Título: "Un accidente imprevisto".
Bueno les voy a contar lo que pasó en mi familia una vez,
aunque decir eso de una vez queda raro porque se repitieron muchas veces y con
varias mujeres de la misma. Lo habitual es presentar a la familia cercana y que
siempre suele estar reunida.
Somos la familia habitual: padre de 55 años, madre de 41,
hermana mayor de 27, hermana en el medio de 21 y yo el chavalín de 17 años (CASI
18) en plena época de efervescencia hormonal y ganas de follar con locura.
Mi madre es una mujer con un cuerpo cuidado con todas las
cremas que usa y además que cuida muy bien nuestra alimentación. Sus pechos son
redondeados y con pezones marcados debido a que nos dio de mamar a todos. Su
culo aunque no se mantiene del todo duro, está rígido y dan ganar de manosearlo.
Mi hermana mayor, joven interesante de cantaros duros y bien
formados, con pezones pequeños, conozco su cuerpo de memoria por todas las veces
que hemos coincidido desnudos en el baño y, como comprenderán, corriendo a
vaciar las ganas que me dejo.
Mi otra hermanita tampoco está mal, tetas abundantes, un coño
depiladito (como todas las adolescentes). Sus pezones se levantan evitando la
gravedad y con su ombligo hace un triángulo equilátero perfecto.
Ahora me toca el turno a mi, yo soy el típico adolescente que
sin gustarle el hard-core tiende a usar ropa holgada para evitar mis calentones
diarios. Mi polla, aunque no esa grande (16 centímetros) si es gruesa y eso les
gusta a las niñas con las que he tenido encuentros.
En todo esto falta mi padre, que es como si no estuviera,
porque debido a su trabajo, es corredor de bolsa y siempre esta viajando hacia
donde están los valores, y suele estar en casa unas tres o cuatro veces al mes.
Con todo esto ya comprenderán que en mi familia no falta de
nada, excepto en la unidad de la misma.
Ahora que ya nos conocemos todos, empezaremos a lo que nos
interesa. Pues de manera casual y fortuita conseguí tener sexo con miembros de
mi familia que en un principio no esperaba conseguir.
Como todo joven de mi edad me excitaba viendo a las mujeres
de mi casa, casi siempre intentaba espiarlas cuando se cambiaban y todo eso. Con
todo el material en mi mente corría a pajearme y tener las mayores corridas que
pensaba que podía tener (me equivocaba y ya sabréis por qué).
Todo empezó en la época de exámenes que mis hermanas
desaparecían para vivir casi en la universidad y me tocaba quedarme a solas con
mi madre, cosa espantosa para mi libido. Pues nada me disponía a pasar la
jornada aburrida como siempre cuando ví que mi madre se disponía a limpiar la
casa como siempre.
Usaba su ropa vieja, camiseta quemada que dejaba imaginar sus
pechos, pantalón corto roído y como siempre sin ropa interior para estar mas
cómoda (cuanto hemos de sufrir los calentones).
Ella se puso a limpiar y a veces se agachaba para acceder a
los rincones mas difíciles de la cocina y ahí estaba yo viendo el espectáculo
sin que ella se diera cuenta. En eso que el cubo del agua se resbalo del lugar
donde estaba apoyado, yo que ví todo eso y salí corriendo a ayudarla con tan
mala suerte que resbalé dándome un golpe contra el suelo y mi madre resbaló
sobre mí.
En esa postura mi polla reaccionó un poco poniéndose
morcillota, pero mi madre se levantó de seguida ayudándome a levantarme de
seguida. Pero el accidente había dejado transparente su camisa y su pantalón con
lo que yo le pude ver completamente todo su cuerpo lo que hizo que se me
terminase de parar la polla.
Mi madre se dio la vuelta al ver mi cara y yo, listillo, me
acerqué por su espalda abrazándola y preguntando si estaba bien del accidente.
La notaba nerviosa, no sé si por el accidente o la situación, pero ella notó mi
calor y un poco del bulto de mi polla en su culo. Se retiró urgentemente de mí,
pero yo la perseguí a ver si pasaba algo.
Ella se disculpo y fue a su cuarto a cambiarse, mientras yo
la seguí para no perderme nada de su cuerpo. Se metió corriendo y se olvido de
cerrar la puerta. Yo la estaba mirando desde la puerta y poco a poco me iba
internando con ella. Ella se cambiaba a toda prisa como teniendo miedo de lo que
nuestras hormonas pudieran llevarnos a hacer.
Cuando estuve cerca de ella la notaba respirar agitadamente y
se decía en voz baja en tono enfadado: "Serás tonta… Mira cómo te has puesto…
Encima tu hijo te ha visto toda… Y encima te pones cuando lo tienes cerca…"
Eso último me dejó petrificado y sin reacción y anduve
lentamente hacia la puerta, con intención de huir, pero mis ganas me pudieron
más y volví a avanzar hacia ella. Me puse detrás y le roce la espalda, ella dio
un salto y cayó en mis brazos. No pude reprimirme y en ese momento posé mis
labios sobre los de ella. Ella abrió los ojos al máximo y, cuando reaccionó, me
soltó un bofetón.
