Hoy he tenido que llevar el coche al taller para una revisión
rutinaria, así que voy al trabajo en metro.
No suelo hacerlo pues aunque no tardo mucho más tiempo al ir,
al volver a casa a la hora de comer, se me hace eterno y es algo más psicológico
que real.
Pero aunque no suela hacerlo, me gusta mucho viajar en metro.
Me gusta ir apretado con alguna de las estudiantes que a esa hora van al colegio
o a la universidad. Un rocecito por aquí, un apretoncito por allá, y el viaje se
hace muy llevadero.
Pero lo que me ha sucedido hoy ha supuesto una novedad para
mí y creo que el principio de un giro inesperado a mi vida.
Creo que me he convertido en un Magoya.
Y qué es un magoya, os preguntaréis. Pues en definición de mi
amigo Alfonso, un magoya es aquél a quien le da lo mismo un coño que una polla.
Os cuento mi experiencia.
Esta mañana me he dirigido al metro, después de dejar el
coche en el taller. Como todos los días que lo hago he esperado la proximidad de
alguna chiquilla para poder rozarme, pero se ha bajado en la primera estación y
en la siguiente, que hay conexión con los trenes de cercanías, ha sido tal el
aluvión de personas que me ha sido imposible tomar posiciones y me he visto
empujado frente a un chavalillo rubio de ojos impresionantemente azules. El
estaba apoyando su espalda en la pared y yo he quedado frente a él. La gente
seguía entrando y, consecuentemente, empujándome contra él. Ha sido tal la
marea, que he conseguido apoyar la mano junto a su cara para poder separarme un
poco de su cara y no acabar morreándonos. Pero nuestros cuerpos han entrado en
contacto. Y la parte más sobresaliente de su cuerpo ha sido la que ha chocado
con la más sobresaliente del mío.
Como bien habéis imaginado esas partes eran nuestras
respectivas vergas.
Al principio algo cortado he intentado desplazarme
lateralmente para evitar ese choque, pero cada vez que lo intentaba, él hacía un
movimiento similar para buscar mi rabo, así que finalmente he decidido dejarle
hacer y ver qué pasaba.
Y la verdad es que no me ha desagradado. El calor del tren, y
el roce han hecho que la temperatura empezara a subir en nuestros "termómetros"
y la esgrima de nuestras espadas ha conseguido que nos empalmáramos los dos.
Yo no acababa de comprender lo que me estaba pasando.
Hasta hoy jamás había tenido un trato homosexual, si
descontamos los escarceos que tuve con diez o doce años en la playa con dos
hermanos amigos míos de entonces. Ellos tenían una barquita hinchable y por
imitación de los mayores, que se iban remando hasta lejos para bañarse con el
traje de baño blanco (o sea, en pelotas) nosotros hacíamos lo mismo, bañarnos en
pelotas, y hubo algún tocamiento.
Tengo novia desde hace un par de años, tenemos una relación
muy satisfactoria en el aspecto sexual. Y jamás me había planteado que un chico
me resultara atractivo o me pudiera excitar.
Y eso ha sido lo que he sentido esta mañana. Al sentir el
roce de su pene contra el mío, que por su parte no era casual, me he excitado
como jamás habría podido sospechar.
Me ha producido una erección casi dolorosa.
En la primera parada ha salido y entrado gente y eso nos ha
permitido recolocarnos un poco. Bueno, mejor dicho, se ha recolocado él. Ha
puesto su mano entre los dos cuerpos y ha agarrado mi pene por encima del
pantalón.
Como había tanta gente y estábamos tan apretados nadie se ha
dado cuenta. Al ponerse de nuevo en marcha el tren ha aprovechado y me ha bajado
la cremallera del pantalón y ha empezado a bucear en mi bragueta. Ha
desabrochado el botón del bóxer que siempre uso y ha empezado a acariciarme el
capullo con una delicadeza que mi novia jamás ha alcanzado.
La excitación seguía en aumento y yo dejaba hacer, le miraba
a esos ojos tan increíblemente azules y él sonreía dulcemente como si fuera un
angelito de un altar barroco. Ha empezado a masturbarme, luego se ha bajado un
poco el pantalón de deporte que llevaba y ha sacado la punta de su pene y la
frotado con la mía sin los impedimentos de la tela. Estaba en el cielo. He
sentido un placer que hasta hoy desconocía. Nos hemos corrido los dos sobre los
pelillos suaves de su pubis (que aunque no he podido verlos, por lo suaves que
eran deben ser rubios como los de su cabeza) y él se ha tapado con el pantalón
de deporte y ha estirado su camiseta, llevándose nuestras leches mezcladas sobre
su piel.
