Capítulo VI
Pasaron como 7 días de los que no supe nada de él, muy a mi
pesar tengo que aceptar que lo extrañé, la pasé muy caliente, especialmente los
5 primeros. Ya al sexto y al séptimo mi necesidad de ser usada y humillada había
disminuido y con ello los remordimientos aumentaban. Mi esposo seguía sin saber
nada y nuestra relación seguía sendo la misma, pero por más que se esforzaba no
lograba satisfacerme ya. Por supuesto, yo fingía que sí.
Pues bien, como siempre mi marido se fue de viaje y no
regresaría sino hasta dentro de 4 días. Y misma mañana que partió recibí una
llamada de mi amante:º
¿Aló?
Hola Devoradora, ¿cómo estás? – me quedé paralizada,
reconocí su y automáticamente se me "frunció" la vulva – ¿Devoradora, estás
allí?
Hola Mario…
Hola, ¿cómo estás?
Bien… no me digás Devoradora, me llamo Débora.
Débora, Devoradora, es lo mismo, ¿no? ¿Estás lista?
¿Para qué?
¿Cómo "para qué"? Sos mi puta Debi, mi perra… ya llevás
una semana a secas y hoy te voy a mojar entera…
Mario… no creo que se conveniente seguir adelante…
Es que no es conveniente, ni bueno… por eso es excitante…
te voy a dar una dirección y me 45 minutos te quiero allí, vestida como una
puta, tal y como a mi me gusta…
Pero Mario…
No acepto peros perra… y recordá siempre, ya no sos
Débora de Grijalva, ahora sos la Devoradora… la puta más sucia y viciosa de
todas. – este último insulto hizo que mi vulva se empezara a mojar sola.
¿Por qué con solo escuchar su voz en el teléfono
experimentaba intensas sensaciones en mi sexo caliente y ávido de lujuria? No lo
entendía, de verdad que no, no tenía lógica. Ese tipo solo me quería utilizar
como su objeto sexual toda la mañana y lo sabía que, pero de solo pensarlo me
excitaba como una perra.
Me bañé rápido, me vestí y salí con una maleta en la que
llevaba la ropa que iba a usar con él. Vi la dirección, estaba por el municipio
de San Lucas, en las afueras de la ciudad, así que paré en una gasolinera y
entré a los baños, allí me cambié. Me puse un pantalón de lona blanco, tipo
pescador, de cintura bien baja y muy ceñido a mi redondo y enorme trasero.
Arriba una blusa rosa y hasta las costillas, de tirantes, por lo que dejaba
descubierto mi ombligo y mi abdomen plano. Bajo la ropa me puse una tanga roja
que, dado el pescador que llevaba, quedaba con los tirantes y el triangulito
trasero afuera. Los senos los llevaba descubiertos, por lo que ante cualquier
movimiento brusco la blusa se me podía subir dejándolos al aire. Para terminar,
me eché un maquillaje vulgar y excesivo, en colores que combinaban con mi
atuendo.
Sentí una vergüenza horrible al salir del baño y toparme con
los trabajadores de la gasolinera, que se reían entre dientes, calientes y
llenos de morbo viendo como esa mujer, que se veía tan decente y seria al
entrar, salía convertida en una putona. Hice de tripas corazón y volví a la
carretera, estaba a buen tiempo, llegué al lugar, una casa enorme dentro de un
fraccionamiento, y toqué el timbre, me abrió un tipo malencarado, moreno y de
bigote, con una enorme cicatriz en la cara, detrás de él venía Mario.
Hola Debi, te mirás muy bien, putona como te pedí. – le
sonreí detrás de los anchos lentes de sol que me puse para no ser
reconocida– Pasá adelante… él es solo la seguridad. – me dijo, refiriéndose
al otro que me abría la puerta.
Mario me acompañó hasta la casa, pasamos por en medio del
garaje, en donde vi parqueado un lujoso carro negro, Jaguar del año, con una
enorme mujer adentro con cara de muy pocos amigos. Junto a este había una enorme
Suburban azul, vidrios totalmente polarizados, creí ver gente adentro, ya iba
muy asustada. Y al llegar a la sala me di otra sorpresa.
