Tenchi Muyo
EL DESPERTAR
Autor: Jiraiya
Todos los derechos de la serie Tenchi Muyo pertenecen a
Pioneer. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de
esparcimiento. No me demanden.
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La vida transcurría normalmente en casa de los Masaki. Sasami
se encargaba de los quehaceres de la casa, Washu realizaba experimentos en su
laboratorio, Ryoo-Ki comía zanahorias como si el mundo se fuera acabar, Noboyuki
se encontraba tomando un baño, Tenchi estaba en el Templo con su abuelo y Ayeka
y Ryoko, para variar, se peleaban por Tenchi afuera de la casa.
-- ¡¡Tenchi será mío, princesa en decadencia!! –- dijo
Ryoko mostrando sus colmillos.
-- ¡¡Sobre mi cadáver, aliento de mono!! -– le respondió
una furibunda princesa.
Ryoko le lanzó una esfera de energía, pero Ayeka la contiene
generando un escudo con su poder Yurai y arremete contra Ryoko, lanzándole
varias descargas de energía que esta esquiva a duras penas. Ryoko se repone y
contraataca continuando con la pelea.
Los ruidos del encarnizado combate pueden ser escuchados a
varios Kilómetros de distancia y terminan distrayendo a Tenchi de sus labores en
el templo. El chico levanta la cabeza y observa en dirección a la casa. A la
distancia pudo observar que las explosiones ocurrían fuera de la casa, así que
se tranquilizó un poco.
-- ¿Qué es todo ese ruido Tenchi? -– preguntó Katsuhito.
-- Son Ryoko y Ayeka peleando otra vez –- respondió
Tenchi con resignación a su abuelo.
-- Esas dos nunca se cansan -– dijo Katsuhito.
-- Al menos ésta vez se pelean afuera de la casa –-
comentó Tenchi.
En el interior de la casa, Sasami miró con resignación a Ryoo-Ki
y esta le devuelve una mirada similar. Ambas ya se habían acostumbrado a estas
diarias peleas por el amor del Tenchi, que al parecer, lo único que lograban era
crear más distancia entre el chico y ellas, solo que ninguna de las dos parecía
notarlo, ya que estaban demasiado ocupadas peleándose.
-- Me pregunto si llegará el día en que mi hermana y
Ryoko dejen de pelear –- dijo para sí la pequeña princesa de Yurai.
En el baño, Noboyuki, que estaba en la tina tomando un
relajante baño caliente, miró el techo con resignación y se tapó la cara con el
periódico que estaba leyendo. Por su parte, Washu seguía en sus experimentos y
descabelladas invenciones sin inmutarse. Como su laboratorio estaba en una
dimensión paralela, no podía escuchar el alboroto que esas dos armaban afuera...
mejor para ella.
Afuera, la pelea estaba en su punto más alto. Ambas mujeres
se miraron fijamente por unos instantes, hasta que ambas saltaron hacia adelante
atacándose simultáneamente con sus ataques más poderosos. Una tremenda explosión
dio por concluido el encuentro.
En ese momento y dada la magnitud de la explosión, toda la
familia comprendió que el Round matutino había terminado y suspiraron alivios en
los respectivos lugares donde estaban. Por fin tendrían algo de paz... al menos
hasta que Ryoko y Ayeka se pelearan otra vez.
Cuando todo el polvo resultante de la explosión se disipó,
dejó al descubierto el estado en que habían quedado las dos contendientes. Ambas
estaban bastante maltratadas, pero lo más impactante, era la posición en que
habían quedado. Ryoko estaba tendida de espaldas en medio de un enorme cráter y
Ayeka estaba sobre ella, abrazándola por el cuello.
Ambas mujeres comenzaron a reaccionar y abrieron lentamente
los ojos. Ayeka levantó la cabeza y de manera inconsciente puso su cara frente a
la de Ryoko. Sus narices se rozaron y ambas abrieron los ojos al instante. Los
ojos de Ayeka se encontraron con los de Ryoko y ambas quedaron como paralizadas.
En ese instante se dieron cuenta de la posición en que estaban y eso solo
contribuyó a aumentar su desconcierto.
Ambas mujeres se miraban a los ojos sin atinar a nada. Podían
sentían la respiración de la otra y la proximidad de sus labios, pero ninguna
era capaz de alejarse de la otra, estaban como hipnotizadas, perdidas en los
ojos de la otra. Luego de unos segundos, y sin darse cuenta de lo que hacían,
comenzaron a acercarse lentamente, hasta que sus labios quedaron a escasos
milímetros de distancia. En ese instante, un estruendo las hace volver en si y
ambas se separaron de un salto.
