N.delA.: Para refrescar memorias, o para poner al día a quien
pase de leer las cuatro primeras partes, aquí va un breve y conciso resumen. A
quien no le interese, que empiece a leer más abajo de los puntos suspensivos.
"Cody Foster es un adolescente californiano de dieciocho años
que se siente atraído por el limpiapiscinas de su mansión. Cuando están a punto
de empezar a follar, aparece Mike Foster, el padre del chaval, un productor de
Hollywood que necesita convencer a Brad Chase, la estrella del momento, para que
firme un contrato con él.
Lo que el actor exige a cambio es interpretar con el joven
Cody un jueguecito sexual peligroso: "Vas a hacer como si vinieras de la
escuela, y te encontraras a dos desconocidos con intención de violarte". El
chaval acepta para ayudar a su padre, pero le sorprende descubrir que el propio
Mike Foster ha sido en realidad el artífice y colaborador de toda aquella
movida.
Durante unos interminables minutos, Cody es violado sin
contemplaciones por el actor, el limpiapiscinas y su propio padre..."
...............................................
Mike Foster abre la puerta y accede a la habitación de su
hijo, después de que éste le haya dado su permiso para entrar. El hombre
encuentra al joven Cody tumbado sobre la cama, boca abajo y con su cuerpo
lampiño completamente desnudo. Tiene los codos apoyados sobre un cojín, y dos
almohadones bajo la cadera hacen que su trasero se eleve y quede bien visible,
algo abierto. El padre se acerca a los pies de la cama y observa aquel agujerito
reventado y con algo de carne rosada saliendo de él.
-Te han jodido bien, ¿eh? -musita, casi para sí mismo.
-Esperaba que pudieras untarme algo de crema. Ese par de
cabrones me han dado fuerte.
-No hay problema -Mike avanza hasta la mesita en la que
reposa un bote de Nivea y después se sienta junto al chico-. ¿Qué dibujas?
-Nada. Es el esbozo de un regalo que quiero hacerle a
Alfredo.
-¿Al cubano? -Foster destapa el bote, mira por encima del
hombro de su hijo y observa unos trazos a lápiz que aparentan ser un hombre,
desnudo y de perfil, junto a un coche.
-Mi cabeza va a ir justo aquí -bromea Cody, con la punta del
lápiz señalando una polla bien delineada.
-¿En serio sigues tonteando con ese viejo?
Alfredo es el chófer de los gemelos Carter, de la mansión
vecina, un maduro cubano cuya relación con el chaval sobrepasa los límites de lo
correcto.
-Es mi amigo, papá... -le quita importancia el chico, viendo
cómo su padre se unta los dedos en esa crema blanca-. ¿Está fría?
-No te preocupes, te va a venir bien -voltea su cuerpo hacia
los pies de la cama y lleva sus dedos pringosos hasta el culo de su hijo, que se
contrae al notar el contacto-. Esto te va calmar, ya verás.
Mike Foster va realizando suaves caricias por todo el ojete
dañado de su chico, repartiendo la crema con paciencia. Cody se relaja,
colocando las manos bajo el cojín y apoyando su cabeza en él. Su padre tenía
razón; la crema está calmando el escozor.
-Gracias por ayudarme con lo de Chase -el hombre desliza su
dedo corazón entre las nalgas del muchacho, apretando con suavidad el bultito de
carne medio salido de la raja.
-Gracias a ti por participar, papá -la voz se oye apagada por
la presencia del cojín junto a su boca-. Sin ti no hubiera sido lo mismo, desde
luego.
-Tal vez algún día, cuando esto esté mejor, podamos buscar un
ratito para nosotros, ya sabes... Aquí o en cualquier otro lado, donde estemos
tranquilos.
-Eso estaría bien, papá...
-Algo más calmadito que lo de hoy, por supuesto.
-Sí, mejor -Cody siente la punta del dedo de su padre
entrando sin prisas por su agujerito caliente-. Yo también prefiero algo más
suave...
