Amigos de los magoyas, aquí estamos de nuevo Sarah y Carlos.
Hoy vamos a contaros cómo sedujimos a Sofía, la nueva
aprendiza de la tienda de Sarah.
El viernes por la tarde estuve dudando sobre cómo vestirme
para ir a la tienda. No sabía si ir de traje y corbata, de vaqueros y camiseta o
de chándal sin ropa interior. No sabía qué plan habría trazado Sarah, así que me
decidí por el camino de en medio. "Arreglao pero informal". Me puse unos
vaqueros que Mamen siempre decía que me hacían muy buen tipo (eso quería decir
que me marcaban el culo y hacían destacar mi paquete), una camiseta blanca y una
cazadora de cuero, con deportivas blancas, y me encaminé a la tienda.
Cuando Sarah me vio aparecer por la puerta me hizo un gesto
de aprobación con la mirada y pude comprobar cómo, con disimulo, le acariciaba
el culo a su jefe que estaba a su lado.
Me dirigí hacia Sofía que se encontraba en la zona de ropa de
caballero y al momento se nos acercó también Sarah. Nos saludamos con la
frialdad propia de quien disimula en público una relación privada y Sarah me
preguntó que qué deseaba. Le dije que quería renovar la ropa de trabajo y que
necesitaba un traje, un par de pantalones y una americana que combinara todo el
conjunto para poder ir intercambiando.
Le dijo a Sofía que me fuera enseñando pantalones y me
acompañara al probador vip mientras ella seleccionaba algunos trajes y alguna
americana.
Seleccioné algunos tejidos que me gustaban entre los
pantalones que me enseñó y al preguntarme la talla le dije que no tenía ni idea,
que debería tomarme la medida pues no la sabía. Así que me acompañó al probador
y fue a buscar un metro para tomarme la medida de la talla. Cuando me estaba
midiendo la cintura con manos temblorosas, entró Sarah en el probador y le
preguntó:
Qué estás haciendo.
Tomándole la medida de la cintura para saber la
talla, - dijo contestando con vergüenza.
Mira Sofía, para tomar la medida de unos pantalones
no debes tomar sólo la cintura, hay que saber también el largo de la
pernera –dijo mientras entraba y cerraba la puerta que Sofía había
dejado abierta. – Ven aquí que te enseño cómo hacerlo.
Se arrodillaron ambas frente a mi entrepierna que, por la
morbosidad de la situación empezó a crecer. Ambas lo notaron, Sarah con regocijo
y Sofía coloreándose de rubor su rostro angelical.
Sarah agarró las manos de Sofía que sostenían todavía la
cinta métrica y las llevó una a mis talones y la otra a mis huevos, empujándolos
hacia arriba de forma que la mano de Sofía entrara plenamente en contacto con
ellos. Ante esa provocación, que se sumaba a la visión de sus tetas sin sostén
que tenía desde arriba, mi polla siguió creciendo ante la sorpresa de Sofía que
no podía cerrar la boca abierta del asombro, en ese momento se dio cuenta de que
mi mirada estaba fija en un punto a su lado y siguiéndola descubrió los pechos
casi desnudos de Sarah. La pobre Sofía no sabía dónde meterse y su arrebol era
ya casi escandaloso.
Trae la talla 42 y largo 98, los tejidos que te ha
indicado el caballero.
Sí Sarah, ahora mismo los traigo – dijo saliendo como
alma que lleva el diablo.
Eres tremenda, - le dije a Sarah que se reía con
regocijo.
Está en el bote.
Al momento apareció con tres pantalones de la talla que le
había indicado y me los mostró. Elegí uno de ellos y empecé a desabotonarme los
vaqueros de manera lo más sensual que pude, dejando que sobresaliera el bulto de
mi polla. Sofía le hizo un gesto a Sarah para dejarme sólo mientras me
desnudaba, pero le contestó que era un amigo y que había confianza. Sofía iba
subiendo de nuevo en colores e intentaba hacer como que no miraba.
Me quedé en boxers pero tuve cuidado al desabrochar el
pantalón de desabrochar también el boxer como por despiste, con lo cual al bajar
los pantalones se asomó el capullo de mi polla por la abertura del calzoncillo a
lo cual respondió Sofía con una boca abierta que parecía un buzón de correos.
Lo abroché con disimulo y me acerqué a Sofía para coger los
pantalones de sus manos, que mantenía extendidas con los modelos que había
traído.