El mismo, en vez de hacerme retirar me dio fuerzas para
intentarlo con más fuerzas y la abracé, volviendo a besarla con más fuerzas. Le
bloqueaba los brazos y ella forcejeaba conmigo. Mi boca se fue abriendo
lentamente con lo que mi lengua se fue metiendo en la de ella. Con ese beso,
toda su resistencia se mermó y cayó en mi hechizo sexual, respondiendo mis besos
con cada vez más fuerza.
Mis manos empezaron a jugar sobre su cuerpo, siguiendo sus
tetas, tocando sus pezones, y poniéndolos más duros de lo que ya estaban. Mi
boca bajaba por su cuello lamiendo y notando como ella se estremecía con mi
boca. Lentamente bajaba hacia mi ilusión, buscando sus pezones para lamerlos
completamente. Cuando llegó mi boca a sus pechos ella ya había perdido toda
resistencia y empezó a resoplar con cada lamida de mi lengua.
Mis manos ya se habían hecho dueñas de su cuerpo y bajaban
por su barriga en busca de su coño que me llamaba con ansias. Comencé
acariciando por encima del pantalón, notando dos tipos de humedades, la del agua
y la que ella estaba soltando. Mi mano empezó a retirar sus perneras del
pantalón tocando toda su pelvis y su vagina ansiosa que chorreaba de placer.
Tocaba el clítoris y poco a poco metía mis dedos en su vagina
penetrando hasta donde me daba la longitud.
Mi polla en ese momento ya estaba al máximo de esplendor y
ella se dio cuenta, llevando una de sus manos hasta ella y cogiéndola y
apretándola notando el tamaño que tenía. Se notaba que le gustaba la situación,
pues se mordía los labios en señal de placer y me sacó la polla del pantalón y
empezó a hacerme una paja. Debido a toda mi excitación y la situación inesperada
no tarde mucho en correrme, una cantidad enorme para lo que estaba acostumbrado,
pero como nosotros los jóvenes siempre estamos preparados, en seguida se
recuperó y volvió a estar preparada para la acción.
Mi madre al ver eso mostró un brillo de lujuria en sus ojos y
bajó la boca para empezar a mamarmela, como nunca ninguna chica había hecho. Yo
ahí veía las estrellas y el universo sin salir del cuarto.
Cuando me recuperé de la mamada la levante y le bese en la
boca, nunca lo había hecho con la chica que me mamó y me gustó la idea de
hacerlo con mi madre, y la llevé a la cama, donde la tumbe boca arriba y separé
sus piernas.
Decidí comerme completamente a mi madre en ese momento y
terminar de hacerla mía. Le comí el coño mientras que me ayudaba con un dedo a
sacar de ella todos los jugos que pudiera y los gritos venían solos. Empecé a
meter la lengua hasta el fondo disfrutando de los sabores que conocía en mi
madre y ella cada vez estaba en un estado tal de placer que no reaccionaba en
nada.
Cuando ya había terminado de comerme todo su coño, me fui
levantando en busca de su boca para devolverle lo que ella me había dado, nos
besamos largo rato y mi polla se fue colocando a la entrada de su vagina, donde
fui penetrándola lentamente para disfrutar del momento.
Empecé a bombearla con furia y con ganas, pero sin prisas
para dejar que el momento fuera eterno. Ella empezó a rodearme con sus piernas
con la intención de no dejarme salir de ella. Me apretaba cuando yo empujaba
dentro de ella y hacía fuerza para que no saliera. Ella gemía con fuerza con
cada entrada en su intimidad.
Yo como ya me había corrido podía aguantar más, iba a y venía
con fuerza logrando llevarla hasta el paraíso. Ella en ese momento abrió las
piernas y susurrando me dijo que su postura favorita no era esa y que le dejara
enseñarme.
Entonces se puso a cuatro patas en la cama y separando las
piernas me enseñó el coño que ya estaba más que abierto y me dijo que ahí quería
que le diera. Yo no lo dude dos veces y enfile la polla a su entrada. La penetré
con fuerzas y ella gritó del placer que le di.
Empecé a darle con todas mis fuerzas, notando como mi polla
quedaba empapada con todos sus jugos, notando como la clavaba hasta el fondo y
volvía a salir.
Aunque me hubiera gustado estar eternamente haciéndolo,
notaba que el final estaba cerca, con lo que aceleré el ritmo y mi madre lo
noto, con lo que reprimió el nuevo orgasmo que estaba teniendo para venirse
conmigo.
Cuando noté que me venía le apreté contra mi y la clavé
contra ella. En ese momento ella se corrió con toda su fuerza apretando mi polla
en su interior como si quisiera arrancarla.
Con mi venida caímos los dos en la cama y empezamos a
acariciarnos. Ella me explicó que llevaba tiempo fantaseando conmigo y que yo le
excitaba. Que ella también era mujer y que necesitaba sentirse satisfecha.
Estuvimos mucho tiempo acariciándonos todo el cuerpo y
besándonos. Dejando pasar el tiempo hasta que nos acordamos del agua que estaba
tirada en el suelo y fuimos a limpiarla.
Hemos vuelto a hacerlo en otras ocasiones y he tenido el
privilegio de probar a más gente de mi familia. Pero, claro está todo esto os lo
iré contando en otros relatos.