Nota importante: Quisiera aclarar a todos mis lectores que no
voy a cambiar mi estilo, que parece bien aceptado, pero que podría hacer eso y
otras cosas más.
Por la necesidad de ajustarme a la regla de TodoRelatos que
cito a continuación, cambiaré un poco el aspecto de este que os escribo.
Espaciado y división de párrafos
Los textos deben tener un espaciado correcto, con saltos de línea y nuevos
párrafos frecuentes.
No se publicaran los relatos que no tengan el correcto espaciado, por ejemplo
los que sean un bloque completo de texto sin párrafos correctamente separados.
Leer en el ordenador puede resultar cansado para la vista si el texto no va
correctamente dividido en párrafos y con orden.
Hablo de cambiar el aspecto, porque este relato está escrito
en un solo párrafo de más de 2 páginas con un solo y único punto: el punto
final. Lo dividiré con espaciados cuando el texto lo permita sin crear
confusiones y eliminando los bloques de texto demasiado grandes.
Gracias a todos.
Penetrado
Reliado en las sábanas como si lo estuviese en un sudario,
recordaba lo ocurrido con Plácido, que hasta por su nombre puede adivinarse que
nunca le faltaba placer, cosa que a cualquiera podría pasarle desapercibida si
no fuese porque era mi pareja y nos habíamos querido hasta entonces como el
primer día, cuando nos conocimos cerca de un monumento pintarraqueado como es
estilo ahora en las grandes - y no tanto - ciudades con esos terribles dibujos a
los que llaman casi con veneración «graffitis», o algo así, que todo nos llega
del extranjero incluyendo las modas sexuales que había adquirido Plácido
últimamente y que me hacían pensar en por qué, bastante a menudo, ocurrían
ciertas desgracias hasta que éstas se acercaron demasiado a nosotros pues,
porque sin que yo hubiese abandonado mi entrega a mi pareja, pensó un cierto día
que podría cambiar su estilo de vida,
Y empecé a notarle, cuando llegaba al atardecer, cierta
expresión extraña, como si me ocultase algo que no iba a poder ocultarme mucho
tiempo, ya que cuando el roce entre las personas pasa de la simple amistad al
erotismo y de ahí al amor y al sexo, parece también acentuarse eso que llaman el
sexto sentido, que llamaría yo el «sexo sentido», pues estando tan unidas las
personas llegan a parecer una sola y se delata solo el que rompe las promesas,
esas que mucha gente hace con tanta facilidad y en tan poco tiempo, pero que
acaban conociéndose cuando los dos cuerpos yacen muy juntos, como en una energía
que te transmite el cuerpo cercano y te dice la verdad, la verdadera verdad, no
la que un día oíste en palabras melosas y que de miel pasan a hiel tan pronto
como Plácido pasó de una vida a la otra, aunque con sus pequeños matices,
Ya que incluso cuando dices la palabra «rosa», el que nos oye
no sabe si hablamos de una flor o de un color y, si es un color, no sabe de qué
color hablamos, pues puede ser rosa claro o pastel o palo o rosa oscuro,
quedando claro, eso sí, que no es verde, ni violeta como te han dicho sólo unos
minutos antes, cuando tu rostro se acerca a ese cuerpo que amas y sus labios se
alejan de ti con un duro desprecio que, normalmente, acababa yo quitándome a
base de lágrimas, porque no tenía otra forma de demostrar que Plácido no venía a
casa tan cansado como para repudiarme un beso, sino que ya alguien había estado
rozando sus entrañas en una mezcla de dolor y placer que le satisfacía,
Que no es solamente un perfume desconocido el que te dice que
tu amado ha rozado otros labios y ha abrazado otro cuerpo, sino que el tiempo te
deja ver una separación oculta que parece estar esperando en la calle todas las
tardes y satisface lo que uno mismo debería satisfacer en la noche,
satisfaciéndose, al mismo tiempo, como en un intercambio de placeres sin los
cuales te parece que no puedes vivir y que un día no puedes hacer otra cosa que
aceptar el desprecio, que si fuese de una sola persona, bien podría remediarse
con unas palabras que aclarasen que este amor ha muerto y que ha nacido otro
como si el perfume del que ya he hablado fuese todas las noches el mismo y
hablásemos de ese amor que se ha consumido y de ese otro que ha nacido,
Pero cuando cada noche te llega un aroma distinto y
atormentador, es que lo que está pasando no es que un amor muera y otro nazca,
sino que un amor se queda solo y el otro pasa al mero gusto de cambiar de placer
