Mientras tu crees que yo estoy narcotizada comienzan a
pesarte los párpados... y das un profundo bostezo. Tienes sueño, mucho sueño...
tu mano encima de mis hermosos pechos te pesa como si fuera de hierro, ya no
puedes levantarla... Sientes que pierdes el equilibrio... Las nubes con reflejos
cobrizos que alumbran el cielo turquesa del atardecer empiezan a bailar una
danza macabra alrededor de tu cabeza y cada vez más rápido y más y más... y PLOF...
Siento tu enorme peso aplastándome y abro un ojito disimuladamente para
comprobar que efectivamente el engaño ha surtido efecto. ¡Estás dormido como un
tronco!!
La respuesta es fácil. Imaginándome que tramarías alguna
treta, lo primero que hice fue distraerte con mi mirada dulce y mi descarado
escote. Una ligera caricia a modo de roce con mis dedos sobre tu mano cuando
sostenías las copas ha bastado para confundirte y hacerte creer que me dabas la
copa envenenada. De todos modos, para asegurarme que las dos copas no
estuvieran adulteradas, he simulado que bebía y apenas me he mojado los labios.
Libero mis manos de la cuerda y te aparto... ¿Cómo he podido
liberarme? Fácil, primero tu no eres marinero y entiendes poco de nudos,
segundo soy especialista en bondage y, mientras tu me atabas con calma porque me
creías inconsciente, yo iba haciendo mis juegos de manos para hacerte creer que
estaba bien atada.
Miro al horizonte, una espesa capa de polvo se acerca a
nosotros rápidamente. Es un carruaje a modo antiguo, tirado por dos
corceles negros como la noche. Y conduciendo el coche... siete enanitos!!
Un enano vestido de general desciende, me besa la mano y comienza a dar órdenes
a los otros seis para que te esposen manos y pies. Al acabar me entrega la
llave de las esposas que guardo estratégicamente en mi escote.
Los seis enanos te cargan y te meten dentro del carruaje.
Y yo subo a continuación acompañada de mi enano general y nos sentamos enfrente.
Sabrás que estos carruajes no son muy amplios y para ponerme cómoda apoyo los
pies en tu asiento, uno a cada lado de ti y me levanto un poco la falda ajustada
del vestido de noche para dar libertad a mis piernas. El generalito es
bastante cachondo, después de explicarme un par de chistes malos sobre
mexicanos, hunde su naricilla chata entre mis dos pechos y aspira profundamente.
Saca la lengüita y la mueve enérgicamente por la delicada piel, a ratos hace
como que me devora y me da pellizcos con sus gruesos labios. Yo le dejo
jugar, me divierte y río ante sus travesuras.
De pronto abres los ojos.
-Hola, buenas noches - te saludo pero creo que estás
bastante mareado para contestar, debes tener un buen dolor de cabeza.
El enanito hace caso omiso de tu presencia y se arrastra
debajo del asiento hasta situarse entre mis piernas. Me levanta más la
falda para poder maniobrar y me mordisquea el interior de las piernas hasta
llegar a las braguitas. Las aparta a un lado y se gira hacia ti, sonriendo
de oreja a oreja y mostrándote el bello sexo de negros y espesos rizos que te
está vedado. Suelta una sonora carcajada y recobra su posición tapándote
el panorama. Por las expresiones de mi rostro puedes adivinar que estoy
disfrutando ante lo que me está haciendo el enanito: seguramente me estará
introduciendo su lengua y sus deditos gordos y cortos.
Simulas estar indiferente. La verdad es que este
terrible dolor de cabeza no cesa y te cuesta pensar y fijar bien la vista.
Miras por la ventanilla con la esperanza de ver a alguien y, tal vez, pedir
ayuda pero no hay nadie. Los campesinos se esconden ante la terrible
visión de mi carruaje negro, temen que la Reina Canalla los rapte y se los lleve
a su castillo, donde se dice que quien entra no llega a salir... jamás.
Gimo profundamente y, extasiada, recuesto la cabeza sobre mi
asiento. El enanito, bien educado por su ama, sabe que ya ha acabado,
detiene sus juegos y recoloca mi falda. Al momento el coche frena en seco,
hemos llegado.
