/* Tras la tarde con Sergio, Luis acaba haciéndolo con Rosa,
aunque a éste no le es fácil correrse. La tardanza en correrse se presenta por
los pensamientos de Luis y por la intromisión de la gente. Pero parece que con
Sergio la cosa no iba a ser solo sexo: cuando Rosa y Luis se despidieron, Sergio
le dijo a Luis que estaba enamorado de él.*/
Un beso en el momento justo por parte de Sergio hizo que Luis
reconsiderara lo de enamorarse de Sergio. Cuando se despidieron tras la llegada
de los padres de Sergio, Luis tomó la iniciativa y le besó.
Cuando Luis llegó a la calle, comenzó a pensar en todo
aquello. ¿Estaba enamorado de Rosa o de Sergio? Quizá lo de Sergio fuera un
desliz, pero, entonces ¿por qué no podía dejar de pensar en él? ¿Y si el desliz
era su relación con Rosa? Con todas esas preguntas sin respuesta, Luis llegó a
su casa.
Por su parte, Rosa se había dado cuenta de que Luis estaba un
poco raro aquella tarde: otras veces no le había costado tanto hacerlo con ella
y menos que se le pusiera dura. La chica pensó que le estaba engañando, pero
supuso que eso no podía ser: Luis no era así. Era imposible que le estuviera
engañando. Entonces, dejó de pensar en ello y comenzó a pensar en lo bueno de
esa tarde, y no precisamente la película.
Sergio parecía el único totalmente convencido de lo que le
pasaba. Estaba enamorado de Luis, aunque parecía que éste no lo estaba de
Sergio. Tenía que contárselo a alguien, pero ¿a quién? Pensó en su primo, el
hermano de Rosa, pero descartó la idea. ¿Qué es lo que pensaría si supiera que
su primo es gay?
A la tarde siguiente de que ocurriera lo de Luis y Rosa,
Sergio, Manuel y los amigos de éstos iban a pajearse juntos. Aunque fuera la
primera vez, Sergio sabía muy bien como iba a empezar aquello: nada más que
llegaran los invitados, Manuel pondría la película que el mismo llevaría;
después, los más atrevidos comenzarían a pajearse por debajo del pantalón, sin
quitárselos; y, cuando ya la cosa estuviera caliente, todos empezarían a
pajearse, ya con todo quitado. Y eso era lo que más miedo le daba a Sergio.
¿Cómo iba a aguantar viendo todas esas pollas?
En esos pensamientos andaba cuando Manuel le llamó por
teléfono:
-
Oye, tío, que he hablado con Juanjo y con Pedro y sí
quieren pajearse con nosotros.
-
¡Genial! ¿A qué hora vais a venir?
-
Pues sobre las seis. ¿Te parece bien?
-
¡Qué va! Tengo clase con Luis.
-
Dile que no puedes. Que tienes cosas importantes que
hacer.
-
Ya, pero luego se lo cuenta a mi prima, ésta a mi madre y
ya tenemos el lío montado.
-
Bueno, pues que se pajee con nosotros jajaja.
-
Sí, claro. Es una idea genial: estar con mis amigos y mi
profesor masturbándome.
-
Eh, tío que era una broma. Pues lo que puedes hacer es
adelantar la clase.
-
Sí. Eso sí podré hacerlo. Entonces, lo dicho: quedamos a
las seis en mi casa.
Cuando colgó, fue a llamar a Luis. Era perfecto: le contaría
a Luis lo que le pasaba y éste le diría lo que puede hacer.
-
¿Está Luis? – preguntó Sergio cuando la madre de Luis
cogió el teléfono.
-
Sí, ahora se pone.
-
¿Dígame?
-
Luis, soy Sergio. Oye, ¿puedes venir antes hoy? Es que a
las seis he quedado.
-
Sí, vale. Hoy no tengo ningún plan. Rosa se va al pueblo.
-
¿Y Manuel no?
-
Me parece que no. Es que tiene que hacer no sé qué.
-
Te tengo que preguntar algo. Verás…
-
Espera. Ya me lo preguntarás allí. Además, tenemos que
hablar.
Tras colgar, Sergio empezó a pensar: tenían que hablar. Eso
era mala señal. Seguramente quería dejarlo con él. Pero, ¿qué es lo que iban a
dejar si Sergio dudaba de que tuvieran algo? Sería mejor no pensar en ello.