El estruendo fue causado por los motores de Yagami, la nave
de Mihoshi y Kiyone, que regresaban de su rutinario recorrido de patrullaje y
por la hora, era lógico pensar que venían a almorzar. La nave descendió junto a
la casa y a los pocos segundos, una siempre risueña Mihoshi descendía seguida de
una siempre seria Kiyone. Cuando las dos policías vieron el inmenso cráter junto
al que estaban Ryoko y Ayeka y al ver el estado en que se encontraban sus ropas,
no les quedó la menor duda de que se estaban paleando por millonésima vez.
-- ¿Peleando otra vez chicas? -– preguntó Kiyone,
mirándolas de medio lado.
-- Ustedes nunca se cansan -– dijo Mihoshi, con su usual
alegría.
En ese instante el abuelo y Tenchi regresaban del templo para
el almuerzo y se encontraron con el desastre resultante de la pelea matutina de
los tormentos de Tenchi.
-- Esta vez se dieron con todo chicas –- dijo Katsuhito
viendo a las desarmadas, humeantes y despeinadas Ryoko y Ayeka.
Todos comenzaron a reír con el comentario del abuelo, pero en
vez de recriminarse una a otra como era lo habitual, Ayeka y Ryoko se sonrojaron
como tomates, solo que nadie se percató de ello, ya que en ese momento, Sasami
salió de la casa para avisarles que el almuerzo estaba listo.
Todos ingresaron en la casa riendo alegremente como ya es
habitual en esta numerosa y extraña familia, seguidos de dos mujeres que eran un
mar de sentimientos encontrados. Antes de entrar a la casa, ambas se miraron a
la cara y se sonrojaron una vez más, bajaron la vista e ingresaron en silencio.
Ninguna habló del incidente ocurrido luego de su pelea.
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Los días siguieron pasando de manera normal, o al menos eso
pensaban los miembros de la familia Masaki, que no se percataban de que dentro
de su casa, se estaba gestando algo que podría cambiar la vida de dos
integrantes de la familia en 180 grados.
Las peleas entre Ryoko y Ayeka seguían, como ya era su
costumbre, pero no con la misma frecuencia e intensidad que antes. Para la
familia, eso era una bendición de los dioses, ya que los costos de reparación de
la casa, y el reemplazo de cosas destruidas, había mermado considerablemente, lo
que a Noboyuki lo tenía muy contento, sobre todo porque podía destinar más
fondos para aumentar su colección de Hentai.
Uno de esos días, la familia se había reunido para cenar
todos juntos, como era habitual, pero el lugar de la princesa se encontraba
vacío y ella no se veía por ningún lado.
-- ¿Dónde está, Ayeka? –- preguntó Washu.
-- Se mancho el kimono hace unos momentos mientras
preparábamos la comida, debe estar en nuestro cuarto cambiándose de ropa –- dijo
Sasami.
-- Conociendo a la princesita, tendremos que esperar al menos
una hora antes que se decida por algo que ponerse. La cena estará fría para
cuando llegue. Mejor empecemos sin ella –- dijo Ryoko tomando sus cubiertos,
dispuesta a darle el bajo a su plato de comida.
-- Seria de muy mala educación comenzar a cenar sin ella -–
comentó Katsuhito, ganándose una mirada estrecha por parte de Ryoko.
-- Tienes razón abuelo. Yo iré por ella -– dijo Noboyuki
con una sonrisa lasciva.
-- ¡¡Estás loco papá!! -– exclamó Tenchi –- Tú no puedes
entrar al cuarto donde hay una mujer cambiándose de ropa.
-- ¿Entonces iras tú, Tenchi? –- preguntó el abuelo, con
evidente malicia en el rostro.
-- ¡¡¡CLARO QUE NO!!! –- gritó Tenchi, rojo como un tomate.
-- No cuenten conmigo –- dijo Washu cruzándose de brazos.
-- Yo estoy sirviendo la comida –- dijo Sasami.
-- Estoy muy cansada como para subir escaleras –- dijo
Kiyone.
-- Yo también -– concordó Mihoshi.
-- ¡Está bien! Yo iré por la princesita o no cenaremos nunca
–- dijo Ryoko con evidente molestia.
La pirata espacial se elevó en el aire y traspasó el techo
hasta el segundo piso. Se dirigió al cuarto de Ayeka, bastante molesta, ya que
en realidad estaba muerta de hambre y traspasó la puerta del cuarto sin
molestarse en tocar.
-- Oye Ayeka, quieres apurarte, todos te están esperan...
