Julián y su novia.
Desde que entré a la adolescencia mi atracción hacia el sexo
fue notoria, no sé si tenía algún desorden en la cabeza pero siempre pensaba en
sexo, sexo y más sexo y no fue hasta que comencé a tener relaciones que esos
pensamientos disminuyeron en gran medida. Sin embargo, lo que para mi parecía
normal no lo era para todos, por ejemplo, ver un trasero redondo y bien formado
me excitaba como pocas cosas, tal vez eso no suene como algo fuera de lo normal,
pero lo que me ocurría es que igual disfrutaba con un trasero redondo y firme de
hombre que con las nalgas femeninas y ese era mi problema, en esa época no lo
sabía pero era bisexual.
De alguna manera me fui adaptando y comprendí que la
discreción era lo mejor, sin embargo nunca le mentí a las diferentes parejas que
tuve, a muchas chicas no les agradaba que me llamaran la atención otros chicos,
pero sin duda alguna a los chicos no les sorprendía la idea de que pudiera
atraerme una chica.
Así fue que conocí a Vanesa, mi esposa, una chava de mi misma
edad, bastante liberal y quien desde el principio me dijo que era bisexual
también. Creo que las coincidencias con ella pronto tuvieron como consecuencia
el matrimonio. La confianza que existía entre ambos nos permitía explorar casi
todos los terrenos de la sexualidad, excepto uno, incorporar a una tercera
persona en nuestra cama. Ambos fantaseábamos con ello, pero sin duda alguna creo
que no pensábamos en hacer esa fantasía realidad y hablar de ello era suficiente
para estimularnos y tener sexo a tope. Sin embargo, en el camino apareció una
pareja de adolescentes que nos cambiaron la perspectiva y es aquí donde comienza
mi relato.
Hace un par de meses acudí a Parque Delta, un popular centro
comercial en la Ciudad de México, a buscar un regalo para un sobrino. Había muy
poca gente y entré a diferentes tiendas y fue en una que se especializa en ropa
juvenil que me gustó una playera que tenían en el aparador así que entré para
comprarla. Sólo había un chico atendiendo, así que me acerqué para pedirle la
playera y simplemente ocurrió, una mirada y una sonrisa de ese chico bastaron
para que por mi mente pasaran una serie de pensamientos obscenos que hacía mucho
no me generaba un hombre.
- ¿Se le ofrece algo más, señor? – me preguntó y varias cosas
pasaron por mi mente.
- Sí, claro, me gustaría saber tu nombre – le dije
recorriéndolo de arriba abajo con una evidente mirada de deseo que lo hizo
sonrojar.
- Julián – me dijo sonriendo mientras me cobraba, no sé si
intuyendo lo que me había provocado o tan sólo como un gesto de amabilidad.
Sólo le di las gracias y salí de esa tienda pensando en ese
chico, nunca me había sentido atraído por alguien tan joven y es que ese chavo
era un adolescente, cuando mucho un par de años mas grande que mi sobrino.
Esa noche, estando en la cama, le comenté a mi mujer lo
ocurrido en la tienda.
- Vaya de verdad te calentó ese chico – me dijo ella mientras
acariciaba mi pene en plena erección bajo el bóxer.
- Sí, se notaba que tenía unas nalgas firmes y ya sabes
cuanto me gustan, lo malo es que se ve muy chavo – le dije mientras le quitaba
la pantaletita a mi mujer.
- Pues para trabajar ahí debe tener mínimo dieciocho años…
¡Ah! – gimió ella mientras me acomodaba entre sus piernas y comenzaba a comerle
su coñito.
Entonces me olvidé un poco de Julián y acomodé mi pene en la
entrada de aquella deliciosa rajita que tanto me agradaba. Ella me recibió
ansiosa, atrayéndome por las nalgas para que se la clavara hasta el fondo de un
solo golpe. Comencé a remolinear mi trasero para follarla como a ella le gusta,
metiendo y sacando mi pene mientras mi rostro se perdía entre sus senos
turgentes haciéndola gemir de placer.
- Ay, mi amor que rica verga –gemía ella y me pidió algo que
sabía me iba a encantar – dámela por el culo, amor, imagínate que son las
nalguitas del chavito ese.
Le saqué mi verga y giré su cuerpo para tener acceso a las
preciosas nalgas de mi esposa. En verdad me acordé del chico de la tienda,
imaginaba que seguramente así debería tenerlas, redonditas, duritas y bien
paraditas. Así que se las acaricié durante un buen rato, le apliqué una buena
cantidad de lubricante a mi pene y a continuación se las separé para acomodar el
glande en la entrada de ese agujerito que tanto me gustaba. En cuanto ella
sintió mi pene comenzó a empujar su trasero hacia atrás para clavársela
enterita.
