ROSAS SOBRE QUEBEC 2ª Parte
La noche, tal y como le había indicado Eli por teléfono, se había puesto ropa
para ir a cenar. No tenía más instrucciones que esperar en la puerta del hotel a
esa hora. Alín no había contestado en todo el día al teléfono, y comenzaba a
pensar si todo no seria otra loca idea de Eli.
Pasados diez minutos. Frente al hotel paró una elegante limusina.
Instintivamente se apartó un poco de la puerta mirando a quien llegaba en tan
elegante vehículo. El conductor descendió y se dirigió a la entrada. Miró a
ambos lados, y después se dirigió a él en un mal castellano.
¿Señor Chema?
¿Cómo? -Preguntó incrédulo
¿Señor García? ¿Chema García?
Si soy yo
Haga el favor de acompañarme a la limusina por favor.
Caminó detrás de él hasta que le abrió la puerta de atrás. Le miró, y le hizo
un gesto con la cabeza para que entrase, a la vez que una sonrisa apareció en su
cara.
Cuando asomó la cabeza vio unas piernas de mujer, no muy largas, pero sí
torneadas y desnudas. Siguió con la mirada el recorrido por el cuerpo que poseía
semejantes miembros, hasta descubrir en la penumbra la cara de Alín. Casi no la
reconocía. Si ya era hermosa, esa noche brillaba mucho más. Vestía un vestido
negro ceñido, por encima de las rodillas. Un escote generoso invitaba con su
forma, la dirección que debiera tomar la mirada. El escote terminaba en un lugar
bien avanzado del canal formado por sus dos pechos.
- ¿No vas a pasar?, hace frío.
Entró, y apenas se había acomodado, la puerta se cerró tras de él.
¿Y esto? –Preguntó mirando el interior de la limusina.
Es un regalo de Eli, pero no me preguntes, porque no sé ni donde
vamos.
La limusina arrancó, y Alín se acercó a él. La besó en los labios suavemente,
para que no perdiesen tan hermoso color.
Te quiero Chema.
Alín se acurrucó en su pecho doblando las rodillas y poniendo sus piernas en
el asiento. La voz de ella siempre le había embriagado, era una voz dulce que
parecía salir directamente del corazón sin pasar por sus labios.
La abrazó contra él, y el silencio reinó en aquel habitáculo. Las luces de la
ciudad daban vida a las sombras del interior. Una ligera humedad en su mano, le
indicó que Alín estaba llorando. No estaba preparado esa noche para verla llorar
otra vez.
Alín yo…
Lo sé Chema, ha sido bonito, pero se que no tenemos futuro al
menos de momento.
Su pecho ligeramente agitado rozaba una de sus manos, mientras que con la
otra secaba sus lágrimas.
No quiero que esta última noche estemos tristes, lo que tenga que
pasar pasará, por más que nos empeñemos.
Si cariño, estoy de acuerdo, disfrutemos de lo que la loca de Eli
nos tenga reservado. -Contestó ella forzando una ligera sonrisa.
Recorrió su cara con los labios, besándola. Al abrazarla, pudo comprobar que
sus pechos estaban libres bajo el vestido. Ella se recostó en el asiento,
mientras sus brazos se estiraban en clara llamada. Chema sintió en su
entrepierna la tensión de su miembro que daba señales de vida. Notó un pequeño
dolor, que intentó enmendar recolocándose mejor el miembro en el interior de sus
pantalones. Poco a poco fue acercando la cabeza al pecho de Alín. Esta,
cogiéndole de su nuca, le apretó contra sus senos. Chema miró de reojo el
cristal que separaba su habitáculo del conductor, y se cercioró que tenían
cierta intimidad. Procedió a retirar despacio los tirantes del vestido, que
obedientes cayeron a ambos lados. Alín ahuecó un poco su postura para que parte
de su vestido se retirase a modo de telón de un escenario. Ante Chema surgieron
los pechos de ella. Fieros, desafiantes, recibieron las caricias de lo labios de
aquel que por amor, se retiraba de escena. Los pezones se abrigaron con el
aliento cálido de la boca. Agradecidos, se tornaron duros, saliendo de su
letargo para reverenciar tales caricias. Las manos de Alín se ensortijaban en el
pelo de él, asegurándose de que el contacto no se perdería por nada.
Las manos de Chema recorrieron una y otra vez las caderas de ella, hasta que
se adentraron en las profundidades de su vestido. Envalentonadas, ascendieron
por las infinitas piernas, hasta encontrarse en su punto de unión. El sexo
palpitante y húmedo parecía querer despojarse a mordiscos de la diminuta prenda
que lo aprisionaba. Los dedos, a modo de cruzados medievales, corrieron prestos
a liberar a su dama. Encontraron la recompensa de una gruta abierta, dispuesta a
ser tomada al asalto, aun cuando las circunstancias de intimidad no eran las más
adecuadas. Alín pensó en unos segundos en el cambio que ese hombre que nadaba
entre sus pechos había obrado en ella. De ser una chica modosa, tímida y con
miedo al placer y al amor, tras algún desengaño, se había convertido en una
cortesana del siglo veintiuno, dispuesta a las máximas locuras por su hombre,
dispuesta incluso a entregarse en el asiento de una limusina, mientras se
dirigían hacia un destino desconocido.
Los suspiros, las caricias, el amor que sus ojos dejaban entrever…. Todo ello
tuvo que volver a la realidad cuando el vehículo entró en un recinto iluminado,
perdiendo el interior del habitáculo sus difusas sombras tras las que los dos
amantes se escondían.
- Es un hotel.- Exclamó Alín mientras asomándose a través del cristal de la
ventanilla, procedía a colocarse el vestido en su sítio.
