LA SECRETARIA
Vanina era una joven secretaria de 19 años con mucho por
aprender. Era morocha y tenía un físico estupendo. Simplemente les diré que
tiene perfectas lolas y una perfecta cola. Las palabras hermosa/s quedan chicas,
por eso solamente diremos que sus tetas y su culo son perfectos. Su pelo es
negro como ya dije, y lacio, con un flequillo muy sexy.
Trabajando era realmente muy eficiente y eficaz en todas las
tareas que le encomendaban, pero se ve que esto no era lo que le interesaba, ni
suficiente para su jefe, el arquitecto Fernández.
Un día, Vanina debía aprender una nueva tarea que no sabía
realizar. Y que el arquitecto Fernández le tenía que enseñar. Era un martes a
eso de las 10 hs. cuando el Sr. Fernández llamó a Vanina diciéndole: "Vanina,
venga por favor a mi oficina que le voy a enseñar a utilizar el software para
preparar las licitaciones". A lo que Vanina respondió inmediatamente: "Enseguida
voy". Vanina se acercó a la oficina del Sr. Fernández y se paró en la puerta.
"Pasé, adelante" dijo el Sr. Fernández. El Sr. Fernández permanecía en su silla
al lado de la computadora. No había ninguna otra silla en la oficina. Vanina se
acercó a la PC y se quedó parada al lado. El Sr. Fernández comenzó a apretar
unas teclas en la computadora y a explicar simultáneamente algunas cosas
referidas al uso del software a Vanina. Sin embargo al poquito tiempo, le dijo
en tono de sugerencia: "¿Porque no se sienta?". Vanina no veía a dónde y
efectivamente no había a dónde. "Aquí" dijo el Sr. Fernández, al tiempo que con
la palma de sus manos daba golpecitos en sus muslos, dando a entender
perfectamente cuál era la "silla" que le esperaba a Vanina. Vanina dudó un
instante que duró una eternidad para ambos. Y dijo: "No, gracias. Prefiero
quedarme parada". El Sr. Fernández no insistió y continuó explicándole el
procedimiento. Al tiempo, unos quince minutos, volvió a insistir pero con más
enfásis. Vanina volvió a dudar, pero esta vez el arquitecto la miró de una
forma, que finalmente Vanina accedió, aunque sin pensarlo demasiado a sentarse
en sus rodillas. Rápidamente el miembro del Sr. Fernández se empezó a erectar y
Vanina comenzó a sentir en su culo, la apoyada del miembro del Sr. Fernández.
Vanina trataba de no moverse, mientras el Sr. Fernández continuaba explicándole,
pero a veces se hacía inevitable y a cualquier movimiento de Vanina, el Sr.
Fernández se ponía aún más duro y erecto. Las explicaciones a nivel técnico cada
vez eran peores y el Sr. Fernández parecía concentrado en otra cosa. Luego de
otros quince minutos de explicaciones, le pidió a Vanina si podía pararse un
segundo con la excusa de que le estaba sonando el celular. Vanina se paró y
quedó delante del Sr. Fernández, con el culo prácticamente a la altura de su
cara. Fernández atendió la llamada y una vez que finalizó cuando Vanina estaba
volviendo a sentarsele encima, este muy rápida de reflejos y sin mediar palabra
le subió la falda a la cintura, dejándola en tanguita al aire. La tanguita era
blanca. Vanina se sentó en tanguita encima del Sr. Fernández, anonadada por la
situación. Ahora sentía plenamente al Sr. Fernández que ya tenía una erección
descomunal que no podía disimular.
Por otro lado el Sr. Fernández tenía en su oficina, puesto el
aire acondicionado en modo calor al máximo y la alta temperatura ya comenzaba a
sentirse en el amibiente. Vanina que todavía conservaba puesto su saco del
trajecito "sastre" tipo ejecutiva con el que había ido ese día a trabajar decide
sacárselo. El Sr. Fernández la ayuda y esta queda en camisa. Sus pezones estaban
bien erectos también. En varias oportunidades el Sr. Fernández se inclinaba
hacia delante por encima del hombre de Vanina y echaba una buena mirada a su
escote. Llegado un punto le pregunto: "¿No tiene calor? Déjeme ayudarla" y acto
seguido sin dejar tiempo a que Vanina respondiera, le desabrochó los tres
botones superiores de la camisa. Sus senos ya comenzaban a salir afuera. Su
corpiño era muy ajustado y estaba a punto de estallar. Era blanco también. Los
botones que faltaban de la camisa, se los desabrochó Vanina misma, ya que dada
la situación actual, tres botones más o menos era lo mismo y realmente hacía
"calor" en esa habitación. Por eso mismo, una vez desabrochada la camisa, se la
sacó y la arrojó a un costado. Quedando en lo sostén.
Ahí el Sr. Fernández le dijo: "A ver Vani, parece un
segundito". Vanina obedeció quedando nuevamente con el culo casi a la altura de
la cara del Sr. Fernández. "Dese una vueltita" le pidió este último. Y ella así
lo hizo. El Sr. Fernández aprovechó la ocasión para terminar de quitarle la
pollerita que para ese entonces la tenía de cinturón. Quedando plenamente en
ropa interior, el Sr. Fernández le dijo: "Vani, está no es la bombachita
reglamentaria de la empresa. No tiene bordado el nombre como es obligación". A
lo que Vanina contestó: "Sí ya lo sé, es que la empresa se llama "Warsmarstein,
Fernández, Baciteh & Asociados" y ese nombre tan largo no entra en las diminutas
bombachitas que uso yo". Fernández: "Bueno, puede ser, puede ser. Por esta vez
está disculpada".
