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TODORELATOS » RELATOS » LA FARMACIA (1) |
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[ Oh, falso amor, pocas veces das placer y muchas dolor!. ] |
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TODORELATOS.COM |
Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
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| Fecha: 03-Feb-08 |
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| Relato de spanking. Soy Pepe1, pero no pude mandar el realto con mi nombre, por eso aparece como anónonimo. |
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LA FARMACIA.______
Eran las 8,30 de la mañana de un frío sábado de 1.974,
Antonia se disponía a abrir la farmacia, pero al abrir la persiana se equivocó
de llave y la girarla se rompió;
Dios Santo! Madre mía , como me he podido equivocar
de llave; y ahora que hago?
Antonia era una chica de 18 años morena con el pelo
negro, rizado, ojos verdes pequeños, de 1,64 de estatura y muy bien
proporcionada con pechos y culo suavemente curvados; trabajaba en la
farmacia de Doña Carmen desde los 15 años y aunque trabajaba como una burra
no cobraba mucho y no era muy bien tratada ,pero al menos era la única que
no trabajaba en el campo con la dureza que eso suponía en esas frías tierras
castellanas, además su familia estaba en deuda con Doña Carmen porque cuando
uno de sus hermanos era muy pequeño tuvo una enfermedad que necesitaba un
fármaco que no podían pagar, y la dueña de la farmacia les dio todas las
facilidades del mundo, a cambio la madre de Antonia cuando su hija cumplió
14 años se fue al pueblo y le dijo a la farmacéutica:
Ya sabe usted Doña Carmen que siempre le estaremos
agradecidos por lo que hizo con nosotros, y la única manera que se me
ocurre de pagarle es que mi Antonia trabaje para usted, mire, es la más
lista de mis hijos, sabe de números y de todo y hasta me dijo su maestra
que la niña tenía que seguir estudiando pero nosotros somos pobres y no
nos lo podemos permitir, ¿qué me dice usted?
Bueno , pues no sé , así de golpe.... la verdad es
que me vendría bien alguien para la farmacia porque...
No se hable más, mi chica lo hará de maravilla, es
muy lista, aunque un poco nerviosa de más , pero estoy segura de que
aprenderá rápidamente, además le digo una cosa, si no espabila y usted
tiene que zumbarle le zumba ¿eh? Yo los he criado a base de palos porque
si no, no hay manera, ya le digo que no creo, pero si tiene usted algún
problema con ella, no tiene más que decírmelo que yo lo arreglo, aunque
no creo ¿verdad Antonia?
No mamá – dijo flojito la chica.
Bueno y como irá y vendrá, ustedes viven a 5
kilómetros del pueblo- dijo Carmen.
Ya lo tengo todo pensado , le hemos comprado una
bicicleta.
Muy bien , pues ya puedes empezar si quieres Antonia,
quítate la chaqueta y ponte esta bata que voy a hablar del sueldo con tu
madre.
Al final el sueldo fue una miseria y Antonia trabajaba de
lunes a sábado por la tarde y algún domingo, la chica era una verdadera máquina
, limpiaba toda la farmacia, el almacén contiguo, despachaba con total
diligencia, pero a su jefa todo le parecía poco, le hacía ir algunos domingos o
festivos para limpiarle la casa, y siempre la maltrató por una cuestión de
envidia o celos, pero la aprendiza como la llamaban por entonces pronto se ganó
la simpatía y el cariño de toda la clientela, por su simpatía , saber hacer, e
incluso un par de veces tuvo que rectificar a su jefa , pero es que no tuvo más
remedio ya que el error era muy grave, en una de estas ocasiones le dio un
medicamento con penicilina a una niña que era alérgica:
Perdone Doña Carmen, pero es que esta niña es
alérgica a la medicina y esta medicina la lleva.
Ay muchas gracias cariño , menos mal que está aquí la
niña, eh?(dijo la madre de la niña alérgica) En ese momento Doña Carmen
estalló y le dio un bofetón a Antonia que le dejó la cara señalada, ya
estaba harta de que todo el pueblo hablara de maravilla de su empleada,
cuando hasta hacía meses ella era más importante casi el médico.
Eres una estúpida, impertinente , me tienes
desquiciada esta mañana y he estado a punto de equivocarme por tu culpa.
No le pegue usted Doña Carmen, que es muy buena chica
y además la ha sacado de un grave error
Es que me tiene toda la mañana liada y ha hecho que
ahora me equivoque con usted.
Perdóneme Doña Carmen ha sido culpa mía –dijo
Antonia.
Ahora arreglaremos cuentas tú y yo.
No pegue usted a la chica que es un encanto-dijo la
clienta.
Adiós buenos días señora Gertrudis- dijo con ironía
la farmacéutica.