-¿Sabes? Nunca te la he metido -afirma Mike tras unos
segundos de silencio.
-Lo sé -Cody gira un poco la cara para sonreír.
-Y la verdad es que me apetece.
-A mí también, papá -dice Cody en un tono relajado-. Pero si
lo haces ahora, no creo que sea capaz de disfrutarlo -el chico saca una mano de
debajo del cojín y la mueve despacio hacia la entrepierna de su padre.
-¿Qué? -Mike mira primero hacia la mano puesta sobre su
pantalón y luego hacia la sonrisa ingenua de su hijo.
-Vuelves a estar cachondo...
-Sí, lo noto -Foster sonríe ligeramente y después se vuelve a
girar para palmear con cariño las nalgas del chico-. ¿Crees que con eso bastará
de momento?
-Supongo que sí -masajea con calma el paquete de su padre-. A
lo mejor esta noche, antes de acostarnos, puedes venir y untarme un poco más de
crema.
-Eso está hecho -el hombre se levanta de la cama y coge un
kleenex de la caja que hay sobre el escritorio para limpiarse los dedos
pringosos-. No creo que te escueza más de un par de días.
-Papá, yo también lo estoy -Cody echa la espalda hacia atrás
y mueve una pierna, hasta plantar el pie sobre la cama y quedar de costado-. La
verdad es que no me apetecía hacerme una paja.
-¿Es que ese chulopiscinas no ha podido echarte una mano?
-El cabrón de Charly no ha tardado ni dos minutos en decir
adiós, después de haberse corrido como un caballo.
-¿Se te ha corrido dentro? -Mike observa cómo su hijo asiente
con la cabeza, mientras se toca una polla no demasiado grande, con la punta
visiblemente inclinada hacia abajo-. ¡Menudo cabrón! Y perdona, porque sé que te
gusta...
-No te preocupes, has hecho bien en despedirle. Después de lo
de hoy, ya no me servía para nada -Cody se mira descapullando su propio rabo;
luego levanta la vista hacia su padre-. Hoy Graciela tiene el día libre, y no
creo que mamá y Kim lleguen pronto. ¿Por qué no te quitas esa ropa y te tumbas
un rato aquí conmigo, papá?
Mike Foster se lo piensa sólo unos segundos. Lanza el kleenex
pringado con la crema de sus dedos al cubo lleno de folios arrugados, y empieza
por deshacerse de la camiseta negra de manga larga. A Cody le gusta mucho el
cuerpo de su padre, porque tiene todo el vello que a él le falta. Su torso es
rudo, no demasiado compacto pero con dos tetazas bastante sobresalientes. No es
un hombre musculoso, pero al chico eso no le importa. Le ve abriendo sus
pantalones, agachándose para desabrochar sus botas de cuero y quitárselas;
también sus calcetines. El chico retira de la cama los almohadones y el dibujo
de Alfredo (empalmado junto al coche de los Carter), haciendo un hueco para su
padre.
-No te importa que no quiera que me la metas hoy, ¿verdad?
-le pregunta mientras mueve su cuerpo hacia la pared.
El hombre sonríe de nuevo. "Por supuesto que no, hijo",
empuja sus pantalones hacia abajo y los saca por sus pies, aún junto al
escritorio. "Ya habrá tiempo más adelante", comenta mientras se mira a sí mismo
y se lleva las manos dentro del boxer. Eso también le gusta al joven Cody; que
su padre tenga buen gusto al comprarse la ropa interior. Cuando arrastra el
calzoncillo blanco hasta sus tobillos y se vuelve a incorporar, Mike muestra al
fin su espléndida herramienta, haciendo que su hijo se relama los labios al
verla tan vibrante y apetecible.
-Papá... -el chico se medio incorpora sin prisas y planta las
rodillas en el borde de la cama-. ¿Puedo comerte un poco las tetas?
-Claro que sí, Cody...