La limusina les dejó en la puerta de un Hotel a las afueras de la ciudad. El
Chateau Bonne Entente Québec City. Las luces del edificio les envolvieron cuando
descendieron del vehículo. Alín se veía mucho más hermosa ante el reflejo
vivaracho de las luces. Subieron las escaleras, y una joven con el uniforme del
hotel, les salió a recibir, acompañándolos hasta la recepción del hotel.
La señorita Eli Castañeda les ha invitado a una cena en el
reservado del restaurante. Después cuando les apetezca, pueden
hospedarse en la suite 603, donde tienen pagada una noche de
estancia.
Alín y él quedaron paralizados por el asombro.
Pero esto es una locura. ¿Sabes lo que puede costar esto?.-
Preguntó Chema mirando fijamente a Alín.
Me lo imagino. No te preocupes, el dinero no es problema para
Eli. Ella lo ha preparado todo para un supuesto desagravio que no
acabo de entender. ¿Sabes tú de que va todo esto, cariño?
No ni idea. - No quiso decirla todo lo que Eli había hecho para
que su relación no siguiese adelante.- No tengo ni idea, pero creo
que tienes una buena amiga.
Si, y vamos a disfrutar de esta noche como nunca. No
desperdiciemos este regalo.
Alín había recuperado su sonrisa, y tirando de él, se dispusieron a seguir a
la chica que les guió hasta el restaurante. Los hombres que estaban en el
vestuario, no podían dejar de volver la vista para seguir los pasos de Alín.
Incluso los que estaban acompañados, disimuladamente miraban deseosos.
Cuando entraron en el recinto, se quedaron boquiabiertos, nunca habían visto
nada tan bonito.

Todo estaba perfectamente conjuntado, y su saloncito particular, estaba a la
derecha, cerrado por unas finas cortinas que daban una cierta intimidad. Alín y
Chema se acomodaron y como dos chiquillos ante el día de los Reyes Magos, se
dispusieron a disfrutar de una noche inolvidable.
Alín le tomó de la mano estirando su brazo, y la retuvo durante unos minutos.
No dijeron nada, solo se miraron a los ojos, y al final de la mirada,
comprobaron en sus ojos un reflejo de esperanza. Sabían que pasase lo que pasase
en el futuro, aquella noche no era un final, y la vivirían como lo que era, un
regalo de la vida, y Eli su brazo ejecutor.
Cuando le soltó, le dijo.
- Gracias por estos días maravillosos
- Las gracias te las doy yo, porque me has llenado de vida.
- Eres un cielo.
Se levantó hasta donde estaba ella, y la dio un suave beso colocándose en
cuclillas a su lado.
¿Sabes? Esta noche he tenido una pesadilla horrible. -La dijo
mientras regresaba a su silla
¿Has tenido tiempo para ello? Yo no recuerdo ni lo que he soñado.
Soñé que no querías verme nunca más
¿Y eso?
Estábamos todos en una discoteca, donde por cierto habíamos hecho
el amor.
¿En la discoteca? ¡Que locura! No creo que fuese capaz de ello.
-Dijo mientras reía.
Sí, después contábamos cada uno una historia de lo más loco que
habíamos hecho en sexo, y yo contaba una relación homosexual.
¿De veras?
Sí, tú me insultabas y me decías que no querías verme más. Fue
tan real, que cuando desperté pensé que todo había sucedido.
¿Por la relación Homosexual?
Si. -Contestó un poco inquieto.
Pero cariño, yo no soy quien tiene que juzgar nada de lo que
hicieses en el pasado. Tú tampoco me has preguntado nada sobre el
mío. -Se echó a reír de nuevo.
¿De que te ríes?
¿Te acuerdas de la compañera mi cuarto Samanta? Pues es lesbiana,
así que ya me dirás a cuento de que me voy a enfadar por esas
cuestiones sexuales.
¿Lesbiana? ¡No me querrás decir que habéis mantenido relaciones!
Los dos estallaron en una sonora carcajada, que se prolongó durante
unos minutos, haciendo que se les saltasen las lágrimas, liberando sin
duda mucha tensión acumulada en el cuerpo. Cualquiera que les oyese
desde fuera, pensaría que estaban un poco chispas por la bebida.
Alín no quiso contarle lo sucedido en la ducha con Samanta. No sabía por qué.
Estaba segura que entendería la situación. Entendería que añoraba sus caricias,
pero se sintió cobarde y no se lo dijo.
Tú nunca me has preguntado por amantes pasados.
Bueno, como bien has dicho, el pasado pertenece a cada uno.
¿Quieres que te lo cuente?
¿Quieres contármelo? -Respondió con cierta inquietud
Alín guardó silencio durante unos instantes. En la cara de Chema podía verse
el gesto de intentar disimular su curiosidad. Después pausadamente Alíncomenzó a
hablar.
Cuando me hiciste el amor el día de tu llegada, - dijo
ralentizando sus palabras- fue mi primera vez.
Casi se atraganta al oír tal afirmación. Quedó perplejo ante la confesión, y
durante unos segundos quedó mirando los ojos de Alín esperando divisar algún
gesto que confirmase que era una broma.
¿Tu primera vez? No puede ser. ¿Entonces la vez que lo hiciste
ante la cam?
No hubo penetración. Me hizo gozar mucho, pero no hubo
penetración.
Recordó aquel día que tanto daño les había hecho. El chico la hizo gozar
realmente. Fue un amante extraordinario que manejaba sus manos y su lengua como
un verdadero experto. La regaló tres increíbles orgasmos, pero no llegó a
penetrarla; no se lo permitió. Pero entre el ambiente oscuro de la habitación, y
por qué no decirlo, que chema no miraba constantemente y estaba dedicado por
entero a satisfacer a su pareja, no se percató de que sus orgasmos no fueron por
la penetración de un miembro viril.
