Devoradora
Presentación…
Buenos días tengan todos, gracias por acompañarme nuevamente.
Quiero agradecerles el apoyo que he recibido desde que comencé a publicar
relatos a esta página y todo los comentarios que he recibido, buenos y malos.
En el pasado publiqué en esta misma página una serie titulada
"Devoradora", la cual pedí que fuera retirada porque quería volverla a
escribir y cambiar algunas cosas, para luego publicarla de nuevo pero por
partes. La primera parte ya fue publicada con el título de "La que Es,
Vuelve", y trata sobre como es que nuestra protagonista cae como el juguete
sexual de un hombre. Pues bien, debido a numerosos comentarios y peticiones que
me han hecho, he decidido reescribir "Devoradora" a partir de donde se
quedó el último capítulo de "La que Es, Vuelve".
Si no han leído "La que Es, Vuelve" los invito a
hacerlo, no se arrepentirán, si no quieren pues tampoco hay problema, escribiré
esta serie como si fuese la primera, tratando de ser lo más clara que pueda. Y
al igual que en la anterior trataré de darle prioridad a la trama por encima del
erotismo, no quisiera convertirla en una serie porno más.
Espero que lo disfruten y por lo pronto me despido y los
invito a continuar enviándome sus comentarios y sugerencias a mi correo
electrónico, besos y abrazos.
Garganta de Cuero.
Capítulo I
Hasta la tarde mama…
¡Ah!, a sí, hasta la tarde corazón…
Dejé a mis hijos subiendo por las gradas del bus escolar, que los llevaría al
colegio como todos los días. Los veía caminando con un nudo en la garganta, me
sentía mal, culpable, sucia e indigna de ellos, una cosa dentro de mi me
carcomía el alma como el óxido al hierro. Sin embargo me parece que lo más
apropiado sería presentarme antes de seguir adelante, mi nombre es Débora Lozano
y solía ser un ama de casa guatemalteca, madre de familia y esposa. Solía,
porque muchas cosas han cambiado en mi vida… y no para bien.
Me casé a los 20 años con un hombre que me doblaba la edad,
un ranchero exitoso y muy experimentado al que no le fue difícil seducirme,
sobre todo porque una relación fallida y dañina en mi adolescencia me dejó muy
necesitada de amor y seguridad, y él me los dio. En menos de 2 meses de andar
juntos ya estaba preñada, justo lo que él quería para atarme a su lado y pasar a
ser su mujer, o mejor dicho, su esposa florero, porque eso es lo que él quería,
una mujer bella para mostrar frente a la gente y con la que le pudiera presumir
a sus amigos, pues sin pecar de presumida, si soy muy hermosa.
Nunca estaba, siempre andaba en alguna de sus fincas, siempre
dije que se sentía más feliz entre las bestias del campo que entre las personas
de la ciudad. La verdad no había gran diferencia de cuando él estaba a cuando se
ausentaba, nunca se tomaba su tiempo para compartir conmigo y con sus hijos, lo
cual no era malo, Leo era un tipo pendenciero y difícil que nunca estaba
conforme, tener mucha familiaridad con él atraía los problemas.
Pero a pesar de todo, con Leonardo me sentía protegida pues
siempre fue muy celoso como buen macho de campo que era, que nadie le fuera a
tocar a su esposa florero. Sin embargo ese día se volvió a ir como siempre, una
semana, un mes, a veces hasta más, parecía que era alérgico a la ciudad… o a
nosotros. Y yo, sola nuevamente, me concentraba en mi rutina diaria. Ese día,
lunes, me hallaba sola, las muchachas del servicio se iban los sábados y
regresaban los lunes cerca del medio día.
Pues bien, ese día llevaba un viejo pantalón de algodón, que
como era de mis tiempos adolescentes ahora me quedaba como una licra, totalmente
ceñido a mi curvilíneo cuerpo y tallándome la cintura bastante bajo. Arriba me
coloqué una vieja y pequeña playera que me llegaba hasta las costillas, dejando
ver mi abdomen plano y mi ombligo, y por arriba el escote redondo mostraba una
muy sugerente vista de mis abundantes pechos. Entré en mi casa y cerré la puerta
cuando oigo que tocan el timbre. Abrí la ventanita de la puerta del garaje para
ver quién era y cuál no sería mi sorpresa al ver que se trataba de Mario, ese
novio que me hizo tanto daño en mi adolescencia.
