diez esclavas y consideré que era un número
suficiente. Sin embargo Susana me informó que un traficante, que se dedicaba
casi exclusivamente a putas, tenía una joven que entendía que la podía vender a
mejor precio que como puta. Me propuso que la fuéramos a ver.-
-Llegamos a la casa y luego de mencionarles el motivo de
nuestra visita nos hizo pasar a un salón casi vacío pero que tenía una gruesa
columna casi en el medio del mismo. Allí estaba atada una joven, totalmente
desnuda y con los ojos vendados. Su figura era espectacular. Alta, mide un metro
sesenta y ocho centímetros, delgada y muy rubia. Los pezones, muy oscuros y
prominentes eran una invitación a pelizcarlos. Los pelos de la concha apenas se
veían por lo claros que eran. Realmente me gustó.-
-Había sido entregada al traficante por su tío como parte de
pago por una deuda contraída. La joven estaba resignada a ser vendida como puta
o esclava ya que no le quedaba otra alternativa. Parecía muy dócil. Arreglamos
el precio y Rubia, así la bauticé, pasó a integrar mi harén.-
Finalmente una mañana al salir de la casa me encontré en el
jardín con una joven con claros signos de haber sido violada. Había sido dejada
en el lugar por sus amigos que, luego de una fiesta y con unas copas de más
habían abusado de ella. Sus ropas estaban desgarradas. Su estado era lamentable
aunque intuí una buena figura. La hice pasar y viendo varias jóvenes desnudas,
con grilletes o esposas me preguntó qué eran.-
-Le di detalles de la vida en mi casa y me pidió
encarecidamente que la tomara como esclava ya que luego de lo ocurrido no podía
volver con su familia o amigos. Me tomé unos minutos para pensarlo, mientras la
invité a recorrer la casa para que estuviera segura de la actividad en la misma.
A medida que avanzábamos por las celdas, noté que sus ojos brillaban cada vez
más. Al llegar a la Sala la hice pasar.-
-Allí estaba Tetitas sufriendo por estar atada en una muy
incómoda posición. La joven la miró con curiosidad y finalmente, arrodillándose
a mis pies me pidió que no la privara de permanecer en mi casa. Se bajó el resto
de braga que le quedaba y tomando mi mano la acercó a la concha para que
apreciara la humedad de la misma. Creo que fue convincente y de allí en más pasó
a integrar el conjunto de mis mujeres. La bauticé Abandonada por la manera en
que llegó a mi residencia.-
-Así, amigo Ricardo, es como llegaron las doce muchachas que
me acompañan.-
-Hans, tengo algunas dudas que, si puedes, me las respondes.-
-Con gusto Ricardo, pregunta.-
-¿Cuál de todas las esclavas es tu preferida?
-Te diré que en realidad tengo dos preferidas. Una es, sin
duda, Secuestrada y la otra es Rubia. Ambas reciben mis favores masculinos con
más frecuencia que las demás. También reciben castigos extras mayores que las
demás.-
-¿Qué precauciones tomas para que no queden embarazadas?-
-Todas tienen una pequeña operación en el cuello de útero que
les impide embarazarse.-
-¿Cómo es un día típico aquí?-
-A las 7 de la mañana suena una alarma y nos despertamos
todos. Las esclavas que no están encadenadas, comienzan de inmediato a
higienizarse en los baños de las celdas. Las que pasaron la noche encadenadas,
esperan a que yo las libere y comienzan a higienizarse.-
-La que recibirá el castigo mayor ese día, sin desayunar va
directamente a la Sala a esperarme. Las demás se dividen la tarea en preparar el
desayuno, lavar la ropa y acomodar sus celdas. Luego del desayuno ya voy a la
Sala para comenzar los castigos en la que le corresponde. Luego comienzo a gozar
con la será castigada al día siguiente.-
-Luego puedo castigar a alguna de ellas o simplemente atarla
o humillarla de alguna manera. Luego vuelvo a la que recibe el castigo mayor.
Generalmente gozo de alguna de las esclavas y ya estamos dispuestos para el
almuerzo. Mientras algunas de las esclavas lavan y limpian la cocina y el
comedor yo me dedico a continuar castigando a la del día u otra, si tengo
ganas.-
-Así seguimos hasta la noche que luego de cenar penetro a
alguna de ellas, le doy el último castigo a la esclava designada, encadeno a
alguna de ellas y nos vamos a dormir.-
-Mira Hans, me he quedado intrigado con Rubia. Podemos
llamarla para hacerle algunas preguntas.-
-Por supuesto Ricardo, pero creo que será mejor que la
interrogues en la Sala. Allí hay un sillón de interrogatorios que todas le temen
mucho y será muy cómodo para ti.-
-¿Por qué todas le temen mucho?