Pero yo no me di cuenta… no noté nada que me hiciera pensar…-
Atinó a decir torpemente.
¿No te alegras?
Si claro que sí, ¡pero que torpe pude ser! De haberlo sabido te
hubiese mimado más. No se…
Apenas noté dolor. Si bien nadie me había penetrado, no te voy a
decir que no haya tenido juegos sexuales como comprobaste en
nuestros contactos en la cam.
Quedó aturdido.
No sé por qué pero desearía que me dijeses que es una broma.
Siento un extraño sentimiento de responsabilidad. Además enterarme
el último día que vamos a estar juntos….- Bajó la cabeza juntando
las manos fuertemente.- De haberlo sabido…. No sé, quizás….
No te preocupes por nada. Deseaba perder la virginidad en el
momento oportuno, y ese día fue el ideal.
¡Pero encima de un piano!
No podía haber imaginado un sitio mejor. Cada vez que ensayo en
él, me vienen esas imágenes a mi mente, y tengo que hacer verdaderos
esfuerzos para centrarme.
Tengo un sentimiento extraño. Este hecho potencia más mis
sentimientos hacia ti. No por ser el primero… No sé explicártelo.
Aquella revelación envolvió la noche en una sensación de ternura, de gestos
de complicidad, donde lo de menos eran las sabrosas viandas que les servían en
la mesa. Gestos, caricias, miradas… y la música de la orquesta que invitaba a
levantarse de la mesa y juntos iniciar un baile lleno de amor. Alín apoyaba su
cabeza en el pecho de él, y su cuerpo se cimbreaba suavemente incitando a Chema
en una llamada como el canto de las sirenas de la antigüedad.
Así, entre abrazos y palabras de amor, la noche avanzaba inexorable. La
pareja ya deseaba entregarse a otro baile más íntimo, más excitante, así que
abandonaron el restaurante para dirigirse a recepción para recoger la llave de
la suite. Fueron hacia el ascensor agarrados de la mano, mientras la gente que
pasaba junto a ellos, miraban con envidia unos y con recelo otros –por la
diferencia de edad- a la pareja de enamorados. El botones que les abrió la
puerta, explicó a Alín las diferentes estancias de la suite, y tras recibir una
propina, se retiró.
Espero que te hallas enterado de todo, porque yo no he entendido
nada.- Dijo Chema sonriendo.
No te preocupes, que lo único que has de saber es donde está la
cama.- Contestó Alín mientras se colgaba de su cuello para besarle.
Chema la cogió en brazos como si careciese de peso, y se dirigieron hacia un
pequeño saloncito con la chimenea encendida. La depositó suavemente en el suelo
y de pié junto a ella, pudo comprobar lo hermosa que era a la luz de las llamas.

Ven Chema, túmbate junto a mí.
Apagó las luces para que solo el resplandor de las llamas iluminase el
entorno. Después se sentó junto a ella.
Alín apartó su pelo derramándolo sobre la alfombra. Miró la cara de Chema
hendida por los reflejos del fuego y poco a poco su cuerpo comenzó a sentir la
necesidad de darse por completo al hombre que la había enseñado a amar. Acercó
sus labios a los suyos, y fue el pistoletazo de salida a una competición en la
que sus cuerpos iban a ser los dos únicos participantes.
Sus lenguas daban pequeñas pinceladas acariciándose una a la otra. Así,
vestidos aún junto al fuego, sus labios se entrelazaban en una danza frenética;
sus manos recorrían los cuerpos, deseosas de encontrar un resquicio donde poder
llegar a la piel. Pasó la mano por su espalda para acceder a la cremallera del
vestido que le daría la llave de su desnudez.
El móvil de Alín retumbó en la habitación. Ella se negaba a cogerlo, pero la
insistencia y las horas que eran, hicieron que sacase de su bolso tan indiscreto
aparato.
Eli, ¿pero que has hecho cariño? Estás totalmente loca, esto te
ha tenido que costar una fortuna.
Un breve silencio acompañó a Alín mientras se apoyaba en el respaldo del
sofá, a la vez que girándose hacia Chema le mandaba un beso. Después puso cara
de intrigada, y se dirigió al dormitorio, en el que depositado encima de la cama
había un pequeño paquete envuelto en papel de regalo. Procedió a abrirlo con
sumo cuidado, y al mirar el interior, estalló en una sonora carcajada.
Decididamente estás loca cielo.
Siguieron hablando un par de minutos más, mientras él sentado en el suelo
junto al fuego, observaba la escena entre divertido e intrigado. Por fin Alín
colgó el teléfono, y desapareció dentro del dormitorio con el paquete que había
en la cama. Tras unos minutos, salió y se dirigió hacia Chema riendo aún. La vio
caminar desde el suelo, y su silueta me pareció todavía más increíble.
Era Eli, ¡está totalmente loca!
Se fue a tumbar junto a él, pero no la dejó. Procedió a colocarse de rodillas
frente a ella.
¡Que hermosa eres!
Colocó sus manos en los tobillos, y fue ascendiendo por sus torneadas
piernas. Ascendió sus manos hasta sus glúteos, donde jugó con su redondez. Se
atrevió con su tanga, comprobando que era realmente diminuto, de esos que forman
un escueto triangulo para medio tapar el sexo, sujeto con unas finas tiras, que
desaparecían entre las nalgas. Las tiras estaban unidas por un conjunto de
filigrana formado con pequeños adornos brillantes.
- El tanga es regalo de Eli, lo había dejado en la cama. Me ha dicho que era
por si te ponías demasiado efusivo.- Los dos rieron con el comentario.