¡Mario!
Hola Debi, ¿cómo estás?
¡¿Qué hacés aquí?! ¡¿Te volviste loco?! ¡Esta es mi casa,
la gente me conoce!
Entonces para que no hablen dejame entrar…
¡No voy a hacer eso, soy una mujer casada y decente…!
Hace una semana no lo fuiste… – me quedé callada sin
encontrar de qué forma podía replicarle eso, maldito, hacía menos de 5 días
había regresado a mi vida y me había convertido, de nuevo, en su perra –
Debi, lo disfrutaste tanto como yo y lo sabés bien. Y no te voy a negar que
quiero más… pero vos tampoco lo podés hacer…
¡Claro que si, aquello fue un gran error que no pienso
volver a cometer!
Pero lo que pensás es distinto a lo que sentís… sé
perfectamente que estás excitada…
¡Eso no es cierto!
…y que te morís por abrirme y dejarme entrar, por ser mía
otra vez…
¡Nunca, jamás!
…por volver a ser mi perra, como lo eras antes… la que es
vuelve Debi. – la rabia que sentía me hizo llorar, por lo que no pude
decirle nada de regreso – Sé que lo querés, solo cerrá los ojos y recordá,
¿verdad que miles de imágenes vienen de regreso Debi? – no lo quería
aceptar, pero por las noches soñaba con él, de nuestros encuentros íntimos
hacía tantos años, de las formas tan ruines en que me tomaba – No se te han
olvidado, y sé que nunca las vas a poder dejar atrás, pues mientras más te
empeñés en olvidarlas, más vienen a tu recuerdo. Sencillamente ya son parte
de ti, de tu vida, de tu ser, ¿por qué no aceptás esa situación? Es lo que
sos Debi, una perra… ¡mi perra!
¡No, mentira, maldito!
Pero sabés que es verdad… ¿cómo tenés la pusa ahorita?, a
ver, decime… – la tenía mojada, lo sabía porque podía sentir su humedad,
¿cómo era eso posible? – ¿Está mojada Debi, se te está encharcando la cuca?
¡Claro que no, solo siento asco hacia ti!
Eso si te lo creo, pero no que la tengás seca… está
rebosante de flujos, yo lo sé…
¡No es cierto!
Claro que si… puedo oler tu esencia de hembra Debi… – lo
decía aspirando el aire de formas obscenas que me excitaron, no lo pude
evitar – tu esencia de hembra en celo, de hembra caliente y mojada buscando
macho que la sacie… si, la puedo oler, tenés la vagina inundada, ¿no es así?
– no respondí, empezaba a temblar – Tenés las bragas mojadas, ¿no? Tu vulva
debe estar empapadísima. – inconscientemente me llevé la mano a mi
entrepierna y pude constatar que sus palabras eran ciertas, mi sexo estaba
palpitando caliente sumamente mojado.
Para esos momentos casi toda yo estaba temblando, en un
combate sin tregua y encarnizado entre mi conciencia y razón contra la terrible
excitación que amenazaba con nublar por completo mi mente. Sentía que mis
pezones estaban erectos y duros, además de muy sensibles, seguramente se notaban
muy bien a través de mi brasier y la tela de mi playera. Y mi rostro había
perdido la dureza de la rabia y de la ira, la había cambiado por una expresión
de sorpresa y preocupación por estar perdiendo la batalla contra el deseo.
Suavemente Mario metió 3 dedos a través de la reja que
custodiaba la ventanilla, alcanzó mi barbilla y atrajo mis labios hacía la
pequeña abertura. Me besó, suave, tierno, despacio, fue un beso que me hizo
suspirar y temblar en un largo y prolongado escalofrío.
Debi, no te estoy obligando a nada, pero sé que te morís
por abrirme la puerta… dale, rendite de una buena vez a lo que realmente
querés y terminá de aceptar lo que sos… abrime… – ese beso fue demasiado,
terminó por desarmarme y mi mente por claudicar, le abrí la puerta y lo dejé
entrar.
