Llegué temprano, como correspondía a la ocasión, e incapaz de
contener mi impaciencia.
Pero a la hora de llegada habitual del objeto de mi deseo,
Amanda inusualmente se retrasaba, los minutos fueron pasando lentamente y no
llegaba.
Al fin, su secretaria personal, Julia, una jovencita de 25
años de quien ya hablaré mas adelante, pues habría de incorporarse a nuestra
historia, nos comunicó que la jefa no vendría hoy al trabajo pues se encontraba
indispuesta.
Nunca he creído en las casualidades, así que solo tenia que
sumar dos y dos.
Aquella "repentina" indisposición sin duda tenía y mucho, que
ver con nuestros intercambios de correo.
Una de dos, o bien estaba aterrada e incapaz de tomar una
decisión en un sentido u otro, lo cual ni era bueno ni malo para mis planes.
O bien no disponía de trajes rojos y había ido a comprarse
uno.
En cualquier caso, el tema prometía, aunque no estaba ni
mucho menos cerrado.
Tendría que hacer gala de toda mi paciencia y esperar un poco
más.
Al siguiente día, y una vez mas llegue antes que ella, no
quería perderme por nada del mundo sus entrada en la oficina, y esta vez si,
puntual como acostumbraba , ví llegar a Amanda con sus andares habituales y nada
en su apariencia que delatara su "indisposición" del día anterior.
Lo único que desentonaba un poco era el largo abriguillo de
entretiempo que le cubría desde el cuello hasta media pantorilla, pese a que la
temperatura exterior todavía era muy agradable, y que solo permitía ver unos
elegantes y funcionales zapatos de color crema oscuro.
Al fin llegó a su despacho, se quedo quieta de pie por unos
instantes y dio un rápido vistazo alrededor como tratando de adivinar si era
observada por alguien que ella sabía muy bien.
Naturalmente, no descubrió ninguna mirada reveladora, y al
fin se desabrocho el abrigo y lo colgó en la percha.
Puedo decir sin ningún empaque en que de golpe la polla se me
puso mas tiesa que el mástil de una bandera.
Naturalmente el traje de Amanda era… rojo.
De un rojo intenso, prometedor de los placeres que se
avecinaban.
Era de corte clásico, sin apenas escote, siguiendo su
particular estilo, pero eso era lo de menos, lo importante era el simbolismo del
color que anunciaba su predisposición y aceptación de las reglas y normas que
habría de cumplir y acatar en un futuro ya no demasiado lejano.
Dejé pasar unos minutos para tranquilizarme y mantener la
mente lo necesariamente fría para disponer del control de los acontecimientos y
comencé a redactar el mail que iba a enviarle de inmediato:
" Buenos días, Amanda.
Celebro que ya estés felizmente recuperada de tu "repentina y
oportuna indisposición".
He comprobado con gran placer que has tomado una decisión.
Espero que sea la correcta y no tengas que arrepentirte de
ella.
Pues como sin duda sabes o intuyes, esto solamente es el
principio.
El preámbulo de una nueva etapa en tu vida, que deberás
iniciar libremente y guiada solamente por tu instinto y tu búsqueda de
satisfacciones.
Pero basta por el momento de filosofías.
Estoy seguro que estas deseando leer el siguiente capitulo
del relato que tan ansiosamente has devorado estos últimos días.
Pero antes de enviártelo tengo que hacerte dos aclaraciones:
la primera es que este será el último relato que te envíe. Basta ya de
fantasías.
Ha llegado el momento de vivirlas y experimentarlas en
primera persona.
La segunda, más que una aclaración, es un petición, bueno…
mejor dicho, una orden, la primera de muchas otras que seguirán si tienes el
valor y los deseos de seguir adelante con este vínculo recién establecido:
Quiero que te levantes y vayas al lavabo de señoras. Una vez
allí te quitas las bragas y el sujetador, los metes en una pequeña bolsita y la
depositas en la papelera que hay a la entrada entre los dos lavabos.
Luego vuelves a tu despacho inmediatamente y te sientas a
esperar nuevas instrucciones.
Tienes cinco minutos para realizar todo el proceso.
Si no lo haces, daré por sentado que no estas interesada o
demasiado temerosa, y no eres merecedora de las futuras atenciones que tengo
preparadas para ti.
Tuya es la palabra, encanto.