Casualmente hemos salido en la misma parada y hemos empezado
a hablar en el andén.
Se ha dirigido a mí y me he dado las gracias por el buen
momento pasado y me ha dicho que si quería repetir tendría que ser por las
tardes de los martes o jueves en la piscina donde se entrena a partir de las
ocho. Es una piscina que no queda muy lejos de casa.
Se puede practicar natación todo el año, pues es cubierta y
abierta al público, pero además tienen equipos de natación y de waterpolo que se
entrenan allí.
Yo no soy muy deportista, pero nadar me gusta y en estas
tardes de finales de otoño, lluviosas, después de un día de trabajo duro, me
relaja mucho y alguna vez he ido a esa piscina a darme un chapuzón.
Claro que había visto los equipos entrenando, pero nunca
había mirado a un chico con otros ojos que los de la indiferencia.
He llegado a la oficina y me he ido directo al cuarto de baño
a limpiar los restos de semen que podían quedarme y a comprobar el estado
exterior de mi atuendo, y por suerte no han quedado restos delatores en mis
pantalones. Me he refrescado un poco y me he ido a mi mesa a empezar el trabajo.
Pero casi no he dado una a derechas, no podía quitarme de la
cabeza esos ojos de color azul "velazqueño", como el cielo de Madrid en
primavera, ni las sensaciones que he experimentado mientras era masturbado por
un jovenzuelo que no tendría los dieciocho años (yo, no os lo he dicho, pero
estoy muy cera ya de los treinta y no me conservo mal)
He vuelto a casa a comer y me he quedado tirado en el sofá
viendo los documentales de la dos, que es algo que suele hacerme dormir la
siesta un rato, pero hoy no me he dormido, seguía pensando en él.
Me ha llamado mi novia para salir a última hora a dar una
vuelta, pero le he dicho que no tenía ganas de salir hoy, que tenía que recoger
el coche del taller, me daría un baño en la piscina y me acostaría temprano. Le
ha sorprendido un tanto, pues los jueves solemos salir, pero no ha dicho nada.
Había tomado mi decisión, estaba tan obsesionado por el
chiquillo que iba a acudir a la cita.
A las siete me he vestido, he metido en una mochila una
toalla y un pequeño traje de baño de competición, pequeño pues es de hace
algunos años y me queda un poco justo, de forma que mi novia no me deja usarlo
para ir a la playa, pues dice que voy marcando paquete y que se me sale la polla
fuera. Es algo exagerada, la verdad, pero ella prefiere los tipo meyba. Me he
dirigido al taller a recoger el coche. Una vez montado en el coche he conducido
hasta la piscina.
He entrado en los vestuarios me he cambiado de ropa y cuando
salía hacia la piscina me he tropezado con mi niño que venía con un grupo de
amigos. Se me ha quedado mirando descaradamente el paquete y se ha parado a
saludarme, mientras sus compañeros seguían sin él hacia el vestuario.
Veo que te has decidido a venir.
La verdad es que yo soy el primer sorprendido. Pero
no he podido evitarlo.
Voy a cambiarme y luego nos vemos, después del
entrenamiento.
Mientras él se iba hacia el vestuario, yo con una incipiente
erección, me he dirigido a la piscina, he buscado una posición en las gradas,
cerca de la cubeta que me permitiera seguir el entrenamiento de cerca, he dejado
allí mi toalla y me he zambullido.
He hecho varios largos en el agua caliente que me han dejado
reparado y relajado y cuando he parado de nadar, salía mi chico del vestuario
con sus amigos. Buenos cuerpos todos ellos y especialmente buenos sus paquetes,
no el de menor tamaño el del rubio.
He seguido haciendo largos mientras ellos hacían ejercicios
de calentamiento fuera del agua, entre risas.
Al cabo de unos minutos no me he querido perder el
espectáculo y he ocupado mi puesto en las gradas, con la intención de no perder
detalle.
