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Fecha: 05-Ene-08 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Vacaciones solo con mamá

Anónimo
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Tiempo estimado de lectura: [ 13 min. ]
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Me pilló en bolas en la piscina, mi polla se balanceaba de un lado a otro mientras ella no me quitaba ojo... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Vacaciones solo con mamá

Mi madre estaba muy ilusionada con el viaje que preparaba para el próximo verano cuando todo se vino abajo porque a mi padre le habían surgido unas complicaciones en los negocios y no podría ir de vacaciones, para mi padre lo primero es su empresa. En esta ocasión ella no estaba dispuesta a renunciar a unos días de descanso, el último año había sido muy agitado, por lo que me propuso cancelar el crucero por el Caribe –no íbamos a ir sin mi padre- e irnos los dos a una casita en la playa. No es el mejor plan de vacaciones que se le puede proponer a un universitario de mi edad -19 años-, pero yo sabía que ella necesitaba un respiro y el verano es muy largo y hay tiempo para todo.

Llegó el día de partida y salimos rumbo a Cádiz, uno de mis destinos nacionales favoritos, ella y yo nos turnábamos para conducir su Mercedes. Por fin llegamos a la casa, yo no sabía cómo era porque ella se había encargado de todo, es organizadora de eventos y le encanta planificarlo todo. La verdad es que me sorprendió, la casa era de arquitectura moderna, en una sola planta, con grandes ventanales que daban a un espléndido jardín con una gran piscina. Estaba situada sobre una colina a unos kilómetros de la playa, rodeada de pinos, en una lujosa urbanización con muy pocas casas, muy distantes unas de otras.

-Justo lo que necesitamos- dijo mi madre al ver la casa.

Los días transcurrían de forma tranquila, solíamos comer en casa y bajar a la playa de vez en cuando, la mayor parte del día lo pasábamos en la piscina bañándonos y tomando el sol. Estábamos todo el día completamente solos, salvo por la mañana temprano cuando acudía el jardinero para cuidar el jardín y limpiar la piscina, la verdad es que sólo le vi en un par de ocasiones. Nos pasábamos las horas bastante ligeros de ropa, algo nada habitual en mi familia, mi padre es muy tradicional y le gusta que vayamos bien vestidos hasta para estar por casa. Me gustaba que mi madre me viera en calzoncillos, marcando paquete, mientras me cambiaba de ropa a través del ventanal de mi habitación que daba a la piscina; podía ver como ella, disimuladamente, me miraba.

Ella estaba obsesionada con broncearse lo máximo posible, por lo que se pasaba horas y horas tumbada en la hamaca, echándose bronceador, vuelta y vuelta al Sol. Yo prefería nadar en la piscina aunque, de vez en cuando, también me tumbaba y charlábamos.

-¿Qué te parece si me compro un bikini como los que llevan estas chicas?- Me preguntó ella mostrándome una página del Vogue.

-No sé yo si le gustaría a papá.

-Eso seguro, pero los que tengo tapan demasiado y luego quedan unas marcas horribles, además aquí no me ve nadie, nadie salvo tú y eres mi hijo. Tú también podrías comparte un bañador más pequeño, esos de surfeo serán muy bonitos, pero no te permiten casi ponerte moreno.

-Algo parecido al negro ese no estaría mal- Le dije señalando una foto.

-No se hable más, esta tarde nos vamos de compras al puerto.

Me tocaba acompañarla de compras, una de las cosas que más odio. Eso sí, me iba a comprar un bañador de slip para que viera lo que tenía en casa, últimamente me gustaba mostrar mi cuerpo, yo diría que me estaba volviendo un poco exhibicionista. Al llegar a las tiendas ella entró en una boutique de señoras, yo mientras tanto fui a una tienda de deportes, luego nos encontramos en el parking.

Esa noche salimos a cenar, como tantas otras, a una marisquería en el paseo marítimo.

-Ya verás mañana cuando me ponga lo que me he comprado, creo que es demasiado exuberante, menos mal que no está tu padre- Sonrió mi madre, que llevaba unas copillas de Albariño de más.

-No te preocupes, será nuestro secreto- Le dije yo para seguirle la corriente, se la veía tan feliz.

-Y tú, ¿qué te has comprado?

