Capítulo 5: Xiu
Estaba agotado, pero la cercanía de tres mujeres me puso a
mil nada mas despertarme. Me levanté al baño, con ganas de liberar mi vejiga,
pero también tratando de calmarme. Al volver me quedé extasiado al observar las
tres mujeres que desde la noche anterior eran mis esposas. Eran tres hembras de
bandera, las tres diferentes, pero no se le podía negar a ninguna de ellas que
era bella. Xiu, la mas madura, era con creces la que prefería y no solo por la
perfección de su cuerpo sino por la poderosa personalidad que me había mostrado
en las pocas horas que la conocía. No me cabía en la cabeza que tal monumento se
hubiese conformado con un matrimonio arreglado. Con ese pecho, esa cintura de
avispa y esas piernas, cualquier hombre hubiese caído a sus pies, si ella
hubiese querido, pero obedeciendo a la tradición de su pueblo, me había
esperado. Lili no le iba a la zaga, delgada con cara de no haber roto un plato,
y unos preciosos senos que te invitan a besarlos, se había revelado como una
fiera en la cama. Y por fin estaba Carmen, mi amiga de la infancia, que era un
estupendo ejemplar de la mujer de mi pueblo, grandes pechos, caliente y
orgullosa.
Mirándolas me di cuenta que aunque había disfrutado de sus
cuerpos apenas las conocía. Preocupado por lo que significaba volví a mi lugar
en la cama, dejando a mi izquierda a Xiu y a Lili y a Carmen a mi derecha. Tenía
que resolverlo, y concentrándome empecé a bucear en sus mentes. Tenía que
forzarles a pensar en mí, para así saber que concepto tenían de mi persona.
Empecé con Carmen, me resultó sencillo el hacerle recordar
nuestras vivencias infantiles. En ellas, me veía como un compañero de juegos que
la suerte le había hecho nacer en una familia acomodada. Descubrí que sentía
envidia de que el pequeñajo fuera el hijo del terrateniente mientras ella no era
mas que la hija del peón. Desde niña soñaba que su lugar iba a ser la de dueña
de la finca, y que por eso cuando me vio en la moto, supo que había llegado su
hora. Sondeándola mas profundamente, busqué quien había sido el hombre que le
había hecho perder su virginidad, y horrorizado me reveló entre sueños que había
sido su propio padre el que la había violado con doce años. Desde entonces nadie
la había tocado, pero en sus sueños soñaba con ser dominada por mí. Me tenía
miedo pero a la vez me deseaba y por eso cuando se enteró que me perdía, no
desaprovechó la ocasión de convertirse en mi concubina. Prefería ser la tercera
a perderme.
Nunca me lo hubiera imaginado, pero en su interior la nueva
situación le encantaba, y el castigo que había sufrido en nuestras manos la
había liberado. Nos veía a los tres, como uno, y deseaba ser tocada, sometida y
usada, no solo por mí sino también por las dos muchachas.
Pasé a analizar a Lili. Si la exploración de Carmen me había
sorprendido, la de la chinita aún mas. Resultó que era adoptada, sus padres la
habían abandonado siendo una niña, y los padres de Xiu la habían recogido. Desde
niña tenía a su hermana de adopción idolatrada, y por eso cuando se enteró que
iba a compartir su marido, se vio realizada. Respecto a mí, le gusté desde que
me vio y con gran sorpresa leí en su sueño que solo pensar en estar conmigo
hacía que se excitara, pero que a la vez había descubierto su lado lésbico con
Carmen. Sin prever que al provocar esos pensamientos se despertara, la induje a
pensar en mi amiga. Se vio teniéndola entre sus piernas, y aún somnolienta,
abrió los ojos sorprendiéndose de ver que yo que estaba despierto.
-Buenos días-, me empezó a decir cuando cerrándole la
boca con un beso le dije: -Quiero verte haciéndole el amor-.
Me sonrió al escucharme, y dándose la vuelta, se concentró en
la mujer que tenía a su lado. Su pequeñas manos, comenzaron a recorrer el cuerpo
desnudo, y aun dormido de Carmen. Fue super excitante, ser el convidado de
piedra de sus maniobras. Cogiendo un pecho con sus manos, empezó a acariciarlo
mientras Carmen seguía soñando. Sin poderlo evitar sus pezones se erizaron al
sentir la lengua de la chinita recorriéndolos, y en su sueño se imaginó que era
yo el que lo hacía. Poco a poco se fue calentando, y inconscientemente
entreabrió sus piernas facilitando la labor a Lilí. Desde mi privilegiado puesto
de observación vi como esta le separó los labios y acercando su boca se apoderó
de su clítoris. La española recibió las caricias con un gemido, mientras se
despertaba. La muchacha al notarlo, usó su dedo para penetrarla mientras seguía
mordisqueando el botón del placer. Al abrir sus ojos, me vio mirándola mientras
que la chinita la poseía.
-Disfruta-, le dije tranquilizándola, pasando mi mano
por un pecho,-me encanta ver como te posee-.
Un poco cortada, se concentró en sus sensaciones. Estaba
siendo acariciada por nosotros dos, pero alucinada se dio cuenta que le gustaba
la forma en que la mujer le estaba haciendo el sexo oral. Nunca se lo habían
hecho con tanta delicadeza, meditó al notar que Lili le metía el segundo dedo.