- Eres bien golosa, pero me encanta, me encanta tu culito,
ah, que sabroso – le decía mientras le masajeaba las nalgas e iniciaba el mete y
saca.
- Ay papi, hoy la tienes mas dura, así, mmmm… - pujaba ella
mientras el acoplamiento era total, mi verga entraba y salía sin cesar de su
estrecho agujerito. Pero el fin era inevitable, se la clavé hasta los cojones y
comencé a venirme dentro de su culito, bañando sus entrañas con mi leche.
Algunos momentos nos quedamos abrazados sin decir nada. Mi
verga semierecta seguía atrapada entre sus nalguitas. Yo creía que el asunto de
Julián ahí había quedado, en otra fantasía más que nos había servido para
excitarnos. Pero entonces ocurrió algo que cambió el rumbo de nuestras vidas.
- Me gustaría conocer a Julián – me dijo ella y añadió algo
que me hizo estremecer – si me gusta lo podríamos seducir para que nos acompañe
en la cama.
- ¿Qué quieres decir, amor? – pregunté con curiosidad.
- Pues eso, que el chavito venga a coger con nosotros, ¿crees
que le guste la verga? – me preguntó con curiosidad y poniéndome bien caliente.
- No lo sé, tal vez – respondí mientras mi pene volvía a
ponerse firme.
- Ay papito, eso te calienta jajaja – respondió ella mientras
apretaba mi verga con sus nalguitas – mmm… pues aprovechando que mañana es
sábado vamos a conocer a Julián, pero ahora ¡cógeme!
Esa noche cogimos hasta que ella quedó escurriendo de leche
por todos sus agujeritos y se durmió. Yo en cambio no pude cerrar los ojos,
estaba agotado pero por mi mente pasaban todas las ideas posibles para seducir a
Julián. Aunque también me atormentaba la posibilidad de que Julián no se dejara
seducir.
Al día siguiente Vanesa se puso un vestido que delineaba su
cuerpo a la perfección, realmente era una mujer apetecible y me sentía orgulloso
de ser su esposo. Nos dirigimos a Parque Delta y a la tienda de Julián. En ese
momento había mucha gente, lo cual facilitó que se lo señalara a mi mujer quien
sonrió y se le acercó para hablarle. No supe que le dijo, sólo me di cuenta que
él sonrió, la recorrió de arriba abajo con la mirada y la guió a la sección de
ropa femenina. Los seguí a la distancia y ví que le mostraba un par de vestidos.
Y entonces ella me buscó con la mirada y me hizo la seña para que me acercara.
- Amor, Julián dice que estos modelitos se me verían muy bien
– me dijo ella guiñándome el ojo mientras el chavo se sonrojaba de nuevo.
- Pues sí, me gusta este aunque el escote va a dejar mucho a
la vista ¿no lo crees, Julián? – dije mientras lo miraba directamente a los
ojos.
- Este… sí, un poco, pero es que ella me dijo que quería algo
así – titubeó un poco mientras le miraba el busto a mi mujer.
- A ver Julián, ¿crees que se me vería bien? – le preguntó al
chico que ya se veía un poco nervioso.
- Sí, creo que sí, tiene unas… quiero decir un… bueno, mejor
pase al probador y así ve como le queda – respondió Julián mirándonos
alternadamente con las mejillas rojas como un tomate.
- Bueno, eso haré pero necesito la opinión de ambos, así que
acompáñenme por favor – respondió ella y se dirigió hacia los probadores
caminando de una manera simplemente deliciosa, moviendo su exquisito trasero
como sólo ella sabía hacerlo, mientras nosotros la seguíamos. Estando afuera y
viendo el nerviosismo de Julián decidí lanzar el anzuelo.
- Qué nalguitas tan ricas, ¿verdad? – le dije repentinamente
al chavo.
- Sí, este bueno… quiero decir que se ven bien – respondió él
sin saber bien como hacerlo.
- No te preocupes, sé como es mi esposa, le gusta lucir lo
que tiene… - le dije mientras aparecía mi mujer con el vestido bien escotado
mostrando el nacimiento de sus senos.
- ¿Qué les parece? ¿Enseño mucho? – preguntó ella acercándole
ligeramente las tetas al chico.
- Se ve muy bien, señora – respondió él tratando de desviar
la mirada del escote pero era inevitable.
