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TODORELATOS » RELATOS » LAS VíRGENES DE NURIA (9)
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 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 06-Ene-08 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series (1385 de 1453)

Las Vírgenes de Nuria (9)

Reina Canalla
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Los ojos de la señora, cuántos secretos guardarían, cuántas vivencias, tal vez cuánta perversión bajo esa aparente amabilidad. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

9. Nuria

 

La señora dio unos toquecitos con la punta del zapato en la pierna de Alba para indicarle que saliera de debajo de la mesa. Alba surgió del mantel como Venus de entre las olas, o eso le pareció a Toni mientras admiraba su anatomía todavía adolescente de caderas estrechas y pechos redondos y firmes. No pudo deleitarse tanto como hubiera querido porque las chicas ya estaban junto a la puerta esperando para desearle buenas noches.

Toni cumplió con una de sus más antiguas costumbres desde que la gran casa se quedó sin figura paterna y el servicio pasó a ser formado por graciosas doncellas. Una a una, les fue dando un beso en la mejilla. Martina fue la última, le susurró una proposición a la que Toni se negó sonriendo. La mayor de las jóvenes sólo obtuvo a cambio un beso homónimo al de sus compañeras. Lo que Toni no vio o no quiso ver, fue la ira que crecía en los ojos de Martina al sentirse rechazada. Tampoco Alba, concentrada en limpiarse la cara, apagar su sed con el vino e hincar la cuchara en el helado antes de que pasara a ser sorbete, notó la mirada cargada de odio de la sirvienta en jefe. De haber sido un poco más observadora, tal vez hubiera podido evitar los acontecimientos fatales que sucederían meses más tarde.

Toni se despidió también de su madre con un beso y de Alba con una caricia en la mejilla. No se atrevió a rozarla con los labios, en parte porque la muchacha seguía comiendo ávidamente su helado, el primer helado de su joven vida, pero también por temer que en vez de un beso casto se le sublevara la boca y se echara encima de Alba con silla, helado y mantel incluidos. No quería dar una muestra de pasión tan evidente frente a su madre, no por vergüenza, sino por el temor de que interpretara correctamente sus sentimientos. Su madre, su amada madre, a pesar de su gran liberalidad y caprichos tan peculiares, seguía siendo una mujer clásica en algunos aspectos, sobretodo en lo que concernía al destino lógico de una señorita de buena familia: el matrimonio.

La señora y Alba se quedaron solas. Alba relamió la copa con rapidez y se levantó de inmediato para esperar instrucciones. Nuria de Gelabert la inspeccionó con atención, Alba se sintió avergonzada de su desnudez y bajó la cabeza.

- ¿Te escondes? – le preguntó la señora sonriendo cálidamente

Alba levantó ruborizada la vista. Los ojos de la señora tenían el mismo color claro que los de Toni pero guardaban algo más. Si los de la joven eran transparentes, los de la mayor eran opacos, como marismas, ilegibles. Cuántos secretos guardarían, cuántas vivencias, tal vez, cuánta perversión bajo esa aparente amabilidad. La piel fina y protegida del sol se diferenciaba también de la de su hija, amante de los paseos en automóvil descapotable, más morena y jovial, pero era igualmente tersa y agradable, apenas marcada por las dos décadas de diferencia que las separaban. Los cabellos, tan oscuros que reflejaban un tono azulado demasiado intenso para ser natural, estaban cortados a la moda y ondulados con tenacillas. Toni los llevaba de manera más desenfadada. En general, la señora era un ejemplo de feminidad: el rostro redondeado, la nariz y la barbilla pequeñas, la figura esbelta pero curvada elegantemente por obra de la maternidad... Cuan diferente a Toni que semejaba más a un señoritingo de la capital con esa afición suya a las ropas de corte masculino, ese caminar de pasos largos, esa soledad que lucia elegantemente, tan seria, tan adulta en su silencio, fruto de un espíritu dotado para los negocios, sin duda.

- No debes tener miedo. Haz lo que yo te pida y luego serás libre para marchar a tu cuarto.

Alba sufrió la mirada segura de la señora clavada en la suya, más frágil y asustadiza. Afirmó tímidamente. Cómo podría negarse. Si ante Toni se rindió por obra de la atracción espontánea, ante la señora su rendición era esperada e indiscutible, le pertenecía de la misma manera que todo en aquella espléndida casa. Alba no había oído hablar del derecho de los trabajadores ni de revoluciones comunistas. Si debía escoger entre la esclavitud a la pobreza y al hambre o la esclavitud a una mujer rica, se quedaba feliz con la segunda opción.

La señora se acomodó en el sofá, cerca de la chimenea encendida, y pidió a Alba que se arrodillara a cuatro patas frente a las llamas y de espaldas a ella. Volvió a hablar la señora, con voz calmada y dulce, para ordenarle que abriera más las piernas. Y se hizo el silencio, tan sólo interrumpido por el crepitar de la madera ardiendo.

Alba, tal vez por el contraste de tener las mejillas acaloradas debido a la proximidad del fuego, sintió una serpiente fría recorrerle la columna y bajarle por la entrepierna. Podía imaginarse los bellos ojos de la señora estudiándola despacio, acariciándola, abriéndola... Hubiera preferido un cachete, cualquier acción directa, pero no aquel suspense. Y se alargaba y alargaba y Alba palpitaba cada vez más excitada. Sus pezones endurecidos, el vientre anhelante, el sexo mojado... gimió... ¿Se habría dado cuenta la señora? Sí, era consciente del dominio que tenía sobre su nueva virgen y se masturbó sin reparos fantaseando maldades sobre aquel suave trasero que temblaba emocionado a su sola mirada.

Pasó una eternidad y al final la mano cálida y pecadora de la señora rozó el hombro de su sirvienta, que se vino abajo de la impresión como un conejo ante el lobo. El corazón de la doncella latía con tanta fuerza que retumbaba entre las cuatro paredes de la poco iluminada sala.

- Puedes irte.

Alba se puso en pie como pudo, tambaleándose, jadeando, meciéndose como hoja al viento, y alcanzó la puerta sin atreverse a volver la vista atrás, esperanzada con la idea de que no la separaban más que unos pocos pasos de Toni.

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