Algo que no había sentido nunca empezó a florecer en su interior, y con un jadeo
presionó a su cabeza, exigiéndole que la liberara.
En ese momento Xiu despertó. Y sin decir nada, se agachó en
la cama, y cogiendo mi miembro ya totalmente erecto por lo que estaba viendo,
empezó a acariciarlo con su lengua. Una descarga eléctrica surgió de mi
entrepierna. Me enloqueció la forma en la que su boca fue engullendo mi miembro.
Con una lentitud exasperante, sus labios recorrían la piel de mi sexo, mientras
su lengua jugaba con mi glande. Tenía que hacer algo, o me iba a correr sin
remedio.
Pidiéndola un descanso, la retiré y dirigiéndome a las dos
mujeres les dije:
-Mi esposa se ha despertado, quiero que le demostréis lo
mucho que la amáis-.
No se hicieron de rogar, Carmen y Lili tumbándose cada una a
un lado, la empezaron a acariciar y a besar, mientras yo observaba. Cuatro manos
recorrían su cuerpo, cuando dos bocas se apoderaron de sus pechos. Xiu me miraba
agradecida, pero necesitada de mis caricias. Separando sus piernas puse la
cabeza de mi pene, en la entrada de cueva, pero aunque ella me pedía entre
gemidos que la penetrara no lo hice, al contrario usando mi glande, me dediqué a
minar su resistencia, jugando con su clítoris. Las dos muchachas mientras tanto,
sin dejar de acariciar a su dueña, se besaban excitadas, y buscando su propio
placer se masturbaban una a la otra. Los gemidos y jadeos mutuos las
retroalimentaba, y el olor a hembra caliente recorrió la habitación.
Paulatinamente, fueron cayendo en el placer, sus cuerpos se retorcían entre sí,
en un baile sensual de fertilidad.
-Hazme el amor-, me exigió Xiu. La fuerza de su orden
me hizo tambalearme. Supe al instante que había usado un poder semejante al mío
al hacerlo. Hasta ese momento, no me había dado cuenta que la mujer estaba
dotada del mismo don que yo, aunque mas femenino, no menos brutal. También me
percaté que si cedía al mismo, nunca me podría liberar de su influjo. Y
combatiéndolo, me levanté de la cama.
Xiu se sorprendió al ver que no obedecía, pero mas aún cuando
usando toda mi fuerza, le exigí que se retractara. Intentó oponerse, asustada al
sentir el choque de mi orden. La lucha de nuestras mentes, tuvo un efecto no
previsto por ninguno de los dos, Carmen y Lili gritando se desplomaron
desmayadas.
Era una lucha sin cuartel, de su resultado iba a salir un
vencedor que dominaría al otro. Sin importarnos el destino de las muchachas,
cada uno de nosotros luchaba por el suyo propio. No era que nos quisiéramos
hacer daño, era una cuestión de supervivencia, de quien iba a ser el jefe de la
manada y quien su subalterno.
Creo que ella estaba igual de alucinada que yo. Mi padre me
había mentido cuando me dijo que éramos únicos, enfrente mío tenía la prueba de
su mentira. Y cabreado pensé que él ya lo sabía debió de saberlo con
anterioridad y usando un método de apareamiento selectivo concertó nuestro
matrimonio. Mientras me defendía, como si fuera una película pasaron por mi
mente las imágenes de la noche anterior, y en ellas encontré el arma que
necesitaba para dominarla.
-Xiu-, le grité con las últimas fuerzas que me
quedaban, -soy tu marido, y el futuro padre de tus hijos, ¿no querrás que sea
tu perrito faldero?-.
Di en el clavo, la fuerza de su educación, unida a la propia
necesidad de transmitir su genes la desmoronaron, y cayendo a mis pies, me dijo
llorando:
-Perdona, mi amor. La sorpresa de descubrir que eras como
yo, me nubló la mente. Eres mi dueño-.
Su arrepentimiento era genuino, y en sus pensamientos
descubrí no solo la congoja de haberme desafiado sino el convencimiento de su
dependencia. Había vencido la batalla pero tenía que vencer la guerra, Por eso
debía de someterla, que supiera que era su macho, y que no había nada que ella
pudiera hacer para evitarlo.
-Vuelve a la cama, y espérame-.
Obedientemente, se tumbó en el colchón. Su cerebro no dejaba
de debatirse entre la sumisión y la lucha, mientras me ocupé de las dos
muchachas. Afortunadamente, no habían sufrido daño, solo la tensión de nuestra
mentes le habían hecho perder el conocimiento. Hice desparecer el recuerdo del
sufrimiento de sus memorias y ya mas tranquilo me giré para someter a mi esposa.
Me esperaba mirándome con los ojos abiertos de la
incertidumbre de no saber que le esperaba. Por eso no pudo reaccionar a tiempo,
cuando de un tortazo le tiré en la cama. Como si fuera una gata se levantó con
las garras dispuesta a arañarme, pero entonces le dije:
-Mira lo que has hecho a tu hermana, y a Carmen. Pudiste
matarlas, y encima ahora te revelas-, saber que tenía razón la hizo llorar,
su agresividad se desmoronó como un azucarillo en el agua al oírme.
