Hola amigos, aquí estamos de nuevo los magoyas.
El sábado después de comer nos fuimos al dormitorio para
echarnos una siesta y descansar un poco del ritmo de la mañana. Dormimos un par
de horas y cuando me desperté, que fui el primero en hacerlo, me puse a
acariciarle los senos a Sarah, empecé a morderle los pezones y a succionarlos lo
que hizo que se despertara. Ella decidió que hiciéramos un 69 y nos pusimos a
ello, tenía el clítoris bastante abultado así que podía cogerlo con los dientes
y pegarle pequeños tirones algo que la excitaba mucho. Ella se tragaba mi polla
y la chupaba y mordía con frenesí. Pronto estuvimos los dos con un alto grado de
excitación así que me puse sobre ella y la penetré. Empezamos un movimiento
acompasado, nos compenetrábamos muy bien en los ritmos, y tras diez minutos de
empujar alcanzamos un orgasmo maravilloso. Nos quedamos tumbados sin decir nada
un rato, como esperando a que el otro tuviera la iniciativa.
Bien y cuál es el plan para la tarde –inquirió Sarah.
Pues yo iba a proponerte que leyéramos el correo que
recibo de los relatos que he escrito hasta ahora y si no encontramos
nada interesante en ellos, escribir lo de los últimos días.
Buena idea. A ver si encontramos algún nuevo miembro
para nuestra cofradía.
Nos fuimos al estudio después de darnos una ducha y nos
conectamos con el servidor de correo. Gracias amigos por la cantidad de correos
que he recibido.
El primero que nos llamó la atención fue, y no os riáis, el
de un fontanero que nos contaba sus experiencias.
Parece que el mito del fontanero que arregla desagües es
cierto, pero en este caso también arregla cañerías. Os lo transmito.
"Querido Carlos Magoya:
He estado leyendo tus relatos y me sentido plenamente
identificado en ellos.
Tengo veintitrés años, mido 1,80 y me gusta mucho el deporte,
así que tengo un cuerpo bastante atractivo. Además la naturaleza me dotó con un
pene de 18 cm. Que siempre está pidiendo guerra.
Como no era muy bueno con los estudios, desde los quince años
estaba más preocupado de perseguir chicas que de estudiar, y así no hay manera
de hacer carrera, gracias a un amigo de mi padre empecé a trabajar como
fontanero a los 17 años. Al principio iba de mirón y poco a poco aprendí el
oficio. La verdad es que yendo de ayudante de mi jefe muchas veces percibí las
miradas que alguna señora o que algún hombre me dirigían. Pero nunca hubo
ocasión de que ocurriera nada, menos con mi jefe delante. Algún roce ocasional
en el paquete sí me dedicó una señora especialmente fogosa.
A los tres años de estar trabajando, mi jefe se jubiló y como
no tenía hijos yo me quedé en exclusiva con el negocio. Desde aquél día iba
sólo. Sobre todo porque los primeros años tienes que trabajar duro para poder
hacerte con el negocio y no podía permitirme el lujo de pagar el sueldo a nadie,
ni siquiera a un aprendiz.
Así que empecé a atender las llamadas de los clientes.
Yo había follado mucho ya, pues como he dicho desde los
quince perseguía a las chicas y más de una conseguí llevar al huerto, nunca una
fija, sino la que encontraba en la discoteca el sábado.
Mi primera experiencia con una clienta fue precisamente con
la fogosa. Cuando llegué a su casa y me vio solo me preguntó por mi jefe y
cuando le dije que se había jubilado y ahora trabajaba solo se puso muy
contenta. Le arreglé los grifos de la ducha y cuando la llamé para que viniera a
ver cómo funcionaban apareció sólo tapada con una toalla.
Ya puedo ducharme? –me preguntó
Sí, ya funcionan los grifos
Pues podrías ayudarme a darme jabón por la espalda –
dijo dejando caer la toalla y mostrando un cuerpo de escándalo, mientras
se introducía en la ducha y tiraba de mí.
