RECIEN CASADOS
Shinji estaba profundamente dormido.
Toji y Kensuke le estaban rayando la cara con un marcador, conteniendo a duras
penas las risas. El salón de clases se encontraba en absoluto silencio, vacío.
Hacía tiempo que las clases habían terminado. Shinji tenia una semana sin dormir
bien, su nivel de sincronización había descendido bastante. Toji inflo una bolsa
de papel y la exploto. Shinji se levanto de un brinco y grito:
- ¡Presente!-
Toji y Kensuke se rieron en su cara. El chico les sonrío con
timidez. Ellos eran sus mejores amigos, de hecho eran los primeros y únicos que
tenía. Ellos no sabían que Mana continuaba en Tokio-3.
-Shinji ¿qué te pasa?, últimamente te vez muy cansado- dijo
Toji
-¿Todavía piensas en la Kirishima? – dijo Kensuke- en
sus pechos, en sus piernas, en sus muslos...
Toji le dio disimuladamente un pisotón. Ellos seguían
creyendo que ella y el piloto del Robot estaban muertos. Kensuke se mordió la
lengua por su falta de delicadeza, por nombrar la cuerda en la casa del
ahorcado. Shinji era el mismo chico de siempre, es decir reservado y poco
comunicativo.
Estoy bien, ¡de veras!... no he podido dormir
bien estos días...
¿La vida de soltero es muy pesada? Ahora que
tienes el departamento para ti solo imagino que te desvelas viendo
televisión hasta tarde – Dijo Toji
Señor Susuhara, ¿qué clase de películas vera
hasta altas horas de la madrugada, sin la supervisión de un adulto
responsable?
Señor Aida, no tengo la menor idea... Tal vez
deberíamos echar un vistazo, ¿quién sabe? Cualquiera en su situación
aprovecharía para meter chicas...
Shinji se mordió la lengua, ya no le estaba gustando el rumbo
de la conversación. Antes de que los dos se auto invitarán a dormir en su casa
se le ocurrió decir:
- Misato me dejo mucha comida echa por ella misma,
que me he estado comiendo... ¡no sabe tan mal después que te
acostumbras!... verán, ¡me duele tirarla a la basura! ... si ustedes me
ayudaran... me dejo como para un mes...
Con razón Asuka se había ido a casa de Hikari, pensaron Toji
y Kensuke. ¡Los desastres culinarios de Misato ya eran legendarios!. Los dos
chicos dijeron las primeras excusas que se les ocurrieron. Shinji fingió
contrariedad, después se despidió de ellos. Los dos chicos se quedaron viendo
como su amigo se iba.
Toji, ¿no crees que debimos decirle que tiene la
cara rayada con marcador?
¡Nop! déjalo que se de cuenta por si mismo...-
Los dos chicos comenzaron a reír.



Shinji durmió un rato más en el tren rumbo a su casa. Pensó
en no ir a las tediosas y aburridas pruebas de sincronización. Almorzaría y se
quedaría en casa. El chico había planeado sacar a Mana ese fin de semana.
Llevaban una semana juntos y nunca había sido tan feliz. No se engañaba, él
sabía que Mana se iría en el momento menos pensado. Misato lo llamaría a su
celular y todo terminaría. Le deprimía que terminaran así. Ya había pensado
seriamente en escapar con ella, pero sabía que no llegarían lejos. Se miró en el
vidrio de la ventana y vio que tenía la cara rayada con marcador. "¡Ese par me
las va pagar!" se dijo entre dientes. La verdad se sentía contento de que algo
lo sacara de sus sombríos pensamientos. Tomo un pañuelo y empezó a limpiarse la
cara.

Mana esperaba a Shinji con su almuerzo listo. El ultimo fin
de semana fue una alocada y salvaje luna de miel. " ¡He creado un monstruo! " se
dijo entre divertida y orgullosa. De lunes a viernes habían lidiado con lo
cotidiano, con lo que pasaba después del "y vivieron felices para siempre". Ella
no quería pensar que pronto serían separados. Prefería creer que sería así para
siempre. Le gustaba imaginar que era una ama de casa y no una recluida que no
debía ni asomarse a la ventana. Acomodaba la casa de día y la ponían patas
arriba de noche. Se acostaban juntos tarde y se levantaban temprano antes del
amanecer.
