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TODORELATOS » RELATOS » KAROLINA. EL JEFE DE ERNESTO
[ El que no tiene mujer, bien la castiga, y el que no tiene hijos, bien los cría. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 12-Dic-07 « Anterior | Siguiente » en Confesiones (2280 de 2407)

Karolina. El Jefe de Ernesto

karol
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Como ayuda una mujer sexy a mantener intacto el puesto de trabajo de su maridito. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Carolina

El jefe de Ernesto

Hola de nuevo, me encantó comprobar que mi primer relato os ha gustado. Creerme es un placer doble, el primero por que disfruto al contaros mis aventuras y el segundo por lo maravillosos que sois mis lectores.

He recibido infinidad de felicitaciones y os lo agradezco.

Todo esto me ha animado a haceros una segunda entrega. Y no me enrollo más. Gracias de nuevo.

Como todos sabéis mi marido Ernesto me demostró en el viaje de novios que era un cornudo consentido y yo me presté a su debilidad dejándome hacer por Andrés, el negrito y por mi marido todo tipo de felonías sexuales.

El resto del viaje transcurrió en los parámetros habituales y la aventura con el negrito pasó a ser un recuerdo excitante, pero eso, sólo un recuerdo.

Ya de vuelta en nuestra vida cotidiana todo transcurría con normalidad, iniciando nuestra andadura matrimonial sin sobresaltos, casi con aburrimiento, pero aun así, algo persistía, Ernesto seguía pretendiendo que vistiera como una zorrita y no pasaba semana alguna si ampliar mi vestuario con un nuevo modelito sexy.

También os comenté que Ernesto trabaja en la banca. Pues bien, una noche me avisó de que su jefe iba a venir a cenar en unos días. Algo normal en el mundo empresarial, invitar al jefe a una cena, pensé.

Pero pronto empecé a intuir que había algo más.

Mi marido no paraba de insinuarme la importancia de tener contento a su jefe. Que si su cargo no era seguro, que si su jefe podía mantenerle en el puesto si lo tenía contento, que me pusiera guapa ese día, que me portase bien con Carlos, así se llamaba. En fin una paliza y de vez en cuando me guiñaba el ojo, un guiño que yo no quería interpretar pero que intuía como una invitación a portarme con Carlos como con Andrés el negrito.

No quise pensar demasiado en ello, pero a medida que la fecha de la cena se iba acercando me iba inundando un sentimiento contradictorio, nerviosismo, miedo y excitación me invadían por rachas y más después de que Ernesto me dijera que había enseñado a Carlos las fotos de nuestro viaje de novios.

-¿Qué has hecho qué? Le pregunté horrorizada. En las fotos de Brasil estaba prácticamente desnuda, mucho peor que desnuda. Los mini bikinis que usé eran tan minúsculos que tuve que depilarme del todo, cierto que así aproveche para hacerme el láser, un caprichito. Allí yo estaba desinhibida lejos de cualquier persona conocida. Mis pechos se me veían enteritos ya que los mini bañadores, solo me tapaba apenas medio pezón y aquellas fotos en las que se me veía de espaldas mostraban mi culo orondo y desnudo.

No podía creer que lo hubiese hecho pero mi marido me sacó de dudas. Me dijo que no pasaba nada, que estaba bellísima y que Carlos era la persona más discreta que existía, nunca diría nada a nadie sobre algo íntimo. Al decirme aquello volvió a guiñarme el ojo.

Entre las fotos de Brasil había unas especialmente delicadas, uno de los días, en la playa tomando el sol, sin darme cuenta el mini bikini se me había metido en la rajita, dejando medio chochito fuera, depiladito y blanco, contrastando con el moreno del resto de mi piel. Pues bien aprovechado que estaba medio dormida bajo el maravilloso sol ecuatorial, Ernesto enfocó mi figura con mi almeja medio fuera y tomó unas cuantas fotos. Alguna de ellas verdadero primer plano de mi coño.

Le dije primero y supliqué después que las destruyera, no me gusta tener fotos así rodando por ahí. Pero el se negó.

¿No se las habrás enseñado todas? Le pregunté esperándome lo peor. Pero mi marido no me contestó, esbozó una sonrisa y ¿a que no sabéis? Efectivamente volvió a guiñarme el ojo.

¡Qué cerdo!, le había enseñado todas mis fotos al tal Carlos que yo ni conocía, un extraño, por muy jefe suyo que fuera.

No me extrañaría que Carlos se hubiese consolado a mi costa, porque de verdad os digo que si me vierais en las fotos son poco más o menos como las de las revistas con las que los chicos alivian sus ardores.

Primero me sentí muerta de vergüenza, pero he de confesaros que antes de lo que creía comencé a sentirme más excitada que enfadada. El jefe de mi marido havia visto mi cuerpo desnudo e iba a venir a cenar a casa, los tres solos. Otra situación como la de Brasil con Andrés. Mi marido insinuando por activa y por pasiva que debía ser "amable" con Carlos y el detalle de las fotos. ¿Qué más pruebas necesitaba?

Pero en el fondo albergaba la duda de que solo pretendiese eso, ser amable con su jefe.

Para disipar todas mis dudas decidí poner a Ernesto la prueba de fuego, le pregunté que me ponía aquella noche. Como os dije antes mi guardarropa está lleno de modelitos, unos simplemente sexys y alguno que otro totalmente escandaloso.