Mario pasó adelante y cerró tras de si, me volvió a besar,
pero esta vez me dejé llevar por el calor de sus labios y de su cuerpo rozando
el mío, su gran macana formaba una vistosa carpa en sus pantalones que se
aplastaba contra mi estómago a medida que me estrujaba entre sus poderosos
brazos. Y yo sentía que el aire me hacía falta, que la sangre no me alcanzaba, y
por extraño que parezca, no podía dejar de pensar en mi marido, Leonardo.
Fue bajando, lamiendo y besando mi cuello y senos, los
estrujó con sus manos, que no lograban abarcarlos por completo por lo grandes
que eran. No sentí cuando me desabrochó el brasier, ni cuando me lo sacó junto
con la camisa, pero si cuando se aferró a mis pezones y los lamió y chupó, sentí
como si mi vida se escapara a través de ellos.
Despacio me bajó el pants y las bragas, que estaban
empapadas, llegando hasta mi sexo que palpitaba de tanto calor. ¡Dios mío, qué
sensación sentí cuando zambulló su rostro en medio de mis 2 labios! Sus suaves y
a la vez fuertes lengüetazos sobre mi vulva me hicieron olvidar cualquier tipo
de duda o principio moral. Y cuando capturó mi clítoris con sus labios y
dientes… ¡puta madre!, fue el colmo de todo placer, casi me enloquece pero no me
dejó acabar en ese momento, tenía otra idea en mente. Sin decirme nada se puso
de pié, me levantó de las axilas como una pluma y, bajándome sobre su erecto y
enorme miembro, me lo ensartó de un solo golpe.
¡¡¡¡AAAAGGGGHHHH!!!! – grité, pues mi vagina, aunque
empapada, no lo esperaba.
Te voy a hacer gozar, mujer… vas a volver a ser mi perra…
Me quedé sin aliento, esa penetración fue bárbara, yo
reaccioné rodeándolo del cuello y de la cintura con mis piernas, apretándolo
contra mi. Y antes de poder recobrarme, el ya estaba moviéndome a su antojo con
sus potentes brazos, enhebrándome a voluntad su divino instrumento. Me movía en
el aire sin esfuerzo, como si mi metro con 70 no contara, cambiando los ángulos
de penetración para acariciar cada rincón de mi intimidad. Sentía sus testículos
golpearme el culo, mi busto aplastado contra su poderoso pecho, mis manos
agarradas a su cuello y mi boca fundida con la suya, ¡era increíble!
El ritmo lento del principio fue acelerando y ganando fuerza,
sin cambios bruscos, solo aumentado poco a poco hasta que caí en la cuenta que
me estaba empalando frenética y violentamente, al compás de su creciente
excitación, literalmente rebotando sobre él. Y yo estaba quemándome, perdida en
la lujuria y en una excitación como nunca tuve, alcanzando un delicioso y
devastador orgasmo como si algo hubiese estallando en mi vagina y se extendiese
por todo mi ser. Fue tan intenso que terminé estirando brazos y piernas,
tensándolas mientras echaba la cabeza hacia atrás y gimiendo y gritando
incoherencias, con Mario sujetándome firmemente del culo y del cuello para que
no me cayera.
Fue un orgasmo largo y fuertísimo, como ya dije, no sé cuanto
tiempo duró pero, estaba ausente, como en otro mundo. Y para cuando recobré el
sentido y la lucidez, él ya se había metido conmigo a la sala y estaba
taladrándome sobre un sillón, con mi cintura a la altura del borde, mis piernas
sobre sus hombros y el trabajándome con la misma habilidad proverbial. Lo veía
enrojecido y empapado de sudor, gimiendo y gruñendo a punto de acabar. Y cuando
lo hizo, me ensartó aun más a fondo su poderosa verga hasta inundarme con
verdaderos raudales de su leche de macho.
¡¡¡¡DEEEEEBOOOORAAAAAGGGGHHHHH!!!! – gritó estremecido y
luego se derrumbó encima de mi.
Cuando recobre el uso de la palabra lo único que pode decir
fue: "¡Gracias!, nunca en mi vida se me habían hecho el amor así…". Pero
entonces recordé a mis hijos, y una honda soledad me atrapó… en los brazos de
ese hombre que hizo conmigo lo que se le dio la gana.
CONTINUARÁ…
Garganta de Cuero
Pueden enviarme sus comentarios y sugerencias a mi dirección
de correo electrónico, que con gusto los leeré y los contestaré, gracias.