Lo primero que me ha llamado la atención ha sido que en los
precalentamientos, además de risas, había algunos "roces" entre algunos de
ellos, especialmente entre mi rubio favorito y un moreno de muy buen cuerpo.
Los chicos formaban un equipo de waterpolo y enseguida se han
echado al agua, primero han realizado ejercicios y a continuación se han divido
en dos grupos para jugar un partidillo. Los dos chicos han quedado cada uno en
un equipo y casualmente han quedado enfrentados.
Todo el mundo sabe que en el waterpolo vale todo, sobre todo
el juego sucio subacuático: agarrones de traje de baño, patadas, etc. Pero mi
amigo y su compañero han ido más lejos y tanto en ataque como en defensa se han
puesto morados de tocarse, hasta el punto de que en una ocasión, el rubio le ha
bajado el traje de baño en un agarrón y al moreno se le ha visto el miembro
empalmado en todo su esplendor ( y la verdad es que era esplendoroso)
Durante los entrenamientos dejan media piscina para la gente
que sigue disfrutando de su baño, pero yo preferí estar todo el rato en la
grada, siguiendo sus evoluciones, pero tanto sobeteo al final ha hecho que se me
pusiera morcillona.
Al acabar el entrenamiento, ya eran las nueve de la noche, se
cierra la piscina, pero la gente de los equipos y algún rezagado se pueden
quedar hasta las nueve y media, que hay que abandonar el agua e ir a los
vestuarios para que salga todo el mundo antes de las diez.
Los chicos del equipo salieron a cambiarse, todos menos los
dos amigos, que me hicieron una seña para que me uniera a ellos. Nos quedamos
solos en el agua, y aprovecharon para presentarse. El rubio se llama Jorge, el
moreno Alvaro. Yo me presenté como Carlos. Empezaron los juegos entre los tres
con aguadillas, empujones... y empezaron los tocamientos. Primero Jorge echó
mano a los dos pollas, la de Alvaro y la mía, Alvaro se vengó bajándole el traje
de baño y metiéndole un dedo por el culo.
Yo por mi parte me desinhibí y le agarré el miembro a Jorge,
sacándoselo del bañador y empezando a meneárselo. Alvaro no se cortó y se
sumergió, me la sacó y empezó a comérmela. Estábamos los tres superexcitados y
empalmados.
Como se hacía la hora de abandonar el agua y cambiarse de
ropa salimos dirigiéndonos a los vestuarios. Cuando llegamos, no sin antes
recoger mi toalla, ya habían salido todos los del equipo, así que estábamos
solos.
Al llegar a las taquillas los dos se quitaron los trajes de
baño dejando al aire sus miembros morcillones. La de Alvaro era más larga y más
gorda que la de Jorge, pero ésta con sus pelitos rubios, casi albinos me atraía
más.
Quítate el traje de baño y vente a las duchas.- me
dijeron
Les obedecí y les seguí. Cuando entré en las duchas se
estaban masturbando mutuamente, con todo el cuerpo enjabonado y se metían un
dedo en el culo respectivamente. Cuando me vieron aparecer se lanzaron ambos a
por mí y me enjabonaron todo el cuerpo. Mientras Jorge se esmeraba en
enjabonarme la polla, meneándomela, Alvaro se encargó de mis huevos y mi culo.
Me sentía reventar de placer. Jorge de repente se arrodilló y
empezó a chupármela. Lo hacía con suavidad y maestría, mientras Alvaro empezó,
con el lubricante del jabón a meterme un dedo por mi culo, al poco rato ya eran
dos los que entraban. Sin poder remediarlo, me corrí en la boca de Jorge. El
placer que sentía no lo había sentido nunca antes.
Ya casi eran las diez, hora en la que había que salir de la
piscina, así que nos vestimos rápidamente y salimos a la calle.
¿A dónde vais? Pregunté.
Donde tú quieras. – respondieron al unísono-
¿No tenéis que ir a casa? – repuse sorprendido-
No - dijo Jorge - En nuestras casas piensan que
estamos uno en casa del otro, pues solemos quedarnos a dormir
indistintamente en una casa o en otra y con avisar en ambas no hay
problema en dormir donde tú quieras, si quieres, claro.
Me quedé estupefacto, estos dos jovencitos, me estaban
proponiendo una noche de sexo loco homosexual y con dos menores en mi casa, si
quería.
