INVESTIGANDO EL PLACER.
Marian@2
Yo, Ana María Sánchez López me reencarné en Mariano López
Sánchez,
es difícil la vida de una mujer en el cuerpo de un hombre.
La primera parte de este relato se publicó con el título UN
CAMBIO EN MI VIDA.
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" Comeme, comeme"- pedía Belén mientras yo me entregaba al
trabajo de devorar su concha. Porque era un trabajo, pasadas las primeras
cogidas como hombre, donde la curiosidad morbosa de actuar como macho me había
incentivado, mi secretaria y amante me resultaba aburrida.
Mientras le lamía con habilidad el clítoris, siempre lo hace
mejor una mujer, aunque tuviera cuerpo de hombre como era mi caso, con una mano
me masturbaba para poder tener dura la minga. Instrumento de funcionamiento
complejo, pues no es una máquina que la das un botón y para arriba, necesita
interés. Este descubrimiento me hizo valorarme más como mujer, pues siempre
había disfrutado de vergas duras y en ataque, y ahora que era hombre me daba
cuenta que una había tenido su merito en lograr descomunales erecciones.
Seguía lamiendo mientras mi mente recordaba los últimos días
de mi azarosa nueva existencia, de mujer en cuerpo de hombre, y eso que me
despertaba con la ilusión de que todo era un sueño, pero no lo era Yo había
logrado subsistir en ese nuevo mundo.
El que mi yo actual, Mariano, sólo llevara tres meses en
Argentina me había simplificado el saber sobre mi misma . Belén que disfrutaba
en ese momento de mi lengua me había ido contando quien era quien en la empresa,
y también las otras personas que Mariano había conocido durante su estancia
bonaerense, según su leal saber y entender. Un detective me había contado "mi
vida" en España, donde tenía compañeros de carrera e instituto y como toda
familia una hermana, Lourdes, con la hablé por teléfono, pero con la que no
había buena relación, y una ex novia a la que evidentemente no llamé.
Llevaba yendo al trabajo dos días y en principio, no había
tenido problemas, pues era una constructora de edificios, al ser yo una
arquitecta , aunque recién licenciada, me podía defender.
Los gritos de Belén me hicieron volver a la realidad del sexo
en que me encontraba, al estar embebida en mis pensamientos creo que me pasé de
comida de concha, y el número de orgasmos que había tenido la pobre mujer eran
tales que estaba al borde de un desmayo.
"Po favó cogeme, metémela, rompéme"-imploraba la muchacha.
La puse a cuatro patas y en su fluidificada concha metí mi
pija, dura como una piedra.
Había comprobado que era la forma en que me costaba menos
correrme , pues en las posturas en que la veía la cara, me entraba la risa al
contemplar su vocación de mujer entregada y apasionada. Desde atrás sólo sus
nalgas redondas y la espalda me hacían a veces fantasear que estaba enculando a
un hombre con una prótesis.
Era algo que le había hecho a mi novio, cuando tras muchos
ruegos y confianzas me exigió mi oscura abertura, dándosela en intercambio de la
suya. Si a mí me iba a doler , a él también.
Así que empecé a bombear a la mujer con ardor e interés, que
aumentaba a medida que con sus peticiones de que la nalgueara, y la llamara "mi
puta", "mi perra" y advocaciones parecidas, me iba convirtiendo en una Ama en
cuerpo de hombre.
Los orgasmos masculinos tienen desarrollos diferentes de los
femeninos , son con menos meseta, más torrenciales, cuando comencé a notar como
me llegaba la descarga de pasión, la penetré hasta lo más profundo y la empujé
para que quedara tumbada en la cama , donde con mis embestidas solté el chorro
de semen que me desbordaba. La mordí en el hombro, y su grito se confundió con
mi voz de placer.
Me retiré, tumbándome a su lado. Ella , sin apenas fuerzas ,
cumplió el rito de limpiarme la pija con la lengua.
Se durmió acurrucada en mis brazos, viéndola tan feliz y yo
tan aburrida, dejé vagar mis pensamientos en lo cándidas y bobas que somos las
mujeres.