La señora tendría cerca de cuarenta años. Pero se conservaba
muy bien tenía las tetas paradas hacia arriba y el culo muy bonito, redondito.
Yo me quité el mono y como no llevo ropa interior debajo (hago con el mono de
trabajo como tú con el chándal) me quité los zapatos y calcetines y me metí en
la ducha con ella. Cogió el jabón y empezó a pajearme, yo cogí jabón y empecé a
acariciarle el coño, se retorcía de gusto cuando le agarré el botoncito. La cogí
del culo y la levanté para ensartarla apoyando su espalda contra la pared ella
rodeó mi cuerpo con las piernas y se colgó de mi cuello, mientras saltaba
empalada con mi polla. Se corrió tres veces antes de que yo me corriera, debía
de llevar bastante tiempo sin probar un buen rabo.
Cuando acabamos me pagó religiosamente lo que le pedí por el
arreglo, que fue el triple de lo que suelo cobrar a otros clientes.
Mi primera experiencia con un tío fue un par de semanas más
tarde. Me llamaron para reparar los servicios y duchas de una pequeña residencia
de estudiantes universitarios.
Había diez o doce chavales de unos dieciocho años y tenían
cada uno su baño en la habitación. Por la mañana iban un par de señoras a hacer
las camas y la comida y cena del día. El resto del día no había nadie en la
casa, por la tarde volvían los estudiantes, se calentaban la cena en el
microondas y dejaban los platos para por la mañana. Así que por las mañanas
estaban las señoras, pero por las tardes estaba yo solo. Uno de los días, me
encontré con el chico de la habitación que estaba reparando en la cama. Se había
quedado sin ir a la universidad pues no se encontraba bien, tenía algo de
catarro y algunas décimas de fiebre. Yo más bien creo que le había echado algo
de cara y había hecho pellas. El caso es que mientras yo trabajaba en su baño él
estaba en su cuarto, en la cama mirándome cómo trabajaba. Al cabo de un rato de
estar dedicado a la ducha el chaval se levantó de la cama y se vino al baño.
No te importará que mee mientras tú trabajas, no?
En absoluto, si te molesta salgo.
No hombre, tampoco vas a ver nada del otro mundo –y
diciendo esto se sacó la verga tiesa del pijama.
Debía de haber estado meneándosela en la cama. Yo me la quedé
mirando y le dije:
Así no vas a atinar a mear en la taza, y en la ducha
no se puede mear ahora, que estoy trabajando
Pues algo tendré que hacer.
Empezó a cascarse una paja delante de mí, yo me di media
vuelta, pero la situación estaba empezando a ponerme excitado. Se me estaba
poniendo morcillona. Me giré para coger una herramienta y él pudo ver que mi
polla se marcaba tiesa en el mono.
Me parece que vas a tener que acompañarme, tú también
necesitas el mismo tratamiento.
Pues la verdad es que me parece que sí –le dije.
Bastante excitado por la situación, pues era la primera vez
que veía aun tío pajearse delante de mí sin ningún pudor, me saqué el rabo del
mono y empecé a pajearme a su lado.
Vaya rabo qué tienes! – me dijo admirado.
Tú tampoco la tienes pequeña –le dije. Su rabo no era
tan largo como el mío pero era algo más gordo.
Se acercó a mí de frente y puso su polla contra la mía, las
cogió las dos con las dos manos apartando mi mano y empezó a masturbarlas a la
vez. Yo estaba bastante sorprendido por el rumbo que habían tomado los
acontecimientos, sobre todo porque me estaba gustando lo que me estaba haciendo
el chaval. Al momento se arrodilló delante de mí y se tragó el rabo con maestría
inigualable. Lo notaba como traspasaba su garganta y entraba hacia su estómago.
