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TODORELATOS » RELATOS » ROMPIENDO TóPICOS: EL LIMPIA PISCINAS (4)
[ Invierno que mucho hiela, cosecha de fruto espera. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 16 de Mayo, 2008.
Fecha: 26-Dic-07 « Anterior | Siguiente » en Gays (6128 de 6444)

Rompiendo Tópicos: El Limpia Piscinas (4)

cachorro
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El joven Cody Foster ha aceptado el juego propuesto por esa estrella de Hollywood llamada Brad Chase, pero no espera nada de lo que se va a encontrar. Lo sucedido en la mansión no es apto para románticos, ni para aquellos a los que les guste el sexo bonito... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

N.delA.: Para refrescar memorias ó poner al día a quien pase de leer las tres primeras partes, aquí va un breve y conciso resumen. A quien no le interese, que empiece a leer más abajo de los puntos suspensivos.

"Cody Foster es un adolescente californiano de dieciséis años que se siente atraído por Charly, el limpiapiscinas portorriqueño de su mansión. Tras engatusarle para llevárselo a su habitación, y cuando están a punto de empezar a follar, aparece en escena Mike Foster, el padre, un productor de Hollywood cincuentón que necesita la ayuda de su hijo Cody. Lo que le pide es que convenza a Brad Chase, la joven estrella de una serie de televisión, para que firme un contrato con el que el actor no parece muy convencido.

Una vez puestas las cartas sobre la mesa, lo que Brad Chase quiere a cambio de firmar lo expresa él con mucha claridad: "Quiero que entres en la habitación como si vinieras de la escuela, y que te encuentres a dos desconocidos con intención de violarte. Él y yo. Estaremos escondidos donde menos lo esperes". Ese "Él" se refiere al limpiapiscinas Charly, tan sorprendido como excitado por la idea. Cody se pone el uniforme de la escuela Eton para adolescentes de Huntington Beach, sonríe, y les da cinco minutos para que se escondan.

La función está a punto de empezar..."

...............................................

Cinco minutos después...

Cody camina por el pasillo en dirección a su cuarto. Para hacerlo todo más realista, ha bajado hasta la puerta de la mansión y ha vuelto a entrar por ella después del tiempo previsto. Agarra el pomo y se adentra en los dominios de su habitación. Enseguida nota un olor extraño allí dentro, como un poderoso aroma masculino condensado. Supone (ó finge suponer) que Graciela debe haber olvidado ventilar la estancia esa mañana. Camina hasta su cama y allí deja caer la mochila, yendo enseguida hasta la ventana que da a la piscina.

Fuera hace un día maravilloso, soleado como todos los de los últimos meses. Sabe que en cualquier momento le van a violar, pero trata de que eso no le haga actuar de un modo poco corriente.

Se gira para observar el interior de su cuarto. Comprueba que no hay nadie a la vista. Se siente nervioso, no sabe de dónde van a salir los dos tíos, pero debe mostrarse natural, fingir que no sabe lo que está a punto de ocurrirle. Incluso se entretiene más de lo habitual en mirar la zona ajardinada desde su ventana, como si quisiera darle facilidades a los que se ocultan con oscuras intenciones hacia él. Pero nada extraño ocurre. Es hora de seguir tentando a la suerte. Camina hasta la puerta del baño, cuenta mentalmente hasta tres... ¡y entra! No parece haber nadie más que él allí dentro.

Se coloca frente a la taza del váter y empieza a mear como cualquier otro día. Ese es un buen momento para salir de debajo de la cama, o del armario, y arrinconarle en el lavabo. Ahí dentro no hay escapatoria. Pero nada de eso sucede. Se sacude la picha, la guarda en el apretujado bañador speedo negro que aún lleva puesto y se ajusta los pantalones con el cinturón. Decide aflojarse la corbata amarilla y también quitarse la americana con el logo de la escuela Eton. Eso es lo que haría nada más llegar a casa cualquier otro mediodía. La lanza sobre la cama y se agacha, sabiendo que al menos uno de los dos tíos debe estar allí escondido.

Rebusca con la mano bajo la cama, tratando de recopilar las láminas del cómic que ha escondido allí antes de la interrupción de su padre. "Tiene que haber alguien que me coja de la mano...", piensa para sí mismo, pero enseguida retira el edredón para comprobar que tampoco están allí debajo. Sólo queda el amplio armario, pero allí sólo encuentra ropa. "¡Qué cabrones!", se dice, dándose cuenta de que deben estar agazapados en algún improvisado escondite de la enorme mansión. "Si se creen que me voy a quedar aquí parado...", avanza hasta la puerta y sale al pasillo.