Esta mujer se había ido a la cama apenas conocer a Mariano, y
ya me veía como el hombre de su vida, con una vocación de sumisa que me daba
vergüenza de sexo.
A mi me ha gustado que me den alguna nalgada, o que me aten y
hacer el amor sometida, pero siempre como un juego en el que yo podía hacer la
recíproca ,cuando a mi me apeteciera ser una mujer dura, perversa y dominante. A
Belén la gustaba que la sometieran y esa componente masoca suya, a veces me
excitaba, pero otras muchas me ponía triste. Y me cansaba tenerla todo el día
pegada a mis pantalones. Tenía que quitármela de encima (aunque casi siempre
estaba debajo) para investigar mis posibilidades masculinas y analizar si en vez
de seductor de señoras, en ese trozo de vida que pensaba era soñada, debía jugar
un papel más de gay.
La oportunidad se me dio al día siguiente. Había que ir a
Brasil a estudiar una operación inmobiliaria, vinculada a un hotel. Belén era la
interprete oficial de portugués, así que alegué que con lo que me había pasado
yo podía tener algún problema y le dejé el viaje, la secretaria y amante a un
compañero argentino, guapo, relativamente joven que brincó de alegría al recibir
la propuesta. Tendría un descanso de 10 días y con un poco de suerte se liaban y
me quedaba tranquila.
Sola en mi apartamento, el viernes decidí salir a romper la
noche. Me afeité ( era mucho más cómodo que la depilación femenina), me duché,
me puse unas gotas de perfume Opium, un slip de Ralph Laurent azul cielo, medias
de hilo , camisa de seda negra, unos jeans Levis, mocasines negros y me miré al
espejo. ¡ estaba buenísimo! Y en un taxi me acerqué a un boliche que me habían
comentado había marcha homo.
Me senté en una mesa y pedí una coca, no quería
emborracharme. Empecé a recorrer con la vista a los hombres del local. En
general eran guapos y muchos me devolvieron la mirada, si como mujer siempre
había tenido éxito, como hombre no iba atrás. Para mi era un mundo nuevo, así
que me quedé un rato tranquila observando los códigos.
La música turnaba de rápida a lenta. El primer tramo era de
exhibición, el baile servía para que cada cual luciera sus encantos, después si
te emparejabas entrabas en mayor intimidad en las piezas más lentas. Y tras esos
momentos de roce, muy fuerte algunos quedaban juntos y otros se veía que no
habían congeniado.
Yo tenía un problema, dado que era una belleza viril, se me
podía pegar un gay que jugara el rol femenino, para que yo fuera su hombre, y
desde luego eso no era lo que yo buscaba. Quería un macho que me hiciera sentir
la mujer que era.
Salí a la pista, una se sabía mover como mujer que era,
aunque reconozco que no era fácil, pues las chicas jugamos con las caderas, la
cola y las lolas, y estas últimas, básicas en el levantamiento del macho, no
estaban a mi disposición.
Pero me esforcé, y tuve mi recompensa, cuando delante de mí,
apareció el doble de Antonio Banderas y empezó a bailar acompañando mi danza.
A mi me había dado un subidón, era guapísimo, y terriblemente
masculino, sólo esperaba que me abrazara en el lento para derretirme en sus
brazos.
Bésame mucho fue el bolero que nos unió. Nos incrustamos el
uno en el otro, y cuando sus labios se unieron a los míos, casi me desmayo, era
el primer hombre en casi un mes, y yo acostumbrada a una vida sexual, llamemos
promiscua, lo necesitaba como el comer.
Su mano recorrió mi espalda hasta llegar a los glúteos, que
apretó para pegarnos aún más. Notaba su erección contra mi muslo, pero sólo
cuando me murmuró al oído "Se nota que te alegras de verme", me di cuenta que yo
también estaba con el arma dura y en alto. En mi vida anterior estaría
totalmente mojada, ahora estaba empalmado como un burro ante una yegua en celo.
