El cante de nuestro encuentro
A la pena de no tenerte y la alegría de encontrarte. El cante
de nuestro encuentro, sube a la categoría de la felicidad sentida. Amada y
siempre querida, te llevo muy apegada al querer del alma mía, que llenas todos
los días los minutos de mi vida.
Los restos de desconcierto, de no estar en ti dentro. Las
maneras del encuentro de nuestros mutuos cuerpos y el fundirnos el día del
encuentro. Todo eso me revela, que mi corazón te lleva prendida a fuego y muy
dentro.
Tu nombre escribo con flores, con claveles y amapolas. Yo
quiero que uno al otro vele, estando los dos a solas. Y nos demos alimento del
cariño que nos brota y se crece por momentos al llegar el instante del
encuentro, de amor y de zozobras no vamos los dos fundiendo y futuro se conforma
a cuatro brazos y dos bocas. Ese es el sentimiento, de querer sentirme dentro de
tus pétalos de amapola.
Quiero que todos lo sepan, que eres tu quien me enamora. Que
eres la mujer que espero y que aun se demora, por vericuetos del tiempo y del
conocer que la rodea. Eres precisa y certera, eres el deseo de cada día y amor
que me merodea y esto lo se resuelto, lo se con certeza toda: eres mi amada y
señora, sevillana impregnadora de quereres y de sensuales sentimientos… que
realizamos a solas.
Ven y deja que yo vaya a tu vera y que la pasión que sentimos
sea sensación integra y creadora, de un cariño más nuestro a cada segundo que
avanza, y una tras otra hora. Quiero envolverme contigo y sentirme abrazado, que
soy mucho más que un amigo y me siento muy amado, cuando me estrechas y me amas
a solas…
Ahí amada sevillana, asómate a la ventana; que quiero verte
toda y he de esforzarme a tope a subir a verte de forma pronta y perenne. Me
siento como si fuera yo de un árbol, que eres tú, y una ramita tuya soy yo.