-¿Si os dieran 10.000 euros os dejaríais dar por culo?- Fue
Jaime el que planteó el dilema moral de la noche.
El propio Jaime, Marcos, Carlos e Iván (que se había acoplado
ya del todo al grupo) se habían quedado a dormir en casa de Luis, pues sus
padres se habían ido de fin de semana al apartamento de la playa. David no había
podido porque estaba castigado, le habían pillado un paquete de tabaco en el
bolsillo del pantalón. Los demás habían organizado un torneo de fútbol en la
Playstation del anfitrión.
-Joder tío, se te ocurren unas cosas... -Respondió por fin
Luis, que se había tomado la pregunta casi como algo personal.
-Ni de coña. –Marcos fue tajante, pese a todo lo ocurrido con
Yussef tenía bastante clara su heterosexualidad.- Que dolor, tronco, ¿no ves las
caras que ponen las de las pelis porno y eso que tienen el culo abierto de tanto
follar?
-Pero porque están actuando –Intervino Iván- En el fondo a
las pivas eso les pone mazo, ¿no ves que tienen el culo pegado al coño? Pues les
da igual que se la metas por un sitio que por otro, porque sienten lo mismo.
-Ya, ¿pero tu te dejarías? –Insistió Jaime.
-Yo que sé tío... Además, ¿quién coño va a venir a darme
tantas pelas por darme por culo?
-También es verdad. –Concluyó Jaime algo abatido.
-¿Y tu que? –Preguntó Luis, tratando de averiguar a donde
quería llegar.
-Pues ni de coña, vamos no me jodas. Esto es como los
ordenadores, que hay dispositivos de entrada y de salida. Pues el culo es un
dispositivo de salida y punto.
-¿Y si una tía te pide que te la folles por ahí? –Preguntó
Iván a mala uva.
-Joder, yo que sé, si ella quiere a mí me da igual por un
sitio que por otro.
-¿Y si te lo pide un tío? Es un culo igual... –Marcos se sumó
al interrogatorio, más que nada para ver que opinión podía tener Jaime de lo
suyo con Yussef.
-Si, lo mismo es... Ahí todo lleno de pelos, que asco por
Dios...
-Pues yo no tengo ni un solo pelo en el culo... -Dijo Iván,
al tiempo que se levantaba de la cama y hacía un calvo a todo el personal. Luis
le dirigió una mirada inquisidora, pero Iván ni se percató.
Una vez la conversación tomaba esos derroteros, era muy
difícil de desviar. Podían pasar a hablar de pajas, de lo guarra que era la
vecina de Carlos o de lo bien que había estado la noche anterior la película
porno del canal local de turno, pero habían cogido la costumbre de que cada vez
que empezaban a hablar de sexo, no soltaban el tema hasta que no descargaban, si
es que había ocasión. Y aquel era el caso. Luis no estaba muy por la labor,
salvo el día del partido Iván nunca se había pajeado con sus amigos, y ahora que
en teoría estaban liados no le parecía muy bien andarse con aquellas tonterías.
Pero antes de que pudiera oponerse, Iván ya andaba con la
polla fuera, casi exigiéndole que pusiera la dichosa película porno de la que
todos le habían hablado. En cuanto Luis puso el video supo por qué: el rabo que
se marcaba el negro que hacía de protagonista era de los que hacen historia.
Dado que Iván apenas tenía acceso a material pornográfico, aquella era la polla
más grande que había visto nunca y se había terminado de empalmar fantaseando
con una de esas.
Él ya había empezado a pajearse cuando la mayoría aún ni se
había desabrochado el pantalón, y ya que partía con ventaja, decidió proponer un
juego del que había oído hablar pero nunca había tenido ocasión de probar: la
galleta.
-Pues a ver, nos pajeamos normal, y según nos vayamos
corriendo lo vamos echando todo encima de una galleta maría. Y el último en
correrse le toca comérsela galleta con la lefa de todo el mundo.
-Joder que asco, yo paso de jugar a eso. –Exclamó Jaime a
grito pelado.
-Eso es porque sabes que vas a perder... –Bromeó Marcos, que
aunque no tenía ningún interés en degustar aquello, le había picado la
curiosidad.