Cualquier mediodía podría entrarle sed nada más llegar de la escuela, así que bajaría a la cocina a servirse un refresco. El Sol da sobre la casa desde lo alto, por lo que es poca la claridad natural que se cuela dentro, rechazada además por las tupidas cortinas que envuelven cada habitación. Baja las escaleras con la velocidad habitual, dando juveniles saltitos en cada escalón; cruza el amplio salón, nadie a su alrededor. Abre la nevera y saca un refresco de cola, le quita la chapa, lo sorbe, lo deja sobre la encimera...

¡Entonces los ve! Dos tipos plantados en mitad del salón, vestidos completamente de negro: camisetas de manga larga con guantes de cuero, pantalones hasta los tobillos, botas de motero y unos pasamontañas también oscuros cubriendo sus rostros. Cody no sabe qué hacer: debería gritar, pero la voz no le sale porque es consciente de que no está realmente en peligro ante aquellas dos figuras amenazantes. Tiene que reaccionar de algún modo, así que no se corta en coger uno de los cuchillos de mango rojo que le quedan más cerca y con él señala en dirección a los dos tipos.

-Con esto no contabais, ¿verdad, cabrones? -rodea la encimera y se acerca al umbral que comunica con el salón; las dos figuras se mantienen impasibles-. Venga, decidme cómo cojones os lo vais a montar ahor... aaaahhhh!!!

En ese preciso instante, una violenta patada completamente inesperada y procedente de su espalda le golpea de un modo contundente, provocando que el cuchillo salga despedido de su mano. El joven Foster acaba cayendo al suelo y enseguida nota una de aquellas duras botas de cuero pisando su espalda sin demasiada buena voluntad. Está a punto de gritar a viva voz la contraseña (KENNY), sólo para asegurarse de que todo sigue bajo control, que su vida no está en peligro...

Pero algo le detiene: cuando intenta levantar la cabeza, aún doliéndose en su espalda por la patada y la presión que se clava entre medio de sus costillas, descubre que frente a él sigue habiendo dos pares de botas negras... ¿Quién le está pisando entonces? Una patada no muy fuerte en la cara le hace olvidar el resto. Cody se lleva la mano a la zona golpeada, junto a su nariz, y de ahí empieza a brotar un hilillo de sangre. "¡Hijos de...!", tampoco esta vez puede concluir la frase.

Unas manazas bruscas y también con guantes de cuero le zarandean hasta colocarle boca arriba, y entonces la tercera (y desconocida) figura se sienta sobre su estómago. Le abofetea con el dorso de la mano, como si supiera que el chaval no va a gritar la contraseña por más caña que le dé. Cody sólo les oye respirar con fuerza, casi jadear, y las otras dos figuras se mueven hasta colocarse a ambos lados de su cuerpo. Cuando les ve bajarse las abultadas cremalleras y sacarse sendos vergajos a medio endurecer, la mano de su atacante le agarra de la barbilla con excesiva fuerza.

Las dos pollas apuntan hacia abajo, dirigidas con buen pulso por manos enguantadas. El joven Foster cierra inmediatamente los ojos, sabiendo lo que se le viene encima: un chorretón de pis le golpea la frente, como un maguerazo directo y potente contra toda su cara. Luego se une el otro, y ya no es capaz de distinguir quién le está meando dónde. Su rostro se ve inundado de un líquido caliente y apestoso, y la puta mano que le estruja las mandíbulas le obliga a tragarse una buena dosis. Él trata de escupirla, pero es bastante inútil.

Una nueva bofetada le lleva a reaccionar. Cody utiliza sus propias manos para intentar zafarse del agresor que se le ha montado encima, pero éste se las retira sin esfuerzo, se echa hacia adelante y las clava contra la moqueta meada. Ni siquiera parece importarle que algo de pis humedezca su pasamontañas tras el rápido movimiento. Los chorretones cesan, pero el muchacho no quiere abrir los ojos para que no se vean invadidos por el asqueroso líquido. Necesita frotárselos si quiere ver lo que sucede sobre él.

