Hola amigos.
Seguimos con las historias de magoyas.
Ahora ya somos dos Sarah y Carlos.
El viernes a mediodía hablé por teléfono con Sarah, como
habíamos quedado la noche anterior.
Se había inventado una amiga de su pueblo que la invitaba a
conocer su nueva casa en otro pueblo distinto e iba a pasar el fin de semana con
ella, aprovechando que el sábado no trabajaba, pues lo hacía uno de cada tres.
Su novio se lo tragó y su compañera de piso también. Yo me inventé un viaje a
una feria de informática (real) en Barcelona y mi novia también se lo tragó.
El plan era encerrarnos en mi casa y no salir. Además el
sábado por la mañana tenía "clase particular" con Eva y Luis, así que
aprovecharía para presentárselos a Sarah.
La recogí en su casa el viernes después de salir de la tienda
y nos fuimos a casa.
Había preparado una cena romántica con mis especialidades:
mousse de berenjena con gambas y rape al horno. Mucho cava fresquito y helado de
limón de postre.
Nos desnudamos y nos pusimos a cenar. Durante la cena me
contó su siguiente conquista. Y fue el hermano de su compañera de piso.
Blanca, que era su compañera, era de Madrid pero se había
independizado de su familia al empezar a trabajar, pero con los precios de los
pisos en Madrid decidió buscar un piso compartido, a través de conocidos comunes
se había puesto en contacto con Sarah, que había estado compartiendo piso con
una amiga del pueblo mientras estudiaba, pero ahora estaba sola. Blanca
trabajaba en una empresa en una zona industrial fuera de la ciudad, así que
nunca iba a comer a casa. Sarah, por el contrario, con su horario de comercio,
tenía tiempo de sobra para comer en casa.
Así que siempre estaba en ella a la hora de comer. El hermano
de Blanca lo sabía así que si alguna vez tenía algún encargo para su hermana se
acercaba por el piso a esa hora y se lo dejaba a Sarah.
Aquél día Fernando (el hermano de Blanca) se acercó a casa de
las dos amigas con la intención de coger unos cuantos discos de su hermana que
quería copiarse, se acababa de comprar un ordenador con copiadora de CD’s y
quería aumentar su discoteca copiando.
En cuanto Sarah lo vio entrar y con ganas de pasar un rato
revolviendo entre los discos de su hermana, sin prisas, decidió que necesitaba
un buen polvo. Así que lo invitó a comer. Fernando dijo que encantado.
Sarah se fue a cambiar la ropa de calle por ropa más cómoda
para estar en casa y trajinar por la cocina y dejó a Fernando en el salón
revolviendo entre los discos.
Tuvo la precaución de dejar la puerta de su cuarto abierta
mientras se cambiaba de ropa, con lo cual éste pudo ver desde el salón como se
quitaba toda la ropa menos el tanga que llevaba y se ponía una camiseta holgada.
No perdió detalle.
Se dirigió a la cocina a la que se accedía por el salón y
empezó a preparar una ensalada y unos filetes rusos en salsa de tomate. Cada
movimiento que hacía Sarah en la cocina estaba medido para dejarle ver a
Fernando su culo en el que se perdía la tirita de su tanga o sus pechos,
agachándose de modo que se le vieran por el escote. La táctica estaba
funcionando. Fernando, mostrando una incipiente erección se acercó a la cocina y
se ofreció para ayudarla.
Pon la mesa -le dijo Sarah.
Dónde están los platos y vasos
En el armario que está sobre mi cabeza –dijo Sarah
Fernando se acercó por detrás a Sarah y se apoyó sobre su
espalda mientras subía los brazos para coger los platos. Sarah pudo notar cómo
su verga ya bastante dura se clavaba entre sus nalgas. Fernando se tomó su
tiempo frotándose con morosidad contra ella. Volvió para coger los vasos y
repitió el movimiento.
En ese momento Sarah se volvió y lo abrazó apretándose contra
él y besándole en la boca. Fernando respondió apretando su polla contra el pubis
de ella y agarrándola las nalgas con fuerza.
Le quitó la camiseta y la aupó sobre la encimera de la
cocina. Le bajó el tanga y se despojó de los pantalones y calzoncillos. Sin
perder un instante más la penetró con violencia de una estocada. Tenía un pene
corto pero muy gordo con lo cual la embestida le dolió un poco a Sarah que se
quejó. Pero Fernando que estaba muy excitado por la exhibición de Sarah no tuvo
contemplaciones y siguió embistiendo con bastante poca dulzura. En cuanto la
vagina se acostumbró al grosor de esa polla indómita Sarah empezó a gemir.
Fernando mientras tanto amasaba los pechos de Sarah y les daba pellizcos, fue un
poco brutal pero Sarah, en medio del dolor que le producía encontraba un placer
nuevo y desconocido hasta aquel día.