Ryoko no pudo seguir hablando. Ante ella estaba la princesa
Ayeka, completamente desnuda y medio agachada poniéndose unas bragas. La pirata
espacial quedó ensimismada con la visión que tenía ante sus ojos. El cuerpo de
Ayeka era simplemente perfecto. Piel blanca y a primera vista, suave como la
seda, piernas largas y torneadas, caderas insinuantes, trasero firme y
redondeado, pechos más grandes de lo que había imaginado y a simple vista,
erectos y firmes, pero lo que más la impactó, fue el bosquecillo que se cernía
en el bajo vientre de la princesa. No era excesivo, ni tampoco escaso, y le
pareció, tentadoramente excitante.
Ayeka por su parte, se congeló al ver a Ryoko aparecer por la
puerta, y al contrario de lo que habría hecho normalmente, no explotó en furia
asesina, ni regañó a la pirata, al contrario, no podía hacer nada, ni siquiera
mover un músculo. Solo estaba ahí, viendo como Ryoko contemplaba su cuerpo
ensimismada. Al cabo de unos segundos, una sonrojada Ayeka pudo recuperar la
movilidad de su cuerpo y terminó de subirse las bragas, pero luego no hizo
ningún ademán de cubrirse, solo se quedo allí, de pie ante la pirata que la
observaba y parecía acariciarla con la mirada.
Ryoko vio como Ayeka se quedaba de pie ante ella en vez de
cubrirse o regañarla, eso la desconcertó, pero estaba tan absorta contemplando
el cuerpo de la princesa, que no pudo analizar este hecho con mayor
detenimiento, y es que en realidad, no podía pensar en nada. Su cerebro se había
desconectado en algún momento y no daba señales de querer volver a funcionar.
El ambiente estaba cargado de algo que ninguna de las dos
podía identificar, pero que extrañamente, las hacía estar relajadas. Es así que
sin darse cuanta, de manera casi inconsciente, Ryoko caminó lentamente hasta
quedar justo enfrente de Ayeka. Recorrió una vez más su cuerpo con la vista y
luego la miró fijamente a los ojos por unos segundos. Ryoko había visto esos
ojos antes, pero nunca como ahora, ojos que la invitaban a perderse en ellos. Se
acercó un poco más a ella y con algo de titubeo, estiró los brazos hasta posar
sus manos en la cintura de su eterna enemiga.
Ayeka dio un pequeño salto al sentir el suave contacto de las
manos de Ryoko en su piel. Un contacto tan suave, que calificaría más como roce,
pero eso fue suficiente para hacerla estremecer como si hubiera recibido una
descarga eléctrica. No pudo reprimir un pequeño gemido de placer. Ayeka se
sorprendió de si misma por esta reacción y su cara se sonrojó por completo
mientras abría los ojos como platos.
Ryoko observó sorprendida a Ayeka, por la reacción que había
tenido, pero más que nada, por lo que ella había hecho. Miró sus manos, que aún
sujetaban suavemente la cintura de la princesa, luego levantó la vista para
encontrarse con sus sorprendidos ojos y todos los colores se le subieron a
rostro. Se apartó de Ayeka como si esta la hubiera quemado y retrocedió
completamente avergonzada. Por su parte Ayeka, ahora más consciente de lo que
había pasado, tomó su vestido y se cubrió con él, sin poder levantar el rostro
por la vergüenza que sentía.
-- Eeeeh... yo, este... te... te esperan para... para cenar
–- logró decir Ryoko, completamente consternada.
-- ...diles que... que bajo en un momento –- respondió Ayeka,
con la cabeza gacha.
Ryoko salió más que rápido del cuarto de la princesa y se
recargó contra una de las paredes del pasillo, su cara reflejaba una
consternación nunca antes vista en ella. Sus ojos estaban abiertos como platos y
respiraba aceleradamente. No podía creer lo que había pasado, no podía creer lo
ella había hecho y peor aún, no podía creer lo que había sentido... Una vez que
estuvo algo más relajada, bajó donde estaba el resto de la familia, diciendo que
Ayeka bajaría en unos momentos. Todos estaban tan entretenidos conversando que
no se percataron del lío que tenía Ryoko en su cabeza, además que ella lo
disimuló bastante bien.
Por su parte, Ayeka también estaba sorprendida. No podía
comprender el por qué de su actitud. En vez de taparse y regañar a Ryoko, por
entrar sin golpear, se quedó ahí de pie, mostrándole el cuerpo, dejando que la
observara y permitiendo que la tocara, y lo que era peor, DISFRUTANDOLO,
sino, ¿Por qué ese gemido de placer, nada más sentir las manos de Ryoko en su
cintura?... Ayeka no sabía lo que estaba pasando, y no era la primera vez que
sentía eso. El tener esa certeza la hizo sentir miedo, mucho miedo.
Al cabo de unos minutos, la princesa finalmente bajó para
cenar. La cena en sí, transcurrió con normalidad, salvo por Ayeka y Ryoko, que
no levantaban el rostro de sus platos y casi no pronunciaron palabra.
