Nos viene de familia (parte 1)
"Nuestras eyaculaciones quedaron impregnadas en las sábanas
de la cama de mamá, pues tanto mi hermana como yo, tenemos eso que se conoce
como orgasmos mojados… nuestro hermano quedó fascinado, al probar algo que no
conocía de nosotras…"
¡Hola! Mi nombre es María Luisa, tengo 26 años, de cariño me
dicen en mi casa "Malus" soy maestra de educación primaria y bueno, lo de rigor,
mi descripción; no porque lo diga yo, sino por lo que mis hermanos dicen de mí,
tengo el pelo castaño, soy muy delgada, tengo el busto grande el cual destaca
aún más por lo delgada que soy, también tengo muy buenas pompas, redonditas y
paraditas y según sus propias palabras, estoy demasiado apetecible.
Lo que les voy a contar, me sucedió cuando tenía 23 años, mi
hermano Enrique "Quique", de 21 que es ingeniero puso una oficina de proyectos
arquitectónicos en la colonia Anzures, muy cerca de un almacén muy prestigiado
que se encuentra en Mariano Escobedo, Vivimos en la Ciudad de México, en una
bonita Colonia, en donde tenemos una casa confortable, aunque se encuentra un
poco retirada de ahí.
Mi hermana Angélica a quien le decimos "Angie", de cariño, es
3 años menor que yo y estaba por terminar en ese año su carrera en
Administración, ella es muy bonita, (yo le encuentro gran parecido con Angelina
Jolie a quien admiro mucho) de cabello largo y rubio, y no está mal decirlo,
pero su cuerpo es muy parecido al mío, por lo que no es necesario que se los
describa, tal vez por herencia de nuestra madre que también a sus 42 años, sigue
conservándose muy hermosa. Ella está divorciada de papá a quien vemos muy de vez
en cuando, pero nos da mucha alegría cuando eso sucede, él se junto con otra
persona, a la cual conocemos y que ha llegado a ganarse nuestro afecto, además
los dos viven en casa de una tía, hermana de él.
Mamá está bien como está, aunque no tiene a nadie de momento,
si llega a salir en ocasiones con algunos pretendientes, y nos da gusto que lo
haga, aunque más frecuentemente sale a ver a sus hermanos que residen en
Guadalajara. Aunque el tío Pepe que siempre fue un solterón por fin decidió
venirse a vivir con nosotros desde ya hace algunos años, a instancias de
nosotros y de mamá y tan bien nos llevamos, que en casa todos le decimos "Papá"
de cariño; él es hermano gemelo de mamá.
Somos muy hogareños los tres como hermanos y nos gusta
quedarnos en casa, más aún luego de lo que voy a decirles. Éramos una familia
normal como cualquier otra, es decir, yo tenía mi novio, mi hermana Angie
también y Quique estaba por comprometerse aún a su corta edad con su novia
Marilú, a quien todos en casa queremos y cuya familia también esta compuesta por
su hermano Rubén y su hermana Lidia, de edades muy aproximadas a las nuestras,
pues Marilú es la mayor, tenía 22 años, (1 año mayor que mi hermano) le seguía
Rubén con 20 y Lidia con 17, claro actualmente tienen 3 años más y nuestro
hermano está felizmente casado con Marilú a quien todos queremos aún más.
Por aquel entonces mi hermano abrió una oficina y desde
entonces le va de maravilla, pues es muy diligente, y no requiriendo en ese
momento de mucho personal, nos dijo a mi hermana y a mí que nos fuéramos a
ayudarlo con la administración, lo cual aceptamos encantadas, pues yo había
salido de la escuela en donde daba clases, y para Angie aquello representaba su
primer trabajo. Como se podrán imaginar, nuestra relación familiar se hizo más
estrecha, a veces saliendo de la oficina nos íbamos al cine los tres y ya
regresábamos tarde a casa luego de también ir a cenar a algún restaurante que
nos gustara.
De niños siempre nos quisimos mucho los tres, Mi "Quique",
siempre estaba al pendiente de nosotras, y nos gustaba jugar a saltar la cuerda,
a la comidita, a la maestra, al papá y a la mamá, donde Angie representaba el
papel de nuestra hijita por ser la más chica. Yo tenía nueve años, así que ya se
han de imaginar lo bonito y limpio de nuestros juegos. Más tarde Quique se
empezó a interesar más en salir con sus amigos, dejándonos a mi hermana y a mí
jugando a nuestros "juegos de mujeres", cómo el nos decía, sin embargo, cuando
se trataba de ayudar en las labores de casa, mamá era más estricta y los cuatro
teníamos que participar, excepto papá, que trabajaba con su hermana, atendiendo
una licorería de la cual son dueños por partes iguales y era quien aportaba el
dinero necesario a la casa.
Pero el tiempo va pasando y nosotros fuimos creciendo, aunque
si cabe mencionar que jamás se nos hubiera ocurrido hacer algo como lo que nos
sucedió, y no porque nos espante, sino porque nuestros intereses estaban en
otras cosas; sin embargo, a veces el destino te pone las cosas de una manera
distinta y hace que tus enfoques ya no sean los mismos, así sucedió luego de que
una tarde Angie rompiera con su novio, al parecer no había tenido suerte con los
muchachos, al igual que yo, pues parecían interesarse más en otras cosas, tales
como meternos mano y sobarnos, y eso no era lo que nosotras buscábamos de un
novio, aunque claro, no estábamos en total desacuerdo con ello, pero nos hubiera
gustado sentir más romance, comunicación, y un auténtico interés en una, en fin.
