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TODORELATOS » RELATOS » JAZMíN. EL COMIENZO
[ Cuando el gallo canta, la gente se levanta. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 30-Dic-07 « Anterior | Siguiente » en Dominación (3050 de 3270)

Jazmín. El comienzo

karol
Accesos: 3,285
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Tiempo est. lectura: [ 9 min. ]
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He conocido en el msn una esclava que me envia sus historias para que se las escriba y publique. Yo sólo visto literariamente sus confesiones. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Esclava1988

Mi amo cuyo nombre estoy obligada a mantener en secreto quiere que publique en relatos las experiencias que tengo con él para leerlas cuando no esté conmigo y eso es lo que voy a hacer a partir de ahora.

Cada experiencia la relataré y él las leerá, junto con vosotros, claro.

El quiere convertirme en una especie de sumisa universal con miles de amos. Y en todorelatos las historias las leen cientos, incluso miles de personas.

Tu, querido lector, eres mi amo virtual a partir de ahora, poséeme y goza de mi sumisión. Lleva mis experiencias a tus sueños y ocupa el lugar de los hombres y mujeres que me mandan y poseen.

No te molestes en votar estos relatos o calificarlos. No es ese el objetivo de su publicación.

Lo que mi amo te agradecería es que escribas comentarios en los que me trates como lo que soy una esclava, insignificante y obediente. Me hará leérselos para su excitación y goce.

Como último detalle mi amo me ordena que te diga que estos relatos los escribiré desnuda ante el ordenador, con un collar de castigo en mi garganta y unas botas hasta medio muslo de charol negro.

Así que ya sabes como estoy en el momento de teclearte estas letras. Mi ciberseñor.

 

JAZMÍN

Fue en el chat de todorelatos donde conocí a mi dueño. Buscaba desesperadamente alguien con quien satisfacer un instinto que me persigue desde que tengo uso de razón. El de ser dominada.

Ingresé en el chat con el seudónimo de sumisa30. Justo los años que tengo, bueno tengo 29, pero cumplo los treinta justo al empezar el año 2008.

Se abrieron decenas de ventanas, un bombardeo de invitaciones y frases de todo tipo. Me excité sólo con leer alguna de ellas:

Puta, necesito que seas mi zorra incondicional.

Te maltrataré como la guarra que eres.

Necesito una esclava para que me coma la polla mientras fustigo su culo.

Y así unas cuantas más. Me hubiese quedado con cualquiera de ellas. Pero ya que tenía la posibilidad de entablar contacto con quien quisiera, me permití escoger una que decía:

Desnúdate, amordaza tu boca y después ponte de rodillas. Entonces tu amo hablará contigo.

Hice todo lo indicado apresuradamente. Me desnude y con mis propio tanga amordacé mi boca, quité la silla y me arrodille sobre el jersey y la falda que tiré en el suelo. Entonces tecleé:

Ya estoy mi amo.

¿De donde eres?

De Barcelona, escribí.

Me viene bien. Vivo aquí también.

Al leer la frase mi corazón dio un vuelco, le sentí cercano, como si estuviese en mi salón y la posibilidad de que el amo que tenía al otro lado del chat se convirtiese en experiencia de carne y hueso excitó mis neuronas y mi cuerpo de forma automática.

Me dio su dirección de msn y me dijo que pasara automáticamente y conectase mi cam, quería comprobar mi obediencia.

Abrí mi msn, le agregué a mis contactos y le envié la invitación a recibir mis imágenes.

Enfoqué la cam de forma que pudiese verme totalmente desnuda, de rodillas y con mi boca amordazada por las bragas.

Leí el rótulo de –conexión establecida- y supe que me veía.

No era videoconferencia, sólo imágenes, así que toda nuestra comunicación era a base de tecla.

Quítate la mordaza y lame tus pezones.

Estaba excitadísima, era la primera vez que un hombre me hablaba (escribía) en ese tono. Sin peticiones, sin por favores, con un lenguaje taxativo, imperativo.

Me gustaría verte a ti también. Escribí antes de tomar mis abundantes pechos y elevarlos hasta mi lengua.

Si vuelves a hablar sin mi permiso o a hacerme la más mínima petición, nuestra relación habrá terminado.

Puedes escribir las siguientes frases, sí amo, no amo, si señor, no señor y completarlas de modo sumiso.

Esclava de mierda.

No me hagas enfadar de nuevo.

Si estuviese contigo te habrías ganado tu primer azote.

