Pese a que en los primeros párrafos se suele escribir la
presentación yo prefiero resumir esa parte porque prefiero no hablar de mí y
centrarme en el relato en sí. De mí diré que soy un joven de no más de 20 años y
que estudio en la universidad.
Ella es otro mundo… de ella podría estar escribiendo toda la
vida y no me cansaría. Es una chica morena de más o menos mi edad que estudia la
misma carrera que yo. El primer día que la vi no podía creerlo. Es una mujer que
da hambre de solo mirarla, además no me impresiona solo su belleza; desde el
momento que hablé con ella por vez primera me quedé impresionado por su
amabilidad y por su inteligencia.
No había conocido a ninguna mujer así…era perfecta.
Yo no lo sabía pero ella también se había quedado prendada de
mí desde el primer momento. Nos conocimos el segundo día de universidad,
casualmente ni ella ni yo habíamos acudido el primer día. Para cualquier ojo
distinto de los nuestros era visible nuestra atracción pero nosotros por temor a
lo que pensaran los demás y porque no sabíamos lo que sentía el otro no supimos
dar el primer paso ninguno de los dos.
Empezamos a encontrarnos "casualmente" todas las tardes, si
no era para hacer un trabajo era porque teníamos un curso cero (esos que dan las
universidades para los que vamos flojos en algunas asignaturas…).
Coincidíamos en todo lo que podíamos, por eso no lo dudamos
en ir a un botellón que organizó nuestra clase. El alcohol hizo el resto y nos
lanzamos. No llegamos muy lejos pero lo suficiente como para que yo supiera la
atracción que ella sentía por mí y ella notó la que yo sentía por ella.
A partir de ese día la cosa fue a más, nos besábamos con
pasión y nos empezamos a descontrolar. La cosa cada día llegábamos más lejos, yo
no lo noté hasta que hizo hincapié en ello. Fue el día que estuvimos más cerca
que nunca de hacer el amor. Ese día me confesaste un secreto, eras virgen. Yo no
sabía que hacer era la primera vez que me encontraba en esa situación, decidí
esperar. Lo hablamos y me convenciste de que querías dejar de serlo. Tras
pensarlo con detenimiento establecí para mí mismo que tenía que hacer que esa
noche fuera mágica.
Y llegó el día esperado. Lo tenía todo planificado, una cena
con los amigos (de haber sido romántica hubieras sospechado) después iríamos a
la discoteca, pero no demasiado, ya que quería que tuvieras tiempo para
disfrutarlo, quería que fuera inolvidable. Y llegó el momento...Como sabía que
no querías beber demasiado no te quise decir que esa era la noche
elegida....Estabas preciosa como todas las veces que sales de noche...No podía
resistirlo más...Te llevé a mi piso ,con el pretexto de un café para que se te
pasará un poco el alcohol.
Te preparé el café mientras tú descansabas en el sofá, decidí
hablarte, no quería que te durmieras, no esta noche. Mientras te tomabas el café
empecé a acariciarte, despacio, empecé por quitarte la chaqueta (sabía que frío
no ibas a pasar, porque había puesto la calefacción, aunque pronto ni lo
notarías…) Después no pude evitar empezar a acariciarte por doquier. Tú estabas
preparada antes de que yo empezara a acariciarte, porque habías bailado lo que
más te gusta, reggaetón, sobre todo por lo de bailar juntos...
Decidí no andarme demasiado por las ramas y te lo dije, esa
era la noche, teníamos tiempo de sobra y por eso no quería que nos aceleráramos.
Decidí llevarte a mi habitación y empecé a desnudarte, aunque realmente no se si
era yo el que desnudaba porque tu también me quitabas la ropa a mí.....
Después de desnudarte completamente empecé a recorrerte todo
el cuerpo con las manos, despacio. Desde los pies hasta la nariz, te acaricié
por todos lados y luego empecé a darte mordisquitos por el cuello sabía que eso
te excitaba mucho y no pude resistirme.
Sentía que tu corazón estaba acelerándose con cada beso, o
caricia que hacía sobre tu cuerpo. Estabas muy cachonda y lo deseabas pero yo no
quería, no todavía. Eras demasiado inocente y podías acabar teniéndole pánico a
algo tan bonito.
