/* Cuando acabó una de las clases con Sergio, Luis se quedó a
hacerse una paja con éste y sus amigos, incluyendo Manuel, el hermano de su
novia. Aquella experiencia había hecho pensar a Manuel sobre sus pensamientos
sexuales, ya que pensaba que le gustaba Sergio. Había pensado en contárselo a
Luis, pero estaba ilocalizable.*/
Por undécima vez, Manuel llamó al teléfono de Luis, pero
seguía estando apagado. Estaba harto de llamar y que no le cogieran el teléfono,
por lo que decidió ir a visitarle para pedirle consejo.
Y eso hizo. Salió de su casa y se dirigió a casa de Luis. Iba
a un ritmo rápido, ya que no quería tardar mucho por si se arrepentía. Iba cada
vez más deprisa, no quería tardar mucho en aquello, y, cuando llegó llamó.
Pero contestó la madre de Luis, diciéndole que no había
llegado todavía. Cada vez estaba más mosqueado, por lo que salió de allí sin ni
si quiera decir adiós. Aún así, no podía irse a dormir con aquel sentimiento.
Tenía que contárselo a alguien. Durante un rato, pensó en quien podía aceptarle
tal y como era y pensó en Juanjo. Fue más que nada, porque era el que estaba más
cerca de donde él se encontraba.
A paso firme, se dirigió a su destino. Mientras caminaba, en
una plaza cercana, Luis se encontraba con Noelia y Álvaro, quienes iban a
hacerlo en casa de la chica, ya que ésta se encontraba sola.
Dejando atrás esa plaza, Luis se dirigió a si casa y, cuando
entró, su madre le dijo que había ido a buscarle un chico llamado Manuel. Luis
se extrañó, pero decidió llamarle, por lo que puso a cargar el móvil. Su madre
le desvió de sus intenciones cuando le dijo que se iba y que tenía que recoger
la ropa, así que, sin más vacilación decidió hacer eso, dejando el móvil sin
cargar.
Manuel estaba cada vez más enfadado con Luis por no estar
disponible, pero intentó no parecer muy enfadado para cuando llegara a casa de
Juanjo. Llegó al portal, pero, en vez de subir, se quedó un rato pensando en que
hacer. Antes de entrar, se dio una vuelta por allí, justo en el momento en que
Noelia y Álvaro entraban en el portal para dirigirse a la casa de Noelia.
Armándose de valor, Manuel entró al portal y se dirigió enseguida a casa de
Juanjo, justo en el momento en que Noelia cerraba la puerta de su casa.
Juanjo abrió la puerta y se sorprendió cuando vio allí a su
amigo. Le invitó a pasar y le dijo que estaban completamente solos, que sus
padres se habían ido y no llegarían hasta muy tarde. Manuel le dijo que si podía
beber agua y Juanjo le llevó un vaso. Juanjo se había dado cuenta de que Manuel
estaba preocupado.
-
Manuel, tú no has venido aquí a beber agua, ¿verdad?
-
No. Venía a visitarte.
-
Y, ¿por qué estás tan nervioso?
-
¿Nervioso yo? ¡Qué tontería! Por cierto, somos buenos
amigos, ¿verdad?
-
Coño, claro. Pero eso no lo tienes ni que preguntar.
La conversación de los dos amigos se cortó momentáneamente
cuando oyeron ruidos. Esos ruidos resultaron ser de la casa de abajo, donde se
encontraban Noelia y Álvaro. En ese momento estaban jugando con la nata.
-
Me he enterado de que los de abajo van a follar esta
noche – dijo Juanjo.
-
¿En serio? ¿Cómo te has enterado?
-
Uno tiene sus contactos. Bueno, a ver, ¿por qué me has
preguntado eso antes?
-
Pues, verás….
Otro ruido por parte de los vecinos hizo que se interrumpiera
la conversación. Era el momento de la mamada por parte de Noelia, que se estaba
empezando a enfadar por no haber empezado a follar todavía.
-
Joder, con tus vecinos.
-
Lo siento, pero yo no puedo hacer nada. Jaja.
-
Ya, pero es que así no se puede hablar.
-
Pero venga, dime ya lo que me tengas que decir.
-
Es que… - Manuel no aguantó más y tiró el teléfono, ante
la atónita mirada de Juanjo.
-
¿Por qué lo tiras? – le preguntó Juanjo a Manuel.
-
¡Porque a quien llamo lo tiene apagado!
-
¿Y a quién llamas?
-
A Luis. El que se ha hecho la paja con nosotros esta
tarde.
-
¿Para qué le quieres?
-
Pues para contarle una cosa. Te la voy a contar a ti,
pero prométeme que no se lo contarás a nadie ni te reirás de mí.
-
Te lo prometo – en ese momento, Noelia y Álvaro todavía
estaban paralizados por el golpe del teléfono.