Con semejante mamada me corrí rápidamente dentro de su boca y la lefa se le
salía por los labios. Se relamía el muy goloso. Yo debía ahora corresponderle y
hacerle correrse, pero comerme una polla me daba algo de asco, así que le agarré
la suya y le pajeé hasta que se corrió, que lo hizo apuntando hacia la pared,
luego lo limpiamos con papel higiénico.
Me guardé el instrumento y seguí trabajando y él se volvió a
meter en la cama.
Al cabo de un rato me fui a comer, a él le llevó la señora la
comida a la cama. Yo, mientras comía, no paraba de darle vueltas en la cabeza a
lo que había pasado.
Empecé a plantearme si no podría probar a chupar una polla. Y
a tener sexo por el culo con un tío. Por qué no probarlo. A mi gustaban las tías
y pensaba seguir teniendo sexo con todas las mujeres que pudiese. Además había
descubierto que mi trabajo iba a proporcionarme montones de ocasiones, así que
me decidí a probarlo esa misma tarde.
Al salir de comer me acerqué a una farmacia a comprar
vaselina y condones y me fui de nuevo a la residencia. Los chicos ya se habían
ido y las señoras estaban acabando de recoger la cocina para irse en pocos
minutos.
Yo me dirigí al cuarto del chaval y me lo encontré tumbado en
la cama leyendo una revista, no me fijé en qué tipo de revista era.
Empecé con mi faena y a la media hora vino la señora a
despedirse del chico y preguntarle si necesitaba algo. El chico escondió
rápidamente la revista debajo de las sábanas cuando oyó acercarse a la señora.
Le dijo que no necesitaba nada y que como no se quedaba sólo, que estaba yo, si
necesitaba algo urgente yo podría ayudarle. Yo asentí y la señora se fue
tranquila.
Estábamos solos los dos. Me acerqué a él y sacó la revista
que estaba leyendo. Era una revista pornográfica de tíos en pelotas y follando
por el culo.
Qué te parece – me dijo mostrándome a un negrazo con
un rabo de más de treinta cms.
Una exageración. Como dice un amigo mío lo importante
es la puntita, lo demás es para empujar.
Eso es verdad en el que da, pero no en el que toma. Y
si no lo sabes es que no lo has probado.
Pues es verdad que no lo he probado. Y tú?
Yo sí y la verdad es que se disfruta mucho y cuanto
más larga mejor. Sentir la tuya dentro tiene que ser una delicia. –me
dijo mientras echaba mano al objeto de sus deseos.
Pues estás de suerte, porque mientras comía he
decidido que quería probarlo y mi estreno va a ser contigo. Tenemos toda
la tarde por delante.
Cuando te he visto esta mañana he soñado con esto,
pero como no me la has chupado he creído que no lo conseguiría.
Se levantó de la cama se quitó el pijama y me desnudó, yo le
dejaba hacer. Se sorprendió al ver que no llevaba nada debajo del mono.
Así tengo menos impedimentos cuando las clientas
requieren mis servicios, le expliqué
Qué canalla, así que las clientas eh? Y los clientes?
Hasta hoy no había tenido ninguno que me pidiera un
servicio. Pero a partir de hoy también les atenderé si lo solicitan.
Durante esta conversación me había agarrado la polla y estaba
dándole un meneo sabroso y yo hacía lo mismo con la suya. Como la decisión había
sido mía y quería probarlo todo lo primero que hice fue arrodillarme y empezar a
comerle el rabo. Tenía un sabor peculiar. Lo lamía me lo metía en la boca le
daba golpecitos con la lengua, tras dos intentos fallidos conseguí que pasara de
la garganta, aunque casi me ahogo para lograrlo, mientras tanto masajeaba sus
huevos e intentaba meterle un dedo por el culo, pero sin lubricante no conseguía
meter mas que la punta. Me la saqué de la boca y fui a buscar la vaselina que
había comprado y los condones unté de vaselina su culo y entonces sí conseguí
meter un dedo para dilatarlo, mientras retomé la faena con el rabo en la boca.