Acabó de desabrochar su vestido cayendo suavemente al suelo. La luz de las
llamas, dieron vida a sus curvas. Siguió arrodillado ante su diosa, implorando
en silencio que esta batalla que iba a librar no acabase con su vida.
Alín dio un paso al frente, colocando su pierna derecha sobre el hombro de él
cerrándola sobre su espalda. Sus manos se agarraron a sus cabellos, y cuando se
sintió segura, acercó su sexo a su cara.
Chema sintió el aroma de su deseo. Apartó un poco el tanga, y se dispuso a
recorrer con su lengua sus labios vaginales. Alín estaba esperando su reacción,
y esta no se hizo esperar cuando comprobó que se había depilado su sexo
totalmente, dejando un pequeño bigotillo por encima del pliegue de sus labios.
¿Te gusta?- Preguntó melosa.
Por toda respuesta, hundió su cara en tan delicada vagina. Su lengua salió
decidida a conquistar tan exquisito territorio. Daba pequeños lengüetazos que
poco a poco fueron obteniendo el resultado deseado. Alín con los ojos cerrados y
las manos acariciando su cabello, comenzaba a producir el preciado fluido, que
los labios recibían gustosos. Un olor dulzón se apoderó de su nariz. De reojo
pudo ver que Alín se acariciaba los pechos con una mano mientras recibía golosa
tan exquisitas caricias.
Él estaba cómodamente instalado, pero pensó que Alín debía estar un poco
inestable con tan acrobática postura. Se levantó a la vez que aferrándola de las
caderas, la volteaba para depositarla suavemente de espaldas sobre el suelo.
Alín quedó con las piernas flexionadas y ligeramente abiertas, esperando los
próximos movimientos. Chema deslizó el pequeño tanga por sus piernas, y al fin
pudo ver el maravilloso espectáculo de su desnudez, en especial su depilado
sexo.
Pasó una mano desde su pubis hasta su cóccix. Su ano también estaba
totalmente depilado.
Sabía que te gustaba, así que Eli me animó a que me lo hiciese.
Estas preciosa Alín… preciosa…
Se quitó lentamente la ropa, mientras no dejaba de mirar el cuerpo de su
amada.
Un mal pensamiento cruzó su mente, pero sacudió ligeramente la cabeza para
deshacerse de el; no estaba dispuesto a que nada ensombreciese esa noche tan
especial.
Cuando estuvo totalmente desnudo, Alín extendió las manos para acercarle a su
regazo. Comenzó a lamer sus pechos suavemente, comenzando por el desfiladero
formado por sus dos turgentes senos, para desplazarse a cada uno de sus pezones
que desaparecían entre sus labios a la vez que los dientes los mordisqueaban
ligeramente.
Se entretuvo en sus pechos, mientras las manos recorrían su cuerpo, rozando
levemente en movimiento deliberado su entrepierna. Alín respiraba entre
suspiros, que mas parecían pequeños grititos.
Alín tomó su cara con sus manos, apartándole de sus pechos.
Quiero pedirte un favor esta noche cariño.
Dime Alín.
Quiero que hoy me hagas el amor con furor, como tú sabes. Quiero
que saques de tu interior toda tu fuerza. Esa fuerza que por el chat
me demostrabas. Quiero que me hagas todo lo que nos imaginábamos que
me harías.
Pero Alín… -Dijo perplejo.
Quiero que uses mi cuerpo. Quiero que lo hagas vibrar como un
afinado instrumento en manos de un músico experto.
Fueron unos instantes mágicos. Sus ojos brillantes y sus rasgos orientales,
la dieron una imagen de pantera. Chema se lanzó a la conquista de tan exquisito
regalo, aferrándose a las curvas que delimitaban tan precioso cuerpo. Su pene
impaciente, parecía tener vida propia, y en varias ocasiones quiso entrar por su
cuenta en tan deliciosa cueva de amor.
¡Dios, eres preciosa!
Alín sintió intensas corrientes eléctricas cuando el duro miembro rozaba la
zona de su clítoris. A esas alturas, entre el interrumpido escarceo de la
limusina, las palabras de amor y caricias de la cena, y el ambiente cálido de la
habitación, su sexo era una catarata de fluidos y de sensaciones.
Los labios de Chema buscaron un punto bajo la oreja, logrando erizar la piel
del cuello, torso, e increíblemente los pechos. Cuanto más jugueteaba él bajo su
cuello más intensa era la sensación, hasta que notó los senos hinchados y los
pezones llegaron incluso a dolerle. Instintivamente arqueó la espalda, y buscó
el contacto contra el fuerte pecho de él. El alivio que sintió fue maravilloso.
Sintió unas ardientes oleadas que recorrían su columna vertebral. El calor
pareció trasladarse del cuerpo de él al suyo, concentrándose entre las piernas.
Cuando la lengua de Chema recorrió el cuello hasta llegar a la oreja,
enroscándose en los bordes, Alín dejó escapar un gemido. Su hombre había
descubierto un punto sensible y agradable al contacto. Nadie como él se había
preocupado de satisfacerla de forma tan altruista.
Contuvo el aliento hasta que él volvió a hacerlo una y otra vez. Sus manos
ascendieron por los brazos de Chema, acariciándolos suavemente, siguiendo las
ondulaciones de los bíceps hasta rodear los hombros. Los músculos vaginales
pedían un alimento más sólido con que saciarse, y este pareció llegar cuando el
glande se posó sobre los pliegues de su mojada vagina. El latido de la ingle se
convirtió en una dolorosa urgencia. Los dos sexos enfrentados sumaron anhelos,
deseando cuanto antes un encuentro más profundo. A cada pasada del glande, su
ansia se veía aliviada y encendida a la vez.