Los seis enanos restantes abren las portezuelas, te estiran
arrastrándote hacia el exterior y te llevan sobre sus hombros cantando el "aiho
a casa a descansar". Intentas forcejear pero pronto te das cuenta que
estos enanos son realmente fuertes para su pequeña estatura. Te entran en
mi castillo llevado de esta guisa y subes escaleras y recorres pasillos hasta
llegar a una gran sala alumbrada por luces rojas. En mitad de la sala hay
una lámpara de araña descendida a un metro del suelo. Los enanos te
reincorporan y te atan a uno de los salientes de la lámpara. Me sitúo
detrás de ti, te desabrocho la camisa... el tacto de mis manos te hace
cosquillas en el pecho, puedes notar mi cálido aliento cerca de tu oreja al
susurrarte:
- Tienes dos opciones, o dejas que mis enanos jueguen
contigo y luego yo seré buena contigo... o te resistes y serás víctima
del ardor y la violencia de mi fusta...
Me siento en una butaca de terciopelo con mi enano general
sentado a mis pies. Los seis enanos forman una fila delante tuyo y se
bajan los pantalones mostrando sus enormes cepotes y sonriendo viciosos.
- ¿Y bien? ¿Que decides, Filusito? ¿Me dejas
jugar contigo?
_____________________________
La plácida tarde da paso a una noche tormentosa. Los
relámpagos arremeten sobre las aguas del mar como si fueran latigazos divinos...
BRRRRRMMMM.... Sería de locos permanecer sin cobijo en una noche tan terrible.
Y, sin embargo, dos hombres perdidos en el camino (tal vez extraviaron alguna
cometa) se enfrentan al temporal sin más armas que sus brazos para frenar la
caída de la lluvia sobre sus cabezas. BRRRRMMMM... Alzan la vista,
el camino parece conducir a un montículo.... la cortina de agua no les deja ver
más allá. Están agotados, empapados, congelados.... cuando vislumbran al
fin una verja frente a ellos, entran y corren hacia una gran puerta. Y
sobre la puerta un picador dorado en forma de falo... ¿Serán conscientes
que están ante la puerta del castillo de la Reina Canalla, más conocida en esos
parajes como Madrastranieves la de los siete enanos? ¿Se atreverán a
llamar o preferirán quedarse afuera bajo la lluvia? Hacen ademán de tomar el
picaporte para llamar cuando de pronto se oye un alarido dentro, en el
castillo... Auuuuuuuuuuuuuuu!!!
-Bien, Filusito, escucha con atención. Debes
saber que tengo predilección por los culos anchos como el tuyo... me dan
morbo
Te bajo los pantalones y deslizo ligeramente los calzoncillos
para dejar al descubierto tu seductor trasero (ya se me hace la boca agua...
srlup).Veamos como suena -PLAF PLAF PLOF ... palmeo por aquí por allá, la
superficie algo morena de tu pompis va formando ondas al ritmo de mis palmas-.
Y ahora más fuerte y más rápido -PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF PLAF-.
Yeah, tiene ritmo el Filus pero enseguida se te enrojece la piel, como se
nota que no te tienen entrenado.
-¡General! ¡Mi fusta! -ordeno a mi enano preferido
que corre a traerme a mi pequeña castigadora, una vez en mis manos la
beso dulcemente... es tan mona-. Te has portado mal, Filus, muy
mal...
Te gustaría verme pero me hallo en todo momento detrás de ti
y sólo puedes escuchar mi dulce voz taladrándote el cerebro
-Y debo castigarte -golpeo en el aire un par de veces
y notas el viento contra tu piel-. Pero seré buena... por esta vez
¿preparado?
¡Una! CHAS ... Sientes la fusta clavarse en la piel
sensible de tu culito (en este caso culón) y como a su paso parece que te
arranca la carne. Bonito azote, no podía haberme quedado mejor. La
línea roja, casi sangrante, atraviesa horizontalmente el glúteo izquierdo.
Me tomo mi tiempo para inspeccionarlo y para tocarlo... hum...
¡Dos! CHAAAS... Este ha sido más violento que el
anterior. Sientes que te arde la piel... como si tuvieras agujas clavadas
hacia dentro... Realmente una obra de arte, tu trasero se merece un marco.
Me encanta la visión de la piel herida... ese rojo intenso, fuego... Dejo caer
la saliva de mi boca y la sientes resbalar sobre las heridas muy lentamente...
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Dos azotes, creo que tienes suficiente para ser la primera
vez. Giro la fusta y te acaricio la espalda con el mango. Lo sientes
recorrer la espina dorsal muy despacito... mmmmm.... al haber estado en mi mano
está calentito. Te araña ligeramente, claro, es de madera... pero está
suave.
