Benji se asomó al túnel de vestuarios y encontró el macuto de
Lenders al final de las escaleras; un poco más allá, el balón que Oliver llevaba
en las manos minutos antes. "¡Qué cabrones!", suspiró, bajando los peldaños sin
prisas. Todas las puertas de aquel largo pasillo estaban abiertas o entornadas.
Todas menos una, la del vestuario local, que estaba cerrada. Decidió acercarse a
cotillear, plantando la mejilla contra la puerta, tratando de escuchar algo.
-Sigues siendo un buen mamón -sentado sobre un banco de
madera, con la espalda echada hacia atrás y apoyada en la pared, y con una mano
enredada en el pelo de Atton, Mark recibía las delicias de una estupenda
felación-. Me la han comido muchas morenas ansiosas, pero ninguna lo ha hecho
con tantas ganas como tú...
-Tienes una polla perfecta, cabrón -Oliver masturbó aquel
rabo con rapidez, mirando a los ojos del dueño-. He soñado infinidad de veces
con volver a tenerla así de cerca.
-Pues te vas a hartar de ella... -Mark ejerció algo de
presión sobre la nuca de Oliver, hasta que éste se vio forzado a clavarse su
estaca hasta las amígdalas.
Ambos quedaron en silencio, mientras en el interior del
vestuario sólo se escuchaba el relajante sonido de las chupadas ansiosas sobre
el cipote del capitán de la Selección. En el exterior, Benji seguía con la oreja
pegada a la puerta, plantado en mitad del pasillo, empalmándose por momentos.
Cuando vio una sombra alargada internándose por el túnel de vestuarios, se
separó de la madera y quedó expectante hasta descubrir que era Roberto, el
seleccionador, quien accedía a las instalaciones. Éste se quitó sus cuadradas
gafas de Sol y avanzó sin prisas por el pasillo.
-¿Qué haces ahí, Price? -le preguntó con curiosidad.
-Ah, hola, míster... -balbuceó-. Nada, es sólo que... bueno,
que hace unos minutos que ha llegado Lenders.
-¿En serio? ¿El mismísimo Mark Lenders se ha dignado a venir
el primer día de los entrenamientos? -ironizó el hombre con una cínica sonrisa,
mientras seguía avanzando hacia el joven portero y miraba la puerta del
vestuario local-. Supongo que Oliver y él se estarán... poniendo al día, ¿no?
-Eso creo -Benji estaba seguro de que Roberto iba a notar que
su pantalón corto estaba algo abultado.
-Qué decepción, que no te hayan invitado a la fiesta de
bienvenida... -esperó a que el chico se encogiera de hombros-. Eso ha estado muy
feo por parte de Oliver. Espero que la presencia de Lenders no te haga sentir...
desplazado.
-Mi vida está debajo de la portería, míster. Estoy
acostumbrado a sentirme así.
-Buen chico... -musitó el hombre, alargando una mano para
quitarle la gorra a Benji; éste sólo le permitía a Oliver o a Roberto hacer algo
así: atrapar su gorra por la visera y deslizarla con suavidad por el torso del
chaval, por su estómago, acariciar con ella su entrepierna algo abultada-. Tú
siempre observando el partido desde tu portería... sin hacerte notar demasiado.
-Mark se marchará cuando acabe el Mundial, y Oliver lo sabe
-la gorra cayó por su propio peso y fue la mano del propio míster lo que Benji
notó en contacto con sus pelotas-. Sólo van a ser tres meses. Lo podré soportar.
-Espero que vuestros asuntos personales no interfieran en
ningún momento en el equipo -Roberto se acercó un poco más y la palma de su mano
se abrió para albergar todo el paquete del chico, que seguía mostrándose
impasible.
-¿Dónde están los demás?
-Tokio está colapsada a estas horas. Creo que el autocar de
los chicos se va a retrasar aún un poco -la zarpa del míster empezó a moverse
con mayor soltura y no tardó en meterse bajo la suave tela del pantaloncito
negro de Benji; Roberto clavó su mirada en la puerta del vestuario local-. ¿Te
apetece que nos unamos a la fiesta?
-Dejémosles algo de intimidad -suspiró el chaval, tragando
saliva y sintiendo la rugosa mano del entrenador bajo su slip gris, en contacto
directo con su polla, más endurecida por momentos.