La verdad es que no sé que me pasó con este par de
chiquillos, pero les dije que sí.
Nos montamos en mi coche, Alvaro detrás y Jorge a mi lado, y
conduje hacia mi casa, mientras el copiloto me acariciaba por encima de los
pantalones, poniéndome otra vez caliente.
La verdad es que si me atreví fue porque a mi casa se accede
directamente desde el garaje, sin que nadie pudiera verme entrar con dos
jovencitos.
Llegamos a mi casa, me cambié de ropa y me puse solo un
pantalón corto de deporte, sin nada debajo, igual que iban ellos vestidos, y les
ofrecí tomar algo. Con tanto ejercicio en la piscina, y en los vestuarios, los
tres teníamos hambre. Así que preparé unas pizzas y una ensalada y nos sentamos
a cenar. Durante la cena siguieron los juegos. Alvaro, sentado frente a mí se
descalzó y puso su pié sobre mi entrepierna, haciendo que de nuevo me calentara.
Jorge, mientras tanto sacó el hielo de su Coca-Cola y empezó a pasármelo por los
pezones. Se me pusieron durísimos, qué gusto me estaba dando.
No acabamos de cenar, empezamos a abrazarnos, besarnos y
tocarnos y así nos fuimos a mi cuarto donde tengo una cama de matrimonio de
1,50. Nos quitamos los pantalones de deporte y nos tiramos los tres encima de la
cama.
Estaba deseando metérsela por el culo a mi rubio, pero como
era novato empezaron por darme una clase práctica.
Se colocaron en posición del 69 y empezaron a mamársela uno a
otro. Se la tragaban entera, más allá de la campanilla. No entendía cómo,
mientras con los dedos untados en vaselina que traían en sus mochilas iban
introduciendo primero uno, luego dos y hasta tres dedos en sus respectivos anos.
Yo mientras tanto miraba y aprendía y me hacía una paja.
Pararon antes de correrse y me dijeron si estaba preparado,
les dije que sí.
En ese momento Jorge se acercó a mí y empezó a comerme la
polla. Mi novia me la comía pero no con la delicadeza y a la vez con la
sabiduría de Jorge. Mientras Alvaro se untó los dedos nuevamente con vaselina y
me abrió el culo con un dedo primero y luego con dos. Como era virgen por detrás
no quiso intentar tres, de momento.
Al cabo de un rato, Jorge se puso a cuatro patas ofreciéndome
su culo. Me puse un condón y apoyé la cabezota de mi verga en su ojete. Empujé y
empezó a entrar sin dificultad. Se notaba que ese agujero estaba muy trabajado.
Empezamos el baile entrando y saliendo rápidamente, Jorge gemía de placer,
mientras Alvaro se la chupaba debajo de él.
Cuando exploté en su interior apretó con fuerza su esfínter y
exprimió todo el jugo que eché. La sensación de notar la polla apretada por sus
músculos de deportista fue indescriptible. En ese momento Jorge se corrió en la
boca de Alvaro que se tragó todo su semen. Cuando acabó la corrida, Alvaro nos
besó a los dos en la boca pasándonos el semen de Jorge, algo que nunca había
probado y que me supo a ambrosía.
A continuación cambiamos de postura. Jorge quería desvirgarme
el culo, así que fui yo el que se puso a cuatro patas. Jorge se puso un condón y
me volvió a lubricar el culo, pero esta vez no fue con vaselina, sino que me lo
chupó, introduciendo su lengua y ayudándose con los dedos, primero uno, luego
dos y finalmente tres. Cuando el agujero negro estuvo bien lubricado y abierto
empezó a apoyar su verga en la entrada prohibida.
Poco a poco empezó a empujar. Al principio, a pesar de lo
dilatado que ya estaba por el trabajo previo, me dolió bastante, pero
rápidamente el dolor cedió paso al placer y cuando empezó el baile del mete-saca
ya disfrutaba como un gusano en un funeral.
Además, Alvaro repitió su posición debajo de mí y mientras
Jorge me sodomizaba, él me ordeñaba con su boca, haciendo un trabajo esmerado.
Cuando se la sacaba de la boca era para comernos los huevos alternativamente a
Jorge y a mí.
Llegamos al orgasmo simultáneamente. Al empezar mi corrida
noté que en un acto reflejo, yo también apreté los músculos del esfínter, con lo
cual atrapé la verga de Jorge en su cueva, como si quisiera exprimirla hasta la
última gota de semen.