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A partir del incidente en el cuarto de Ayeka, ambas mujeres
se apegaron mucho más a Tenchi y sus peleas diarias se tornaron verdaderamente
encarnizadas, tanto, que en algunas ocasiones llegaron a lastimarse seriamente,
además, la relación entre ambas se deterioró a tal punto, que bastaba la mas
mínima insinuación, para que terminaran luchando hasta que una, o las dos
quedaran fuera de combate. Está de más decir que esta situación preocupó a más
de uno en casa de los Masaki. Los que opinaban que todo pasaba porque Tenchi, se
decidiera de una vez por todas por alguna de ellas.
Lo que ninguno sabía, es que estas salvajes batallas, en
cierto momento habían dejado de ser por Tenchi y pasaron a ser el medio para
tratar de negar lo que lentamente se estaba gestando en el interior de ambas
mujer, un sentimiento nuevo y en cierta forma aterrador, que pese a todo el odio
y desprecio que se proferían la pirata y la princesa, resultó ser más fuerte de
lo que ninguna se hubiera imaginado.
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Semana ½ después del incidente en el cuarto de la princesa,
Ryoko se levantó a mitad de la noche para ir a la cocina por un vaso de agua. Al
entrar se encontró con Ayeka, que al parecer se había levantado por lo mismo, ya
que estaba tomando un vaso de agua, en el preciso momento que entró a la cocina.
Ambas mujeres se observaron fijamente por unos instantes, hasta que finalmente
Ryoko encontró su voz.
-- Vine por un vaso de agua –- dijo la pirata, con aparente
indiferencia.
-- Hmp -– exclamó Ayeka con la misma indiferencia y apartando
la vista con un gesto de desprecio.
Ayeka lavó el vaso, lo dejó junto al lavaplatos y caminó
rumbo a la puerta de la cocina con su acostumbrada indiferencia. De haber
seguido así, hubiera salido de la cocina sin incidentes, solo que al pasar junto
a Ryoko, por algún motivo que no se podía explicar, se detuvo en seco. Ambas
mujeres quedaron hombro con hombro, pero ninguna se atrevía a levantar el rostro
para enfrentar a la otra. Finalmente Ayeka levantó lentamente la cabeza mirando
tímidamente a Ryoko de medio lado. Al sentirse observada, Ryoko levantó la
cabeza y le devolvió la mirada.
En el momento que sus ojos se encontraron ambas sintieron un
escalofrío recorrerles el cuerpo y el tiempo pareció detenerse para ellas.
Estaban atrapadas en los ojos de la otra y sin posibilidad de escapar. Sintieron
que todo el odio y desprecio que se proferían a diario y por tanto tiempo, se
evaporaba al verse reflejadas en los ojos de la otra y tal como les pasó en el
cuarto de Ayeka, sintieron como se iban perdiendo en los ojos de otra.
Sin apartar la vista, ambas mujeres se giraron hasta quedar
frente a frente. Ayeka se acercó lentamente a Ryoko, hasta quedar a escasos
centímetros de ella, levantó los brazos y la sujetó por los hombros, todo eso,
mientras la pirata la rodea con los brazos por la cintura, y la jalaba hacia
ella con suavidad. Ninguna parecía darse cuanta de lo que hacia, finalmente se
habían perdido cada una en los ojos de la otra. Sus bocas se acercan lentamente
hasta que sus labios se unieron en un tierno beso.
Podían sentir la suavidad y la calidez de los labios de la
otra, su calor, su proximidad. Ambas disfrutaban plenamente de ese beso, un
beso, que en un primer momento no fue más que un roce de labios, pero que ahora
era más intenso, un beso con el que dejaban salir todo aquello que habían
reprimido por tanto tiempo.
Con el correr de los segundos ese suave y tierno beso, se fue
transformando lentamente en un beso más intenso y apasionado. Casi sin darse
cuenta, sus lenguas se encontraron y comenzaron a entrelazarse y masajearse,
aumentando el placer que ya estaban experimentado. No pasó mucho para que
comenzaran a explorarse mutuamente, disfrutándose y bebiendo de sus bocas, como
si fuera el néctar más precioso. En ese punto del beso, cuando la pasión
reprimida de ambas mujeres había salido casi por completo, Ayeka rodeó el cuello
de Ryoko con sus brazos al tiempo que se le recargaba con todo el cuerpo. Ryoko
tuvo que apoyarse contra la mesa que estaba en el centro de la cocina para no
caer, ante el embate de la princesa y la abrazó fuertemente mientras le recorría
la espalda con las manos, hasta que finalmente la falta de aire las obligó a
separarse.