Lenta y deliberadamente, Chema empujó su miembro contra aquel lugar tan
especial. El aliento que Alín había estado conteniendo se le escapo de golpe. Él
se mantuvo allí, masajeando simplemente aquel punto hasta que ella creyó
enloquecer. De pronto se detuvo y ella comprobó que no podía soportar que lo
hiciese; levantó las caderas con todas sus fuerzas, buscando el ansiado
contacto, sin encontrar más que aire. Siguiendo los deseos de su cuerpo, Alín
rodeó los muslos de él con sus piernas, y tiró con todas sus fuerzas para que
regresase, porque lo necesitaba ya.
El miembro viril de Chema se apretó contra sus muslos, no donde ella
esperaba, sino más abajo. Se deslizó con facilidad entre aquellas humedades,
tanteando el terreno, buscando, hasta acurrucarse en un valle blando y acogedor.
Las piernas de Alín se agitaban en el aire intentando buscar el aire que la
faltaba cuando Chema arremetía con fuerza contra ella. Los movimientos de él
eran mezcla de rabia contenida, dulzura y control. Alín sintió que las llamas de
la chimenea se hacían enormes cuando parecieron juntarse a las oleadas de calor
que partieron de su interior, instantes antes de que un brutal orgasmo inundara
la habitación como una onda expansiva. Clavó las uñas en la espalda de él, que
lanzó la cabeza hacia atrás al sentir las punzadas en su piel.
Alín levantó un poco el pecho de él para poder respirar. Chema se retiró a un
lado saliéndose de ella, ante sus protestas. Había estado a punto de correrse, y
necesitaba unos instantes para recuperar el control. Quería que aquella noche no
tuviese fin, y no quería quedar fuera de juego a las primeras de cambio.
Cuando Alín recuperó su aliento, se giró hacia el pene de Chema, tomándolo
con una mano y liberando el glande que se mostraba rojizo y brillante ante el
reflejo de las llamas. Probó su sabor con la punta de la lengua. Tenía sabor a
ella, así como su olor. Se introdujo el miembro en la boca, al mismo tiempo que
su mano procedía a masturbarlo lentamente.
Chema se fue girando hasta que su cara se enfrentó con el misterio de su
gruta de amor. Alín pasó una de sus piernas sobre él, y así el sesenta y nueve
quedó completado. Sus cuerpos se acoplaron perfectamente, asemejándose al
símbolo Ying-Yang de la cultura china. El silencio de la habitación solo era
roto por el chapoteo de sus labios en el sexo del otro. Los fluidos se batían
con sus lenguas, antes de pasar al interior de sus cuerpos. Sus alientos se
mezclaban con el calor que manaba en oleadas de sus sexos.
Ella notaba rozar la lengua de él en la rosada e hinchada carne que coronaba
su vulva, recibiendo un torbellino de sensaciones que se extendían desde la
ingle a todo su cuerpo. Él se deleitó en su vagina, profundizando, enroscándose,
hundiéndose entre sus pliegues, como si quisiese atrapar cada gota de su
humedad. Sus palabras de gozo quedaban atenuadas en la humedad de tan dulce
cueva.
Chema salió de la posición en que se encontraba, y ante la mirada atónita de
Alín la tomó en brazos y la llevó hasta la cama, donde la depositó con suavidad.
Alín quedó tendida y quieta, con uno de sus dedos acariciando sensualmente sus
labios. Antes que pudiera decir algo, Chema se arrodilló en el suelo y metiendo
las manos bajo los glúteos de ella, la atrajo hacia sí, hasta colocar sus
caderas al borde de la cama.
Ven aquí. Deseo lamer tolo lo que pueda conseguir que me
ofrezcas.
Alín se dispuso a resistir otro capítulo del goce que hasta entonces había
estado sintiendo.
Chema le pasó la lengua desde la base hasta la parte superior de la vulva,
una, dos veces. La tercera vez se detuvo aquí y allá jugueteando, presionando.
Eres lo más dulce que he probado nunca.
Después siguió devorándola de arriba abajo, avanzando un agónico centímetro
cada vez. Ella cerró los ojos y creyó estar a punto de estallar en llamas. Las
paredes de su vagina latían y se desesperaban, sintiendo un insoportable vacío.
Él pasó de juguetear por toda su vulva a concentrarse en la parte superior.
Su lengua lamió de nuevo su clítoris, y ella expulsó todo el aire de su cuerpo
de golpe, como en un mudo grito. Chema volvió a hacerlo lamiendo con firmeza, y
Alín se incorporó de un salto para caer de nuevo y retorcerse mientras él
repetía aquello una y otra vez. A cada pasada de su lengua ella notaba que
exudaba deseo por todos los poros de su cuerpo, hasta llegar a un punto en el
que pronunciaba el nombre de Chema a cada jadeo, rogando que le entregase algo
que él seguía escamoteándole.
Alín no podía aguantar más. En un ataque de rabia lo aferró por el cabello y
empujó su rostro contra aquella ansiosa y empapada vulva, guiada tan solo por su
deseo de sentir algo sólido en ella.
Chema la estaba matando, abandonándola indefensa al borde mismo de aquel
ardiente y misterioso abismo.
Volvió a lamer delicadamente sus pliegues, serpenteando para atrapar los
espesos jugos que brotaban del anhelante sexo de Alín.
Presionó la lengua contra aquel punto destacado en lo alto, y ella sintió que
un rayo la atravesaba de arriba abajo, arqueando su espalda hasta despegarla de
la cama para acercar más su estremecido sexo al rostro de él.
Más fuerte, más fuerte –rogó ella.
