La dulce venganza
Después de la experiencia anterior (
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Adriana me prometió, con una cara de seria muy fingida, que se vengaría de mí.
Pasadas unas semanas, y cuando yo ya tenía en el olvido su
amenaza, Adriana y yo quedamos de salir a bailar… el clásico calentón para
después irnos a mi departamento. Sin embargo esta vez me extrañó que me pidiera
que nada de sorpresas porque quería estar tranquila conmigo.
Todo un caballero, pensaba cumplir con su petición al pie de
la letra, y cuando comenzamos a besarnos en el sillón mis intenciones eran de un
sano y relajante polvo.
Estábamos medio desnudos ambos cuando su celular le avisó que
tenía un mensaje y lo respondió sin decirme nada, lo lógico pues hasta después
no me enteré de que era el famoso mensaje.
Seguimos en lo nuestro y cuando yo ya estaba desnudo y ella
sólo en bragas sonó el timbre de mi departamento. Ya iba a responder a la puerta
cuando Adriana me dijo que esperara que ella iba a abrir. Esto me hizo sospechar
que yo iba a ser el sorprendido está vez, pero nunca de la forma en que lo fui.
Mis ojos casi se salen de mis órbitas cuando aparecieron por
la puerta del cuarto Adriana y una mujer espléndidamente enfundada en un vestido
a medio muslo, entallado al cuerpo y cuyas curvas eran desde lejos peligrosas.
Pasada la sorpresa inicial y luego de las presentaciones de
rigor, Gabriela se llamaba la amazonas aquella, me dispuse a disfrutar de lo que
pensé era para mí, cuando Adriana me dijo secamente: -Tú sólo puedes ver- y
añadió con suficiente credibilidad como para que yo aceptara sumiso: -Si la
tocas a ella todo se acaba-
Mis ojos aceptaron pues mi boca no pudo reaccionar. Ante mis
ojos Adriana fue desnudando a Gabriela lentamente. Sus labios se apoderaron de
los pezones de esa nueva compañera de juegos, pezones que coronaban dos
espléndidos pechos, grandes y henchidos de placer.
La pequeña boca de Adriana se abría y dejaba salir la lengua
para castigar los pezones con golpecitos que sin duda eran de todo menos
dolorosos. Sus dientes se apoderaban a ratos de ellos y daban pequeños tirones
que hacían a Gabriela realizar una mueca de placer que repercutía, como por arte
de magia, en mi pene que subía y bajaba de los espasmos de placer que la escena
me provocaban.
Mientras su boca chupaba esos pechos deliciosos fue
despojando del resto de su ropa a Gabriela y cuando la tuvo desnuda se irguió al
lado de ella y comenzaron a restregar sus pechos con lujuria mientras se daban
unos besos tan húmedos que hasta resonaban en la habitación.
Adriana se despojó de su braguita, última prenda de ropa en
uso en toda la casa y comenzaron ambas a acariciar sus vaginas lentamente sin
dejar de besarse.
Pronto Adriana me pidió salir de la cama donde me había
sentado embobado a contemplar la escena lésbica que me ofrecían, y rápidamente
ocuparon mi lugar.
Los besos y caricias que se dieron son difíciles de escribir,
pero cuando Gabriela acostó a mi amiga Adriana boca arriba y se metió entre sus
piernas casi tengo un orgasmo. Esa bella mujer chupando la vagina de mi
deliciosa amiga, que gemía y se retorcía con lujuria (esa era una de sus
fantasías más frecuentes al masturbarse según me había dicho)..
Poco a poco sus gemidos empezaron a llenarse frases: -chúpame
Gaby, méte la lengua en mi pepita- y luego añadía: -méteme un dedo, si! Mueve la
lengua- y otras más que no me molestaré en escribir.
Yo estaba a reventar y cuando Adriana me pidió que se la
pusiera en la boca no duré ni medio segundo en estar a su lado y meter mi pene
en su boca. Mientras Adriana me chupaba con gula me quedé observando a Gaby,
quién ni siquiera me alzaba a ver, y cuya boca estaba pegada como una ventosa al
sexo de mi amiga.
Muy pronto Adriana alcanzó un orgasmo, resoplando con
violencia con la cabeza de mi pene rebotando sobre sus labios.
Gaby se tendió en la cama como cansada por el esfuerzo de su
lengua y Adriana me dejó de nuevo solo para ir a devolverle el favor a su amiga.
En este momento sí que me acerqué a ellas y me acosté de
costado para ver de cerca la boquita de mi amiga dándole placer a otra mujer.
Veía su lengua juguetear con el clítoris, restregarse contra los labios menores,
recorrer el pliegue de piel entre los labios mayores y los muslos. Veía los
labios aprisionar cada pliegue de piel de aquel manjar y los sonidos que se
producían me llevaban a la gloria.
En un momento de lucidez decidí participar y me puse detrás
de Adriana y comencé a acariciar su espalda y sus nalgas. Luego me acosté sobre
ella y, aprovechando la humedad que Gaby había dejado en su vagina la penetré
desde atrás, con ella acostada entre las piernas de su amante.
Como soy un poco más alto que ella mi cabeza quedaba a su
altura y pude seguir viendo aquella mamada de campeonato que la daba a la
Gabriela, y comencé a hablarle al oído como sabía que le gustaba:
-Te gusta el sabor de su pepa-
-Sientes el calor en tus dedos cuando los metes en su vagina-
-Chúpale el culo también-
-Te imaginas que tus amigas te vieran entre las piernas de
otra mujer-
Y otro montón de sandeces producto de la calentura del
momento. Seguí un rato en su vagina y pronto la saqué para hacerme con su
culito. Ella resoplaba con fuerza sin separar la boca de la vagina de Gabriela y
luego chupaba con más furia.
Gabriela abrió la boca por primera vez desde el saludo
inicial (al menos para hablar) y me dijo: -Dale duro por el culo porque así
chupa más rico-
Yo estba loco de la lujuria de la escena y le daba a Adriana
con fuerza mientras la veía mamar a otra mujer.
Gabriela levantó sus piernas hasta pegar sus rodillas a su
pecho y le pidió a Adriana que le chupara el culo. Yo pensé ansioso que me iba a
pedir que la enculara a ella, pero fueron dos dedos de Adriana los que se
perdieron por ese delicioso trasero mientras mi pene hacía lo propio en el suyo.
Yo estaba a punto de correrme y Adriana lo notó, dejó a Gaby
en medio de un orgasmo (cuyos gemidos eran los causantes de mi pronta
eyaculación) y me pidió que lo hiciera encima de ella. Yo apunté a sus pechos,
como sabía que le gustaba, pero ella tomó mi pene y lo dirigió a su vagina.
Dos caricias fueron suficientes para que soltara mi semen
encima de su deliciosa pepa y apenas había terminado cuando Gabriela me desplazó
de lugar para lanzarse a chupar mi semen que empapaba la depilada vagina de
Adriana.
Mi cara de asombro se transformó en una leve sonrisa cuando
Adriana me dijo:
-Fue lo único que me pidió a cambio de esto-
Gabriela se despidió con un beso en la boca de Adriana y un
gesto frío hacia mí y nos dejó a los dos descansando de tanto placer.