Decidí llevarte primero al punto de no retorno antes de
penetrarte, ya que sabía que podía hacerte daño. No me sería difícil hacerlo
porque ya sabía lo que te excitaba, sabía que puntos tocar y cuándo hacerlo…
Por eso había empezado suave para ir aumentando la intensidad
de mis caricias. Después de acariciarte todo el cuerpo y besarte el cuello, pasé
a besarte por donde antes habían estado mis manos, consiguiendo que te volvieras
loca de deseo. Pero no había tocado todavía tu centro de placer, quería que lo
disfrutaras. Decidí hacerlo mientras besaba tu boca, despacio las primeras veces
preferí solo acariciarlo de arriba abajo pero sin hacer demasiada presión. Eso
te excitaba y a la vez te desesperaba, me gusta desesperarte hasta que me
ruegues que no me detenga. Empecé a hacer presión, y en ese momento tú decidiste
que habías estado demasiado tiempo quieta y empezaste a acariciarme. Te gusta
sentir mi cuerpo sobre el tuyo y acariciarme mientras te doy placer.
En ese momento vi que llegaba la hora, sabía que si no me
preparaba ahora luego ya no podría, perdería el control sobre mí mismo, y me
puse la protección. Empecé apuntando mi pene a tu entrada la sentía caliente y
deseosa de recibirme. Ya no me resistí más y comencé a penetrarte lentamente así
te irías acostumbrando a mí. Entonces la noté, dudé de si seguir pero en ese
momento me dijiste, ¡no pares por favor! No pude resistirme, atravesé tu
barrera, oí como gemías, esta vez de dolor, y esperé a que te acostumbraras para
seguir.
Continué acariciándote por doquier, y empezaste a moverte y a
gemir. Esa era la señal de que ya no sentías dolor y fui aumentando el ritmo,
penetrándote cada vez más fuerte y más adentro; yo no era consciente de mis
actos. Sentía como nos acercábamos juntos a la montaña más alta que ningún
científico ha conseguido medir. Aceleramos hasta perder el sentido y me derramé
dentro de ti al sentir como me apretabas inconscientemente al alcanzar tú la
cima. Realmente no llegó a ti mi semilla ya que llevaba puesta la protección,
pero para mí fue igual de espectacular.
Descansamos un poco pero yo sabía que debías sentirte
pegajosa e igual eso te hacía sentir mal. Esperé a que descansáramos un poco,
realmente no sé cuánto fue, porque nos dormimos, pero no creo que fuera mucho.
Cuando desperté tú estabas mirándome, te dije que si querías
tomar un baño y me dijiste que lo necesitabas. Esperaste mientras yo iba a
preparar el baño, yo abrí el grifo y puse sales aromáticas de esas con olor a
rosas, que sé que te gustan. Cuando el baño estuvo listo fui a por ti a la cama.
Mientras se llenaba la bañera había ido a por algo para comer, sabía que
tendrías hambre. No tenía demasiado pero te preparé un vaso de leche con unas
magdalenas. Después de tomártelo te llevé a la ducha y empecé a limpiar tu
cuerpo de los restos de la noche pasada. No lo pude evitar y me volví a excitar,
tú lo notaste pero no me dijiste nada. Conforme iba limpiándote tú no hacías
otra cosa que cerrar los ojos disfrutando de las caricias que te estaba
proporcionando al bañarte. Pese a que te dije que eran inevitables sabías que te
mentía estaba disfrutando acariciándote. Por ello fui aumentando el ritmo de mis
caricias hasta conseguir que estuvieras igual de excitada de lo que estaba yo.
Continuará…
Espero que les haya gustado mi primer relato tanto como a mí
escribirlo. Por favor no duden en dejar sus comentarios, quisiera que los
siguientes fueran mejores y con sus críticas constructivas me ayudarían mucho.
Espero que no se les haya sido pesada la lectura, si
prefieren dejarme los comentarios por un correo electrónico mi dirección es:
lopeorr@hotmail.com