Viendo su indefensión, abriéndola de piernas la penetré
diciendo:
-Deja de luchar, estas perdida-, percibí su derrota
cuando abrazándome con sus piernas profundizó mi embestida.-Eres mía, y ahora
mismo te vas a correr o jamás volveré a poseerte-, sus defensas nada
pudieron hacer para parar mi orden. Desde lo mas profundo de su ser como un
tsunami, el placer demolió los restos de su oposición y con grandes estertores
un brutal orgasmo la envolvió.
-Soy tuya-, me contestó con la voz entrecortada, por
el placer.
-Ruégame que te use-, le dije mientras le pellizcaba
cruelmente un pezón.
-Ya me estas usando-, me replicó con su ultimo
resquicio de rebeldía.
Sin medir las consecuencias, le di la vuelta, y sin mediar
palabra le azoté su trasero castigándola. Nadie jamás le había tratado así.
Sabía que era la hora de la verdad, debía de someterla a mis ordenes o la
perdería para siempre. Lloró al verse humillada por mi tratamiento, pero con
cada azote, su mente iba adquiriendo el convencimiento de mi dominio, hasta que
la evidencia que era mía le provocó que se empezara a excitar. Sus lloros se
convirtieron en sollozos callados, al decirme:
-¡Úsame!-.
Totalmente sometida, se puso a cuatro patas en la cama. La
hermosura de su cuerpo entregado, me afectó, y dándole un beso le dije que no
hacía falta, que con su arrepentimiento me bastaba. Pero ella, sin cambiar de
posición me volvió a repetir:
-¡Úsame!-.
Le urgía ser tomada, necesitaba que su dueño la terminara de
domar. Viendo que no había otra solución, recogí parte del flujo que manaba de
su interior, y cuidadosamente le fui embadurnando su esfínter. Ella al notarlo,
empezó a gemir de placer, pidiéndome que acelerara. Pero no quise dañarla y
hasta que conseguí relajarla y mis dedos entraban y salían sin oposición, no
puse mi pene en su entrada. Entonces, acariciando su espalda, le pregunte si
estaba lista, ella sin contestarme se fue introduciendo mi sexo, mientras dos
lágrimas surcaban sus mejillas.
-¿Te duele?-, le pregunté cuando se lo hubo metido
completamente, y sus nalgas tropezaban con mi cuerpo.
-Si, pero me gusta-, me contestó empezando a mover sus
caderas.
La dejé llevar el ritmo. Xiu notaba que tanto su esfínter
como su voluntad se desgarraban en cada embestida, y relajándose fue
incrementando la velocidad en la que se ensartaba, y paulatinamente la
excitación le pedía mas. Tuve que ayudarla , poniendo mis manos en sus hombros,
para evitar que mi sexo se saliera. Ella, ya sin control, me rogó que me
derramara en su interior.
-No, Xiu-, le dije sacándosela,-quiero que ahora
seas tú quien me use, yo también soy tuyo-.
-Entonces, quiero volverla a sentir en el mismo sitio-,
me gritó usando su poder. Esta vez no me resistí y penetrándola de un golpe,
empecé a galopar con un único destino, el explotar en su interior. Xiu chilló al
verse empalada nuevamente, y cayendo sobre el colchón entre convulsiones me
pedía que me corriera. Al sentir que se me acercaba. Le dije al oído:
-Hagámoslo juntos-, y desparramándome en su interior me
corrí. Ella se vio empujada al orgasmo al experimentar como mi semen la llenaba,
y masturbándose ferozmente con el pene dentro, se vino gritando mi nombre.
Nos quedamos abrazados mientras nos recuperábamos. Ambos
estábamos agotados, adoloridos pero a la vez con la certidumbre que habías
encontrado nuestra pareja. Nunca mas estaríamos solos. Recordé que mi Padre me
había pronosticado una vida de soledad, en la cual nunca encontraría una pareja
de la que estuviera seguro de que estaba conmigo por amor y no por obligación,
pero la mujer que tenía al lado había destrozado esa predicción. Ya no temía al
futuro, teniendo a Xiu a mi lado.
-¿Desde cuando sabes que eres un titán?-, me dijo en voz
baja pegándose a mi cuerpo.
"Titán", pensé, "se refiere a mi poder, usando el
nombre de los seis hijos de Urano, que habían conquistado el universo, nombrando
a Cronos, el menor de ellos, como rey de la creación".
-Desde hace menos de un mes-, le respondí, -y ¿Tu?-.
-Sé que soy una titánide, desde hace cuatro años-, me
contestó sobrecogida por lo que significaba, había sido derrotada por un novato,
-Debes de ser el mas poderoso de nosotros, sino no hubieras podido someterme-.
-¿Nosotros?, ¿es que hay mas?-
-Según la mitología seis hombres y seis mujeres, si nos
descontamos a nosotros, a tu padre y al mío, todavía hay ocho. Tres hombres y
cinco mujeres-, y mirándome a los ojos, me dijo,-nunca se ha presentado
el caso que un titán y una titánide se unieran, ¡imagínate el poder que tendrá
nuestro hijo!-.