Foster avanza lentamente porque le fascina esa mirada cargada
de deseo. Sus pasos le llevan hasta la cama, donde el chico le recibe con ansia.
Cogido al redondo y firme culo del padre, el hijo hunde su cara en aquella
pelambrera rizada que exuda un olor viril y desconcertante. Aquellos gordos y
duros pezones le sobreexcitan, por eso Cody y su lengua juegan con ellos, los
sorben, lamen y empapan de saliva. Mike entrelaza sus dedos tras la nuca, para
que el sudor de sus axilas emane la fragancia que al chico tanto le pone. Cuando
hunde su nariz bajo aquella mata de pelo mientras frota su polla contra el
áspero muslo de su padre, Cody se siente en la gloria. Si tuviera que escoger un
lugar donde morir, sin duda sería allí, agarrado a ese hombre, los dos desnudos
y excitados...
-Debo parecerte un viciosillo, ¿verdad, papi? -no puede
evitar volverse un poco crío, intimidado ante la presencia de un semental como
Mike Foster; apoya la mejilla sobre su pecho mientras le recorre la espalda con
sus manos.
-Lo normal para alguien de tu edad, supongo.
-¿Sí? ¿Tú crees que los demás adolescentes de la escuela Eton
también follan con sus padres?
-Imagino que no todos... -el hombre sonríe y acaricia al
mismo tiempo la cabeza de su hijo-. ¿Pero qué mas da?
-Ya, es cierto. Yo siempre nos recuerdo así a los dos,
desnudos y abrazados. Para mí es tan normal que no comprendo que los demás
chicos no lo deseen hacer con sus propios padres.
-Pues yo aún no he olvidado la primera vez... Estábamos ahí
abajo los dos, cuando ya se había ido el Sol. Tú no habías querido salir del
agua en todo el rato. Kim y tu madre estaban en Canadá, en el rodaje de la
serie, y Graciela también libraba ese día.
-¡Es verdad! También lo recuerdo -Cody sigue apoyado sobre el
pecho de su padre, acariciándole ahora el abdomen con una mano y el culo con la
otra-. Tú estabas echado en la tumbona, diciéndome que saliera o iba a coger
frío.
-Después saliste del agua, te envolviste en la toalla y
viniste a sentarte a mi lado. "¿Quieres que te moje, papi?", me decías. Tenías
el pelo bastante más largo que ahora y lo llevabas chorreando. Yo te dije que
no, que me dejaras en paz, pero tú te levantaste...
-¡Sí, y me eché encima de ti para fastidiarte! -Cody nota la
mano de su padre asiéndole la polla con suavidad y decide hacer lo mismo,
atrapar entre sus dedos aquella verga que se siente tan dura como la noche que
ambos rememoran.
-Y te quedaste a cuadros, chaval... -el hombre sonríe-.
Después del primer escalofrío que me provocaste, me di cuenta de que te la
estaba clavando en el abdomen, y los dos nos quedamos como cinco minutos sin
movernos, sin hacer ni decir nada.
-¡Es que no esperaba que la tuvieras dura! -el hijo se mueve
frente al padre, besándole el estómago mientras planta primero un pie, después
el otro, en el suelo enmoquetado de la habitación; su culo queda apoyado en el
borde del colchón-. Primero pensé que te ibas a enfadar por haberte mojado, pero
luego se te empezó a poner más tocha y yo la notaba ahí pegada, como un gusano
duro en mi abdomen.
-Lo mejor... -Mike se interrumpe y mira hacia abajo, con la
mano aún sobre la cabeza del chico; Cody le está empezando a comer el rabo-. Lo
mejor de todo es que no podía evitarlo, pero tampoco quería. Me sorprendió que
no hicieras nada, que apoyaras la cabeza en mi pecho y te quedaras ahí
aguantando como un campeón, con el frío que empezaba a hacer. Suerte que
estábamos tapados con la toalla, que si no...