De pronto Alín tiró de su cabello y levantó las caderas al mismo tiempo,
pillándolo por sorpresa y haciendo que su barbilla se hincase en su hinchado
clítoris.
¡Ssssiiii……!
Un alarido de placer brotó de la garganta de Alín mientras hacía lo necesario
para que la barbilla siguiese frotándose contra su clítoris.
La cara de Chema quedó bañada de los abundantes fluidos que Alín produjo.
Miró por encima del pubis, y observó divertido el acompasado vaivén de los
pechos de ella acompañando a la agitada respiración.
No la dejó tiempo a que se serenase del todo, y tomándola de las piernas las
levantó hasta depositarlas en sus hombros. Dejó que la cabeza de su miembro
buscase lo que desesperadamente había solicitado durante el encuentro amoroso.
Apenas sintió la humedad de la entrada de la gruta, dio un breve impulso con sus
caderas y el ariete duro e hinchado tomó posesión de tal territorio; solo el
contacto de los testículos con el ano de ella impidió que el pene siguiese
penetrando en tan húmedo destino.
Alín gimió al notarse llena, pero en esa postura no pudo sino esperar los
acontecimientos que no tardarían en desarrollarse. Lentamente al principio,
tanteando el terreno, y con más prestancia y confianza después, Chema comenzó a
moverse dentro de ella a modo de pistón en el cilindro de los motores. La funda
formada por su vagina, se acomodaba como un guante al miembro viril que por fin
se sentía dueño de tan deseado tesoro. Muy a su pesar, sintió que el orgasmo se
avecinaba, e intentó de nuevo una retirada táctica. Pero Alín no estaba
dispuesta a tan cobarde movimiento, y rápidamente metió su mano entre sus
piernas aferrando aquel duro trozo de carne, y con un firme tirón hacia su
interior dejó ver bien a las claras que no estaba dispuesta a quedarse sin su
premio.
Junto a los movimientos de cadera de Chema, Alín añadió unos movimientos de
su mano en el pene a modo de masturbación. Mientras Chema metía y sacaba el
miembro de su interior, ella movía el pene en todas las direcciones en las que
su deseo pedía acción.
Chema quedó como barco varado en la playa, y un grito desgarrador salió de su
garganta, mientras desencajaba completamente su rostro. Cuando el primer
latigazo del orgasmo lanzó contra el fondo de la vagina la primera andanada de
semen, Chema inició un enérgico movimiento de vaivén. Los dos cuerpos lanzaron
sonidos al aire, mientras chocaban con una energía capaz de iluminar una ciudad.
Fue un orgasmo intenso, en el que los pechos de Alín sirvieron de asidero para
las manos de él, que buscaba no perder el equilibrio en tan salvaje envite.
Cuando todo hubo acabado, se derrumbó sobre el pecho de Alín. Esta recibió su
cabeza en su regazo, mientras araba sus cabellos con los dedos.
Su pene se fue tornando flácido, abandonando por si solo el angosto
escondrijo, a la vez que parte de la semilla salía a pequeños borbotones
escurriéndose por las nalgas de ella. Para que no se manchasen las sábanas, Alín
recogió parte del fluido con una mano, depositándolo posteriormente por su
vientre. El aroma resultante, era digno de ser guardado en un frasco de cristal.
¿Agotado?
Me dejas exhausto Alín.
Se tendió de espaldas en la cama, y su pene, que no hacía mucho se mostraba
desafiante, ahora se curvaba sobre el muslo de su dueño, como galgo tras una
carrera.
Pero Alín no quería que aquello acabase así. Bajó su cabeza por su pecho,
mientras sus labios no permanecían ociosos. Depositó sus besos en los pezones de
él, a la vez que su mano se dirigía rauda a despertar al monstruo dormido que
yacía impávido y curvado en la misma posición en la que había caído derrotado
por el esfuerzo del combate.
Procedió a morder ligeramente los pezones, mientras su mano comenzaba a
acariciar el miembro viril.
Tienes que dejarme descansar un rato Alín, todo tiene su tiempo.
Alín le miró retadora, y volvió a sus pezones, para esta vez darles unos
mordiscos que actuaron como detonador para una serie de sensaciones que
desbocándose por el cuerpo, fueron a parar a la raíz de su pene. Chema elevó su
cuerpo como si una sacudida eléctrica hubiese descargado sobre él. Alín observó
satisfecha que sus maniobras producían aquellas sensaciones en su hombre, pero
no soltó ninguna de sus dos presas. Notó en la palma de su mano que el pene que
parecía muerto, no lo estaba, y que volvía a dar señales de vida despertándose
perezoso.
Bajó entonces con sus labios hasta que se entrelazaron sobre el glande. En su
boca notó como aquella herramienta que tanto gozo la había dado, retomaba su
prestancia, su arrogancia. Y supo que era de ella al notar su sabor y su olor,
junto a los restos de la semilla de su amor.
Chema no permanecía ocioso, y sus manos se aferraban a las nalgas de ella,
separándolas convenientemente, hasta descubrir aquel rincón aún virgen, y que
hacía tiempo era blanco de sus deseos. Se fue colocando bajo su cuerpo, hasta
que sus labios ansiosos depositaron el aliento en la cueva poco antes tomada. Su
lengua recogió restos de su semen. Procedió a deleitarla con los movimientos de
su lengua, recorriendo cada pliegue, cada rincón. A pesar de las visitas que su
lengua había hecho a ese lugar, siempre era su primera vez, un olor diferente,
un sabor nuevo que descubrir.
Sentía doble placer; al dar y al recibirlo. Alín había podido hacer volver a
la vida a su miembro, y él estaba deseando proseguir el encuentro, adentrándose
en nuevos territorios.