-Porque deben ponerse dos consoladores, uno en el culo y otro
en la concha. Son metálicos y al lado del sillón hay un tablero. Si aprietas el
botón rojo, reciben una descarga eléctrica en sus partes íntimas. No sabes cómo
se estremecen cuando aprieto el botón. Ya tiemblan de sólo pensar que las voy a
poner allí.-
-No quisiera abusar de una de tus esclavas preferidas.-
-No es abusar, es poder proceder a interrogarla con
comodidad. Vamos para allá-
En el camino Hans indicó a Manzana que buscara a Rubia y le
indicara que fuera a la sala. Poco después llegó Rubia. Realmente tenía un
cuerpo espectacular. Era una de las mejores figuras desnudas que había visto en
mi vida. Con voz firme Hans le indicó que se dirigiera al sillón de
interrogatorios. Rubia no pudo contener las lágrimas anticipándose al
sufrimiento que le esperaba. Hans le acomodó los dos consoladores en la concha y
el culo y la fijó con correas al sillón. El tablero de comando fue acomodado a
un costado del sillón.
-Bien, ya puedes interrogarla. No ahorres lo que necesites
hasta que consigas las respuestas que busques. Mientras tanto estaré torturando
a Cortina. Si me necesitas, me llamas.-
-Hans, pensaba interrogarla delante de ti. No quiero abusar
de esta joven ni de tu confianza. Me has dicho lo que representa esta joven para
ti.-
-No te preocupes. Las esclavas están para servir. Haz con
ella lo que quieras. Yo estaré de acuerdo en todo. Adelante.-
Estaba frente a Rubia. Tenía los ojos húmedos ya que suponía
que iba a castigarla sin piedad, en especial teniendo en cuenta las últimas
palabras de Hans. Comencé el interrogatorio.
-¿Cuándo y cómo te enteraste que serías dada como esclava en
parte de pago de una deuda?-
-Sabía que mi tío debía mucho dinero. Una tarde me dijo que
quizás debiera utilizar mi cuerpo para saldar parte de una deuda. Eso fue un mes
antes que me cediera al traficante. En principio pensé que debería acostarme con
algunas personas como ya había hecho en otras oportunidades. A la semana me dijo
que sería una cesión permanente. Entonces comprendí lo que me esperaba.-
-¿Cómo se concretó la entrega?-
-Una mañana mi tío me anunció que por la tarde nos esperaba
el traficante para valorar mi cuerpo y arreglar la cancelación de la deuda. A la
tarde llegamos a la casa. Allí una mujer me ayudó a quitarme la ropa y quedarme
sólo con las prendas interiores. Me colocó unas esposas que fijó en lo alto de
un poste. Poca después entró el traficante que me desnudó completamente, palpó
todo mi cuerpo de la manera más obsena y humillante y finalmente discutió con mi
tío el valor de la transferencia. Firmaron los papeles y quedé definitivamente
en manos del traficante hasta que me vendiera.-
-¿Cuánto tiempo estuviste con el traficante antes que te
comprara Hans?-
-Unas dos semanas. En ese tiempo vinieron a verme en seis
oportunidades. Por lo que podía oír, ya que estaba encapuchada, alguno de ellos
eran los dueños de prostíbulos. Me tocaban la concha, las tetas, el culo, todo.
No quedaba nada sin investigar. Discutían el precio. El traficante quería más
dinero para venderme y no se ponían de acuerdo. Finalmente vino Hans con una
mujer y me compró.-
-¿Has sufrido mucho en convertirte en esclava?-
-Al principio sí. Hans es un experto en hacer sufrir el
cuerpo de sus esclavas. Por supuesto me violó a su gusto. De las penetraciones
que soporté la más dolorosa y humillante fue la primera por el culo. Creo que
probé todos los aparatos que Hans tiene, pero luego de unas tres semanas me
acostumbré a ser su obediente esclava.-
-Veo algunas marcas de látigo en tu cuerpo y estos dos
anillos en tus pezones. ¿Es todo obra de Hans o antes ya te habían azotado y
anillado?-
-No, es todo obra de Hans. Antes no había sido castigada.-
-Me has dicho que ahora te acostumbraste a los castigos de
Hans. ¿Te gusta estar aquí como esclava?-
-Creo que sí. Es cierto que a veces debo sufrir castigos
terribles como los que seguramente me van a aplicar de un momento a otro, pero
también tengo algunas compensaciones.-
-¿Qué clase de compensaciones?-
-Unos polvos que me hecen nestremecer toda. Nuncaz me había
corrido de esa manera.-
-¿Cuál ha sido el castigo con el que más has sufrido?-
-No sabría decirle. Aquí en el sillón de los interrogatorios
puede ser uno de ellos. El otro es cuando Hans me cuelga cabeza abajo con las
piernas separadas y descarga el látigo sin piedad en mi concha. Ese castigo me
lo ha aplicado cuatro veces desde que estoy aquí. No puedo casi caminar por dos
días por el dolor que me provoca entre las piernas.-
-¿En esos días no puede cogerte o lo hace igual?-
-A veces me coge igual y otras me la da por el culo.-
-Bueno Rubia, creo que el interrogatorio ha terminado.-
-¿Y no me va a aplicar descargas eléctricas?-
-No pensaba ya que has respondido todas mis preguntas.-
-¿Y si le hubiera mentido? Si me colocan en este sillón es
para torturarme, no sólo para interrogarme. ¿No le da vergüenza tratar así a una
esclava. Interrogarla y no torturarla?.-
-No, no me da vergüenza. Yo soy escritor y estoy haciendo una
investigación sobre las esclavas. No he venido a torturar a nadie y menos a una
joven como tú. A propósito, ¿cuántos años tienes?-
-Tengo 24, pero por favor, apriete el botón rojo del tablero,
aunque sea por algunos segundos. Sería un gran deshonor para mi haber estado
sentada aquí y no recibir siquiera una descarga. Hans se enojará mucho y el
castigo será peor.-
-Entonces, ¿te gusta que te torturen?.-
-No me gusta que me torturen pero si soy una esclava quiero
ser tratada como tal y a las esclavas en esta casa se las tortura. Apriete ese
botón!-
Los ojos de Rubia brillaban. No sé si de emoción, de
excitación o de qué diablos. No podía entender acabadamente que esta joven me
pidiera que apretara el botón. Sabía que las descargas entre culo, la concha y
todo su cuerpo en contacto con el sillón metálico era algo duro de soportar,
pero lo estaba pidiendo. Se acercó Hans.
