Hola amigos.
Sigo con mis historias.
Ya me conocéis, soy Carlos magoya, fundador de la cofradía de
los magoyas.
El lunes por la tarde fui a recoger a Mamen a la salida de su
trabajo. Era administrativa en una oficina del centro de la ciudad, así que fui
en autobús. Le dije que quería darle una sorpresa e invitarla a cenar.
Así que callejeamos un poco por las calles del centro cerca
de su oficina y hablando de cosas intrascendentes. Me preguntó sobre mi viaje a
Barcelona y le contesté con evasivas.
Nos metimos en un restaurante muy de diseño para cenar, una
vez dentro nos sorprendimos pues la clientela eran mayoritariamente parejas de
chicos y los camareros, todos chicos también, iban vestidos con faldas largas
hasta los pies y llevaban el pecho desnudo. Ese ambiente homosexual me ayudó a
decirle lo que tenía pensado.
Mamen, quiero que me escuches con atención. Sé que me
quieres tanto o más de lo que yo te quiero a ti y quiero que intentes
entender lo que voy a decirte y que hagas un gran esfuerzo por
comprenderme.
Chico, me tienes en ascuas. ¿Qué es lo que tengo que
entender?
Desde hace un par de meses mi vida ha sufrido un
vuelco que no sospechas.
De qué me estás hablando?
De mi sexualidad.
¿Qué le pasa a tu sexualidad? Yo no te he notado nada
raro últimamente. Más bien incluso un poco más fogoso.
Mamen, escúchame, déjame hablar, por favor.
Adelante, no te interrumpo más.
En ese momento el que nos interrumpió fue un camarero con un
cuerpo de escándalo que nos traía la carta. Cuando se fue, Mamen dijo:
Qué desperdicio, pena que sea homosexual. Con ese
cuerpo debe ser un gustazo acostarse con él. Y hay tanta chica sola, por
ejemplo mi amiga Araceli.
De eso mismo quería hablarte.
¿Pretendes decirme que te has vuelto homosexual?
No, Mamen, tranquila. Como has podido comprobar
siguen gustándome las mujeres. Y tú sobre todas.
¿Entonces?
Lo que he descubierto es que ese chico no es un
desperdicio. Que todos podemos disfrutar con todo tipo de personas. Que
lo que he descubierto es que soy bisexual.
¿Bisexual? Eso quiere decir que has tenido relaciones
con tíos. ¿Me equivoco?
No, no te equivocas.
En ese momento se acababa de acercar el camarero para tomar
nota y al percatarse de la conversación se apartó un poco y se me quedó mirando
con cierto descaro, sin que Mamen pudiera verlo pues se situó a su espalda.
¿Qué quieres tomar, ya lo has pensado?
¿Cómo puedes ni pensar en cenar?
Mamen, están esperando a que pidamos la cena.
Mamen se levantó con furia cogió su abrigo y su bolso y sin
mirarme se fue y salió dando un portazo.
Yo me quedé la mesa y el camarero se me acercó y me dijo:
El señor va a cenar?
Sí claro. Tráigame la especialidad de la casa, sea
cual sea, y una botella de buen vino.
Se retiró y me quedé pensativo. Como me temía, Mamen no podía
aceptar que su chico perfecto tuviese otras relaciones y mucho menos que fueran
con hombres.
Me sirvieron el vino y empecé a beber, era exquisito, crianza
del 98, Somontano (uno de mis favoritos)
Al momento me sirvieron la especialidad de la casa, saboreé
una deliciosa sepia con albóndigas, plato típico catalán. Comía sin ganas. La
cuerda había saltado rota sin tensarla demasiado. No me había dado ocasión de
explicarle cómo me sentía.
El camarero no me quitaba el ojo de encima, y yo sentía que
el vino empezaba a hacer sus efectos en mi cabeza.
Me puse de pie:
Me podrías indicar dónde están los servicios? – le
pedí al camarero.
Sígueme – me indicó con un gesto de la mano.
Me condujo hacia el fondo del local donde había una puerta
sin ningún tipo de indicación. La abrió cediéndome el paso y entró tras de mí.
Yo me quedé bastante sorprendido de lo que vi, pues los
servicios eran comunes para chicas y chicos ( o eso supuse pues no vi otra
puerta que pudiera dar acceso a otros servicios).
El urinario era una pared de cristal opaco que daba sobre la
sala del restaurante formando un espejo por esa parte pero que desde los
servicios permitía una visión panorámica de la sala y de si alguien se acercaba.
En el otro extremo estaban los excusados apenas tapados por puertas
bamboleantes, como de salón del oeste, bastante poco íntimos me parecieron.
Mi acompañante se dirigió a la pared de cristal por la cual
corría un reguero de agua que la limpiaba constantemente y extrajo su aparato de
su escasa vestimenta, lucía una buena polla con un piercing en el prepucio y
empezó a meneársela delante de mí.
