Aquella tenía toda la pinta de ser otra tarde aburrida más.
La mayoría se había ido a algún sitio, y si no se iba, no tenía muchas ganas de
salir. David había quedado con Jenny para ir a no se donde, Luis había ido con
sus padres a comprar ropa y Marcos prefería quedarse en casa en vista del plan.
Jaime y Carlos eran los únicos partidarios de salir, pero a ver dónde iban ellos
solos.
-Yo que sé tío, vente a mi casa y jugamos a la Play o lo que
sea...-Propuso Jaime como última opción.
-Va, si eso me llevo el Pro, que el FIFA ya me cansa.
-Lo que quieras. Aunque me tienes que decir como va, que a
ese no he jugado nunca.
-Es más o menos igual, tampoco cambia mucho. Los controles y
la forma de jugar.
-Por eso, que estoy acostumbrado a los mandos del FIFA y si
no me lo explicas me voy a liar.
-Oye, ¿te importa que se venga Pablo? –Dijo Carlos.
-¿Quién, el vecino tuyo? Díselo si quieres, así echamos un
torneo o algo...
Al menos ya tenían plan, aunque no fuese gran cosa. Carlos
llamó a Pablo y este tampoco tenía plan. Aunque solo conocía a Jaime de un par
de ratos, no le importó ir a su casa, lo que fuera con tal de salir de la suya y
que sus padres le dejaran un rato tranquilo. Hora y media después de colgar el
teléfono, Pablo y Carlos se presentaron en casa de Jaime.
-¿Estas solo? –Preguntó Carlos
-Si, mis padres se han ido a comprar no sé que, y Jorge está
en la piscina con sus amigos. Me iba a haber ido con él, pero al final le han
llamado y el cabrón se ha ido con ellos. Oye, ¿queréis tomar algo? –Jaime estaba
más cortés que de costumbre.
-Si me pones un vasito de agua te lo agradezco. –Intervino
Pablo- Hace un calor de la hostia.
-Ya te digo. Échame a mí otro, anda...
Enchufaron la Play y echaron unos cuantos partidos. Empezaron
Carlos y Pablo, y el que perdía jugaba contra el otro y así sucesivamente. Se
notaba que Pablo y Jaime no habían jugado nunca, pues perdieron los cinco
primeros partidos y no llegaron a jugar entre ellos. Carlos ganaba siempre, así
que decidieron cambiar de juego. Jaime propuso el FIFA, pero era más de lo
mismo, así que acabaron jugando al Formula 1. Aquí las cosas estaban más
reñidas, aunque con ligera ventaja para el anfitrión, que ganó tres de seis.
Media hora más tarde también estaban hartos del juego. Para desconectar, fueron
a la cocina a por algo de picar.
A la vuelta, Jaime decidió mostrar a Carlos y a Pablo su
último descubrimiento. Fue la habitación de sus padres, hurgó debajo de la cama,
y les presentó su gran hallazgo: una caja de condones. Sabían perfectamente lo
que eran de las charlas del colegio, pero hasta ahora ninguno de los tres había
tenido uno en sus manos. Carlos la inspeccionó, faltaban más o menos la mitad.
Sacó un par de ellos de la caja y los palpó por encima del envoltorio. Notó como
comenzaba a ponérsele dura. Nunca había visto uno, y el simple hecho de pensar
en para qué servía le excitó.
-Podíamos sacar uno para ver como son... -Exclamó Carlos.
-Que va, tío... Seguro que mis padres los tienen contados.
Además, ¿qué para qué lo quieres?
-No sé, por verlo y eso...
-Y de paso hacerte una paja con uno puesto, ¿no? Anda, que te
pires... –Jaime era tajante.
-Hombre, pues ahora que lo dices... Por probar...
-Pues te bajas a la farmacia y te los compras. Vaya morro que
tienes, macho...
-No, si lo decía por la paja... –Dijo Carlos mientras se
apretaba el bulto por encima del pantalón. –Ya que se me ha empinado...
-Si queréis pongo una peli que grabé de un canal de estos
locales.
-Por mi vale... –Contestó Carlos.
-Lo que queráis, a mí me da igual. –Respondió Pablo.
