Tenchi Muyo
SI NO FUERA POR...
Autor: Jiraiya
Todos los derechos de la serie Tenchi Muyo pertenecen a
Pioneer. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de
esparcimiento. No me demanden.
NOTA: Este capítulo contiene escenas de tipo
LEMON (descripciones explicitas de
contenido sexual) por lo que no es apto para menores de 18 años.
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La Nave Yagami de la Policía Galáctica, patrullaba un sector
del espacio, conforme a su hoja de ruta diaria. En el interior, una aburrida
Kiyone, comandaba la nave mientras meditaba sobre su actual situación.
"Y aquí estoy yo. La más prometedora cadete de mi generación,
graduada con las mejores calificaciones y las máximas distinciones, y estoy
aquí, en este rincón olvidado de la galaxia, patrullando en una nave de segunda
mano, en vez de estar en el Cuartel General, dirigiendo todo un departamento. Mi
sueño de llegar lo más alto en el escalafón policíaco nunca se cumplirá, y todo
por culpa de Mihoshi. Si no fuera por ella, no estaría en esta situación......
¡Maldito el día en que me topé con ella!"
Kiyone continuó reflexionando sobre su mala suerte, hasta que
la nave comenzó a perder potencia. Kiyone comenzó a hacer algunos diagnósticos,
pero no encontraba ninguna causa para esa perdida de potencia. De pronto, los
motores se detuvieron y la nave quedó a la deriva.
-- ¿Pero qué rayos pasa con esta cosa? –- regañó Kiyone
–- Hace dos días que le hicieron mantención a esta lata de sardinas. Se supone
que no debería pasar esto.
Kiyone estaba por salir rumbo al cuarto de máquinas de la
nave, cuando se percató de que una luz parpadeaba en una de las consolas. Cuando
se acercó para verificar, casi se cae de la impresión, pero su sorpresa pronto
se transformó en ira. La luz indicaba que la nave se había quedado sin
combustible. En ese momento una sola palabra pasó por la mente de la policía.
Mas específicamente, un nombre.
-- ¡¡¡¡MIHOSHI!!!!
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Kiyone caminaba a grandes zancadas por la nave, buscando a la
causante de todos sus males, mientras echaba humo por las narices. Entró a la
cocina esperando encontrarla comiendo alguna cosa, ya que Mihoshi había dejado
el puente de la nave, para comer algo ya que "Moría de hambre" (Según ella) No
la encontró, pero sin duda había pasado por ahí, ya que todo estaba en un
completo desorden.
Para Kiyone no fue muy difícil deducir dónde podría
encontrarse su tormento. Si no estaba en la cocina llenándose la panza, debía
estar en su cuarto viendo "Los Policías del Espacio", su serie favorita de TV.
Cuando Kiyone entró al cuarto de Mihoshi, encontró a la
susodicha sentada de piernas cruzadas en su cama, viendo muy entusiasmada su
serie de TV, mientras se comía un sandwish. Ni siquiera traía puesto el
uniforme, ya que vestía únicamente una polera rosa, bragas del mismo color y
unos calcetines blancos. Para Kiyone, esa fue la gota que rebasó él vaso. Cruzó
el cuarto de un par de zancadas, apagó la televisión y se paró frente a Mihoshi,
con cara de ogro.
-- Mihoshi. ¿Le pusiste combustible a la nave como te
indiqué?
Mihoshi se sorprendió por la pregunta, pero luego estrechó
los ojos, como buscando la respuesta en algún rincón recóndito de su mente,
hasta que luego de algunos segundos encontró la respuesta.
-- ¡Hups! Se me olvidó –- dijo Mihoshi, con una sonrisa de
disculpa.
-- ¡¡ERES UNA TONTA, MIHOSHI!! -– ladró Kiyone -- Nos
quedamos sin combustible en medio del espacio. Ahora tardarán un día en venir
por nosotras.