A los dos les gustaba la rutina. Almorzar juntos a la misma
hora, hablar de cualquier cosa. Él se iba a NERV y ella se quedaba viendo la
televisión o haciendo los quehaceres de la casa. Pen-Pen la consideraba ya una
más de la familia, no extrañaba ni a Misato ni a Asuka. La cena a la misma hora,
mirar el atardecer juntos a la misma hora. Shinji la sentaba en sus piernas, la
abrazaba y veían así la televisión. Ella le decía que estaba cansada y que sería
mejor si se acostaban temprano. Shinji comenzaba discretamente a meterle mano.
Ella fingía que se molestaba, Shinji comenzaba a sobarla descaradamente.
Ella seguía con su " ¡No! y no", "En serio ¡estoy cansada!".
Shinji no la soltaba. Ni la dejaba ir. Le suplicaba que se quedara, le prometía
que la dejaría tranquila. Mana sabia de sobra que solo eran mentiras y vanas
promesas. Lo puritano, gazmoño y mojigato se lo había quitado. Ella condescendía
con un "¡Bueno!". Para Mana había un orden natural de las cosas. Los venados no
persiguen a los perros y deben ser los hombres los que toman la iniciativa.
Shinji comenzaba a magrearla de lo lindo. Ya era un pulpo que
con sus tentáculos no soltaba su presa. Ella comenzaba a resistirse y luchar. Ya
lo tenía encima. Ella se giraba y se sentaba a horcajadas sobre él. Ella le
sonreía triunfante, él no se amilanaba. Le subía la falda y le acariciaba las
caderas y el trasero. Las manos del muchacho eran fuertes y las caricias por
encima de la ropa los enardeció a los dos. El chico le miró descaradamente sus
bragas (amarilla con florecitas la ultima vez). Ella le decía sinvergüenza y
descarado entre risas.
Ella seguía encima de él. Sintió como el bulto en los
pantalones de él cobraban vida. Se hizo la desentendida. Comenzó a desabotonarle
la camisa. Con lentitud y parsimonia. Comenzaron a besarse, sus lenguas se
buscaban, se tocaban y eludían. Ella restregaba su sexo contra su bulto, sus
senos contra su pecho, su vientre contra su vientre. Las ropas solo eran una
segunda piel. Ella le desabotono los pantalones y la verga del chico se irguió
en su máxima extensión.
Shinji termino de desvestirse. Se quito la ropa, los zapatos
y los aparto de una patada, desnudo comenzó a deshojarla como una flor. Ella no
podía evitar ruborizarse, sentir pudor. Lentamente, botón a botón, prenda a
prenda su cuerpo quedaba expuesto. Ella trataba de taparse con sus manos. El
miembro de Shinji se encontraba duro como roca, enardecidamente caliente.
El muchacho trato de serenarse. El cuerpo de Mana era
hermoso. Las manos del chico comenzaron a acariciarlo. Los pechos redondos y
firmes, cual manzanas con pezones rojos como capullos de rosa. El vientre de la
chica era plano y su ombligo pequeño. El monte de venus rojo como sus cabellos,
ralo e incipiente. Los músculos vaginales de Mana se cerraron con violencia y
ella sintió dolor. No los sorprendió, era parte de la rutina.
Para Shinji era desflorarla todas las noches. Como una hurí,
Mana volvía a ser virgen, a experimentar cada encuentro con el dolor y el terror
de la primera vez. Para Shinji sinceramente era exasperante y para Mana
humillante. No era para nada placentero para ninguno de los dos. Shinji fue poco
a poco. Besándola y estimulándola primero, en besos y caricias se les iba casi
toda la noche. Los dos sabían que una vez superado ese inconveniente todo
volvería a la normalidad.
Shinji era un tierno y paciente amante. Ella se entregaba por
completo, sin reservas a él. El muchacho sabía que debía concentrarse en el
placer de su compañera y olvidarse del suyo propio. Los dolores de la chica
venían en oleadas, como aparecían desaparecían. Mana se encontraba lista, estaba
acostada en medio de la sala, con su sexo lubricado y palpitante. Con mucho
cuidado Shinji separo sus muslos y comenzó a penetrarla milímetro a milímetro.
El dolor era el peor de todos, pero solo era la oleada final. Mana cerro los
ojos con fuerza. Para ella era como si le metieran metros y metros.
Allí mismo su chico la poseyó en un suave y lento misionero,
como el suave oleaje del mar sobre la costa. Como siempre ella llegaba al
orgasmo primero y dejaba a su chico insatisfecho, no podía evitarlo. Ya lo
compensaría con creces.