-
Es que… creo que me gusta alguien.
-
Eso esta bien. ¿La conozco?
-
Bueno… más bien LE conoces.
-
¿Perdón? – preguntó Juanjo extrañado
-
Sí, es que es un tío.
-
¿Eres maricón? – preguntó Juanjo con mal tono – Lo que me
faltaba, tengo un amigo maricón – fue el momento en el que Noelia y Álvaro
retomaron su trabajo.
-
¿Es que te supone algún problema?
-
Pues depende – Juanjo ya no era tan amigable como antes.
Y, ¿quién es el que te gusta?
-
Es Sergio.
Juanjo no era tan amigo de Manuel en ese momento. Es más, le
miraba con cara de asco, pero podía sacar algo bueno de aquello, sobre todo, si
iban a estar solos. La paja de esa tarde le había puesto bastante cachondo, pero
no sabía como se iba a librar de esa calentura sin tener que hacerse otra paja.
Ahora ya lo sabía.
-
Vamos a hacer una cosa. Yo no le digo nada a Sergio si tú
haces todo lo que yo te mande.
-
¿Qué?
-
Verás, es un juego muy divertido. Yo seré tu amo y tú
tendrás que hacer todo lo que yo te diga.
-
Pero, Juanjo…
-
¿O prefieres que le cuente a todos lo que eres?
-
Pensaba que éramos amigos.
-
Tú lo has dicho: éramos. No pienso tener un amigo
maricón. Y vete olvidándote de Sergio, no creo que le gusten los tíos – dijo
Juanjo, sin saber nada de lo que pasaba con Sergio.
-
Venga tío, deja de decir bobadas. Yo me voy…
-
¡Quieto ahí! A no ser de que prefieras que le cuente a
todo el mundo lo que eres.
-
Pero es que…
-
Tú decides. O eres mi esclavo, o todo el mundo se entera
de que eres un puto maricón.
-
Ya veo. No aguantas a los homosexuales…
-
En parte, tienes razón, no los aguanto, pero hoy quiero
ser tu amo, que tú hagas todo lo que yo te diga.
-
Está bien, pero con la condición de que no se lo digas a
nadie.
-
Por supuesto.
-
Terminemos con esto cuanto antes. ¿Qué quieres que haga?
-
Lo primero es que me llames amo. Y lo segundo… yo creo
que hace un poco de calor aquí, ¿no? Desnúdate, anda.
Manuel, con cara de pena, hizo lo que Juanjo le mandaba.
También le dijo que lo hiciera despacio, que no tuviera, prisa, ya que tenían
toda la noche. Manuel comenzó a quitarse la chaqueta que llevaba y, acto seguido
se quitó la camiseta. Siguió quitándose las zapatillas, para luego quitarse los
pantalones y quedarse en bóxer.
El chico obedeció sin rechistar aunque no con mucho gusto.
Hizo lo que le mandaban, poniendo el culo en pompa. Juanjo se puso detrás de él
y le dio un azote en el culo.
Manuel no decía nada, solo sentía en silencio. Juanjo
imaginándose que era una tía, le empezó a sobar el culo e, incluso, le metió la
mano por debajo del bóxer. Después, le pasó un dedo por la raja, a lo cual,
Manuel respondió con un respingo.
-
Vaya, parece que a mi puta maricona no le gusta que le
anden al culo. Ahora, quítate el bóxer, que quiero ver tu mini-polla. Jaja.
Haciendo caso, dejó al aire su polla, ahora flácida. Acto
seguido, Juanjo le dijo que comenzara a pajearse lentamente hasta que su polla
quedara tiesa, pero sin que se corriera. Cuando Manuel llegó a la situación en
la que su amo le decía, paró. Después de aquello, Juanjo se fue de la estancia,
pero regresó poco después con un consolador.
-
Esto es un jueguecito que le descubrí a mi hermana hace
unos días. Vamos a probarlo contigo para ver como te sientes.
-
No eso no, Juanjo. Haré todo lo que pidas, pero eso no
por favor.
-
¿Cómo que Juanjo? ¡Te dije que me llamaras amo! – gritó
Juanjo, dándole una torta – Vamos, ahora bájame los pantalones y los
calzoncillos y comienza a mamármela hasta que me corra en tu boca. No la
saques ni para respirar.
-
Sí, amo…
Manuel se puso de rodillas en frente de Juanjo y comenzó a
bajarle los pantalones y los calzoncillos. Manuel vio su polla flácida y comenzó
a pajearle. Juanjo le dijo que no y Manuel se la metió en la boca. Comenzó a
mamársela, aunque no sabía como, ya que era la primera vez. No usaba en ningún
momento la lengua, solo apretaba con los labios. Como vio que Juanjo no parecía
disfrutar, empezó a hacerlo deprisa, metiéndosela entera y sacándola casi del
todo para luego volvérsela a meter. El amo parecía disfrutar algo más, pero el
esclavo no lo estaba pasando tan bien. Juanjo le dijo que usara la lengua, que
si no, no se iba a correr. Así que eso hizo. Le recorrió el capullo con su
lengua. Eso sí parecía gustarle a Juanjo, porque se estaba estremeciendo de
gusto.
