Los días transcurrían placidos en la finca de Don Facundo. La
confianza con Amalia y Rogelio se acrecentó hasta el extremo de que el marido de
la chola bromeaba con el patrón sobre las folladas que este le propinaba a su
esposa.
-¡Mire los andares de mi Amalia patrón! Le dejó usted anoche
la cola condolida ¡ja ja ja!
-Eres un hombre con suerte, tu esposa es una mujer ardiente y
su trasero una bendición del Supremo
-¡Y que usted lo diga! Desde que le estrenó la cola se ha
aficionado y me lo pide siempre que le digo que ando caliente. Suelta el
pretexto de que asi no quedara preñada pero se nota que lo disfruta.
Amalia pasaba parte del día atendiendo al patrón y cuando Don
Facundo no la demandaba ya se cuidaba ella de provocarlo con insinuantes
posturas mientras se dedicaba al aseo, Amalia mujer de natural caliente. a quien
su veterano marido no le alcanzaba la vitalidad para tenerla cumplida. era una
mujer feliz desde que la verga de su patrón se alojaba, con el consentimiento de
su marido, en todos sus agujeros. Para estar disponible y dispuesta siempre que
fuera necesario Amalia acostumbraba a trabajar, en la casa del patrón, con solo
una bata, sin nada debajo y exhibiéndose para calentarlo bien hasta que su
patrón en un arranque de lujuria la jodia o enculaba.
Tenia Don Facundo que acudir a Lima a resolver algunas
cuestiones financieras y le pidió a Rogelio que le acompañara pero su empleado
se excusó diciendo que andaba sobrado de trabajo y que seria una buena cosa que
se llevara a su Amaro, que era mas joven y estaba en forma para ayudar al patrón
en lo que quisiera además de que lo disfrutaría ya que Amaro nunca había viajado
y no conocía la cosmopolita capital de su país. Don Facundo acepto, por
complacer a su amigo y empleado y con el propósito de afianzar vínculos
amistosos con el joven Amaro, el que trato mas frío y distante le había
procurado desde que tomo a la familia a su servicio.
Los llevo en coche hasta la ciudad Rogelio, allí tomaron un
coche cama en un tren expreso en el que viajaron hasta el amanecer que llegaron
a Lima. Amaro tenia las facciones de un noble inca, Amalia, su madre, comentaba
que había salido a su padre, un indígena de pura raza y familia noble venida a
menos que acabo sus días destrozado por el alcohol y amargando la existencia de
su familia. Un rasgo definía para Don Facundo la raíces indias de Amaro, su
extrema parquedad y frialdad en el trato a pesar de la cordialidad con la que le
trataba Don Facundo que apreciaba ese orgullo indígena que el joven exhibía a
pesar de ser increpado por sus padres.
La frialdad en el trato del joven se fue volviendo tibia
desde que compartieron el departamento cama del tren. Don Facundo lo trato con
amabilidad y a pesar de parecerle muy atractivas las morenas piernas del joven y
su atractiva cola (que vio cuando ambos se acostaron en slips) evadió sus
pensamientos morbosos como pudo, espero que el joven se quedara dormido (o al
menos eso creyó Don Facundo) y descargo sus pelotas haciéndose una buena paja
que calmo sus anhelos y deseos.
Tomó Don Facundo una suite con cuarto de servicio, donde
alojó a Amaro, esa mañana se fueron al despacho de abogados que llevaba los
asuntos de Don Facundo, las gestiones fueron rápidas y fructíferas de forma que
a media mañana Amaro y Don Facundo andaban de compras en un store. Don Facundo,
agradecido con su familia adoptiva y con la ayuda de Amaro compró ropas y
regalos para todos. Incluida lencería para Amalia y Amalita con la aprobación y
sonrisa cómplice del joven Amaro que cada vez se expresaba mas abierto y
cariñoso con su jefe cosa que este agradecía.
Por la tarde, después de una copiosa comida y una segunda
tanda de compras, los dos llegaron al hotel cansados. Al llegar a recepción Don
Facundo hablo discretamente con el encargado que sonrío al cliente y le dijo que
no se preocupara.