Era la primera vez que Carmen pegaba en público a Antonia y
ésta se puso muy nerviosa, anteriormente le había dado pellizcos, o cachetes por
pequeñísimos errores, y también la había insultado diciéndole burra, estúpida,
etc, pero nunca le había dado un bofetón y menos en público, pero eso no fue lo
peor, cuando se quedaron solas oyó : Vente para dentro. Antonia vio como la
figura de su jefa se metía hacia el despacho que estaba contiguo a la propia
farmacia; Doña Carmen era una mujerona de 44 años, entradita en carnes, muy
guapa de cara, eso sí el gesto casi siempre era severo, tenía el pelo rubio
teñido y muy bien peinado y arreglado producto de las 2 o 3 veces que iba a la
peluquería por semana, ese día llevaba una falda gris por la rodilla, blusa
blanca, y chaqueta beige , ella nunca usaba la bata blanca para distinguirse de
sus empleadas, además su calzado preferido eran las zapatillas de estar por
casa, debido a su sobrepeso era la mejor para sus pies, le gustaba llevarlas en
chancla con el talón desdoblado hacia dentro que junto a las medias le
proporcionaban un ligero masaje al andar que le hacía mucho bien para su salud.
Cuando Antonia entró al despacho oyó:
Cierra la puerta, ya va siendo hora de que alguien te
enseñe modales.
Perdóneme seño...
Ni perdone ni gaitas ya te estás quitando la bata (en
ese momento Antonia vio como su jefa dando una pequeña patadita en el
aire se sacaba la zapatilla, era una zapatilla típica de cuadros de
estar en casa, color marrón de dos tonos uno mas oscuro que otro ,era de
suela de mas de 1 centímetro de grosor con la suela amarilla, la clásica
zapatilla que se lleva en invierno gruesa, pesada y abrigada);Antonia se
puso coloradísima ,siempre que le iban a pegar se ponía así de nerviosa,
la verdad es que con la zapatilla sólo le había pegado su hermana mayor
ya que su madre lo hacía con la vara y con la correa, era muy dura con
ella y con todos sus hermanos. Así pues empezó a desabrocharse los
botones de la bata con manos temblorosas y las orejas muy coloradas,
estaba temblando de miedo y muy nerviosa no sólo por lo que se le venía
encima ,sino por lo que le esperaba en casa si su madre se enteraba de
esto.
Te la tengo que quitar yo? – dijo impaciente Doña
Carmen.
NO , no , no ya voy ya voy ,es que estoy muy nerviosa
lo siento mucho
Los nervios te los voy a quitar yo ahora mismo, venga
quítate la falda y apóyate en el brazo del sofá.
Antonia esto sí que ya no lo esperaba, quedarse en bragas
delante de su jefa para que esta la azotara la puso definitivamente alterada y
empezó a llorar compulsivamente mitad por miedo, mitad por vergüenza; esto fue
lo que colmó la paciencia de Doña Carmen que estalló:
Pero tú eres imbécil o que?- dijo dándole dos o tres
zapatillazos en la cara- A mi no me seas llorona ¿eh?, ahora si vas a
llorar con motivo toma , toma , toma , toma , toma y toma cuando termine
contigo si que vas a llorar con gana PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PLAS PALS
, la zapatilla caía por todo el cuerpo de la pobre chica, su jefa la
empujó hasta el sofá y allí la colocó bocabajo y le subió la falda ,todo
muy rápido y además con gran habilidad con la mano izquierda, fue
entonces cuando con su mano derecha empezó a sacudir con duros
zapatillazos el culo de su empleada, la zapatilla se pegaba bien a las
bragas, además sabía que se podía despachar a gusto, ya que nadie se iba
a enterar, encima le tenía ganas a la niñata esa que acaparaba todos los
parabienes de la clientela , y por fin para que negarlo se sentía
excitada cuando pegaba a otras personas, ya había sentido algo parecido
cuando pegó a alguno de sus sobrinos , pero ahora era aún mejor, no
tenía que darle explicaciones a nadie, se sentía dueña y señora de esa
pobre desgraciada; los alaridos de la muchacha se hicieron casi
insoportables y eso que estaba acostumbrada a los rigores de su madre,
pero ahora ya llevaba mas de 50 duros zapatillazos y la inmensa mayoría
el la misma nalga, la salvó la campana (literalmente), la azotaina cesó
cuando sonó la campanilla que sonaba al abrirse la puerta de la
farmacia.
No te muevas de ahí que aún no he terminado
contigo!.Dicho esto dejó caer la zapatilla al suelo y metió el pie
lentamente en ella , salió hacia el mostrador atusándose el pelo con la
mano derecha ,aunque claramente perturbada tanto por el esfuerzo físico
como por la excitación de tener sometida a su empleada, tras despachar
rápidamente a una clienta volvió al lugar de los hechos donde vio a la
pobre Antonia que no se había movido ni un milímetro recostada bocabajo
en el sofá con la falda aún subida y sollozando por la tunda recibida.
