He tenido varias relaciones, pero ninguna ha durado más de
seis meses. Normalmente me agobian las relaciones en las que una tiene que
atarse, vincularse en cuerpo y alma a una única persona porque es lo que está
bien visto. Pero qué maleducada soy, todavía ni me he presentado. Me llamo
Sofía, pero los que me conocen me llaman Nenuka porque de pequeña mi madre decía
que me parecía a los bebés que salen en la foto de la famosa colonia (ya ves,
todas las madres dicen lo mismo), pero a mi se me quedó el mote y desde entonces
todos me llaman así. Tengo 26 años, soy castaña con ojos negros y piel morena,
pelo largo, rizado y con una talla cuarenta (no me interesa saber mis medidas,
no lo necesito). Tengo un hermano mayor, me lleva un año y medio así que siempre
hemos compartido todo, escuela, música, amigos… siempre hemos salido juntos
aunque eso no quita las famosas peleas en las que nos hemos enfrascado como
todos los hermanos del mundo, una vez recuerdo ver volar una tarrina de helado
hacia mi cabeza porque no quería que él la probase.
Todo lo que os voy a contar pasó hace unos años en la noche
en la que cumplí los 19. Era verano y mis amigas me habían preparado una fiesta
en un restaurante donde reservaron un saloncito para nosotras solas. Allí
estuvimos cenando hasta que llegó la hora del postre y fue cuando empezó la
ronda de los regalos. Fueron llegando a mis manos todo tipo de obsequios, un
libro, unos zapatos, el típico bolso, ropa interior y el gran regalo que dejaron
para el final. Me dijeron:
-"Toma Nenu, esto para cuando te sientas sola…"
Y me dieron un paquete muy bien envuelto, con lacito y todo.
Me imagino que ya sabréis cual fue el regalito. Pues si, un consolador, también
podréis imaginaros cuál fue la cara que se me quedó cuando terminé de
desenvolverlo. No había pasado más vergüenza en los días de mi vida pero bueno,
de eso se trataba, de echar unas risas y pasarlo bien.
Cuando terminamos de cenar llamamos a la cuadrilla de los
chicos que estaban por ahí, tomando unas copas y nos fuimos todos juntos a
celebrarlo, entre ellos se encontraba mi hermano, Adrián.
Adrián era chispa más o menos como yo, moreno, con los ojos
más claros casi miel, y más alto. Tenia un cuerpo bien formado ya que le gustaba
cuidarse y de vez en cuando se dejaba caer por el gimnasio, pero sin
exageraciones, más bien un chico normalillo.
Hacia unas semanas que había terminado con mi chico y aquella
noche era la primera que salía después de lo sucedido así que decidí que iba a
darlo todo. Nos reunimos todos en el Orinocco, una sala que sólo se empezaba a
llenar a partir de las 3 de la madrugada y allí fue donde empezamos la ruta. Yo
llevaba unos pantalones negros de raso con el talle tan bajo que dejaba ver mi
ombligo y una camisa de gasa blanca con un gran escote que dejaba al aire mi
espalda y por delante podríamos decir que sólo tapaba lo justo y necesario.
Cuando llegamos al local, los chicos ya estaban dentro esperándonos.
Pude apreciar cómo Pedro le decía a mi hermano algo al oído y
seguidamente Adrián se acercó y me preguntó "¿No crees que puedes coger algo de
frío así?" a lo que yo respondí sonriendo "Métete en tus asuntos hermanito y
déjame disfrutar de la noche".
Pedro era un amigo de toda la vida que se había mudado a otra
ciudad y al que hacia unos dos años que no veía así que con motivo de la
celebración decidió que era buen momento para reencontrarse con la pandilla.
No te recordaba así de linda Sofía- dijo.
Es que hace mucho que no te dejas ver.
Me ha contado tu hermano que lo has dejado con Carlos.
Si, hace unas semanas. Pero ahora no es tiempo de pensar
en esas cosas así que invítame a una copa que para eso es mi cumple.
Pedro se acercó a por una copa para mi y no se separó en toda
la noche de mi lado, bailamos, hablamos, nos pusimos al día de todo lo que había
pasado en estos años.
Fuimos cambiando de local y a medida que iba pasando la noche
el alcohol se iba notando en todas nuestras acciones. Pedro cada vez se acercaba
más, de vez en cuando buscaba una excusa para rozarse conmigo, algo a lo que yo
no ponía impedimento alguno, hasta que Silvia me cogió del brazo y me pidió que
la acompañase al servicio.