Pero ya me estoy apartando del tema, aunque esa fue una de
las razones para que mi hermana se olvidara un poco de su frustración. Una noche
mientras platicábamos en la cocina mi hermana y yo, Quique se acercó y nos hizo
una confesión que nos dejó heladas.
- ¿Puedo hablar con ustedes un momento? quiero que me den su
opinión acerca de un asunto, un poco delicado, y quiero saber si estoy bien o
mal. –nos dijo muy serio.
- ¡Claro, siéntate!, ¿Qué nos quieres comentar?
La plática se extendió, primero nos dijo que su novia y él
cumplieron un años de novios, motivo por el qué, salieron a una cantina a
celebrarlo, según nos contó la plática versó en un punto muy trascendental,
aunque aún no entendíamos mi hermana y yo el porque había sacado a colación
Marilú, aquello tan importante, y la respuesta que nos dio Quique, no nos fue
convincente. Esta fue palabras más, palabras menos su conversación:
- Enrique, cómo sabes estamos por comprometernos, pero yo
quiero llegar a ser tu esposa sin tener nada que ocultarte, conoces mis
sentimientos hacia ti, y conozco los tuyos, pero hay algo que quiero confesarte
antes de que tomemos la decisión de unir nuestras vidas.
- ¿Qué es lo que tienes que decirme, mi vida?
- Cómo tú sabes, tengo a mis hermanos y nos queremos mucho
los tres, pero hay algo que debes saber acerca de nosotros.
- ¡Continúa, Marilú, dímelo de una vez, no me tengas en
ascuas!
- Sucedió hace un par de años, mi querido Enrique, al
principio todo comenzó inocentemente, Rubén mi hermano jugaba a las luchas con
nosotras, ni mamá ni papá estaban en casa, Lidia y yo acabábamos de salir de la
regadera, por lo que llevábamos puestas nuestras batas de baño, llegó un momento
en que sentí como el pene de él se ponía duro, porque me tocaba las piernas,
pero no dije nada, luego mi bata se abrió y él se quedo quieto un momento
observando mis senos, yo me tape y continuamos el juego, pero al rato, a mi
hermana le pasó lo mismo y se quitó la bata para continuar nuestro juego
desnuda. Ella ya estaba muy bien, por cierto, aún a pesar de tener quince años.
Pero entonces mi hermano le susurró algo al oído a Lidia y a continuación, me
propuso que me quitara también la bata y que continuáramos desnudos los tres el
juego.
- ¿Qué hiciste, Marilú?
- No pensé en que eso pudiera tener consecuencias, pensé en
que total es mi hermano y que le podía yo ocultar, entonces lo hice, y también
mi hermano quedó desnudo, tenía el pene muy duro, y tanto él como mi hermana se
reían, aunque con sus manos tocó nuestros cuerpos sin mayor miramiento. Al
principio yo también reía, pero luego que los ví besándose en la boca a él y a
Lidia, sentí que la cosa iba por otro lado, no hice nada, y luego Lidia me
propuso que me dejara besar por los dos, lo dude un poco pero acepté, la primera
en besarme fue mi hermana, y luego él.
- ¿Y ahí terminó el asunto?
- Más o menos, porque continuamos con los besos, yo me sentía
agitada al igual que ellos, y quería algo más…que besos…
- ¡Por favor, continúa es necesario que me lo cuentes!
Aquí Quique nos confesó, que se estaba poniendo muy caliente
con la historia de su prometida, cosa que nos dejó impresionadas a Angie y a mí,
pues era de esperarse otro tipo de reacción, Marilú continuó con su historia.
- Ese día mamá y papá llegaron, por lo que sabiendo nosotros
que estábamos haciendo algo no muy bueno, nos pusimos nuestras batas y Rubén
también se vistió, de modo que cuando entraron nos encontraron muy tranquilos.
Por la noche, Rubén nos dijo que el viernes volveríamos a jugar igual. Lidia
estaba muy entusiasmada esperando el día señalado, y se me hizo feo decirle que
no contaran conmigo, además, también tenía mucha curiosidad, y para serte
sincera también ganas, ¿Estás muy molesto conmigo?
- Creo que en realidad no, aunque una confesión de ese tipo,
debe ser difícil de hacer por tu parte.
Más tarde Angie y yo nos enteraríamos del sueño que
previamente nuestro hermano le había contado a Marilú, y que fue la verdadera
razón de aquella confesión, y no el que le hubiera pedido sinceridad por parte
de ella antes de que se casaran, no sonaba lógico el destapar así como así una
verdad tan fuerte, la plática continúo entre ellos:
- Lo es, cariño mío, pero es necesario que sepas todo sobre
mí, así como tú también me tienes confianza.
- ¡Gracias, cariño, te admiro más por decírmelo!