Llegaron a la habitación y Don Facundo emplazó a Amaro para
que descansara hasta la hora de la cena, el joven empleó el tiempo probándose
toda la ropa que su jefe le había comprado hasta que sintió como Don Facundo
abría la puerta a una joven que reía con los comentarios de este, era una
hermosa y proporcionada mujer. El joven Amaro comprendió que Don Facundo, con la
complicidad del recepcionista, había solicitado los servicios de una puta y no
le gustó, no supo por que pero no le agradó la situación.
Amaro, con la puerta de la habitación entornada espió el
devenir de la escena, la típica de un encuentro con una puta. La joven se
desnudó rápidamente, después desnudó a Don Facundo, le mamo la verga y la
recibió, entre gemidos que a Amaro le parecieron sinceros, a cuatro patas al
borde de la cama. Amaro se excitó viendo la concha de la puta con los labios
bien abiertos tragándose toda la verga de su patrón, se excitó mucho y se
sorprendió mas, no era imaginar el lugar de su patrón lo que le excitaba, le
excitaba imaginar que ocupaba el lugar de la puta. Cerro los ojos y pensó en su
patrón y en el descubrimiento que hizo en un foro de internet sobre los motivos
por los que dejo de dar clase en la universidad castellana: había sido
descubierto in fraganti enculando a un joven estudiante. No era plenamente
inocente Amaro en materia de hombres ya que con apenas diez años uno de sus
profesores le aficionó a que le chupara la verga pero ya andaba por los quince y
ninguna situación parecida había vuelto a ocurrirle. A Don Facundo le agradó
sentirse espiado por el joven Amaro, incluso estuvo tentado de contratar a una
puta que le iniciara pero cuando Don Facundo le insinúo, a altas horas de la
madrugada, en una discoteca de la capital, lo posibilidad de que follara con una
puta el chico puso cara de asco y desechó el ofrecimiento.
Amaro tuvo que llevar a su patrón al hotel con una
considerable cogorza, le gustó llevarlo abrazado en el ascensor, desnudarlo y
observarlo mientras el patrón ya casi dormitaba. El deseo de hacerle de mujer a
su patrón, que había aflorado esa tarde, le llevo a observarlo mientras este ya
roncaba plácidamente, en un arranque de valor bajó las sabanas y acerco su
cabeza a la verga de Don Facundo, los efluvios de la polla de su patrón
enervaron su deseo pero temeroso de ser descubierto se retiro a su habitación
donde se tuvo que masturbar varias veces, introduciéndose los dedos en la cola,
para calmar la calentura que le invadía.
Disfrutaron de una nueva mañana de compras, ropas, utensilios
de cocina y decoración para la casa de los guardeses, sin duda Don Facundo era
un hombre generoso y agradecido. Después de una buena comida llegaron al hotel
donde nuevamente Don Facundo conversó con el recepcionista solicitándole una
puta para las siete de la tarde. Cuando su patrón se echó la siesta Amaro bajó a
recepción, armándose de valor, y le dijo al recepcionista que cancelara el
pedido de su patrón ya que este se encontraba algo acatarrado y con fiebre,
hecho esto subió a su habitación y tomo la ropa y la lencería que Don facundo
había comprado para su madre y su hermana y fué, coqueto y muy excitado,
probándosela toda, conforme se iba probando ropa de mujer mas se excitaba, mas
señorita se sentía, a el que sentía deseo por las mujeres siempre le había
inquietado y excitado, desde que mamara la verga de su profesor, la sensación de
ser la putita de un macho, ese deseo había aflorado y era imparable y estaba
dispuesto a realizarlo, sabiendo (jugaba con ventaja) que su patrón no le haría
ascos a un jovencito con alma de puta. Después de probarse varias prendas se
dejó puestas una minifalda vaquera, un top rojo que le dejaba el ombligo al aire
y unas medias negras con dibujo, a pesar de que superaba en dos números la talla
de zapatos de su madre, se calzo unos zapatos rojos con un considerable tacón y
se maquillo discretamente, cuando fueron las siete de la tarde, el momento en
que su patrón esperaba la visita de la puta, Amaro abrió la puerta de su
habitación y entró en el dormitorio de su jefe que miraba el reloj:
-Lo siento patrón pero la chica que espera no vendrá –le dijo
a Don Facundo que no salía de su asombro viendo feminizado al joven Amaro que se
le acercaba solicitando que le disculpara. La conciencia de Don Facundo le
recordaba que aquel joven era hijo de sus empleados, hijo de su amante y que no
debería abusarlo, eso es lo que decía su conciencia, su verdadera conciencia, su
polla, su verga, ya había tomado una decisión, se salía sobre la parte superior
de sus slips de dura y gorda que la tenia y ya sabéis, querid@s lectores, cuando
la cabeza de abajo ordena la de arriba obedece, ni conciencia ni leches.