Siguió lamiendo a la vez que separaba más los cachetes de ella. Descubierto
su destino, procedió a dirigir lentamente su lengua hacia el. Alín al notar la
caricia, dio un pequeño respingo, y puso su mano para ocultar su "desnudez".
Chema no se desanimó, y empujó levemente la mano de ella, hasta que tímidamente
la retiró, dejando vía libre a la inminente exploración. Rodeó el oscuro
orificio, y hasta él llegaron aromas del sexo de Alín. Aprovechó la lubricación
natural, y como un fino estilete, su lengua fue aflojando la presión con que tan
recatado lugar se defendía. Poco a poco, con perseverancia su lengua fue
haciendo pequeños círculos, marcando el compás con el que las caderas de Alín
debían moverse, ante tan exquisito e inesperado goce.
A la llamada de la lengua acudió el dedo índice, que se posó firme, para sin
perder el paso abierto, comenzar el asalto a tan indefensa fortaleza. Alín sin
dejar de agarrar el pene, elevó el torso haciendo que el invasor avanzase con
más energía y determinación. Quedó quieta, esperando decidirse entre sentir
dolor o placer. Chema esperó a que el anillo del ano se hiciese a la nueva
dimensión. Fue Alín quien al sentir su ano más distendido inició una serie de
movimientos en sus caderas. Se elevaba y retorcía sobre el dedo, amenazando la
integridad de este.
Sin abandonar la zona conquistada, Chema fue colocando a Alín de forma que
esta quedó boca abajo, serpenteando sobre las sábanas a medida que aquel
juguetón dedo tomaba su virginal ano.
Chema sacó de repente el dedo, y Alín quedó vacía y con las piernas abiertas.
Miró hacia atrás con ojos suplicantes, y pudo ver como Chema se dirigía al baño
y regresaba con un pequeño bote de cristal, que contenía aceite corporal.
Procedió a extenderlo por sus nalgas, y cuando el fluido tomó contacto con su
ano, un frescor más que agradable vino a paliar el ligero escozor que sentía.
Mientras sus manos amasaban, y separaban las nalgas, sus labios revoloteaban
por la espalda de ella. Era un baile con distintos participantes; la suavidad de
los labios, y la contundencia de las manos preparando el asalto final a la
fortaleza de su cuerpo. La última plaza debía caer, y él era la persona elegida,
y aquella suite, el lugar idóneo.
Las manos embadurnadas de aceite, se adentraban con suma facilidad en el
interior de las nalgas, y el ano era visitado y tomado cada vez con más
frecuencia. Alín seguía con su danza, mientras sus pechos con el roce de las
sábanas, pedían una mayor atención.
Chema como una sombra en la noche se deslizó sobre el cuerpo de Alín. Colocó
diestramente la cabeza de su pene en la entrada del ano de ella, y con una
presión suave pero constante fue haciéndose hueco en sus entrañas. Alín
controlaba la cadencia con una mano en el pene. El dolor que sentía era mucho
menos del que se había imaginado, y fue envalentonándose hasta que en un
esfuerzo por sentirle totalmente dentro, empujó sus caderas hacia atrás. Lanzó
un pequeño grito al sentirse totalmente llena. Fue un grito entre el dolor y el
triunfo. Su amor la había terminado de poseer.
Lentamente fueron moviéndose los dos. Alín fue la que incrementó el ritmo con
un baile frenético de sus caderas. Chema se asió a los pechos, que por fin
tenían las caricias ansiadas. Los cuerpos ya sudorosos se mezclaban con el gel
corporal, y como si estuviesen en el hiperespacio, cualquier movimiento
amenazaba con una continuidad que terminase con cualquiera de ellos fuera de la
cama. Una mano abandonó los pechos y se dirigió hacia el duro clítoris, que se
asomaba fuera de los pliegues de la vagina, intentando adivinar en que lugar se
estaba produciendo esa catarata de sensaciones.
Cogió el diminuto apéndice, y lo pellizcó levemente, momento en el cual, Alín
experimentó un orgasmo como no recordaba otro igual. La estrechez del canal,
hicieron que a pesar del orgasmo que acababa de tener, sin que pudiese siquiera
pensar en retener el placer, soltase un chorro de semen a modo de lengua de
fuego, que Alín sintió dentro de su enrojecido ano.
Resoplando posó su cabeza en la espalda de ella, a la vez que sus
respiraciones agitadas se acompasaban en el tiempo. El pene fue perdiendo poder,
y salió produciendo un ruido parecido al descorche de una botella. El semen
salía a borbotones junto a burbujas de aire. Sus cuerpos quedaron rotos uno
junto al otro; el esfuerzo, el placer, y las noches anteriores les pasaron
factura, y abrazados se durmieron en un mar embravecido de sábanas y mantas
arrugadas.
A la mañana siguiente, Alín despertó con el sonido del Jacussi. Desnuda se
dirigió al baño, donde Chema estaba con los ojos cerrados recibiendo las
caricias de los cientos de burbujas que chocaban contra su piel. Se quedó
mirando un rato sin hacer ruido. Observó su cuerpo vigoroso, sus brazos
torneados… Sin duda añoraría sus abrazos. Por un momento pensó dejar todo, sus
estudios, su familia… su vida, y seguir a aquel hombre hasta lejanas tierras. Se
imaginó la vida con él, su casa, quizás una familia… Sonrió ante tales
pensamientos, y se dirigió al jacussi. Chema abrió los ojos y la contempló
entrando en el agua. Hermosa, joven, con un cuerpo que sería capaz de amar hasta
envejecer. ¡Envejecer! Aquella palabra cayó como una losa, y cuando volvió a la
realidad, Alín se acurrucaba en sus brazos.