Nenu, ¿No te has dado cuenta?
Claro que si. Pedro no para de buscarme y como siga así
creo que me va a encontrar, me esta poniendo a mil.
Yo no me refiero a Pedro, sino a Adrián.
¿Cómo?
No sabía a lo que se estaba refiriendo Silvia, pero lo cierto
es que lo había notado un poco irascible durante toda la noche aunque lo achaqué
a que estaba bebiendo demasiado.
Fíjate ahora cuando salgamos, no para de mirarte, yo creo
que no le hace ni pizca de gracia el tonteo que te traes con Pedro.
Anda ya, cómo le va a importar.
Pues tu dirás lo que quieras pero cada vez que se te
acerca, Adri pone una carita…
Cuando salimos del servicio Pedro me estaba esperando con
otra copa, la cogí y seguidamente le di un beso en los labios.
¿Y esto qué significa?- me dijo.
Nada, que necesito un hombre cerca esta noche.
Pude ver la reacción de mi hermano, se vino hasta donde yo
estaba y me dijo
¿No crees que ya has bebido bastante por hoy?
No lo suficiente.
¿Qué te traes con Pedro?
¿Y a ti qué te importa?
Mucho, no quiero que te vuelvan a hacer daño.
¿Pero de qué me estas hablando? Sólo me estoy
divirtiendo, esta es mi noche ¿no?
No podía creerlo, mi hermano me estaba celando. Me había
visto mal en otras ocasiones en las que había dejado alguna relación, pero nunca
me había hablado así. Noté algo más en su tono de voz, algo que nunca me hubiera
imaginado. Pero me gustaba, así que seguí la noche calentando a Pedro, pero no
me importaba él, sino la reacción que provocaba en mi hermano. Lo acariciaba sin
reparos, le comía la boca. Hasta que Adrián se acercó a nosotros y le dijo a
Pedro que le gustaría bailar conmigo antes de que se acabase la noche entonces
mi hermano me rodeo con su brazo por la cintura y me pegó a él. El resto pensó
que estábamos de broma, pero vi cómo me miraba fijamente y cómo iba bajando sus
ojos por mi escote. No se por qué pero eso me excitó de sobremanera. Me giré y
pegué mi espalda a su pecho, arrimé mi culo a su paquete y empezamos a movernos,
notaba su aliento en mi cuello y cerré los ojos. ¿Qué estaba pasando?. Noté su
erección dos segundos más tarde, yo me dejaba hacer, él me guiaba, me llevaba y
cada vez me ponía más cachonda.
Chicos ¿nos vamos?
Pedro rompió el encanto.
Si, pero a casa, que Sofía ya ha bebido suficiente.- dijo
Adrián.
No te preocupes por ella, yo la acerco luego si quieres.
No, se viene conmigo que luego me cargo yo la bronca de
mis padres por ser el mayor.
Y de esta forma me sacó de allí, me montó en el coche y nos
fuimos a casa. No dijo nada durante todo el recorrido, pero yo no pude evitar
mirarle de arriba abajo, parándome en su paquete, no era poca cosa lo que había
notado minutos antes en mi culo mientras bailábamos. Cerré los ojos justo antes
de llegar.
Nenuka, ya hemos llegado, venga despierta.- me susurró.
Entonces me abracé a él y le di un beso en la mejilla, pero
un beso suave, lento, diferente a los que le había dado hasta el momento.
Una vez en mi cuarto, ya en la cama, no podía dejar de pensar
en lo sucedido esa noche, cada vez que recordaba el bailecito con mi hermano me
recorría un escalofrío por toda la espalda, estaba empezando a ponerme cachonda
otra vez, así que me acordé del famoso regalito que me hicieron mis adoradas
amigas, me levanté, y busqué por el bolso hasta encontrarlo, me aseguré de que
el pestillo de mi habitación estuviese echado y me volví a la cama, pero me
olvidé de otra puerta, la que daba al baño que a su vez se comunica con la
habitación de Adrián, ambos compartimos baño, uno exclusivo para nosotros.