-Pues eso tío, no me seas mierda, si seguro que pierde Luis,
que es el más abuelo...
Luis no tenía ningún interés en responder a la provocación de
Iván, así que se fue a la cocina y trajo un paquete de galletas y un puñado de
servilletas, por sí acaso. Tampoco le hacía mucha gracia la idea, pues la única
vez que había probado su propio semen había estado a punto de vomitar, pero como
todos parecían estar de acuerdo, no tenía ganas de aguarles la fiesta.
Como si llevara haciéndolo toda la vida, Iván organizó el
tema. Despejaron de muebles la habitación de Luis, dejando un espacio central lo
suficientemente amplio como para que pudieran formar un corro sin chocarse unos
con otros. En el centro colocó la mesilla, que aunque era un poco baja serviría,
y justo encima, una galleta rodeada de servilletas para que no cayera nada sobre
la mesa. Si algo caía al suelo, lo absorbería la moqueta. La película seguía
puesta, por si alguno necesitaba inspiración.
Todo estaba listo, así que la ropa empezó a estar de más. Los
pantalones cayeron al suelo casi al unísono, y los calzoncillos no tardaron en
volar hasta la cama de Luis. Carlos e Iván se quitaron también la camiseta,
quedándose como única indumentaria con los calcetines de deporte. Sin ropa, eran
un grupo aún más heterogéneo que vestidos. Los penes sin apenas desarrollar de
Carlos y Jaime contrastaban con la polla de Luis, con una apariencia totalmente
adulta. Marcos e Iván andaban casi a la par, con una mata de vello púbico de
escasas dimensiones y una polla muy similar. La diferencia más evidente era que
Iván y Carlos seguían empalmados, mientras que el resto de pollas colgaba
mirando al suelo, casi avergonzándose de lo que iban a hacer. Jaime reclamó ante
la injusta situación:
-Eh, eso no vale, aquí tenemos que empezar todos igual, o
empalmados o desempalmados.
-¿Qué lo dices, por mí? –Preguntó Iván, aunque sabía
perfectamente la respuesta.
-Por ti y por Carlos, que mira también como está.
-Joder, y yo que quieres que haga. –Dijo éste.- Tenéis ahí la
película de fondo y se me pone dura...
-Venga, pues quitarla y cuando estemos todos desempalmados la
ponemos otra vez y empezamos. –Dijo Marcos con aire conciliador. Todos
estuvieron de acuerdo.
A Iván le costó un poco más desconcentrarse, pero en un par
de minutos la tenía completamente flácida. Podían empezar. Luis enchufó de nuevo
la película y casi al mismo tiempo Jaime, Marcos e Iván comenzaron a pajearse.
Carlos esperó cortésmente a que Luis estuviera listo, pero en cuanto vio que los
demás ya habían empezado, procedió a hacer lo mismo.
Jaime estaba justo de frente a la tele, y no perdía detalle
de la enculada que se estaba marcando el negro de la peli. La chica parecía
disfrutar con sus pollazos, pero en el fondo debía estar pasando un mal rato con
una polla tan descomunal. Jaime imaginó que era él quien tenía ese gran rabo, y
que destrozaba el culo de aquella chica sin piedad. En realidad era su mano la
que recibía sus embestidas, pero su imaginación hacía el resto.
Quien tampoco dejaba de mirar la polla del negro era Iván,
que estaba a la derecha de Jaime y justo enfrente de Luis. Así, daba la
impresión de que solo miraba a la película cuando en realidad no dejaba de
echarle miradas al rabo de Luis. No era como la del negro de la película, pero
con un poco de suerte sería suya en cuanto se fueran a dormir. Pensó en lo que
le haría cuando estuvieran solos y notó la flojera de piernas que solía sentir
cuando le faltaba poco para correrse. Estaba claro que él no tendría que pagar
la penitencia.
Luis en cambio no iba tan bien. Le estaba costando
empalmarse, pues el asco que le daba tan siquiera mirar a la galleta le cortaba
todo el rollo. La película se la sabía de memoria, y ni siquiera recordando lo
del otro día con Iván o lo de Sandra conseguía excitarse. La tenía morcillona,
lo suficiente como para poder pajearse a cierta velocidad, pero los demás
parecían llevarle bastante ventaja. Más le valía espabilarse si no quería ser el
último en correrse.