- Llegó entonces el viernes, mamá y papá salieron hacia
Tulancingo como siempre han acostumbrado, sabíamos que llegarían hasta el
domingo, luego de saludar a todos nuestros tíos y quedarse un par de días con
ellos. Lidia y yo nos metimos a bañar, ella me miraba con insistencia, y al fin
se atrevió a preguntarme "¿Te gusta nuestro hermano?", yo le contesté que lo
veía como a mi hermano únicamente, pero ella insistió "¿No crees que tiene el
pene muy grande?", es que yo no me fijo en eso, como te digo él es nuestro
hermano, "¿Y que opinas de que yo te haya besado en la boca?, también soy tu
hermana y me gusto besarte" Es distinto, tú y yo somos mujeres y un beso entre
nosotras no tiene nada de malo, a lo que ella contesto "Te bese en la boca
hermana, no en la mejilla, y metí mi lengua para sentir la tuya", y mi querido
Enrique, la verdad sea dicha, yo había estado pensando mucho en mi hermana a
partir de aquel beso que nos dimos.
- ¿Por qué no me lo contaste antes?
- ¡Tenía miedo de tu reacción, amor!
- ¡No tienes por que tenerme miedo, además eso no cuenta para
nuestra relación!, pero si me interesa que me digas todo.
- Descubrí a través de mi hermana, mi naturaleza lésbica, o
más bien diría bisexual, porque luego de salir de la regadera, ya Rubén nos
estaba esperando, se había bañado antes que nosotras y aún estaba en bata. Nos
abrazó y rodamos los tres por la cama de mis papás, emulábamos el estar jugando
a las luchas, aunque la realidad era muy distinta, nuestras respiraciones eran
entrecortadas y denotaban un deseo totalmente distinto.
- ¿El deseo hacía lo prohibido?
- Así es mi amor, el deseo hacia lo promiscuo, creo que los
tres compartíamos el mismo morbo, porque nos quedamos quietos Rubén y yo mirando
como Lidia se quitaba la bata, ella tiene sus pechos más grandes que los míos,
sus pezones son muy hermosos y medio alargados, Ví como abrazaba a mi hermano y
él tenía ya su pene grande y tieso, Lidia lo tomo entre sus manos y empezó a
acariciarlo, luego me miró y me hizo acercarme contra los dos, Rubén me quitó la
bata dejándome también desnuda, luego se apartó de nosotras y Lidia me abrazó
pegando sus senos contra los míos, luego mirándome a los ojos me dijo: "Me
gustas mucho, hermana, ¿quieres ser mi novia?", yo le respondí que sí y mi boca
se abrió para recibir la de ella.
- ¿Qué hacía Rubén, mientras te besabas con tu hermana?
- Él nos observaba y nos acariciaba los pechos, tomándolos y
besando nuestros pezones, luego, se colocó detrás de mí y me abrió las nalgas
para descubrir mi vulva y…
- ¿Te poseyó, tu hermano?
- Fui la primera en sentir a mi hermano. Su glande se abría
paso lentamente dentro de mi vagina para después introducirse por completo en
mí, luego de estar cogiendo como poseídos como a los diez minutos se vino
dentro, sentí su eyaculación caliente, mientras que Lidia continuaba besándome
en la boca, yo estaba fuera de mí cuando tuve casi de inmediato un tremendo
orgasmo, como nunca lo había sentido, demasiado intenso…
- ¿Ni conmigo has tenido ese tipo de orgasmos?
- ¡Creo que no!, debo ser sincera, tal vez, cómo dice mi
hermana sea porque lo prohibido se disfruta más. Luego los ví cogiendo a ellos,
mi hermana realmente disfrutaba el momento, me pidió que la besara "ahí", ¿Cómo
voy a besarte ahí estando el pene de nuestro hermano dentro de ti?, pero lo
hice, mi hermano estaba atrás de ella, por lo que el acceso a la vulva de mi
hermana estaba a mi alcance. Pase mi lengua por sus labios y lamí a la vez el
pene de Rubén, luego puse la punta de mi lengua en el clítoris de ella y en
cuanto lo hice, comenzó a venirse y a decirme que me quería mucho.
La confesión de Marilú nos puso un poco intranquilas, lo noté
por la reacción de mi hermana que sorbía su café con sus manos temblándole,
aunque supuse que sería de coraje, luego Quique prosiguió su plática con
nosotras.
- ¿Y que piensas hacer? –le pregunté pasmada.
- ¡Yo no estoy enojado con Marilú!, es más ni siquiera me
molesta lo que hicieron.
- ¿No te molesta que su hermano se ande cogiendo con tu
prometida?, ¿pues que corre por tus venas?, ¿atole?
- Es que eso para mí no tiene gran significado, sólo se trata
de una diversión pasajera entre ellos, ¿o creen que vaya a tener mayores
consecuencias?
- Me sorprendes Enrique –dijo Angie más molesta.
- Enrique, eso que hace tu prometida con sus hermanos, se
llama incesto, ¿te das cuenta?, es como si tú y nosotras tuviéramos relaciones
contigo ¿te parecería normal?
- ¡Claro que no!, pero ellos en verdad se quieren, y yo no
podría vivir sin Marilú.
- ¿Crees que una vez casados Marilú vaya a dejar a sus
hermanos? –Agrego Angie.- va a querer seguir cogiéndose con ellos.