Al hombre le gusta cómo se lo hace el chico; le encanta que
trate su polla como si fuera un juguete, que la maneje con las dos manos, que
intente doblegar su dureza y después se la trague hasta el fondo de la garganta.
Que chupe sólo la puntita, que meta la lengua en la raja de la uretra y la deje
allí durante interminables segundos, mientras succiona con los labios. Y después
los huevos. Cody tiene unas glándulas salivares impresionantes, y es capaz de
hacer que en dos minutos sus cojones chorreen, literalmente. Además, le gusta
mucho escupir y recoger enseguida la saliva con su propia lengua. Es un felador
excepcional y por eso se siente Mike tan afortunado, por tener un buen hijo que
es al mismo tiempo un buen amante.
-Luego me hiciste la pregunta, ¿te acuerdas? -ve que el chico
asiente con la cabeza y que los ojos le brillan-. Me miraste y me preguntaste si
podías bajarme un poco el bañador. Yo no supe qué decir. Por un lado me sentía
un tanto incómodo por estar terriblemente empalmado y tenerte encima de mí, pero
a la vez me resultaba tan excitante...
Foster se separa sin brusquedad del joven Cody y se tumba
sobre la cama, apoyando la cabeza en uno de los almohadones. El muchacho sigue
cada uno de sus movimientos sin variar un ápice aquella mirada complacida y
seductora. "¿Te apetece ahora comerme el culo?", ni siquiera necesita escuchar
una respuesta. Mike se coge las piernas por detrás de las rodillas y las lleva
contra su pecho. Su hijo contempla aquel orificio de gran tamaño, cerrado pero
elástico, lo ve contraerse y relajarse, y de nuevo empieza a salivar. Se percibe
bien sudado, e incluso a medio metro de distancia el olor entra en las fosas
nasales del chico y las embriaga. Cody se deja resbalar hasta que sus rodillas
tocan el suelo, y hunde la nariz en lo más oscuro de aquella caverna.
-Sabes que nadie me toca ahí detrás, ¿verdad? Eres el único
al que permito acercarse tanto a mi raja -nadie lo diría por lo abierta que el
chico la encuentra, y por el placer que parece sentir con cada lengüetazo que le
da.
-Y tú sabes... que yo... estoy loco... por follarte... -en
cada pausa, Cody pega un soberbio lametón y al final acaba metiendo la lengua en
el ondulado agujero rosado y peludo.
-Lo sé perfectamente... hijo. Tal vez cuando seas mayor... y
tengas una buena pija como la mía... tal vez entonces sea yo... yo quien vaya
loco por que me la metas...
-¡Venga, papá, sólo una vez! -Cody trepa a la cama y se
interna entre las piernas elevadas de su padre, quedando éstas apoyadas sobre
sus hombros-. Tú mismo lo has dicho, ¿no? Tengo una picha pequeña, seguro que ni
la notas.
-No jueges con fuego, Cody, ¡y saca eso de ahí!
-Joder, he dejado que tú y dos tíos más me violárais en el
salón, y ahora sólo te pido que me dejes encularte una vez. Sólo una vez...
-Como sigas apretando, hijo, te voy a hacer daño, te lo juro
-Mike va deslizando las piernas por ambos costados del chaval, quedando éste con
su estrecha y ganchuda polla erguida contra el aire-. ¿Para eso querías que me
tumbara aquí contigo? ¿Para intentar por enésima vez lo que sabes que no va a
pasar?
-Un día te drogaré, y entonces te violaré como han hecho hoy
conmigo esos dos cabrones... -suena más a protesta infantiloide que a seria
amenaza.
-Ya lo intentaste en Navidad, después de aquella fiesta en la
que acabé borracho, ¿o lo has olvidado? Te metiste en mi cama mientras tu madre
se duchaba y quisiste clavármela a traición.
-Y me diste un puñetazo, claro que lo recuerdo...