Como había oido mi conversación con Mamen quiso comprobar si
era cierto que yo mantenía relaciones con tíos y empezó a provocarme. Yo sin
cortarme, me saqué también el instrumento que estaba empezando a reaccionar ante
el estímulo de lo visto y, descapullándolo, meé de lejos contra la pared de
cristal. El chorro salió con fuerza, rebotando en el cristal y salpicando todo
el suelo.
El camarero se me acercó y arrodillándose a mis pies y
mojándose con mi orina empezó a bebérsela y a tragarse mi herramienta. Cuando
terminó de beber, empezó a chupármela con maestría, yo disfrutaba de la vista de
la sala y pude ver cómo se acercaba otro camarero hacia los servicios, se lo
hice notar y siguiendo con su tarea se encogió de hombros dándome a entender que
no le importaba que nos pillara "in fraganti".
Entró el otro camarero, nos miró indiferente y extrayendo su
tranca, esa sí que era grande, se puso a mear contra la pared. Terminó y se fue
sin decir nada. A mí la situación me pareció morbosa. Al salir pudimos ver como
cuchicheaba con otro camarero que estaba inactivo en un rincón. La verdad es que
no había mucha gente en el local, a penas un par de parejas haciendo manitas y
había dos camareros ociosos. El camarero que había recibido la confidencia se
dirigió hacia los servicios. Una vez dentro se quitó la falta y quedó desnudo,
se acerco a mí y me bajó el pantalón y el boxer. Mientras su compañero seguía
chupando y deleitándome con sus técnicas orales, el otro me abrió de piernas y
empezó a comerme el culo. Me metía la lengua dilatándolo y acariciándolo. Cuando
lo tuve bien abierto empezó a meterme los dedos. Ya muy excitado me llevaron
entre los dos tras una de las puertas basculantes. El del piercing se sentó en
la taza y me hizo sentarme sobre él clavándome su polla en el ano. Notaba el
arito rozándome en las paredes al meterla y sacarla y me producía mucho placer,
el otro sujetándose en las puertas se clavó mi polla en el culo, realizando los
movimientos contrarios a los míos. Cuando el de detrás me la sacaba, el de
delante recibía mi instrumento por completo. Estuvimos así un buen rato hasta
que nos corrimos los tres casi simultáneamente. Salimos de allí, nos limpiamos
en los lavabos y regresamos a la sala sin apenas intercambiar palabra.
Pedí la cuenta, pagué y salí a la calle con intención de dar
un paseo para despejarme un poco antes de iniciar la caza de un taxi para
regresar a casa.
A las tres manzanas, al atravesar una plaza vi a Mamen
sentada en un banco llorando. Me acerqué a ella, me senté a su lado y la abracé
por los hombros. Ella se recostó sobre mi pecho
En qué he fallado, dímelo, para que te hayas tenido
que ir con un hombre para satisfacerte? – me preguntó entre sollozos.
Vamos a casa y hablamos. – dije con pocas esperanzas
de que aceptara mi propuesta, pero estaba tan derrotada que se levantó
sin replicar.
Cogimos un taxi en la misma plaza y le di mi dirección. El
conductor nos miraba por el espejo sin entender nada. Mamen seguía sollozando.
No intercambiamos palabra en todo el viaje.
Entramos en casa y la conduje al salón. Le quité
caballerosamente el abrigo y la senté en el sofá. Estaba ya un poco más calmada.
Quieres tomar algo, algo caliente?
Sí prepárame una infusión.
Le preparé una tila y se la llevé. Ya no lloraba aunque tenía
los ojos enrojecidos.
Mamen, yo te quiero, te quiero con locura, lo sabes y
no puedes dudar de ello.
Ya no sé qué creer. Tengo la cabeza hecha un lío
tremendo.
Voy a intentar explicarte lo que me pasa.
Le conté mi experiencia con Jorge en el metro y la desazón
que me produjo, el desbarajuste mental que me había producido y cómo por la
tarde acudía a la cita con él mi noche de sexo con él y Alvaro. Increíblemente
no me interrumpió ni una vez y me dejó que se lo explicara. No pidió detalles
escabrosos, yo tampoco se los di.
Le conté lo del verano en la playa nudista. Eso la dejó
boquiabierta al descubrir que nuestros vecinos lo eran también y le conté lo de
las clases particulares y la tertulia posterior. Se me quedó mirando
horrorizada.
Intenté explicarle que una cosa era el amor y otra muy
distinta el sexo. Que mi descubrimiento era ése precisamente. Que se podían
disociar ambas cosas. Que el sexo era sólo una herramienta de placer, tanto para
darlo como para recibirlo y que el amor no tenía por qué hacernos renunciar a
ello.
Le dije que lo que yo más quería era que ella compartiera
conmigo esa visión de la vida y pudiéramos seguir juntos para siempre.
Creo que entiendo lo que te pasa. - Me dijo- Has
descubierto que el sexo conmigo no te basta y has decidido, sin
decírmelo, buscar otras fuentes. Has decidido que lo que dé sentido a tu
vida sea el sexo y no el amor. Puesto que puedes separarlos a tu antojo.
Y me pides que yo también cambie las prioridades en mi vida para
adaptarme a ti.