- ¡No le estoy pidiendo que los deje!, ¡Yo la quiero así!,
¿no lo pueden entender? Si uno se casa con una persona, no quiere decir que sea
de su exclusiva propiedad, creo que también tiene derecho a decidir si quiere
tener sexo con otras personas.
- ¡Eso lo entendemos Angie y yo!, Lo que no entendemos es que
tenga que tener sexo precisamente con sus hermanos.
- Es que así se dieron las circunstancias, ¿no pueden decir
algo a favor mío?
- ¡Claro!, te apoyaremos siempre, aunque no estemos de
acuerdo, ¿estamos?
- ¡Mañana viene Marilú a la oficina!, me prometen no ponerle
ninguna cara.
- ¡Hay, hermanito!, ¿en dónde tienes la cabeza?
- Yo las apoyaría a ustedes en una situación similar.
- ¡Claro!, ¡Vente a la cama conmigo hermanita!, vas a ver que
bien se siente ser lesbianas y cogernos en familia nosotras y luego ¿por qué no?
¡Invitamos a Enrique a coger con nosotras! –le dije irónicamente a Angie.
- ¡Hay Enrique!, mejor nos hubieras dicho que querías vernos
las tetas a nosotras y lo hubiéramos aceptado mejor a lo que acabas de decirnos
–agregó Angie, aunque yo no estaba muy de acuerdo con lo que dijo.
- ¡Bien, buenas noches y gracias por escucharme!
De ese modo terminó nuestra plática, aunque mi hermana y yo
nos quedamos sorprendidas, platicando entre nosotras hasta las tres de la mañana
acerca de lo inverosímil de la situación, la cual finalmente tuvimos que
aceptar, aunque nos iba a causar el tener que mostrarnos hipócritas a partir de
ese momento con nuestra cuñada.
El siguiente fin de semana mamá y el tío Pepe no estarían en
casa, porque se irían a visitar a las demás tías que tenemos en Guadalajara,
hermanas de mamá, de modo que tendríamos una pequeña reunión con amigos que
invitamos para esa ocasión. El día que nuestra "cuñada" llegó a la oficina para
ver a Enrique mejor nos salimos, porque no queríamos verla, así que él tuvo que
poner de pretexto que habíamos tenido que salir a arreglar un asunto en el
banco. Pero de lo que no podríamos salvarnos era el verla en la reunión, a la
cual también asistiría ella.
Ese día estuvo muy animada la charla con nuestras amistades,
hasta que llegó Marilú, y para sorpresa de nosotras junto con sus hermanos,
tuvimos que disimular nuestro enojo, y la verdad, es que nos portamos muy
irónicas con nuestro hermano, así en el momento en que él se acercó a la cocina
para servirles sus bebidas, no dejamos de lanzar puyas en contra de él,
situación de la que después nos arrepentimos.
- "Hola hermanita", vamos a cogernos tú y yo aquí en la
cocina, ¿te parece? Y que nos vea nuestro hermanito también, al cabo todo queda
en familia –le dije irónicamente a Angie, cuidando que sólo nos escuchara
Enrique que venía directamente a nosotras.
- ¡Ya por favor! ¿Me podrán perdonar algún día, y a ella
también?, no sean así en verdad para mí no tiene mayor importancia lo que hacen
ellos o dejen de hacer, son sus vidas y yo las respeto.
- ¡Lo siento, Enrique!, es que a ti te queremos y no estamos
de acuerdo, tú que sugieres, dinos y haremos cualquier cosa por complacerte.
- ¿De verdad?, ¡Se me está ocurriendo algo, pero luego que se
vayan nuestros invitados se los digo!
Cuando vimos a Rubén mi hermana y yo, pensamos en lo bien que
lo pasaría al lado de sus dos "incestuosas hermanitas", cogiéndoselas de lo
lindo, mientras nuestro hermano continuaba enamorado de Marilú, eso nos dolía en
verdad, ¿Cómo podríamos hacer para pensar como Enrique lo hacía?, ¿Para que se
nos resbalara todo aquello que nos dijo? Tuvimos que disimular mucho para darle
un beso en la mejilla a Marilú y hasta hicimos bromas Angie y yo entre nosotras.
"¿Te imaginas, besaste a Marilú y de seguro hasta el semen de su hermanito le ha
de haber salpicado en sus mejillas?" y yo le contesté "Pues tú le diste beso a
los tres y también has de haber saboreado las venidas de ellas", "Fuchi" –fue su
contestación.
Cuando por fin quedamos solos, Enrique nos invitó a sentarnos
junto con él, ambas estábamos deliciosamente mareadas, por lo que todo nos daba
risa, sin embargo, tratamos de mantenernos ecuánimes mientras él nos hablaba.
- ¿Quieren saber por que Marilú me dijo lo que me había
ocultado durante meses?
- Buena idea, hermanito, hubieras empezado por ahí.
- Pero antes de eso, necesito hacerles una propuesta, y
entonces ustedes decidan si Marilú y yo estamos mal en lo que pensamos.
- O.K. adelante, te dije que aceptaríamos cualquier cosa con
tal de complacerte.
- ¿Podrían desnudarse y platicar conmigo sin ropa?
- ¿Qué dices, mi hermana y yo sin ropa contigo a un lado?
