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Fecha: 13-Ene-08 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

En la piscina con mi tía

Mortocoro
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Una tarde a solas con mi tía se convierte en algo excitante. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Pienso que a todos los que nos gustan las maduras sin duda la que más nos atrae es nuestra madre. Creo no equivocarme, después de nuestra adorada madre suele venir alguna de nuestras hermosas titas… o todas, según sea el caso.

En mi caso, siempre me atrajo mucho mi madre. Y no me refiero a que me sentía celoso cuando mi padre la acariciaba o cuando se hacían cariños. No, me refiero a que desde los doce años más o menos tenía unas ganas tremendas de cogerla en la cama y hacerle de todo lo imaginable. No es que yo fuera un portento, sólo estaba muy caliente y veía todo tipo de revistas pornográficas que caían en mis manos e imaginaba haciéndoselo a ella.

Pero mis deseos no se hicieron realidad, al menos con mi madre. Mi primera vez fue con mi tía Ángela. Mi tía estaba casada, tenía un hijo, Eduardo y una hija, Raquel de veintidós años que ya estaba casada.

Era verano y yo tenía quince años. Estaba en el chalet que mis tíos tienen en el campo. Tienen piscina y lo tienen muy bien acondicionado para pasar las vacaciones. Pues en ese verano yo seguía con mi calentura y, al no estar mi madre allí, tenía que cambiar la figura de ella por la de mi tía para poder hacerme pajas. Cuando estábamos en la piscina la miraba, me fijaba en su culo y en todo su cuerpo, sobre todo en sus hermosas tetas.

Un día de aquellos mi tío se marchó a un viaje y mi primo estaría en un campamento por una semana. Así que los dos estábamos solos. Después de comer, yo estaba en el césped del jardín. Mi tía salió para tomar el sol y me preparé para ver su cuerpo. Solía utilizar bañadores de cuerpo completo, pero a mi imaginación le bastaba con ver su figura para imaginar su cuerpo. Traía un pareo puesto y después de preparar la tumbona se lo quitó para recostarse en ella.

Mi corazón se aceleró y mi pene creció de momento cuando la vi con aquel bikini que apenas le cubría su cuerpo. Me fijé en ella pues era un pequeño tanga que apenas tapaba su raja. En la parte superior dos pequeños triángulos cubrían sus pezones que se marcaban en la fina tela. Se notaba que ya era madura en su piel y la celulitis que mostraba, pero su figura y mi predilección por las maduras me pusieron bastante cardiaco.

Se metió en la ducha de la piscina y se dirigió a la tumbona para tomar el sol. Se puso boca arriba y sus pezones parecían que iban a romper la tela, por el frío del agua se le pusieron inmensos. Yo estaba más salido que nunca y permanecía boca abajo en el césped para que no se viera mi erección.

-Enrique, - me llamó – acércate, por favor.

Me levanté y la verdad es que no sabía como hacer para que no se notara mi prominente bañador. Me acercaba a ella y era evidente que era notorio mi crecimiento pues en su boca se dibujó una sonrisa y no levantaba su mirada más allá de mi cintura. Llegué hasta donde ella estaba.

-Cariño, úntame un poco de crema por la espalda. – me dijo mirándome a los ojos y se volvió.

Era impresionante verla allí tumbada. Su generoso culo estaba al aire pues el bikini era de tipo tanga y sólo un fino trozo de tela se metía entre los cachetes de su culo.

-Suéltame la parte de arriba para que me puedas extender bien la crema. – me dijo apartando el pelo de su cuello para que pudiera soltar los cordoncillos.

Eché dos o tres chorros de crema por su espalda y con mis manos empecé a extender la crema para que no quedara ninguna parte sin protección.

-Ya está. – le dije.

-Ahora los brazos. – me pidió.

Los tenía doblados hacia su cabeza y ésta descansaba sobre las manos. Empecé a untar crema sobre el brazo izquierdo y podía ver como parte de su teta sobresalía por el volumen que tenía. Aquella visión me puso más cardiaco.

-Qué bien das masajes. – su voz me sacó de la hipnosis que me había producido la visión de su pecho y sus ojos se clavaban en los míos.

-Gracias.