Stardust. "
Era del todo consciente de que con este mail descubría
ligeramente mis cartas y le corroboraba que su misterioso interlocutor estaba
sentado cerca de ella, en su misma planta.
Afortunadamente, éramos unas quince personas, la mayoría
hombres de edades similares, y le sería imposible averiguar de quien se trataba.
Además, si todo salía bien, muy pronto iba a conocerme en
persona.
Así que era un riesgo necesario, y por otro lado, quien no
arriesga nada, poco tiene que ganar.
¿Y que es la vida sino una apuesta continua ?
Una vez mas, y una vez le envíe el correo, observé como lo
leía atentamente y después de quedarse quieta durante unos minutos sin apartar
la mirada de la pantalla del ordenador, aunque estoy seguro que no la miraba, se
levantó de golpe, con nerviosismo, y rápidamente con paso apresurado y algo
histérico se dirigió a los lavabos, y a los tres minutos justos de reloj,
regresó con igual paso nervioso, aunque estoy seguro que nadie mas que yo lo
notó, a su despacho, y antes de sentarse corrió de nuevo las cortinas.
Era la reacción que yo esperaba, pues una vez segura de que
su misterioso remitente se encontraba a pocos pasos de ella observando sus
movimientos, era un lógico acto reflejo de falsa autoprotección.
Eso me dio la privacidad para levantarme sin ser visto por
ella y dirigirme a mi vez también a los lavabos a recoger mi trofeo.
Afortunadamente los lavabos de la empresa son amplios y
lujosos, y comparten un mismo espacio común, para refrescarnos y lavarnos, de
ese saloncito salen dos puertas ya con distintivo de sexo en dirección a los
urinarios.
Y era en la papelera de ese saloncito donde le había indicado
que echara las prendas.
Me lavé las manos y sin más preámbulos observé la papelera.
Allí estaba en la superficie, una bolsita arrugada de cierto
volumen, indicativo que Amanda había obedecido mis instrucciones.
Le eche un rápido vistazo antes de meterme la bolsita en el
bolsillo de mi americana, y pude comprobar que Amanda usaba o mejor dicho hasta
ese momento había usado ropita interior de color negro, y de lo mas sugestiva.
Ya la observaría con más detenimiento mas adelante, ahora
tenía que regresar rápidamente a mi asiento y enviarle un nuevo correo que sin
duda ella estaba esperando con ansiedad.
Este decía así:
" Buena chica, veo que has obedecido con presteza y eficacia.
Sin duda sabes, pues te sobra inteligencia por todos tus
poros y eres una mujer de mundo, que tus voluntarias acciones te convierten en
mi esclava, mi sumisa, mi perra, o cualquier otra cosa en la que desee
convertirte.
De hecho y como te adelanté ya has empezado a protagonizar tu
propia historia de sumisión.
Pero como lo prometido es deuda, aquí tienes el capitulo
final de mi relato.
Ah, una cosa, mas, no me gusta que corras la cortinas, debes
estar siempre dispuesta y a la vista de tu Amo, así que antes de empezar con tu
lectura ¡ levántate y descórrelas ! y nunca las cierres si yo no te doy permiso.
Por cierto, ¿como te sientes llevando el coño ventilado y al
fresco, y las tetas rebotándote entre la blusa, zorra? ".
Amanda obedeció de inmediato, las cortinillas se descorrieron
y pude observar con facilidad como devoraba una vez mas y por última vez los
relatos que le iba enviando y que la habían ido preparando y condicionando para
su nueva faceta, incluso mas de lo que yo había esperado, pues una vez terminó
de leer y desahogarse sexualmente, pues incluso sin tocarse pude observar como
su cara se congestionaba en un momento dado y se corría lo mas disimuladamente
posible, me envió un corto correo que rezaba así:
"Muchas gracias por las atenciones y molestias que se esta
tomando conmigo Amo.
Quedo a la espera de sus deseos y espero no decepcionarle y
estar a la altura de sus expectativas.
Su ansiosa y dispuesta sumisa, Amanda."
Llegados a este punto, quizás algunos lectores/as se
sorprendan de esta reacción por parte de Amanda y piensen que se sometió a mí
con demasiada facilidad.
A esto solo tengo que decir que se sorprenderían de la
cantidad de mujeres que albergan en su interior deseos ocultos y fantasías de
sumisión.