-- ¡¡¡Buaaaaaaa!!! Lo siento Kiyone. No se volverá a
repetir –- lloró desconsolada la rubia, con ríos de lágrimas saliendo de sus
ojos.
-- Por supuesto que no se repetirá. Cuando lleguemos a la
base pediré un traslado lo más alejado de ti que me sea posible.
-- ¡¡¡Buaaaaaaaaa!!! Kiyone no me dejes. No sé que haría
sin ti, eres mi mejor amiga, mi compañera, mi socia. No podría vivir sin ti –-
dijo Mihoshi, llorando desconsolada.
-- Déjate de tonterías, Mihoshi –- dijo Kiyone, algo
sonrojada.
-- Por favor no me dejes Kiyone. Haré lo que quieras, pero no
me dejes –- dijo Mihoshi, saltando de la cama y arrodillándose ante Kiyone,
sujetándola de una pierna mientras seguía llorando desconsolada.
Esas últimas palabras de Mihoshi, sorprendieron a Kiyone,
pero lo que más la sorprendió, fue lo que había pasado por su cabeza en ese
momento. Ese pensamiento a todas luces era algo indebido, sucio y antinatural,
pero era un pensamiento que la asaltaba día a día, y aunque no le gustara
reconocerlo, era algo con lo que fantaseaba noche tras noche en la soledad de su
habitación.
Luego de pensarlo por unos instantes, Kiyone decidió olvidar
por una vez, los sentimientos de decencia tan arraigados en ella, y dar rienda
suelta a esa fantasía. Si Mihoshi quería que se quedara con ella, entonces lo
haría, pero tendría que pagar el precio. Se lo debía.
-- Esta bien Mihoshi. No me iré, pero tendrás que hacer
algo a cambio. Me lo debes, y no solo por este incidente, sino por muchos otros,
y lo sabes.
-- Si, si, Kiyone, haré lo que tú quieras, solo pídemelo y lo
haré -– dijo Mihoshi, aún de rodillas y con las manos tomadas debajo de su cara,
en señal de agradecimiento.
Kiyone miró seriamente a la rubia que estaba arrodillada ante
ella, desabrochó el pantalón de su uniforme y lo bajó por completo junto con sus
bragas, dejando ver su bajo vientre cubierto de vellos de color negro azulado.
Mihoshi estaba sonrojada como un tomate y no lograba comprender por qué Kiyone
había hecho algo semejante.
-- Lámelo -– dijo Kiyone con firmeza, sin quitar la vista
de la rubia.
-- Pero, Kiyone...... –- comenzó Mihoshi, pero perdió su
voz a medio camino. Estaba más roja aún, si fuera posible, mirando entre
sorprendida y avergonzada a su compañera, socia y amiga, que esperaba impaciente
que hiciera lo que le pedía.
-- Dijiste que harías lo que yo quisiera. Pues bien,
quiero que me lo lamas.
Mihoshi estaba como congelada, mientras su mente repasaba una
y otra vez las palabras de Kiyone, para asegurarse de que no había escuchado
mal, pero eso era algo imposible, considerando que Kiyone estaba con los
pantalones abajo, esperando impaciente que le pasara la lengua por...... Mihoshi
no atinaba a nada. En realidad no sabía qué hacer.
Finalmente Kiyone se cansó de esperar, y al ver que la rubia
no parecía dispuesta a hacer nada, se subió los pantalones, en parte aliviada y
en parte frustrada.
-- Bien, ya tomaste tu decisión. Cuando lleguemos a la
base pediré mi traslado -– dijo Kiyone, y se dio la vuelta para salir de la
habitación.
Cuando Kiyone se dio la vuelta para salir del cuarto, Mihoshi
finalmente pudo salir del trance en el que había caído. Kiyone era su socia, su
compañera y amiga, y ahora estaba apunto de perderla por sus repetidas
estupideces, y eso era algo que ella no podría soportar. Sin Kiyone, su vida no
tendría sentido. Este pensamiento la aterró.