- Bueno, esa mirada de Julián me lo dice todo… me lo llevo…
¿Y Tú mi amor? ¿No vas a comprar tus calzones? – me dijo ella guiñándome el ojo
con una sonrisa de complicidad que de inmediato comprendí.
- Sí, pero creo que aquí no tienen ¿o sí? – respondí mirando
a Julián.
- Sí, tenemos algunos por allá, si quiere se los muestro – me
dijo el chico sin dejar de mirar las tetas de mi mujer.
Mi mujer se fue a cambiar, Julián me comenzó a mostrar los
calzones que ahí vendían y mientras lo hacía noté que al frente del pantalón ya
se notaba una erección considerable. Vanesa lo había conseguido, al menos estaba
interesado en ella, ahora era cuestión de ver si Yo le podría interesar, así que
aprovechando que el chavo andaba a la moda, el pantalón a la cadera y con el
elástico de fuera mostrando la marca de sus calzones le hice una propuesta.
- No Julián, éstos no me gustan, me llaman más la atención
como los tuyos ¿dónde los compraste? – le pregunté sabiendo que en esa plaza no
vendían esa marca.
- Uy pues los compré en el Centro Santa Fe – respondió él sin
imaginar mis intenciones.
En eso llegó mi mujer y mirando los calzones que me acababa
de mostrar Julián escogió unos y dijo – Mira estos están padres.
- Sí, pero me gustan mas como los que trae él – le dije
señalándole los de Julián y añadí – lo malo es que me dice que los venden en
Centro Santa Fe pero no tengo idea de donde queda.
- Está por la salida a Toluca – se animó a decir Julián, sin
saber que se iba comprometiendo poco a poco.
- Ay mi amor, pues si te gustan tanto encárgaselos o… ya sé,
ponte de acuerdo con él para ir hasta allá, estoy seguro que Julián nos haría
ese favor ¿verdad? – le dijo mi esposa mientras se acariciaba la cadera mirando
al chico.
- ¡Claro! Con gusto – respondió sin pensar el chico.
El anzuelo había funcionado. Pagamos el vestido y mi esposa
se despidió de beso de Julián mientras yo apuntaba su celular. Le hablé en la
semana y acordamos ir al siguiente domingo a la plaza comercial, acompañados de
su novia y mi esposa. Pasaron los días, mi esposa me dijo que a ella también le
gustaba el chavito y que me ayudaría lo más posible. Por fin llegó el domingo,
pasamos a recoger a Julián y a su novia Marifer, una niña morenita bastante
crecidita, la camiseta de tirantitos dejaba ver su cinturita y unas tetas no muy
grandes pero bien paraditas, y el pantalón a la cadera dejaba apreciar
perfectamente el nacimiento de unas nalguitas redonditas sumamente apetecibles.
En cuanto llegamos al centro comercial nos separamos, ellas irían a ver algunos
aparadores mientras Julián me llevaba a la tienda donde vendían los calzones.
- Mira aquí es – me dijo señalando una tienda que me era
familiar.
- Vaya, aquí hay mucha variedad – le dije mirando el aparador
y aproveché para mirarle el traserito que tanto me llamaba la atención - ¿Cómo
cuáles usas Tú?
- Pues como esos, los que son como shorts – me dijo señalando
unos bóxers cortos pegaditos – lo malo es que son algo caros ¿entramos?
Nos metimos a la tienda para verlos, el dependiente nos
mostró diferentes modelos de calzoncillos y mientras trataba de imaginar a
Julián con esos modelitos me percaté que al chico le interesaron algunos trajes
de baño, pero era evidente que también le preocupaba el precio pues eran más
caros, así que se me ocurrió pedirle que se probara un shortcito a rayas azules
y blancas que seguro se le vería súper bien.
- ¿Por qué no te lo pruebas? – le dije mientras él sostenía
la prenda.
- Es que es algo costoso – me respondió en voz baja, tratando
que el dependiente no lo escuchara.
- Pues sólo pruébatelo para ver como se te ve y yo me pruebo
este – le dije mostrándole un shortcito parecido pero con rayas rojas y
amarillas.
El dependiente nos acompañó al probador. Primero me lo probé
Yo. Mirándome al espejo pensaba en Julián y de inmediato se me formó el bulto al
frente del shortcito. Salí para pedirle su opinión.
- ¿Cómo lo ves? ¿Se ve bien? ¿No está muy chico? Siento que
apenas y me cubre – le pregunté mientras me acariciaba ligeramente el paquete.
- No, para nada, te queda súper bien – me dijo mientras
fijaba su mirada en mi bulto frontal.
- Es que siento que se me nota mucho "esto" – le dije
señalando el paquete para ver como reaccionaba.