El video era la película porno estándar, tío y tía que se
encuentran y sin mediar palabras empiezan a liarse. La calidad era bastante
baja, tanto de imagen como de producción, y el hecho de que media pantalla
estuviese ocupada por mensajes sms tampoco ayudaba mucho. Aun así, los tres
andaban ya empalmados antes de que pasaran de verdad a la acción. Es
sorprendente lo alborotadas que están las hormonas en la adolescencia.
Carlos, ni corto ni perezoso, fue el primero en animarse.
Metió la mano dentro de su ropa interior y se puso a cascársela sin decir ni
pío. Jaime no tardó en seguirle, y Pablo tampoco se hizo mucho de rogar. Ellos
también empezaron a hacerlo por debajo de la ropa, pero estaba claro que así era
mucho más incómodo. Los únicos pudores que podían existir eran entre Jaime y
Pablo que nunca se habían visto desnudos, pero los dos estaban curados de
espanto. En cuanto Carlos se deshizo de sus vaqueros y sus boxers, Pablo y Jaime
tampoco se cortaron. El primero dejó al aire su polla, la más desarrollada de
las tres y el segundo se bajó sus infantiles slips de rayas mostrando sus
escasos vellos púbicos.
Disimuladamente, Jaime y Pablo se miraron sendas
herramientas, seguramente por curiosidad. Pablo apenas se inmutó, estaba
acostumbrado a ver en las duchas de su equipo pollas grandes y peludas y
pequeñas e imberbes. Aquella era de las segundas, como las de bastantes chicos
de su edad. Jaime si se sorprendió algo más, pues no esperaba encontrarse una
polla ya desarrollada. Estaba a la altura de la de Marcos o la de David, aun
teniendo un par de años menos que ellos. La comparación le desanimó. Él por más
que se la medía nunca pasaba de los 10 centímetros. Decidió que tampoco era plan
de amargarse la paja, y se centró de nuevo en la película. Ahora venía una de
las mejores partes.
La chica se sentó a horcajadas sobre el hombre, y comenzó a
follarle a gran velocidad. De vez en cuando paraba y se movía en círculos sobre
su polla, mientras él se retorcía de gusto. Follar así debía ser algo cojonudo,
pensaba Jaime. Aceleró su juego de muñeca, quería demostrarle a Pablo que aunque
la tuviera pequeña ya se corría en condiciones.
Pablo iba a un ritmo más pausado. Apenas habían pasado 15
días desde su primera paja, pero en estos días se había ocupado de recuperar el
tiempo perdido. Solía hacerse dos o tres diarias, y aquella misma mañana habían
caído un par de ellas. Muchas ganas de una tercera no había, pero la película
había hecho que su polla no pensara lo mismo, poniéndose dura como una piedra a
las primeras de cambio. Aunque no tuviera la intimidad que a él le gustaba,
estaba casi en familia.
Los de la tele cambiaron de postura, ella se puso a cuatro
patas sobre la cama. Carlos tuvo un mal recuerdo, sobre todo cuando él la llamó
"perra" y se la metió por detrás de un solo golpe. El tío gemía y embestía como
un poseso, y Carlos sabía bien por qué. Prefería no recordarlo, pero las
sensaciones que había experimentado hacía unos días eran demasiado intensas como
para olvidarlas a las primeras de cambio. Cerró los ojos y pensó en Mónica
Belucci, aunque seguía sintiendo el calor de la vagina de Laika rodeando su
polla.
Jaime, Carlos y Pablo estaban demasiado concentrados en su
paja como para sentir la puerta. Cuando quisieron darse cuenta de que no estaban
solos, Jorge les observaba desde la puerta.
-Joder con los niños, como se lo montan... Seguid, seguid, si
yo solo he subido un momento a coger dinero, me están esperando abajo.
-Ya podías avisar de que venías, ¿no? –Gritó Jaime, enfadado
y frustrado a partes iguales. Jorge ya tenía dos cosas de las que reírse.
-Coño, también podías tu mirar el reloj y ver que son más de
las ocho y media. Si la piscina de Alberto la cierran a las ocho, tu echa
cuentas...
-Que si, lo que tu digas.
-Tío, que no me enrolles que está Alberto esperándome abajo.
-Pues dile que se suba y que se la casque mientras te
espera... –Dijo Carlos tratando de quitarle hierro al asunto. Conocía a Jorge
desde hacía un montón de años y solían llevarse bien.