Yo estaba super empalmado y excitado, así que en cuanto le conseguí meter los
tres dedos lo puse a cuatro patas sobre la cama, me puse un condón y apoyé mi
capullo untado de vaselina contra su ojete. Al principio le costó un poco
entrar, pero como estaba acostumbrado a que le dieran, pronto se acomodó. El
chaval gemía de placer mientras se la metía y sacaba y a la vez se la pajeaba.
El tío se corrió pringando toda la cama y al hacerlo me exprimió el rabo que
estalló en una abundante corrida. Saque mi polla y se abalanzó sobre ella a
chuparla con hambre atrasada.
Me tumbó sobre la cama y empezó ahora su turno para dilatarme
el culo y poder metérmela. Al principio no utilizó vaselina sino su lengua. La
metía dentro y lamía como un perro que deja limpio un envase de yogur. Luego fue
metiendo dedos untados de vaselina, cuando consiguió meter el tercero se untó de
vaselina la polla y la apuntó apoyándola en el ano. Empezó a empujar, le costaba
entrar, siguió empujando y logró romper la barrera de entrada, a mí me dolió un
poco, pero como no seguía empujando pronto me pasó el dolor y fui yo mismo el
que empujé para atrás para recibir todo el trozo de carne dentro.
Me estuvo culeando bastante rato, mientras tanto además me
meneaba el rabo. Cuando se corrió dentro de mí me di cuenta que no se había
puesto el condón. Ya no tenía remedio:
Tú no tendrás el sida, no?. - , le pregunté.
Tranquilo. Me hago análisis cada tres meses y los
últimos son de la semana pasada, no lo tengo y tampoco lo he podido
pillar esta semana pues no he mojado desde hace más de quince días.
No follas aquí con ningún compañero.
La verdad es que tampoco lo he intentado. Como cada
uno llevamos nuestra vida y sólo coincidimos a las horas de las comidas,
no ha habido ocasión de intimar mucho con ninguno de ellos. Suelo follar
cuando voy a casa algún fin de semana, con mi hermano y con otro chaval
que va los fines de semana por allá.
Bueno vamos a lavarnos un poco que yo tengo que
acabar con la ducha por lo menos.
Nos lavamos en el lavabo como pudimos me vestí y me puse de
nuevo a currar hasta que terminé la ducha, el se metió desnudo en la cama
dejando el pijama tirado en el suelo. Cuando estaba recogiendo para irme llegó
un compañero y entró en la habitación, vio el pijama en el suelo, me vio a mí y
miró a su compañero con cara extrañada. Yo me despedí hasta el día siguiente que
tendría que terminar el resto del baño y me fui.
La primera experiencia me había dejado satisfecho. El tío me
lo había hecho con delicadeza y me había producido mucho placer. Era una
experiencia que se podía repetir si surgía la ocasión, y seguro que surgiría.
Al día siguiente me presenté en la residencia y la señora me
dijo que había epidemia, hoy ya eran dos los chicos en cama.
Tenga usted cuidado no vaya a pillar la gripe como
los chavales. – me dijo.
No se preocupe señora, que sé cuidarme bien de los
bichos.
Llegué a la habitación de mi amigo del día anterior y allí
estaba en cama, con la tienda de campaña esperándome para darme la bienvenida.
Me ha dicho la señora que hay epidemia, ha caído otro
con gripe.
Es el compañero que entró ayer tarde. Cuando vio el
pijama en el suelo y a ti salir de la habitación no se cortó un pelo y
fue directo.
Te has follado a ese pedazo de tío? – me preguntó.
Tú qué crees.
Que sí, por el estado en que veo tu polla. –Me dijo
mientras levantaba las sábanas y me veía la polla todavía morcillona y
algo enrojecida de los trabajos de la tarde.
Mañana vuelve a terminar mi habitación, no sé si le
quedará mucho más en otras habitaciones.
Pues mañana lo compartimos.