- Pues sí, se nota porque la debes tener grande pero se ve
bien, además ese es el chiste, lucir lo que se tiene ¿o no? – respondió con un
tono de sinceridad que me agradó y que me dejó entrever que tenía posibilidades.
- Bueno ahora te toca – le dije y él se metió al probador de
junto mientras Yo me cambiaba.
Cuando salí él ya se había puesto el pequeño bañador y se
miraba al espejo que había fuera. Lucía realmente hermoso, la cintura, las
piernas, el abdomen, todo era realmente hermoso, pero lo que se adivinaba bajo
el shortcito era impresionante, se amoldaba perfecto a su cuerpo, el paquete al
frente perfilaba su pene, las nalguitas lucían bien paraditas y las líneas del
bañador acentuaban la redondez de su trasero.
- Simplemente fenomenal, a ver date una vuelta – le dije
mientras él se volteaba.
- Sí, verdad, está bien padre – decía él mirándose vanidoso
al espejo mientras giraba.
- Pues no se diga mas, nos los llevamos – le dije al
dependiente.
- No, está muy caro, y no… - dijo él, pero yo lo detuve
pasando mi brazo sobre sus hombros.
- No digas nada, te has portado muy bien conmigo y es mi
forma de agradecerte – le dije viendo como se sonrojaba y bajando mi mano por su
espalda llegué hasta las nalguitas y se las palmeé diciendo – bueno, a cambiarse
que hay que buscar a las chicas.
Mientras él se cambiaba yo terminaba de escoger los
calzoncillos para ambos. Salimos de la tienda muy contentos, él por los calzones
y el traje de baño, y Yo porque los avances que había conseguido.
Buscamos a las chicas y las encontramos en una tienda
especializada en lencería. En cuanto llegamos Vanesa nos interrogó.
- ¿Qué pasó? ¿Encontraron los calzones?
- Sí, Julián es todo un conocedor, me compré unos que te van
a gustar – le dije.
- ¿Y Tú te compraste calzones, mi amor? – le preguntó Marifer
a su novio.
– Sí, como los que te gusta que use… pero bueno, las
esperamos afuera – respondió Julián un poco apenado pero dándole un besito en
los labios.
Ya estando afuera de la tienda comenzamos a platicar sobre
nosotros y nuestras respectivas parejas. Él resultó ser mayor de lo que pensaba,
tenía diecinueve años y su novia acababa de cumplir los dieciocho. Andaba con
ella desde hacía más de un año. Fui guiando la plática hacia los temas sexuales
y aunque al principio él le daba vueltas al tema, terminó cediendo un poco, me
confesó que hacía mucho que no tenía relaciones debido a que su novia era
virgen. Esa confesión era muy interesante, pues de alguna manera me permitió
hacerle ciertas sugerencias.
- Pues si ella quiere seguir virgen hay otras maneras de
gozar ¿no?
- Sí, en eso tienes razón… de hecho hacemos cosas… ya sabes
sexo oral… - me dijo en voz baja, como si temiera que alguien nos escuchara.
- Sí, esa es una alternativa… pero Yo me refería a otra - le
dije consiguiendo captar su atención por completo.
- ¿Otra? ¿Cuál? – me preguntó pero era evidente que sabía la
respuesta.
- Mira, con todo respeto, tu novia tiene unas nalguitas bien
sabrosas que a leguas se ve que están pidiendo verga – le dije sin medir ya las
consecuencias y arriesgándome a que ahí terminara todo pero la fortuna me
sonrió.
- ¿Crees? Sí, se me antojan pero… pues no sé… ya ves que a
las mujeres no les gusta eso – me respondió con curiosidad, como si esperara
alguna sugerencia o consejo, y se lo dije.
- Pues a mi mujer le encanta que le dé por detrás, lo
disfruta mucho y a mi me encanta… deberías intentarlo, sólo pídeselo, nada
pierdes – le dije mirando de reojo el paquete que se le había formado al frente
del pantalón.
Pero en eso salieron las chicas y suspendimos la plática.
Fuimos a comer y después al cine, pero ya no ocurrió nada interesante.
Por la noche, mi esposa y Yo intercambiamos información. Y me
enteré que la novia de Julián deseaba acostarse con él pero ya no era virgen y
que tenía miedo de contárselo a Julián. Además, la niña le había contado a mi
mujer que Julián estaba muy bien dotado pues en algunas ocasiones había tenido
la oportunidad de acariciarle la verga y que incluso se la había mamado. Toda
esa información era suficiente para dar el siguiente paso: rentamos una cabaña
en Oaxtepec y los invitamos un fin de semana.