-No te di más de uno porque tu madre estaba al lado, pero te
dije que si volvías a hacer una cosa así, te ibas a arrepentir -el hombre mueve
una pierna y eleva el pie para que su dedo gordo juguetee con la polla de su
hijo-. Me gustabas más cuando eras tan ingenuo e inocentón como el día de la
tumbona.
-Era poco más que un crío, y tenía aquella cosa enorme y dura
clavada contra mi estómago. Pero no me puse a gritar, ¿no?, si no que te
pregunté si podía bajarte el bañador, o sea que no debía ser tan ingenuo. Igual
que no lo eras tú, que me dijiste que primero debía bajarme yo el mío.
-Cosa que hiciste casi al instante, viciosillo -el pie de
Mike sube por el abdomen del chico, se pasea por su pecho buscando algo-. Te
dije que no te movieras demasiado, porque no quería romper la magia del momento,
ni que se nos cayera la toalla de encima. Te bajaste aquel bañadorcito hasta las
rodillas y te dije que yo me encargaba del resto.
-Con estos jodidos pies... -Cody empieza a lamer la planta
del que tiene sobre la cara-. Con este jodido y gordo dedaco... -se lo mete
entre los labios y le invade un sabor a cuero sudado-. Levantaste las rodillas
como has hecho antes para que te comiera el culo, pillaste la tela con los dos
dedos gordos y empujaste hacia abajo. El bañador cayó al suelo y yo me moría de
la vergüenza.
-Pues no te debió durar mucho, chaval, porque antes de que me
diera cuenta ya estabas con la cabeza metida bajo la toalla, desatándome las
bermudas. Y no sólo eso, si no que hiciste como hacen los bebés con el pecho de
su madre por la fuerza de la Naturaleza. Te la jalaste sin preguntar ni nada...
-¡Pero qué mentiroso! -Cody se deja caer en la cama junto a
su padre.
-¡Ah, sí, perdona! Me dijiste "Pppfffuedddo
meteerrgggmelgfffa emmm la bffbboccccggaa" cuando ya la tenías dentro, no te
jode... -el hombre rueda sobre el cuerpo del chico y le sujeta las manos contra
el almohadón-. ¡Venga, capullo, reconócelo! Di que te morías de ganas por
probarla desde que me pillaste en el baño con aquel chaval.
-Ostia, es verdad, el noviete de Kim... -el chico lo recuerda
mientras siente las embestidas de su padre y los lametones que le está dando en
el cuello-. Le dijiste que si quería salir con tu hija, debía mostrarte su
respeto, ¿no?
-Sí, y lo que me acabó mostrando fue un culo en el que ya
habían aparcado unos cuantos tractores... -Mike ha soltado las manos del
muchacho y ahora le chupetea unos pezones rosados y chiquitos, en los que apenas
se distingue el muy escaso vello dorado.
-¿Te lo follaste ese mismo día, allí en el baño? ¿Aún
sabiendo que os acababa de pillar mientras te la mamaba?
-Qué quieres que te diga, lo tuyo ya no tenía solución -su
hijo contrae el abdomen para que se marquen unos rectángulos duros y
blanquecinos que él acaricia con sus rudas manos-. Además, ¿acaso me viste salir
del baño enseguida?
-Yo qué sé... Me encerré en mi habitación, escandalizado.
-No debió ser tan terrible cuando a las dos semanas ocurrió
lo de la tumbona.
-Pero fueron dos semanas muy duras, papá.
-Tan duras como esto... -Foster la atrapa con su potente mano
y apenas sí sobresale el capullo ganchudo-. Seguro que te mataste a pajas
durante todo ese tiempo.
-Pues sí, eso hice -Cody deja caer su cabeza sobre el
almohadón cuando nota los labios de su padre besándole los cojones-. Me ponía tu
chupa y tus botas de cuero y me la meneaba frente al espejo, diciendo lo que tú
le decías a aquel chico: "La comes de vicio, chaval".
-¿Eso le dije? Pues sería verdad, que yo no suelo mentir en
esas cosas...
