Sexo con mi jefe
Hay miles de relatos de estas historias entre jefes y
secretarias, pues aquí añadiré una mas, ya que ahora escribiré vivencias mas
recientes, comenzare con esta, que me sucedió hace unos 20 días atrás.
Recientemente he sido ascendida de asistente social a técnica
en minoridad y secretaria de un juez de paz y tengo la fortuna de trabajar con
un abogado-juez bien parecido, de unos 41 años bien puestos. Nuestras primeras
semanas fueron amenas, conociéndonos, coordinándonos para la mejor convivencia y
un mejor resultado para el trabajo, lo cual logramos entendernos rápidamente.
La situación que hoy les contare surgió una noche, donde
tuvimos que quedarnos hasta tarde. No viene al caso que explique todo lo que
trabajamos y en que, por lo que en resumida cuenta, al fin de toda la causa que
debimos estudiar e investigar, decidí preparar unos cafés, ya relajados, pude
darme cuenta, como sus ojos buscaban una y otra vez incesantemente mi culo. Tras
hacer los cafés, me acerque a el, entregándole su café y yo me apoye sobre el
escritorio parada, para tomar el mió.
Tras preguntarme sino tendría problemas de regresar a mi casa
tan tarde, le conteste obvio que no, dado que no tengo novio y que en otras
ocasiones ya he llegado aun mas tarde. Siguiendo el dialogo de la siguiente
manera:
¿salidas con amigas?
Si, también con amigos.
Con tus amigos solo a bailar.
Eso al principio de la noche.
¿y el final de la noche como es?
Le termine contestando "Imagínalo", con una sonrisa picara
que dio pie para que con una de sus manos la apoyara en unas de mi piernas por
sobre mi jean, bastante ajustadito por cierto, acariciándola. Viendo que no lo
rechazaba, fue hasta mi saco, desprendiendo los botones del mismo, llevando
ahora su mano debajo de mi polera, jugando con unos de sus dedos en mi ombligo,
suavemente deslizándose luego, hasta mis pechos, notando que no llevaba corpiño,
llevo su otra mano y con ambas, masajeaba mis pechos, ahí sentado el, frente a
el parada y entregada yo. Pero esta vez, excitada, tomo la iniciativa, sacándome
mi saco y arrodillándome luego entre sus piernas, apoyando mis brazos en sus
piernas y primero, desabrochando su cinturón, seguidamente, bajando el cierre de
su pantalón y quitándoselo, notando como su bóxer marcaba fuertemente su
erección.
Entonces comencé a masajear con mis manos su pene duro, por
sobre su ropa interior, viendo su rostro, disfrutando el momento. Hasta que di
el siguiente paso, retirando su bóxer, llenando mis ojos con su hermosa verga,
la cual tome con mi mano derecha, empezándola a masturbar, suavemente,
abajo…arriba… abajo…arriba…, bajando lo que mas podía su piel, dejando su glande
al descubierto. Así continué un buen rato, masturbándolo hasta que deje todo la
punta afuera de su piel y me acerque con mi lengua comencé a saborearla,
caliente, húmeda y dura, deliciosa, la lamía en círculos, disfrutándola como una
chupaleta. Encerrándola con mis labios fuertemente, en un principio solo la
punta, jugueteando con mi lengua con todo esa pedazo de carne, mas luego,
empezando el descenso y la introducción de casi todo su verga caliente en mi
boca, succionándola fuerte con mis labios y comenzando un sube y baja de mi
cabeza con su pene dentro de mi boca, emulando una masturbación realizándola con
mi boca, escuchando sus gemidos, lo cual mas me excitada y me incitaba a
acelerar mi felación.
Pero entre sus gemidos, mi jefe balbuceo:
para flaca, párate.
Y tomándome por los brazos, me ayudo a pararme frente a el.
Primero me sostuvo para poder sacarme mis zapatos y segundo comenzó
desprendiéndome los botones de mi jean, el cual deje caer y deje a un costado.
Automáticamente me tomo de la mano e hizo darme la vueltita, dejando para su
vista todo mi culo, el cual provoco su halago:
que culo tremendo y la cola les roja esta terrible.