Jorge se dio cuenta de que era un comentario jocoso, pero le
pareció buena idea. Precisamente Alberto le había pasado una peli porno de
japonesas, y estaba deseando verla en vista de que a todos sus amigos le había
parecido una pasada. Y de paso, tendría ocasión de hacerse una buena paja en
compañía de su hermano y amigos. Avisó por el portero a Alberto, aunque sin
decirle para qué.
A los tres del salón se les había cortado totalmente el
rollo. Pararon la peli, pues hasta que no se fuera Jorge era tontería seguir.
Justo después llamaron a la puerta, así que se volvieron a vestir, por si las
moscas. Era Alberto, quien se fue directo a la habitación de Jorge, saludando
escuetamente a Jaime.
-Oye tu, que he pensado que podíamos poner un poco la peli
antes de irnos. –Le dijo Jorge a Alberto.
-Sí, con tu hermano y sus amigos delante...
-Coño, ¿y por qué no? Si cuando he entrado yo se la estaban
cascando con una porno de estas de las teles locales... Déjales que por lo menos
vean un poco de porno del bueno.
-Yo que sé tío, lo que quieras. Pero yo con esos delante no
me la casco, vamos...
Volvieron al salón película en mano. Anunciaron el cambio de
planes, y plantaron la peli en el DVD, ocupando el par de huecos que quedaban
libres en el sofá. Enseguida un par de japonesas jovencitas aparecieron desnudas
en pantalla, y empezaron a acariciarse sin el menor reparo mientras se besaban
con pasión. Enseguida una empezó a lamerle los pezones a la otra, que empezó a
chillar como una descosida. Cuando se cansó de chupar cambiaron, solo que esta
no se entretuvo tanto en las tetas y bajó directamente a los muslos de su
compañera. Ambas estaban salidísimas, y los cinco chicos que las observaban no
tardaron en estarlo.
Carlos estaba que estallaba, cuando había aparecido Jorge
estaba casi acabando y los huevos le dolían. Se tocaba disimuladamente por
encima de la ropa pensando que los demás no se daban cuenta, pero no era
suficiente. En un gesto rápido, metió la mano dentro de su ropa interior y
comenzó a pajearse despacio, como si así se notara menos. Jaime estaba casi
igual, y viendo que Carlos había dado el paso, no se cortó. Con la cosa de que
aquella era su casa y que menos Alberto todos le habían visto en pelotas, se
bajó el pantalón y comenzó a pajearse sin cortarse un pelo.
-Oye tu, que estos se la cascan delante nuestra... -Avisó
Alberto algo escandalizado.
-Pues yo voy a hacer lo mismo, que quieres que te diga. No
veas como se lo montan las chinitas estas... –Dijo Jorge, quitándose también la
parte de abajo y mostrando sus escuetos atributos. Eran pequeños incluso
comparados con los de Pablo.
Este también se animó, y no era para menos. Las japonesas se
estaban metiendo mano de lo lindo, llevaban un par de dedos metidos cada una y
no parecía ser suficiente. Pablo se quitó de nuevo el pantalón, pero se dejó los
boxers de algodón puestos y se pajeó cubriéndose con ellos. Le daba un poco de
palo hacerlo delante de dos desconocidos, y era eso o irse a casa con el dolor
de huevos.
El único que aún tenía las manos quietas era Alberto, que ya
no sabía si era el único normal de aquella sala o el más gilipollas. Se había
visto la peli cinco o seis veces, pero se le seguía poniendo tan dura como la
primera. Las lesbianas se habían tumbado la una sobre la otra y se estaban
comiendo el coño mutuamente. Era humanamente imposible ver eso y resistir sin
pajearse. Aprovechando que aún llevaba el bañador puesto, se lo desató y empezó
a cascársela sin que nadie le viera el rabo.
Aun no había cogido ritmo cuando Carlos ya se había corrido.
Ya tenía la polla fuera y aunque su corrida no había sido muy abundante, si lo
era lo suficiente como para necesitar limpiarse. En vista de que nadie iba a
echarle una mano en aquellas circunstancias, se levantó y trajo papel de cocina
para todos. Se volvió a sentar en su sitio, y en vista de que seguía teniéndola
dura y que la película acaba de empezar, empezó a pajearse de nuevo.