Se separaron lentamente recuperando el aliento, y al abrir
los ojos, sus miradas volvieron a encontrarse, causando que se ruborizaran como
nunca antes en sus vidas. Cuando se dieron cuenta de que aún estaban fuertemente
abrazadas, se separaron inmediatamente, como si el contacto con la otra las
hubiera quemado.
Ayeka instintivamente se llevó las manos a la boca y miró a
Ryoko como preguntándole ¿Qué había sido todo eso?. Ryoko no fue capaz de
sostener la mirada de la princesa, estaba demasiado avergonzada y sorprendida,
solo atinó a apartar la vista con el rostro completamente rojo. Ayeka también se
sentía avergonzada y sorprendida. Sintió que le faltaba el aire y salió
corriendo de la cocina, dejando a una totalmente confundida y avergonzada Ryoko.
Ninguna de las dos pudo dormir en lo que restaba de noche.
Permanecieron despiertas pensando en lo que había ocurrido y en ese nuevo
sentimiento que las consumía por dentro.
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Los calurosos días de verano transcurrían lentamente y con
relativa normalidad para los integrantes de la familia Masaki, excepto para la
princesa y la pirata espacial, ya que a partir de ese apasionado beso en la
cocina, se había cernido sobre ellas una extraña tensión sexual.
A partir de ese día, ambas mujeres trataban de evitarse lo
más posible, incluso habían cambiado sus horarios para no toparse, hasta para
acosar a Tenchi habían cambiado, ya que si una estaba con él, la otra, en vez de
armar una pelea por la posesión del chico, simplemente se alejaba hasta que lo
veía disponible, solo en ese momento se le acercaba. Para la familia esto no
pasó desapercibido, pero les alegró esta nueva actitud, ya que supusieron que la
princesa y la pirata habían establecido una especia de tregua, luego de las
encarnizadas batallas que tuvieron por una semana.
Nada más lejos de la realidad. Esa actitud de ambas mujeres
respondía al temor que tenían de encontrarse a solas. El miedo a que algo como
lo de la otra noche volviera a ocurrir, era constante para las dos, pero pese a
todo el esfuerzo y temor de cada una, siempre terminaban topándose a solas en
alguna parte. En un principio se sonrojaban y se alejaban cada una por su lado,
pero casi sin darse cuenta, eso empezó a cambiar y comenzaron a coincidir a
solar con mayor frecuencia, accidentalmente, pero a propósito.
Fue así como cada vez que se topaban a solas en algún
pasillo, alguna habitación, las escaleras que daban al templo, o en cualquier
lugar, terminaban robándose una mirada, una caricia o un roce de labios. Ambas
mujeres estaban cayendo en juego peligroso y lo sabían, pero ninguna de las dos
podía evitarlo, era más fuerte que ellas.
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Habían pasados tres semanas desde el incidente de la cocina y
el jueguito entre Ayeka y Ryoko continuaba sin que nadie se percatara, y
llegando a límites realmente peligrosos. Las miradas dieron paso las caricias,
las caricias a "accidentales" abrazos, y los esporádicos roces de labios
terminaron finalmente en otro apasionado beso detrás de la casa, solo que él
beso no terminó ahí, antes de que alguna se diera cuenta de lo que hacia, Ryoko
había arrinconado a Ayeka contra la pared y había comenzado a besarle el cuello.
Ayeka por su parte enterró los dedos de una mano en la cabellera de Ryoko
mientras que con la otra le acariciaba el trasero. Solo el sonido del motor de
Yagami, que hacía su tradicional escala para el almuerzo, las había detenido de
seguir más adelante.
Al separarse, el terror fue patente en los ojos de ambas y
sin decir una palabra, se fueron apresuradamente, cada una por su lado y con la
cabeza hecha un torbellino. A partir de ese momento, se aferraron a Tenchi con
mayor ahínco, como si fuera una tabla de salvación y comenzaron nuevamente con
sus peleas por el chico, en un último y desesperado esfuerzo por negar lo que ya
a esas alturas, parecía inevitable.
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Cuatro días después de ese último incidente, durante la cena,
Tenchi y su abuelo anunciaron que harían un viaje a Tokyo, para participar de
una ceremonia en un templo custodiado por un amigo del abuelo. La expectación
por la noticia fue instantánea, sobre todo para Ayeka y Ryoko, que veían como su
última ancla estaba a punto de alejarse de ellas.
¿Cuánto tiempo estarán fuera? –- preguntó Washu.
-- Tres días -- respondió
Katsuhito.
-- ¿Podemos ir Ryoo-Ki y yo con ustedes? -– preguntó Sasami
con ojos esperanzados, mientras Ryoo-Ki saltaban junto a la pequeña princesa.