-¿Qué pasa que esta esclava está gritando? ¿No se ha portado
bien? ¿Te ha faltado el respeto?-
-No Hans, se queja porque no quiero apretar el botón rojo.-
-En ese caso lo mejor es apretarlo.- Dicho esto me tomó la
mano y la presionó sobre el famoso botón. Rubia se movía en todas direcciones y
gritaba con desesperación. Hans mantenía mi mano firmemente sobre el botón. No
recuerdo cuanto tiempo las descargas eléctricas pasaron por su cuerpo, pero me
pareció una eternidad. Finalmente Hans levantó su mano y yo la mía.
-Ricardo, a las esclavas debes tratarlas así. Para eso están.
Veo que eres un poco tímido. Les hace bien saber que están a merced de otros. Ya
ves que te pedía que la torturaras.- y tomando un látigo descargó dos terribles
azotes sobre las tetas de Rubia, que lanzó sendos gritos de terror. Dos gruesas
marcas quedaban sobre sus senos.
-¿Has conseguido en el interrogatorio lo que querías?¿Quieres
interrogar a alguna otra?-
-Es suficiente Hans. Pero quería hacerte un par de preguntas.
¿Podemos ir a tu despacho?-
-Por supuesto, vamos.-
Una vez allí le pregunté por qué no invitaba a Susana a
regentear su casa. Seguramente había cosas en las que necesitaba ayuda y la
presencia de una mujer sería conveniente.
-Lo he pensado alguna vez, pero la presencia de su sobrina
aquí, que me fue entregada por ella es lo que me limita.-
-Sin embargo tú y luego ella tienen autoridad suficiente como
para que Secuestrada no pueda objetar nada. Después de todo ella fue la que
pidió subirse a tu auto.-
-Hablaré con Susana para ver qué le parece la idea. ¿Te
imaginas la cara de Secuestrada cuando la esté torturando y aparezca su tía y me
diga que ese vientre resiste muchos más azotes que los aplicados? Será un gusto
verle el rostro.-
Me retiré del establecimiento con la promesa de volver para
interrogar a otras de las esclavas. Maqueta, que había sido designada para
asistirme se puso bastante triste porque me fui sin siquiera haberle dado un
azote o haberla penetrado por alguno de sus agujeros.
Unos días después regresé. Estaba bastante intrigado por
Abandonada por lo que pedí interrogarla. En esta oportunidad Hans sugirió que
fuera atada a un poste y que tuviera siempre a mano un látigo para intimidar y
eventualmente castigar, a Abandonada.
Poco después me encontré frente a una joven de tez algo
morena, con ojos saltones que me miraban con curiosidad. Estaba atada al poste
con los brazos por detrás del mismo. Sus piernas separadas dejaban entrever una
conchita entre roja y negra. Había sido cuidadosamente depilada por cual todas
sus intimidades estaban a la vista.