Buenos días… – me dijo un hombre que se hallaba sentado
en la sala.
Buenos días… – dije muy extrañada.
Rolo, te presento a la Devoradora… Debi, te presento a
Rolo… – me asusté tanto cuando me presento por mi "nombre de batalla".
Así que esta es tú perra, siempre tuviste muy buen gusto
Mario, esta está buenísima…
¡Cómo! ¡Mario, ¿qué significa esto?! – pregunté atónita.
Nada, solo que como sos mi perra pensé en compartirte con
mi amigo.
¡¿Tu amigo?!
Si, Rolando es un muy buen amigo mío…
¡Jamás, nunca! ¡Esta mierda se termina el día de hoy!
Devoradora, sé sincera, ¡te estás mojando de solo
imaginarte siendo cogida entre los 2!
¡Mentira!
Sabés perfectamente bien que si…
¡No es cierto! – si lo era, mis genitales se estaban
llenando abundantes flujos.
Claro que si, ¿no creés que se mira caliente Rolo?
¡Ja, como una estufa!
¿Ya vez Debi?, no te miento, sabemos perfectamente lo
caliente que estás…
Mirá Devoradora, – continuó el tal Rolando – por el
simple hecho de ser la amante de Mario, sé perfectamente que también sos una
hembra caliente e insaciable que se la pasa caliente casi todo el día,
¿correcto? – no le respondí, no pude – Y no solo eso, también que disfrutás
siendo dominada y sometida… te encanta sentirte obligada, usada y como una
cosa, ¿no? – el peso de las evidencias era demasiado y terminé por inclinar
la cabeza – También sé que el solo oír tu apodo hacer que tu pusita se ponga
a palpitar, ¿o no, DE-VO-RA-DO-RA? – malditos, malditos, ¿cómo podían saber
todo eso, cómo es que lograban leer todas las cosas que pasaban por mi
mente?
Además Debi, – intervino Mario – ¿viste toda la seguridad
que hay?… nadie te va a dejar salir de aquí…
Me quedé inmóvil en la puerta, aunque ni Mario ni Rolo
estaban demasiado cerca, de nada me serviría salir corriendo, sus guardaespaldas
se veían de verdad amenazantes. De todas maneras no pude moverme, como siempre
fue una batalla que mi mente perdió, pues a pesar que repetía hasta el cansancio
"salí de allí Débora, acaba con esto de una buena vez", su voz era acallada por
la de mi lujuria, que me repetía "adelante Devoradora, adelante, cogételos
juntos, dejá que te revienten a vergazos".
No me di cuenta de cuando Mario puso reguetón, una canción de
Tego Calderón si no estoy mal. Les juro que ese día descubrí que pasaba algo
raro, algo muy raro, no era tan solo que yo fuera una puta caliente y que por
ello aceptara todo esto, no, había algo más. Era una fuerza extraña, que tan
solo yo podía identificar a veces, que me llevaba a hacer todo aquello. Era como
una fuerza ajena a mi, a mi control, contra la que no podía hacer nada.
¿Qué me estaba pasando?, no lo podría comprender, pero cuando
me di cuenta mis cuerpo ya había comenzado a seguir el ritmo pegajoso y
repetitivo de la canción. Mis caderas se mecían suavemente, despacio, sin
prisas, pero sin mi permiso, paraba tan solo un momento alarmada, antes de
volver a lo mismo sin poderlo evitar. Y frente a mi, los 2 hombres se divertían
mirándome, sonriendo y riéndose, diciendo cosas insultantes y despectivas de mi.
Mario se me acercó y me acompañó, aun logré pedirle en voz
casi inaudible que se fuera a sentar, que no quería nada. Claro, le importó
menos que un pepino, lo único que contaba era lo que él y su amigo deseaban,
nada más. Luego Rolo se nos acercó y terminé bailando perreo con los 2, con
todos los pasos tan sensuales y eróticos que ese baile exige.