Era natural que Kiyone quisiera algo a cambio de todos los
malos ratos que la había hecho pasar. Ella era su mejor amiga y quería verla
feliz, y si lamer su entrepierna la hacía feliz, entonces lo haría, además, como
quería tanto a Kiyone, no sería un castigo, sino más bien un placer, y quién
sabe, tal vez termine por gustarle.
-- ¡¡¡ESPERA KIYONE!!!
Kiyone se volteó al escuchar el grito de Mihoshi. La rubia se
puso de pie y se acercó lentamente hasta ella, con manos temblorosas le
desabrochó el pantalón y lo bajó junto con las bragas a la vez que se
arrodillaba ante ella. Mihoshi miró por un instante la entrepierna de su amiga y
acercó una mano para acariciar suavemente sus vellos. Luego de acariciarla por
un momento, acercó su rostro y pasó una mejilla sobre los vellos de Kiyone, con
mucha delicadeza, dándole otra caricia a esa zona de su amiga, hasta que comenzó
a besarla suavemente, y conforme pasaban los segundos, esos besos se hicieron
más intensos, hasta que finalmente comenzó a lamer el sexo de Kiyone.
Kiyone en un comienzo no creyó que Mihoshi sería capaz de
hacer lo que le pedía, pero ahora estaba disfrutando de la más deliciosa
sensación que había experimentado en mucho tiempo. Mihoshi se lo estaba lamiendo
de la misma forma que había imaginado una y otra vez en la soledad de su cuarto,
mientras se masturbaba por las noches. Pero ahora no era un sueño, sino una
realidad, Mihoshi tenia su cara hundida entre su entrepierna mientras la
sujetaba de las piernas con sus manos. Por fin su sueño se había hecho realidad,
por fin podría disfrutar junto a Mihoshi como había deseado desde hace tanto
tiempo.
Por su parte Mihoshi, que en un principio estuvo un tanto
recelosa de lamer la intimidad de su amiga, ahora comenzaba a disfrutar de la
situación y comenzó a excitarse poco a poco, y mientras más se excitaba, más
profundas eran las lamidas al sexo de Kiyone, hasta que de lleno, comenzó a
introducirle la lengua.
Cuando Kiyone sintió la lengua de Mihoshi entrando en su
intimidad, lanzó un profundo gemido de placer, que resonó por toda la nave.
Kiyone se tuvo que apoyar en la pared detrás de ella, para no caer al suelo,
mientras que con sus manos tomaba la cabeza de Mihoshi y la invitaba a seguir en
lo que hacía, pero pronto sintió que ya no podía seguir de pie. Sus piernas
flaqueaban producto del placer.
-- Aaaahh, Mihoshi.... aaahhh, detente un momento.
Mihoshi se separó con un hilillo de saliva conectando sus
labios con la intimidad de Kiyone.
-- ¿Acaso no lo hago bien, Kiyone? –- preguntó la rubia,
temiendo no estar satisfaciendo a su amiga.
-- No, no es eso, es solo que........ ¿podríamos ir a la
cama? –- dijo Kiyone, recuperando el aliento.
-- De acuerdo –- dijo Mihoshi, y ayudó a Kiyone a
quitarse las botas, para luego quitarle los pantalones y las bragas, dejándolos
a un lado.
Cuando Mihoshi se puso de pie, Kiyone le tomó el rostro con
las manos, la observó con una sonrisa y la besó. Fue un beso suave y tierno,
cosa que sorprendió a Mihoshi, pero pronto ese beso se transformó en algo más
profundo y apasionado, y sintió como la lengua de Kiyone irrumpía en su boca y
la comenzaba a explorar, mientras la abrazaba fuertemente. Mihoshi no supo
cuando, pero comenzó a responder las caricias Kiyone, y sus lenguas se
entrelazaron mientras se masajeaban mutuamente. Finalmente se separaron cuando
el aire se les acabó y se miraron a los ojos. Mihoshi se sonrojo visiblemente.
-- Supongo que no te vas a echar para atrás ahora –- dijo
Kiyone.