- ¿Por qué no?, ¿O me van a decir que no me estuvieron
espiando mientras me masturbaba hace algunas semanas?
- ¿De verdad? –tragué saliva.
- ¡Claro! Y las dos estuvieron muy atentas hasta que vieron
como eyaculaba.
- ¡Bueno, lo aceptamos, pero fue por curiosidad!
- Por eso quiero que estemos sentados los tres desnudos,
platicando, ¿Qué tiene de malo?, son mis hermanas, ¿Qué puede pasar?, además me
prometiste que harían cualquier cosa que les propusiera.
- Pero si eres nuestro hermano, no vamos a hacer nada, ni
creo que nos atraiga el verte desnudo.
- ¡Por eso se los pido!, ¿Quieren?
- ¡Bueno, pero nada de tocar, ¿eh?, que nosotras no estamos
de acuerdo con tus ideas liberales acerca de mantener sexo siendo de la misma
familia.
Angie no paraba de reírse ante la ocurrencia de nuestro
hermano, provocando que me contagiara, por lo que no parábamos de reír, no nos
costo mucho trabajo quitarnos la ropa, estábamos en confianza y nosotras
teníamos el "control", eso al menos fue lo que creímos de momento. Mientras nos
desnudábamos, Enrique no dejaba de observarnos y nosotras de reír, cuando nos
quitamos el sostén, Él se veía muy interesado.
- ¡Así está bien! –le dije
- ¡Falta que se quiten la pantaleta!
- ¡Vaya que exigente, pero acuérdate que no vas a tocar!
- No se preocupen por mí, estamos en familia y no lo haré,
claro a menos que me lo pidieran…
- ¡Eso si que estuvo bueno! ¿Crees que te lo vamos a pedir,
cómo no?–decía Angie que no paraba de reír.
- ¿Y tú que esperas para quitarte la ropa?, nosotras ya
cumplimos –me baje la pantaleta al mismo tiempo que Angie, por lo que nuestros
sexos con todo y su vello pubico de fuera quedaron ante su vista.
Nos sentamos mientras que Enrique nos servía sendas copas,
las que continuamos degustando en medio de risas Angie y yo. Cuando regresaba de
la cocina con más bebida, no pude menos de impactarme al ver ya sin ropa a
nuestro hermano, lucía un pene hermoso y erecto, que francamente me impacto,
creí estar viendo una estatua de un Dios Griego o algo por el estilo. Su cuerpo
era perfecto y su sonrisa suspicaz, mientras nos extendía las copas, no dejaba
de observar nuestros cuerpos, sobretodo nuestros pechos que son de buen tamaño,
no se si por el frío o qué pero nuestros pezones se mostraban muy erguidos y
duros, noté que tanto Angie como yo, nos poníamos nerviosas.
- ¿Y bien? –preguntó Enrique.
- ¿Y bien qué? –respondió Angie que visiblemente se
encontraba más tomada que yo.
- ¿Puedo sentarme en medio de ustedes? ¡Ah!, ya lo sé, sin
tocar, por supuesto.
De verdad que el vino se presta para muchas cosas que una de
manera normal no aceptaría bajo ningún concepto, pero ahí estábamos los tres,
desnudos y riendo a más no poder, aunque no dejábamos ahora las dos de observar
el tremendo pene que nos mostraba nuestro hermano en todo su esplendor, al menos
yo tengo que aceptar que en ese momento sentí que algo ciertamente placentero
bajaba por mi vagina humedeciéndome los labios.
Enrique nos sonreía, y cómo habíamos quedado, ni siquiera
hizo el intento de acercarse a nosotras, aunque no dejaba de ver nuestros pechos
cuyos pezones mostraban al igual que su pene, la turgente erección.
- Les dije que quería platicarles del porque Marilú me dijo
aquello –ya empezaba a arrastrar un poco la lengua, aunque estaba todavía
bastante sobrio.
- ¡Empieza, hermanito!, -le dijo Angie risueña y recargando
su mejilla en el brazo de él, por un momento pensé que la iba a abrazar, pero no
lo hizo.
Estábamos los tres muy cerca, aunque con el suficiente
espacio para no tocarnos, sin embargo, por alguna razón extraña deje de
preocuparme por eso, me intrigaba el sentir mi vagina mojada, y mientras más
veía el pene de él, más húmeda me sentía. Empecé a fijarme en otras cosas, en su
boca que era carnosa y se antojaba, en su cara, en su pecho, y en otras
cualidades que nunca antes había visto al menos con los ojos con que ahora las
veía. A mi hermana ya la había visto infinidad de veces desnuda, aunque ahora me
sentía más extraña viéndola a ella y a mí hermano, juntos y sin ropa. Bastaba
con que yo me pudiera atrever extendiendo mi mano para tocar plenamente el
glande rojo de su verga erguida, lo pensé y me sentí sucia, aunque excitada a la
vez.
Mi hermana lejos de quitarse de su brazo, lo tomó y puso la
mano de él encima del muslo de ella, dejando que uno de sus pezones se recargara
contra el brazo de Enrique que se había dado perfecta cuenta de ello; sin
embargo, no dijo nada, aunque tampoco hizo nada para retirarse.