Era gracioso, a mi nunca me gustó mucho bailar, de joven
nunca lo practiqué demasiado, pero quienes dicen que el reguetón se baila con el
corazón y con los instintos animales tienen razón, pronto me encontraba bailando
en medio de los 2 hombres, Mario por delante y Rolando por detrás, provocándolos
descaradamente. Y lo peor y más penoso de todo, es que disfrutaba haciéndolo.
Mario ya no quiso perder el tiempo y empezó a besarme en la
boca, bajando a mi cuello poco a poco. Rolo por su parte, me tomó de la cintura
y, despacio, empezó a acariciar mi espalda. Me sentía muy caliente y por ello no
dejaba de mover mis caderas, buscando rozar el culo con los bultos que ya se
notaban entre sus piernas. Estaba con 2 hombres, dejándome manosear y muy
caliente, sabía que tendríamos relaciones y que no podría evitar que hicieran
conmigo lo que se les diera la gana. Y esa situación me levantaba el morbo de
una forma increíble.
Sentía las manos de Rolo bajar a mis nalgas, grandes, duras y
firmes, buscó el cierre del pescador y con mucha delicadeza me lo bajó. Mi
pantalón cayó al suelo y yo ni en cuenta, estaba muy ocupada dejándome devorar
por Mario. Mi enorme y hermoso trasero, de suave y tersa piel blanca, quedó al
expuesto, apenas cubierto por mi tanga roja de hilo dental. Por su lado, Mario
me despojaba de la blusa, quedando con mis tetas desnudas al aire.
Mientras Rolo se dedicaba a besarme las nalgas y los muslos,
Mario me succionaba las tetas y yo gemía de placer. Rolo estiró una mano desde
atrás y se encontró con mi sexo depilado, no tardando mucho en bajarme la
tanguita, dejándome ahora como una hermosa, caliente y desnuda mujer, con su
sexo emanando una cantidad de fluido impresionante, dispuesta a ser poseída por
dos hombres, me sentía la puta más puta de todas y eso me encantaba, ya no me
importaba nada más.
Mario me acostó sobre un sofá mientras Rolando se desnudaba.
No pude dejar de verlo, ese hombre era un macho soberbio. Más alto y robusto que
Mario, como de 1.90, se le notaba que practicaba físico culturismo. Moreno
claro, de cabello negro rizado y vivaces ojos cafés, su sonrisa hasta parecía
sincera, usaba bigote y barba de candado y las patillas largas. Poseía
pectorales muy amplios por encima de unos abdominales muy desarrollados y
perfectos. Más abajo, colgando como un péndulo, un enorme pene, grueso como mi
muñeca y tan largo como el de Mario, meciéndose por delante de 2 gordos y
redondos testículos. Todo ese impresionante cuerpo, velludo como un oso, era
sostenido por 2 tremendas y poderosas piernas.
Y mientras contemplaba a su amigo, embelesada, Mario me abría
las piernas e introducía su lengua en medio de mi raja depilada y de un color
rosado intenso. Sentía su diestro apéndice oral ir y venir por cada recoveco de
mi sexo, mojándolo y tragándose mis jugos. Rolo se me acercó de improviso y me
besó, intercambiando intensas caricias en los paladares de cada uno. Despacio
bajé, lamiendo su peludo torso, hasta alcanzar su recia vergota y empezar a
succionarla, primero a lamiéndola como a un helado y luego a tragándomela y
gimiendo del placer. Se me hacía difícil, era un címbalo tremendamente gordo.
Mario aprovechó para desnudarse sin soltar mi extasiado sexo,
yo tampoco me solté ni un segundo de ese sabroso falo que el otro me ofrecía.