Mihoshi miró sorprendida a Kiyone por ese comentario.
Naturalmente estaba avergonzada por todo lo que estaban haciendo, y ya sabía
para donde iba todo eso, pero ese no era motivo para echarse para atrás. Ella no
se podía permitir perder a Kiyone. Solo había una respuesta posible.
-- Kiyone, tú eres mi mejor amiga y te quiero mucho.
Sabes que haría cualquier cosa por ti.
Kiyone sonrió tiernamente ante esa respuesta y besó
nuevamente a Mihoshi, antes de caminar a la cama. Una vez ahí, Mihoshi comenzó a
quitar la parte superior del uniforme de Kiyone. Primero los guantes, luego el
arma y la chaqueta, luego le quitó la blusa y por ultimo el sujetador, dejando
al descubierto los perfectos pechos de la morena.
Una vez que Kiyone quedó completamente desnuda, fue su turno
de desnudar a Mihoshi. Como esta no llevaba mucha ropa, fue un trámite bastante
breve, y cuando la rubia quedó desnuda, Kiyone pudo por fin contemplar ese
cuerpo con el que había fantaseado tantas noches. Kiyone llevó a Mihoshi hasta
la cama, se recostó de espaldas, abrió las piernas y le pidió con la mirada a
Mihoshi que continuara con lo que hacía.
Mihoshi no la hizo esperar y volvió a sumergirse en la
intimidad de su compañera, lamiéndola una y otra vez, hasta que su boca quedó
impregnada del dulce sabor de Kiyone. Por su parte, la morena disfrutaba a más
no poder con cada lamida de Mihoshi, que humedeció un par de dedos y los
introdujo en la caliente y húmeda abertura de Kiyone. Sus dedos resbalaron
dentro fácilmente, ya que Kiyone estaba empapada en sus fluidos, que se le
escurrían como prueba palpable de su tremenda excitación y placer.
Kiyone gimió de placer cuando sintió los dedos de Mihoshi
dentro de ella, y como luego entraban y salían rítmicamente mientras comenzaba a
estimularle el clítoris. Eso fue demasiado para Kiyone, y estalló en una
seguidilla de orgasmos que la recorrieron por todo el cuerpo como si fueran una
descarga eléctrica, haciéndola llorar y aullar de placer, mientras sus fluidos
salían despedidos desde su intimidad con acto reflejo causado por el placer.
Mihoshi recibió sorpresivamente en su cara la corrida de
Kiyone, mientras la veía retorcerse de placer al tiempo que gemía y aullaba sin
control. Sonrío al darse cuenta de que Kiyone había acabado y al ver lo exhausta
que estaba, pero decidió no arriesgarse. Haría todo lo que estuviera en sus
manos para asegurarse de que Kiyone se quedara con ella. Limpió su cara con su
polera rosa, luego la lanzó a un lado, y se volvió a sumergir ente las piernas
de Kiyone, para saborearla una vez más, mientras esta se retorcía por el placer,
y aun atontada por los orgasmos que había experimentado.
Luego de una rato, Mihoshi dejó la entrepierna de Kiyone y
comenzó a acariciar sus piernas con mucha suavidad, para luego recorrerlas a
besos hasta llegar a los pies. Luego comenzó a subir mientras seguía besándola y
acariciándola, hasta que llegó a su entrepierna, que lamió una vez más para
luego comenzar a jugar con los vellos de su pubis.
Kiyone disfrutaba plenamente de las atenciones de Mihoshi.
Era como estar en un sueño. Todo su cuerpo estaba prendido y las manos de
Mihoshi lo quemaban con solo tocarlo. Luego de un rato la rubia comenzó a subir
por el cuerpo de su socia, besándole el vientre, para luego detenerse en sus
pechos, los que acarició y lamió una y otra vez, antes de succionarlos a la vez
que mordía delicadamente sus pezones, todo eso mientras le masajeaba la
intimidad con una pierna. Kiyone sintió una nueva seguidilla de orgasmos que la
hicieron estremecerse con la misma intensidad que la primera vez, mientras gemía
e inconscientemente le clavaba las uñas en la espalda a Mihoshi, que reprimió un
gemido de dolor.