Pronto llegaron las cuatro y media, hora en la que Sergio
había quedado con Luis. Éste llamó a la puerta y Sergio le abrió. Antes de que
Sergio pudiera decir nada, Luis comenzó a hablar:
-
Verás, Sergio. Yo creo que deberíamos dejarnos de
tonterías.
-
¿A qué te refieres?
-
Pues a lo nuestro. Creo que debemos dejar de vernos.
-
Pero, ¿y las clases?
-
Será lo único para lo que nos veamos.
-
¿Por qué? ¿Es que no te gustó la experiencia?
-
Sí, sí me gustó, pero no podemos seguir.
-
Ya. Bueno. Vamos a dar la clase.
Después de eso, era evidente que Sergio no podía contarle lo
de la paja en grupo de aquella tarde, así que la clase siguió sin ninguna
"sorpresa". Poco antes de que acabaran, a Luis le llamó Rosa para quedar al día
siguiente.
Eran ya las seis menos veinticinco, o sea, que la clase ya
había acabado, pero Luis seguía allí, hablando por teléfono. A Sergio no le
habría importado si no fuera porque alguien llamó a la puerta y ese alguien
resultó ser Manuel con dos chicos más. El más alto era Juanjo y tenía un año más
que Sergio y Manuel; era delgado y rubio, con los ojos verdes. El otro, más
gordo que Manuel, era Pedro; era moreno con los ojos marrones y de la misma edad
que Sergio y Manuel.
Tras un pequeño saludo, Manuel cogió la película y la puso en
el DVD. Sergio intentó detenerle, pero los otros ya no podían más. Cuando las
escenas eróticas empezaron, Juanjo y Pedro, contrario a lo que pensaba Sergio,
se la sacaron sin más preámbulos. Sergio no podía creerlo: Luis estaba en la
habitación de al lado, mientras sus amigos estaban con los pantalones y los
calzoncillos por los tobillos.
Antes de que Sergio pudiera reaccionar, Luis llegó al salón
donde los chicos estaban viendo la película. Juanjo y Pedro se quedaron mudos y
de la impresión, se quedaron con la polla de la mano, sin saber que hacer.
Sergio se moría de vergüenza, al igual que Manuel.
-
Pero, ¿qué pasa aquí? – preguntó Luis atónito.
-
Nada, es que estos… ¿No habíamos quedado a las seis?
-
Sí, pero estos ya andaban muy calientes. Verás, Luis –
comenzó Manuel, – hemos venido aquí a hacernos una paja en grupo – la
sinceridad de Manuel cortó el rollo a los otros dos, que se la guardaron en
el acto.
-
No sí eso ya lo veo. Pero podíais haber esperado a que me
fuera.
-
No hace falta. Quédate aquí y hazte una paja con nosotros
– dijo Manuel con naturalidad.
-
¿Qué? – gritó Sergio, incapaz de creer lo que Manuel
había dicho.
-
Vaya, gracias por el ofrecimiento, pero me parece que no.
-
Anda, venga. Que hoy no está mi hermana y no vas a poder
hacer nada más por correrte. ¿Qué mejor que una paja en grupo?
Los tres chicos estaban incrédulos, pero ninguno más que
Luis. Su cuñado, de trece años, le estaba invitando a hacerse una paja con él y
sus amigos. Y además tenía razón: hoy no podía ir con Rosa, así que pensó que
sería buena idea.
-
Vale, acepto – dijo Luis.
-
Genial. Pues venga, que ya no aguanto más.
-
Será broma, ¿no, Luis? – preguntó Sergio.
-
No. ¿Por qué? ¿Te da vergüenza?
-
¿Qué más da, Sergio? Así vemos una polla más avanzada –
dijo Juanjo, sacándosela de nuevo.
-
Sí. Además, da más morbo – comentó Pedro, imitando a
Juanjo.
Manuel también se liberó de los pantalones y los
calzoncillos, mostrando su aceptable polla. Luis y Sergio se miraban. Ambos
estaban en el paraíso, pero ninguno quería admitirlo. Entonces, Sergio también
se la sacó y Luis no tardó mucho más. Los tres chicos miraron al instante como
era la polla de Luis.
Una vez hubieron perdido la vergüenza, comenzaron a mirar la
película. Un hombre mostraba su monstruosa polla a una chica de unos veinte
años, la cual se agachaba a mamársela. Los chicos comenzaron a cascársela,
mientras veían como la chica se desnudaba y dejaba ver sus esbeltos pechos.