cada noche o de ganar algún dinero teniendo delante una cara oculta tras un velo
de desprecio que nunca se olvidará porque nunca se ha visto hasta que te parece
que empiezas a ver otra cara que no te gusta y el propio terror que te envuelve
le llega a los demás, hasta que un día alguien decide que no puede seguir
viviendo sumido en un silencio y hundido en lágrimas sin que ni siquiera te
digan a qué perfume huele ese día, aunque tengo buen olfato y reconozco aromas
masculinos y no femeninos, lo cual me dejaba claro que Plácido buscaba cada
tarde aquellos que encontraba, se satisfacía y volvía a la única casa donde
podía seguir alojándose sin que nadie le levantase la voz o le reprimiese,
porque demasiados días sin un beso, sin un leve abrazo, me estaban sumiendo en
una tristeza que comenzaba a convertirse en odio y, eso, puede llamarse celos,
pero no cabe duda de que te retuerce las tripas hasta el rechazo, hasta el
pensar en pasarse a dormir a un dormitorio distinto y en una cama distinta y
solitaria, cosa que yo no podía aceptar, pero seguro ya de lo que estaba
ocurriendo entre nosotros, me levantaba con sigilo, me sentaba en el salón y me
desahogaba en lágrimas amargas hasta que me vencía el sueño,
Dejando caer mi cuerpo rendido sobre el sofá y esperando a
que al amanecer se vistiese y saliese a su trabajo, que además de ser – según él
– bastante agobiante, no le permitía ir a casa a almorzar, lo que hacía mi
soledad aún mucho más larga y amarga hasta que empezaron a pasar por mi cabeza
ideas que a mí mismo me aterrorizaban, pues intentar hablar con él de ese tema
era frustrante y la violencia no era mi género, sino el diálogo y un fin más o
menos triste que puedes tardar en superar una semana o nunca superas, porque, a
veces y a menudo, la tristeza y la impotencia te arrastran hasta el terrible
mundo del alcohol, que no es más que el umbral hacia la muerte, hacia ese
suicidio lento del que eres consciente y del que, llegado el momento, ya no
puedes salir como me pasó a mí, que por intentar olvidar aquellos tragos
amargos, comencé con otros tragos más dulces que me hacían ver las cosas de otra
forma, pero siempre iban empujándome hacia una solución drástica, definitiva,
que fue la que me obligó a desaparecer de mi hogar con sigilo para no ser
encontrado, aún habiendo muchas pistas y muchos testigos de lo que llegó a
suceder y trayéndome a este piso pequeño, frío y sucio y arropándome, casi en
los huesos, en las sábanas como en una prematura y premonitoria mortaja antes de
que la policía me encontrase y me llevase a una oscura y pequeña celda aislada,
donde la oscuridad sería luz comparada con el tiempo pasado, la humedad sería
sequía comparada con las lágrimas derramadas y la soledad sería muchedumbre,
pero pasaba un día tras otro sin tomar nada más que alcohol y
no aparecía nadie, así que pensé que la desaparición de aquel amor acabaría
cuando desapareciese yo mismo tras lo ocurrido, pues hacía ya casi un mes que no
pude soportar el perfume que me envolvía, el perfume de marica que me daba
náuseas, la vista de la espalda de Plácido ignorándome como ignoramos un mueble
viejo del trastero y ni una sola palabra de bienvenida o de despedida, pues
convivir con alguien como si pasara una corriente de aire putrefacto al cruzarse
contigo en el salón, no creo que pueda ser soportable por ser humano, como no lo
fue para mí, que entrando aquel nefasto día en el dormitorio y viéndole
totalmente desnudo y boca abajo, quise pensar en que habría alguna forma de que,
aunque yo no volviese a penetrarlo, tampoco nadie más lo penetrase y jamás
volviese a sentir ese placer que le fascinaba, pero, mirando sus nalgas
semiabiertas y con deseos incluso de forzarlo a dejarse penetrar por mí, pasó la
idea que me trajo a esta muerte en vida, a esta muerte prematura, porque corrí a
la cocina y busqué con desesperación en los cajones hasta encontrar el cuchillo
grande de la carne, corrí luego al dormitorio tropezando con todas las paredes
de aquel odiado piso, que comenzaba a matarme tanto como la falta de mi amado a
mi lado,
Y entrando en el dormitorio con sigilo pero con decisión, lo
penetré con la punta del cuchillo por su ano empujando con decisión y sintiendo
cómo atravesaba todas sus vísceras mientras él se movía como abatido por una
enorme descarga eléctrica hasta que dejó de moverse.