Si él quiere.
Así que prepárate para esta tarde. Por la mañana con
las señoras por la casa no vendrá, aunque tú puedes acercarte a su
habitación pues tiene un grifo que le gotea. Ja.
Yo me puse a mi tarea y conseguí terminar el resto del baño
por la mañana, mientras el chaval estaba en la cama con su revista pelándosela.
Era insaciable, parecía un mono. Cuando terminé le dije a la señora que iba a
dar un repaso por todos los cuartos por si había algo que reparar, pues me había
dicho el chico que había algún grifo que goteaba.
Las señoras estaban en la cocina así que me dirigí al cuarto
del otro chaval para arreglarle el "grifo". Estaba en la cama, tapado hasta
medio cuerpo con el torso desnudo.
Si tienes gripe o catarro estando así te vas a poner
peor.
La mejor forma de curar el catarro es el calor de
pecho ajeno.
Yo no estoy aquí para eso, sino para arreglar un
grifo que gotea –le dije.
Pues éste –dijo destapándose por completo.
Estaba desnudo en la cama y tenía un rabo pequeñito no
llegaría a los diez cms. Se lo cogí con dos dedos y empecé a pajearlo pronto
despertó y empezó a crecer, me senté en la cama a su lado y mientras me agaché
para mamársela él me bajó la cremallera del mono y me saco mi rabo y empezó
también a meneármela. Se corrió en muy poco tiempo, creo que de la ansiedad.
Entonces se aplicó él a chupármela a mí. Lo hacía con torpeza, desde luego no
tenía la experiencia de su compañero. Luego me reconoció que era su primera vez.
Que siempre le habían gustado los hombres pero que nunca se había atrevido a dar
el paso. Yo le ayudé un poco con su tarea enseñándole cómo hacerlo y logró que
me corriera en su boca, pero le dio asco y lo escupió.
Me fui a comer no sin antes advertir a las señoras de que
volvería después de comer para terminar el repaso de todos los baños.
Cuando volví por la tarde las señoras ya se habían ido y me
abrió uno de los chavales. Estaban ya desnudos dándose un repaso. Se abalanzaron
sobre mí y me comieron la polla entre los dos, de vez en cuando se besaban.
Cuando la tuve preparada cogimos al novato y entre los dos le dilatamos el ano.
Tuve el honor de desvirgarlo. Me puse un condón y bien untado de vaselina
procedí. Al principio lloraba de dolor, pero al poco empezó a gemir de placer,
mientras yo lo penetraba el otro amigo lo ordeñaba con al boca. Cuando me corrí
dentro de él gritó de placer.
Me despedí de ellos y les dije que cuando tuvieran algún
problema que me llamaran para arreglarles el grifo o el desagüe.
Así es como me convertí en magoya, aunque no lo sabía hasta
que he leído esta palabra en la web de relatos.
Desde entonces atiendo a los clientes que me llaman sin
distinción de sexo, aunque son mayoría las mujeres, también los hombres
solicitan de vez en cuando el servicio de un fontanero.
Saludos,
Alberto el fontanero magoya"
Este mensaje nos dejó bastante sorprendidos. La cantidad de
bisexuales era tremenda. A mí me sorprendía que la gente lo fuera, pues en la
educación que había recibido sólo cabían dos posturas, la natural y la
"antinatural" o "viciosa" de los homosexuales. Así que el descubrimiento de la
bisexualidad, o magoyismo como había dado yo en llamarlo, me llenaba de estupor
que estuviera tan extendido. No os podéis imaginar la cantidad de emails que he
recibido.
Sarah no estaba de acuerdo conmigo. Aunque ella también lo
había descubierto hacía poco en sí misma, conocía a mucha gente que lo
practicaba.
Seguimos leyendo mensajes y cuando acabamos decidimos cenar
algo y ver un rato la tele.
Continuará.
Agréguenme y cuéntenme sus experiencias
cmagoya@hotmail.com