Justo a su derecha, y casi tocándose el uno con el otro,
estaban Carlos y Marcos. Se pajeaban a un ritmo similar, rápido pero firme.
Ambos tenían la vista perdida en la pared llena de posters que tenían delante,
tratando de cascarsela como si la cosa no fuera con ellos. Carlos había dejado
de hacer caso a la película de forma casi inconsciente, y de cuando en cuando
comprobaba que la galleta siguiera intacta. Tenía que ser el primero en
correrse, pese a que por la tarde se la había pelado dos o tres veces.
Para Marcos era la primera del día, pero tampoco tenía
demasiadas ganas. Le gustaba cascarsela acompañado, pero desde el último día con
Yussef no se sentía muy cómodo estando desnudo delante de sus amigos, como si
fueran a saber lo que había hecho solo con ver su cuerpo. Sabía que si pensaba
en todo aquello tenía todas las papeletas para perder, así que se giró un poco a
su izquierda para ver mejor la televisión. La escena acababa de terminar, y la
chica sonreía con un par de chorretones blancos resbalándole por la cara. Se
apoderó del mando y rebobinó la película hacia delante sin dejar de pajearse.
Paró en el preciso instante en que un par de chicas eran sorprendidas por una
tercera que se apuntaba también a la fiesta.
En cuanto la escena cambió, Iván dejó de prestar atención a
la película. Se fijó en cambio en Marcos, que estaba casi tan bueno como Luis,
aunque su polla no fuera comparable. No era mucho más pequeña, pero no tenía
casi vello y eso a los ojos de Iván le hacía perder mucho atractivo. La de Luis
si que era como Dios manda, con una mata de pelo que le llegaba hasta el ombligo
y con un buen par de huevos cubiertos completamente de vellos negros. Se moría
de ganas por hincar su nariz allí, pero hasta entonces tenía que conformarse con
mirar. Casi sin darse cuenta, aceleró su ritmo y sus piernas volvieron a
fallarle. Dio un paso hacia delante e inclinándose sobre la mesa soltó la
primera corrida de la noche. Atinó de lleno sobre la galleta María, y el primer
par de chorros se extendió por su superficie. Uno menos.
Luis le miró sin mucho interés, a fin de cuentas alguien
tenía que ser el primero. Estaba claro que con sus inclinaciones no iba a tener
muchos problemas, pero lo que le inquietaba es que él si los estaba teniendo.
Aunque nunca lo hubiera reconocido delante de él, le excitaba que su chico se
exhibiera delante de sus amigos con tanto desparpajo, como si llevara años
pajeándose con ellos. Sin embargo, su polla no parecía reaccionar del todo.
Había conseguido empalmarse, pero por más que le daba a la mano apenas se daba
placer. O se centraba o la cosa pintaba mal.
La escena de las lesbianas había terminado de animar a Jaime.
El otro día no habían llegado hasta ahí, y la verdad es que era bastante buena.
Una de ellas estaba tumbada en el suelo, y mientras la recién llegada le metía
tres dedos en el coño, ella se lo comía a la tercera participante. Ahora no
había ningún tío con rabo de 25 centímetros con el que identificarse, pero Jaime
suplió su falta fantaseando con que entraba a la habitación y las tres se
arrodillaban ante su polla, que en lugar de ser un breve apéndice se había
desarrollado completamente y no tenía nada que envidiar al de David o al de
Luis. Las chicas se peleaban por follar con él, pues llevaban mucho tiempo
esperando un rabo como el suyo. Jaime eligió a la más pechugona, la puso a
cuatro patas y se la metió por el culo. Nada más hacerlo, un chorro acuoso cayó
al suelo, y cuando quiso acercarse a la galleta apenas cayeron sobre ella un par
de gotas. Seguro que el perdedor lo agradecía.