-Abandonada, te voy a interrogar.- me armé de coraje y
continué: -si no contestas mis preguntas adecuadamente te castigaré con este
látigo sin piedad.-
-Sí señor. Contestaré todas sus preguntas sin vacilar, pero
mi cuerpo está a su disposición para ser castigado si es su deseo.-
-¿Cómo fue que te violaron cuando finalmente te dejaron
aquí?-
-Estábamos en una fiesta. Los chicos habían bebido un poco de
más y comenzaron a tocarme las tetas. Uno de ellos me pasó la mano por debajo de
la pollera para tocarme entre las piernas. Entre tres o cuatro me levantaron y
me introdujeron en una camioneta de uno de ellos. Allí comenzaron a sacarme
alguna prenda hasta que uno soltó la idea de violarme. De inmediato me sacaron
la bombacha y desgarraron la camisa y mientras uno me sujetaba las manos y otro
me separaba las piernas, un tercero me penetró. Como me resistía, a ser violada,
comenzaron a pegarme. Finalmente terminaron violándome algo así como seis de mis
amigos. Me ataron las muñecas y los tobillos arrancaron la camioneta. Finalmente
me dejaron en los jardines de esta casa.-
-¿Por qué decidiste quedarte?-
-Mi familia no admitiría tener bajo su techo una joven que no
fuera virgen. Si me dejaran convivir, sería despreciada por todos. Así era lo
mejor alejarme de todos y el señor Hans aceptó tomarme como su esclava.-
-¿Te gusta ser castigada, violada y humillada mientras debes
permanecer desnuda, encadenada y dormir en una celda?-
-Me deja en paz sabiendo que así debe ser por haber sido
violada. Admito que soy una esclava que debo ser tratada como tal. Castigada,
violada, humillada. Por ese motivo Ud. tiene ese látigo que seguramente usará
sobre mi cuerpo. Estoy también para satisfacer los deseos de mi Amo y de sus
amigos. Cuando el Amo Hans me ataba a esta columna me dijo que Ud. podía ser muy
cruel conmigo y que debía resistir el castigo completamente callada. Así lo
haré.-
-¿Qué castigo consideras más apropiado para ser aplicado
sobre tu cuerpo?-
-Una esclava no puede dar opiniones, pero si guarda mi
secreto le diré cual creo que debe ser el que me apliquen con más frecuencia.-
-Guardaré el secreto. Dímelo.-
-Hans tiene un aparato que es similar a un consolador
metálico de unos 3 centímetros de diámetro pero como de 30 de largo. Tiene una
punta redondeada en un extremo y un pulsador en el otro. Se introduce la punta
redondeada en la vagina y se empuja hasta que no entra más. Allí debe estar
tocando la punta contra el cuello del útero. Entonces, bien apoyado en el fondo
se presiona el pulsador. Una descarga eléctrica se siente en el interior de la
vagina. -
-Según me explicó Hans la descarga es entre la punta
redondeada y el resto del consolador, por supuesto a través del conducto
vaginal. Es un castigo muy adecuado para esclavas que, como yo, han sido
violadas antes de ser esclavizadas. Le puedo asegurar que es una tortura
terrible. Si quiere ver el efecto, pídale el aparato a Hans y lo usa en mi
interior, pero por favor no le diga que yo se lo sugerí.-
Estuve algo indeciso. Esta joven me pedía que le aplicara una
terrible tortura porque creía que ella se lo merecía. Sin duda el trabajo de
Hans para entrenarla de semejante manera había sido muy efectivo. Finalmente me
decidí y le pedí a Hans que él mismo le aplicara el consolador. Yo no me animaba
a hacerlo.
Hans trajo el aparato. Era tal como Abandonada me lo había
descrito. Se lo introdujo en la vagina muy fácilmente, síntoma inequívoca que la
misma estaba húmeda con lubricante natural. Llegó al final del conducto vaginal,
que claramente se apreció por la expresión de dolor en el rostro de la joven.
Hans me invitó a que empujara el aparato para que comprobara que ya no entraba
más. Ya ubicado en su lugar apretó el pulsador.
Todo el cuerpo de Abandonaba se convulsionaba con el pasaje
de corriente. Sus gritos de dolor llenaron todo el recinto. Hans no dejaba de
apretar el pulsador. No sé cuanto tiempo lo tuvo apretado pero puedo asegurar
que si a mi me parecieron horas, no quiero imaginarme la eternidad que le debe
haber parecido a quién sufría el castigo. Terminada esta parte Hans me indicó
que yo pulsara el aparato.
De los ojos de Abandonada manaban lágrimas sin cesar. Hans
apretó más ligaduras que inmovilizaban su cuerpo. Me instó nuevamente a pulsar
el botón. Como me negué a hacerlo lo hizo nuevamente él mismo, luego de mover
una perrilla ubicada cerca del pulsador. Luego me entré que en ese momento había
aumentado la descarga que seguidamente aplicaría en el cuerpo de esta
infortunada joven.
Con las primeras descargas llegaron sus convulsiones que se
notaban más importantes que las anteriores. Gruesas lágrimas corrían por sus
mejillas y caían sobres sus tetas. Evidentemente el sufrimiento era supremo.
Finalmente cesó el castigo. Luego de unos minutos, Abandonada
se recuperó y nos agradeció a ambos la manera de tratarla.
Cuando entramos en el despacho de Hans, me informó que había
hablado con Susana y ésta estaba finalmente de acuerdo en ser la Gerente de
Logística de la casa de Hans. Se ocuparía que las esclavas cumplieran sus
obligaciones, revisaría el estado físico de las chicas, tener provisiones de
todos los elementos necesarios para el funcionamiento de la casa, evaluar nuevos
instrumentos de tortura y comprar esclavas nuevas o vender las muy usadas. Ambos
estaban intrigados en ver a Secuestrada cuando apareciera Susana.