-Como quieras... -el entrenador bajó la mirada hasta el
suelo-. ¿Vas a recoger tu gorra, o prefieres que la recoja yo?
-Yo me encargo, míster -susurró Benjamin con el rostro
impasible, dejándose caer suavemente de rodillas frente a Roberto; le desabrochó
los jeans, hurgó dentro de su feo calzoncillo hasta dar con el trozo de carne
que buscaba, y lo liberó de la presión de la tela-. No le importa que haga esto
por despecho, como siempre, ¿verdad? -añadió entonces el joven portero,
cepillando sin prisas la venosa y gorda polla que ya en otras ocasiones había
tenido entre sus manos.
Dentro del vestuario, Mark había hecho mover a Oliver hasta
la misma puerta, quedándose de frente a ésta. A su espalda, Lenders le hablaba
en susurros: "¿Qué crees que están haciendo ahí fuera?".
-Supongo que no se trata de fútbol -ironizó Atton, notando
las manos del otro en su cintura; sus pantalones, sudados por dos horas de
entrenamiento matutino, empezaron a deslizarse junto con sus calzoncillos a lo
largo de sus piernas poco velludas: Mark ya había perdido su ropa sobre el banco
de madera-. Veo que has venido preparado.
Oliver sostenía ahora en su mano un minúsculo bote de gel
lubricante que su querido capitán se había sacado de los calzoncillos antes de
empezar a hacerle la mamada. Cuando la ropa interior del chico quedó tirada en
el suelo, y tan solo vestía ya la camiseta, las botas y los calcetines, Mark le
quitó el botecito y lo destapó.
-Follarte es una de las pocas cosas que he echado de menos de
Tokio -se untó los dedos con el lubricante y los dirigió hasta el firme trasero
de Oli, internándose suavemente entre sus nalgas-. Casi había olvidado lo mucho
que me gusta este culito tan duro...
-Joder, Mark... qué ganas tenía... -un dedo de Lenders empezó
a meterse por su raja, lo que le hizo suspirar; luego otro, moviéndose con la
misma intensidad que tiempo atrás por toda su cavidad anal-. ¡Hijo de... aaahh!
Cómo me gusta... -el delantero se había pegado lo suficiente a su espalda como
para que la punta del capullo también se pringara de lubricante, aún sin llegar
a perforarle.
-Van a ser tres meses de la ostia, ¿no crees? -metió un
tercer dedo por el culo de Oliver y le impidió gritar plantando sus labios sobre
los del chico-. Como en los viejos tiempos, ¿lo recuerdas? Formábamos un gran
equipo.
-Siií..... Calentándonos antes de cada aahh... de cada
partido... Y saliendo luego a por todas...
-"Sólo si ganamos", ¿te acuerdas? Esa era nuestra consigna...
-mientras decía esto, Mark había lanzado el botecito a lo lejos y se disponía a
plantar la punta del cimbrel en la obertura lubricada del culo de Oliver-. Pero
hoy haremos una excepción.
La empezó a introducir despacio, mientras el chaval la sentía
penetrándole con la misma facilidad de siempre. Si Oliver lograba contener sus
gemidos, podían oír los de Roberto al otro lado de la puerta. Benji estaba
masturbando la polla del entrenador con cierta violencia para tratar de
endurecerla, mientras no dejaba de dar chupaditas a su glande violáceo. Los
jadeos de uno y otro, del hombre al que le hacían la mamada y del chaval al que
enculaban con brío, parecieron acompasarse como si no hubiera una puerta entre
ellos.
Mark embestía a Oli con ganas, le hacía golpearse contra la
madera mientras el chico se separaba más y más las nalgas con ambas manos. La
quería tan adentro como fuera posible. Roberto hizo moverse a Benji para que se
colocara en cuclillas y con la espalda en la puerta. Le cogió del pelo y le hizo
tragar su polla gorda y no del todo endurecida. Si aquella madera hubiera
desaparecido de repente, el rabo de Oliver hubiera golpeado la nuca de Benji a
causa de las embestidas que Lenders le propinaba por detrás.
Cuantos más golpes daban los de dentro, más hacía chocar
Roberto la cabeza de Benji contra la puerta. Y el chaval no protestaba. Se
dedicaba a cerrar los ojos con sumisión y a dejar que aquel hombre le perforara
la boca con su trabuco. Los jadeos de Oliver empezaron a sonar con insistencia.