Y continuó: Me vas a ver sí, pero cuando yo decida.

Cerda inútil.

Muerde como castigo uno de tus pezones.

Noté una gota de mi flujo escaparse entre los labios de mi chochito. Agarré mi pecho izquierdo y mordí su pezón hasta hacerme daño.

En la pantalla saltó otro texto:

Sé que te ha dolido, así me gusta, que no finjas conmigo.

Es viernes, ¿estás libre esta noche?

Si mi amo, estoy a tu disposición mi señor.

Pertenezco a un club, lo llamamos La Orden.

De repente llegó la invitación de mi amo para aceptar su cam y lo hice rápidamente.

En mi monitor apareció su pene erecto acariciado por lo que parecía ser el mango de un látigo.

¡Qué polla!, tendría veinte centímetros por lo menos. No necesitaba más datos de aquel anónimo dueño para quedar incondicionalmente poseída por su voluntad.

Esta noche vendrás conmigo, entrarás en la Orden como aspirante.

Tu nombre será jazmín.

Si mi amo, contesté.

Vendrás desnuda. Sólo con una gabardina.

Sí mi amo como usted mande, cumpliré todas sus órdenes.

Ponte las botas más altas que tengas. Pinta tus labios y todas tus uñas con un rojo poderoso y recoge tu pelo en un coco alto.

Yo tecleaba encendida en una hoguera interior.

Sí, tu esclava obedecerá.

Me citó en la puerta de una conocida y céntrica cafetería a las nueve de la noche y sin pronunciar palabra alguna de despedida cortó la comunicación conmigo.

Me quedé mojada de rodillas ante el ordenador.

No puede evitarlo y me masturbé de forma frenética ante la ventana vacía de mi amo.

 

Debo confesar que me daba algo de miedo la idea de haber quedado con un desconocido del que solo conocía su pene, su mano y el agarre de su látigo. Hoy la sociedad no está como para tomar ese tipo de riesgos, pero me podía mi excitación ante la realización de un sueño largamente acariciado.

Pasé como dos horas arreglándome. Tenía la necesidad imperiosa de agradar a tope a mi amo. Recogí mi pelo esmeradamente en un coco alto como me había dicho. Mi cuello quedaba desnudo e incitante subiendo blanco y suave hasta la nuca. Me hice la mejor manicura y pedicura que se pueda imaginar y pinté mis labios y uñas con un color rojo pasión muy oscuro.

Luego me puse unas botas negras a media pantorrilla, eran las más altas que tenía y una gabardina verde botella que guardaba desde hacía años sin ponerme.

Tenía una pinta rara, cuando me miré al espejo, pero me agradó el sentir mi cuerpo desnudo bajo la gabardina, mi coño y mis tetas desnudas, tan solo separadas de las pesquisas de los mirones por la fina tela.

Tomé un taxi y me dirigí a la cafetería.

Allí estaba con mi gabardina y mis botas de tacón alto paseando nerviosa la puerta de la elegante cafetería de un lado al otro. Un señor mayor de unos cincuenta y cuatro años se me acercó y me dijo: ¿Estás sola mi amor?, mi corazón dio un vuelco. Le sonreí sin tener claro si sería él o no, pero mis dudas se disiparon cuando me invitó a cenar.

No era él. Me puse a explicarle que había quedado y que mi novio estaba a punto de llegar.

Aún estábamos charlando cuando vi el coche negro, una berlina imponente de Mercedes con los cristales totalmente opacos aparcar en la misma puerta de la cafetería, llevaba un conductor de esos con gorra y todo.

La puerta trasera se abrió y una voz recia, como con eco sonó desde dentro: ¡Jazmín!

Me olvidé del señor que tenía a mi lado y caminé como una autómata hacia el lujoso automóvil.

¡Dios mío, que boato! Su interior tapizado en cuero color arena. Entre mis rodillas y el asiento de alante cabía otro asiento. Enseguida caí en el detalle. Olía a jazmín, el nombre que mi amo había elegido para mí.

El conductor se había apeado y cerraba la puerta detrás de mí ante la mirada atónita de todos los transeúntes, incluido el cincuentón que me había pretendido. Cuando subió y ocupó su sitio una mampara opaca nos separaba, dotando al habitáculo trasero de un perfecto aislamiento acústico y visual.

No me atrevía a mirar a mi lado la figura de mi dueño, oscurecida por la noche y los cristales tintados. No me atrevía a hablar sin su consentimiento. No me atrevía casi ni a respirar.