Me quedé meditando sobre ello, el poder genera odios y si
sumamos a los nuestros él de un futuro retoño, todo el mundo intentará acabar
con nosotros.. Como mi esposa y compañera debía de saberlo, le expliqué con
todos los detalles mi origen y los de mi familia, contándome ella los suyos. Xiu
provenía de una familia casi tan vieja como la mía, que había perdido China en
manos de los mongoles de Gengis Kan, siendo Zaho Bing el último emperador Song,
y el primer titán de su familia.
-Ya sé como encontrar a los restantes-, le dije.
-¿Como?, nadie sabe la forma de hallarlos-, me contestó
con sorna.
-Yo, sí-, le dije mientras la acariciaba,-Venimos
de familias que han perdido sus reinos por una invasión, concentremos nuestro
esfuerzos en hallar a los descendientes de viejos imperios y encontraremos a
nuestro titanes-.
Nunca se le había ocurrido, por lo obvio que resultaba supo
que tenía razón. Y dándome un beso, me dijo:
-¿Por donde empezamos?-.
-Por Roma, es el imperio mas grande de occidente, y además
está en Europa, tenemos unos aliados que sin saberlo se van a unir a nosotros,
los utilizaremos sin revelar ni nuestras intenciones ni tu poder-.
Riéndose a carcajada limpia me preguntó que quien iban a ser
los afortunados y como los íbamos a encontrar.
-Son ellos los que se han puesto en contacto conmigo. Se
hacen llamar "la espada de Dios", y creen que me tienen agarrado, dejemos que
ellos trabajen para nosotros, los usaremos para nuestros fines y después nos
desharemos de ellos-, le contesté explicándole la visita del día anterior,
donde el representante de ese grupo tan extraño me había abordado y amenazado.
-Puede ser peligroso-, me replicó.
-Lo sé, pero no más que dejar que los otros titanes nos
encuentren antes-, y cambiando de tema, le dije que teníamos que despertar a
las muchachas. Pero antes de hacerlo, fue ella la que me descolocó diciéndome:
-Esposo mío-, supe que al usar la forma digna, me
quería pedir algo, -¿sabes que los titanes solo engendran de uno en uno?.
-Si-, le contesté, sabiendo lo que me iba a pedir, -No
te preocupes hasta que estés embarazada, evitaré correrme dentro de otra que no
seas tú-.
-No tienes por que hacerlo, seré yo quien se ocupe de que
tu semen no germine en ellas. Pero ahora quiero comprobar si a mi macho le
excita tener una hembra dispuesta a ser madre-, me dijo bajando por mi
cuerpo.
Esta vez, hicimos el amor sin prisas, cariñosamente
entregándonos el uno al otro como iguales, sin vencedores ni vencidos,
compartiendo cada momento de nuestra unión como si fuera el primero. Fue sublime
el sentir como nos fundimos en cuerpo y mente. Poniéndose encima de mí,
introdujo mi pene en ella, mientras exploraba mi cerebro. Compartimos nuestros
recuerdos y nuestras experiencias, antes incluso que nuestros fluidos, y en un
climax brutal nos retorcimos en la cama, alcanzando el cielo.
-Veamos como siguen-, le comenté revisando a nuestras
dos concubinas. Tras un análisis inicial decidimos despertarlas. No había otra
forma de saber a ciencia cierta que no habían recibido ningún daño. Yo me iba a
ocupar de Lili mientras Xiu debía de espabilar a Carmen. Lo hicimos lentamente,
induciéndoles la idea de que se habían quedado dormidas por el esfuerzo, pero en
cuanto empezaron a recuperar parte de la conciencia supimos que algo había
pasado. Era como si sus mentes fueran una prolongación de la nuestras, de
repente me vi mirando por los ojos de la chinita, sintiendo su piel y su cuerpo.
Y a ella le ocurría lo mismo.
-¿Qué ha ocurrido?-, me preguntó Xiu, hablando por la
boca de Carmen.-¿Dónde están?.
-No lo sé-, le conteste, -creo que lo mejor es que las
volvamos a dormir, no pueden seguir así. Nos hemos apoderado de sus mentes-.
Llorando con dos gargantas, Xiu me dio la razón. Se sentía
culpable de la desaparición de las muchachas. Era agobiante el tener dos
cuerpos, estar mirando con cuatro ojos. No teníamos ni idea de cómo devolverles
su cuerpo, ni siquiera sabíamos si habían desaparecido totalmente de sus
cerebros, sin dejar rastro.
Calmando a mi mujer, le dije: -Por ahora que descansen, no
te preocupes porque vamos a encontrar la forma de sanarlas, pero recuerda que
mientras tanto tendremos que despertarlas para que al menos se alimenten y hagan
sus necesidades-.
Los problemas se nos acumulaban, por lo que había que
establecer prioridades y el mas urgente eran ellas. Totalmente de acuerdo en
eso, nos pusimos a buscar en la biblioteca de mi padre, algún libro que hablara
sobre alguna experiencia semejante. Cada vez mas nerviosos por no hallar ninguna
referencia, no pudimos evitar empezar a discutir. Xiu creía que debíamos acudir
a un psiquiatra, que no veía otra solución. Me arrepentí de como la había
vencido, sin saber había usado a su hermana como arma arrojadiza contra ella, y
ahora el sentimiento de culpabilidad la estaba hundiendo en una preocupante
depresión.