Carlos seguía a lo suyo, aunque cada vez estaba más
desanimado. Confiaba en ser el primero en correrse, pero ahora solo quedaban
tres y la cosa se ponía chunga. Luis y Marcos parecían estar a punto de
terminar, y a él todavía le faltaba un poco. Iba deprisa, pero tampoco tenía
demasiado margen de maniobra. Se la tenía sujeta con dos dedos y deslizaba el
pellejo sobre la punta lo más rápido que podía. Era la fórmula que empleaba
cuando estaba a punto de correrse o cuando se las hacía en el baño y podían
pillarle en cualquier momento. Por si fuera poco, las escenas de lesbianas
tampoco le ponían mucho.
Tampoco le iban demasiado a Marcos, y sin embargo ahora
observaba atentamente la película. Nunca había visto un coño al natural, pero
meterla ahí debía ser la leche. Había fantaseado cientos de veces con vecinas,
chicas de su clase e incluso profesoras, pero nunca había conseguido nada con
ninguna de ellas. Era un grito a voces que Luis y David ya se habían tirado a
alguna, y Marcos esperaba hacer pronto lo mismo, aunque no tuviera la menor idea
de con quien. Mientras que aparecía, fantaseó con Marta, la novia de Luis, que
estaba como un tren. Quizá algún día lo dejaran...
Luis no pensaba precisamente en Marta, sino en su hermano
Iván. Se había vuelto a vestir pero seguía en el círculo, mirando distraídamente
las pollas de los demás tratando de adivinar quien sería el siguiente. Apostó
por Luis, pues su expresión era la que solía poner cuando le quedaba poco. No se
equivocaba demasiado, pues Luis sentía cercano su orgasmo. El recordar la mamada
que le había hecho Iván con Marta durmiendo en la habitación de al lado le había
puesto burrísimo. Aceleró un poco los movimientos de su muñeca y echó un vistazo
a sus rivales para comprobar que aún seguían jugando. Carlos parecía no estar
muy centrado, pero Marcos estaba como en trance, mirando la tele y cascándosela
a toda leche. De pronto se arrimó a la mesilla y se corrió abundantemente sobre
ella, mezclando sus fluidos con los de Iván y Jaime.
El aspecto que presentaba la galleta con las tres corridas
sobre ella y la perspectiva de tener un 50% de posibilidades de perder asustó a
Carlos y a Luis más que animarles. Luis perdió el ritmo e incluso la polla se le
aflojó un poco. Jaime terminó de cortarles el rollo:
-Venga tíos, daos vida que el que pierda se la tiene que
comer... Joder, que asco me daría...
-¿Te quieres callar, cabrón? –Le gritó Carlos con mala hostia
y visiblemente nervioso.
-Eso digo yo. –Añadió Luis- A ver si te la vas a comer tu por
bocazas...
-Vale vale, tampoco os pongáis así...
-Es que jode un huevo que hablen mientras que te la estás
machacando. A partir de ahora el que hable pierde, ¿va? –Propuso Iván. Los demás
asintieron con la cabeza por miedo a que la norma estuviera en vigor desde ese
mismo momento.
La habitación comenzaba a apestar a sudor, y pese a que
tenían la ventana abierta el calor era difícil de soportar. Marcos se puso
solamente los calzones, dejando sus bermudas donde estaban. Luis y Carlos
seguían a lo suyo, sin perderse de vista el uno al otro para tenerse
controlados. Los demás tampoco dejaban de mirar, iba a ser todo un espectáculo
ver la cara del que perdiera. Iván seguía confiando en Luis, aunque en el fondo
no le importaba que le tocara perder a él, por si con un poco de suerte le
gustaba y se la mamaba hasta el final a partir de entonces.
Marcos seguía con el mando, y en vista de que las tres chicas
comenzaban a eternizarse, avanzó unos segundos hasta la siguiente escena. Cuando
volvió a darle al play, una chica se afanaba en mamar dos pollas con mucho arte.
Aquello estaba mejor. Carlos se animó bastante con la escena, pues la mamada era
de impresión y ella gemía como una loca. Se pajeó aún más deprisa, pero la mano
derecha comenzaba a cansársele. No era momento de parar a descansar, así que
cambió de mano. Aunque no era capaz de ir tan deprisa con la izquierda, tendría
que ser suficiente.