Me llevó de la mano a su mesa, y sirviéndome una copa de
champán, brindó con un "por nosotros". No pude más me lancé sobre él a besarle
con toda mi pasión. Cuando sentí ,a través del pantalón, su mano en mi verga le
correspondí.
No fueron minutos, apenas segundos, cuando me susurró
ordenándome "vamos al tiro a mi hotel"
Salimos abrazados, tomamos un taxi que nos llevó a Palermo,
su hotel era una casa de época reconvertida en alojamientos. La mirada del
muchacho de recepción fue de envidia, cuando tras pedir la llave subimos a la
habitación.
No me dio tiempo ni a ver como era, nos desnudamos el uno al
otro con rapidez, aprovechando a besar y morderlos pedazos de carne que íbamos
descubriendo.
En la cama nos juntamos en un 69, creí morir cuando comencé a
comerle la verga, tenía necesidad, angustia, hambre de una buena pija.
Él sabía darme placer lamiendo y chupando mi miembro, yo no
podía más y me di cuenta que me venía el geiser de semen. Se dio cuenta y la
sacó de la boca , con la mano me sacó toda la leche que tenía dentro
derramándola sobre su pecho.
En mi locura lujuriosa, se me encendió la bombilla de SIDA, y
cuando chilló su " me corro", la puse sobre mis pectorales para sentir su
esperma en mi piel.
Nos quedamos abrazados en la cama, ahora podía ver la
habitación, era preciosa, en colores pastel y con cortinas cubiertas de flores
rojas.
" Me llamo Federico, llámame Fede, soy chileno y tu"
" Yo Mariano, dime Mari, soy español"- había adoptado mi
nueva personalidad para evitar cualquier problema que surgiera.
Tenía la piel con un ligero color bronce y con poco vello,
que indicaba algún antepasado indio, me recordó a mi misma cuando era mujer, su
minga no era muy grande, desde luego menor que la mía.
Sus ojos negros, que me estudiaban como había hecho yo con
él, estaban brillantes de alegría, que se demostró en una sonrisa dejándome ver
unos dientes blancos, perfectos. Me acarició el vello del pecho.
" Eres hermoso, muy macho, pero totalmente femenino"- me dijo
Ante mi no te entiendo, me aclaró que si bien mi aspecto era
muy varonil, luego tenía posturas de hembra cuando me sentaba con las piernas
cruzadas, cuando bailaba, eso le había vuelto loco. Pensé para mí era normal,
pues aun con cuerpo de hombre era una mujer. Me preguntó si tenía prisa, ante mi
contestación de que tenía tiempo hasta la tarde del sábado, me propuso bañarnos,
pues estábamos llenos de semen.
Cuando llegamos al baño, entendí su interés. La bañera era
redonda, incrustada en el piso, grande con salidas de jacuzzi, echó sales y
abrió el agua para llenarla.
Al mirar al espejo vi dos bellos ejemplares de hombre, llenos
de ternura y pasión. Después de la batalla que habíamos tenido comparé nuestros
miembros, el suyo era normal, tirando a pequeño, sobre todo comparado con el mío
que aun en postura de descanso era un pedazo de pollón.
Nos besamos mirándonos en el espejo, si nos sacan una foto
era de publicación en revistas especializadas, éramos dos bellezas masculinas y
mimosas.
Entramos en la bañadera, el agua caliente, aromatizada era un
placer, casi pegados, con las manos, nos fuimos limpiando el uno al otro semen,
sudores, resto de la noche. Tenía una piel suave, agradable al tacto, me
entretuve en acariciar todo su cuerpo, él repetía mis movimientos, no me
entretuve más en los puntos erógenos, los traté como un trozo de carne más.
Buscaba el relajo de tocar a un hombre sintiéndolo mío.
Se separa de mí, y mirándome comenzó a tocarse la verga, yo
le imité, uno frente a otro mostrando como un homenaje a la belleza de la
pareja. Puso a funcionar el jacuzzi, yo tenía la costumbre de poner mi concha en
los chorros de agua logrando orgasmos fantásticos, me di cuenta que como hombre
no tenía esa ventaja.