El tópico recurrente de siempre han sido las fantasías de
violación, pero creo que en estos tiempos, y facilitadas por la publicidad y la
plasmación de escenas y temas sadomasoquistas en numerosas películas, han
abierto dicho campo para muchas personas que si siquiera sabían que existía esta
disciplina sexual y cada vez mas se sienten mas atraídas por ella, aunque
naturalmente lo mantienen en el mas absoluto secretismo, ya que no es un tema
del que se suela hablar en coloquios.
Si no me creen ¿Por qué no hacen la prueba con alguna mujer a
la que deseen poseer en secreto?
Seguro que se sorprenderán en la mayoría de las veces de la
respuesta positiva e interesada por parte de ella.
Pero será mejor que continúe con mi narración….
Como decía, la lectura de los numerosos relatos que le había
enviado a mi jefa, ésta de una forma inconsciente había ido asimilando y
aprendiendo a comportarse como una verdadera sumisa y a la primera ocasión de
demostrarlo, se había prestado a demostrar su sumisión y entrega hacia mi.
Pese a mi satisfacción por el brillante resultado de mi
estrategia, no le respondi inmediatamente, seguramente eso es lo que ella
esperaba y quise mantenerla en vilo, nerviosa y expectante para romper las pocas
defensas naturales que aun pudiera tener en su mente.
Sin embargo, y con discreción, no el quité el ojo de encima
durante toda la mañana y pude ver como se mostraba ausente, como si sus
pensamientos y su mente estuvieran en otro lugar.
Al fin, a primera hora de la tarde, nada mas volver a la
oficina después de comer, le envié el correo decisivo, el que iba a sellar de
forma definitiva su destino, ligado al mío hasta que yo lo deseara:
"Hola, Amanda, tomo nota de tu ofrecimiento.
Pero hablar es fácil, tendrás que refrendar tus palabras con
hechos y vas a tener oportunidad de demostrarlo muy pronto:
Hoy al término de la jornada, quédate en la oficina
adelantando trabajo atrasado.
Cuando este segura que solo quedas tu en la planta, te quitas
la falda quedando con el coño al aire y desnuda de cintura para abajo.
Deberás arrodillarte detrás de tu mesa con las piernas bien
separadas.
Coge un pañuelo y véndate los ojos, y por ultimo entrelaza
tus muñecas por detrás de la cabeza.
Una vez en dicha posición queda a la espera, yo me reuniré
contigo en breve.
Debo decirte una vez mas que aun estas a tiempo de cambiar de
opinión, pero si cuando vaya a tu despacho no estas exactamente como te he
indicado, no tendras una nueva oportunidad de someterte a mi.
Y si lo haces, ya no habar vuelta atrás, oficialmente
quedaras convertida en mi puta esclava.
Hasta dentro de muy poco, guarra".
Había usado un lenguaje deliberadamente directo y ofensivo,
pues me consta que a la mayoría de mujeres atraídas por al sumisión le encanta y
les excita que las humillen y les llamen de maneras vejatorias, y aunque yo no
soy demasiado aficionado a tales términos, siempre uso todas las armas y
ventajas que pueda encontrar a la hora de consumar mis proyectos con éxito.
Pueden imaginar cuan lentas pasaron las horas para mi
esperando el momento del cierre, para saborear por fin el fruto de mis desvelos,
y cuando llegó, me dispuse a salir mezclado con mis compañeros, no quería que
Amanda tuviera la mas mínima pista de quien era su futuro Amo.
No obstante en vez de salir a la calle me refugié en la sala
de juntas y me dispuse a esperar un tiempo prudencial:
Para que Amanda se pusiera en posición, y para que estuviera
esperándome de rodillas el tiempo suficiente para estar lo mas ansiosa e
impaciente posible.
Una hora me pareció tiempo suficiente y me encaminé con
cautela hacia su despacho.
Ahora si había llegado el momento de la verdad, pues aunque
no era probable por las señales que ella me había transmitido a lo largo de
estos meses, cabía la probabilidad de encontrarla vestida y sentada en su
despecho esperando a su acosador para despedirlo y denunciarlo.
Entré con cautela, pero fue innecesaria, incluso desde lejos
pude ver que no había nadie sentado ante su mesa y si se veía su cabeza
sobresaliendo ligeramente por encima, y sus brazos cruzados por detrás de la
cabeza tal y como yo había indicado.