Por mi parte había avanzado bastante en la investigación. Me
fui al hotel a escribir las experiencias de los dos últimos días. Quede con Hans
que si necesitaba algo, volvería.
Sin embargo conseguí un ejemplar de la revista Esclavas y
Amos. Entre los avisos había uno que decía:
"Esclava de 36 años, bien entrenada. Soporta todo tipo de
castigos. Busca Amo, Ama o Parejas que quieran abusar de ella. Llamar al 6432
----. La llamé de inmediato solicitándole una entrevista.
-Soy escritor y estoy haciendo un trabajo sobre Amos y
Esclavas y quisiera tener una entrevista con Ud.-
-No tengo inconveniente en responderle todas las preguntas
pero para eso dispondría una tarde y solicito el pago de 300 dólares.-
-De acuerdo. Le pagaré la suma requerida. ¿Cuándo puedo
visitarla?-
-Mañana a las 2 pm. ¿Le parece bien?.-
-De acuerdo, mañana estaré a las 2 en su casa.-
Esta mujer vivía en una ciudad distante unos 60 Km de dónde
yo estaba. Alquilé un auto y a las 2 de larde en punto tocaba el timbre de su
casa. Me recibió una morocha, de ojos grandes de 1 metro sesenta y cinco
centímetros de alto y muy agraciada figura que podía apreciarse a través de los
pantalones y blusa que vestía.
Aboné la suma indicada y pasamos a un estar dónde me dispuse
a tomar las notas. Lo primero que me dijo era si quería que se desnudara para
apreciar su cuerpo y algunas marcas que tenía. Accedí. Mi primera impresión no
me había engañado. Su cuerpo, muy proporcionado, tenía unas tetas firmes
(supongo que silicona de por medio) y un culito redondo encantador.
Comencé la entrevista. -¿Cómo se inició en el
sadomasoquismo?-
-Cuando tenía catorce años me gustaba andar espiando hombres
y mujeres en las duchas del Club. En una de mis incursiones fui descubierta por
la encargada del vestuario de mujeres, que me llevó a un depósito contiguo, me
amordazó y me ató a una silla. Allí permanecí más de tres horas. En esas tres
horas comprendía que me gustaba ser dominada por otros.-
-Cuando me soltó corrí al vestuario de hombres y me metí en
las duchas. Allí, ante la sorpresa de todos comencé a desnudarme. Muy poco
después me estaban violando por adelante y por atrás. Me dieron unas cuantas
palmadas en el culo y me echaron fuera del vestuario. La experiencia me había
gustado.-
-Como no tenía edad para iniciarme como sumisa públicamente,
recurrí al joven que cuidaba los animales de una propiedad vecina. Le pedí que
me tratara como lo hacía con los animales que cuidaba. Creo que entendió de
inmediato porque me llevó al establo, me desnudó, me violó y me dejó atada de
las muñecas al techo del establo hasta el atardecer.-
-Así volvía dos a tres veces por semana. Me penetraba por mis
tres agujeros, me castigaba con látigos, me colgaba de las muñecas o los
tobillos o me mantenía encadenada. Así estuvimos cerca de un año. Cuando ya
tenía quince con la excusa de ayudarla en los quehaceres domésticos estuve con
una mujer que aprovechando mis errores me castigaba físicamente. También debía
satisfacerla con mi boca o mis dedos. Con ella estuve algo mas de dos años.
Posiblemente allí fue donde aprendí a respetar a mi Ama. –
-Pero todo llega a su fin. Seguramente cansada de mi cuerpo
me entregó a Igor, que resultó ser un amo durísimo. Me cogía a diario y me
aplicaba por lo menos treinta azotes diarios aparte de otros castigos. Debí
presentarme desnuda y ser castigada de las maneras más cruentas en público.
Tenía veinte años cuando me escapé de la casa de Igor buscando nuevos
horizontes.-
-Luego de unas semanas de ser totalmente libre, comencé a
extrañar mi vida anterior. Finalmente encontré un matrimonio al cual debía
complacer. Ambos me castigaban por cualquier motivo. En particular la mujer era
muy cruel. Quizás conociendo mejor la anatomía femenina podía saber cuáles eran
las partes que me causarían mayor dolor. El varón me penetraba diariamente en
especial por el culo. Muchas de las marcas que actualmente presenta mi cuerpo
fueron hechas cuando estuve en esa casa. Permanecí con ellos hasta que cumplí
los 26. Un día me permitieron vestirme (estaba permanentemente desnuda) para que
buscara un paquete en un pueblo vecino. A mi regreso el matrimonio había
abandonado la casa y yo sólo tenía mi ropa puesta y nada más.-
-Fue así que me dirigí a un prostíbulo en el cual trabajé
unos cuatro meses hasta que pude encontrar otro destino.-
-¿Qué hiciste entonces?-
-Con la ayuda de una de los clientes del prostíbulo conseguí
ubicarme en la casa de Peter. Allí permanecí por más de dos años. Luego fui
pasando por distintas casas a través de avisos en las revistas como este que he
publicado.-
-Por lo que veo te gusta más ser castigada que cogida.-
-No. Me gusta también coger, pero para que lo disfrute debe
ser con violencia, caso contrario difícilmente llegue al orgasmo.-
-Quisiera que me muestres las marcas que tienes.-
Se recostó en un sofá, separó las piernas para abrir bien su
concha y mostrarme las marcas de agujas y perforaciones en el clítoris y los
labios exteriores de la vulva. Luego se dio vuelta y separándose las nalgas me
mostró unas marcas hechas, seguramente con un hierro caliente, muy cerca del
esfínter. Otras marcas en las piernas, los brazos, la espalda y las tetas me
fueron mostradas con detenimiento.