A oscuras, siente el contacto de una bota sobre su mejilla; no es violento, casi una caricia que se mueve hacia sus labios. "¡Chúpalas!", susurra de un modo imperante la voz que enseguida reconoce: el cabrón de Brad Chase desde las alturas, olvidado ya por completo de su actitud pusilánime de antes. Cody saca la lengua todo lo que puede y empieza a soltar lametazos desde esa incómoda posición. El cuero no sabe a nada en particular, es recio y se nota limpio. Eso lleva al joven Foster a atar cabos: ¡Su jodido padre es un motero!

Consciente de que es el cabrón de Mike Foster quien está sentado algo más arriba de su estómago y le aprisiona las manos contra el suelo, que posiblemente haya sido idea de él toda aquella movida, el chaval empieza a notar un ardor conocido en el bajo vientre. "¿Te gusta verme así, hijo de puta?", le dice sin perder la calma. Una patada en la cadera le hace lamentarse, pero sus manos quedan liberadas por las de su padre y entonces empieza a frotarse los ojos. No recibe respuesta, pero al abrirlos de nuevo, no le cabe duda de que tras el pasamontañas húmedo de pis se esconde una amplia sonrisa.

El que está a su izquierda, que supone que es el rubio actor Brad Chase, retira la bota que le ha obligado a chupar y se mueve hasta colocar un pie a cada lado de su cabeza; le pendula entre las piernas un morcillón a media asta. El de la derecha, quien le ha pateado la última vez (que no puede ser otro que el limpiapiscinas Charly), se está trajinando su buena porción de polla salida de la bragueta negra, y tiene los ojos clavados en los suyos. Y su padre, en un nuevo arranque de brutalidad, le hace saltar los botones de la camisa al tiempo que se medio incorpora y le fuerza a darse la vuelta una vez más. Le quita la prenda sin ningún cuidado y le amarra los brazos a la espalda con ella.

Cody siente un doloroso tirón de pelo que le obliga a arquear la columna hacia atrás; no se puede resistir porque sus manos han quedado bien atadas, y porque Brad Chase se ha arrodillado y le ha plantado su paquete contra la cara. El chaval siente entonces todo el peso de Mike Foster al final de su espalda, una de las manos con guante de cuero de éste agarrándole de su lacio cabello sin piedad, aplastando su mejilla contra la entrepierna del rubio enmascarado. Cuando éste se ha sacado ya toda la polla del pantalón, desabrochándose el botón y dejando sus arrugados cojones posados sobre la cremallera, la cabeza de Cody es obligada a elevarse aún más con otro fuerte tirón de pelo.

Le duele y protesta, pero el movimiento de Chase es más rápido y enseguida le silencia con aquella tranca de carne entre sus labios. La mano de Mike sobre su pelo hace que el chaval tenga que abrir mucho la boca, pues no le queda ni un centímetro de rabo fuera de ella. Un nuevo tirón y enseguida empieza el rutinario movimiento de mete-saca del nabo en su boquita. El joven Foster, impedido de manos y piernas, nota al instante unas incómodas y molestas arcadas en la campanilla. Joder, nadie puede tragarse aquel trabuco a una velocidad tan bestia...

"¡Hazle potar!", grita enfurecido el actor desde el anonimato del pasamontañas, un segundo antes de que el padre de Cody coloque su otra mano sobre el pelo castaño del chico y aceleré el movimiento. La polla le perfora sin compasión, los ojos del muchacho se humedecen y empiezan a brotar lágrimas de dolor, pero lo peor es esa babilla transparente que sale de su boca llena de rabo, y que se acompaña de pequeños cachos de desayuno mal digerido. Entre arcadas, la polla de Chase no deja de perforarle durante interminables segundos.

Para cuando se "apiadan" de él, la cara de Cody queda tendida sobre su propio vómito, agotado por la violencia de aquellos eternos minutos. Ya no tiene fuerzas para tratar de resisitirse, pero "la fiesta" a la que él mismo ha aceptado acudir no ha hecho más que empezar. Mike Foster se le sienta un poco más arriba, a la altura de sus omóplatos, aplastándole con ello los brazos. El chaval está demasiado agotado para seguir luchando o para gritar. Brad Chase se está pajeando ahora a escasos centímetros de sus ojos, y utiliza su mejilla no manchada para golpearse la punta del rabo con violencia. Ese capullo rosado y húmedo se siente como un puño contra sus mandíbulas, pero Cody no se resiste. Simplemente cierra los ojos, esperando el siguiente paso.

