LA PUTA.
Parecía una perdida de tiempo… Si, eso es… una total y
completa perdida de tiempo. No estaba hecho para aquello. No debí dejarme
convencer tan fácilmente por el cabrón de Paco.
Sabía de las andanzas de mi compañero de oficina, aunque en
honor a la verdad, siempre pensé que faroleaba más de la cuenta…. Vamos que se
comía una y contaba veinte, como en el parchís. Pero parecía que mis impresiones
eran equivocadas, a juzgar por la familiaridad con la que se desenvolvía en
aquél tugurio el muy golfo. Más de una chica le llamó directamente por su
nombre…. Bueno, en realidad le llamaban "Paquito", supongo que por su baja
estatura, o por su cara jovial, a pesar de que rondaba la cuarentena larga.
Parecía el típico españolito de los 60-70, bajito, regordete y mujeriego….
¡Coño! si hasta se traía un aire a Fernando Esteso.
Yo por mi parte me llamo Juan, soy algo más delgado que Paco,
aunque ya no mucho, los años y el matrimonio me han engordado más de la cuenta.
No soy ni alto, ni bajo. Ni guapo, ni feo y como dice Sabina ni más larga ni
corta que cualquiera. También cuarentón, estoy en pleno proceso de divorcio,
bueno, en realidad lo estaba en ese momento, ahora ya es definitivo. Además os
contaré un pequeño secreto que jamás confesaría a mis amigos o familiares: Fue
ella quien me dejó…. Decía que ya no se divertida conmigo y que estaba cansada
de la rutina….Sin comentarios…. Bueno solo uno: ¡Que le den por culo, que lo
tiene bien grande!.... Total que allí estaba yo, que jamás se me había pasado
por la cabeza irme de putas, en aquel lugar, con el compañero de oficina que más
detestaba ( y son unos cuantos) mirando el género, apoyado en la barra, con un
gin-tonic en la diestra (el quinto o sexto, no sé) un cigarro en la zurda y una
cara de panoli que tiraba de espaldas. El porqué estaba yo allí en realidad, es
un misterio hasta para mí. Supongo que el hecho de que mi mujer me hubiera dicho
esa mañana que había conocido a alguien influyó algo, claro. Luego los deseos de
venganza y el hijoputa de Paco hicieron el resto.
El lugar era más o menos como uno se imagina que son esos
sitios…. Bueno, algo más cutre. Poca luz blanca, mucha de colorines, espejos,
barra de striptease, putas…vamos, lo normal. Había algunos grupos de hombres en
algunas mesas y algún que otro tipo solitario en la barra del bar. Las golfas
iban y venían de un grupo a otro intentado convencer a algún cliente para que
subiera a las habitaciones. Y poco más.
El caso es que allí estaba, y aunque no estaba nada
convencido de lo que iba a hacer, me temía que no podía escapar. Habíamos venido
en el coche de Paco y estábamos a unos 30 kilómetros de mi cuidad… En realidad
aquello estaba perdido de la civilización, metido en medio de huertos y caminos
rurales, a unos cuantos kilómetros de la salida de autovía en que nos desviamos.
"Tranquilo tío, que vas conmigo" me había dicho el muy
cabrón, pero a la que me di cuenta, salió detrás de una pedazo de negra, que le
sacaba dos palmos y que tenia las tetas del tamaño de dos sandias que se salían
literalmente del sujetador blanco que llevaba por única prenda superior, dejando
ver, o entrever, unos enormes y oscuros pezones. Trate de seguirle con la vista,
esperando que la cosa no fuera a mayores y volviera conmigo, pero que va, el
capullo me dejo tirado y desapareció escaleras arriba con la mulata bien
agarrada por la cintura.