Ya mas tranquilo y seguro, entré con lentitud pero haciendo
sonar mis pasos en su despacho, y encendí la luz de su mesa, quería admirar con
comodidad a mi nueva adquisición.
Inmediatamente note como Amanda se envaraba y quedaba tensa,
expectante, sabedora de que estaba siendo observada y examinada en tan
humillante posición.
Pero sin duda estaba disfrutando, pues su coño, expuesto y
abierto mostraba un brillo característico de flujo vaginal.
Mi esclava estaba muy, muy excitada.
- Abre la boca, puta – dije escuetamente
Y sin más preámbulos me bajé la cremallera, me saqué la
erecta polla y se la metí de golpe en su boca.
Amanda sumisamente la engulló toda y comenzó a chuparla
cadenciosa y golosamente.
No puedo describir el placer que sentía, por el acto sexual
en si, pero mucho mas por empezar a recoger los frutos tan largamente
codiciados.
Tener a mi jefa de rodillas semidesnuda y plegada a mis
deseos.
No tardé demasiado en correrme copiosamente.
Los dos primeros chorros dejé que entraran directamente en su
garganta, pero luego saqué mi verga de su boca y regué todo su rostro dejando
que mi leche resbalara por su cara y cabellos, y así con los ojos vendados
todavía, sudorosa y jadeante a causa del esfuerzo y de la excitación, saqué mi
móvil y le hice unas cuantas instantáneas, para mis archivos personales.
Luego lo guardé de nuevo y le indiqué que podía quitarse la
venda.
Reconozco que no mostró demasiada sorpresa al reconocerme,
luego mas adelante me confesaría que había hecho muchas elucubraciones al
respecto de la misteriosa identidad de su sensual dominador, y yo estaba entre
los tres posibles candidatos finales.
Le ordené que acabara de desnudarse completamente, cosa que
hizo con presteza, sacándose la blusa y los zapatos, y le dije que asi toda
desnuda fuera a los lavabos y se limpiara la cara de mi leche.
Regreso a los pocos minutos, y como no le había dado mas
indicaciones se quedó de pie frente a mi, que me había acomodado en su sillón, y
sumisamente dirigió la mirada hacia el suelo, como por los relatos había
aprendido que debe comportarse una sumisa frente a su Amo.
Le indiqué que se acercara y cuando estuvo al alcance de mis
manos, la manoseé y palpé toda en un examen físico minucioso.
Sus tetas eran especialmente deliciosas, ni grandes ni
pequeñas, y pese a su madurez todavía bien alzadas. Y mantenía un tupido vello
pelirrojo tapándole su raja, cosa que me desagradó y le hice saber que debería
depilárselo completamente a la primera ocasión y mantenérselo periódicamente
ausente de pelo alguno, al igual que sus axilas.
Complete el primer examen inicial sometiéndola a numerosas
preguntas de índole personal e intimo, y así pude averiguar que era virgen
análmente, que jamás había mantenido relaciones con dos hombres a la vez, ni con
ninguna mujer, y que pese a no ser una mojigata, sus avances sexuales no habían
pasado del coito a la manera mas tradicional y alguna mamada esporádica, la
mayoría con su ex-marido, con el que había estado casada 14 años, desde los 24 a
los 39, llevaba pues 5 divorciada, y después había tenido muy pocos escarceos
sexuales.
Como si el sexo hubiera dejado de interesarla.
De ahí su ansia y sus ganas de desahogarse tan
frenéticamente.
El magreo y sus confesiones hicieron que de nuevo la polla se
me pusiese dura y deseé follármela inmediatamente.
Le indiqué que se sentara de espaldas a mí, a horcajadas, por
el simple procedimiento de abrir bien las piernas, y una vez en posición le dije
que ella misma subiera y bajara lentamente sobre mi polla, cabalgándome.
Y yo mientras tanto pasé los brazos por debajo de sus axilas
y agarré una teta en cada mano, que iba estrujando suavemente guiando la
cadencia.
Esta vez tardé no menos de media hora en eyacular dentro de
ella, tiempo mas que suficiente para que ella se corriera varias veces y quedara
satisfecha por el momento.
Luego me vestí y le indique que hiciera lo mismo, nuestra
primera sesión había terminado
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