Días pasados, comencé a pensar en eso que hablan ciertas
personas, sobre los viajes astrales. Oíste hablar de eso?.
Bien, es algo parecido a dejar viajar la mente y volar...mas
allá de los horizontes que uno conoce.
Sin ir tan lejos, y limitándonos a la tierra, yo pensaba así.
Estaba en una habitación de tonos verde cálidos de
dimensiones considerables, donde en el centro, una chimenea con leños, aportaba
al ambiente no solo su calor, sino también la luz que nos envolvía.
Afuera, la nieve caía pesada sobre la copa de los pinos, todo
era silencio, quebrado solo por los sordos ruidos de los copos o de alguna rama
al quebrarse.
De repente apareciste, como destello de fresca fragancia,
lucías una bata transparente de seda color natural, la luz de la chimenea
permitía transparentar tu figura, una diminuta tanga y un sostén transparente.
Te pusiste frente al sofá donde yo fumaba apaciblemente mi
pipa. Te envolví con humo, mientras tú me envolvías con tu fragancia a jazmines.
Que dicha tan grande sentí al verte. Dejé mi pipa sobre la pequeña mesa, donde
también estaba mi vaso de whisky con hielo a medio tomar.
Estiré mi mano para tomar la tuya y atraerte hacia mí. Que
bonita, joven y frágil me parecías. Tu cabello moreno, ondeaba hasta casi llegar
a la cintura, Te moviste cual
gata y te acurrucaste a mi para depositar un beso húmedo en
mi oreja, que me hizo estremecer, pensando en los buenos momentos que se
avecinaban.
Te correspondí llevando mi boca a la tuya, para comenzar una
danza de lenguas que comenzaban lentamente a transportarnos a los preeliminares
de una nueva sesión de placeres.
No pude aguantar mucho, antes de meter mis manos entre tu
bata para quitarte el sostén que dejaba al aire tus pequeños y dulces senos.
Ahora, no podía contenerme, así que comencé con suaves besos. Tus pezones se
irguieron como resultado de las caricias que recibían. Los besos pasaron a ser
fuertes e iban de uno a otro. Mi lengua te exploraba por primera vez y era
incansable.
De tus labios solo jadeos de gozo se escuchaban, mientras tus
manos estrujaban y despeinaban mis cabellos.
Caí sobre ti en el sofá, para seguir besando tu cuerpo. Mi
boca llegó a tu ombligo. Mis manos bajan tu tanga, para liberar el centro del
placer. Descendí lentamente hasta alcanzar tu botón del amor, que ya se
endurecía para mostrarme hasta donde ya estabas exitada. Hasta ahí llegué y
comencé a besarlo. La respuesta fue que tu concha comenzara a destilar jugos. Te
agitabas y pegabas tu vientre, mientras mi boca no se cansaba de recorrer tus
rincones mas preciados.
Mis manos mientras tanto acariciaban tus senos, pellizcaba
tus pezones, despacio para que sintieras mas el placer que se avecinaba.
Tampoco vos podías soportar ese feliz suplicio de sentirte
explorada por mucho mas tiempo, y comenzaste a agitarte, así…así… así…decías,
ah…ahhh….ahhhhhhhhhhhhhhhhh, mientras explotabas en un orgasmo delicioso.
Subí hasta tu boca, para que mezclaras tus jugos con mi boca.
Gracias, me dijiste. Hacía tanto que esperaba esto. El que debo agradecer soy
yo, que tú me permitas amarte.
Fuiste tú ahora quien quiso devolverme el placer, y
haciéndome girar en el sofá, bajaste hacia mí despojándome de mi calzoncillo, y
tomando mi pene entre tus manos comenzaste a subir y bajar suavemente. No
aguantaste mucho esto, tu glotonería pudo mas, y tomándolo en tu boca,
comenzaste la mamada mas hermosa que había recibido jamás. Tus chupeteos eran
tan fuertes y mi calentura tanta después de lo que había ya hecho, que no tuve
tiempo, de avisarte mi venida. Mi corrida fue grandiosa. Años esperando este
momento hicieron que casi te ahogara con mis jugos. Pero tu pasión desbocada
pudo más, y no paraste hasta dejar mi herramienta limpia de todo vestigio de
semen.
Te subiste a mí e hiciste lo mismo que yo, besándome
dulcemente en la boca para luego caer y dormirte sobre mi hombro.
Mi primer viaje hasta tu cuerpo, había sido lo mejor que me
había pasado en la vida.