Fernando hombre rudo siguió embistiendo sin piedad a Sarah
que pronto llegó a su primer orgasmo entre gemidos y los jadeos de Fernando.
Fernando decidió que era hora de cambiar de postura así que
la llevó en volandas hasta el salón y la puso a cuatro patas sobre el sofá y
siguió embistiendo en la postura del perrito. En esta postura aprovechó Fernando
para llenándose un dedo de saliva abrir el ano de Sarah. Ella era virgen por
detrás pero iba a dejar de serlo en pocos minutos.
Sarah estaba disfrutando de la penetración simultánea por
ambos agujeros y no fue consciente de las intenciones de Fernando hasta que fue
muy tarde. Se la sacó del coño y apoyándola fuerte sobre su ano apenas dilatado
la ensartó de un golpe. Sarah gritó de dolor, pero no le sirvió de nada. A
Fernando le gustaba correrse dentro de las chicas, pero para no dejar a ninguna
embarazada lo hacía siempre por el culo. Así fue como Sarah tuvo su primer polvo
por el culo. Como fue la primera vez y de forma un tanto brusca no lo disfrutó,
me dijo y no lo había vuelto a probar. Cuando Fernando se corrió dentro de ella
se fue a la cocina a buscar la ropa de los dos. El se vistió, le tiró la
camiseta y el tanga a Sarah encima, cogió los discos que había preparado y se
fue sin comer. Sarah se quedó llorando por el dolor del ano. Se fue a la ducha
se limpió con saña los restos que le había dejado Fernando y se tumbó en la
cama.
Estos son los riesgos que puedes correr si te dedicas
a buscar sexo sin elegir bien con quién –le dije
No es cierto. Al principio me sentí muy mal.
Utilizada como objeto de placer, pero luego fui consciente de que
Fernando me había violentado en la misma forma en que yo había violado a
Eduardo. Yo también lo había utilizado a él como objeto de mi exclusivo
placer. Lo único por lo que podía sentirme dolida era por su poca
delicadeza.
Tienes razón. La verdad es que yo todavía no he
tenido ninguna experiencia de ese tipo. Y es diferente para un hombre.
Hacía rato que habíamos acabado de cenar. Nos habíamos bebido
dos botellas de cava entre la cena y la finalización de su historia. Estábamos
recostados en el sofá yo tenía mi brazo sobre su hombro reposando mi mano sobre
su seno mientras lo acariciaba. Ella reposaba su cabeza sobre mi pecho y me
acariciaba con dulzura mi polla y mis huevos. Estaba en estado de empezar a
presentar batalla.
Si quieres, yo te lo haré como debe hacerse y lo
disfrutarás.
Sé que todo lo que tú me hagas me lo harás con
dulzura y con amor, así que nunca me harás daño. Por lo tanto puedes
hacer con mi cuerpo lo que quieras. –Me besó apasionadamente cuando dijo
esto.
Has expresado mejor que yo lo que yo mismo siento. Mi
cuerpo te pertenece, no tengo miedo de nada que quieras que hagamos
juntos. Sé que lo haremos con amor y con dulzura, y sólo para obtener
placer que es nuestra meta como magoyas.
Le devolví el beso, nuestros labios se sellaron y nuestras
lenguas ejecutaron un baile dentro de nuestras bocas en el que intercambiamos
mucho cariño. Cuando nos separamos ella me tumbó sobre el sofá y se incorporó
sobre mí metiendo mi verga en su boca. Yo intenté ponerla en posición de 69 para
ser recíproco con ella, pero no me dejó.
Paso a paso. No tenemos prisa, vamos a disfrutar de
uno en uno cada uno de los pasos.
Tú has empezado el juego, así que marca tú las reglas
–le dije.
La primera vez lo vamos a hacer a mi estilo. Luego te
tocará ti marcar las nuevas reglas.
De acuerdo.
Así empezó a comerme el rabo. Se lo metía entero y demoraba
en el momento en que el glande rozaba con la campanilla, al sacarlo estiraba la
lengua como intentando sujetarlo para que no se le escapase. Lo envolvía con la
lengua, lo mordía con una dulzura increíble lo apretaba y lo soltaba con su mano
en los momentos oportunos para producir un placer que jamás había sentido con
una mamada. Pero no notaba que fuera a correrme. Me hizo pensar en Marta y en
cómo controlaba el momento de la eyaculación con el ritmo que me marcaba.
Al cabo de varios minutos se sentó sobre mi verga y se la
introdujo en su coño. No quiso ponerme condón. Me dijo que tomaba la píldora
desde hacía mucho tiempo. Yo siempre lo hacía con condón porque Mamen mi novia
no quería tomar la píldora pues decía que producía muchos efectos secundarios y
luego costaba mucho quedarse embarazada. Y como ella pretendía, y yo estaba de
acuerdo, tener dos o tres hijos cuando nos casáramos, respetaba su decisión.