-- No iremos de paseo, Sasami –- dijo Tenchi –- Vamos a tener
muchas actividades en el templo durante todo el tiempo que estemos en Tokyo. A
lo más, tendremos unas horas libres antes de regresar y las queremos aprovechar
para visitar a papá, que esta supervisando la construcción de un edificio –-
concluyó Tenchi, mirando seriamente a la niña, para dejarle en claro que no era
un viaje de placer.
-- Aún así me gustaría ir. Las ceremonias que realiza el
abuelo en el templo me parecen muy interesantes –- dijo Sasami con una sonrisa.
-- Bueno Sasami, si tanto te interesan las ceremonias del
templo, no tengo ningún inconveniente en que nos acompañes. ¿Y tú, Tenchi? -– le
preguntó Katsuhito a su nieto.
-- Bueno, si tú no tienes inconveniente abuelo, entonces yo
tampoco. Puedes venir con nosotros si lo deseas, Sasami -– dijo Techi con una
sonrisa a la princesa.
-- ¡¡¡Estupendo!!! –- dijo Sasami saltando de alegría, junto
con Ryoo-Ki.
La familia contemplaba como Sasami y Ryoo-Ki bailaban de
alegría, cuando un estruendo muy conocido por todos se dejó escuchar afuera de
la casa. La nave Yagami descendió cerca del lago y a los pocos minutos las
Policías Galácticas Mihoshi y Kiyone, hacían acto de presencia con sus uniformes
de gala. Lo que causó la sorpresa de todos.
-- Hola a todos –- dijo Mihoshi entrando con su inseparable
sonrisa.
-- Hola muchachos, buen provecho –- dijo Kiyone.
-- Hola chicas –- saludaron todos.
-- Esos uniformes son muy bonitos -– dijo Sasami.
-- Si, verdad –- dijo Mihoshi, dando una vuelta para que
todos pudieran verla bien -– Son nuestros uniformes de gala. Los usamos solo
para ocasiones muy importantes –- señaló la rubia.
-- ¿Estas lista Washu? –- dijo Kiyone, con evidente fastidio
por el discurso de su compañera.
-- Si, podemos irnos -– respondió la científica, poniéndose
de pie.
-- ¿Irse?. ¿Adónde van? -– preguntó Ryoko extrañada.
-- Las chicas tienen que ir al Sistema 7 para un Seminario
Policiaco y se ofrecieron gentilmente a pasarme a dejar en Ciudad Satélite, ya
que necesito comprar algunas cosas para mi laboratorio.
-- En realidad ella se invitó sola –- señaló Mihoshi.
Gota de sudor de la aludida.
-- Si, bien, mejor nos apuramos o llegaremos tarde, recuerden
que la hora allá no es la misma que acá -– señaló Kiyone -- Hasta luego chicos,
volveremos en cuatro días –- se despidió la morena y salió de la casa, seguida
de una sonriente Mihoshi y una pequeña científica.
Todos se despiden de las chicas deseándoles un buen viaje y
un pronto regreso. Luego de la cena, Tenchi, Katsuhito y Sasami se dedican a
preparar sus equipajes para el viaje del día siguiente. Fue entonces que ocurrió
algo que ninguno se hubiera esperado.
Ayeka y Ryoko no manifestaron el más mínimo deseo de
acompañar a Tenchi a Tokyo. Ayeka manifestó encontrarse algo indispuesta, por lo
que prefería quedarse en casa para descansar. Ryoko por su parte, dijo
simplemente que no le interesaba ir a encerrarse a un templo tres días seguidos
y que prefería quedarse en casa, a ir aburrirse escuchando ceremonias que no
entendía.
Tenchi quedó bastante sorprendido por eso, pero no puso
ninguna objeción, feliz de descansar, aunque sea por uno días, de los constantes
acosos de sus tormentos.
Fue así, que al día siguiente Tenchi, Katsuhito, Sasami y
Ryoo-Ki salieron muy temprano en la mañana, para tomar el primer Tren Bala rumbo
a Tokyo. Al alejarse de la casa, Tenchi no pudo evitar mirar atrás con evidente
preocupación en el rostro.
-- Espero que esas dos no destruyan la casa estos tres días
que se quedarán solas -– comento Tenchi con temor de no volver a ver su hogar en
pie cuando regresara.
-- No te preocupes Tenchi. La casa estará allí cuando
volvamos, te lo aseguro –- dijo Katsuhito con una extraña sonrisa en el rostro,
que Techi no supo identificar.
Katsuhito, quien pudo haber sido el gobernante de todo el
universo, era un hombre de mucha sabiduría, y por sobre todas las cosas, MUY
observador, por lo que la disyuntiva de la princesa y la pirata espacial, no
había pasado desapercibida para él, y pese a no haber visto nada comprometedor,
sabía muy bien lo que estaba pasando con ellas. "Tenchi se llevará una gran
sorpresa cuando regresemos" pensó divertido.