-Mañana lo ves, dame las llaves del coche que será mejor que lo lleve yo.

Al día siguiente cuando ella se despertó yo ya estaba nadando en la piscina, salió al jardín con su nuevo bikini, se dio una vuelta y me dijo:

-¿Qué opinas?

- ¡Mamá, estás increíble!

Mi madre -a pesar de sus 38 años- tiene una figura espectacular, delgada, con grandes tetas y un culito firme que dejaba entrever su braguita brasileña. No me lo podía creer, su nuevo bikini era impresionantemente provocativo, tapaba lo justo pero a su vez era muy sensual, ella es una mujer de bandera.

-¿Te has puesto tú el tuyo? Ayer no me contaste como es.

-No, me daba vergüenza, pero después de ver el tuyo… luego me lo pongo- Contesté, no podía salir de la piscina porque se me había puesto durísima.

Ella se tumbó a tomar el Sol, cuando se me pasó el calentón salí para cambiarme, estaba deseando que me viera con el slip. Volví en unos minutos:

-Ya estoy aquí.

Mi madre me comía con los ojos, no estaba acostumbrada a verme de ese modo, el slip marcaba bien mi enorme paquete. Hago bastante ejercicio, tengo unos cuidados abdominales, de hecho voy todos los días al gimnasio; por eso sé que calzo una buena polla en comparación con lo que se ve por el vestuario.

-No me extraña que vuelvas loco a las niñas- Balbuceó ella impresionada.

-La verdad es que no me atrevería a llevar esto por la playa, me lo pongo porque así me pondré más moreno y es más cómodo para nadar.

-No seas ridículo, estás genial, ya quisieran muchos poder lucirlo como tú.

Me zambullí en la piscina e hice unos largos, al salir ella me pidió que la echara crema. Yo estaba habituado a untarla crema por la espalda, pero ahora el bikini apenas la tapaba el trasero.

-¿Por aquí también?- Le pregunté apoyando mis dedos en su bonito culo.

-Claro, por todos lados por donde me dé el Sol, no quiero quemarme.

Estuve un buen rato masajeando su culo, le hubiera dado un mordisquito -pero era mi madre- hasta que me dijo:

-Ya veo que te centras más en unas partes que en otras.

-No quiero que te quemes, por aquí aún no te ha dado el Sol. Tienes un culo de escándalo, ya quisieran muchas de mi edad…

-No me digas esas cosas que me sonrojo, túmbate tú que te doy crema.

Me quedé dormido mientras que me masajeaba la espalda hasta la hora de comer. Cuando me desperté el fuego de la barbacoa ya estaba encendido y la comida casi hecha. Esa tarde bajamos a la playa, hacía unos días que no íbamos, y nos apostamos una cena a ver quién se atrevería a ir con su nuevo bañador. Nada más llegar mi madre se quitó el vestido, llevaba puesto su nuevo bikini.

-Ya sabes, me debes una cena, te pensabas que no era capaz- Me dijo sonriendo.

-Aún no he perdido- Me bajé las bermudas quedándome con el slip.

La había subestimado, ese verano no parecía mi madre, se la veía mucho más desinhibida que habitualmente. En la playa los tíos no la quitaban el ojo de encima, yo por mi parte también levantaba algunas miradas.

Al llegar a casa nos fuimos cada uno a nuestra habitación para ducharnos y cambiarnos. Yo ya no podía más, menudo día, así que entré en el baño y me puse a hacerme una paja. Tocaron dos veces a la puerta y esta se abrió –no tenía pestillo- apareció ella y me pilló con la polla en la mano, cerró y me dijo desde fuera:

-Sólo era para saber si tenías una toalla limpia, no recuerdo si te la cambié esta mañana.

-Sí, no te preocupes.

Preocupado estaba yo, a ver qué le iba a contar… bueno supongo que es normal, los adolescentes se matan a pajas. Esa noche cenamos unos sándwiches en el jardín y no se tocó el ese tema.

-¿Un bañito en el jacuzzi?- Me preguntó ella.

-Por qué no, así me relajo y duermo mejor- Respondí yo.