Realmente no fue tan difícil convencer a Julián, pues
aprovechando la conversación previa le dije que ahí tendría la oportunidad de
"estrenar" a su novia y que nosotros lo ayudaríamos. Así que a las dos semanas
de habernos conocido ya estábamos compartiendo un fin de semana completo. Las
ventajas de la cabaña era que tenía una pequeña piscina en el jardín y dos
habitaciones con camas matrimoniales. Por lo que en cuanto llegamos desempacamos
los trajes de baño y sin mayor preámbulo mi mujer y Yo salimos a asolearnos. Al
poco tiempo apareció la parejita. Si bien es cierto que Yo había sido el
iniciador de esta aventura, Vanesa era quien estaba más excitada por toda la
situación, sobretodo porque tanto Julián como su novia estaban muy buenos y
verlos en traje de baño era algo increíble, a Julián yo ya lo había visto con
aquella prenda y me encantaba, pero la niña tenía lo suyo y lo mostraba sin
descaro apenas cubierta por una pequeña tanga amarilla.
- ¿Qué te parece la niña? – me dijo mi mujer y añadió –
además me dijo que se depila todo el coño.
- Vaya y Yo que pensaba que a ti te gustaba enseñar jajaja –
le contesté admirando su cuerpo, que a sus treinta años y apenas cubierto por un
pequeño bikini azul, lucía precioso.
- Ahora veo por qué te atrajo ese chico, realmente es hermoso
y se ve que su novia no mentía, tiene un buen paquete – me dijo ella sabiendo
cuánto deseaba a aquel chico.
En cuanto se acercaron nos metimos a la piscina para
refrescarnos un poco y calentar un poco el ambiente. El juego de la seducción de
un chico se había tornado en algo más complejo con la presencia de la novia,
pues a mi esposa le interesaba seducirla a ella.
- Ponme bronceador mi amor, quiero tomar un buen color – me
pidió Vanesa tendiéndose boca abajo en un camastro y yo la atendí de inmediato.
Le untaba el bronceador por toda la espalda y decidí acomodarme sobre ella para
hacerlo mientras le daba un masaje. Mi verga quedaba justo contra sus nalguitas
y aprovechaba los movimientos para restregarle el paquete contra el trasero.
Sabía que Julián y su novia nos miraban.
- ¿Quieres que te quite el sujetador, amor? Para que no se te
quede marcado – le dije sabiendo que a ella eso le agradaba y que también había
notado que teníamos toda la atención de nuestros jóvenes amigos.
- ¿No quieres que te ponga bronceador? – le preguntó Julián a
su novia y ella accedió, acomodándose en el camastro que estaba a un lado.
Fue un momento cargado de erotismo. Julián y su novia se
acomodaron de la misma manera que nosotros y aprovechando que ellas estaban boca
abajo, Yo comencé a buscar la mirada de Julián. Cuando la encontré, ambos
sonreímos, nos imitábamos el uno al otro en las caricias que le brindábamos a
nuestras parejas. Nuestros trajes de baño estaban a punto de reventar. Entonces
comencé a untarle bronceador a Vanesa en sus piernas y sobretodo en sus nalgas.
Julián me imitó. Era justo como lo había imaginado. Entonces le comencé a besar
las nalguitas a mi mujer y él hizo lo mismo, sólo que estando tan caliente le
hizo a un lado la tanga y ahí se rompió el encanto.
- ¡Hey! ¿Qué haces? – le preguntó la novia sorpendida.
- Nada, es que yo pensé… - dijo él volteando a verme mientras
Yo seguía masajeando las nalgas de mi mujer y contento de haberlo excitado a ese
grado.
- Por nosotros no se preocupen – les dije – si quieren cierta
intimidad los dejamos.
Ambos se sonrojaron, sobretodo él. Eso me gustaba y creo que
a ellos también les excitaba verme acariciando las nalgas de mi mujer bajo la
tela del bikini.
- No, no hay problema – respondió la niña.
- En ese caso, sigue con el masajito, mi amor – me dijo mi
esposa poniéndose boca arriba con sus tetas en completa libertad, consiguiendo
que las miradas de la pareja se centraran en ella, mientras que Yo continuaba
untándole el bronceador en el cuello, en el abdomen y, por supuesto, en las
tetas.
- Vamos adentro – le pidió Julián a su novia, quien de
inmediato se incorporó y lo siguió.
- ¿Se la cogerá? – me preguntó Vanesa mientras sus manos
hurgaban en mi shortcito para sacarme la verga.