Juanjo estaba pensando en que él era el hombre y la tía esa
se la mamaba a él. Con ese pensamiento, su polla estaba bastante tiesa, pero no
mediría más de 14 cm. Echó un vistazo a los demás y vio que el parecía el más
caliente de todos, así que siguió pajeándose, pensando en aquella escena. No lo
hacía ni lento ni rápido, sino a un ritmo normal. Se cubría el capullo entero y
luego bajaba la piel hasta el final. Sin dejar tiempo a nada más, volvía a
hacerlo. Cada vez iba más rápido, pero entonces se dio cuenta de que se iba a
correr pronto.
Mientras tanto, Pedro pensaba en lo mismo que Juanjo. También
la tenía dura del todo, pero la edad se notaba y la polla de Pedro era de unos
12 cm. Tenía una técnica bastante distinta. Mientras con la mano izquierda
agarraba su polla entera, con la derecha agarraba sus huevos. Parecía disfrutar
porque cada vez iba más rápido. Miró, a los demás, para ver como iban, y aflojó
un poco el ritmo.
Los pensamientos de Manuel no eran ni parecidos a los de sus
amigos. La imagen del día anterior en el que Sergio la tenía dura, le hacía
cascarse una buena paja. Si a eso le añadía que ahora le estaba viendo la polla,
se iba a correr casi sin tocarse y no quería hacerlo tan pronto, pero sus 13 cm.
de polla no parecían pensar lo mismo porque se corrió poco después de empezar la
paja. Ninguno pareció darse cuenta, por lo que empezó otra.
Los ojos de Sergio examinaban uno a uno como se estaban
haciendo la paja, pero lo que más le ponía era que el chico al que quería
estuviera allí con él y con sus amigos cascándosela como si nada. Se acordó de
lo que hicieron el día anterior y pensó en cuando lo repetirían. Sin embargo,
Luis no estaba muy por la labor. Aun así, se acercó más a él y comenzó a
cascársela más rápido. Si seguía así pronto acabaría.
Aquella situación le parecía de lo más extraña a Luis. Era su
primera paja en grupo y, para colmo, estaba rodeado del primo de su novia, el
cual le gustaba, de su cuñado y de sus dos amigos. La verdad es que aquella
situación le ponía bastante, pero no quería pensar en que eso le calentaba.
Prefirió pensar en lo que hizo con Rosa en los servicios, que no había estado
nada mal, después de todo. Aún así, su mente prefirió recordar el momento en el
que Sergio y él se acostaron, dando lugar a que se corriera. A ojos de los
demás, que no habían visto correrse a Manuel, fue el ganador.
Como Luis estaba sentado enfrente de Pedro, a este le llegó
un poco del semen de Luis, pero estaba demasiado ocupado como para preocuparse
de aquello. Al lado de Pedro estaba Juanjo y en frente de este, estaba Manuel,
quien, aunque fuera por la segunda, estaba disfrutando al máximo y gemía de
gusto. Pronto, Juanjo se corrió y fue casualidad que la corrida le llegara justo
en la boca de Manuel, que la tenía abierta y la tragó sin pensarlo.
-
Lo siento, Manuel. No quería… - se disculpaba Juanjo.
-
¡Calla, que me desconcentras!
El siguiente en correrse fue Sergio, que, como no fue más que
un poco, pues no le dio a nadie. Luego se corrió Pedro, aunque no lo parecía
porque le salió poquísimo. Finalmente, Manuel se corrió. Se notaba que se había
corrido hace poco porque no le salió casi nada. Una vez se hubieron limpiado, se
vistieron.
-
Ha estado genial – decía Pedro.
-
Sí, no ha estado mal – corroboraba Juanjo.
-
Y lo mejor es la puntería de Juanjo. Jaja – dijo Sergio.
-
Que gracioso. Pues que sepas que no sabe tan mal –
contestó Manuel.
-
¿En serio te ha gustado?
-
Ni me gusta ni me disgusta.
-
¿A ver si vas a ser gay? – preguntó Pedro entre risas.
-
Sí, claro – dijo Manuel.
Tanto Sergio como Manuel se preocuparon de aquel comentario:
ambos eran gays, y, evidentemente, ninguno se había atrevido a decirlo. A Luis
tampoco le hizo gracia aquel comentario, ya que él no tenía muy clara su
sexualidad. "A estas alturas" se decía a sí mismo.