Y ahí estaba yo, solito, bebido y triste… y aunque en ese
momento no lo sabía, o no quería saberlo, mi tristeza estaba producida más por
mi patética situación que por que mi mujer quisiera divorciarse, que mirándolo
bien, era lo mejor para los dos. El caso es que, influenciado obviamente, por
las copas de más que llevaba encima, empecé a llorar como un patético borracho
de mierda…. Y aunque la pequeña parte que de mi cerebro que quedaba lúcida
estaba totalmente horrorizada por el espectáculo tan lamentable que estaba
dando, no pudo controlar al resto que estaba totalmente ido. Y ahí seguí un
rato, compadeciéndome a mi mismo, hasta que se pasó el bache y pude levantar la
vista de la barra y comprobar que la gente me miraba de reojo… bueno, lo de
reojo es un decir, porque algunos se estaban descojonando de risa a mi costa.
Las fulanas, que incomprensiblemente (o sabiamente) no me habían perturbado en
esos delicados momentos, empezaban a mirarme, dedicándome sonrisas entre pícaras
y misericordiosas. Y yo, que no sabía muy bien lo que hacer, hice lo único
medianamente sensato que podía hacer… ir a mear. Por lo menos así podría
despejarme la cabeza sin sentir los ojos de la gente mirando.
Pensar pude pensar, pero no despejarme la cabeza. El olor a
mierda, orín, sexo y putrefacción era intenso, más que olerlo, se masticaba. La
puerta del baño estaba marcada por aquellos que querían dejar huella de su paso
en tan honorable lugar. Y el espejo estaba rajado por la mitad, haciendo que el
reflejo de mi imagen fuera doble… de ridícula.
Pero el caso es que ahí estaba, y allí debía quedarme. Por lo
menos hasta que Paco terminara con la morena. Así que me recompuse lo mejor que
pude, me lavé la cara y salí de nuevo hacía la barra. Dispuesto no sé muy bien a
que, pero tratando de mantener la poca dignidad que aun me quedaba.
Entonces apareció ella, o mejor dicho, entonces la vi, porque
supongo que había estado por allí todo el rato, o arriba. El caso es que me
senté a su lado en la barra. No sonaron violines, ni oí campanillas ni nada de
eso, en realidad su apariencia no era nada del otro mundo si la comparabas con
alguna de las mujeres que por allí estaban. Pero por alguna razón, me gustó. Tal
vez el motivo fuera que no me miraba ni con picardía, ni con pena, sino con una
especie de gesto que decía: (y quizás fueran imaginaciones mías) "te comprendo,
la vida es una puta mierda y nosotros estamos justo en medio". La cuestión es
que empezamos a charlar y bueno…. En aquel lugar y dedicándose a lo que se
dedicaba, pues terminamos en una habitación cutre, con sabanas desechables en la
cama y condones en la mesilla de noche.
Me gustaría contar que fue una experiencia increíble, o como
dice el gilipollas ese "una experiencia religiosa", y que nos enamoramos y que
la saqué de allí… y todas esas chorradas que se cuentan en los relatos, pero la
verdad es que no fue así, y después de aquella noche no volví por allí, ni
tampoco la he vuelto a ver. Y si cuento todo esto es simplemente por que de vez
en cuando me viene a la memoria la cara de la chica, sus ojos, verdes,
brillantes e inteligentes, y la maldita sensación de que aquella puta de club
nocturno me comprendía mejor que toda la gente que me conoce de siempre y a la
que supuestamente importo algo. Y que de alguna manera, como dice la canción de
Amaral, ambos estamos solos en medio de un montón de gente.
Así que ella, que supongo sabría o intuía que yo necesitaba
evadirme del mundo, decidió tomar toda la iniciativa y sin más preámbulos me
hizo sentar en la cama y se arrodillo delante de mí. Mientras desabrochaba mi
correa y mis pantalones me miraba a la cara, con aquellos ojos, sin decir nada…
en realidad había muy poco que decir… y acto seguido acerco su rostro sobre mi
entrepierna y comenzó a chuparme la polla. Tardo un poco en endurecerla, el
alcohol hace estragos a mi edad, pero luego mi miembro respondió poniéndose
tieso y duro como una vara. Ella que tenía el pelo castaño claro y la tez pálida
propia de la gente del norte de Europa (Rusa o quizás Polaca o que sé yo) se
alejo de mi polla para desprenderse del sujetador que llevaba, dejando a mi
vista dos pequeños y blancos pechos coronados por dos aureolas acordes al tamaño
de la teta y que apenas se distinguían del resto de la piel por una pequeña
tonalidad marrón muy, muy clarita. Luego volvió a lamer y chupar mi pene,
acompañando esta vez a su boca con la mano que me masturbaba rítmicamente,
mientras yo me desprendía de la camisa.