Tomó dulcemente mi mano y la besó con un beso paternal pero apasionado. Sus labios quedaron posados mansamente en el dorso de mi mano, para luego recorrerla hacia abajo besando quedamente cada uno de mis dedos. Luego la retuvo entre las suyas y comenzó a hablarme en un tono inesperadamente suave y tierno.

Jazmín, pierde el miedo. Me dijo. Nada malo te va a suceder.

He de aclararte algunos pormenores.

Serás mi esclava incondicional, pero solo me mostraras sumisión cuando estemos a solas o en La Orden.

Por ejemplo, si te invito a una fiesta o a un acto social, te comportarás como lo haría cualquier chica con su pareja.

He de aclararte también, que no se trata de sadomasoquismo. Así que no recibirás trato vejatorio o doloroso en ningún momento. Sólo cuando me desobedezcas o no te comportes como debes te impondré algún tipo de castigo.

Mírame, dijo. Hasta entonces no me atrevía a hacerlo y miraba al frente, embriagada por sus palabras, por la situación y por el olor a jazmín.

Ladeé mi cabeza y contemplé un hombre elegante, vestido de etiqueta, pero sobre todo joven, no me esperaba un hombre tan joven. Veinticuatro años, no más.

Y yo en las puertas de los treinta, eso sí soy una hembra espléndida y rotunda de carnes justas y curvas amplias. Vamos, os lo digo enserio, un polvazo.

Su mano abandonó la mía y se dirigió al cinturón de la gabardina. Según deshacía el lazo e iba desabrochando lentamente cada uno de sus botones me dijo:

No conocerás mi nombre, ni yo el tuyo. Para ti seré simplemente tu amo. Y si tienes que preguntar por mí o buscarme en La Orden, mi nombre allí es Alazán.

Sacó un móvil de última generación, negro, precioso y lo metió en el bolsillo de mi gabardina. Aquí, dijo, recibirás mis llamadas y mensajes. En la agenda hay dos números memorizados, uno el de Alazán y otro el de la casa donde está La Orden.

Cuando terminó de decir aquellas palabras mi gabardina había sido abierta del todo y mi cuerpo lucía espléndidamente desnudo.

Metió el dedo anular en mi boca y me ordenó que lo chupara y que cerrara los ojos. Obedecí. Su otra mano acariciaba mis pechos. Mis pezones estaban duros como gominotas de fresa. Sentí que se movía en el asiento, yo tenía mis ojos totalmente cerrados y rozó sus labios con mis labios, mi cara, mi vientre.

Abre las piernas, me ordenó. Yo me atreví a pronunciar mis primeras palabras. Sí mi amo, dije, y le abrí las piernas mostrando mi coño depiladito y palpitante.

Así me gusta, dijo, vamos bien.

No se describiros mi excitación. Lo que me estaba sucediendo era mi sueño más intenso hecho realidad.

Saca mi pene y come. Me dijo. Puedes abrir tus ojos.

Me arrimé a él, temblando. Corrí la cremallera del pantalón y metí mi mano. Me costó dar a luz aquel inmenso cipote totalmente erecto. Me incliné y comencé a lamer como una perra inhalando sus olores, degustando el manjar. Daba vueltas con mi lengua a su capullo hermoso y rojo. Quería agradarle, ganármelo para siempre, le acariciaba los testículos mientras engullía y frotaba suavemente con mis dientes el cilindro terso y palpitante.

Para cerda, me dijo. Era la primera vez que me insultaba y aquel insulto sonó en mis oídos como el mejor de los cumplidos.

Me costaba separar mi boca de aquel instrumento tan grande y henchido. No quería sacarlo de mi húmedo refugio.

Te he dicho que pares, puta.

Me distancié de él, mientras guardaba su polla de nuevo.

Estamos llegando me dijo. No quiero volver a tener que repetirte ninguna orden. ¿Me entiendes?

Si mi señor, perdona a tu inútil sierva. Contesté.

Arréglate. Ha llegado tu momento.

Vi una verja automática abrirse para dejar paso al coche unos jardines inmensos y un palacete modernista al fondo, iluminado discretamente. Fue lo último que vi. Alazán me puso un antifaz negro que tapaba mis ojos e impedía absolutamente la visión.

No se te ocurra quitártelo. Amenazó en tono duro e intimidante.

TodoRelatos.com © karol

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