Era la época del instituto. Yo era un
chaval normal, integrado, sociable y con amigos. No soy ni me he considerado
nunca homosexual, pero cada uno tiene sus fantasías y en los momentos de
intimidad y sensualidad nos gusta que fluyan libremente.
No perdía ocasión de ponerme la ropa que
había por casa: Braguitas, bodys, pantys, vestidos... incluso si tenía tiempo,
me encantaba pintarme los labios, ponerme rimmel, echar colorete...me miraba
ante el espejo una y otra vez, me cambiaba el modelito y me volvía a mirar. Me
sentía muy femenina y vulnerable y esa era (y es) una sensación que me fascina.
Me gusta y me excita muchisimo sentirme mujer.
Como ya he dicho, era una persona
sociable. Muchos compañeros de clase me invitaban a su cumpleaños. Así pues, un
día, un chico, Andros, me invitó a la suya. Andros era un chico muy simpático,
aunque ya con aquellas edades la gente empezaba a intuir que era gay, si bien él
nunca lo había reconocido.
En su cumpleaños, nos invitó a comer en su
casa. Yo pensaba que iríamos a comer y despues estar un rato charlando y despues
cada uno iríamos para nuestra casa, así pues, fuí vestido con chándall. Pero
rondábamos los 16 años y a esas edades uno ya empieza a salir de noche, así
pues, caída la tarde, decidimos salir a tomar una copa.
Como yo iba en chándall, Andros se ofreció
a dejarme ropa suya para poder salir. Yo acepté, así pues fuí a su habitación a
coger unos pantalones y una camiseta. Él compartía cuarto con su hermana, así
que había ropa de ella por la habitación. Él, bromeando, cogió unas braguitas y
me las tiró. Yo seguí la broma e hice como que me las ponía, y él dijo
- "¿a que no te atreves a salir con ellas
puestas?" - Me quedé pensativo un par de segundos y respondí
- "No, imagínate que me pillan"
Y la cosa quedó ahí. Me vestí y nos fuimos
a tomar unas copas. Estaba siendo una noche muy divertida, aunque yo tenía que
volver a mi casa a las 12. Pero Andros me dijo que ya que estaba solo en su
casa, durmiese allí. Así pues avisé a mis padres que dormiría en casa de un
amigo y seguimos la fiesta un rato más, hasta cerca de las dos de la mañana,
cuando ya todo el mundo se había ido. Así pues, nos fuimos a su casa, charlando
y riéndonos tranquilamente.
Al llegar, fuimos al salón, pusimos un
poco de música y seguimos charlando de todo un poco. Y de pronto, él volvió a
sacar la broma de las braguitas de su hermana.
- Antes, cuando te pregunté si no te
atrevías a salir con las bragas de mi hermana puestas, me dijiste que no, porque
tenías miedo a que te pillaran. Bueno, ahora no te puede pillar nadie...¿por qué
no te las pones? - Me dejó un poco descolocado su comentario. No sabía que hacer
- bueno, como quieras, tu tranquila...
"tranquila"...
Creo que fue ese tono medio en broma medio
en serio lo que me hizo dar un paso más.
- ¿Y yo que gano? - pregunté, manteniendo
su tono.
- El que no va a ganar nada soy yo - dijo.
Me quedé pensativo. Estaba bastante seguro de que él era gay, lo que, en cierto
modo, creaba un ambiente de confianza que me daba seguridad. Y además, me
apetecía muchísimo hacerlo. Así pues, le dije:
- Espérame aquí.
Fuí a su cuarto, me quité toda la ropa y
me puse las braguitas. Eran unas braguitas de algodón, blancas, con dos lacitos
rosas a los lados. Me miré en el espejo y me encantó como me quedaban. Me moría
de ganas de que me viera, así que fui al salón. Y él me estaba mirando con una
sonrisa enorme en la cara.