-Dime, ¿Esas tetas son naturales o tienen silicona para
agrandarlas?-
-Tienen un poquito de silicona pero muy poco. Caso contrario
cuando me azotan las tetas, me clavan agujas o en general cuando me torturan las
tetas, se corre peligro de un daño grave.-
-¿Nunca has sido vendida por un traficante o en un remate?.-
-Esa es una experiencia por la que no he pasado. Debo
confesar que me gustaría ser rematada y que los hombres pujen por llevarse mi
cuerpo para usarlo como quieran, pero nunca estuve en esa situación.-
-¿Prefieres que te torturen en la concha, el culo u otras
partes de tu cuerpo?.-
-Cada parte tiene su encanto. Quizás que me castiguen en la
concha es lo que más me excita.-
-¿Te han castigado con electricidad?-
-Si, muchas veces. Uno de los amos que tuve me picaneaba a
diario casi siempre en el clítoris. A él le debo las marcas en dicha parte.
¡Cómo gozaba cuando me castigaba allí!. Yo no podía menos que estar muy contenta
cuando veía su cara de felicidad.-
-¿A pesar del dolor intenso que te causaba?.-
-Una esclava no piensa en sí misma sino en su Amo. Si él
gozaba castigándome con electricidad en la concha, yo debía estar contenta de
satisfacerlo. También me aplicaba la picana en el culo. Puedo asegurarte que
también es muy doloroso.-
Mientras separaba sus piernas y abría su sexo me decía que
observara las quemaduras que le habían hecho en el clítoris. También tenía
marcas notables en el esfínter que me mostró con detalle. En cuanto a los
pezones había marcas de perforaciones que había sufrido previamente. Su pubis
estaba parcialmente depilado aunque desde arriba de su concha y hacia atrás
estaba completamente depilada. Me mostró también las plantas de sus pies.
Presentaba quemaduras hechas con hierros calientes. Era evidente las diversas
torturas a las que había sido sometida. Continuó platicándome.
-Luego estuve con diversos Amos, Amas y Parejas Sadistas.
Prefiero ser castigada por varones ya que cuando se excitan me penetran mientras
que con las mujeres yo debo satisfacerlas a ellas con mi boca.-
-¿Podrías decirme cuál ha sido el castigo que más te excitó?-
-Es difícil indicar uno. Recuerdo que una vez me llevaron al
campo. Mi Amo me desnudó y me ató a un árbol con las piernas separadas para
poder penetrarme. Luego le avisó a un grupo de jóvenes que yo estaba allí para
ser azotada y violada. Vinieron algo así como veinte varones y mujeres. Mi amo
tomando una rama verde de uno de los árboles comenzó a azotarme comenzando por
las pantorrillas y terminando arriba de las tetas.-
-Como estaba amordazada sólo gruñidos podían salir de mi
garganta. Mientras era azotada noté la erección de algunos penes y de chicas que
comenzaban a tocarse la concha. A pesar de los azotes recibidos estaba muy
caliente. Mi concha estaba húmeda y con gran necesidad de ser cogida. Poco
después mi Amo ve violó e invitó al que quisiera a que me penetrara. Algunos
varones vinieron hacia mí mientras que otros les sacaban las bombachas a las
chicas y procedían a cogérselas. Recibí cerca de diez penes diferentes y así
apenas me calmé.-
-Era evidente que todos nos habíamos calentado mucho. Una de
las jóvenes se ofreció a mi Amo que de inmediato la penetró, primero por el culo
y luego por la concha. Como había más varones que mujeres todas fuimos
penetradas más de una vez. Posiblemente yo haya sido la más agraciada. Ya se
estaban retirando cuando una de las chicas se me acercó, tomó la rama con la
cual había sido castigada y comenzó a azotarme en las tetas y la concha. Parecía
que no era la primera vez que azotaba a otra mujer. Todos gozamos mucho.-
-¿Alguna otra experiencia que recuerdes y que haya marcado un
hito en tu vida?.-
-En una oportunidad el Amo de turno me indicó que me vistiera
que íbamos a salir. Por supuesto obedecí. Debí ubicarme en el baúl esposada y