-Y ¿que quieres decirle?, que hemos tomado su mente y que
ahora no podemos devolverles su cuerpo. Imagínate lo que ocurriría, de irnos
bien seguramente nos tomaría por locos, o pensaría que estaríamos ejecutando un
fraude, pero de creernos para él sería el mayor descubrimiento de la psiquiatría
y no tengas ninguna duda que nos encerrarían como conejillos de indias-.
-Entonces, ¿qué hacemos?, ¿quién nos podría ayudar?-
-Desgraciadamente, nadie. La ciencia oficial no ha
descrito ningún caso parecido pero..-, de pronto me vino a la mente un
reportaje sobre brujería que había visto en la tele.
-¡Que!-, me gritó Xiu desesperada.
-No es seguro, pero puede que nos estemos equivocando de
enfoque. Me imagino que habrás oído hablar de santería y zombies-.
Me interrumpió mandándome a la mierda, me dijo que como podía
solo el pensar en hablar con uno de esos charlatanes. No dando mi brazo a torcer
le dije:
-Para la medicina occidental, la tradicional china carece
de sustento y no es mas que superchería-.
-No es lo mismo-, me contesto defendiendo la medicina
de su país,- es una practica milenaria-.
-Igual que las religiones animistas africanas-, le
repliqué,-y lo peor es que no se me ocurre otra vía-.
Quedamos en silencio, sabiendo las remotas oportunidades que
teníamos de que nos sirviera de algo acudir a un santero. Al igual que mi
esposa, no confiaba en encontrar a un verdadero practicante de esta fé. En los
periódicos se anuncian muchos pero como íbamos a distinguir los verdaderos de
los farsantes. Gracias a Xiu, encontramos la solución.
-Usando nuestro poder-, me dijo, -si sondeamos a
los diferentes sacerdotes sabremos separar a la escoria de los auténticos -.
Fue una pequeña luz, una esperanza a la que se agarró con
violencia, para evitar el desmoronarse. Nos pasamos toda la mañana, acumulando
información sobre los diferentes centro ocultistas de Madrid, descartando
directamente a todos los servicios de adivinación telefónica y parecidos.
Terminada la lista de los candidatos mas idóneos, discutimos como abordarlos,
bajo ningún concepto debíamos descubrir nuestras verdaderos motivos y menos
podíamos hacer ostentación de nuestros poderes, pero tampoco podíamos hacernos
pasar por unos curiosos. Al final, creímos que lo mas conveniente era hacerles
creer que éramos unos estudiantes de psicología interesados en estos temas.
Pero antes de irnos teníamos que resolver un problema
doméstico, las muchachas no habían bebido ni comido nada durante las últimas
dieciocho horas. Recordando lo extraño que nos había resultado manejar dos
cuerpos a la vez, le dije a Xiu:
-Mira, vamos a tumbarnos junto a ellas, para despertarlas.
Si al hacerlo todo vuelve a la normalidad que bueno, pero de no ser así, nos
resultará mas sencillo si nos mantenemos en la cama sin movernos y con los ojos
cerrados-.
Llegaba la hora de la verdad, y con muy pocas esperanzas, las
devolvimos la conciencia. Pero se cumplieron los peores augurios, en el momento
de su despertar fue como si encendiera un segundo monitor, paulatinamente fui
adquiriendo la posesión de Lili, primero sentí la sabana sobre su piel, después
era como si mi propia alma recorriera sus dedos, sus brazos y piernas
absorbiendo sus nervios y músculos. Con miedo, abrí sus párpados, a mi lado
estaba Carmen pero en su mirada descubrí a Xiu. Habíamos fallado y con la
certidumbre de nuestro fracaso, nos levantamos sin hablar.
Su vejiga me dolía, y sin perder mas tiempo me dirigí al
baño. Fue cuando empecé a percibir las sutiles diferencias de estar en un cuerpo
femenino, al ponerme frente al retrete busqué con mi mano el pene, y sonreí al
no encontrármelo. Tuve que sentarme para hacerlo, la posición no me resultó
extraña, no en vano los hombres nos tenemos que sentar para vaciar nuestros
intestinos, pero cuando liberé sus músculos orinando, me sorprendió la
sensación. No sé como explicarlo, los hombres cuando lo hacemos, no solo
relejamos los músculos sino que el orín recorre nuestro pene en su trayecto de
salida, mientras que en ese momento era como si se vertiera directamente. En
cuanto terminé, fui sustituido-a por Carmen, que no era Carmen en la taza. Y
esperándola me quedé contemplándome en el espejo.
Lili era una muñeca de un metro cincuenta, por lo que su
ángulo de visión era diferente al mío, las cosas se veían diferentes, pero fue
al ir a meterme en la ducha, cuando realmente recapacité que debía de tener
cuidado al moverme. Casi me caigo, no habiendo levantado mi pierna
suficientemente, tropecé con la bañera, y cabreado solté un improperio. Pero la
voz que oí, no era la mía sino la de ella.