No es exactamente así, pero podría valer como
aproximación. Para mí el amor sigue ocupando el primer lugar, pero ahora
el sexo compite con él en dura pugna.
Mira Carlos, yo no puedo compartir esta concepción de
la vida contigo. Para mí el sexo sólo tiene sentido dentro de la pareja
como parte de una vida común. Como expresión de amor. Placentera, muy
placentera, eso no lo niego. Necesaria e imprescindible para que la vida
de la pareja funcione. Y, hombre, siempre puedes tener una fantasía
sobre cómo sería hacerlo con ese cuerpazo de hombre que ves en la calle,
o con el camarero de esta noche. Pero de ahí al otro extremo hay un
trecho muy grande que yo no puedo ni quiero pasar. Y eso es lo que tú me
estás proponiendo.
Sí Mamen, me gustaría embarcarme en esta aventura
contigo.
No Carlos, no. Tú ya te has embarcado sin contar
conmigo en ningún momento y me pides que ahora, a toro pasado, me
embarque en una aventura que no es la mía y de la que me has excluido
previamente. Y como ya te he dicho no estoy dispuesta.
Me dices que tengo que renunciar a tí, para siempre.
Sí, Carlos, de hecho ya has renunciado. No me pidas
que te comprenda. Puedo respetar tu decisión, aunque no pueda
comprenderla, creo que ni ahora ni en el futuro. Pero nunca, nunca,
podré compartirla.
Qué vas a decir en tu casa?
Que hemos discutido y hemos roto. No creo que tus
padres o los míos puedan comprender los motivos que nos han llevado a
esta situación, así que creo que será mejor no dar detalles.
Sí, estoy de acuerdo contigo. Por ahora, yo tampoco
voy a dar explicaciones a nadie. Pero quiero que sepas que esta puerta
estará siempre abierta para ti, pues yo, aunque no lo creas, te quiero y
espero que algún día puedas entenderme y quieras compartir mi vida.
No creo que sea capaz. – finalizó levantándose.
Quédate a dormir.
No prefiero irme a casa e intentar descansar un rato.
Mañana tengo mal día en el trabajo y me parece que no voy a poder dormir
mucho.
Te llevo
No te molestes, cogeré un taxi.
En absoluto. Te llevo.
Se puso el abrigo y bajamos al garaje a coger el coche. Al
dejarla en su casa intenté darle un beso de despedida, pero apartó los labios y
sólo pude besarla en la mejilla.
Volví a casa me desnudé y me tumbé sobre la cama. En ese
momento lloré por haber perdido a Mamen para siempre.
Mi vida había dado un giro completo.
No sabía si me reconocía en mi nueva situación. Creo que me
faltaba una pata y que iba a sentirme inestable durante una temporada hasta que
me acostumbrara a vivir sin ella, o encontrara otra que la reemplazara.
Pensando en esto me quedé dormido con un sueño inquieto.
A la mañana siguiente llamé desde el trabajo a mi madre y le
expliqué que habíamos discutido y que habíamos roto. La oí sollozar tras el
teléfono.
Sin remedio?
Sí mamá, sin remedio. Las diferencias eran
insalvables, y para eso está el noviazgo, como siempre decía la abuela
"Festejar no es casar". Mejor así, antes que después.
En eso hijo te doy la razón, pero quién ha tenido la
culpa?
Nadie mamá, nadie. Ha sido de acuerdo los dos. Las
cosas no iban como queríamos que fueran. No hay culpables ni víctimas.
Bueno hijo, mejor así entonces, que sea para bien.
La siguiente llamada fue para Sarah.
Lo siento por ti, pues sé que la querías de verdad,
pero creo que has tomado la decisión correcta.
Espero que así sea.
Ahora ya no tiene remedio, así que "a lo hecho,
pecho" y a luchar por tu nueva situación.
Lo intentaré, pero me va a costar olvidarla.
Yo te ayudaré.
Eso espero, que estés a mi lado. Te voy a necesitar.
No te preocupes que no te fallaré.
Y tú con tu novio, ya has hablado con él.
Sí salimos anoche y no le he dado explicaciones. Sólo
le he dicho que no quería seguir con la relación.
Cómo se lo tomó?
Mal, por supuesto, me preguntó si había alguien.
Y?
Le dije que no, que simplemente me había dado cuenta
de que nuestra relación se había vuelto rutinaria, que seguíamos como
por obligación, como costumbre, más que por amor y que no podía
continuar así. Insistió, pero fui inflexible, así que todo ha terminado.
Bueno, pues ya te puedes mudar a mi casa cuando
quieras.
Espera un poco. Primero habrá que resolver el tema de
Blanca y el piso. Y además, estás seguro que quieres compartir tu casa
conmigo? Vamos a perder intimidad y libertad.
Bueno,- dije pensando en Maria, en Jorge y en Alvaro.-
Ya lo hablaremos más adelante, tienes razón. Nos vemos esta noche?
Sí quiero proponerte un plan.
Te paso a buscar a la tienda.
De acuerdo.
Continuará.
Agréguenme y cuéntenme sus experiencias.
cmagoya@hotmail.com