- Doctor, ¡me curo!- dijo en un ronroneo.
Se besaron un rato más. Se acariciaron. Mana se encontraba
nuevamente a horcajadas sobre él. Le tocaba el turno al muchacho de solo sentir
placer. Shinji se encontraba totalmente inmóvil, indefenso y sumiso a sus deseos
y caprichos. La chica jugueteo con la dura verga del muchacho, antes de
engullirlo con su vagina, lo saboreo como si esta fuera otra boca. Mana lo
sintió enorme y palpitante dentro de ella, pero ahora su sistema nervioso
hiperdesarrollado le proporcionaba un control total en cada fibra de su cuerpo.
Fue una cabalgata suave y lenta. La noche era un momento para
dar gracias a Dios que seguían juntos. Solo eran un par de chiquillos
disfrutando ser chiquillos. Para los dos era algo relajante y gratificante, el
verdadero sexo era para más tarde. Shinji solo se dejaba querer y amar por Mana.
El muchacho tenía sus manos en la cintura de avispa de su pareja y los ojos en
el hipnótico vaivén de sus senos. El placer que su chica le hacia sentir era más
mental y espiritual que físico. La chica se estremecía, el placer que sentía era
anormalmente intenso. Iba a correrse y a descarrilarse como un ferrocarril.
La chica jadeo y sintió las oleadas del orgasmo dentro de
ella. Se desplomo sobre su chico. Era raro que los dos llegaran al clímax al
mismo tiempo, pero se consoló pensando que le había proporcionado a su chico un
rato decente de diversión. Pensó que no era justo que Shinji con su
sincronización pudiera controlar sus erecciones y eyaculaciones a voluntad. ¡Con
Rei o con Asuka!... Mana no se sentía frustrada, ni intimidada, ella no era como
ese par de cobardes y Shinji ni pensaba en ellas. El miembro de su chico seguía
dentro de ella. La joven se giro y sintió al tercer elegido en todo su peso.
Ella lo abrazó con fuerza con sus brazos y piernas. Hundió su
cabeza entre sus pechos. La noche era un momento para jugar y reír. Del dolor
intenso Mana pasaba al placer intenso, encontrar el punto medio tomaría tiempo.
Ellos no tenían prisa. Revolcarse en el suelo y poner todo patas arriba era
divertido. Fueron a bañarse y bajo la ducha, con más calma hicieron el amor como
debía ser. Mana apoyo su espalda contra la pared y sus brazos estaban alrededor
del cuello de Shinji. Sus piernas estaban alrededor de las caderas del muchacho.
Shinji sintió la suavidad de las nalgas de Mana, su ligero peso, en sus manos.
Su miembro entraba y salía dentro de ella.
El orgasmo llego a los dos, fue solo una pequeña explosión.
Los dos reían, por ahora era todo. Tendrían que esperar un buen rato antes de
seguir. Tomados de la mano se fueron al futton. Se acostaron y hablaron un rato.
Mana hablaba por los codos, de ella, de Keita, de Musashi, de los T-Riden-T, de
todo. Poco a poco los dos se quedaron dormidos.
A Mana el pitido del despertador la devolvió a la vida.
Seguía somnolienta, se puso una bata y fue a preparar el desayuno. La bata que
usaba no era de ella, era de Misato. En la cocina, despeinada, con cara de
sueño, en pantuflas y bata, con el delantal verde de Shinji se veía como la
típica esposa. Preparo café y se fue a bañar. El agua fría era para quitarse el
sueño. Desayunaron juntos en el cuarto de Shinji.
Hablaban mientras comían. Los dos tenían sueño y era
temprano. Shinji comenzó otra vez con su manoseo, a tratar de quitarle la bata.
La trataba de seducir, de convencer. Era solo el juego final. Ella se trataba de
escapar muerta de risa. Todo termino cuando Shinji la puso de espaldas contra la
pared. El chico la beso en la boca como los hombres besan a las mujeres. Los
juegos infantiles estaban de más. La chica se sonrojo hasta la raíz de sus
cabellos. Tenía miedo de que sus dolores volvieran o de correrse antes de
tiempo. Shinji olfateo a la chica como un animal, el rico olor de chica recién
bañada. El champú en su cabello.
Ella solo se apoyo contra la pared. Ofreciendo la resistencia
final. Shinji la besaba en la boca, saboreaba sus labios y buscando su lengua.