Espero que hayas aprendido la lección.
Si señora no se preocupe.
No creo que me vuelvas a rectificar delante de la
clientela.
No señora, nunca más , se lo juro.
Me imagino que no querrás que tu madre se entere de
todo esto, ya sabes lo que me dijo.
No señora Carmen, por lo que más quiera no le diga
nada o me mata , haré todo lo que usted me diga. Todo este diálogo se
producía con la señora Carmen paseando por el pequeño despacho con los
brazos cruzados y Antonia mirando hacia arriba(ella seguía acostada
bocabajo) siguiéndola con la mirada sin perderla de vista ni un momento,
más que nada por miedo a ver como reaccionaba y porque creía que era una
falta de respeto no mirar a su jefa mientras le hablaba(hasta ahí
llegaba la sumisión con los jefes en esa época).
Mira Antonia!!de aquí en adelante o ésta, (entonces
dio una patadita con el pie hasta que la zapatilla salió casi entera de
su pie) o tu madre, tú me dirás.
La zapatilla, señora Carmen, pero no le diga nada a
mi madre por favor.
Esa fue la sentencia de muerte de la pobre Antonia, la verdad
es que tenía tanto miedo a su madre que pese a la dura paliza que acababa de
recibir no dudó en elegir la zapatilla de su jefa a la vara de su madre, así
pues rara era la semana que Doña Carmen no le calentaba el culo a Antonia,
cualquier excusa era buena, un poco de polvo en un rincón, un fallo en el pedido
de los medicamentos, etc, cuando oía la temida frase:"vete al sofá" ya sabía lo
que le esperaba...
Pero volvamos al inicio del relato, dos años más tarde cuando
Antonia acababa de romper la cerradura de la puerta al equivocarse de llave y se
estaba poniendo muy nerviosa como era característico el ella, no sabía que
hacer, menuda le iba a armar su jefa, pensó en llamar rápidamente a un cerrajero
para cambiar la cerradura, ella pagaría la factura, quería que la farmacia
estuviera abierta lo antes posible para apaciguar en lo posible a la temible
dueña; llamó a la cerrajería e intentó que se dieran la máxima prisa posible,
pero se hicieron las nueve y no llegaba nadie, a las nueve y cuarto la gente
empezaba a agolparse en la puerta de la farmacia al ver a la pobre Antonia
deambular nerviosa de un sitio a otro.
-¿Qué ha pasado?, preguntó una vecina.
-Nada, que me he equivocado de llave y al girar se ha roto y
se ha quedado un trozo dentro.
-Pues anda que doña Carmen te va a arreglar el pelo.
-Menuda tunda le espera-dijo otra vecina que estaba oyendo la
conversación.
Antonia enrojeció hasta las orejas, no sabía que las palizas
que recibía en la farmacia eran "vox populi" en todo el pueblo, aunque bien
pensado era normal que se supiese porque su jefa le pegaba siempre en el
despacho contiguo al despacho de la propia farmacia y no siempre oían cuando
entraba alguien, y los gritos de dolor no pasarían desapercibidos a los
sorprendidos clientes, además la pobre Antonia en numerosas ocasiones tenía que
atender a los clientes con los ojos aún enrojecidos y la voz entrecortada, y
aunque nadie le decía nada, lógicamente todo el mundo lo sabía; por fin llegaron
los cerrajeros, necesitaron bastante tiempo para cambiar la cerradura, eran más
de las diez y media cuando acabaron con su trabajo, en ese momento Antonia oyó
una voz por detrás que le heló la sangre.
-Buenos días, que pasa aquí.
-Nada doña Carmen no se preocupe, la factura la pago yo , no
se preocupe, perdóneme ha sido culpa mía(todo esto lo decía de forma atropellada
y en actitud servil); pero un fuerte bofetón cortó a la pobre chica de golpe.
-Te he dicho que qué pasa aquí Antonia!!!.
-La cerradura, que he metido otra llave y al girar se ha roto
y se ha quedado dentro.
-Mira que eres imbecil , te tengo dicho que prestes atención
a tu trabajo, pero tranquila que esto no va a quedar así, ahora arreglaremos
cuenta tú y yo .En ese momento las dos vecinas que anteriormente habían hecho el
comentario se cruzaron las miradas con un gesto de complicidad, como diciendo
menuda le espera a ésta.
-Perdóneme por favor-dijo a lágrima viva la empleada-
-Dígame cuanto le debo por favor, le dijo doña Carmen a uno
de los cerrajeros ignorando totalmente las súplicas de su empleada.
Tras comprobar las nuevas llaves, pagó la factura y
despacharon a unas cuantas clientas que se habían acumulado en la puerta, al
rato de quedarse solas dueña y empleada en una situación muy tensa por parte de
Antonia, ésta no pudo aguantar más y balbuceó:
-Pégueme doña Carmen
(continuará)
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