Una vez libre de la camisa, toqué con mis manos por primera
vez a la chica, puse mis manos sobre su cabeza, para acompañar los movimientos
que hacia sobre mi polla… Así estuvimos un buen rato, hasta que ya mi cuerpo
comenzaba a reaccionar y comenzó a subirme por el vientre ese cosquilleo previo
a la eyaculación. Traté de separarla de mí para evitar correrme pero ella no
quiso y siguió mamando hasta que ya no pude más y soltando un gemido llené su
boca y sus labios de semen. Y la verdad, pensé que eso sería todo, pero la
chica, no paró de masturbarme y chuparme la polla y consiguió ponerla en
funcionamiento otra vez en un tiempo increíblemente rápido para mí.
Después de eso, se levanto, se limpio los labios con un
pañuelo de papel y se quitó la minúscula falda y el tanga… tenía el sexo
depilado. Su cuerpo no era voluptuoso pero si proporcionado, femenino, sensual.
Su cuello era largo y fino y sus caderas se estrechaban de forma increíble
dejando paso luego a un perfecto y respingón culo.
Calculo que tendría unos veintipocos años, o eso aparentaba
su cuerpo. Sus ojos en cambio parecían mayores, más maduros, más vividos quizás.
Todo su rostro en realidad me parecía tener una enorme capacidad de comprensión
a pesar de su evidente juventud. Sus manos en cambio parecían los de una
adolescente, pequeñas palmas y largos y finos dedos. Toda su piel era suave y
lisa y no se le veían manchas ni lunares, tampoco estaba tatuada, y esa pureza
me gustó. Se echó sobre la cama y yo me puse entre sus piernas de rodillas e
inclinándome un poco, alcancé sus pechos con mi boca, comenzando a lamer aquel
pequeño pezón que no sé si por excitación o por frío estaba ya duro como una
piedra. Al poco, mi polla rozo involuntariamente su coño haciendo que mi polla
endureciera más aun. Y ya no hubo más preámbulos. Comencé a follarla. Ella rodeo
mi cuerpo con sus piernas y puso una mano en mi hombro y otra sobre mi cadera y
así follamos mirándonos a la cara, a los ojos. Sin hablar, sin decir guarradas
ni estupideces, tan sólo sintiéndonos el uno al otro. Tan sólo algún pequeño
gemido o respiración entrecortada cortaban el silencio entre los dos.
Cada vez más rápida y frenéticamente seguí bombeando con
ahínco casi juvenil a la chica, que ya comenzaba a arquear su cuerpo y acelerar
la respiración, sintiendo seguramente un orgasmo. Sensación que hizo que mi
excitación aumentara de forma insoportable, no pudiendo contenerme más y
explotando en una corrida intensa y profunda.
Eso fue todo. Después de eso, caí exhausto en la cama durante
unos minutos. Tiempo que ella aprovechó para limpiarse y vestirse. Luego se
disponía a irse cuando a punto de salir de la habitación se volvió hacia mí, me
miró por ultima vez y musitó un: "Hasta luego" y desapareció tras la puerta, sin
darme casi ni tiempo a decirle un "Adiós" que creo que no pudo oír y que quedó
flotando por la estancia.
Y es esa última mirada, la que me viene aún hoy después de
tantos meses a la mente. Esos ojos, resignados a su suerte, que parecían
comprender lo triste, solo y jodídamente desesperado que puede llegar a estar
alguien como yo… y como ella.
FIN.
No olvides dejarme algún comentario… Tan sólo soy un aprendiz
que quiere aprender un poco más.