Una vez desnudo se levantó y me giró, quedando de frente a Rolo que se había
sentado y lucía su tremenda vergota parada y tiesa. A esas alturas, con la
experiencia que ya tenía, no necesitaba mayores explicaciones, aquella sería la
segunda verga que probaría en mi vida… ¡y qué verga! Inmediatamente separé las
piernas y me la fui introduciendo despacio, sintiendo embriagada como iba
dilatando las paredes de mi vagina rosada y húmeda. Pronto quedé totalmente
ensartada y comencé a moverme, primero lento y suave, sintiendo las venas de esa
cosa en lo más profundo de mi intimidad, haciéndome sentir totalmente llena. Por
su parte Rolo me dejaba hacer, sin moverse, gozando intensamente.
Detrás de mi, el otro vio la oportunidad de penetrarme por el
ano. Decidió calentarme aun más dejándome caer un frío chorro de vino sobre mi
nuca, el que corrió hacia abajo, pasando por toda mi espalma. Me tomó por
sorpresa y sentí un delicioso estremecimiento, me gustó y me dejé llevar. Él
mismo fue lamiendo el vino que caía sobre mi mojada piel hasta llegar a mi
culito, donde se detuve y se quedó chupando, lubricándolo con saliva.
No, eso no Mario… hoy no… – protesté, pues ya sabía lo
que pretendía.
¿Y hoy por qué no Debi, si te encanta que te rompa el
culo? – replicó.
Es que… nunca me lo has hecho con una verga metida entre
la vagina… me da miedo… – le dije, pero me metió su dedo índice sacudiéndome
de placer.
Siempre hay una primera vez para todo, mirate, antes ni
volteabas a ver a otro hombres, ahora te calentás con las cosas más sucias y
degeneradas… ¿o no, Devoradora?
Sin que dejar de rebotar violentamente sobre la verga de su
amigo, que me tenía firmemente sujeta de los brazos, inmovilizándome, me empujó
hasta quedar inclinada frente al rostro de Rolo, exponiendo mi redondo y enorme
trasero. Mario continuó con el proceso de dilatación de mi ano, metiéndome 2
dedos y hasta un tercero, los que asimilé muy bien.
Ja, ja, ja, ja… Devoradora, puedo sentir la cabeza de
hongo de la verga de Rolando con mis yemas… siento como entra y sale de tus
entrañas de perra. – no le respondí, su comentario solo me humilló más y me
calentó otro poco
De reojo vi que se ensalivaba la cabeza de su pene y que lo
colocaba en posición por encima de mi esfínter. Cerré los ojos y él me la dejó
ir adentro con un sólido empujón. Mi respuesta fue un intento de salto,
intentado liberarme de esas 2 vergas que me partían por la mitad. Pero ya era
tarde, aquello ni siquiera debí permitir que empezara, Mario me tenía sujetada
por los hombros y Rolo por la cintura, no había forma de escapar.
Automáticamente se acoplaron y coordinaron, cuando uno sacaba
el otro metía, estaba claro que no era la primera vez que este par de cerotes lo
hacían juntos, yo era solo su nuevo juguete. Y por mi parte, qué mierda conmigo,
empecé a estallar en orgasmos violentos que me hacían berrear y gritar, tensando
todo mi cuerpo y haciéndome sentir que me moría. Parece que contagié de mi
placer a ese par de infelices, pues minutos después sentía a Mario estallar a
chorros dentro de mi ano y a Rolo haciendo lo mismo dentro de mi vagina.
La mañana continuó larga y muy cansada, conmigo como el
juguete de los 2. Me usaron y me intercambiaron, me penetraron por donde me
dejé, o sea que por todos lados a cambio de intensas oleadas de placer que
hicieron que me orinara. Y ya cansados, terminaron en mi rostro y luego me
orinaron encima.
La misma receta se repitió toda la semana, el tiempo que
tardó mi esposo en regresar de su viaje, me había convertido en la perra de 2
hombres y me encantaba, cada vez actuaba con más sumisión, cada nueva mañana era
un poco más dócil, más mansa… y más viciosa, caliente e insaciable. Pero también
cada mañana sentía que me mataban poco a poco, que iba muriendo muy lentamente.