Mike Foster acaba metiéndose toda la picha de su hijo en la
boca, le cabe de sobras. La mama y la menea sin prisas, escuchando los gemiditos
de su chaval. Éste sabe que se va a correr enseguida, pues está sin descargar
después de todo el ajetreo de aquella mañana: la mamada que le ha hecho a
Alfredo en el mirador de Bôa Vista, el intento de enrollarse con Charly en la
caseta de mantenimiento, la salvaje violación junto a la cocina, y ahora los
jugueteos con su padre. Todos esos pensamientos se le vienen a la cabeza
mientras empieza a regar con su leche espesa la boca de Mike Foster, que recibe
aquel jugo con expresión complacida.
-La comes de vicio, chaval... -sonríe Cody.
El hombre ni siquiera abre la boca. Trepa por la cama y por
encima de aquel delgado cuerpo, se arrastra con una sonrisa satisfecha hasta
plantar su cara encima de la del muchacho, y allí espera a que el otro abra la
boca para juntar sus labios y depositar en ella todo el semen que no se ha
tragado. Se lo intercambian durante un interminable morreo, rodando sobre la
cama hasta que Cody se queda arriba y con el botín aún dentro. El chaval empieza
a mover su cabeza cuello abajo. "¡No hagas guarradas!", le pide Mike sin sonar
autoritario.
Demasiado tarde, pues enseguida puede notar la babosa textura
que el chico deja caer en un minúsculo chorrito sobre su pecho velludo. "¡Qué
cerdo eres, Cody!", exclama sin mucho afán, pues sabe que su pequeño lo va a
dejar enseguida como nuevo con su viciosa lengua adolescente.
Y así siguen los dos hasta bien entrada la tarde, que es
cuando escuchan el motor de un coche. A ratos sus pollas están tiesas y con
ganas de marcha, y entonces se abrazan y acarician; a ratos las fuerzas flaquean
y se vuelven a enzarzar en otra discusión absurda que les lleva a reírse o a
escupirse amenazas, sin perder en ningún momento el deseo de seguir allí los dos
juntos, excitados, apasionados...
Esa misma noche, cuando el silencio reina en toda la casa y
la señora Foster hace ya un buen rato que ha tomado su pastilla para el sueño,
Mike se cuela de nuevo en la habitación de su hijo. Éste le espera adormilado
pero en la misma posición que aquella mañana. Y completamente desnudo. Mientras
le unta una buena cantidad de crema en el ojete aún enrojecido, le cuenta sus
planes para el fin de semana:
-He alquilado una casita en el lago Creek. Le he dicho a tu
madre que te quiero llevar de pesca y le ha parecido genial. Tú y yo solitos,
Cody; dos días para nosotros.
-Pero si tú nunca has pescado... -el muchacho suspira,
tratando de relajarse para que el dedo corazón de su padre se interne tanto como
le sea posible en su culo lleno de Nivea.
-Te he pescado a ti, y con eso me llega.
Mike se limpia el dedo contra las nalgas del joven Foster; se
levanta, y con ambas manos hace deslizar su pantalón de pijama hasta los
tobillos. Luego sale de él, se unta sin prisas todo su gordo cipote con la
crema, planta las rodillas sobre la cama y se agacha para besar la mejilla de su
hijo. Luego le susurra una dulce nana:
-Y ahora, Cody, si eres un buen pececillo y no gritas, puede
que el sábado o el domingo este tiburón deje que te lo folles y te concede ese
capricho que llevas tiempo reclamando...
El chico no puede más que sonreír. "Te he pescado a ti",
acaba de decir su padre. Y el anzuelo con el que lo ha hecho es el mismo que
ahora siente deslizando con facilidad por su culo dolorido. Un anzuelo de carne
dura y experta. El único para el que, hasta el momento, no ha encontrado modo
alguno de resistirse el joven y maldito Cody Foster.
FIN de la serie "Rompiendo Tópicos: El Limpiapiscinas"