con grilletes en los tobillos. Luego de andar un rato el auto se detuvo. Se
abrió la tapa del baúl y fui invitada a salir. Resulta que estábamos frente a
una plaza de toros muy poco antes de comenzar la corrida. Mucha gente comenzó a
mirarme con curiosidad y así, esposada y con grilletes debí avanzar hasta la
entrada.-
-En ese trecho sentí manos que se escurrían debajo de la
falda, me tocaban las tetas y debí soportar los comentarios más soeces. Una vez
ubicada en la tribuna mi Amo me ordenó que me quitara el vestido y quedara así
esposada y con los grilletes sólo con una pequeña bombachita. Te puedes imaginar
el desaguisado que se armó.-
-Mi Amo discretamente se retiró dejándome en medio de la
turba. Muy poco después me arrancaban la única prenda que cubría mi cuerpo. A
pesar de los grilletes en los tobillos se las ingeniaron para cogerme por la
concha y el culo. Nadie prestaba la menor atención a la corrida. La única
corrida que les interesaba era la ellos mismos experimentaban..-
-Cada Ole! era una penetrada más profunda. As í estuve más de
dos horas hasta que mi Amo regresó y con voz firme les indicó a los presentes
que no me molestaran , más. Me coloqué el vestido, ahora sin ropa interior y nos
retiramos de vuelta a la casa de mi Amo. Luego de esa experiencia puedo
presentarme desnuda y engrillada en cualquier lado. Si me quedaba algo de
vergüenza, en esa ocasión cayó el último resto.-
Había recibido bastante información que para mí era
completamente nueva. Me mostró nuevamente su cuerpo con todo detalle observando
una vez más mas marcas que habían dejado sobre su cuerpo. Me retiré al hotel
para pasar en limpio mis notas y agregar mis comentarios.
Unos días después llamé nuevamente a Hans Moeller. Quería
entrevistar a otra de sus esclavas. Concertamos la visita para el día siguiente
a las diez de la mañana.
Al llegar Hans me saludó afablemente. Parecíamos viejos
amigos. Lo acompañaba Susana que ya estaba instalada en la casa. Aproveché la
oportunidad para preguntarle la reacción de su sobrina al verla.
-Vine justamente el día que le correspondía ser castigada.
Fui a su celda con un látigo en la mano. Cuando me vio pensó que venía a
rescatarla o algo así, pidiéndome que le quitara las cadenas y que nos
escapáramos de inmediato. Descargué dos azotes sobre su cuerpo y le indique que
se preparara que era su día de castigo. Me miró con resignación para que la
condujera a la sala. La llevé y la até a una cruz de San Andrés para que Hans
comenzara el castigo sobre ella. En esa oportunidad soportó todos los castigos
en el más absoluto silencio. Luego siempre me obedeció sin el menor rencor ni
intenciones de cambiar la situación.-
-Bien, ahora quiero interrogar a Granito.- Susana se retiró
en busca de la esclava para llevarla a la Sala. Fue colocada en el sillón de
interrogatorios, por supuesto con los consoladores metálicos en el culo y la
concha. El temido botón rojo estaba a mi derecha.
-Voy a interrogarte y quiero que me contestes la verdad. Ante
cualquier duda apretaré el botón.- dije con voz que trató de ser convincente.-
-Sí Señor. Responderé a todas sus preguntas pero tenga
compasión de mí. Sé que me va a torturar pero no abuse de mi resistencia. Mi día
de tortura fue hace dos días y todavía no estoy del todo recuperada.-
-Bien, si necesito torturarte lo haré con delicadeza...
Nombre, edad, fecha de nacimiento y primera vez que recibiste un pene en tu
concha.-
-Mi nombre en Granito por ese lunar que tengo cerca de la
concha, tengo 19 años y nací el 22 de agosto de 1982. Cogí por primera vez con
un amigo de mi hermano cuando tenía 16. Luego de eso me internaron en el
Colegio.-
-¿Sabes por qué estás aquí y para qué?-
-Estoy aquí porque era un poco revoltosa en el Colegio.