Habían pasado ya diez minutos desde que estábamos sentados y
Enrique se paro de nuevo para llenar nuestras copas. Yo recargué mi cara en las
piernas de Angie, mientras él preparaba las bebidas. Entonces Angie me dijo
riendo que se sentía "mojada", y yo le respondí que me sentía igual, en el
preciso momento en que Enrique aparecía detrás de mí, seguramente se había dado
vuelo observándome las nalgas, las cuales tenía totalmente expuestas hacía él,
pero lo peor es que había escuchado a mi hermana diciéndome que se sentía
"mojada", y a mí contestándole que yo también lo estaba.
Pero Enrique como todo un caballero, no dijo nada acerca de
lo que había escuchado, algo que me gustó aún más de mi hermano, haciéndome
pensar que así debería ser el hombre de mis sueños.
- Quiero que escuchen bien, porque Marilú es la mujer con la
que quiero casarme y como dije, no quiero perderla por lo que hace con sus
hermanos, eso para mí está bien, porque nadie más debe saberlo, es algo muy
íntimo entre ellos, y sin embargo, puedo tenerla a mi lado todo el tiempo y la
gente no va a saber nada de lo demás.
- ¡Aah!, además eres muy romántico, Quique… -le respondí
sorprendida yo misma de mi comentario.
- Yo le hice un comentario a Marilú, que igual pudo haber
sido el motivo para hacer que ella me terminara, aún así, lo dije, porque le
tengo confianza y ella a mí, y eso es importante, y porque prefiero en todo caso
que tenga relaciones con sus hermanos, y no casarme con una mujer a la que tenga
que odiar por engañarme con otros tipos, que aunque no sean sus hermanos, me lo
va a ocultar.
- ¿Cuál fue ese comentario, Quique? –le dije con dulzura, por
lo que volví a quedar intrigada sobre mi comportamiento.
Ya no me importaba nada el estar desnuda a un lado de mi
propio hermano, recordé que en verdad me había gustado al igual que a Angie
verlo masturbándose en aquella ocasión, aunque no pude apreciar el tamaño de su
verga como lo estaba haciendo ahora, observando con detenimiento su glande rojo
y crecido, con una gota que le resbalaba constantemente desde su punta hacia
todo aquel conjunto carnoso encendido. El también parecía excitado, pero trataba
de no demostrarlo, luego me fije en las gruesas venas que recorrían lo largo de
su tronco, aquél magnífico tronco que haría feliz a Marilú y a cualquier vagina
que lo contuviera, ya no veía con malos ojos a mi cuñada, hasta creí comprender
el porque de sus amoríos con Rubén y con Lidia, porque yo estaba extasiada
sintiéndome bien el observar aquel trozo de carne dura y exquisita.
- ¡Sí, dinos Quique! –Angie recargó sus pechos pegándolos con
dulzura contra el brazo de él, nuestro hermano, nuestro querido hermano…
- Yo tuve un sueño, luego de que me diera cuenta de que les
gustaba observarme mientras me masturbaba, ¿les gustaba verme?
- ¡A mí sí! –le contestó Angie toda melosa.
- ¿Y a ti Malus? –me preguntó con su mágica sonrisa.
- ¿Para que voy a negarlo?, tienes dos hermanas muy curiosas.
(Por no decirle morbosas)
- En mi sueño estaban ustedes, yo me acercaba y las besaba en
la boca y me gustaba mucho hacerlo, luego los tres estábamos desnudos, como
ahora lo estamos y nos acariciábamos y hacíamos el amor.
- Eso es muy sugestivo, hasta yo hubiera terminado con mi
novio si me llegará a confesar algo así como tú hiciste con Marilú–le dijo
Angie.
- ¿Ven porque Marilú es especial para mí?
- ¡Entonces el que tuvo pensamientos incestuosos primero
fuiste tú! –le dije, no pudiendo evitar el tomar su otro brazo y recargarle sin
miramientos mis pechos, ya no me importaba que se diera cuenta que me gustaba,
que siempre me había gustado y que muy en el fondo de mí yo también lo soñaba y
me había enamorado de él, ahora si sentía querer a mi cuñada, porque si ella
tenía relaciones con sus hermanos, nosotras también podríamos hacer lo mismo sin
ser criticadas, manteniendo nuestra relación en secreto, pero sin mortificarnos
por ser descubiertos.
- ¡Ven porque quería que hiciéramos esta práctica!, porque yo
siempre he estado enamorado secretamente de ustedes, solo que no me atrevía a
decírselos por temor al rechazo.
- ¡Eres tan tierno, Quique! –le contestó Angie, que sin
pensarlo dos veces tomó con su mano el pene de él, acariciándolo como si se
tratara de un caramelo y recorriendo con sus manos todo su tamaño.
Nuestro hermano, no nos tocó como le habíamos hecho prometer,
sino que éramos nosotras las que lo acariciábamos, pues después de ver a mi
hermana hacerle eso, no pude resistirme ya más a la tentación de acercarme y
ofrecerle mi boca para que él me diera la suya.
Sus manos ahora sí tocaron nuestras piernas, acariciándolas
por igual, poniendo sus dedos ya sin decir nada en dos vaginas mojadas y
ansiosas de ser salpicadas por el néctar de su verga. No podíamos ofrecerle
nuestra virginidad, porque no éramos vírgenes ya, pero si podíamos estar juntos
los tres en cualquier parte de la casa.