-¿Qué tal por ahí fuera, míster? -se oyó preguntar a Mark.
-Pues ya ves, Lenders. Intentando colarle... aahhh, las
pelotas a nuestro portero titular. ¿Y tú...? Ufff, ¿qué tal lo llevas ahí
dentro?
-Estoy con Atton, señor... Tapando los agujeros y los flancos
débiles de la retaguardia del equipo. ¿Verdad que sí, Oli?
-Aaaghh... ¡este cabrón me está follando vivo, míster!
-Eso está bien, chicos, un poco de diversión antes de...
aahh, antes del entrenamiento... -Roberto golpeó con fuerza la cabeza de Benji
contra la puerta, y éste abrió los ojos y miró hacia arriba-. ¡Chupa despacio,
joder, que me estás haciendo polvo la polla!
-Lo sien... -aquella blandengue morcilla de carne silenció a
Price antes de que acabara su disculpa.
-Cómemela como se lo haces a él, chico -su voz sonó
prepotente y autoritaria, igual que en los entrenamientos-. Sobretodo si quieres
tener rabo para todo el Mundial.
-Tal vez... -Benji la cogió con la mano para apartársela de
la boca y mirar hacia arriba, un tanto mosqueado y con el rostro tenso-. Tal vez
si no fueras un borracho de mierda y se te pusiera dura del todo...
Roberto le impidió seguir hablando al cruzarle la cara con
una bofetada. "¿Qué has dicho, hijo de perra?", le gritó, pero los jadeos de la
pareja que seguía follando dentro del vestuario sonaron por encima de sus voces.
Los golpes en la puerta iban en aumento, incluso parecía que la fueran a tumbar,
que era justo como estaba ahora Price, con el cuerpo estirado sobre el suelo de
aquel pasillo. "¡Atrévete a repetir eso, y te juro que lo único que vas a chupar
en los próximos tres meses será el banquillo, desgraciado!", le amenazó, dándole
una patada en el culo. Era un secreto a voces, que el míster empinaba el codo
más de la cuenta, e incluso a veces se presentaba a los entrenamientos con el
pestazo a alcohol saliendo de su boca. Pero nadie decía nada.
-¿Quieres que te pise la cabeza, basura? -le siguió gritando
Roberto, enajenado.
-No creo que haga falta, míster -Benji estiró una mano para
coger la gorra y colocársela sobre su pelo castaño, vuelta del revés como si
fuera un rapero-. Con eso ha sido suficiente...
Su cara estaba empezando a enrojecerse, pero sus ojos estaban
clavados entre las piernas del entrenador, que mostraba ahora una erección
bastante más potente. Price se agarró a ella como si fuera el último reducto de
dignidad que le quedara y se la zampó con la gula propia de un quinceañero
desorientado. Se conocían lo suficiente. El joven portero sabía bien que a
Roberto sólo se le ponía dura en situaciones de violencia como la que acababan
de vivir.
Mientras tanto, Mark se daba las últimas sacudidas a la polla
contra las nalgas de Oliver, que se había colocado la camiseta detrás del cuello
para no mancharla de semen. El delantero estrella disfrutó de lo lindo con la
visión de aquellos goterones resbalando por el culo y las piernas de su
compañero de equipo. Éste bajó la pierna que había apoyado contra la pared para
facilitar el acceso de Lenders a su retagardia, y se separó de la puerta lo
justo para poder abrirla. El espectáculo que pudieron contemplar no fue otro que
el que esperaban: Benji de rodillas, con la gorra vuelta del revés y la pollaza
gorda y venosa de Roberto clavada entre los labios; las manos de éste cogiéndole
de la cabeza y obligándole a tragar como si fuera un niño desganado.
-Ni siquiera tú eres infalible, Price -bromeó Mark,
limpiándose la punta del nabo con los dedos y llevándoselos después a la boca de
un modo descuidado-. Hay veces en que también te la meten bien metida...
Oliver y él sonrieron, en complicidad con Roberto, sobretodo
cuando el portero levantó una mano y extendió el dedo corazón en dirección a
ellos. Atton avanzó hasta salir al pasillo, con la polla empinada al límite y la
camiseta recogida en su nuca, mostrando unos abdominales endurecidos por las dos
horas de entrenamiento de la mañana y por la impresionante follada que Mark le
acababa de hacer en el vestuario. Se colocó junto al hombre que estaba
recibiendo aquella deliciosa mamada por parte de su íntimo amigo y le puso una
mano en los cojones.