Pero Manuel estaba agotado. Llevaba como quince minutos de
rodillas chupándole la polla a su antes considerado amigo, y no se corría por
más que lo intentaba. Iba cada vez más rápido para conseguir llegar al final
cuanto antes, pero no lo conseguía. De todas maneras, le gustaba chupar esa
polla, pero le gustaría estar en otra posición y sin que se lo tuvieran que
mandar.
Finalmente, sin aguantar más, Juanjo cogió la cabeza de su
esclavo y comenzó a follarle la boca casi sin dejarle respirar. Iba cada vez más
rápido y Manuel comenzaba a disfrutar de aquello. Entonces, Juanjo comenzó a
correrse y, para que Manuel no dejara ni una gota de su semen, le siguió
agarrando la cabeza, por lo que Manuel tuvo que conocer a que sabía, aunque no
quisiera.
-
Muy bien, putita, muy bien. Has hecho que me corra, pero
no creo que con esto baste. Date la vuelta – dijo Juanjo mientras cogía el
consolador.
-
¡No, eso no!
-
He dicho que sí, puta.
Entonces, Juanjo cogió los calzoncillos de Manuel que todavía
estaban en el suelo y le ató las manos con ellos. Después, se desnudó él y le
puso sus calzoncillos en la boca, para que no gritara tanto.
Intentando, en vano, desatarse, Manuel no dejaba de moverse.
Para que parara, Juanjo se cogió sus huevos y le apretó fuerte. Manuel paró de
moverse y, sin quererlo, se dejó hacer.
Juanjo encendió el consolador, que empezó a vibrar
frenéticamente y le puso la punta en el agujero de Manuel. Se notaba que era un
culo virgen, pero estaba claro que aquella noche iba a dejar de serlo. Manuel al
que todavía le dolían los huevos, no decía nada.
El amo empezó a meterlo poco a poco, para que Manuel se
acostumbrara, pero la malicia de Juanjo le llevó a meter más de la mitad que
faltaba de un golpe. Manuel gritó, aunque lo único que se oyó fue un leve
gemido. Sin esperar ni un segundo, Juanjo empezó un mete-saca con el consolador,
lo que a Manuel le parecía que le estaban matando. Cuando ya se hubo
acostumbrado a tener aquello dentro, pensó en disfrutar, aunque no sabía como
iba a hacerlo. Tras media hora así, Juanjo paró y sacó el consolador. Entonces,
le quitó los calzoncillos de la boca y le dijo:
-
Me estoy meando. Abre la boquita, puta.
-
¿Qué?
-
Ya me has oído – Juanjo volvió a coger los huevos de
Manuel, pero antes de que pudiera apretar, Manuel aceptó a abrir la boca.
El chico cerró los ojos y abrió la boca. Juanjo le metió su
polla, ahora flácida, en la boca y se relajó. Pronto, Manuel sintió como un
líquido caliente le resbalaba por la garganta para acabar en su estómago. Al
principio pensó que iba a vomitar, pero pronto descubrió que el sabor no era
desagradable, así que se lo tragó todo, sin dejar ni una gota.
Juanjo le desató las manos y se vistieron los dos. Manuel se
fue sin despedirse, pero antes de que cruzara la puerta, Juanjo le dijo que
esperara.
-
Oye, Manuel, siento lo que te he hecho.
-
Ya claro. Bien que disfrutabas.
-
Al final también disfrutabas tú. ¿O no?
-
Sí, pero…
-
De veras que lo siento…
Antes de que Manuel contestara, Juanjo le cogió la cabeza y
le plantó un beso con lengua, un morreo en condiciones. Luego, Manuel salió y
Juanjo cerró la puerta. Incrédulo por lo que había pasado, se dirigió a la
calle, pero antes de salir, vio a Álvaro y Noelia salir de la casa de Noelia,
por lo que decidió esperar a que se fueran. Parecían preocupados por algo. El
chico supuso que esos eran los vecinos ruidosos.
La reacción de Juanjo no fue como Manuel esperaba y, aunque
al principio, sufrió bastante con la violación, luego empezó a gustarle. Pero lo
que más le había impresionado era el beso de despedida. ¿Es que Juanjo era gay?
No, seguro que no. Lo más seguro es que fuera bisexual.
En el próximo capítulo conoceremos si Rosa descubre todo en
casa de Luis, donde estaba Sergio totalmente desnudo. Un nuevo personaje entrará
en escena, pero resulta ser el mayor problema al cual se enfrentarán todos los
protagonistas.