Cambié al otro brazo y ella giró la cabeza para seguir mirándome. Aunque no la miraba directamente a los ojos, podía sentir como su mirada se clavaba en mí. No dejó de observarme en todo el tiempo. Acabé y esperé para que me dieran nuevas órdenes, tocarla me estaba gustando y yo me haría una buena paja cuando acabase con mi tía.

-Si no te importa, dame por el culo.

No sé si la frase la dijo pensando en lo que decía, pero a mí me produjo una gran excitación pues sonó como si me pidiera que la enculara. Supuse que lo hizo queriendo pues tenía una hermosa sonrisa en su boca de hermosos labios. Al igual que antes esparcí crema por los generosos cachetes y con suavidad, y disfrutando del momento, puse mis manos y los acaricié.

-Qué bien lo haces. – me animaba – Esta noche me vas a dar un buen masaje. Todas las noches me echo crema para mantener la piel suave, ¿lo notas? – yo asentí con la cabeza – Y esta noche me la echarás tu a la vez que me das un masaje para relajarme… si no te importa.

-Para nada tita… - dije yo.

La verdad es que estaba apunto de correrme por la excitación de tocar el cuerpo de mi tía, pero aún faltaba lo peor. Acabé de untar, y sobar, a mi tía cuando de momento se volvió y se puso boca arriba con los pechos al aire.

-Acaba echándome crema por delante.

Mis ojos se clavaron en aquellas hermosas tetas que caían a ambos lados de su cuerpo, de volumen superior, como una talla ciento diez, y con unos pezones grandes, duros y erectos, que más bien era por la excitación producida por mis caricias que por el frío pasado al ducharse.

-Perdona, te incomoda verme así. – me dijo tapando sus pechos con un brazo, aunque sobresalían por todas parte, haciéndola más excitante.

-No… - respondí temblándome la voz por la excitación.

No dije nada más, cogí rápidamente el bote de crema y me acerqué a ella dispuesto a seguir. Soltó sus pechos que volvieron a derramarse a ambos lados de su cuerpo. Abrió un poco las piernas.

-Primero las piernas. – me indicó.

Me senté en el filo de la tumbona y volví a mi tarea. Tocaba sus muslos al esparcir la crema y mis ojos se fijaban en su entrepierna. La tela que la cubría era muy pequeña y supuse que tendría su raja como las mujeres que a veces aparecían en las revistas, sin ningún pelo pues no asomaba ninguno. Dobló la pierna para que pusiera crema por debajo del muslo y, como sin querer, dejó caer la otra separándolas. Ahora veía perfectamente como la pequeña tela cubría justo su raja y como se perdía entre sus carnes. Realmente estaba muy excitado e iba a reventar.

Tomé fuerzas y seguí después con la otra pierna. La visión de mi tía allí tumbada, prácticamente desnuda y tocar su piel me tenía a punto de correr. Acabé y me dispuse a levantarme por la necesidad inminente de masturbarme que tenía.

-Ahora el pecho. – me dijo.

-Todo… - dije preguntando.

-Sí, no me irás a dejar así ahora…

Cada frase que decía y cada movimiento que hacía era como una provocación, como si realmente quisiera que la amase allí mismo. Pero era mi tía… y si me equivocaba y hacía algo improcedente que la ofendiera y después mi tío se enfadaba y mi madre… total, intenté aguantar estoicamente. Acaricie su barriga al untar la crema y poco a poco subí para llegar a los pechos.

Ella estaba tumbada y permanecía con los ojos cerrados disfrutando de mis caricias. Con la misma crema que había en mis manos empecé a acariciar sus redondos pechos. Miraba sus pezones oscuros de amplia aureola y pude ver como al comenzar a acariciarla se ponían duros y crecían hasta tomar un tamaño que nunca imaginé, por lo menos tenían tres centímetros. Con ambas manos acariciaba cada pecho y no dejaba de mirar sus pezones. Ya no podía más.

-Bueno tita, ya he terminado. – me levanté y corrí al interior de la casa.

Mi pene estaba más erecto de lo que nunca lo había visto y en mi bañador asomaba una mancha producida por los líquidos que intentaba lanzar y que mi mente no dejaba. Entré en el baño y me la saqué. Pensé en la imagen de mi tía en la tumbona. No necesitaba mucho para correrme y sentí como mi leche subía por mi pene para escapar. Entonces mi tía me abrazó por la espalda y me quitó la polla de la mano para acariciarme ella. Di un pequeño salto por el susto, pero al sentir su mano que me masturbaba me dejé llevar.