No pude aguantar más y me acerqué, tomando su minga entre mis
manos, y mamándosela. Ahora, me esforcé en darle una chupada de maestra, y en
eso era buena, al final de la secundaria, en el viaje a Bariloche, había ganado
el campeonato de mamadas entre cinco amigas, y luego me enorgullezco de haber
practicado con asiduidad dicho arte amatorio.
Me cabía toda en la boca, y con mis labios y mi lengua
trataba aquella joya como un plátano y un helado, devorando su miembro con
deleite.
Me había vuelto a calentar y de nuevo mi pija, se levantaba
orgullosa.
"Haceme tuya"- con la excitación, no me di cuenta que me
había salido mi autentico sexo y nacionalidad.
Sonrió y parando la maquina, me tomó de la mano, y con la
otra llevó una enorme toalla a la cama. Me besó con cariño antes de tumbarnos.
A mi me la habían puesto detrás varias veces, no soy una
fanática del encule, me suele doler, y sobre todo es una entrega que valoro y no
había conocido a tantos hombres que merecieran esa entrega.
Me puse a cuatro patas sobre el lecho, estaba dispuesta.
El me tumbó en la cama de un empujón cariñoso, y me musitó al
oido.
"¿ No lo has hecho nunca?"
Fue como un rayo, Ana María sí, Mariano ni idea y el cuerpo
era de Mariano.
"No, no lo he hecho nunca"
"Déjame que te ayude. Quiero que goces y no que sólo sientas
dolor. Ponte en cuchara"
Me tumbé como me indicó y noté como extendía algo frío por el
valle entre mis nalgas. Se entretuvo en el esfínter llenando de crema y deslizó
un dedo en mi oscura puerta. Era delicioso, lo sacó y después repitió la
operación con dos, luego con tres. Yo estaba cachondísima.
"Espera que me ponga el preservativo"
"Dejame que lo haga yo"- me giré y quitándoselo de las manos
lo coloqué en mi boca, era una técnica que había aprendido: poner el forro
mamándola.
"Eres genial"- me aplaudió Fede , yo me volvía girar
ofreciéndome.
Apoyó el glande en mi orificio, y empujó despacio, me abrí
para recibirlo, soporté el primer dolor, paró para ver mi reacción, ante mi
sigue, muy despacio la fue metiendo más adentro, la tenía toda en mi interior.
Paró para que me fuera acostumbrando, sentía un extraño calor que había
conocido. Yo estaba empalmado, cuando sentí su mano en mi miembro, comenzó a
masturbarme al tiempo que empezó a moverse dentro fuera, muy despacio al
principio. Aumentó el ritmo con la mano y con su cuerpo, nuestras respiraciones
se volvieron jadeos, yo estaba a punto de soltar mi leche……
Fue maravilloso, al correrme me estiré y tuve una serie de
espasmos, que se transmitieron a su taladro, apretones rápidos, orgásmicos que
hicieron que se fuera entre gritos.
Me la sacó con cuidado, y se levantó para tirar el forro al
tacho de basura. Nos tumbamos, sudados, cansados, felices.
Nos dimos besos dulces hasta quedarnos dormidos.
Al despertar por la mañana, sentí el vacío a mi lado,
Federico, desnudo, estaba sentado en la mesa de la habitación leyendo el
periódico. Al verme tirándome un beso me preguntó si quería que nos subieran el
desayuno, ante mi aceptación , encargó dos desayunos americanos.
Seguíamos desnudos cuando llegó el camarero, no nos tapamos ,
regalando nuestra belleza, que el mozo paladeó. Era nuestra propina.
Comimos con hambre, me preguntaba como íbamos a seguir cuando
me sacó de dudas.
" Yo me tengo que volver a santiago por la tarde, nos quedan
tres horas. Mari, soy casado y aprovecho mis viajes de trabajo a Buenos Aires
para ser como soy, en mi tierra no puedo. Siempre para aquí"
"Nos quedan tres horas, vamos a disfrutarlas"
A Blake Edwards por Una rubia muy dudosa.