-Lili, ¿estás bien?-, escuché la voz de Carmen
preocupada, pero justo cuando iba a contestarla, me di cuenta que estaba
llorando. Sabía que le pasaba. Xiu dentro de la muchacha, había reaccionado
instintivamente sin caer en que era yo, el que casi se cae, y no su hermana. Al
darse cuenta de su error, la tristeza de la perdida le hizo llorar.
Tratando de consolarla, le pedí que me abrazara. Y desnudas
bajo la ducha, lloramos unidas por el dolor. Carmen es mucho mas alta que la
chinita, por lo que al abrazarme, mi cabeza quedaba a la altura de su cuello. Y
por vez primera me sentí indefenso dentro de un cuerpo tan minúsculo. Hallé el
consuelo en sus labios, fue un beso posesivo, Xiu forzó mi boca con su lengua, y
cogiéndome del pelo lacio de su hermana, empezó a recorrer su cuerpo con sus
manos. Experimenté lo que se siente, cuando una mujer es acariciada. Los pezones
de mi pecho se irguieron en cuanto las yemas de Carmen se acercaron a tocarlos y
ya totalmente excitado abrí mis piernas para que se apoderara de mi sexo. Xiu se
agachó en la ducha, y acercando su boca a mi ahora pubis depilado, separó mis
labios y con fruición lamió con su lengua mi clítoris. Casi me caigo al notarlo,
como si fuera una descarga eléctrica el placer recorrió mi pequeño habitáculo,
por lo que con ganas de seguir disfrutando me senté en la bañera. Carmen-Xiu, se
arrodilló en frente mío, su morena piel resaltaba contra el pálido color de mi
cuerpo. Pasé mis pies por encima de sus hombros de forma que tenía todo mi sexo
a su disposición. No se hizo de rogar, acercándose a mi me mordió el botón de mi
entrepierna, mientras que con sus dedos me penetraba. Gemí al ser violada mi
vagina, y de pronto una extraña sensación se fue apoderando de mi cuerpo. Tardé
en reconocerlo, como hombre el orgasmo llega por oleadas, breves e intensas,
pero en ese momento lo que estaba experimentando era diferente. Asustado-a
sentía que algo distinto se avecinaba. De igual forma que a una radio se le va
incrementado el volumen poco a poco, así me notaba que se iba acumulando en mi
interior, explotando de improviso mientras me derramaba en su boca. Jadeando con
la respiración entrecortada, mi vagina se llenó de un espeso líquido, que Carmen
como posesa bebió, satisfecha por el placer que me había dado.
-Gracias-, le dije agradecida. Acababa de descubrir mi
lado femenino y curiosamente tuve que reconocer que me gustaba.
Quise devolverle el favor, pero se negó, diciéndome que tenía
hambre y que además teníamos trabajo que hacer. Como casi siempre tuve que
reconocer que tenía razón, yo mismo tenía un agujero en el estomago. Y saliendo
de la ducha, le extendí una toalla, mientras que con otra me secaba.
-Me siento rara en este cuerpo-, me dijo Xiu. Me
miraba con una profunda tristeza en sus ojos. -No sabes lo que siento al
verte dentro de mi hermana. Es super doloroso saber que puede que no vuelva,
pero a la vez me alegro que seas tu quien se esté haciendo cargo de su cuerpo,
no hubiera podido soportar que otra persona lo hiciera-.
No supe que contestarle, comprendía su duelo, no podía dejar
de pensar que hubiese sentido yo, de ser mi hermana adoptiva la que hubiese
desaparecido. –Vamos-, le dije cogiéndole de la mano, -hay que comer
algo-.
Comimos porque había que alimentarlas pero no porque nos
apeteciera. Al principio no nos resultó sencillo el hacerlo ya que no estábamos
acostumbrados a las distancias de sus cuerpos. Mas de una vez al tratar de
llevar el tenedor a la boca, erré el destino y me manche la mejilla. Xiu se rió
al ver mis dificultades con los cubiertos. Pero dándose cuenta de lo que
significaba me dijo:
-Si esto se prolonga, deberemos dedicar unas horas diarias
a ejercitarlas. No quiero que sufran daño por estar inactivas-.
-A Lili le gustaba azotar a Carmen, cuando quieras empiezo-,
le contesté en son de broma.
-Siempre que dejes que con mi verdadero cuerpo te
castigue, amado mío-, me replicó siguiéndome la corriente.
La sola perspectiva de amarla con dos cuerpos a la vez, hizo
que me excitara, y solo la prisa que teníamos por encontrar una solución a la
situación de las muchachas, evitó que lo pusiera en practica.
-¿Nos vamos?-, le pregunté nada mas terminar de comer.
-Si, pero antes acostemos estos cuerpos-, me contestó
Xiu.
-No, es mejor que salga yo, al menos, en Lili. Piensa que
esos tipos de la "espada de Dios", me siguen. En cambio no se les ocurrirá que
esta preciosidad soy yo-, le repliqué moviendo el trasero.
-Entonces yo iré con el de Carmen, y así al menos caminará un
poco-, me dijo en un tono que me indujo a pensar que le había molestado mi
comentario.
Dándole un beso en los labios, le susurré:
-Seremos dos lesbianitas paseando su amor por Madrid-.