- No lo sé, pero Yo sí te voy a coger – le dije mientras le
quitaba el bikini para tener acceso a su delicioso coñito.
- Ahhhhhhh – fue lo único que se escuchó cuando la ensarté.
Coloqué sus piernas en mis hombros y comencé a cogérmela a un ritmo semilento.
Pero ella de repente me detuvo – espera, vamos a ver que hacen.
La idea me excitó aún más. Le saqué la verga y fuimos a la
habitación de los novios. Afortunadamente la puerta había quedado entreabierta,
lo que nos permitió ver lo que ocurría en el interior. Era una escena realmente
caliente, ella estaba completamente acostada boca arriba y con las piernas
separadas mientras él, arrodillado entre sus piernas, se inclinaba para comerle
el coñito, dejando en todo lo alto su redondo y firme trasero.
- Ah… mi amor… me encanta… ah… sólo que necesito… ah…
confesarte algo… - decía ella entre gemidos, pero Julián no le hacía caso,
seguía en su tarea oral, preparando la rajita que él creía virginal.
Mi esposa estaba ligeramente inclinada observando aquella
escena, así que aprovechando la posición comencé a presionar mi pene contra sus
nalguitas, consiguiendo que su culito cediera poco a poco. Así que mientras
Julián le comía el coño a su novia, Yo me encargaba de encular a mi esposa. Me
encantaba gozar del estrecho agujerito de mi mujer, pero hacerlo mientras veía
las nalguitas de Julián en todo su esplendor era realmente excitante.
- No sabes cuánto anhelé este momento hummm… - gimió Julián
mientras se acomodaba entre las piernas de su novia y comenzaba a ensartarla con
mucho cuidado.
- Oh mi amor, métemela toda, por favor, así… - le exigía su
novia.
- ¿No te duele, mi amor? – preguntaba con cierto grado de
extrañeza y la exigencia de la niña meneando su cadera lo hizo darse cuenta que
su novia no era virgen y comenzó a cogérsela con más fuerza, haciendo que los
gemidos de la niña se intensificaran.
Mi esposa estaba sumamente excitada, pues impulsaba sus
nalguitas hacia atrás con un ritmo muy acelerado y como a mi eso me encanta
comencé a gozar a su mismo ritmo. Ambas parejas disfrutábamos en paralelo. De
pronto Julián volteó a su novia boca abajo para tener acceso a sus nalguitas.
- ¿Qué vas a hacer, mi amor? No, eso no… ayyyyyyyyyyyy –
gritó ella aullando de dolor al sentir como el pene de su novio se abría paso
por la ruta trasera.
- Al menos por acá debes ser virgen, putita – le gritó Julián
mientras la daba fuertes nalgadas y comenzaba a darle por el culo a la niña.
Los gemidos que salían de la boca de la niña eran
desesperados. Por lo que mi mujer consideró que era necesaria nuestra
intervención. Así que tuve que suspender la deliciosa follada que disfrutábamos
y tocamos la puerta.
- ¿Se puede? – preguntó mi mujer mientras entrábamos a la
habitación.
- Sí, sí, Vanesa por favor ayyy – gimió la niña buscando el
auxilio de mi mujer.
- ¿Hay algún problema? – pregunté al darme cuenta que Julián
seguía follando sin parar ese culito ignorando nuestra presencia.
- ¡Qué rica vergota tiene tu novio! – exclamó mi mujer
mientras se subía a la cama y acariciaba el abdomen de Julián, quien seguía
clavándole la verga a su desesperada novia, por lo que mi mujer decidió ayudarla
ofreciendo su propio trasero a la vista de Julián y le ordenó – ¡Dámela por el
culo!
Julián reaccionó favorablemente y se lanzó sobre mi mujer, el
chavo en verdad estaba caliente y sin mucho problema se la clavó en el culo.
- ¡Ay mi niño! ¡Qué vergota tan sabrosa! – exclamó mi mujer
mientras comenzaba a disfrutar la enculada.
Yo me acerqué a Marifer para ver si estaba bien. Ella se dejó
revisar el culito que afortunadamente sólo estaba un poco irritado pero yo
aproveché para cachondearla y ella me correspondió de inmediato. Sin decir
palabra alguna formamos un delicioso 69 con ella encima de mi permitiendo que le
comiera el coñito y el recién desflorado culito, mientras a un lado Julián y mi
mujer seguían cogiendo.