La casa tenía un jacuzzi en el baño de la habitación principal, más bien una bañera grande porque allí no entraban más de tres personas. Nos cambiamos y nos metimos en el agua, ella había colocado unas velas alrededor y había abierto una botella de champagne. Aquello parecía una cita. Estábamos muy cerca, mi madre estaba empezando a desatar en mí deseos que jamás habría imaginado, con mi edad se tiene la testosterona por las nubes. Estuvimos hablando sobre la tarde playera:

-Pensaba que no te ibas a atrever a ponerte el bikini nuevo para bajar a la playa, pero he fallado.

-Ha sido un poco atrevido, pero tú me das confianza, estas vacaciones me lo estoy pasando muy bien contigo- Dijo ella.

-Sí, en la playa los tíos no te quitaban ojo y no me extraña porque el bikini te queda de escándalo.

-Ojalá tu padre pensara lo mismo, siempre centrado en los negocios, casi no hacemos nada juntos- Añadió ella, su rostro mostraba pena, comenzó a llorar.

Yo sabía que la relación entre mis padres no atravesaba su mejor momento, pero no pensé que fuera tan mal. En Madrid apenas paso tiempo en casa y es, más que evidente, que mi madre necesita atención.

La rodeé con mis brazos y la besé en la frente, podía sentir su pecho contra el mío. Cuando se le pasó el sofocón hablamos de por qué se encontraba así y de cómo iban las cosas entre ellos. Aquello me abrió los ojos, mi madre había pensado incluso en separarse, me dijo que si no lo hacía era por mí y porque tenía la esperanza de que las cosas mejoraran aunque fuera poco.

A la mañana siguiente, cuando me levanté ella se había ido dejando una nota que decía: "Me he ido al supermercado". Salí a la piscina y aproveché para bañarme desnudo, llevaba poco tiempo metido en el agua cuando ella me sorprendió:

-Ya veo que te has levantado, sal y me ayudas a llevar las bolsas dentro.

Yo no sabía qué decir, ella no se había dado cuenta de que estaba desnudo, así que en un ataque de sinceridad le dije:

-Como no estabas, aproveché para bañarme en bolas.

-Entonces te espero dentro, ven ahora.

-Es igual, no vas a ver nada que no hayas visto -refiriéndome a la pillada del baño- alcánzame la toalla.

Me elevé sobre el bordillo y caminé hacia ella que venía con la toalla en sus manos, mi polla se balanceaba de un lado a otro. Tiene un buen grosor y es bastante larga -unos 19 cm- encima la tenía morcillona, bañarme desnudo me excita. Ella no apartaba la mirada, como si no hubiera visto a un hombre desnudo en su vida.

-Ya veo que no eres ningún crío, más quisieran tener los críos eso… y los que no son tan críos- Bromeó ella.

Mi madre parecía impresionada con mi polla, me sequé lentamente mientras me contaba algunas cosas que había comprado que me gustan y me puse el slip. Ahí estaba ella apenas a unos metros y yo me mostraba completamente desnudo como si tal cosa.

Por la tarde, mientras me bañaba de nuevo en la piscina, me preguntó:

-¿Te importa si hago topless? Nunca lo he probado y me gustaría, sé que si estuviera tu padre aquí no me dejaría jamás.

-A mi no importa, la desnudez es algo natural y hay que entenderla como tal, me da igual si te desnudas, no entiendo a papá- Respondí yo.

Acto seguido ella se quitó la parte de arriba del bikini mostrando sus tetas, unas tetas que desafían a la gravedad -a pesar de su tamaño- rectas, firmes más propias de una chica de mi edad. Sus pezones tienen un tamaño medio, de color rosado, apuntando hacia el frente. Yo permanecía en el borde de la piscina, mirándola. No veía las tetas a mi madre desde que era pequeño y nos bañábamos juntos, vaya par de increíbles tetas se gasta mi madre pensé. Parecía que estaban diciendo: ¡aquí estamos, cómenos! Comenzó a echarse bronceador, masajeándolas en círculos, arrastrándolas en cada movimiento hasta que se detuvo.

-Para ser algo natural pareces impresionado- Dijo ella.

-No, es la curiosidad, no es habitual verte así.

La verdad es que no me extrañaba el comentario de mi madre, llevaba varios minutos inmóvil sin apartar la mirada. Aquello me puso a cien.

-Y bueno, ¿te gustan?

Aquél comentario no parecía propio de ella.