Volvimos al cuarto donde estábamos en la cama, y abriendo mis
ojos nos vi entrar por la puerta. Casi me tropiezo con la cama al sentirme
desorientado. Decidí cerrarlos para no sufrir un accidente.
Xiu me eligió la ropa. Al ponerme el sujetador tuvo que
ayudarme porque me vi incapaz de hacerlo solo. Pero el colmo fue cuando
subiéndome a unos inmensos tacones, intenté caminar. Estuve a punto de romperme
una pierna al caerme desde esa altura, por lo que muerto de risa le dije:
-Será mejor que vaya con zapatillas, no vaya a ser que
terminemos en un hospital-.
Entre risas, salimos del piso para encontrarnos de frente con
Patricia, que salía de su casa. Esperamos las tres juntas la llegada del
ascensor. De reojo nos miraba como queriendo preguntarnos algo. Justo cuando
llegó y antes de abrir la abrir la puerta, dirigiéndose a mí, preguntó:
-Disculpad, os he visto salir de casa de Fernando...-.
De repente Xiu le cortó diciendo:
-¡Ni se te ocurra!, ¡es nuestro!-.
El silencio que se apropió de ascensor, se podía cortar con
un cuchillo. Las dos mujeres se estaban taladrando con sus miradas, eran dos
duelistas a punto de desenfundar, y solo lo exiguo del trayecto hizo que al
abrir la puerta, al tomar cada una un camino, la tensión se relajara. O eso
creí. Pero en cuanto la rubia se hubo marchado Xiu me tiró del brazo diciéndome:
-¿Quién es esa puta?, o ¿te crees que no he podido leer en su
mente que te la has tirado?-.
-Una vecina que conocí, no tiene importancia-, le
solté esperando que se tranquilizara al saberlo.
-Eso espero, ¡Somos tres para cortarte los huevos!-,
me gritó ante el asombro de las personas que había en el portal,-Si alguna
vez quieres acostarte con alguien que no seamos nosotras, piénsatelo antes-.
Inconscientemente me llevé la mano a mi entrepierna. Al no
encontrarme nada, recordé que estaba en el cuerpo de la chinita, y buscando
desdramatizar el tema, solo se me ocurrió decirla:
-No tengo huevos-.
Cinco pisos mas arriba, la mano de Xiu se apoderó de mi
entrepierna, apretándola cruelmente. Y dolor que sentí me hizo tropezar.
-Si tienes-, me contestó con una sonrisa.
Acababa de descubrir, que mi queridísima esposa era celosa.
No sé porque me extrañaba, en su cultura el matriarcado es la forma imperante,
los maridos deben una completa sumisión a sus mujeres. Tenía que decirle algo.
-Xiu no hay nadie mas importante que tú. Dame un beso-.
La voz falsamente apenada que puse le hizo reír y dándome un
azote en el culo, me dijo:
-Al andar mueve las caderas, ¡qué pareces un marimacho!-.
Obedeciéndola y mientras llamaba al Taxi, no dejé de menear
mi trasero.
No tardamos en coger uno. Al subirnos, el taxista nos echó
una mirada de esas de las que tanto se quejan las mujeres. Empezando por las
piernas para terminar fija en los pechos. Xiu al percibir que me molestaba le
soltó:
-Guapo, cierra la boca, que se te cae la baba, y llévanos
a Espronceda 3-.
El conductor, un hombre ya entrado en la cincuentena, cogió
la indirecta, y sin contestar a la impertinencia, arrancó el vehículo. Durante
toda la carrera el taxista se mantuvo callado y solo cuando ya le habíamos
pagado, y Xiu se había bajado del coche, me dijo:
-Menuda zorra, es tu amiga. Se le nota que esta mal
follada-.
Cabreado, cerrando la puerta, le contesté:
-En cambio, tú debes de tener el culo partido de tanto
como te la meten-.
Al escuchar mi insulto, Xiu se echó a reír y cogiéndome del
brazo, nos dirigimos a nuestra primera cita. Eso sí, esta vez no me olvidé de
contornearme al andar.
Convencidos de las pocas posibilidades que teníamos de
obtener ayuda, entramos en el portal. La consulta del brujo estaba en el sótano.
Y ya desde la escalera se podía olor la mezcla de mejunjes típicos de la
santería. Era ácido, penetrante, estuve a punto de estornudar al sentir como
irritaba las fosas nasales de Lili. No tuvimos que tocar el timbre, la puerta
estaba abierta. Al pasar a la consulta descubrímos una decoración grotesca, las
imágenes de santos católicos se mezclaban en siniestro desorden con imágenes de
demonios y de dioses africanos.
En un mesa desvencijada se encontraba una jovencita con el
pelo peinado a rastas, que nada mas mirarnos se levantó haciéndonos pasar a una
sala, todavía mas siniestra. El tufo que desprendían los diferentes
instrumentos, provocó a Xiu una arcada.
-¡Que asco!, huele a gato muerto-, protestó mientras se
recuperaba.
No tuve tiempo de darle la razón, por la puerta había hecho
su aparición la bruja. Era una decrepita anciana de raza negra cuyas arrugas nos
hablaban de la mucha experiencia recogida, y los grandes conocimientos que había
acumulado durante una larga vida.