El chico temeroso se sentó al borde de la cama, parecía una
joven princesa india ofrecida en sacrificio al conquistador inmisedicorde,
cuando su mano rozo la verga de Don Facundo este cerró los ojos y acaricio el
pelo del muchacho como muda aprobación. El chico acercó sus labios a la verga,
la libero de los slips, se embriago del aroma de macho de su patrón y mamo polla
entregado, sacando esa putita que muchos hombres llevan oculta y sintiendo cada
poro de su cuerpo dispuesto para el placer, sus pezones erectos, su verga mas
erecta y su culo ardiendo y deseando de ser follado.
Abrió los ojos Don Facundo y pudo ver la faldita de Amaro
desdoblada, su culito levantado solo cubierto por la fina tira de un tanga negro
y apreció las tibias y suaves nalgas del muchacho, su verga vibró de deseo en
las labios del muchacho que se la sacaba de la boca para lamerle las pelotas y
el ojo del culo, acarició la cabeza del muchacho y se dejo ir en una monumental
corrida que Amaro recibió en su boca y tragó con esfuerzo y sin conseguir que un
par de andanadas se escaparan por la comisura de sus labios. El chico se tragó
la corrida y se situó sumiso junto a Don Facundo, solicitando su amparo y su
aprobación. El patrón le abrazo como si fuera una nena tierna próxima a ser
desvirgada y le dijo:
-¡Estas preciosa! Nunca lo hubiera imaginado
Al joven Amaro le encantó que su patrón de dirigiera a el en
femenino. Y armándose de valor le dijo:
¡Hágame mujer patrón!
Don Facundo se incorporó dejándolo en la cama, con su ropita
de mujer casi deshecha, era un chico de lo mas deseable, una putita virgen,
mirándole, la verga de Don Facundo, su gruesa y venosa verga, se mostró inquieta
entre sus piernas y comenzó a recobrar su vigor. Don Facundo preparó el jacuzzi
de la suite y cuando estuvo listo llamó a Amaro invitándolo a entrar, bajo el
agua ambos jugaron con sus pollas, le gustó a Don Facundo el tacto de la joven
polla morena del muchacho a la que trató como si fuera el clítoris de una mujer,
ya que así trataba don Facundo a los jovencitos a los que enculaba, como a una
mujer, lo acarició y lo lamió un poco pero pronto reclamo la iniciativa del
muchacho que la tomó gustoso mamándole la verga mientras su patrón estaba
sentado al borde de la bañera.
Se volvía loco de placer y de deseo Amaro mamando la gruesa
verga descapullada de su patrón, el olor a hombre en celo que emanaba abría
resortes secretos de su cerebro, sentía como una mujer, los que habéis pasado
por esto sabréis a lo que me refiero. Don Facundo tomó la crema corporal del kit
de aseo del hotel y comenzó a hurgar y trabajar el agujero de Amaro, cuando
sintió el frío del gel lubricante y los dedos de Don Facundo abriéndose paso en
su trasero calambrazos de placer inundaron los sentidos del joven y se atrevió a
decir:
-¡Folle a su putita patrón! ¡Hágame mujer!
Salieron del baño húmedos, besándose con lengua y abrazados.
Tomo Don Facundo las almohadas y las colocó bajo los riñones del muchacho,
levantándole la cola a la distancia apropiada para follarle cara a cara, nunca
había follado Don Facundo así a un muchacho pero la belleza y la cara de deseo
de Amaro era tal que Don facundo, un amante que se recreaba con todos sus
sentidos en la follada, quiso ver la cara y la expresión del joven cuando fuese
follado.
El chico miraba con deseo y morbo a Don Facundo abriéndose
las nalgas, acomodándose y ofreciéndose a aquel varón maduro ante el que había
aflorado la putita que llevaba escondida en algún lugar de su alma, sentía picor
en su esfínter, picor de deseo, deseo de ser enculado como una zorra en celo.