Empecé a familiarizarme con el aparato, nunca había usado
uno, tampoco me había masturbado sola, siempre lo hacia cuando estaba con mi
pareja a modo de excitarnos los dos así que respiré hondo, cerré los ojos y
empecé a acariciarme lentamente, primero por encima de la camiseta que llevaba,
era la misma que usaba desde pequeña una con un dibujo de los Picapiedra, con la
diferencia de que ahora me queda bastante más ajustada, pero me encanta. En
cuestión de segundos mis pezones estaban erectos y mis pechos duros y tersos,
seguí su contorno con los dedos, bordeándolos, fui bajando mi mano derecha
acariciando mi vientre, rodeando mi ombligo y llegando hasta mis ingles, empecé
a gemir suavemente, con la boca entreabierta intentando no hacer demasiado
ruido. Abrí un poco mis piernas y pasé mis dedos por encima de mis braguitas,
sobre mi parte más íntima, noté cómo la excitación ya estaba haciendo efecto por
la humedad que presentaba mi ropa interior así que decidí deshacerme de ella.
Fue entonces cuando empecé a acariciarme el coño despacio,
con cierta cadencia, lo llevaba completamente depilado, mientras, notaba que
poco a poco cada parte de mi cuerpo hacia su trabajo, estaba cada vez más
mojada. Cogí el consolador y lo pasé varias veces por mi rajita con la intención
de que se fuese lubricando con mi propio flujo, estaba muy cachonda, mis caderas
se movían con ritmo y mi respiración se fue acelerando cada vez más hasta que
por fin sin pensarlo más introduje el vibrador hasta lo más profundo de mi ser.
No pude controlar el gemido que salió de mi boca, seguí
entonces metiéndolo y sacándolo ejerciendo cada vez más presión, intentando que
llegase cada vez más adentro, ya no me importaba si alguien me escuchaba porque
estaba alcanzando el cielo con mis manos, con mis propias manos nunca mejor
dicho. Pero tampoco estaba muy equivocada, porque escuché ruido detrás de la
puerta del baño, vi cómo el pomo empezaba medio a girarse, pero no terminó de
abrirse. En ese momento escuché otro gemido. Era Adrián, se estaba pajeando al
otro lado de la puerta mientras me escuchaba, eso hizo que mi cuerpo se
descontrolará todavía más y tuve el mejor orgasmo que había tenido en mucho
tiempo.
A la mañana siguiente, mis padres se habían ido a trabajar y
nos quedamos solos mi hermano y yo. Él se levantó antes y bajó a la cocina, yo
esperé a no escucharlo para poder entrar en el baño, necesitaba asearme después
de la noche anterior y cuando terminé, al echar las braguitas en el bombo de la
ropa sucia vi la camisa de Adrián, estaba manchada de semen, se ve que no
encontró otra cosa para limpiarse y se apañó con eso, no podía dejar que pasara
más tiempo, me excitaba toda esa situación pensé "joder, es mi hermano" pero
realmente no me importó y decidí ponerme manos a la obra.
Fui al cajón de mi ropa interior y me puse unas braguitas
blancas tipo boxer de estas que dejan ver medio cachete del culo, sabia que
estas le gustaban a Adri porque lo había pillado alguna vez con ellas en la
mano. Me quité el sujetador y me puse su camisa. Sólo abroché un botón, el del
centro, tenia un buen escote, mi pecho me lo permitía debido a su tamaño. Me
recogí el pelo con una pinza y dejé algún mechón suelto. Me decidí a bajar.
Buenos días Adri ¿Preparaste el desayuno?- dije mientras
abría el frigo.
Cuando me vio con la camisa cambió su expresión.
Esa camisa está sucia ¿de dónde la has cogido?
Pues del bombo, es que voy a poner una lavadora antes de
que llegue mamá y he echado mi camiseta así que me he puesto esto para no
bajar en pelotas, pero si quieres me la quito.
No, no, no hace falta, pero no se te olvide lavarla
también eh.
Uis, cualquiera diría que tienes algo que ocultar
hermanito.
No, es que está sucia.
Ya me he dado cuenta, ¿y de qué está sucia?
Cada vez estaba más nervioso.
Pues no sé, algo que se me derramaría anoche.