- Sabía que te sentarían genial. Me senté,
pero no en el mismo sofá que él, y, por arte de magia, seguimos charlando
normalmente, como antes de lo de las braguitas. Estaba muy claro que aquello no
era una broma, que a mí me gustaba estar con las braguitas, que me sentía muy
natural. Y nos tomamos otra copa viendo la televisión, comentando las chicas que
salían, los chicos, la ropa que llevaban, los vestidos...hablamos de las chicas
de clase, pero no sobre si estaban buenas o no, sino sobre como vestían, como
eran. Y lo mejor de todo, es que él me hablaba como si fuera una chica.
De pronto le dije "tengo frío" y me dijo
que me fuera a cambiar. Me daba pena que aquello terminara, pero me fui a la
habitación. Antes de quitarme las braguitas, decidí mirarme un poco más en el
espejo. Me encantaba como me sentaban. Y pensé que ya que había llegado hasta
allí...podría llevar todo aquello un poco más allá. Miré el armario de su
hermana, y fue una sensación increíble. La ropa de mi casa me la había puesto
montones de veces, pero imaginense cuando tenía un armario lleno de ropa de una
chica joven por descubrir a que ritmo me palpitaba el corazón. Era, sin duda, mi
noche.
Me dejé, por supuesto, las braquitas
puestas. Y me probé vestidos, faldas, camisetas, tops...y finalmente, me puse
una camiseta palabra de honor rosa, una mini del mismo color y unos calcetines
del mismo color que llegaban por encima de la rodilla, casi como unas medias. Y
por supuesto, unos zapatos con tacón. Pasé al baño y me pinté. Su hermana era
maravillosa, tenía montones de colores de pintalabios, de sombras de ojos...
Una vez lista, fui al salón. Esta vez,
Andros ya no sonreía. Me miraba impresionado. Pasé ante él moviendo mis caderas,
haciendo mis tacones sonar, para poner un disco. Britney Spears. Me encanta
ponerla cuando me visto de nena. Y una vez puesto, pensé que ahora le tenía que
poner a él. Al fin y al cabo, en el fondo soy una putita.
Me senté junto a él y le miré fijamente,
con una leve sonrisa. Estaba muy segura de mi misma. Él no podía dejar de
mirarme, así que cogí suavemente su barbilla y le hice mirarme a los ojos. Poco
a poco nuestras bocas se fueron acercando. Nos besamos con pasión.
Mientras nos besábamos, empecé a tocarle
con la mano. Empecé por la pierna, la entrepierna...estaba muy muy duro, a punto
de reventar.
- Hazme una mujer - le pedí.
Me quitó la camiseta y el sujetador, y
empezó a recorrerme con su lengua. Mis pechos, mis brazos. Yo le empecé a
desnudar mientras le besaba. Las caricias iban y venían. La excitación de ambos
era total. Llegué a sus calzoncillos. Empecé a besarle su miembro por encima,
pero pronto le quité la tela y empecé a lamerle, primero los huevos, luego el
pene, poco a poco, como su fuera un helado, hasta que me lo metí en la boca. Y
se la chupé como nunca nadie se la debe haber chupado a nadie.
No tardó en advertirme de que se iba a ir.
Pero ignoré su aviso: no podía parar. Se corrió en mi boca.
Yo aún seguía muy cachonda, y con la
faldita puesta. Y mientras tanto, él, me miraba feliz y dijo "vaya, imaginaba
que eras una mariquita, pero no que fueras tan puta". Se levantó, por un momento
pensé que se iba, pero empezó a besarme en el cuello, de espaldas. Me besaba y
me lamía y a la vez me metía mano por todo el cuerpo. Primero con una mano,
luego con las dos. Y no tardó mucho en acariciar mi miembro. Y al poco, comenzó
a frotarlo...y al poco, me corrí.
Despues nos quedamos mirándonos y
besándonos un rato, y se durmió abrazándome.
y esa fue mi primera polla.