Empezó con movimientos suaves al principio, contoneándose y
apretando y soltando su vagina. Sentía en mi pene cómo era exprimido, alargado,
apretado, retorcido levemente. Se movía con la maestría de una experta. En el
momento que ella sintió que le llegaba su orgasmo decidió que me llegara a mí el
mío y con una clavada a pico extrajo de mis huevos una cantidad de leche que
rezumaba por su sexo mezclado con los abundantes jugos que ella había segregado.
Una vez recuperada del esfuerzo se tumbó sobre mi pecho sin levantarse de mi
polla y me besó sobre el corazón.
He encontrado la mitad que le faltaba a mi vida –me
dijo.
Creo que yo también – le contesté.
Cómo que creo? – me repuso airada.
Todavía nos faltan dos pruebas de fuego.
Tu dirás cuales son esas dos pruebas.
Muy sencillo. La primera la superaremos mañana: es
compartir el placer que nos damos con otras gentes y mañana con mis
alumnos podremos ver cómo funciona y cómo nos sentimos.
Y la segunda.
La segunda es no tener celos de las relaciones que
podamos tener fuera de nuestra pareja. Por ejemplo, yo con Jorge, tú con
cualquier cliente de la tienda. Por cierto no me has contado si fue el
hermano de Eduardo a comprarse un traje.
Pues sí vino a los cuatro días de que su hermano se
llevara su traje y sus calzoncillos.
Cuéntamelo.
De acuerdo, pero mejor nos vamos a la cama y te lo
cuento allí.
Muy bien, así cuando acabes con tu historia nos
echamos a dormir, pues mañana hemos de levantarnos temprano para la
clase.
Nos fuimos a la cama y empezó su relato.
A los cuatro días de haber tenido la experiencia con Eduardo
en el probador, apareció por la tienda un chico jovencito muy guapo, se parecía
bastante a su hermano de cara, pero en lo demás en absoluto. Si Eduardo estaba
bueno éste estaba superbueno. Si Eduardo tenía buen paquete este lo tenía el
doble. Y si Eduardo era tímido este no lo era para nada. No sé qué concepto
tendría Eduardo de su hermano menor, pero desde luego podía ser su maestro en el
arte de la seducción y del amor.
Entró en la tienda y se vino directo a por mí.
Señorita, necesito un traje para una boda y me ha
dicho mi hermano Eduardo que vd. me atendería de maravilla.
Ah! Así que tú eres el hermano de Eduardo. Me dijo
que vendrías. Encantada de conocerte.
¿Cómo quieres el traje, de sport o de mucho vestir?
De mucho vestir. Se casa mi hermana mayor en la
catedral y la cena es en el Ritz, así que no tan serio de color como el
de mi hermano, pero elegante.
Le enseñé varios modelos y eligió tres para probarse. Le
acompañé al probador y cuando iba a salir me dijo:
No hace falta que salgas. Así no perdemos tanto
tiempo con paseos por la tienda.
Como quieras. Era por respetar tu intimidad –le dije.
Ja, -rió con su mejor sonrisa.
Se quitó los zapatos y los vaqueros que llevaba y para mi
sorpresa no llevaba calzoncillos. Tenía un rabo de más de veinte centímetros y
circuncidado.
Me temo que tengo que salir, pues así no puedes
probarte los trajes.
No hace falta que salgas - Se acercó a mí y mientras
me besaba en la boca me subió la falda y me quitó el tanga que llevaba.
Desde la primera experiencia con su hermano había cambiado las braguitas
que solía usar por una colección de tangas de todos los colores. Me
excitaba usarlos con faldas cortas para provocar en cualquier lugar. Se
envolvió el capullo con mi tanga y me dijo, así ya no mancho los trajes.
Se dio media vuelta y me dejó con la falda subida y el coño
al aire. Eligió el primer traje se puso los pantalones y la chaqueta y mirándome
a los ojos me dijo.
Qué tal éste
Te queda muy bien – le contesté sin moverme.
Se lo quitó y fue a por el segundo, repitió la pregunta y yo
la respuesta.
No me convencen ninguno de los dos. Vamos a por el
tercero.
El tercero era un "príncipe de gales" gris oscuro, cruzado.
Muy elegante y apropiado para un cuerpo como el suyo. Se lo puso y cuando se
volvió a mirarme enarcó las cejas en señal de pregunta.
Soberbio. Con esa percha te queda como hecho a
medida.