Me los puse e inicié un paseo con giro incorporado para que
me dieran su opinión. Sarah, sin cortarse cogió de nuevo las manos de Sofía
liberándola de su carga y dejando los pantalones sobre una silla y se acercaron
ambas hacia mí.
Te quedan de maravilla –dijo Sarah – Pero como este
tejido es un poco prieto y hasta que no lo laves un par de veces no cede
te tira un poco de aquí – y apoyó la mano de Sofía sobre mi culo,
desplazándola hacia mi cadera derecha.
Lo ves Sofía –dijo volviéndose hacia ella.
Sí Sarah – Sofía empezaba a desinhibirse viendo la
complicidad de ambos. El problema de que le tire está aquí – dijo
dirigiendo su mano hacia delante y rozando mi polla con timidez, que
reaccionó dando un respingo.
Vamos a probarle este otro pantalón de Tambourini,
que es un tejido más elástico y ya verás como no se le nota tanto el
problema. Ayúdale.
Cómo? - le preguntó.
Ayúdale a quitarse los pantalones.
Sofía empezó a desabrocharme el pantalón y a bajarme la
cremallera demorándose en el roce con mi polla. Se arrodilló frente a mí
devorando mi paquete con la mirada mientras me los bajaba y sacaba de los pies.
Me puse los otros que me acercaba Sarah. Eran de un tejido de
lana estupenda, me encantaron, me sentaban de maravilla, claro que mi erección
que era notable desfiguraba un poco la parte delantera.
Sofía miraba mientras Sarah se acercó a ella por detrás y
clavándole sus pezones en la espalda le susurraba al oído:
Está buenísimo y qué bien le quedan - Sofía se volvió
hacia Sarah y se encontró con sus labios que le acariciaron los suyos
levemente.
Sí, está buenísimo –contestó en un susurro entre los
labios de Sarah que aprovecharon una pequeña indecisión para besarla
dulcemente- Pero con el aparato en ese estado no se puede apreciar
correctamente. Deberíamos hacer algo para que recupere su estado normal
y comprobar si le queda bien el pantalón.
Adelante - le dijo Sarah a Sofía – es todo tuyo.
Sofía se acercó a mí y me desabrochó el pantalón y me dijo.
Mira Carlos, en este estado no podemos saber si te
queda bien o no, así que déjame hacer algo al respecto.
Me sacó la polla del boxer, aún con el pantalón en los
tobillos y empezó a chuparla sin experiencia arrodillada frente a mí. Sarah se
situó a su lado y le desabrochó la blusa, dejando a la vista un sostén algo
infantil con florecitas de color rosa bordadas. Le sacó los pechos por encima
del sujetador y empezó a chupárselos, a pellizcarlos, a amasar sus tetas a
retorcerle los pezones. Sofía iba subiendo en excitación con mi polla en su boca
que yo le ayudaba con las manos en la cabeza a tragarse y con el trabajo manual
en sus pechos. Sarah se atrevió a más y le atacó por debajo de la falda metiendo
sus manos entre sus bragas investigando sus genitales, pronto encontró la vulva
metiendo los dedos en su vagina y descubriendo el botoncito del placer. Cuando
le dio el primer tirón del clítoris Sofía me dio un mordisco en la polla que me
hizo gemir de dolor. Se dio cuenta y aflojó su presa rápidamente. Le hice que
sacara la polla de la boca y nos dirigimos hacia el sofá. La tumbamos entre los
dos y mientras Sarah se quitaba su tanga y se subía sobre su cara para recibir
una mamada yo le quité las bragas a Sofía que hacían juego con el sujetador y me
dispuse a penetrarla. Busque un condón de los que llevaba en la cazadora
previsoramente y me lo puse. Le apoyé la punta entre sus labios vaginales y ella
levantó sus piernas para rodear mi cintura y apretar hacia adentro. Ante el
estímulo empecé a metersela hasta que noté que había una frontera que traspasar,
aparté a Sarah de mi cara y mirándola a los ojos le pregunté si era virgen.
Sí, pero alguna vez ha de ser la primera –contestó
entre gemidos de placer.
Y no te importa que sea yo?
No hay nadie que me lo haya propuesto todavía. Así
que adelante.