Las japos eran increíbles. Gemían como si se estuvieran
muriendo de gusto, y lo mejor de todo es que no parecían estar sobreactuando en
ningún momento. Parecían realmente disfrutar con lo que se hacían. Estaban en la
postura del 69, y se sincronizaban a la perfección. Tan pronto estaba una arriba
como lo estaba la otra, en un giro rápido cambiaban de posición sin dejar de
lamerse en ningún momento. Era una gran coreografía. Los movimientos de muñeca
de Jorge eran mucho más toscos, pero entre la peli y la presencia de su hermano
y sus amigos no necesitaba esmerarse para darse placer. Movía la mano
mecánicamente, cubriendo y descubriendo alternativamente su glande. No
aguantaría mucho a la velocidad que iba.
Aun así, se le anticipó su hermano pequeño. Claro que este
partía con ventaja al haberse estado pajeando antes. Tres gotitas blancas
salieron tímidamente de la polla de Jaime, aunque la cantidad no estuvo reñida
con la calidad. Había sido un buen pajote.
También Jorge se corrió poco después. Soltó un chorro más
potente que se estrelló contra su barriga, pero el resto de su corrida se quedó
enredada entre su moreno vello púbico. Justo donde más difícil era de limpiar,
de puta madre.
Pablo no perdía de vista a las japonesas ni para parpadear.
Aparte de estar buenísimas, las capullas se lo estaban pasando bomba. Aquella
peli era mucho mejor que el porno casposo que había visto hasta el momento. Se
pajeaba despacio, pues aunque iba salidísimo, prefería esperar un poco más por
si llegaba un tío que se las cepillara a las dos. Las lesbianas estaban bien,
pero prefería un poco más de acción.
En cambio Alberto sabía que no aparecería nadie más, e
incluso prefería que fuese así. Para ver pollas ya tenía la suya, a él lo que le
interesaba era ver coñitos como el que estaba ahora mismo en la pantalla, recién
rasurado y con unos labios abiertos que casi te dan la bienvenida. Había tenido
la suerte de tocar uno un par de veces, aunque a la guarra de su ex ni se le
pasaba por la cabeza hacerse las ingles brasileñas, prefería tener su pelambrera
natural. Pensando en la paja que le había cascado aquella tarde que habían
quedado para estudiar y en los chochos afeitados que disfrutaría a lo largo de
su vida, Alberto estalló dentro de su bañador, mezclando su semen con los restos
de cloro que conservaba. Se limpió con un par de servilletas, pero una mancha
delataba la evidencia del delito.
La mano de Pablo iba cada vez más rápido, y un rápido vistazo
a su alrededor le hizo ver que se había quedado de los últimos. Tampoco quería
que tuvieran que esperarle, así que aceleró un poco más y se preparó para su
orgasmo. Sin dejar de pajearse, se estiró y agarró un par de trozos de papel con
la mano izquierda, introduciéndolos bajo su ropa interior justo a tiempo para
parar los primeros trallazos. No había sido una corrida tan descomunal como la
primera, pero casi.
Estaban todos, menos Carlos, aunque este ya había terminado
hacía rato y estaba con los bises. Tampoco necesitaba mucho esfuerzo para
correrse otra vez, pero como los demás no dijeron nada ni hicieron ademán de
quitarla, siguió un poco más a un ritmo tranquilo. A la escena aún debían
quedarle unos minutos, así que podría apurar.
Las chicas habían sacado un par de vibradores de distintos
tamaños, y empezaron a jugar con ellos. No había ganas de más, pero los chicos
no dejaban de mirar a la pantalla. Querían saber que más se les podía ocurrir a
aquellas dos. Se metieron uno cada una, pero una de ellas empezó a correrse y la
otra fue en su ayuda. Al tiempo que la penetraba sus dos agujeros con los dos
vibradores, lamía su clítoris, de forma que su compañera chillaba
estridentemente indefensa como estaba.
Un chorrito acuoso fue la única señal visible de la corrida
de Carlitos. Ni siquiera necesitó limpiarse esta vez, así que se vistió sin más
pues los demás ya lo habían hecho. Una vez terminó la escena, pararon la
película, pues Jorge y Alberto habían quedado y ya se habían entretenido
bastante. Jaime, Carlos y Pablo decidieron echar otra partida a la Play, ahora
mucho más relajados que antes. Al final la tarde se había dado bien después de
todo...