-Claro que sí, tienes unos pechos preciosos- Añadí yo sin ningún reparo.

Ella se tumbó a tomar el Sol y yo continué en la piscina hasta que se me pasó la calentura, cuando salí, antes de que llegara donde estaba tumbada, se dio la vuelta -tendría que esperar para ver sus tetas de cerca- y me pidió que le untase crema por la espalda. Le di un buen masaje y aproveché para tocárselas por los costados con disimulo. Luego me tumbé, cerré los ojos, y me puse a escuchar mi iPod. Al cabo de un rato noté caer agua fría sobre mi espalda, inmediatamente mi madre me abrazaba por la espalda, podía sentir claramente sus pezones erectos.

-¡No mamá, no me mojes, sabes que me molesta!- Le dije y me di la vuelta.

-¿Te atreves?- Me dijo con un bote de bronceador en las manos, acariciándose el pecho para que los pezones volvieran a su estado natural.

-Claro que sí- Añadí yo.

Ella se tumbó y cerró los ojos, yo me eché crema en las manos y comencé el masaje. Quien hubiera pensado que esto iba a suceder, estas vacaciones estaban resultando muy extrañas. Me afané en hacerlo lo mejor que supe, lentos movimientos circulares de modo que de vez en cuando rozaba sus pezones, amasaba y estrujaba sus tetas; ella se mordió el labio, estaba disfrutando sin ninguna duda.

-Voy un segundo al baño para lavarme las manos, ¿quieres tomar algo?

-Prepara unos mojitos de los tuyos.

Llegué al baño, me saqué la polla y comencé a masturbarme, no aguanté más de dos sacudidas cuando me corrí con todas mis fuerzas. Aquello había sido increíble y me daba la impresión de que todo acababa de comenzar. Preparé una jarra grande de bebida, cogí dos vasos y salí de nuevo al jardín. Después de un par de vasos decidimos darnos un baño. Las aguadillas, toqueteos y demás juegos se sucedían, me encanta que mi madre se tome unas copillas porque se vuelve espontánea y muy graciosa, ella se tumbó sobre la colchoneta.

-Ahora que hay más confianza, ¿te importa si me quito el bañador? Me gusta la sensación de nadar sin él- Le dije.

-Como quieras, si es lo que te apetece.

Me saqué el slip dentro del agua e hice unos largos, ella se tiró de la colchoneta y comenzó a nadar conmigo. En un acto de exhibicionismo me subí a la colchoneta y me tumbé bocarriba, quería que ella viese bien mi polla. Ella se percató y cada vez nadaba más cerca de la colchoneta hasta que hizo una parada apoyándose en el borde, allí estaba la cara de mi madre a unos escasos centímetros de mi miembro.

-No es justo que tú estés desnudo y yo no, voy a probar lo de bañarse en bolas- Dijo ella.

Salió fuera, se quitó la braguita y se lanzó de cabeza. La colchoneta estaba lejos del borde por lo que no le pude ver bien.

-Es agradable- Me dijo parándose de nuevo junto a mí.

Mi madre estaba allí desnuda dentro del agua a mi lado. Entonces sonó mi móvil, me tiré al agua y me salí para coger la llamada. Era Claudia, una amiga de Madrid, con la que he pasado buenos ratos. Me llamaba para ver si podíamos quedar, aquello olía a polvo seguro y yo en la playa de vacaciones con mi madre, aunque tampoco me lo estaba pasando nada mal. Cuando salí de la habitación, ella ya se había vestido.

-Vístete, vamos a cenar, es tarde- Me dijo.

Esa noche cenamos en el jardín, no nos apetecía salir, cuando terminamos le ayudé a recoger la mesa y nos pusimos unas copas de whisky con hielo. Mi madre me empezó a preguntar sobre mis líos amorosos, algo de lo que nunca hablamos, me encontraba tan a gusto -el whisky ayudaba- que le conté bastantes cosas.

-Estás hecho un Don Juan, ¿y si nos bañamos ahora?- Me dijo.

-A mí en la piscina no me apetece, hace aire, en el jacuzzi no me importaría- Respondí.

-Coge la botella, la cubitera y los vasos y yo llevo estas velas- Añadió ella.