Enseguida nota sentarse entre sus piernas ligeramente abiertas a Charly, el tercer violador encapuchado de la escena. El limpiapiscinas le está clavando algo afilado y puntiagudo en el muslo que le hace dolerse; al darse cuenta de que se trata del cuchillo con el que, ingenuamente, ha tratado de asustarles minutos antes, sus pulsaciones se aceleran. El arma blanca no llega a hundirse en su carne, si no que se desliza por encima de la tela del pantalón hasta llegar a la zona entre sus huesudas nalgas. Allí sí que rasga la prenda por la zona de la costura, abriéndola hasta dejar un boquete considerable. Cuando el joven Cody abre la boca con intención de protestar, Chase le silencia clavándole de nuevo la polla dentro. El chaval no puede abrir los ojos, pues están manchados y le escuecen. Pero la boca se la abre aquella contundente masa de carne que le entra con increíble facilidad.

-No te preocupes, Chase, que a mi pequeño no le va a importar -es la voz grave y profunda de Mike Foster, que se acaba de desabrochar el pantalón y de su cremallera cuelga un impresionante rabaco moreno y venoso; todo el cuerpo de Cody se estremece al sentirlo golpear contra su nuca, acompañado de unas palabras paternas que no le resultan desconocidas-: Hacía tiempo que papi no te daba un poquito de esto que tanto te gusta, ¿verdad, chaval?

Las embestidas de Brad Chase contra la boca del chico se aceleran al escuchar estas palabras, tremendamente cachondo al ver la actitud que el imponente productor mantiene con su propio hijo. Un poco más abajo en su cuerpo, Cody siente que Charly ha pellizcado la suave tela del bañador speedo y después la ha atravesado con la punta del cuchillo. Lanza éste donde nadie lo alcance y no duda en meter los dos dedos índice por el pequeño corte de la tela. Se regodea entre las nalgas blanquecinas y casi imberbes del muchacho, hasta que estira hacia afuera y la tela se rasga por completo, quedando un agujero más que considerable. Charly separa más las piernas del chico, pero Brad Chase le interrumpe.

-¡Quiero ser el primero! -dice, autoritario.

Le saca el cipote de la boca a Cody y se mueve a cuatro patas hasta alcanzar la posición del limpiapiscinas, al que no duda en apartar como si fuera un simple estorbo. "Cuando te avise, quiero que le pilles de los tobillos y tires hacia abajo con todas tus fuerzas, ¿vale?", casi le exige el actor. Foster padre le pide a Charly que le acerque un cojín del sofá, y éste aprovecha que Chase se está acomodando entre las piernas del chaval para ir a buscarlo. Cuando lo tiene a su lado, Mike levanta la cabeza de su hijo de la misma forma que lo lleva haciendo todo el rato, es decir con un fuerte tirón de pelo, y coloca el almohadón sobre el pequeño cerco de vómito, dejando apoyar la cara de Cody sobre sobre su acolchada textura. "No quiero que te pierdas este momento, así que abre los ojos, pequeño", el hombre le pasa los dedos enguantados por ellos para limpiárselos.

-Ahora necesito que gires el cuello todo lo que puedas para comerme la polla mientras Brad te folla. ¿Te gusta la idea?

-sí... -pronuncia el chico con desfallecimiento.

De pronto nota que sus caderas se empiezan a elevar empujadas por las manos de Brad Chase. "Venga, moreno, cógele de los tobillos", ordena el actor, con la punta de su rabo duro completamente mojada de precum y haciendo un gran esfuerzo para sostener las caderas de Cody en alto. Charly se coloca de pie, cogiendo los tobillos del chaval, que de esta forma queda únicamente con el pecho apoyado en el suelo. Su padre se coloca de rodillas, para no romperle la espalda y poder acercar su polla a la boca entreabierta del muchacho.

Como si intentara ensartar su hilo de carne en él, Chase trata de atinar colocando su glande en aquel pequeño y estrecho agujero. Se ayuda de su propia mano, sin soltar en ningún momento el ligero cuerpo de Cody. Éste ha empezado ya a lamer el cipote de su padre, que se lo va regalando en pequeñas dosis. "¡Ya puedes hacerlo!", jadea el rubio actor, haciendo que Charly tire con fuerza de los tobillos del chaval...