Quisimos hacerlo en la cama de mamá, para llenar con nuestros
jugos el aroma sutil de tres cuerpos unidos en uno solo, tres genitales
palpitantes desparramando todo el contenido de sus lechosos fluidos, unidos en
el acto sublime de un incesto por demás ardiente y a petición de Angie, y con mi
total voluntad, nuestras bocas de mujer quedaron unidas en un largo beso
lesbiánico y plenamente amoroso que sellaba a partir de aquél momento nuestro
pacto de mantenernos unidos por siempre.
La primera en ser penetrada por nuestro hermano fue Angie, yo
recorrí de nuevo su boca con mis labios, descubrí de ese modo la naturaleza que
había escondida en nosotras y que nunca nos habíamos animado a explorar, fueron
besos interminables en los que la boca de ella y la mía hurgaron todos sus
rincones, me extasié mirando como la virilidad de mi hermano se estremecía
penetrando la vulva de gruesos labios de Angie, un monte pletórico de vello
rubio la adornaba, contrastando con el grueso y muy abundante vello pubico de mi
vagina, de la cual asomaban los labios también gruesos y salidos anhelantes de
la hermosa verga de nuestro hermano que yo misma miraba con deleite.
Angie comenzó a mover sus caderas al compás que le marcaban
las entradas y salidas del amoroso miembro, que ahora veíamos como el futuro
compañero de nuestros juegos de alcoba, su gemidos entrecortados, se
convirtieron en gritos de deleite, sintiendo como los chorros de esperma
invadían su intimidad, y al compás de ese torrente de semen fue entregando sus
propios jugos, los que salían escurriendo hasta la almohada que había puesto mi
hermano debajo de las nalgas de nuestra hermana.
Luego continuó conmigo, los dos nos besamos largamente, dando
tiempo a que recuperará sus fuerzas, aunque yo me estaba viniendo, como
consecuencia de los besos que Angie me daba en la vagina, lamiendo con ternura
los bordes de mis labios, ante el beneplácito de la mirada ardiente de Enrique,
mi tierno Enrique, mi hermano, el hombre de mi vida. Angie sorbía mis jugos, los
cuales escapaban por las comisuras de su boca al no poder retenerlos, luego mi
hermano se colocó debajo de mí, dándome el placer de poner yo misma mi abertura
frente al crecido pene que volvía a recobrar sus fuerzas para hacerme su mujer,
yo que pensaba que el incesto era algo sucio, ahora lo estaba disfrutando, y no
con uno, sino con mis dos amores.
Nosotros tres compartimos el mismo vientre de nuestra madre,
sus pechos nos amamantaron por igual y ahora compartíamos la dicha de que
nuestros cuerpos se unieran en un mismo espacio. Mis jugos brotaron de nuevo,
haciendo que su calidez liquida inundara la preciosa verga que estaba provocando
mi orgasmo, pensé en la palabra "incesto" y si mi cuñada disfrutaría del mismo
modo a sus hermanos. Grité de placer al sentir la eyaculación de Enrique cuya
verga arrojaba de manera intermitente sus tibios espermas a mi interior.
Luego volvimos a coger como quien nunca ha saboreado el
placer de estar en la cama, nuestros sentidos dormidos, ahora brotaban, ante el
deseo de sentir de nuevo las sensaciones calladas por largo tiempo, y es que yo
también debo confesar que había tenido sueños eróticos en los que mi hermano
había sido el protagonista de innumerables orgasmos, pero ahora, ya no tenía que
ocultarlo, no era la primera vez que lo veía masturbándose, habían sido al menos
otro par de ocasiones, en que me había deleitado viendo sus espermas brotando de
su grueso miembro y ahora podía exteriorizar mis más sucios pensamientos ante
mis hermanos, sin temor, sin culpa.
Mi hermana estaba sentada sobre él, viendo de frente a mí,
por lo que ya no tuve ningún reparo en besarle los pechos, y paladear con mi
boca lo grueso y abultado de sus pezones radiantes, con esa hermosa y
ligeramente más pigmentada areola que los rodeaba y que me hacía recordar los
pechos de mi madre, los que mamé hasta los tres años, de ahí me fui bajando con
la lengua hasta su ombligo, pasando por su vellosidad y atrapando al fin el
fruto pequeño, que nos causaba tanto placer. Atrapé el clítoris de ella, quería
devolverle el favor, engullendo los líquidos que estaba próxima a derramar al
tiempo que lamía el enrojecido glande de la verga de Enrique que asomaba
atrapado entre los gruesos labios de ella, no quería perderme las lechosas
eyaculaciones que derramaran, de modo que continué besando y sorbiendo los jugos
que escurrían, aún no llegaba lo mejor, pero llegaría. Un ¡Aahhh!, prolongado
fue el preludio de sus eyaculaciones, la verga de mi hermano se estremecía dando
pequeños estertores que engrosaban por instantes su grueso tronco, mientras
fluían sus espermas hasta el interior de mi hermana, espere pacientemente a que
escurriera el semen para poder atraparlo con mi lengua. Mi hermana se vació
llenando mi boca con sus fluidos, los cuales escurrían ante la imposibilidad de
retenerlos por completo, deslizándose cual gotas de lluvia que se juntan sobre
el cristal formando pequeños hilos, llegando hasta sus piernas, mojando las de
Enrique y empapando el asiento de la silla.
