Capitulo 8: Viajando por Tarkan con Peleo
Los ojos de ese sujeto albino permanecían cerrados mientras
hablaba. Sobre el ojo izquierdo podía notarse una larga cicatriz que recorría
ese costado de su faz. Les dio la espalda por un momento y mientras compraba
unas pociones curativas charlaba amigablemente con un guerrero de brillante
armadura. Este parecía conocerle ya que le rodeó con su brazo poderoso y
hablaban en tono jocoso mientras reían.
Peleo le hizo señas a la pareja de que se acercaran y estos
así lo hicieron. El albo les presentó a su amigo entre risas. El guerrero
resultó ser un viejo compañero de aventuras, se hacía llamar Alexandre El señor
del desierto. Era uno de los pocos guerreros que dio esas tierras duras y
yermas, pero aunque pocos su valentía, fuerza y arrojo los hacia muy apreciados.
El tipo los saludó acaloradamente, el apretón de su mano casi le rompe los dedos
a Diógenes. El hombre se presentó galantemente ante Abigail que le saludó
fríamente.
Una vez presentados el maestro de almas habló:
Tendremos que atravesar todo este desierto para
llegar hasta donde esta el portal que lleva hacia el estadio. Les
recomiendo que se preparen, la situación puede ponerse difícil.
Bien, entonces compraré flechas para mi arco- Dijo
Abigail mientras se dirigía a la única tienda de ese lugar.
Vamos Diógenes, dime ¿No te gusta ni siquiera un
poquito?- Preguntó el mago, aprovechando que la mujer se encontraba
lejos.
Pues si, pero... No...nada- Dijo el guerrero
poniéndose colorado.
Sé hombre, dile lo que sientes- Dijo el otro mientras
le apoyaba el codo sobre el costado.
Ahí viene la bruj.. .!ejem¡ Abigail- Dijo Alexandre
siguiéndole la corriente a su compañero.
Ahahhahahaa. Mejor encaminémonos hacia la salida. El
viaje será un poco largo, je- Dijo Peleo para salir del tema.
Cuando estaban a punto de salir, pudieron ver a lo lejos como
un grupo de alas rojas se agitaban a lo lejos... se trataba de asesinos. Parecía
que lo menos peligroso eran los monstruos de esa región. Alexandre estaba serio
mirando esas alas rojas. Detuvo al mago que ya salía y habló con los tres:
No son un clan, mas bien son una banda de asesinos.
Se los conoce como los Purple Rhinos, no sé cuantos son pero si puedo
decirles que se trata de oponentes muy fuertes. Creo que será mejor
salir por otro lado, prefiero evitar un enfrentamiento con esos tipos.
Deben ser poderosos amigo, pero si lo deseas puedo
llevarles mediante tele transportación.
No, es muy arriesgado. Salgamos por el otro puente.
Los cuatro tuvieron que dar un rodeo hasta el otro puente y
recién pudieron salir. Al salir, el mago los cubrió con su escudo de mana. Los
bordes blancos del mismo les protegerían de cualquier ataque. Comenzaron a
avanzar, mutantes de forma arborea; armados con mazos y lobos sangrientos
portando hoces enormes aparecieron en su camino. Pero las espadas de Alexandre
los rebanaban con una facilidad pasmosa mientras Diógenes y Abigail hacían lo
propio con los monstruos de la retaguardia.
El mago los evadía con su tele transportación, no llegaban a
tocarle. De esa forma pudieron avanzar sin problemas hasta que unos disparos
explosivos les tomaron por sorpresa. Las ruedas de hierro comenzaban a fijar sus
miras en los cuerpos de los viajeros. El fuego los envolvió pero gracias al
escudo de mana no logró afectarles mucho. Las flechas del arquero llegaron con
precisión a la cabeza de los seres mecanizados. Estos cayeron al suelo con
estrépito, el delicado balance que les mantenía erguidos se había roto. Ya no
podían atacar siquiera, el grupo reía ante el espectáculo mientras avanzaban
hacia el puente que les permitía el acceso al tramo mas complicado.
Al pasar, un grupo de Tantallos los recibió con sus enormes
espadas de destrucción. Las criaturas abrieron sus fauces mientras dejaban salir
un gruñido ensordecedor. Su piel negra, cubierta por sus armaduras de cuero les
daba la vaga apariencia de guerreros. Diógenes se adelantó a recibirles con su
lanza, había oído mucho sobre la fortaleza de esas criaturas. El corte de su
lanza dio de lleno en los monstruos que aullaron de dolor, pero no murieron sino
que volvieron a atacar... el muchacho se veía en aprietos por el momento pero
bloqueando el ataque con su lanza volvió a contraatacar con un giro y los
terminó de liquidar.
Los demás aplaudían con ganas al muchacho, estaban
satisfechos con semejante espectáculo de valor y arrojo. Siguieron avanzando,
luchando entre todos (exceptuando a Peleo) contra las apariciones; lo complicado
se presentó al penetrar en la ultima caverna. Ahí los monstruos se hallaban
tranquilos, demasiado sosegados. Alexandre tuvo un mal presentimiento y haciendo
una señal todos pegaron sus espaldas mientras los escudos de mana aparecían
sobre ellos.