Nada mas vernos se quedó paralizada, y sin prolegómenos fue
directamente al asunto preguntándonos:
-¿Qué pueden desear dos titanes y sus cuerpos poseídos de
mí?-.
Contra todo pronóstico, la vieja nos había reconocido al
instante. De nada servía disimular.
-Necesitamos ayuda-, le contesté, antes de explicarle con
todo detalle, que nos habíamos apoderado de dos cuerpos amigos sin saberlo, y
que queríamos devolvérselos a sus legítimos dueñas.
Belmoth, así se llamaba la bruja, nos escuchó sin
interrumpirnos y solo cuando hubimos terminado, pidiéndonos permiso nos dijo:
-La posesión es irreversible, estos cuerpos siempre estarán a
su disposición-.
-Entonces, ¿mi hermana ha muerto?-, dijo Xiu echándose a
llorar.
-No, está esperando que el titán le dé permiso para volver-.
Sus palabra fueron un rayo de esperanza al que agarrarse pero
había un problema no sabíamos como hacerlo. Al preguntarle el modo, la vieja nos
contestó:
-No lo sé. Según las leyendas, los titanes pueden entrar y
salir de los cuerpos con solo desearlo. Lo que les ocurre es que sus propios
reparos les ha impedido tomar completo posesión de ellas, deberán hacerlo para
liberarlas de su encierro-.
Por mucho que intentamos que nos aclarara el asunto, no pudo,
sus conocimientos llegaba hasta ahí. Tristes pero esperanzados, salimos del
local, pero antes indujimos a la anciana y a la joven a olvidar nuestra visita.
Decidimos volver a casa directamente, yo en lo particular
estaba cansado de estar en un cuerpo femenino y deseaba volver a sentir mi pene
entre las piernas. Al decirle a Xiu como me sentía, ella dándome un beso me
contestó:
-Yo también quiero sentir "tu pene entre mis piernas"-.
La burrada hizo que me excitara y corriendo paré otro taxi,
para que nos devolviera a casa. Menudo espectáculo le dimos a su dueño, durante
todo el trayecto no paramos de besarnos y de meternos mano ante la atónita
mirada del taxista. Como sería la temperatura de nuestro agasajo que al ir a
pagar, el buen hombre dándonos su tarjeta, nos dijo que no hacía falta y que
siempre que quisiéramos le llamáramos que no importaba la hora, que el vendría
encantado.
Brutalmente excitadas, corrimos hacía la habitación
desnudándonos en el trayecto y metiéndonos en la cama junto a nuestros cuerpos,
nos olvidamos de dejar a estos dormidos.
Necesitaba de Xiu, en todas las facetas, y mientras le hacia
el amor con el cuerpo de Lili, empecé a acariciarle con el mío. Era increíble el
estar poseyéndola dos veces. Acariciándola con cuatro manos y besándola con dos
bocas en sus dos coños, conseguí que se pusiera a mil. Fue entonces cuando mi
lado perverso actuó, y abandonando el cuerpo de Carmen, me concentré en el
verdadero penetrándole mientras que con la boca de su hermana me apoderaba de
sus pechos.
Xiu protestó diciendo que quería disfrutar en los dos a la
vez, y riendo le dije que fuera ella quien se masturbara. En vez de hacerlo en
la forma tradicional, cogió el cuerpo de Carmen y poniéndose a horcajadas sobre
su boca, empezó a morder y a torturar el clítoris que tenía poseído. Fue ella
misma la que metíendose dos dedos, mientras yo seguía embistiendo su otro coño,
la que se provocó el orgasmo, y chillando y gritando se corrió en su boca y en
mi pene a la vez.
El cuerpo de Carmen cayó desplomado sobre la cama, mientras
que yo seguía dándole el mismo tratamiento al genuino, y estaba a punto de
correrme cuando oí que incorporándose, Carmen nos decía:
-¿Que ha pasado?, -.
No le contestamos, ya tendríamos tiempo de explicarle lo
ocurrido y agarrándole del pelo, puse su boca en la cueva de Lili. Sentí como me
separaba los labios, y como con su lengua se fue acercando a mi clítoris,
mientras que mi miembro seguía dentro de Xiu.
Fue la propia Xiu quien me dijo quitándose de debajo mío:
-Debes de ser tu, quien lo haga-.
Tenía razón, ella había conseguido liberar a Carmen
poseyéndose a si misma, por lo que tumbando a Lili, con las piernas abiertas, me
acerqué con mi pene erecto. De un solo golpe, me penetré a mi mismo. Percibí
como mi vagina se iba llenando al ir ocupando con mi sexo todo su interior. Y
abrazándome con las piernas, empecé a galopar mientras las dos muchachas se
ocupaban de mis pechos.
Mi doble orgasmo no tardó en llegar, y sintiendo las dos
vertientes del placer me corrí clavándome las uñas en mi espalda.
De repente me vi expulsado de Lili, y en sus ojos incrédulos
la reconocí al instante, había vuelto. Por fín estábamos los cuatro juntos, y
dándole un beso le dije a su hermana:
-Te toca explicarles que ha pasado-, guiñándole un ojo, -por
algo eres la matriarca-.