A mi madre le encantan las velas y los candelabros, tenemos toda nuestra casa llena y siempre, vayamos donde vayamos, le acompaña un buen surtido.

-Pero, me tengo que cambiar, no llevo puesto el bañador- Le dije.

-No digas tonterías, llevamos todos el día viéndonos desnudos y ahora me saltas con esas- Me dijo sonriendo.

Todo aquello me parecía inverosímil, habíamos pasado de ser una familia de lo más tradicional a un ambiente de lo más liberal. Creo que mi madre tenía curiosidades y aficiones que mi padre y yo ignorábamos.

Cuando llegué al jacuzzi ella había comenzado a desnudarse, se había quitado el vestido negro que llevaba y lucía un top negro transparente de encaje y un tanga tipo culotte. Estaba para comérsela, que pezones, que culo. Yo llevaba puestos unos bóxer blancos ajustados de Armani. Cuando empezó a bajarse el tanga no perdí detalle, a pesar de la tenue luz, se veía su sexo depilado prácticamente por completo. Tuve una erección tremenda, me daba vergüenza que mi madre me viera sí, además la causante era ella. Me bajé el calzoncillo y mi polla salió como un resorte, la tenía a punto de estallar.

-Como te has puesto- Me dijo sin quitarme ojo mientras me metía en el agua.

-Mamá, no soy de piedra, llevamos ya unos días aquí y estoy a pan y agua. Y claro a mi edad, tengo las hormonas por las nubes.

-Jajaja, ya veo- Se rio ella.

-No importa, si te digo la verdad nunca había visto un pene como el tuyo tan lustroso, grueso y largo. Las tendrás contentas- Dijo en tono jocoso.

En ese momento se movió para echarse una copa, la botella estaba justo detrás de mí, tenía sus tetas a unos centímetros de la cara, su torso rozaba la punta mi polla. Hubiera sido más fácil pedírmelo a mí, estaba claro que prefería acercarse.

-Jajaja, vaya mástil tienes ahí abajo, como sigas así habrá que hacer algo para solucionarlo- Dijo sonriendo, mientras volvía a su sitio y me golpeaba levemente con la mano la polla bajo el agua.

Estaba desconcertado, tal vez la culpa era mía por haberla provocado ¿hasta dónde estaba dispuesta a llegar?

Me puse una copa y hablamos hasta que llegó el momento de servirse otra copa, repitió el procedimiento anterior, pero esta vez cuando estaba sobre mí no pude aguantar más y la abracé con mis brazos empujándola del trasero hasta que el contacto entre nuestros cuerpos fue total. Yo sentía sus tetas en mi pecho y ella notaba bien el estado de mi polla que no había cesado en su empeño.

-Jajaja, estás loco- Me dijo con una sonrisa pícara.

La solté y cuando cogía la botella en una mano y el vaso en la otra le mordí suavemente un pezón mientras le sobaba el culo. Ella soltó el vaso y la botella y se puso a horcajadas sobre mí, deseaba lo mismo que yo, me cogió la cabeza con sus manos y me la acercó a sus tetas. Yo comencé a comérselas, mientras mis manos recorrían todo su cuerpo, ella agarraba con sus dos manos mi polla con fuerza. Pasados unos minutos me senté en el borde del jacuzzi, ella me pajeaba y, de vez en cuando, me daba alguna chupadita o mordisquito. La cogí en brazos y la acerqué a la cama, empecé a comerle su sexo, ella gozaba, jadeaba como una loca y se retorcía de placer hasta que pasados unos minutos tuvo una gran corrida. Entonces me incorporé, me acerqué a su oído y le pregunté:

- ¿Estás bien?

-Mejor que bien- Respondió ella con la voz entrecortada.

Acerqué mi polla a su cara y empecé a darla golpecitos con ella, ella la cogió y se la introdujo en la boca, se la notaba inexperta -más tarde me confesaría que era su primera mamada- pero no lo hacía del todo mal. Cuando noté que me iba a correr la saqué y la coloqué entre sus pechos, ella los movía y apretaba contra mi polla, aquello era una cubana en toda regla y eso si que lo hacía bien. No tardé mucho eyacular una gran cantidad de semen que chorreaba por su pecho, había sido increíble, le di un pico y le dije:

-Hasta mañana- Mientras me alejaba de la cama.



© Anónimo

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