Unas alas rojas aparecieron detrás de los monstruos, sin
saberlo habían entrado en la guarida de los Purple Rhinos. Un sujeto que cara de
pocos amigos y una armadura de dragón negro toda rajada apareció ante ellos. Sus
espadas entintas de sangre reposaban en sus manos esperando el momento para
atacar. La furia de sus ojos lo hacia temible.
Otros pasos se oyeron y un sujeto de cabellos rojos apareció
ciñendo una armadura del unicornio. Los dos báculos Kundum brillaban con tonos
rojizos y anaranjados, cinco guerreros mas aparecieron, entre ellos una elfo de
ojos fríos y sonrisa socarrona.
La tensión que se generó por la situación podía cortarse de
un cuchillazo, pero todo empeoró al no hallar al mago Peleo. ¿Dónde se había
metido ese sujeto? No podían creerlo, lo había hecho de nuevo. Los guerreros se
lanzaron al ataque, el choque de cargas entre ellos fue violentísimo. La lanza
agitaba su hoja hacia todos lados, mientras los cortes de esas espadas y las
magias caían en todas direcciones.
Hola nena, ¿me extrañaste?- Dijo Peleo mientras
aparecía detrás de la elfo asesina.
Yoh... ¿Peleo?- Dijo la elfo sorprendida.
Así es querida Diamante, ¿Como has estado?- Preguntó
el mago mientras rodeaba con su brazo a la elfo.
Dime algo, precioso... ¿esos vienen contigo?- Le
preguntó la elfo mirándolo a los ojos.
Si, me están acompañando hacia Arena. Tú sabes de mi
afición por los duelos- Le dijo el mago mientras acariciaba el cuello de
la dama.
EY, MUCHACHOS, DEJENLOS. SON AMIGOS DEL PELA- Les
gritó la mujer a los asesinos.
Al oír ese nombre los sujetos pararon en seco, mirando a la
mujer como si estuviera loca. Pero luego de una segunda mirada pudieron
reconocer al tipo junto a ella. Este los saludó como lo hace alguien que se
reencuentra con un amigo a los pocos días. Los asesinos envainaron y uno por uno
fueron saludando al mago, como si fuera un camarada más.
Los tres acosados se quedaron de una pieza al ver la forma en
que trataban a ese mago. Antes de que este pudiera hablar una sola palabra, la
elfo asesino se acercó a los viajeros y luego de saludarles cortésmente se
presentó:
Soy Diamante, mucho gusto. Lamento el percance de
recién con mis subordinados, no sabíamos que eran amigos de este
bandido.
Yo soy Abigail, el guerrero de armadura es Alexandre
y mi compañero y aprendiz se llama Diógenes- Dijo la rubia.
¿Qué relación tiene con ustedes nuestro amigo?-
Preguntó curioso Alexandre.
Bien, yo fui su compañera por mucho tiempo. Tanto que
llegamos a casarnos, pero como él es un apasionado por los duelos yo
sufría mucho con cada uno de los enfrentamientos. Luego de hablarlo
mucho, llegamos a la conclusión de que lo mejor era seguir caminos
diferentes- Decía con un dejo de emoción la fémina.
Los tres se miraban entre si, estaban sorprendidos. Ese
sujeto que no parecía la gran cosa era tan apreciado por tipos tan peligrosos
como esos. Inaudito pero cierto, las palabras y los actos de esos convictos lo
demostraban. El aludido se acercó a los viajeros y les invitó a unirse al grupo,
no les harían absolutamente nada.
En efecto, lo único que ocurrió fue que los acogieron
cálidamente. Mientras el resto charlaban sentados ante una fogata en el
desierto. Mas alejados, al calor de otro fuego pequeño; la chica de piel color
de marfil y ojos rasgados se acercaba al mago, le abrazó por detrás. Este se
hallaba sin su armadura, por lo que estaba desprotegido. La voz de ella le
susurró:
Si ahora lo quisiera, podrías morir.
No creo que seas capaz de ello, preciosa. Hace dos
años no pudiste hacerlo, ahora simplemente es imposible- Le dijo él
tomando con calma las manos de ella.
Maldito maestro de almas, tienes razón querido- Dijo
Diamante mientras se recargaba en la espalda del sujeto.
Siempre que me alejo de ti, te extraño. Me falta ese
escalofrío que solo tú puedes darme. Detesto admitirlo, pero me enamore
de tu persona- Dijo el mago mirando fijamente hacia la fogata.
La declaración dejó anonadada a la mujer, que no supo que
decir... solo se quedó encima de él, abrazándolo mas fuerte. Peleo se sonrió
ante la sensación de ese abrazo, mas que nunca se sentía en su lugar. Desde la
otra fogata los demás les observaban en silencio, no hacían bromas. Los asesinos
sabían la historia que unía a esos dos. Sin embargo, Diógenes y su compañera no
entendían.
Uno de los asesinos se les acercó y dirigiéndose al resto de
sus camaradas dijo:
Les contaré como fue todo entre esos dos, así fue
como se conocieron la pareja que está allá-
Continuará…