-Yo aún no me he corrido, míster -Oliver miró hacia abajo,
sólo para comprobar que era Benji el que le había trincado de la minga y se la
empezaba a cepillar sin prisas-. Así que espero que saque sus pelotas pronto de
esta portería, para que pueda meter yo las mías... ¡Aauuhh!
El chico de la gorra se la estrujó con fuerza, al tiempo que
se sacaba el nabazo venoso de la boca y le recriminaba ser tan cabrón:
"Cuidadito con lo que dices, tío, sobretodo cuando te tengo cogido por la
polla", le miró mientras se sacaba un pelo rojizo de la lengua. Atton se
arrodilló junto a él, y la mano que tenía antes en los huevazos de Roberto
atrapó ahora el nardo que colgaba sobre ellos. "¿Quieres que te ayude con
esto?", dicho lo cual le dio un pico y se afanó a engullir con cierta ansia.
-Joder, parejita, desde luego no recordaba que fuerais tan
viciosos -Mark se les acercó, medio destrempado pero con cara de felicidad;
palmeó el hombro de Roberto y le guiñó un ojo-. Gracias por permitirnos este
recibimiento, míster.
-¡Qué menos que tener feliz a nuestra estrella más
internacional...! -se jactó el hombre con una sonrisa, a medias por la broma, a
medias por lo bien que se la estaba comiendo su joven centrocampista-. Supongo
que no quieres agacharte y probar un poco de este cóctel de bienvenida, ¿verdad?
-Me temo que voy a pasar, Rober, pero gracias -Mark siempre
le había tenido algo menos de respeto que el resto de jugadores; se movió hasta
colocarse justo detrás de Benji, que en ese momento compartía lametazos con
Oliver sobre el glande liláceo del míster-. Además, alguien tiene que ocuparse
de nuestro querido portero titular. Y ya que 'su querido novio' está demasiado
ocupado haciéndote la pelota y comiéndote las pelotas, creo que me voy a tomar
esa libertad -se dejó caer de rodillas y muy pegado a la espalda de Benji.
-¿Aún tienes ganas de marcha? -le preguntó Oliver, ignorando
la pulla directa que le acababa de lanzar.
-Somos deportistas de élite, ¿no? Se supone que nos
recuperamos rápido. Además, no sé qué le has dado a este chico -abrazó el torso
aún vestido de Price y lo recorrió de arriba a abajo-, que le encuentro un aire
de rebelde irresistible.
El aludido no pareció reaccionar de un modo especial a las
caricias de Lenders. Actuaba de un modo autómata, frío e impasible como cuando
estaba entre los tres palos de su portería, pero al mismo tiempo caliente y duro
como una roca bajo la equipación. Ni siquiera cuando el capitán metió la mano
bajo su pantaloncito negro y empezó a sobarle la polla por encima del slip gris,
pareció reaccionar de un modo especial. "¿No te apetece un poco de magreo aquí
abajo, chaval?", le preguntó al oído. "Preferiría metértela por el culo,
Lenders, pero me conformaré con lo que estés dispuesto a dar", fue la desganada
respuesta del otro, que les arrancó a todos una sonrisa.
-¡Vaya, vaya! -se oyó decir de pronto.
Los cuatro participantes de aquella improvisada orgía se
giraron casi al mismo tiempo hacia las escaleras que llevaban hasta el terreno
de juego. La inesperada sombra del defensa Danny Mellows se alargaba hasta la
mitad del pasillo. A medida que fue avanzando muy lentamente, todos pudieron
comprobar que llevaba puesto uno de los trajes de la firma de moda que le
patrocinaba desde hacía unos meses. El contrato le obligaba a vestir ropa de ese
modisto siempre que estuviera en público. Y le sentaba estupendamente, hecho a
medida.
-¿Es así como se concentran ahora los jugadores del equipo
que pretende ganar el Mundial sub-21 de este año, míster? -preguntó el chico,
con una amplia sonrisa.
-Llegas en mal momento, Danny -dijo el entrenador, que no se
había cortado en empezar a masturbarse con fuerza en cuanto las bocas de Oliver
y Benji le habían soltado el rabo-. Estoy a punto de correrme y no quisiera
mancharte ese traje tan nuevo.
Continuará...