La cual retiro rápido y sin perder tiempo, comenzó a besarme
todo mi trasero, acarianciandolo con sus manos mis piernas por lo bajo. A la vez
que su lengua recorría cada rincón de mi culo, sus manos subían buscando mí ya,
húmeda vagina. Comiéndose mi culo desesperadamente, finalmente con unas de sus
manos, usando dos dedos, se deslizo entre mis labios vaginales,
introduciéndolos, a la vez que con la otra mano, y usando también dos dedos,
presiono mis clítoris y comenzó a masturbarme frenéticamente. Era intenso el
movimiento de sus manos, jugando con mi sexo, llenándome de placer, más su
lengua degustando mi culo, la sensación era maravillosa. Sus dedos se rociaban
cada vez mas con mis fluidos, aumentando mas su masajeo contra mi clítoris,
calentándome
Hasta que se paro, detrás mió, moviéndome hasta contra el
escritorio, para tomarme firme por la cintura, al mismo tiempo que me recostaba
contra la tabla, a la vez que mi jefe separaba mis piernas con las suyas y
ubicaba la punta de su sexo entre mis labios vaginales. Con suavidad comenzó
abrirse camino dentro de mi vagina, disfrutando la penetración, mojando todo su
sexo con mis jugos.
Las primeras penetraciones fueron delicadas, disfrutando con
su sexo entrando al mió, lentamente, moviéndose en circulo dentro mió, así
tuvimos unos largos minutos hasta que sintió como me venia, mojándome toda,
mojándolo a el. Fue en ese preciso instante, que su forma de cogerme cambio, se
torno fuerte y aguerrido, Las embestidas ya no fueron suaves, se convirtieron en
embestidas brutales contra el escritorio, rápidas y continuas, sin parar, una
detrás de la otra, su cintura chocaba estrepitosamente contra mi culo, me
excitaba mucho ser cogida de esa manera, mas el morbo que se presentaba al
hacerlo en mi lugar de trabajo, en la oficina de mi jefe, con el.
Rápidamente dejo de penetrarme para sentarse en la silla y
llevarme arriba de el, introduciendo su verga dura y firme en mi vagina, junto a
mi descenso sobre el. Quitándome mi ultima prenda, la polera, descubriendo mis
pechos ante sus ojos y comiéndose uno de mis pechos con su boca, tomando con sus
manos mi culo a la vez que yo imprimía el ritmo, moviendo mi pelvis de un lado a
otro, atrás, adelante, continuamente, satisfaciéndome con su sexo, y
satisfaciéndolo con el mió. Subía y bajaba una y otra vez, rápido, lento,
rápido, alternadamente, mientras que sus manos disfrutaban de mi culo,
masajeándolo fuertemente, a la vez que saciaba su sed de excitación pegando sus
labios a mis pechos, jugando con su lengua con mis pezones sin parar. Hasta que
un cruce de miradas lascicivas, nos hizo unir nuestras bocas en un beso fogoso,
que determino mi inmovilidad, sintiendo sus manos ahora firmes en mis piernas y
empezando a sentir nuevamente sus embestidas. Esas penetraciones duras, intensas
es lo que mas quería y disfrutaba.
Así como estábamos, me tomo por mi trasero con fuerza
alzándome y llevándome hasta el escritorio nuevamente. Sin dejar de penetrarme,
me sentó y me deje caer, rodeando con mis piernas sus cinturas y el jalándome
hacia su cuerpo, enterró mas su sexo dentro del mió. Se abalanzo sobre mi
cuello, besándomelo, bajando hasta mis pechos que se los comía
desenfrenadamente, balbuceándome:
que perra divina sos, la secretaria que siempre
quise.
Volvió a enderezarse, parándose pegado a mi sexo, al
escritorio y volviéndome a balbucear:
mi putita.
Me tomo por la cintura y empezó bruscamente a embestirme, a
enterrar su sexo dentro del mió rápidamente y introduciéndolo lo máximo posible,
haciéndome arquear mi cuerpo, acelerando mi respiración, sacándome gemidos
fuertes con cada penetración fuerte, dura contra mi cuerpo. Mi jefe estaba
descontrolado cogiendome sin parar, su verga caliente se hundía en mi vagina
húmeda, dilatada por el frenetismo de cada arremetida de su cuerpo contra el
mió.
Fernanda, párate, date la vuelta y bonete contra el
escritorio.
Me quería de espalda, su calentura ya lo hacia explotar, por
lo que rápidamente, me acomode según sus indicaciones y sin demorar mucho,
volvió mi jefe a penetrarme, rudamente, lo cual me excitaba mucho su rudeza,
cosa que a esa altura, el ya lo sabia.
Pero como dije antes, estaba a punto de explotar, tras tres
embestidas donde su sexo se enterró todo en el mió sacándome mas de un grito de
placer, mas una cuarta durísima e intensa penetración, exploto finalmente,
largando yo mi ultimo gemido de placer, alivio y satisfacción, recibiendo
continuas eyaculaciones de abundante semen.
Tras un instante de silencio, me hablo:
perdón Fernanda, me descontrole.
Nada que perdonar, me hacia falta un momento así.
Tras ese breve dialogo, nos vestimos y terminamos nuestro
largo día de trabajo, muy placenteramente.