Hago una indicación a mis enanos y te empujan el culo hacia
atrás trabándote las piernas abiertas con un hierro atado a sendos tobillos que
a la vez está atado a otro saliente de la lámpara, para evitar que cambies
de postura. No puedes ni imaginarte lo mucho que me gusta tenerte tan
indefenso, se me acelera el corazón de la emoción y siento la saliva nacer de mi
boca. Con las manos te aparto las nalgas para poder apreciar bien tu
entrada... como imaginaba... VIRGEN...
-Pobre Filus, pero mira... voy a ser buena, voy a
tener en consideración que eres virgen y lo haré bien -humedezco mis
dedos en la boca, los impregno de saliva ardiente y te acaricio el
finísimo agujero-. Solucionado lo del lubricante ¿ves que fácil?
No te hago esperar más, sé que en el fondo lo deseas... muy
en el fondo ¿verdad, cielo? Así que sientes el mango duro como va
perforándote, muy despacio... no quiero desgarrarte... no tenemos prisa... y
sientes que tu culito se ensancha por momentos acogiendo el elemento extraño con
un cariño inesperado. Protestas un poco pero te es imposible no gemir...
con unos gemidos cortos y agudos, suplicantes... casi femeninos. No te das
cuenta y ya tienes todo el mango dentro, no ha sido tan difícil ¿verdad?
Bien, ahora hay que darle marcha porque no has venido aquí a dormir ni a soñar.
-¡Despierta, Filus! ¡Despierta! Despierta de
tus sueños guarros e imposibles y estate atento a la realidad... la
realidad soy yo y mi fusta que está dentro de ti.
CHAP CHAP CHOP CHOP CHOP yeaheeee...
¡¡dale vaquero!!!
Y le doy al manguito hacia delante y hacia atrás subiendo de
velocidad y apretando cuando no te oigo gemir. ¡¡Mas alto!! ¡¡Mas!! ¡Más
fuerte, que te oiga bien!! Y gimes y gimes y gimes... y yo me desespero...
Arf... estoy agotada. Y tu también, tienes toda la espalda y el trasero
envuelto en sudor. Me alejo y te dejo en esa postura... mis enanos te miran
ambiciosos pero saben que deben esperar mi señal. Me siento en la butaca y
mi General me trae un te bien frío.
-Repito mi oferta, Filusito... Si te dejas hacer por
mis enanos tendrás una recompensa de mi parte.
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-Filus, balbuceas palabras sin coherencia...
"boca"... "chocolate"... "anal"... Ay ay ay... no me dijeste que fueras
aficionado a la escatología ¿Debería ir a buscar un enema?
¿Eres de los que le gusta correrse... hum... cagando? He visto
cosas peores pero esta noche ya me he quedado satisfecha y tengo que
trabajar. Una tiene otros placeres además del sexo. Lo
entiendes ¿verdad, cielo? ¡General, desaten al esclavo y échenlo del
castillo!
Los siete enanos te desatan de la lámpara y te quitan el
hierro de los tobillos. Te recolocan los calzoncillos y pantalones no sin antes
manosearte un poco el trasero y el pene que, aunque corto, está más tieso que un
garrote. Se ve que te ha gustado la sesión de sexo anal. Es una pena
que no hayas aceptado mi propuesta con los enanitos, hubieras descubierto el
gran dominio que tengo de la lengua pero... aigh... otro día será. Te
cargan a sus hombros esposado de manos y pies y te sacan de la gran sala
mientras yo sigo bebiendo mi té frío ojeando una revista de porno gay.
La tormenta no ha amainado, la lluvia y el viento se baten en
duelo, como eternos enemigos, en lucha por dominar la noche. Te llevan
hacia la entrada, en tu caso la salida, y te dejan de pie en el
portal. El General se hurga con la mano dentro del pantalón, extrae una bonita
llave y la lanza lejos de ti, en la tierra fangosa. Se despide
haciendo una burlona reverencia y ¡SLAM! cierra la puerta ante tus narices.
Hete aquí, bajo la lluvia, todavía esposado. Diriges la
mirada hacia la llave. Deberías estar contento de haber salido del castillo con
algo de honra, podía haber sido peor, mucho peor, te lo aseguro. Los dos
viajeros te miran perplejos... creo que han decidido no pedir cobijo en la
morada de la Reina Canalla pero no deben temer los forasteros, la Reina sabe ser
muy gentil con aquellos que aprecia.
Buenas noches, mis canallas.