"Bueno continuemos con la explicación" dijo el Sr. Fernández
y Vanina volvió a sentarse ahora semi-desnuda encima de él. Claro que la
situación era rara, pero ella quería conservar y destacarse en ese trabajo. El
Sr. Fernández continuó explicándole hasta completar la explicación de todo el
procedimiento. Al llegar al final le dijo: "Bueno vamos a practicarlo ahora. Si
te equivocas una vez, te desabrocho el corpiño. Si te equivocas dos veces, te
saco la bombachita. Si equivocas tres, bueno no sé todavía". Vani empezó con el
procedimiento venía muy bien, había hechó 10 de los 35 pasos sin equivocarse,
pero en el nro. 11 se equivocó y sentadita en el Sr. Fernández esperó lo que se
venía. El Sr. Fernández desabrochó su corpiño y sus pechos salieron hacia fuera
como liberados. Continuó realizando el procedimiento, mientras el Sr. Fernández
le acariciaba los pechos. Luego este se calentó aún más y comenzó a apretarlos
fuertemente. Vanina continuó bien, pero al paso nro. 27 del procedimiento volvió
a fallar y cumpliendo lo que se había dispuesto se paró delante del Sr.
Fernández y espero paradita, que le sacaran la tanguita. Y así lo hizo el Sr.
Fernández. Muy suavemente le bajó la bombachita y la dejó completamente
desnudita en su oficina. Que pedazo de hembra tenía delante de sí. Cuánta líbido
y lujuria le despertaba esta niña de 19 años. Que haría ahora se preguntaba, o
hasta dónde llegaría. Vanina permanecía desnuda y parada frente a él, hasta que
él dijo: "Bueno, de acá en más no importa cuánto te equivoques o no. Si haces el
resto del procedimiento perfecto o no. Lo único que yo sé y que me importa es
que me vas a chupar la pija, ¡Ahora!". Vanina que ya estaba "jugada" se
arrodillo y comenzó a mamarle la verga. Mamaba y lo miraba. Mamaba y miraba al
Sr. Fernández. Al Sr. Fernández le encantaba que lo miraran mientras le chupaban
la pija. Y la forma en que lo miraba Vanina, lo calentaba aún más, de manera
especial. Cada tanto, Vani lamía los testículos del Sr. Fernández, cada tanto se
metía la verga bien hasta el fondo de su garganta, cada tanto se ayudaba con una
mano, ya sea para masturbarlo o hacerle "caricias", pero nunca dejaba de mamar
verga. Estuvo así, unos 15 minutitos chupando, y finalmente el Sr. Fernández
acabó sin avisar, en la cara de Vanina que terminó tragando buena parte del
semen.
Vanina se limpió un poco y se paró. Amagó a vestirse, pero
Fernández le dijo bien clarito: "Que hacés, no te vistas todavía nena, que tengo
algunas cositas más por enseñarte". Ese día por suerte no había más nadie en las
oficinas de ese sector de la empresa. Por eso Fernández le ordenó a Vanina:
"Anda a la cocina y traéte dos cafés".
Vanina va desnuda a la cocina, prepara los cafés y los trae
luego a la oficina Fernández. Se toman un café cada uno, mientras charlan de
distintos temas, como si no hubiera pasado lo que acababa de pasar.
Una vez terminados los dos cafés, el Sr. Fernández decide que
es el momento de volver a la acción. Fernández permanece sentado en su sillón,
del que nunca se movió. Vanina camina hacia él y se le sienta siguiendo sus
indicaciones encima. El Sr. Fernández comienza a penetrarla lentamente al
principio. Vanina comienza a subir y bajar al ritmo cadencioso del Sr.
Fernández. Vanina va sientiéndo como el pene del Sr. Fernández le entra bien
adentro, erecto y hacia arriba. Ella como mujer, pone sus pechos bien a
disposición de él, es decir, en su cara. Le pone sus dos tetas en la cara, para
que este se vea obligado a lamerlos, cosa que le encantaba sentir a Vanina. La
excitaba muchísimo que los hombres cayeran rendidos ante el poder de su poderosa
delantera y le encantaba que sambulleran sus caras en sus senos. El Sr.
Fernández continúa con su ritmo propio al penetrarla, pero comienza a lamer
descontroladamente los pezoncitos de Vanina. Los mismos se erectan cada vez más,
y Vani se excita cada vez más. Se humedece cada vez más. Las manos del Sr.
Fernández, permanecían firme en el culo de Vani, pero de a poco este empieza a
alternar y a tocarle un poco las tetas. Mientras tanto, Vanina subía y bajaba,
recibiendo la penetración de su jefe. De tanto subir y bajar, subir y bajar, su
jefe finalmente no pudo contenerse más y acabó dentro de ella. Ella también lo
hizo jadeando y gimiendo casi al mismo tiempo que él. Se tomaron un momento los
dos para gozar del punto máximo del orgasmo y luego, Vanina se bajó de encima de
él.
Desnudita como estaba, estaba juntando sus ropas, que estaban
desperdigadas por todo el suelo de la oficina. Cuando se estaba yendo, desnuda
con su ropa en las manos, hacia el baño para cambiarse, escucha desde su espalda
que el Sr. Fernández le dice: "Vanina, sos una gran empleada, seguro vas a hacer
una larga y prometedora carrera en esta compañía". Vanina no le contestó y salió
de la habitación.
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