Cuando todos se hubieron recuperado, se marcharon, dejando
solos a Luis y a Sergio.
-
Bueno. ¿Qué te ha parecido? – preguntó Sergio.
-
Un poco raro. ¿Y a ti?
-
No ha estado mal. Eso sí, Manuel tiene razón: el semen no
sabe nada mal.
-
Por lo menos el tuyo – dijo Luis ante la atónita mirada
de Sergio.
-
Vaya. Oye, siento que se presentaran así…
-
Déjalo. Escucha: me gustaría decirte algo. Verás, creo
que tú también me gustas.
-
¿En serio?
-
Sí. No lo quería admitir, pero lo de esta tarde lo ha
dejado claro.
-
¿Y qué es lo que vamos a hacer?
-
No lo sé. Es muy extraño. Yo quiero muchísimo a tu prima,
pero también te quiero muchísimo a ti, así que no se que hacer.
-
La verdad, no esperaba esta reacción.
-
Ya me imagino. Bueno, me voy.
Luis y Sergio se despidieron con un gran beso. Luis se fue
hacia su casa, pensando en todo lo que había pasado. Era verdad: se estaba
enamorando de Sergio, pero el problema es que se lo tenía que decir a Rosa.
¿Cómo le iba a contar aquello? Por su parte, Sergio estaba dispuesto a
contárselo a todo el mundo, aunque sabía que muchos no le iban a aceptar, sobre
todo, su primo Manuel.
Pero lo que menos sabía Sergio es que a Manuel también le
gustaba Sergio y se lo tenía que contar a alguien. Como no sabía a quien, pensó
en contárselo a Luis, ya que tenía mucha confianza con él.
De camino a casa, a Luis le sonó el móvil, pero se apagó en
el momento: se le había acabado la batería. Intentando llegar pronto a casa, se
encontró con Álvaro y Noelia. La chica estaba especialmente alegre aquella
tarde.
-
Hola, Luis. Noelia ya me ha contado lo que hicisteis Rosa
y tú.
-
Vaya. A ésta tampoco se le puede contar nada.
-
¿A quién se le ocurre hacerlo en los baños?
-
A Rosa, a quien va a ser.
-
Bueno, pues nosotros vamos a intentarlo – dijo Noelia.
-
¿En serio? Me alegro.
-
No sé. No estoy muy seguro.
-
Anda, deja de decir bobadas. Ya verás que bien.
Noelia tenía ganas de marcha así que se despidieron y cada
uno se fue por un lado. Cuando llegó a casa para poner a cargar su teléfono, le
llamaron al fijo. Resultó ser Sergio. El chico le dijo a Luis que le iba a decir
a todos los gustos que tenía. Pero los caprichos de Sergio no terminaron ahí.
Sergio colgó en el momento en que dijo eso. "¿Dejar a Rosa?
No puedo hacer eso. Pero tampoco quiero perder a Sergio". Luis estaba librando
una gran lucha, pero ¿sería capaz de resolverla pronto? Sergio o Rosa.
Mientras, Manuel seguía llamando a Luis, pero seguía
teniéndolo apagado. En ese mismo momento, Noelia y Álvaro entraban en casa de la
chica, ya que estaba sola y podrían hacer lo que quisieran. También en ese
instante, Sergio pensaba en lo que le había hecho a Luis, pero no estaba
contento del todo, por lo que llamó a un amigo suyo, un amigo un tanto especial:
se llamaba Diego y no era, precisamente, trigo limpio.
¿Conseguirá Manuel hablar con Luis antes de que Sergio y él
vuelvan a hablar? ¿Se quedará Luis con Rosa o se irá con Sergio? ¿Será la noche
en la que Noelia cumpla su sueño con Álvaro o éste se echará par atrás? Y, lo
más importante ¿quién es Diego?
En el próximo capítulo, Noelia y Álvaro solucionarán sus
problemas. ¿O no? La chica intenta hacerlo con él, pero al chico le gustan más
los preliminares. ¿Dejará Álvaro de ser virgen esa noche?
/* NOTA A LOS LECTORES: Espero que os esté gustando mi
historia, así que me gustaría que, en caso afirmativo, me lo confirmaran y, en
caso negativo que me dijeran qué está mal. Me gustaría saber vuestras opiniones.
Gracias. */