Decidí seguir avanzando poco a poco en la situación para ir
recreándome en cada una de sus expresiones. Me senté en una de las sillas de la
cocina y recogí una de mis piernas hacia arriba apoyándola en el mismo asiento
dejando entrever mis braguitas, Adrián no paraba de mirarme mientras me
preguntaba cómo quería las tostadas o si prefería zumo o café. Cogí el cartón de
una caja de cereales y empecé a abanicarme, con cada soplo de aire, la solapa de
la camisa dejaba ver uno de mis pechos, fue entonces cuando Adrián se volvió y
se quedó de pie, mirándome, sin decir nada, recorriéndome con la mirada. Cuánto
habría dado en ese momento por saber qué es lo que estaría pensando.
¿Tanta calor tienes?- dijo
Si, es que últimamente no se qué me pasa. Serán las
hormonas.- dije mientras me reía
Terminó de preparar el desayuno y se sentó justo enfrente
mía, desayunamos sin decir una sola palabra y cuando se levantó para recoger la
mesa le dije:
Adri, ¿te gustó lo de anoche?
Se puso como un tomate.
¿Lo de anoche?- dijo mientras le temblaba la voz.
Si, me refiero al bailecito en el local.
Ahh, si, estuvo bien.
Ya me di cuenta de que te gustó, te gustó bastante.
Entonces me levanté y me dispuse a ayudarle a recoger.
Nenu ¿Qué te traes tu con Pedro?
Nada, ya te dije que sólo me quería divertir un poco, ¿Te
molestó?
Tu puedes hacer lo que quieras.
Ya lo sé.
Nos callamos durante unos segundos…
¿Me ayudas a recoger el cuarto? Así entre los dos
acabamos antes y si quieres nos vamos a la piscina.- dije
Venga, que hoy parece que va a apretar el solano.
La cosa parecía que no funcionaba así que cambié el terreno
de juego y logré que subiera a mi habitación donde todavía estaba todo tirado
por el suelo.
Cuando llegamos arriba lo primero que vio Adrián fue el
consolador que me había dejado encima de la cama.
Vaya parece que la fiestecita de anoche no acabó en el
local.
Pues no, lo cierto es que el último baile me dejó
bastante cachonda.
No podía creer lo que acababa de decirle a mi hermano,
realmente lo dije sin pensar. Parece que eso le hizo cambiar y empezó a mirarme
igual que lo hizo la noche anterior.
¿Por qué no te sueltas el pelo? Estas mejor con el pelo
suelto.
Su tono de voz era distinto, dejé de ser su hermana, para ser
una chica más, así que solté la pinza que recogía mi melena y al subir los
brazos se me desabrochó el botón de la camisa dejando mis pechos al aire.
Se acercó a y justo a medio metro de mí empezó a pasarme su
mano por mi mejilla, cerré los ojos y dejé caer la camisa al suelo dándole
acceso total a mi cuerpo. Su mano pasó de la mejilla a mi cuello, noté cómo se
me erizaba la piel, y su mano fue bajando.
Fueron entonces sus manos las que moldearon esta vez mis
pechos, las que dibujaron el contorno de mis pezones, sus dedos los que jugaron
con mi piel. Se acercó a mi y me besó primero en la cara, luego en la nariz, en
la frente y por fin sus labios se unieron a los míos. Fue una sensación única,
sentir la lengua de mi hermano, caliente, jugando con mi lengua, por un momento
creí que iba a desvanecerme. Entonces paró me miró y me dijo:
Nenuka, ¿Qué estamos haciendo?
Adri, no pasa nada, quién mejor para hacerme sentir única
que mi propio hermano.- dije yo.
Entonces sin dejar de besarme me guió hasta mi cama e hizo
que me sentara en el borde, se quitó la camiseta y desabrochó su pantalón, fui
yo la que le bajó éste junto con los calzoncillos, dejando a la vista su polla
que ya estaba mirando al cielo, esperándome.
La acaricié con mi mano mientras humedecía mis labios con la
lengua sin dejar de mirar a Adrián. Pasé mi lengua una vez desde la base de su
pene hasta el mismo capullo que asomaba tibio y sentí cómo sus glúteos se
contraían mientras dejaba salir un leve gemido, probé entonces hacerlo de nuevo
pero esta vez me paré en su glande. Su respiración iba aumentando el ritmo,
jugué con mi lengua, lo lamí, perfilé mis labios con él y de pronto introduje
toda su polla en mi boca, entonces su gemido fue mayor, ahora no había nadie que
pudiese escucharnos así que dimos rienda suelta a todo lo que estaba sucediendo
en aquella habitación que todavía se antojaba de adolescente con los apuntes y
algún que otro peluche de por medio. Me gustaba lamer esa polla, bajé hasta
meterme en la boca sus huevos, los chupé con cuidado, primero uno, luego el
otro, mientras no dejaba de acariciar el pene de Adrián. Él por su parte me
sujetaba el cabello con sus manos para apartármelo de la cara mientras guiaba mi
cabeza para ir fijando el ritmo que más le gustaba. Noté como empezaba a
palpitar en mi boca y de repente Adri me pidió que parase.