- Se vienen muy rico las dos, son muy lindas –fue su
comentario
Luego espere un rato mientras Angie y yo nos besábamos ya sin
ningún reparo acusador en nuestras bocas.
- ¿Así crees que se vea Marilú cuando está con sus hermanos?
- ¡Se ven divinas las dos!
- ¡Creo que el incesto entonces nos viene de familia!
- ¿Crees, por qué lo dices? –preguntó mi hermano.
- ¡Tal vez sí, porque mamá sospechaba mucho de la hermana de
papá!, ella le decía que por andársela cogiendo llegaba ya tarde a casa y ya ven
que ahora ella lo acompaña para todas partes junto con su nueva esposa. ¡Hasta
podrían tener un pacto como el nuestro entre ellos!
- ¡Sí recuerdo que se lo decía!, pero no le preste mucha
atención entonces ¿Pero que decir de mamá?
- El tío Pepe que es el hermano gemelo de mamá…
- ¿Qué tiene el tío Pepe?
- Que mamá dejo su correo abierto, entonces encontré una
carpeta que tiene titulada como "Correspondencia Love", ahí encontré correo muy
comprometedor de cosas que han hecho entre los dos…
- ¿También han tenido sexo entre ellos?
- ¡Qué si lo han tenido! ¡Y cómo!
- ¿Copiaste las cartas?
- ¡Las tengo todas en mi chip de memoria y aún no las paso a
mi computadora!
- Pues luego nos las enseñas.
- Claro, pero eso si les digo, yo no soy nadie para juzgar a
mamá ni a papá, de modo que es mi turno, ¿les parece?
Escogí que mi hermano me la metiera de "a perrito", para lo
cual me puse sobre la cama, el guió su verga abriendo mis nalgas, y con
seguridad viéndome el culo, pero a mi me gustaba la idea de mostrarme todita con
él, me excité sintiendo como detrás de mí Angie y él se besaban y él le
acariciaba los pechos, mordisqueándole sus pezones mientras que la gruesa verga
de él iba abriendo camino hasta topar con los labios de mi vagina. Estos se
abrieron dando paso al rico instrumento, pero debido a la calentura que retuve
mamando la vagina y el pene de él, después de unos cuantos movimientos me vine a
borbotones, sin poder remediarlo, cayendo en un sopor en el que quede tendida al
lado de ellos.
Ese día dormimos los tres en la cama de mamá, no nos
acordamos de nada más hasta el día siguiente, Angie estaba a mi lado con su
pierna puesta encima de la mía, mientras que yo había dormido junto a mi
hermano, sintiendo su rica verga en medio de mis nalgas que abrazaban su
instrumento sin sentimientos encontrados.
Enrique despertó y lo primero que se me ocurrió fue ir al
baño a lavarme los dientes, luego me secundaron Angie y Enrique, los tres
volvimos a la cama y me dispuse a paladear el grueso miembro, de Enrique
lamiéndolo apasionadamente, mientras Angie y él se besaban en la boca, cambiamos
de posición, ahora Angie volteada se colocaba encima de él ofreciendo su vulva
directamente contra su boca, Yo me coloqué encima de mi hermana como había visto
en una revista, para hacer el 69 con ella, en tanto que Enrique y yo
alternábamos con la vulva de ella, lamiéndola y besándonos en la boca.
Nuestras eyaculaciones quedaron impregnadas en las sábanas de
la cama de mamá, pues tanto mi hermana como yo, tenemos eso que se conoce como
orgasmos mojados, que algunos piensan que son orines, pero no, son eyaculaciones
femeninas, que al igual que en el hombre también salen de nuestras vulvas,
semejando un chorro de semen de aspecto más caldoso, que sin serlo, escurre por
todas nuestras piernas, llegando a mojar literalmente las camas.
Así que nuestro hermano quedó fascinado, al probar algo que
no conocía de nosotras, pues dejamos sobre la cama de mamá el sello de nuestra
unión, aunque luego tuvimos que lavar sábanas y todo.
Para mi y para Angie, fue algo que después platicando nos
pareció increíble que pudiéramos llegar tan fácilmente a aceptar por parte de
Enrique, pues desde que nos pidió que nos desnudáramos, fue que empezó todo
aquello, y él cómo se fue desencadenando una cosa tras otra fue cuestión de algo
de alcohol y del momento, y a la conclusión que llegamos es que o fuimos muy
fáciles de convencer o bien, el incesto lo llevábamos tan dentro en la sangre y
a la vez tan escondido que sólo hacia falta un pequeño detonador para llegar al
extremo de cogernos entre nosotras mismas, cuando nunca, al menos en apariencia
nos habíamos siquiera fijado la una en la otra, y ese pequeño detonador terminó
imprimiendo nuestra curiosidad, aunque no lo aceptábamos abiertamente, cuando
Enrique nos los dijo, en el fondo nos gustaba lo que hacían Marilú y sus
hermanos, y aunque en apariencia lo rechazábamos, íntimamente las dos deseábamos
hacer con nuestro hermano lo mismo que ellos hacían.
Continuará…