Entonces la Directora llamó a Hans para que se ocupara de mí y me enseñara
buenos modales. Cuando salí del Colegio pensamos, las tres, que podríamos
escaparnos fácilmente pero Hans nos encadenó y nos torturó hasta que olvidamos
completamente la idea de escaparnos. Luego nos enteramos que fuimos vendidas
como esclavas y que Hans pagó dinero para tenernos y abusar de nosotras. Estoy
aquí para complacer a mi Amo y sus amigos y ser usada como esclava y torturada
para su placer.-
-¿Te complace tu situación actual?.-
-Ni me complace ni me disgusta. He sido vendida como esclava
por mi mal comportamiento en el Colegio. Debo aceptarlo como aceptaré cuando Ud
se disponga a apretar ese botón. Este es mi destino. Puede ser con Hans si él
decide tenerme o será con otro si decide venderme. En cualquier caso seré
cogida, torturada, humillada y degradada.-
-Veo que tienes la concha depilada,¿Es una exigencia de
Hans?-
-Sí. Si no la tengo bien afeitada y extremadamente limpia
sería severamente castigada.-
-Pero no todas las esclavas de Hans están depiladas. ¿Sabes
por qué?-
-No lo sé ni tengo derecho a saberlo. Todas somos propiedad
de nuestro Amo y él decide qué hacer con nosotras, como tratarnos y todo lo
demás. Somos sus esclavas.-
-¿Te gustaría escaparte de este lugar?-
-Ni lo pienso porque al menor intento sería castigada tan
duramente que posiblemente quede inválida. Tengo 19 años y mientras mi cuerpo
complazca a Hans él me podrá torturar pero también me coge y satisface mis
calenturas, así que estoy bastante segura. ¿Puedo preguntarle algo Señor?-
-Dime.-
-¿Me va a torturar al finalizar el interrogatorio o durante
el mismo?-
-¿Quieres que apriete el botón ahora?.-
-Lo que Ud decida Señor. Tiene mi cuerpo para su gozo.-
Pensé que era mejor no frustrar a Granito. Apreté el botón
por un instante. Se estremeció y de su garganta escapó un quejido.
-Gracias Señor. Ahora estoy mejor predispuesta a continuar
con el interrogatorio.-
-Entre las esclavas, ¿se satisfacen sexualmente?.-
-Hemos aprendido a ser un poco lesbianas. Como promedio Hans
nos coge el día anterior al castigo y, generalmente, un día luego de la tortura.
Para varias de nosotras es poco por lo cual nos chupamos y nos masturbamos unas
a otras. Hans lo permite o como máximo lo usa como excusa para un castigo
menor.-
-Veo que no te disgustan las torturas. ¿Cuál es la que más te
excita y te gusta que Hans te aplique?.-
-No se lo voy a decir, es mi secreto.-
-Veo que quieres que apriete el botón nuevamente. O respondes
o te castigaré.-
-Por favor Señor, otra descarga y luego le respondo.-
-Apreté nuevamente el botón. La expresión en el rostro de
Granito lo decía todo.-
-Sí, responderé. El castigo que más fascina es cuando me
coloca montada en el caballete con travesaño fino que ha untado de una pasta que
él tiene.-
-¿Qué le pasa a tu concha entonces?.-
-Ya de por sí la madera se clava en mis labios y me hace
doler mucho, pero la pasta que le pone hace que se irrite la piel y duela mucho
más. Generalmente Hans me amordaza antes de aplicarme este castigo. Luego de
permanecer largo rato en el caballete y cuando ya el dolor se hace
insoportables, Hans me desata y obligándome a tener las piernas separadas y mi
sexo expuesto me aplica unos diez azotes sobre la concha. El orgasmo que
experimento es delicioso.-
-¿Te gustaría ser vendida para trabajar de puta en la calle?-
-No se me había ocurrido esa posibilidad. Supongo que tendría
compensación sexual pero eso de recibir varias pijas distintas cada día creo que
no me sentaría bien. Prefiero el látigo u otros castigos a esa variedad de
hombres.-
-¿Te ha colgado de las muñecas o los tobillos?-
-Algunas veces pero no muchas. Generalmente cuando me cuelga
de los tobillos, con los brazos cruzados y atados a mi espalda, me azota con una
vara en las tetas y el culo. Me deja marcas que tardan en desaparecer. Parece
que es un castigo que lo satisface porque generalmente, así como estoy, cabeza
abajo, debo chuparle el pene hasta que acaba en mi boca.-
-¿Alguna otra cosa que quieras contarme?-
-Hace unos días que está en la casa la Ama Susana. Parece que
a ella le gusta retorcerme los pezones. Ud habrá visto que los míos son
prominentes y muy marcados. Cada vez que me cruzo con ella toma ambos centre sus
dedos y los returce. No es muy doloroso pero la molestia queda más o menos por
una hora. Otros castigos ella no me ha aplicado pero sí nos levanta a la mañana,
nos vigila que cumplamos las órdenes y nos prepara para las satisfacciones que
debemos darle al Amo Hans.-
-Creo que es todo Granito. ¿Quieres un poco más de cosquilleo
en tus intimidades?.-
-Sí, por favor. Apriete el botón pero déjelo un rato. Quizás
así alcance otro orgasmo si Ud. me lo permite.-
Apreté el botón. Vi como de repente la concha de Granito se
contraía. Estaba experimentando un fuerte orgasmo. Una sonrisa apareció en su
rostro. Me retiré dejándola en el sillón. Susana se encargaría de desatarla y
hacer lo que considerara conveniente. Lo fui a ver a Hans para agradecerle
nuevamente y luego de escribir y pasar en limpio las notas de esta última
entrevista. Di por finalizada esta segunda parte de la investigación.