En ese momento y sin mediar palabra se acercó a mí, se quitó
la chaqueta del traje y los pantalones y empezó a desabrocharme los botones de
la camisa. Me quitó la camisa y se encontró con mis pechos desnudos. Otra
costumbre que había adquirido recientemente era prescindir del sujetador.
Los tomó con sus manos ofreciéndoselos a su boca y
degustándolos como néctar, mientras su miembro lo restregaba contra mi pierna,
todavía flácido.
Yo lo cogí y le intenté quitar el tanga pero me lo impidió.
No, déjalo de momento ahí.
Como tú quieras.
Empecé a masturbarle mientras él me acariciaba los pechos y
las nalgas. Me dirigió al sofá sobre el que había "violado" a su hermano y se
tumbó sobre él arrastrándome sobre él en la posición del 69. Yo empecé a comerle
el rabo con el tanga todavía liado y él empezó a comerme el coño. Me metía la
lengua entre los labios buscando el botoncito del placer. Pronto lo encontró y
me hizo sentir maravillas. Mientras yo se lo chupaba y mordía su rabo crecía sin
parar. Nunca había visto un pollón semejante. El tanga, al crecer el rabo, le
apretaba y yo creo que estaba usando la técnica del carrete o alguna parecida,
apretando el glande obtenía más placer.
Yo tuve mi primer orgasmo. En ese momento me hizo cambiar de
posición. Me puso a cuatro patas sobre el sofá y empezó a apoyarla en mi vulva.
Seguía con el tanga puesto y seguía empujando, lo noté al entrar como me rozaba
internamente. Fue una sensación muy agradable. De aquel pedazo de carne sólo
estaba metiendo media y yo me sentía reventar. Siguió empujando suavemente, yo
no creía que fuera capaz de admitir en mi interior tanta carne, pero seguía
empujando despacio, creo que quería medir el fondo sin hacerme daño. Seguía y
seguía y mi coño engullía con hambre. Empujando suavemente llegó a metérmela
entera. Y en ese momento notó la pared de mi vagina que chocaba. La empezó a
sacar y meter imprimiendo cada vez un ritmo más rápido. Yo notaba cómo rebotaba
pero no me dolía, era una sensación única, además restregaba el tanga en mi
interior, lo cual me producía un cosquilleo maravilloso. Al cabo de sus buenos
diez minutos de mete-saca la sacó del todo y se quitó el tanga, la cabeza de su
polla de repente creció dos o tres centímetros más y me la clavó de nuevo, en
esa clavada, que fue un poco más dura que las anteriores se corrió dentro de mí.
Noté como un volcán que entra en erupción dentro de mi cuerpo, tal era el calor
de la leche de aquel semental. En esos momentos yo también exploté en un
tremendo orgasmo que hizo que me flaquearan las piernas apoyadas en el sofá. Me
quedé prácticamente sostenida en todo mi peso de ese rabo monumental.. El me
sujetó con las manos para evitar que cayera y me levantó hacia él. Sin sacármela
me dio la vuelta en el aire quedando frente a él y pude abrazarme a su cuello y
rodear sus caderas con mis piernas, quedando así en una postura en la que no
descargaba todo mi peso sobre esa barra de hierro que tenía ensartada. Después
del orgasmo que había tenido, el chico seguía queriendo más así que sujetándome
por el culo empezó a hacerme saltar de nuevo sobre su rabo y en cinco minutos
volvimos a tener otro orgasmo con nueva erupción de lava lechosa en mi interior.
Estaba destrozada. Me depositó con cuidado en el sofá y me besó delicadamente en
los labios.
Es verdad todo lo que me dijo mi hermano. Voy a
cambiar de tienda y volveré siempre a comprar aquí mi ropa.
Vuelve cuando quieras. Incluso si no vienes a comprar
también te atenderé como te mereces. Nunca había tenido un cliente como
tú –le dije.
El se puso sus vaqueros en los que no consigo entender
todavía cómo era capaz de abrochárselos manteniendo dentro el instrumento sin
reventarlos, y se metió mi tanga en el bolsillo trasero, dejando que se viera.
Yo me puse la camisa y la falda y salimos a envolver y pagar el traje.
Mi jefe vio el tanga en el bolsillo de su pantalón y me vio
arrebolada, así que sospechó que algo había pasado en el probador. Cuando se fue
el chico se me quedó mirando intentando adivinar aunque sin preguntarme nada.
Y así acabó experiencia con el hermano.
Yo que me había excitado muchísimo estaba totalmente
empalmado así que me iba a ser imposible dormir sin despejar el problema, así
que le pedí ayuda. Sarah me masturbó con dulzura y cuando iba a eyacular se la
acercó a la boca y se la tragó. Me dio un beso seminal de buenas noches y nos
dormimos.
Continuará.
Agréguenme y háganme sus cometarios.
cmagoya@hotmail.com