Alvaro se tragó de nuevo toda mi leche y repitió el juego del
boca a boca traspasándonos mi leche a Jorge y a mí.
La noche de sexo loco me estaba gustando mucho, mejor
muchísimo. Y no hacía más que empezar.
Alvaro estaba deseando que le llenaran el agujero, así que
como llevábamos dos corridas casi seguidas y nuestras pollas estaban en estado
de reposo, nos tumbamos sobre la cama Jorge y yo. Alvaro se puso entre nosotros
y empezó de nuevo a masturbarnos dulcemente y nos daba lengüetazos
alternativamente a las dos pollas.
Tras unos pocos minutos de reposo, las dos estaban ya en
posición de presenten armas. No sabía cual elegir de las dos, pero por estar en
mi casa y ser mi estreno se decantó por la mía. Se sentó sobre ella e iba
subiendo y bajando marcando él el ritmo de la cogida. Mientras tanto Jorge le
masturbaba a él y yo a Jorge. Formamos los tres un auténtico círculo vicioso. Un
círculo de placer extremo, recién descubierto.
Después de más de dos horas de lujuria nos quedamos dormidos
sobre la cama en medio del penetrante olor del semen.
A la mañana siguiente nos duchamos rápido los tres nos
vestimos, nos intercambiamos números de teléfono, y en el coche les acerqué
hacia su instituto, aunque no les dejé muy cerca para que nadie les viera bajar
de un coche desconocido, y yo más dormido que despierto, o tal vez soñando, me
dirigí hacia mi trabajo.
Me llamó mi novia para preguntarme si había descansado y le
dije que me encontraba de maravilla. Quedamos para la noche.
La recogí en casa de sus padres y la llevé a cenar un sitio
romántico en el que toda la cena es con cava y las mesas están decoradas con
flores y velas. Después de dar un paseo por un bulevar de la ciudad nos fuimos a
mi casa, repitiendo la escena de la entrada por el garaje, pero esta vez con
otra compañía.
Fuimos directos al dormitorio, que por la tarde había
limpiado y ventilado, cambiando las sábanas.
Mamen, mi novia, empezó a desnudarme, mientras me recorría
cada trozo de piel que iba destapando con su boca, dándome pequeños chupetones y
mordiscos, sobre todo en los pezones, esto me excitaba muchísimo. Cuando estaba
sólo con los calzoncillos me tumbó en la cama y puso un disco en el compacto y
empezó a hacer un striptease al ritmo de la música. Mi polla ya erecta intentaba
reventar el botón del boxer. Cuando se quitó la braga vino hacia mí y me ató las
manos con ella al cabecero de la cama, desabrochó el botón del boxer con lo que
mi verga saltó de alegría de verse liberada de una prisión y con la esperanza de
verse nuevamente atrapada en otra. Empezó a chupármela y comérmela y aunque yo
lo disfrutaba no lo hacía tan bien como los chicos me lo habían hecho la noche
anterior. Se sentó sobre mi polla y empezó el ritmo de subir y bajar mientras
simultáneamente daba pequeños giros y vaivenes laterales que cada vez me hacían
sentir más placer.
Como estaba casi exprimido de la noche anterior tardé mucho
en correrme, lo cual alegró mucho a Mamen pues ella tuvo dos orgasmos en el
tiempo que yo tardé en expulsar mi semen. Sin sacársela de dentro se tumbó sobre
mi pecho y nos besamos apasionadamente. Me soltó las manos de mi atadura y yo
aproveché para acariciarle el culo suavemente, algo que la volvía loca, pero
esta vez me atreví, después de chupármelo repetidamente, a meterle un dedo por
el agujerito trasero. Algo que la sorprendió pues nunca se lo había hecho. Al
principio intentó pararme, pero después le fue cogiendo el gustito. Así nos
dormimos, ella sobre mí, con mi verga ya en reposo dentro de ella y con mi dedo
en su culo.
Como os decía al principio, después de estas experiencias con
los dos jovencitos, y de seguir disfrutando con mi novia follando como locos,
creo que me he convertido en Magoya. Tanto me da un coño como una poya, siempre
que sea dar y recibir placer.
Escríbanme sus experiencias.
cmagoya@hotmail.com