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TODORELATOS » RELATOS » TRíO CON EL VECINO
[ La misa y el pimiento son de poco alimento. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 16 de Mayo, 2008.
Fecha: 13-Ene-08 « Anterior | Siguiente » en Trios (759 de 820)

Trío con el vecino

Perez Andre
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Una fantasía de una amiga... lo que está en itálica es la introducción, puede ser saltada... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Trío con mi vecino

Después de la experiencia en el bus ( http://www.todorelatos.com/relato/55695/ ) descubrí una faceta de mi amiga Adriana que no conocía… así que sin más me dispuse a realizar una de mis fantasías.

La cita había sido concertada sin tapujos: -Vamos a coger- me había dicho al teléfono, y yo sabía lo que eso quería decir (cuidado no!! Dirán algunos), pero es que cuando ella lo proponía así, sin rodeos, era porque estaba dispuesta a todo. Así había sido cuando le di por primera vez por el culito, y cuando se tomo mi leche, y cuando la masturbé con un pepino… y poco a poco había ido cumpliendo mis fantasías cuando le venían esos arrebatos de lujuria.

Ese día iba por más. Nos encontramos en el bar que nos generó una de nuestras mejores experiencias ( http://www.todorelatos.com/relato/54371/ ), nuevamente karaoke, y nuevamente toqueteos suaves por su cuerpo, sin embargo ella no sabía lo que tenía preparado para esa noche.

Después de unas cuantas copas nos dirigimos a mi departamento en el carro. Mis manos no dejaban de tocar sus deliciosas piernas y cuando entró por la puerta ya iba más que mojada. Se dirigió al baño y yo alisté todo en la sala, incluyendo la llamada a mi vecino…

El espejo reflejaba su cara sonrojada por el alcohol y pronto sonrió a verme detrás de ella. Mis manos en sus caderas comenzaron a insinuarle que quería comenzar el juego… unos besos en su cuello, mis manos que se aferran a sus pechos, sus caderas que retroceden para restregar su trasero contra mi pelvis.

Mientras chupaba su cuello mis manos subieron hasta su cabeza y con delicadeza coloqué el pañuelo de seda sobre sus ojos, ella rió coqueta y puso sus manos detrás de su cuerpo para que la esposara: -Aún no- le dije susurrando en su oído.

La llevé a la cama y la fui desnudando poco a poco. Saqué su blusa y besé sus pechos siguiendo el contorno del sujetador, me deshice de éste y lamí con suavidad sus pezones, la falda y su pequeño hilo desaparecieron por inercia. Tomé sus piernas e inicié un suave masaje, lentamente abrí el plástico que contenía dos medias veladas y se las coloqué con lentitud.

Ella gemía y se movía sobre la cama excitada mientras la vestía con mi fetiche favorito: negras medias y zapatos de taco alto.

La senté en la cama y me desnudé frente a ella, aunque no podía verme, y roce con mi pene sus pechos, sus mejillas, sus labios… sólo para ver como abría su boca y en su simulada ceguera buscaba mi pene que yo retiraba juguetón.

La llevé a la sala acariciando su cuerpo sin ningún orden claro y la coloqué de cuatro patas sobre un pequeño taburete rectangular, amarrándola suavemente mientras besaba su espalda. La contemplé así entregada, expuesta, excitada y le sonreí a mi vecino que estaba desnudo sentado en un sillón, contemplando la escena.

No era la primera vez que lo hacíamos y no tuve que hacerle seña alguna para que iniciáramos el juego. Los dos desnudos nos colocamos frente a su cara, que giraba de un lado a otro tratando inútilmente de encontrarme. Sergio acercó su pene a su boca y ella sonrió gustosa y la abrió para recibirlo lentamente. Luego él se retiraba y cuando Adriana abría la boca era mi pene el que recibía. Así seguimos seguros de que no notaba que estaba mamando dos penes diferentes, excitándonos, preparándonos para lo demás.

Pronto pasamos a sotavento y esta vez fue mi ensalivado pene el que penetró su vagina unas cuantas veces antes de cederle el espacio a Sergio. A estás alturas ya Adriana sospechaba algo y me pedía que la soltara para jugar mejor, a lo que yo respondía con un silencio sepulcral.

Luego de un rato llegó el momento que esperábamos: Sergio se retiro de su vagina y yo comencé a esparcir su copiosa humedad sobre su culito, preparándola como lo hacíamos siempre, esto la relajó y la sombra del intruso se le alejó de la mente. Cuando coloqué mi pene en la entrada de su trasero ella gimió: -despacio André- y así lo hice… hasta la mitad de mi miembro.

Guiñándole un ojo a Sergio empujé con fuerza y hundí todo mi pene en el culo de Adriana, que abrió la boca para gemir y sin embargo su grito se ahogo por la entrada del pene de Sergio: verla revolverse con furia amarrada al taburete fue un gusto que duro sólo un instante, pues cuando comencé a moverme dentro de culito y me agaché a susurrarlo al oído: -disfruta mi perrita- se detuvo.

Gimió con su boquita llena y comenzó a mamar el pene de Sergio con gula mientras yo la sodomizaba a placer.

Pronto su cuerpo se convulsionó en un orgasmo y ambos nos salimos de ella. Ya sin esconder nuestra pluralidad la desatamos, sin quitarle la venda de los ojos, y Sergio la colocó sobre él para que cabalgara. Adriana lo hacía con ganas mientras yo le susurraba al oído: -sos mi putita, goza perrita, disfruta que te cojamos entre dos-, lo que la iba calentando y haciendo gemir cada vez más fuerte.

Cuando alcanzó un nuevo orgasmo sobre mi vecino me arrimé por detrás y coloqué mi pene en la entrada de su culito. Ella se arrecostó sobre mi amigo y esperó una penetración que tardaba. Yo sólo sostenía mi pene en su entrada esperando.

De repente ella volvió su cabeza como si pudiera verme y me dijo: -ya sé- y luego continuó con la frase que había practicado tantas veces mientras fantaseábamos su doble penetración: -lléname el culo con tu verga porque ya la pepa la tengo llena- y sonrió orgullosa de su memoria mientras mi pene se enterraba en su culo para iniciar el frenético ritmo que nos llevaría a los tres al último orgasmo de la noche.

A la mañana siguiente despertamos ella y yo abrazados en la cama, solos al fin, y lo único que me dijo fue: -gracias-

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