La posición en que me encontraba me permitía ver el redondo y
firme trasero de Julián en movimiento. Era realmente encantador y decidí que era
el momento de actuar. Alcancé sus nalguitas con una mano y comencé a
acariciarlas, y al notar que le agradaba esa caricia comencé a hurgar entre
ellas buscando su culito con mis dedos. Sólo dejó escapar un gemido cuando mis
dedos hicieron contacto, así que continué la caricia pero con los dedos
ensalivados y clavándole un dedo en el culito. Otro gemido pero nada más, él
seguía bombeando a mi mujer. Le clavé dos dedos y él protestó un poco pero la
caricia no le desagradó por completo, así que continué masajeándole el culito
con mis dedos hasta que consideré oportuno dar el siguiente paso. Me giré y su
novia un poco extrañada vió como me colocaba detrás de Julián pero no hizo ni
dijo nada. Así que aprovechando que Julián estaba obsesionado cogiéndose a mi
esposa lo abracé por detrás.
- ¿Qué pasa? ¿Qué haces? No, cabrón eso no… - dijo él
tratando de zafarse pero sin conseguirlo.
- Tranquilo nene, es lo mismo que le hiciste a tu chava y a
mi mujer – le dije mientras conseguía meterle la cabezota de mi verga.
- ¡Ay! No, por favor, no… sácala… ay… sácala… - gemía el
pobre y sus gemidos me detuvieron unos instantes pero los apretones que me daba
su culito me calentaron al máximo y se la dejé ir hasta el fondo despacio y
tratando de no lastimarlo, haciéndolo gemir más de placer que de dolor pues sus
quejas eran débiles y su trasero ya respondía con un meneo sabroso – ay papito,
sácamela, por favor… ay.
- Lo siento nene pero tienes un culito delicioso – le dije
mientras comenzaba a remolinear mi cadera contra su firme trasero acoplándome a
sus movimientos haciendo su goce evidente.
- Ah… ah… ah… - gimió él mientras sus nalgas se tensaban y
arqueaba su espalda, ¡se estaba viniendo en el culo de mi mujer!
- Ah nene, dámela toda, ah que rica lechita – gimió mi mujer
evidenciándolo ante todos.
Oir aquello me liberó de cualquier complejo de culpa, pues el
chico estaba gozando la verga que tenía en el culo. Mi mujer se sacó su verga y
se hizo a un lado, quedando Julián empinadito, mordiendo la almohada mientras Yo
lo afianzaba por la cintura y comenzaba un mete y saca vigoroso y delicioso.
- No te preocupes, mi marido es un experto en el sexo anal –
le dijo mi mujer a la novia de Julián que no daba crédito a lo que estaba
ocurriendo y menos aún, cuando mi mujer le comenzó a comer la rajita.
- Ay papi… me duele… ay… la tienes muy grande… ah… - gemía
Julián confundido mientras su culito se iba acostumbrando poco a poco a mis
embestidas, las cuales iban acompañadas de fuertes palmeadas a sus nalgas y
algunas caricias a su pene.
Acostadas junto a nosotros, Vanesa y Marifer ya estaban
entregadas a un delicioso y cachondo abrazo, acariciándose los senos, besándose
y restregando sus rajitas ya sin pudor alguno. ¿Y qué pudor podía existir a
estas alturas?
Yo estaba sumamente excitado, no daba crédito a lo afortunado
que era y sin darme cuenta mis embates eran mas fuertes, al grado de que el
delicioso chico que inició empinadito ahora estaba completamente acostado.
Entonces suspendí los movimientos, sin sacarle la verga me quedé quieto encima
de él, besando sus hombros, su cuello y mordisqueándole las orejas.
- ¿Te gusta sentir mi verga dentro de ti? – le susurré al
oído sabiendo la respuesta de antemano – Siéntela como palpita… te voy a llenar
el culito de leche.
- Sí, papi, dámela… ¡Ah! – gimió él mientras le daba un
embate final y comenzaba a llenarle el culito de leche.
Nos quedamos abrazados unos instantes. Mirábamos a las chicas
entregadas una a la otra, formando un 69, hasta que alcanzaron el clímax. La
faena estaba casi completa. Nos dimos un baño y fuimos a la piscina.
- ¿Te gustó lo que te hicieron, mi amor? – le preguntó
Marifer a Julián.
- Sí, lo disfruté mucho – sonrió él mientras su mano me
acariciaba el paquete por encima del bañador – y discúlpame por haberte enculado
a la fuerza.
- No te preocupes, me dolió un poco pero me hizo sentir cosas
diferentes… y la verdad es que me gustó – le confesó ella mientras lo besaba.
- Pues a mi me falta algo – les dije llamando la atención de
todos y abrazando por la espalda a la novia de Julián añadí – sí, Julián ya gozó
de las dos, así que me falta tu culito.