Sarah escuchaba con atención nuestra conversación, así que al
comprobar que era la primera vez se dedicó a estimularle el clítoris mientras yo
la penetraba. Di un empujón un poco más fuerte y la desvirgué. Ella hizo un
gesto de dolor, pero me quedé quieto hasta que se acostumbró su vagina al
visitante que tenía dentro y se le pasaba el dolor. Cuando su cara recuperó su
aspecto normal empecé el movimiento adentro y afuera ella gemía de placer y
seguía apretando con sus piernas alrededor de mi cintura. Tuvo un primer orgasmo
y empezaron afluir de su vagina litros de jugos que Sarah recogía con sus dedos
y repartía por su culo, mi polla, mis huevos y su clítoris, continuando con la
estimulación.
Yo seguía con el ritmo de la penetración, acelerando poco a
poco hasta que Sofía tuvo otro orgasmo y yo me corrí también explotando en
leche. Se la saqué rápidamente y Sarah se lanzó sobre mi polla para lamerla de
los restos de semen que quedaron al quitarme el condón. Con su boca llena de mi
leche besó en la boca a Sofía que hizo un gesto de desagrado la notar el sabor
en su boca.
Yo todavía estaba con el rabo tieso pues lo morboso del
asunto hacía que no me bajara la erección. Sarah le había estimulado el ano,
pero me pareció demasiado desvirgarla por los dos agujeros para ser la primera
vez, así que le dije a Sarah que se pusiera a cuatro patas que se la iba a meter
desde atrás. Sarah se puso encima de Sofía a cuatro patas y mientras le lamía
los pechos, la boca, el cuello yo la penetré en la vagina y empecé a bombearla
sujetándola de las caderas. En pocos minutos reventé dentro de ella ahora sin
condón y la llené de leche que se escurría de su coño cayendo sobre las piernas
de Sofía. Me dispuse a recoger la leche con mi lengua de sus piernas y luego la
besé metiéndole la lengua casi hasta la garganta. Le dije
Disfruta del sabor, pues es exquisito, mejor que
muchos manjares que puedas encontrar en los mejores restaurantes. La
primeras veces puede que te desagrade, pero luego aprenderás a
saborearlo y siempre querrás recibirlo en tu paladar.
Tienes razón, la primera vez, cuando me besó Sarah me
pareció agrio, pero ahora me sabe mucho mejor.
E incorporándose se dispuso a lamerle el coño a Sarah para
recoger el semen que escurría de su sexo.
Estábamos recuperándonos cuando sonaron unos toques en la
puerta. Sarah, mientras nos vestíamos a todo correr sin hacer ruidos extraños
preguntó quién era y resultó ser su jefe. Haciendo callar a Sofía la escondió
tras un biombo de espejo que había en un rincón me hizo quitarme los boxer que
dejó tirados debajo del sofá de forma que resultaran visibles, me hizo poner el
vaquero sin calzoncillos y me metió su tanga en el bolsillo posterior de forma
que su jefe pudiera verlo, se puso la blusa abrochándose apenas dos botones con
lo que sus pechos quedaban casi por completo al descubierto y abrió la puerta
mientras hacía como que se estiraba la falda, dejándole ver al entrar que no
llevaba el tanga, algo innecesario pues fue lo primero que vio su jefe al entrar
, el tanga en el bolsillo posterior de mi vaquero mientras yo me agachaba para
ponerme las deportivas.
Qué ocurre aquí señorita Sarah.
Nada en absoluto señor –le repuso. Estaba atendiendo
a este cliente, que además es amigo mío, a elegir un traje y algunos
pantalones. Mire ha elegido este Tambourini, este traje azul y esta
americana de Tweed.
El jefe se percató en ese momento de que mis calzoncillos
estaban debajo del sofá y mirándola con deseo y con ira a la vez se dio media
vuelta y salió del probador. Nosotros salimos tras él y mientras yo pagaba lo
que me acababa de comprar vi cómo Sofía se escabullía hacia los vestuarios de
empleadas sin que la viera el jefe.
Y la señorita Sofía – le preguntó el jefe de repente
a Sarah.
Creo que estaba en el servicio o en los vestuarios,
se ha sentido algo indispuesta – replicó Sarah a su jefe.
Vaya a ver cómo se encuentra – dijo, y al volverse
hacia la puerta la vio cómo salía del vestuario impecable.
Mire ahí viene, pregúnteselo usted mismo – y le dio
la espalda.
Sarah me acompañó a la puerta con mi paquete de ropa y me
dijo.
A la salida ven a buscarnos que yo creo que esta
noche seguiremos.
Tú crees que querrá seguir la juerga.
Eso espero, pues me falta mi ración.
Pero eso es otra historia.
Agréguenme y cuéntenme sus experiencias.
cmagoya@hotmail.com