Don Facundo apuntó la cabeza de su verga en el ojete del muchacho, empujo y el
esfínter cedió, el chico hizo una mueca de dolor pero ni un gemido de dolor
salió de su boca, cuando Don Facundo hizo ademan de retroceder el chico se
aferró a sus nalgas impidiéndoselo:
-¡Rómpame patroncito no se retire! Le inquirió
Don Facundo besó al chico en la boca, penetrándole con su
lengua hasta la garganta y comenzó un empujón de verga que no cesó hasta que sus
pelotas toparon con las nalgas del muchacho que gemía y suspiraba profundo y
agitado. Don Facundo, experto enculador de mujeres y jovencitos, sacó toda su
verga del receptáculo del muchacho, soltó un pegote de gel en su agujero y otro
con el que embadurnó su polla en toda su longitud y procedió a darle la metida
definitiva. Ahí el joven Amaro se estremeció como una mujercita, sintiendo sus
entrañas abrirse ante el impulso y el grosor de la verga de su patrón llenándole
de carne, el chico pellizcaba sus tetillas extraordinariamente sensibles,
relajaba su cola y se dejaba atravesar por la gruesa verga venosa que le estaba
proporcionando tan deliciosas sensaciones, Don Facundo le miraba fijamente a sus
ojos mientras iniciaba el mete y saca de la follada, Amaro, coqueto, le mantenía
la mirada y le recibía pleno en su interior, las molestias persistían ya que la
gruesa verga del patrón distendía su agujero al máximo pero una humedad
desconocida afloró de sus entrañas favoreciendo la enculada y llenando de gozo
al joven en su femenina entrega al amante maduro.
-¡Ay que rico siento! Le susurraba dulcemente a Don Facundo
-Mi princesa inca tienes un culito perfecto. Disfruta de mi
verga
-La disfruto patrón, soy su putita. Hágame lo que quiera
El trabajo a que el viejo profesor sometía al culito del
joven fue intenso y dedicado, después de su primera corrida, la eyaculación de
Don Facundo esperó mas de media hora su momento, escalofríos, olas de placer,
cosquilleos y total abandono sexual asaltaban por etapas al joven, cuya verga,
aprisionada por la barriguita de Don Facundo, eyaculo en tres ocasiones mientras
fue follado como una muchachita.
Los gemidos de Don Facundo tornaron en bramidos de puro toro
ibérico, sus metidas arreciaron en fuerza e intensidad, el chico sintió la verga
de su patrón expandirse, inflarse, hincharse en su interior y explotar en una
vibrante corrida, el chico aprecio la leche caliente inundando sus entrañas, se
aferró a las nalgas del patrón para que se la dejara bien clavada y recibió
pleno y feliz la esencia de macho que a borbotones surtía de la punta de la
verga de don Facundo. El joven indio vivió a sus quince años la plenitud de ser
mujer de un macho por decisión y deseo propio, de forma natural, sin impedir que
su poderoso lado femenino quedara recluido por la represión y los años,
entregándose al varón maduro que le trataba como una señorita. Sintiendo la
plenitud de la verga de Don Facundo donándole su elixir de macho en celo.
Don Facundo decidió postergar la vuelta un par de días y
disfrutar, sin cortapisas, de su putita indígena. Amaro se convirtió en Lima en
Amy, cuando su patrón, en un desliz, le llamaba como hombre el joven le
recriminaba con una tierna mirada el error y reivindicaba el trato femenino. La
lencería que Don Facundo había comprado, que en principio iba destinada a su
mama y su hermana, lució el atractivo cuerpo juvenil del muchacho, sus piernas
morenas y brillantes, su cola dura y apretada eran realzadas por tangas, medias
y ligueros que el joven vestía con especial donaire y que causaban un efecto
devastador en la verga de Don Facundo. El joven llevaba bajo su nuevo chandal
americano las prendas que encelaban al maduro varón que indefenso ante los
calentones interrumpía cualquier actividad y tomaba un taxi con destino al hotel
donde podía consumar su deseo.