La chica se puso a cuatro patas sin dejar de chupar, y uno de
los tíos, el más peludo, se colocó detrás de ella y se la metió sin avisar. Luis
se la sabía de memoria, al poco rato cambiaban de posición, luego se metían los
dos a la vez, y finalmente se corrían en su cara. De pronto a Luis se le ocurrió
una idea perversa: Iván y él tirándose juntos a Marta. Él por el culo e Iván por
el coño, o viceversa. Ella nunca aceptaría, e Iván posiblemente tampoco, y ni
siquiera Luis se atrevería a plantear la idea a ninguno de los dos, pero en un
momento de calentón no existen los tabúes.
Carlos estaba realmente a punto. Lo de cambiar de mano le
había hecho perder el ritmo, pero era mejor de lo que esperaba. Era lo más
parecido a la paja que se había hecho con Jaime, la sensación era distinta. Su
derecha ya estaba recuperada, pero siguió con la zurda aunque fuese más lento.
La película estaba en su mejor momento, y Carlos casi babeaba con las tetas de
la protagonista. Algún día tendría una polla como las de la peli, y podría
follarse a cientos de tías como esa. Aunque ahora lo importante era correrse
cuanto antes. Se arrimó un poco más a la mesa, para estar preparado, aunque era
una falsa alarma. Aun faltaba un poquito más de tiempo.
No fue suficiente. A la chita callando, Luis apuntó hacia la
mesa y lanzó tres buenos chorros, aunque solo uno impactó de lleno en la
martirizada galleta María. Era visiblemente más espeso que el resto, y terminaba
de hacer una mezcla muy poco atractiva a la vista. Carlos, pese a que por dentro
era consciente de su derrota, siguió como sí tal cosa. Las risas comenzaron a
proliferar por el cuarto.
-Joder que asco... Vamos Carlitos, a merendar. ¿Te traigo un
vasito de leche para acompañar? –Jaime estaba disfrutando con el jueguecito.
-Eso eso, ya sabes lo que toca... –Intervino Iván.
-Bueno, dejad al pobre chaval tranquilo un poco. –Luis, al
verse tan cerca se solidarizó con Carlos.
-Pues eso, por lo menos dejadme que me la termine, digo yo...
No le quedaba mucho, y en menos de un minuto se corrió,
aunque en una de las servilletas que había sobre la mesa. No era plan de añadir
más sustancia a aquello. Carlos sabía que no tenía donde meterse, y que tarde o
temprano le tocaría comerse lo que quedaba de aquella galleta. Podía suplicar
clemencia, o podía salir por patas de allí, pero no quería quedar como un marica
que se raja a las primeras de cambio y no cumple lo que había prometido.
Agarró la galleta por el borde, procurando no tocar la mezcla
blancuzca que había sobre ella. Marcos no quería ni mirar, pero los demás no
perdían detalle. Luis se estaba poniendo blanco e Iván se estaba volviendo a
empalmar. Jaime se descojonaba pensando en las risas que se iban a pasar con
aquello durante los próximos días. Carlos no sabía bien que hacer, si dar un
mordisquito para probar aquello y decir que ya valía, o comérsela de un bocado
para pasar el trago cuanto antes. Ante la duda prefirió preguntar:
-Oye, ¿con qué le dé un mordisco vale? Es que no tengo
hambre...
-Una leche, te toca comértela entera, ahora no te rajes.
–Jaime seguía en su línea. Y luego se preguntaba porque le tachaban de niño
repelente...
-Tampoco os paséis, yo creo que con qué se coma media o así
ya vale. –Marcos también se apiadó de él.
-Y una polla, las normas son que se la coma entera. –Iván se
mostró inflexible.
-Bueno, va, pero con la condición de que no se lo contéis a
nadie. Ni tampoco vale reírse de mí. Me ha tocado perder y me jodo, pero no me
deis por culo más.
Cerró los ojos, contuvo la respiración y se metió la galleta
entera a la boca. Estaba blanda, caliente y salada, y aunque Carlos se apresuró
para tragar, el sabor se le quedó impregnado en el paladar. Inmediatamente
después, una arcada sacudió su cuerpo y tuvo que salir corriendo al baño. Por
suerte, a la vuelta todos estaban a lo suyo y nadie volvió a comentarle nada,
aunque durante unos meses, la galleta María de Carlos fue la comidilla del
grupo.