Cuando Kiyone finalmente se tranquilizó, Mihoshi le dio un
profundo y largo beso, con el que Kiyone pudo saborearse a si misma, ya que la
boca y labios de Hihoshi aún estaban impregnados con sus fluidos, cosa que logró
excitarla otra vez.
Al separarse de Kiyone, Mihoshi la miró con una sonrisa y se
dejó caer a un costado de ella, dando un suspiro, que Kiyone supuso fue de
cansancio.
-- Espero haberlo hecho bien, Kiyone -– dijo Mihoshi
sonrojada y en voz baja, pero profundamente esperanzada.
Kiyone sonrió y se volteo para responder al comentario de
Mihoshi.
-- Fue maravilloso –- dijo Kiyone, y pudo ver como el
rostro de Mihoshi se iluminaba a la vez que sonreía feliz.
"¿Tanto le importa que me quede con ella? ¿Tanto como para
hacer esto?" pensó Kiyone, con un dejo de culpabilidad al ponerle a Mihoshi en
esta posición, pero era algo que deseaba hace tanto tiempo.
Kiyone contemplo a Mihoshi con fascinación. Su cuerpo la
enloquecía, y al recorrerla con la mirada, se percato de que sus muslos estaban
mojados. Se sentó en la cama y le abrió las piernas. Mihoshi estaba empapada,
podía ver la entrada de su intimidad, desde la que brotaba su miel que corría
por las piernas. La rubia se había terminado excitando con tanto ajetreo. Kiyone
miro a Mioshi y esta se sonrojó furiosamente. Kiyone sonrió y decidió devolverle
el favor a la rubia. Era lo menos que podía hacer después de todo el placer que
le había dado, además, así no se sentiría tan culpable consigo misma, por llevar
a Mihoshi hasta este extremo.
Kiyone se agacho sobre Mihoshi y comenzó a lamer sus muslos,
limpiando con su lengua la humedad que había en ella, saboreando por fin la
excitación de Mihoshi. Una vez acabo con sus muslos, Kiyone se sumergió entre
las piernas de su tormento y comenzó a lamerla una y otra vez. Primero suave y
luego con más intensidad, hundiendo su cara entre las piernas a la vez que le
metía la lengua una y otra vez lo más profundo que podía.
Mihoshi se sorprendió por la actitud de Kiyone, ya que nunca
se hubiera imaginado que le habría lo mismo a ella, pero no intento detenerla,
ya que no quería hacerla enojar y porque realmente necesitaba lo que su socia le
estaba haciendo.
Como Mihoshi estaba muy excitada no le costó mucho llegar al
clímax, y de pronto se sintió invadida por oleadas de placer, cuando los
orgasmos recorrieron su cuerpo, mientras sujetaba la cabeza de Kiyone y la
hundía aún más entre sus piernas, mientras la aprisionaba por acto reflejo la
vez que gemía de placer.
Mihoshi de dejó caer exhausta tragando grandes bocanadas de
aire mientras trataba de recuperar su respiración. Kiyone por su parte, no se
detuvo cuando Mihoshi hubo acabado. Siguió lamiendo la intimidad de la rubia
mientras que tenía sus brazos extendidos para poder masajear y acariciarle los
senos. Kiyone siguió así por largo rato hasta que estuvo completamente
satisfecha y agotada.
Kiyone salió de entre las piernas de Mihoshi y se limpio con
el dorso de una mano los restos de los fluidos de Mioshi que se le escurrían por
los labios y luego se limpio el dorso de la mano con la lengua, saboreando esa
deliciosa miel que fluía de Mioshi, ya que en verdad era deliciosa. Aún podía
sentir su dulce sabor en la boca, y eso la hacía sentir bien.