Ya saben como va el dicho "Mas sabe el diablo por viejo, que
por diablo"
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Una hora después de que todos se fueran, Ayeka se encontraba
de pie ante un ventanal de la sala observando fijamente el lago que estaba
frente a ella, estaba completamente perdida en sus pensamientos, por lo que no
escuchó a Ryoko bajando desde el segundo piso.
Cuando Ryoko llegó al primer piso y vio a Ayeka de pie ante
el ventanal, sintió como su pulso se aceleraba bruscamente y como sus piernas
comenzaban a flaquear. Esta situación es lo que tanto temían, quedarse solas,
pero ninguna había hecho nada por evitarlo, al contrario, ambas lo habían
buscado y ahora, por fin, debían enfrentarlo.
Sacando fuerzas de alguna parte, Ryoko comenzó a caminar
hacia Ayeka. Se detuvo una vez que estuvo justo detrás de la princesa, y
armándose de todo el valor que pudo encontrar, la rodeo con los brazos por la
cintura. Ayeka dio un pequeño salto, sorprendida al sentir unos brazos rodándola
por la cintura, pero al comprender de quien eran, no hizo nada por evitarlos, es
más, puso sus manos sobre las Ryoko y permitió que esta estrechara el abrazo
apegando sus cuerpo.
Ryoko estaba más que sorprendida por la actitud de Ayeka, al
dejarse llevar con tanta facilidad, pero a la vez, lo estaba empezando a
disfrutar. La proximidad de la princesa era tal, que podía sentir su suave
perfume que estaba causándole un efecto intoxicante. Todos sus sentidos se
estaban llenando de esa mujer que tenía entre sus brazos, y pese a las señales
de alarma que sonaban en su cabeza, no podía dar marcha atrás, era algo más
fuerte que ella.
Al cabo de unos instantes de indecisión, Ryoko se armó de
valor para dar el siguiente paso y recargó su cabeza sobre el hombro derecho de
Ayeka, dejando sus rostros uno al lado del otro. Ayeka no hizo nada por evitar
este contacto, solo se limito a cerrar los ojos y dar una respiración entre
cortada al sentir la proximidad de Ryoko, proximidad que no quería evitar, por
más que su cabeza le dijera que estaba mal, era simplemente, algo más fuerte que
ella.
Ambas mujeres se quedaron en esa posición por largo rato,
contemplando el lago que se extendía ante ellas. Ninguna dijo nada, las palabras
estaban demás, solo disfrutaron del momento y de proximidad que había entre
ellas.
Finalmente, y luego de un largo rato, Ayeka se armó del valor
suficiente para romper el prolongado silencio.
-- ...esto no esta bien Ryoko -– dijo casi en un susurro --
Yo soy una chica, igual que tú. No deberíamos hacer esto.
-- Lo sé Ayeka... pero no podemos evitarlo, es más fuerte que
nosotras –- respondió Ryoko, en otro susurro.
-- ...tengo miedo –- dijo Ayeka con voz temblorosa.
-- Yo también lo tengo –- respondió Ryoko -- Esto es algo
nuevo y desconocido. Pero aún así, lo deseas tanto como yo, o no estarías aquí.
En ese instante, Ayeka se soltó del abrazo de Ryoko y se
volteó para quedar frente a ella y verla directo a los ojos.
-- ¿Te das cuenta de que si hacemos esto, todo cambiará? -–
preguntó Ayeka con seriedad -- Una vez que crucemos la línea, ya no habrá vuelta
atrás, todo cambiara, para siempre.
-- Lo sé Ayeka, pero estoy dispuesta a cruzar esa línea...
por ti.
Ayaka miro fijamente a los ojos de Ryoko, como buscando una
respuesta. Al ver los ojos de la mujer que tenían en frente, pudo ver sinceridad
en ellos... sinceridad y algo más, algo que había buscado por mucho tiempo, pero
que nunca creyó encontrar en la que consideraba su más grande enemiga.
El rostro de la princesa se relajó y esbozó una pequeña
sonrisa. Había tomado su decisión. Soltaría las cadenas que la sujetaban y se
dejaría llevar por ese nuevo sentimiento que la estaba consumiendo por dentro.
Un sentimiento nuevo, extraño y hermoso a la vez.
Ayeka se acercó a Ryoko, y antes de que esta se diera cuenta
de lo que pasaba, estaba atrapada en un tierno beso, que respondió de inmediato.
Ayeka pasó sus brazos por el cuello de Ryoko y la abrazó con fuerza, mientras
esta le devolvía el abrazo y la estrechaba contra si.