Exhalaba, le sonreía, inhalaba y volvía a besarla. Los ojos de la chica eran
acuosos y ella solo podía respirar cuando el muchacho la dejaba. El muchacho
empezó a besarle en el cuello, la garganta y los hombros. Mana no sabía por que,
pero de alguna manera sabía que no era la primera chica que besaba. "¡Soy la
primera que lo hizo hombre y es todo lo que importa!"pensó.
La bata se encontraba abierta y el joven lamentaba no tener
dos bocas. Lamía y chupaba de cada erecto pezón como si fuera un recién nacido.
Siguió bajando hasta estar de rodillas. Comenzó a saborear el pequeño ombligo, a
introducir la puntiaguda lengua en el pequeño orificio. La bata se abrió más. El
joven se concentro en su húmeda concha, en el almizcleño olor de sus fluidos. El
sabor de su chica era inconfundible, especial, único.
Mana sentía cosas contradictorias. El placer que sentía era
enloquecedor, pero no podía dejar de pensar que "eso" era algo sucio. En su
carne y en su mente seguía siendo prisionera de los Militares. De su moral
ambigua, de sus terminantes ordenes, de su misión de seducir al piloto del EVA
01 para sacarle información.
Ella le había dicho más de una vez que no le hiciera "eso" y
él invariablemente le prometía que no volvería a pasar. Los militares le habían
dicho que a las perras, a las putas y a las rameras nadie las tomaba en serio.
Por supuesto que debía seducir y de ser necesario acostarse con el piloto, pero
teniendo en cuenta que para el chico se trataba de una relación seria. "Lo
reprenderé después, será sucio después" se dijo. Shinji devoraba su coño y a
ella le gustaba, era rico, era delicioso. No dejaba de pensar que a las putas, a
las rameras y a las perras nadie las tomaba en serio. No lo soporto más y
exploto en la cara del muchacho.
Mana se encontraba de rodillas ahora. Chupando y saboreando
el descomunal falo. Ella le dijo entre regaños que nunca la besara con su boca
sucia. Shinji se disculpo... una vez más. A ella le gustaba, dijera lo que
dijera. "No se puede entender a las mujeres" se dijo.
Ya que no me vas a besar, te toca "ensuciarte" la
boca- le dijo.
Lo que Mana comenzó disgustada lo termino con gusto. Por
supuesto que hasta el final se hizo la ofendida. Mana quería castigarlo con
latigazos de placer. Shinji parecía saber como tocarla, en que momento y donde
hacerlo. Pero ella era insuperable. Shinji trato de aguantar su delicioso
"castigo" lo mas que pudo. Después se corrió en la boca de la chica. La chica se
trago toda la leche sin derramar una gota.
Los dos se tumbaron en el futton en un 69 (total, ya que
tenían ambos la boca "sucia"). A lamerse, morderse y "ensuciarse" la boca más.
Shinji trataba de besarla, pero ella no se dejaba. No iba a besarla a la
fuerza... pero si ella se descuidaba...
Shinji la acaricio por la espalda, la giro y ella se tapo la
boca con ambas manos. El muchacho le acaricio los pechos, los pezones con la
punta de sus dedos. Beso su vientre. Ella se quito las manos de la boca y cerro
los ojos. El muchacho separo sus piernas y la penetro. En la habitación solo se
escuchaba el sonido húmedo del pene entrando y saliendo del coño.
Mana sintió el hambre ancestral de macho de su hombre. Ella
estaba ahí para saciarla. Shinji la penetraba brutal y salvajemente. Ella era
para él carne de cama, carne de hembra. Sin culpa o remordimiento saciaba su
lujuria animal sin falsos romanticismos. Ella no sentía dolor, las poderosas
arremetidas de su hombre le llenaban de orgullo. Ella era una mujer y el un
hombre, no había dudas. El muchacho fue más lento, la cubrió con su cuerpo. Ella
sintió sus manos en sus nalgas, lo abrazó con fuerza por la espalda y rodeo sus
caderas con sus piernas. Shinji y ella movían sus caderas juntos en un mismo
ritmo.
El coño de Mana era delicioso. Apretado, flexible y húmedo.
Las nalgas suaves al tacto. Sus tetas y vientre de primera. La piel suave y
sedosa como terciopelo. Mana era un sabroso manjar de dioses. Una chica
fabulosa, ardiente, excitante. Shinji no lo soporto más y lleno a rebosar el
coño de la chica en un potente chorro de leche. Él froto su nariz contra la de
ella en un beso esquimal.