Mihoshi observó a Kiyone expectante. Ya no sabía que esperar
de su compañera a estas alturas, pero fuera lo que fuera, estaba dispuesta a
satisfacerla, no solo porque no quería que se fuera, sino porque había empezado
a disfrutar de todo eso.
Kiyone se sentó junto a una sonrojada y expectante Mihoshi,
que estaba recostada ante ella y no pudo dejar de pensar en la cantidad de veces
que se había masturbado imaginándose haciendo esto. Ya había perdido la cuenta.
Se acerca lentamente a Mihoshi y la besó apasionadamente. Por su parte, la
rubia, correspondió inmediatamente al beso de su amiga, ya que a esas alturas
estaba completamente entregada al placer y las sensaciones que Kiyone provocaba
en ella.
Finalmente Kiyone terminó el beso con un suspiro de contento
y se recostó junto a Mihoshi mirando el techo de la habitación con una sonrisa
de satisfacción.
Mioshi, que por unos instantes no supo como reaccionar,
decidió finalmente dejarse llevar y se giró de modo de poder recargar la mitad
del cuerpo en Kiyone, pasando una pierna entre las de ella, a la vez que la
abrazaba con un brazo y recostando su cara sobre uno de sus pechos. Kiyone se
sorprendió por la tierna y cariñosa actitud de Mihoshi, pero al verla así,
terminó por enternecerse y abrazó a su compañera de trabajo, y ahora de alcoba.
-- Gracias Mihoshi. Realmente necesitaba esto –- dijo
Kiyone, después de un largo rato de silencio.
-- No hay de que......y decir verdad..... a mi también me
gustó mucho.
-- ¿Hablas en serio? -– preguntó Kiyone sorprendida, ya
que creía que Mihoshi había hecho todo eso para que ella no se fuera.
Mihoshi no respondió, solo se limitó a tomar una mano de
Kiyone y llevarla a su entrepierna, la cual había vuelto a humedecerse. Kiyone
sonrió.
-- ¿Pedirás tu traslado cuando nos recojan? –- preguntó
Mihoshi con un hilo voz.
-- Una nave que vendrá a recogernos llegará dentro de una
18 horas. Tienes hasta entonces para hacerme cambiar de opinión -– dijo Kiyone
con una sonrisa traviesa.
Mihoshi, que por lo general necesitaba que le dijeran las
cosas más de una vez para que las pudiera entender, esta vez no necesitó más
explicaciones, y besó apasionadamente a Kiyone, que respondió inmediatamente la
caricia de la rubia y ambas mujeres se entregaron nuevamente a sus juegos de
alcoba.
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La Nave Yagami de la Policía Galáctica, patrullaba un sector
del espacio, conforme a su hoja de ruta diaria. En el interior, una aburrida
Kiyone comandaba la nave mientras medita sobre su actual situación.
"Y aquí estoy yo. La más prometedora cadete de mi generación,
graduada con las mejores calificaciones y las máximas distinciones, y estoy
aquí, en este rincón olvidado de la galaxia, patrullando en una nave de segunda
mano, en vez de estar en el Cuartel General, dirigiendo todo un departamento. Mi
sueño de llegar lo más alto en el escalafón policiaco nunca se cumplirá, y todo
por culpa de Mihoshi. Si no fuera por ella....... bueno, si no fuera por ella,
no estaría disfrutando de esta sensación".
Kiyone se recostó en su butaca del puente de mando, entrelazó
sus manos en la nuca, cerró los ojos, dio un suspiro de contento y sonrió con
satisfacción. Mientras, Mihoshi esta de rodillas ante Kiyone, con la cara
hundida entre sus las piernas, lamiéndole su intimidad una y otra vez.
"Tal vez no haya sido tan malo conocer a Mihoshi, después de
todo" –- pensó Kiyone con satisfacción, al sentir como la legua de Mihoshi la
hacía experimentar deliciosas sensaciones entre sus piernas.
La Nave Yagami, de la Policía Galáctica se alejó por el
espacio, continuando con su recorrido diario de patrullaje.
FIN