Los tres implicados sienten un tremendo dolor casi al instante. Chase al hundir su considerable verga entre las paredes anales bien cerradas y sin lubricar de aquel adolescente. Cody al ser horadado sin compasión por aquella tuneladora que le acaba de abrir las entrañas y le presiona los intestinos. Y Mike Foster al empalar la boca de su hijo mientras éste trataba de gritar, clavándole un poco los dientes en la base del tronco hundida entre sus labios. "¡Dale otra vez, joder!", grita Brad Chase después de sacar medio rabo bañado en una sustancia rojiza. Charly obedece y tira de los tobillos con fuerza, provocando la misma reacción. "¡Más, joder, más! ¡Quiero que sangre como un cerdo! ¡Reventarle por dentro!", grita de nuevo el rubio, con lágrimas en los ojos a causa del dolor que se está haciendo en su propio pellejo con las embestidas.

Mike Foster empieza a masturbarse contra la mejilla de su hijo. Le ha dejado la boca libre porque quiere oírle lloriquear, pero también por si el chico dice la palabra clave. Es consciente de que aquello se detendría de inmediato si Cody quisiera. Pero el muchacho apenas puede hacer otra cosa que sollozar entre lágrimas y gemidos. "No te cortes, papi...", le oye susurrar, jadeante, "no pienso rendirme...".

De modo que el señor Foster vuelve a echar el culo hacia adelante y acalla los gritos de su hijo con su polla silenciadora. Brad Chase demuestra que no es más que un pervertido pajillero al no aguantar ni dos minutos sin correrse. Después de sólo cinco o seis embestidas rápidas, empieza a jadear descontrolado y deja escapar las caderas de Cody, eyaculando copiosamente sobre sus nalgas y su espalda. Charly suelta entonces los tobillos del chico y empieza a cepillarse la polla, preparándose para su momento de gloria. Cody apenas se mueve. Está roto, destrozado por dentro.

Mike Foster apresura las embestidas y no tarda en sacar su gordo rabo para acabar corriéndose de un modo controlado sobre la mejilla de su hijo. Éste ha vuelto a cerrar los ojos. No quiere más líquidos extraños que le cieguen. Siente las convulsiones de su padre sobre sus omóplatos y después le nota deslizar el culo hacia el final de su espalda. Charly la vuelve a tener completamente dura y salida del pantalón; se la coge con ganas mientras observa a Chase quitándose el pasamontañas sudado.

-Es tu turno, colega -suspira éste, sonriendo-. No te quejarás, que le he dejado al crío el agujerito bien abierto, ¿eh?

El rubio actor se hace un lado y se levanta para guardarse la polla morcillona bajo los calzoncillos. Mike Foster se ha quitado también el pasamontañas y está inclinado hacia adelante, lamiendo su propio semen de la mejilla de su hijo. "Muchas gracias, Cody", le susurra junto a la oreja, prosiguiendo ahí con sus tiernos lametones. Charly imita a sus compañeros de violación y decide descubrir su rostro, empapado en sudor y deseo insatisfecho. Se arrodilla entre las piernas abiertas del chico, ocupando el puesto de Chase, mientras observa cómo el dueño de la mansión se pone en pie.

-Todo tuyo -le dice el señor Foster con el cipote aún bamboleándose por fuera del pantalón-. Ahora voy a llevar a Brad al estudio. Supongo que entenderás que no puedes seguir siendo nuestro limpiapiscinas, así que cuando acabes, recoge tus cosas y lárgate antes de que yo vuelva -se mete la polla dentro de la ropa-. Con tu físico no te costará encontrar otra piscina que necesite de tus servicios. Y no dudes que te daré todas las buenas referencias que necesites -subiéndose la cremallera ante la sorprendida cara del portorriqueño, sonríe levemente-. Hasta la vista, Charly.

El rubio Chase ni siquiera se despide. Está junto a la puerta, por la que enseguida desaparecen los dos. El joven moreno siente entonces que le bulle la sangre por la impotencia. Contempla el cuerpo casi inerte del muchacho que yace junto a sus rodillas, y se echa hacia adelante para cogerle del pelo.

-Eres un auténtico hijo de puta, tío... ¡Joder, podrías haberme avisado de que tu padre me iba a despedir, cabrón de mierda! -le grita con rabia.

-¿Por qué no cierras la boca y acabas de una vez, capullo...?

Como si esa fuera la señal indicada para poder descargar su furia latente, Charly se agarra el nabo desde la base y empieza a golpearlo contra el roto del minúsculo bañador speedo. Le da lo mismo que del agujero estrecho y enrojecido del chico brote un hilillo de sangre casi imperceptible. Se siente rabioso y enfurecido, herido en su orgullo de semental, y por eso no duda ni un instante en hundir allí su verga crispada para violar salvajemente el culo del maldito y joven Cody Foster...

Continuará...

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