Dos días estuvo taladrando Don facundo el culito de su joven
princesa india con la ayuda de pastillas azules, cocaína y buen vino. Nunca
había enculado a un joven tan exquisito, tan femenino, tan entregado. La
sumisión de su princesita indígena tenia prisionero a Don facundo quien
rápidamente entendió que la relación que había emprendido con el joven Amaro era
mas que problemática, por la familia, por la ley y por las convenciones
sociales. Una relación imposible, así que Don facundo habló con Amaro y el
muchacho entendió los razonamientos del patrón. Amaro se quedaría en Lima
estudiando, alojado en casa de una familia y seria la mujercita del patrón
cuando este le visitara a la capital.
La noche de la despedida Amy espero en la cama a que el
patrón volviera de cenar, una lavativa había desalojado su tripa para recibir
sin intrusos la verga de su amoroso maduro. Vestía un corpiño blanco, ligueros y
medias, bajo una bata transparente y sensual, se había esmerado en el maquillaje
de sus ojos y estaba tan hermosa como una joven vestal. Don Facundo sonrió al
verle:
-Estas preciosa Amy. Me da vértigo mirarte de lo guapa que
estas. –el joven se extasiaba levantando la admiración, y la verga, de don
Facundo cuando exhibía sus encantos, cuando se mostraba ante su macho y podía
sentir su atracción animal hacia la codiciada presa, se dejaba abrazar y besar,
se entregaba al hombre aspirando profundamente la fragancia que su macho emitía
por todos sus poros. Su manita manipulaba la gruesa verga que ya ansiaba ser
alojada en el interior del muchacho. La humedad invadía el recinto del muchacho
que ya no necesitaba ningún gel que lo lubricara, apreciaba Amy la penetración
viril y ruda de su patrón y la demandaba, gozaba sintiéndose abusada, violada,
bien puta, en cuatro, apoyando su cabeza en la almohada y levantando la cola,
reclamaba la follada.
Don Facundo deliraba de deseo ante la vista de las pelotas
lampiñas de Amy, de su redonda cola y de su agujero palpitante, besaba, lamía y
chupaba todo lo que le enajenaba hasta que el chico con su voz mas femenina y
sugestiva le apremiaba:
-¡Hágame puta patrón! ¡rómpame viva!
Sublime e inolvidable momento para Don facundo, un poco de
saliva en el ojete de la putita indígena, de su princesa inca, de su jovencito
sumiso y la punta de su guerrera verga pujando por penetrarla hasta que el
esfínter se relajaba y con amoroso esfuerzo iba alojando la polla que le
invadía, el acto de penetrar al jovencito se convertía en un momento mágico,
único, la actitud del muchacho era perfecta, la amante total, cuando toda la
verga se alojaba en sus entrañas el chico empujaba hacia atrás para sentirla
toda dentro, para rozar sus pelotas con las de Don Facundo y hacerle notar su
absoluta entrega. Se relajaba el patrón dejándole la verga ingresada para que el
muchacho se acostumbrara a tener alojado al invasor hasta que la putita salía de
paseo y comenzaba a mover las nalguitas, exigiéndole al maduro varón una culeada
enérgica, que oficiara de macho y le trabajara duro el culo con la verga, hasta
cinco veces eyaculo sobre las sabanas el joven enculado mientras su hombre le
penetraba duro, con energía, sacando esa esencia oculta de dama en celo que le
colmaba el espíritu. Sentía la cola ardiendo, se sentía poseído, penetrado, se
sentía mujer, princesa, pututa de macho en celo, las oleadas de placer le
invadían, el dolorcillo de la penetración y extrema dilatación de su esfínter
solo suponían un extra, un bonus de placer y el momento clave de la corrida del
macho en sus entrañas, de la inundación de leche caliente en su interior, de la
verga creciendo en todo su esplendor hasta reventar en su culo con una explosión
de semen de toro ibérico permanecerá impreso en su mente, imborrable.
El chico abajo, el hombre sobre el cubriéndolo, esperando que
la verga vuelva a sus dimensiones habituales y salga del receptáculo de la
princesa, los dos sudados, respirando, rumiando las sensaciones comunes,
besándose, la verga sale y Don Facundo se incorpora para observar los efectos de
su tarea, abre las nalgas del muchacho y un reguero de leche se desliza por el
interior de sus muslos, el anillo abierto, irritado, bello. Los efectos de un
culito invadido por la verga de un macho ardiente. Una despedida que es un
principio.
Continuara......
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