- Buenos días amor. Aún está dolorido mi cuerpo de la noche tan maravillosa
que me has dado.
- No creas que yo he quedado mejor. Tengo arañazos y mordiscos en toda mi
piel. Pero hubiese sido capaz de morir anoche con tal de dejarte satisfecha.
No hubieron saciado su hambre la noche anterior, que se dedicaron a comer un
plato más. Sus cuerpos gravitando en el agua, las burbujas empujando un cuerpo
contra el otro, y la realidad de estar pasando sus últimas horas juntos eran
ingredientes suficientes para que el gozo de su unión se consumase de nuevo.
Describir su encuentro sería perder el halo de luz que les envolvía. Ella se
entregó en cuerpo y alma, y su boca pronunció palabras que solo a ellos
pertenecen. Él volvió a tomar toda la energía de su cuerpo joven, y sus abrazos
fueron su testamento vital.
Las siguientes horas volaron, se les escaparon de las manos como la arena del
desierto. Los cuatro cenaron juntos y recordaron entre risas las anécdotas de su
estancia. Alín se despidió allí, en el bar de copas. No quería despedirse de él
en el aeropuerto. Un abrazo eterno y un silencio espeso rodearon a los dos.
Después ella se alejó lentamente, como queriendo retener los últimos instantes.
Chema quedó de pié, inmóvil, intentando respirar un aire que se había vuelto
espeso. Eli le agarró suavemente por los hombros, y con un silencio cómplice,
estuvo allí con él hasta que se despidió de la pareja.
Mañana te acompañaré yo al aeropuerto.- Dijo Eli mientras Chema
salía por la puerta.
Te lo agradezco. Si no te importa antes quisiera pasar por el
colegio de Alín. Quiero dejarla un regalo donde la vi la primera
vez.
Eli asintió con la cabeza, mientras le sonreía.
La noche pasó entre pesadillas y desvelos. Dos horas antes de la hora en la
que había quedado con Eli, ya tenía todo preparado. Se asomó a la ventana y vio
las vistas de Québec por última vez.
Poco antes de la hora, Eli llamó a la habitación, y juntos bajaron el
equipaje hasta el taxi que pidieron. No había palabras sí grandes silencios. En
el taxi, durante el trayecto, Eli puso la mano sobre la pierna de él. Chema la
sonrió.
No te preocupes, todo está bien.
Cuando llegaron, Diana les estaba esperando en la puerta. Eli la había
avisado para que pudieran tener acceso a la sala de conciertos. Chema portaba
una rosa en la mano y una nota.
La sala estaba totalmente a oscuras, y Chema se aventuró por el pasillo
acompañado de Eli. A mitad del camino, las luces del escenario se encendieron, y
Alín sentada al piano, comenzó a ejecutar una canción. Eli animó sonriendo a
Chema para que se sentase. Este aún no salía de su asombro, y mirando a Eli vio
una sonrisa de oreja a oreja.
Esto si que me ha sorprendido. Nunca te lo podré pagar.
Eli acarició su mano y le indicó que guardase silencio.
No seré yo quien te despierte cada mañana
como un chiquillo pegando gritos frente a tu casa
ya no estaré detrás de ti cuando te caigas
pero no creo sinceramente que te haga falta.
no seré yo quien guíe tus pasos cuando te pierdas
no seguiré quemando noches frente a tu puerta
ya no estaré para cargarte sobre mi espalda
pero no creo sinceramente que te haga falta
y se que vas a estar mejor cuando me valla
y se que todo va a seguir como si nada
yo seguiré perdido entre aviones
entre canciones y carreteras
en la distancia no seré mas tu parte incompleta
Las lágrimas corrieron por las mejillas de Chema. Su corazón le dolía, y
pensó que sus venas saltarían en cualquier momento.
y se que vas a estar mejor cuando me valla
y se que todo va a seguir como si nada
mientras escribo sobre la arena
la frase tonta de la semana
aunque no estés para leerla en esta playa
no es que yo quiera convertirme en un recuerdo
pero no es fácil sobrevivir a base de sueños
no es que no quiera estar contigo en todo momento
pero esta vez no puedo darte lo que no tengo
y se que vas a estar mejor cuando me valla
y se que todo va a seguir como si nada
yo seguiré perdido entre aviones
entre canciones y carreteras
en la distancia no seré mas tu parte incompleta
Alín comenzaba a tener la voz rota por todas las emociones que se agolpaban
en su pecho, pero sus manos volaban por el teclado del piano. El aire de la sala
pareció desaparecer, y los presentes tuvieron dificultades para respirar.
¿Puedo hacerte una pregunta Eli?- Eli asintió
El otro día en mi habitación, ¿hubieses seguido hasta el final?
Recuerda que tengo que proteger a mi amiga.- Dijo volviendo la
cara al escenario
Chema la vio seria con la mirada fija en Alín.
Pero no hubiese significado ningún esfuerzo, te lo aseguro.
Sonrió pícaramente volviéndose hacia él.
La canción siguió su curso, igual que los sentimientos.
y se que vas a estar mejor cuando me valla
y se que todo va a seguir como si nada
mientras escribo sobre la arena
la frase tonta de la semana
aunque no estés para leerla en esta playa
y se que vas a estar mejor cuando me valla
y se que todo va a seguir como si nada
mientras escribo sobre la arena
la frase tonta de la semana
aunque no estés para leerla en esta playa.
Corrió a abrazarla, y la entregó la rosa que tenía en la mano, así como la
anota de su despedida. Alín la dejó sobre el piano, y un beso eterno cerró su
historia de amor. Qué más daba el futuro, si el presente lo habían vivido al
máximo.
¿Una historia más?, ¡Quizás!, pero estas historias son por las que merece la
pena levantarse cada día.