-Venga cariño… - me decía con una voz muy sensual – relájate y lanza su carga. – movía la mano con gran arte, como si sintiera mi pene y lo que necesitaba – Dale a tu tía que tanto te quiere tu tesoro.

Era una maravilla sentir la mano de ella que me acariciaba y me daba placer, mientras su voz resonaba en mis oídos pidiéndome de forma excitante que me corriera. Me tensé para empezar a lanzar mi esperma y ella se colocó en cuclillas delante de mí. Abrí los ojos y la vi allí, justo debajo de mi pene con el glande más hinchado de lo que nunca lo había visto, ella con la boca abierta y esperaba que le diera mi esperma.

Esa visión fue lo que provocó que lanzara un gran chorro que pasó por encima de su boca y cayó por su nariz, ojo y pelo. La dirigió al interior de su boca y el resto de mi semen salió encontrando su boca como recipiente. Cuando salió el último chorro, se la metió dentro de la boca y me la chupó para dejarla limpia, se tragó todo el semen que pudo. Me temblaban las piernas por el placer y tuve que sentarme en el inodoro para no caerme.

-Que buen sabor tienes. – me dijo y se levantó para limpiarse la cara y marcharse del baño. – Límpiate y vamos a nadar en la piscina.

Ella salió al jardín y yo tuve que recuperar fuerzas. Cuando salí, ella estaba nadando. Me llamó y me pidió que entrara en el agua. Me duché y me tiré al agua. Nadé un poco y sentía alivio ante la ingravidez que ofrecía el agua. Mi tía me había masturbado y realmente no sabía que hacer ahora. Nunca había tenido ninguna relación con mujer alguna y no sabía realmente que hacer, estaba confuso, pero muy, muy excitado. Nadé y llegué hasta donde ella estaba agarrada al filo de la piscina. Me colocó contra la pared y me rodeo con sus brazos por los hombros y por la cintura con las piernas.

-Te has convertido en todo un hombre, - me dijo mientras me abrazaba - ¿te ha gustado?

-Tita… - y me calló poniendo un dedo en mis labios.

-Hoy que estamos solos, llámame Ángela. – y acercó su boca y me besó levemente en los labios para ver mi reacción.

Yo temblaba de nuevo por la excitación y mi pene estaba otra vez listo para el ataque. Ella lo sabía pues estaba sentada encima de él y notó como creció por momentos.

-Veo que sí te ha gustado y además quieres más. – me dijo y su boca se comió la mía.

Sus manos acariciaban mi cabeza mientras su lengua se hundía en mi boca. Nunca había besado a una mujer, pero aquello me estaba gustando e imité lo que ella hacía. Metí mi lengua en su boca y jugábamos con ellas. Sus pezones se clavaban en mi pecho. Dejé de besarla y bajé a buscarlos. Ella se dejó caer un poco atrás para ofrecérmelos y me sentí en la gloria cuando mi lengua acarició aquel largo y duro pezón. Lo envolví con mis labios y chupé.

-¡Ah, que bien lo haces! – me decía - ¡Sigue cariño, dale placer a tu tita!

Cambié de teta cada vez que tenía ganas y ella se agitaba rozando su sexo contra mí.

-Tienes que darme algo… - se separó de mí y me hizo salir a toda prisa del agua. – Ven cariño…

Se sentó en la tumbona y abrió las piernas. Quitó los lazos que sujetaba su diminuto bikini y se lo quitó. Como sospeché antes tenía totalmente depilada su raja. Sus labios aparecían hechos un gurruño al haber estado aprisionados por su diminuta prisión. Entonces con sus manos los separó. Apareció ante mí una entrada rosada que estaba húmeda por el baño y sobre todo por la excitación del momento.

-Lámeme por toda mi raja… - me pidió con algo de desesperación.

