No comprendo cuál es el problema: si a algunos lectores les
resultan un asco mis relatos, pues no los lean. Y si otros preferirían que no
escribiera más, que tampoco me lean, pero que no se crean el ombligo del mundo,
como si su opinión fuera la de todos los lectores.
Obviamente, esto no es así: de lo contrario, mi calificación
de "Normal" en los cuatro capítulos publicados de la serie Otra Versión pasaría
a "Terrible". Por lo cual, hay gente a la que mis escritos les gusta; no digo
que les parezcan excelentes, lo sé, pero, aparentemente, algo disfrutan.
Por otra parte, cuando yo leo un relato que no me agrada,
comprendo que es mi opinión y que el autor, por más repugnancia que me dé, está
en todo su derecho de escribirlo. Entonces, ¿qué hago? No lo califico ni lo
comento y dejo de leerlo: es muy sencillo. No agredo a nadie y todo queda en
paz; es como si estuviera viendo un programa de televisión que no me gusta:
cambio de canal o apago el aparato.
Es verdad que soy muy crítico con aquellos escritos con
faltas ortográficas, de redacción, gramaticales, etc., pero últimamente, ni
siquiera me molesto en comentarlos: sus autores se van solos u otros lectores se
encargan de ello.
Desde ya, seguiré escribiendo la serie Otra Versión: estoy en
mi derecho de hacerlo, piensen lo que piensen mis detractores, a quienes vuelvo
a recomendar que ya no lean estos espantosos capítulos. Puedo vivir sin ustedes,
así como -lógicamente- ustedes pueden vivir sin mí. ¿Lo intentamos? Quizá,
habrían preferido que no publicara esto pero, de alguna manera, debo hacer
llegar mi opinión a quienes, de manera poco simpática, me hacen saber la suya y
que, para colmo, no tienen un correo visible.