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Después de tanto tiempo, esta basurilla que me ocurrió este martes.
Tu cara junto a la mía. Tan cerca; tan lejos. Tus labios se
abrían y por mi mente pasaban imágenes de hace un par de meses. Al cabo de unas
milésimas de segundo correspondí tu beso e introduje mi lengua en tu boca. Besas
bien.
Y entre frases tiernas, hermosas, sublimes, vacías, sin alma, sin intención; nos
fuimos abriendo más. Tú callabas; yo hablaba. Tú callabas, yo callaba; nos
besábamos nuevamente.
y con la temperatura arriba, exploré aquellos lugares sagrados: tu cuello, tu
espalda, quizá un poco más abajo. y tu exhalaste con fuerza, me tomaste las
nalgas, las apretaste. Yo te imité.
Me volviste a besar. Más tierno. Más lento. Con más sentimiento, con menos
ternura. Lentamente caí en la cuenta de que quien te besaba no era yo. pero me
tomaste por la espalda y me llevaste ante ti ¿qué querías que hiciera?
Volví a besarte. Tú querías introducirte en mi interior. Te dije que no y me
castigaste furioso. Tu lengua era ahora un toro, arremetiendo en contra de mi
boca.
Te toqué, más allá de lo que nunca había llegado; Y te gustó. Besé tu falo; y te
gustó.
Y el tira y afloja siguió. Los segundos eran eternos; sublimes; insignificantes;
maravillosos; oscuros; vacíos; insensibles; insensatos; perfectos; tortuosos;
sinceros; mentirosos.