Ella estaba satisfecha. Estuvieron acostados un rato mientras
reunían fuerzas. Shinji la penetro nuevamente, esta vez desde atrás, en lentas,
largas y duras arremetidas. Sin correrse todavía la penetro en su culito. Su ano
ya se encontraba dilatado y su verga resbalosa de semen y fluidos vaginales
entro sin problemas. No obstante la chica sintió dolor. El joven comenzó con un
lento bombeo, deteniéndose para acariciarle las tetas, sobarselas y susurrarle
cosas en el oído a su chica. Cuando ella se recupero el joven fue implacable, la
muchacha se estremecía ante cada embate. El chico eyaculo dentro de ella y en su
espalda. Ella se desplomo cansada "Dios, ¡he creado un monstruo!" se dijo
mentalmente.
Shinji la dejo descansar. La abrazo, y sin que ella
protestara, la beso en la boca. Fue un beso largo de dos bocas "sucias". En su
carne, mente y espíritu Mana era por fin libre de los militares. Se acariciaron
lentamente con ternura, entrelazando sus piernas. Sin previo aviso Mana sintió
como la verga de su chico volvía a ponerse rígida, larga y dura. "¡Mierda no
puede ser!" se dijo sorprendida. Ella se ruborizo. Shinji se sentía avergonzado
y apenado. Ella lo miro a los ojos con ternura. - ¡el ultimo y ya! – dijo.
Ella se coloco encima de él. Ella lo sentía mas grande, mas
grueso y mas largo. Fue lento al principio. Ella fue aumentando la velocidad y
el ritmo poco a poco. Sacudiéndose y haciendo ochos con sus caderas. Subiendo y
bajando incesacemente. Ella lo estaba disfrutando, con un poco de suerte
terminarían juntos. Por lo general llegaban al clímax por separado, los raros
momentos que terminaban juntos eran especiales.
Los dos comenzaron a jadear. Shinji hizo erupción sin previo
aviso. La lava blanca casi toco el techo y baño a Mana de pies a cabeza. Los dos
seguían calientes. Shinji le masajeo pechos, piernas, brazos, espalda y nalgas
con su semen. Ella se restregaba y se revolcaba ensuciándolo a el también. El
cuarto era un verdadero desastre y el fuerte olor lo impregnaba todo.
Hicieron el amor en forma salvaje varias veces más. Mana
disfrutaba de ser la puta de su hombre. Le gustaba que le dieran por el culo y
que la montaran como una perra. Ser penetrada brutalmente, sin contemplaciones,
en todas las formas posibles. El cuarto se lleno de sus gemidos y maullidos de
placer. Se desplomaba jadeante, odiándose a si misma por comportarse como una
ramera vil. Le gustaba descansar en el regazo de su hombre, sentir sus caricias,
entrelazar sus piernas. Sin palabras quería decirle que la tomara en serio y
nunca la abandonara. El muchacho la abrazaba tiernamente.
Mana se quedo dormida y Shinji fue a bañarse. Toji y Kensuke
vendrían en cualquier momento. La puerta de su cuarto estaba bien cerrada.
Mientras se bañaba su característico pesimismo lo invadió. Volvía a ser el mismo
de siempre. Ellos no estaban casados, esta no era su casa y en el momento menos
pensado serian separados para siempre.
Shinji se toco los labios. Sentía la boca amarga y pegajosa.
El olor de su hembra por todo el cuerpo. Todo eso se lo podía quitar con agua,
jabón y crema de dientes y así lo hizo. Pero el sonido de su voz, de su risa,
sus gemidos de placer, sus ronroneos, sus chillidos de alegría. La suavidad de
su piel, el húmedo y delicioso coño, el cálido regazo, el tibio calor de su
cuerpo. La belleza de su rostro, el dolor de sus lagrimas, su carácter abierto y
franco. Todo eso viviría dentro de él mientras pudiera recordarla.
Sus amigos llegaron como siempre alegres. Shinji trato de
poner al mal tiempo buena cara. Esperaba volver a casa y encontrar a la que
consideraba su mujer otra vez. Misato no llamaba, ni siquiera para decir como
estaba, eso también le preocupaba. Esperaba que ella y Kaji se encontraran bien.
Los tres amigos se fueron rumbo al colegio.