- Por mi encantada… después de ver como gozó mi noviecito…
mmm… ya la tienes bien durita – me dijo ella mientras le repegaba mi paquete
contra sus nalgas.
- Se me ocurre algo, vamos, fuera de la piscina – nos ordenó
mi mujer y acostada sobre un camastro comenzó a dar instrucciones mas precisas –
Yo me voy a colocar boca arriba mientras Julián me coge por el coño… y Tú,
Marifer, acomódate sobre mi para poder mamarte el coñito… y Tú, amor, aprovecha
para joderte el culito de Marifer.
¡Qué afortunado era tener a Vanesa como esposa! Todos
ocupamos nuestras posiciones y comenzamos una nueva sesión de sexo. Le separé
las nalguitas a esa niña y descubrí su recién desflorado agujerito. Seguía un
poco irritado así que decidí lubricarlo con mi lengua. Cuando sentí que estaba
listo apoyé mi verga contra su culito y sujetándola con firmeza comencé a
meterla, despacio, igual que hice con Julián, sintiendo como avanzaba en su
interior, gozando los apretones de resistencia de su ano, mientras recibía
ocasionales lamidas de mi esposa a mis cojones.
- Ah que rica verga tienes… - me decía ella mientras su
culito había devorado por completo mi pene y dirigiéndose a su novio añadió – ay
mi amor, de verdad la tiene bien sabrosa… ahora te entiendo… ah.
Los cuatro estábamos perfectamente acoplados. Julián y Yo nos
mirábamos ocasionalmente mientras follábamos a aquellas cachondas mujeres como
si compitiéramos para ver quien se jodía mejor a la pareja del otro. Mis embates
aumentaron en velocidad y aunado a lo estrecho que era el agujerito que estaba
penetrando pronto alcancé el orgasmo. Bañé las entrañas de aquella chica quien
se retorció de placer al sentir aquello y también comenzó a venirse en los
labios de mi mujer. Al poco tiempo mi mujer comenzó a gemir dando señales
inequívocas de que estaba alcanzando el orgasmo. Sólo faltaba Julián quien
parecía tener una gran capacidad para contener la eyaculación y estaba
cogiéndose a mi mujer con un ritmo muy especial sacando por completo su enorme
falo, restregándolo contra su clítoris y luego clavándolo nuevamente hasta el
fondo. Realmente era un falo descomunal y comencé a sentir el deseo que tenerlo
dentro de mi, así que sin decir nada me arrodillé junto a él y aprovechando el
momento en que se lo sacaba me apoderé de él.
Era un pene hermoso, el tamaño era semejante al mío aunque
era más cabezón y tenía una ligera curvatura hacia arriba que lo hacían lucir
imponente. Los cojones eran enormes y estaban bien cargados. Hacía mucho tiempo
que no tenía una verga así en mi boca. Me encantaba sentirla palpitando. La
textura y el sabor de él combinado con el del coño de mi mujer me excitaban al
máximo, así que lo empujé hacia atrás, obligándolo a que quedara sobre el suelo
boca arriba con aquella vergota apuntando al cielo.
- Sólo te falta mi culito – le dije sonriendo y mirando la
lujuria en sus ojos mientras Yo solito me colocaba a horcajadas sobre su
miembro.
- ¡Ah! Ahora me toca – gimió él y mientras mi culito iba
devorando su verga, él impulsaba su verga hacia arriba con fuerza.
Realmente estábamos gozando sólo los dos. Las chavas se
habían metido a la casa dejándonos solos para esa entrega. No había palabras,
sólo gemidos. Tenía mucho tiempo sin haber recibido ese tratamiento en mi
agujerito y el placer que me provocaba era enorme, por lo que me incliné
ligeramente y mis labios buscaron los suyos. Al principio hubo un ligero rechazo
pero en cuanto nuestras lenguas se entrelazaron la entrega fue total. Yo sentía
su pene respingando en mi interior, bañándome con su tibia leche mientras
nuestras manos recorrían con deseo nuestros cuerpos. Su verga fue perdiendo
rigidez poco a poco hasta que salió de mi culito.
- Fue maravilloso – dijo él mientras Yo me acostaba junto a
él mirando el cielo.
- Sí, delicioso… hace mucho que no me cogían y Tú lo has
hecho como ninguno – le dije mientras acariciaba su pene fláccido.
Él sonrió, me miró y buscó mis labios nuevamente. Nos
abrazamos y fuimos a buscar a las chicas. Después de todo, el fin de semana
apenas había comenzado y los cuatro lo íbamos a disfrutar al máximo…