Me incliné sobre ella y pasé torpemente mi lengua por toda su raja, de arriba abajo. Ella lanzó un pequeño gemido de placer al sentirme. Seguí lamiendo y por momentos sentía como sus flujos inundaban mi boca. Sentía el sabor de mi tía y no paraba de darle placer. Ella me acariciaba la cabeza y en poco tiempo empezó a gritar por el orgasmo que estaba sintiendo.

-No puedo más, dame tu polla…

Me apartó de su sexo, se puso de pie nerviosamente y me tumbó sobre una toalla. Se colocó sobre mí a la altura de mi pene que estaba duro y apuntando hacia ella. Se sentó, agarró mi pene y lo dirigió a la entrada de su coño. Sentí como mi pene, frío por el baño, entraba en el húmedo y caliente sexo de mi tía. Entró entero dentro de ella y empezó a moverse arriba y abajo para que la fuera penetrando. Nunca había sentido tal placer. Sentía como mi glande se abría paso dentro de mi tía.

Alargué las manos y empecé a acariciar sus hermosas tetas. Ella se inclinó hacia mí para que se las chupara. Acerqué mi boca a uno de sus oscuros pezones y empecé a chupar. Con una mano sujetaba la teta que tenía en la boca mientras la otra acariciaba el hermoso culo de ella.

-¡Qué placer más grande me das! – me decía sin dejar de moverse. - ¡Dame más!

Yo no sabía que decir, simplemente me dedicaba a lamer y a dejar que ella se metiera mi pene hasta el fondo. De repente se incorporó y empezó a moverse adelante y atrás sobre mi pene. Su cara mostraba ahora que estaba próximo un orgasmo. Agarró mis manos y la llevó a sus pechos para que la acariciara mientras ella se metía mi pene todo lo que podía.

-¡Ahora cariño! ¡Ya me llega! – decía con la voz entrecortada y más excitada que nunca. - ¡Ah! – un fuerte gemido y los movimientos convulsivos de su cadera indicaban que se estaba corriendo.

Yo no sabía exactamente que hacer en aquel momento, pero ella se despachaba sola, lo único que sabía era que ver a mi tía correrse sobre mí con mi polla en lo más profundo de ella me excitaba al punto que quería correrme yo también.

-Vamos cariño, suéltalo dentro de mí. – me miraba a la cara y sabía que estaba a punto de darle otra carga de semen. – Vamos, un poco más adentro y lléname toda de ti.

Me tensé y sentí como mi semen recorría mi pene desde los huevos y saltaba dentro de ella. Mi tía abrió los ojos y sintió otro nuevo orgasmo con el golpear de mi semen dentro de ella y su calidez. Se volvió agitar sobre mí convulsivamente y sentí como se corría con un gemido apagado.

Los dos estábamos extenuados por el placer y ella se tumbó sobre mí con mi pene dentro que poco a poco menguaba e iba saliendo. Me besaba en la boca como agradecimiento. Estábamos en la gloria, nuestros orgasmos habían sido extraordinarios. El mío por ser el primero en tener con una mujer y ella por la excitación que le producía hacerlo con un joven que además era su sobrino.

-¡Cariño ya estoy en casa!

Era la voz de mi tío que se acercaba por un lado de la casa. Ángela se levantó corriendo, cogió las dos partes del diminuto bikini y corrió al interior de la casa para ocultarse. Yo cogí mi bañador y me tiré en la piscina. Mi tío se acercaba a mí mientras yo me ponía el bañador en el agua. Cuando llegó a mí ya lo tenía colocado y estaba muy nervioso.

-¿Dónde está tu tía? – me preguntó.

-Creo que está dentro… - le dije haciendo un gran esfuerzo para que no notara mi nerviosismo.

Se marchó a la casa y allí encontró a mi tía que estaba duchándose, supongo que para quitar los restos de mi semen pues mi tío también era caliente y podía meterle mano en cualquier momento y notar su coño húmedo y lleno de semen de otro hombre.

Después de esta historia hubo momentos en que se venía de noche a mi cama y aunque yo dormía junto a su hijo, se sentaba a mi lado y me hacía unas maravillosas pajas a la vez que yo se las hacía a ella metiendo mi mano entre sus piernas. Nos excitaba el peligro de que su hijo o su marido nos pillara. La verdad es que me gustaba mucho pasar los veranos, y algún fin de semana, con mis tíos, pero sobre todo me gustaban las noches…


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