Se besaron por largo rato, un beso después de otro,
explorándose mutuamente, sorbiendo el aliento de la otra, bebiendo de sus bocas.
Pero pronto los besos ya no fueron suficientes, necesitaban más, necesitaban
sacar todo eso que tenían contenido dentro por tanto tiempo.
Con un último y apasionado beso, ambas mujeres se separaron y
se observaron a los ojos mientras recobraban el aliento. Ayeka miró a Ryoko con
una sonrisa traviesa, que la pirata no supo interpretar.
-- Si vamos a hacer esto, será mejor que lo hagamos de una
vez –- dijo Ayeka tomando a Ryoko de las manos -- Vamos a mi cuarto. Ahí
estaremos más cómodas.
Ryoko se sorprendió por la directa proposición de Ayeka, pero
cuando la princesa comenzó a tirar de sus manos para llevarla hasta la escalera,
salió de su sorpresa y le regaló una tierna sonrisa en respuesta. Ryoko se dejó
llevar dócilmente por la princesa hasta el segundo piso. Cuando estaban frente a
la puerta del cuarto Ayeka, esta es sorpresivamente levantada en brazos por
Ryoko. La princesa miró a Ryoko con sorpresa, pero terminó dedicándole una
sonrisa. Ryoko le devolvió la sonrisa, llevó a Ayeka dentro de la habitación y
cerró la puerta con un pie.
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Ambas mujeres estaban recostadas sobre un futón, estaban
desnudas y con una fina capa de sudor cubriendo sus cuerpos. Ryoko estaba
recostada de espalda, mientras que Ayeka estaba acurrucada contra ella, con la
cabeza recargada por sobre su pecho mientras la rodeaba con un brazo. Se
quedaron así por largo rato, disfrutando de simple hecho de estar juntas.
-- No puedo creer que hayamos hecho esto –- dijo finalmente
Ayeka.
-- ¿Te arrepientes? –- pregunto Ryoko, mientras le acariciaba
el cabello.
-- No, jamás, al contrario, me siento feliz... como nunca
antes –- respondió Ayeka.
-- Yo también me siento feliz -– dijo Ryoko con una sonrisa.
Se quedaron así por otro largo rato, hasta que Ayeka se
levantó y caminó hasta la ventana del cuarto y la abrió de par en par, dejando
entrar una suave brisa veraniega que acariciaba su cuerpo desnudo. Se apoyó en
el marco de la venta y observó el paisaje con una gran sonrisa en los labios.
Por su parte, Ryoko observaba a la princesa desde el futón.
Recorrió con los ojos ese cuerpo de mujer que la volvía loca, cuerpo que había
recorrido y explorado hasta en su más mínimo detalle. Suspiró de contenta al
recordar que había sido algo mutuo, y que ahora Ayeka era tan suya, como lo era
ella de Ayeka.
Luego de unos momentos, Ryoko se levantó del futón, caminó
hacia la princesa y la abrazó por detrás, apegándose a su cuerpo mientras
recargaba la cabeza sobre uno de sus hombro. Las dos amantes se quedaron en esa
posición por largo rato, observando la hermosa vista que se apreciaba desde la
habitación, hasta que...
-- Te amo Ayeka –- le susurró Ryoko al oído.
Ayeka se sonrojo ante la declaración de Ryoko. Luego de que
pudo calmar los latidos de su corazón, Ayeka sonrío como nunca antes en su vida,
se giró para quedar frente a Ryoko, la miró directo a los ojos y pronunció las
palabras que marcarían el inicio de una nueva etapa es sus vidas.
-- Yo también te amo Ryoko.
Ambas mujeres sonrieron con los ojos anegados por la emoción.
Al fin habían encontrado aquello que les fue tan esquivo por tanto tiempo.
Finalmente habían encontrado el amor y en la última persona que hubieran
esperado. Se fundieron en un fuerte abrazo y se besaron con pasión por largo
rato, hasta que decidieron regresaban al futón, para entregarse una vez más al
juego del amor.
FIN
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Notas del Autor: Una pareja poco común, lo sé,
posiblemente después de leer esto, quieran que arda en el infierno, pero es algo
que tenia en mente y me pareció un giro interesante para esta historia.
¿Cómo surgió la idea para este fic?. Bueno, una vez escuche a
alguien decir "No odies tanto a esa persona o antes de lo que te des cuenta, vas
a terminar enamorado de ella"
En esa ocasión, el cometario fue respecto a una pareja
heterosexual, pero es algo que me vino a la mente al ver las encarnizadas peleas
que protagonizaban Ryoko y Ayeka. Ambas necesitan amor, tienen mucho por amor
para dar, y a la vez, se odiaban con tanta intensidad, que bueno, en una de
esas, como dice el dicho: "Del amor al odio......."