Para preciosa, ahora es mi turno.
Se arrodilló ante mí, me pidió que me tumbara y fue bajándome
las braguitas poco a poco, las mismas braguitas que tantas veces había cogido de
mi cajón para olerlas. Empezó besándome los tobillos, ni imaginaba lo sensible
que podía llegar a ser esa zona de mi cuerpo, sentir sus labios subir por mis
piernas hasta la rodilla y luego adentrarse por la cara interna de mis muslos me
volvió loca. Mi sexo lo estaba esperando.
Entreabrí las piernas y dejé que mis dedos reabriesen mi coño
para que mi hermano pudiera verlo bien. Primero acercó su nariz, y me acarició
con ella, eso me estremeció, sentir cómo hurgaba con su nariz en mi rajita.
Luego empezó a acariciarme con su dedo índice, buscando abrirse camino mientras
introducía su pulgar en mí. De repente sentí una oleada de calor que me subía
desde el vientre hacia arriba y no pude evitar emitir un pequeño grito que hizo
sonreír a Adrián.
Acercó entonces su boca y empezó a comerme de la forma más
sensual que lo han hecho nunca, sentía su lengua deslizándose por cada pliegue
de piel, por cada rincón, buscando mi botón del placer, hasta que lo encontró.
Se centró entonces en deleitarse con mi clítoris mientras mi espalda se arqueaba
de tanto placer, mi respiración cada vez se entrecortaba más y mi vientre cada
vez desbordaba más calor.
Empezó a subir otra vez, besándome la barriga, los pechos, el
cuello y cuando nuestras bocas volvieron a juntarse nuestras lenguas locas por
la pasión buscaban llegar cada vez más lejos, fue un beso tan húmedo y profundo
que pude alcanzar mi primer orgasmo en aquel mismo momento, noté cómo salían mis
fluidos sin cesar mientras resbalaban por mis muslos y mi pelvis se contraía
mientras mis piernas no dejaban de temblar.
¿Estas dispuesta a seguir?- me dijo.
Si, pero debemos cuidarnos, busca en mi bolso.
Y así lo hizo. Sacó un condón del bolsillo de mi bolso y
antes de ponérselo volví a deleitarme con el sabor de su polla una vez más.
Una vez se lo puso se sentó en la silla donde yo solía
estudiar y con cuidado me fui acoplando a el dándole la espalda, todavía me
pongo cachonda al recordar la primera vez que sentí a mi hermano dentro de mi.
Entonces comencé a moverme, a subir y a bajar por aquél tronco que me tenia
ensartada mientras Adrián acariciaba con una mano mis pechos y con la otra
buscaba estimular mi clítoris de nuevo. Sentía su aliento en mi cuello y eso me
excitaba de sobremanera incluso me daba pequeños mordiscos mientras gemía y me
susurraba al oído "Nenuka, Nenuka… me vuelves loco".
Tal y como estaba me agarró bien por la cintura y me hizo
agachar hacia delante mientras él se levantaba con lo que me quedé a cuatro
patas con él detrás. Fue entonces cuando empezó a follarme sin control, cada vez
más rápido, más profundo, me agarraba de las caderas y me atraía hacia él sin
piedad, nuestros gemidos cada vez se alzaban más hasta el punto de no
diferenciarse el uno del otro, sólo podía repetirle:
- No pares ahora, fóllame, fóllame!!
- Ahh Nenuka!!
Y sentí como mis piernas no me respondían y cómo un
escalofrío recorría toda mi espalda mientras mis muslos volvían a mojarse con la
ambrosía templada de mi vientre mientras Adrián se desplomaba sobre mi espalda,
los dos sudorosos.
Pff, ahora si que vendría bien ese chapuzón en la
piscina.
Dijo mi hermano y rompimos a reír tirados en el suelo de mi
habitación
Esta fue la primera vez que Adrián y yo estuvimos juntos,
pero no la última.