Para mi sorpresa mi marido me dijo que llevase algo largo y elegante. Aquello me sumió en un sin vivir. ¡Qué leche querría Ernesto!, o tal vez él mismo no lo tenía claro. Como es habitual en él su forma de actuar es no hacerlo evidente, disimular como que no pasa nada, así que decidí, como siempre, seguir su juego. Si algo soy es una mujercita dócil.

Por fin llegó el día de la cena. Ya sabéis como somos las mujeres para estas cosas, peluquería, manicura, maquillaje. Menos mal que ya me ahorro la lata de depilación, tengo hecho el láser total en axilas, piernas, brazos y en mi chochito y en la boquita de mi culo. Tan solo tengo una hilera de vello coronando mi pubis como de un dedo de ancha, adorno, el resto como un huevo duro.

Me dejaron preciosa y al llegar a casa me llevé la sorpresa. Encima de la cama, extendido lucía un vestido negro precioso con algún adorno de lentejuelas y una nota encima. "Recíbenos esta noche con él" y la dirección de la tienda por si necesitaba algún arreglito.

En cinco segundos lo tenía puesto, me sentaba como un guante, era de seda pero algo elástico de manera que dibujaba mi cuerpo en cada recta y en cada curva. El escote discreto pero para qué no iba a serlo, mis pechos se dibujaban de bajo con precisión y atrás era donde el vestido tenía su punto fuerte, caía desnudando mi espalda hasta donde esta pierde su honesto nombre y la hucha de mi culito se veía iniciar con precisión.

De pronto caí, no podía llevar ninguna braguita, por pequeña que fuese se vería, y no podía llevar sujetador se notaría demasiado bajo la seda negra. Eso sí, era largo hasta los tobillos pero con una raja oblicua que comenzaba a ras de suelo entre mis pies y llegaba a la cadera.

Ernesto se la quería jugar a Carlos, pensé, después de mostrarle mi cuerpo desnudo en las fotos ahora me mostraba tapada pero insinuante.

La marisquería más lujosa de la zona trajo la cena puntual y Marta, una chica que nos ayuda en casa se encargó de prepararlo todo, la mesa, las ostras el marisco, ya sabéis. A las nueve se despidió. Y a las nueve y media llegarían Ernesto y Carlos. Y allí estaba yo desnuda bajo aquel magnífico vestido, perfumada y enjoyada pero sin bragas. Bueno, pensé, no se me ve nada. Pero mi almejita sudaba rezumando por el nerviosismo, la excitación y la duda.

Al oír el portón del garaje salí a abrir la puerta, efectivamente eran ellos.

-Karolina, te presento a Carlos dijo Ernesto y se retiró.

¡Dios mío!, me esperaba un señor madurete de cincuenta o más, jefe de mi marido, y era joven yo creo que no pasaría de los 33 frente a los cuarenta y cuatro de Ernesto. Elegante, no guapo pero atractivo. Vino a besarme y su aroma me llegó como un azote silvestre, su mano agarró mi cadera y forzó alargar el beso de presentación de forma casi imperceptible. Me gustó.

Al invitarle a pasar Ernesto insistió que pasara yo delante, ya sabéis por qué, mi desnuda espalda y los inicios de mi culito a la vista de ambos. Me contoneé como una gata, con paso lento luciéndome en la suerte.

La cena no os la cuento, un rollo, solo dignas de mención las miradas a mis pechos de Carlos, yo diría de enamorado y a mis ojos, me miraba fijamente a los ojos y yo no los apartaba y le sonreía.

Ah, se me olvidaba, el vino un Albariño suave que nos puso más que contentos. Y ya con el efecto del alcohol Ernesto sacó el tema de las fotos de Brasil, Carlos me miró con ojos distintos y me dedicó un cumplido, "estabas maravillosa". Yo le tenía sentado enfrente y lo que no me esperaba, su pie sin zapato acaricio mi pierna. Sé que suena a película pero fue así. La mesa del comedor es para cuatro personas alargada pero estrecha y su pie llegaba con facilidad. A mi mente vinieron las instrucciones de mi marido. Pórtate bien con él. Así que callé y consentí excitada el juego del pie de Carlos que subía y bajaba entre mis piernas, cada vez más y más arriba, hasta que como no podía ser de otra forma llego a mi chochito. Sus calcetines eran de esos ejecutivos así que notó seguro la ausencia de bragas. Yo cerré las piernas atrapando su pie en mi almejita un buen rato y a continuación, comencé a participar en el juego, me deshice del tacón y comencé a explorar. Pero no me dio tiempo él deslizó una mano bajo el mantel y lo agarró hasta ponerlo encima de su polla.

¡Joder, como la tenía!, Estaba totalmente empalmado. Me agarró con firmeza del tobillo y restregó con contundencia mi pie contra su pene erecto, arriba y abajo y lateralmente, me lo soltaba, lo acariciaba y lo volvía a agarrar. Yo me mojé y despertó la zorrita que llevo dentro.

Carlos, dije, ¿quieres verme con uno de los bikinis de Brasil? Él contesto que por supuesto y yo les dije que esperaran en el salón.

Antes de ir a mi habitación miré a Ernesto buscando, tal vez un gesto de desaprobación pero él, ya lo habéis adivinado seguro, me guiñó el ojo.

Me demoré a propósito, y me puse el más pequeño de todos uno que no pude ni lucir en la playa, mi monte de Venus depilado se veía entero y el comienzo de mi rajita se adivinaba en cuanto a la parte da arriba no era capaz de tapar mas que la parte central del pezón, me dejé puestos los tacones, así de guarra me sentía.

Creo que Ernesto y Carlos habían hablado de lo que iba a pasar sino no se entiende el desenlace.

Cuando volví al salón Ernesto había sacado la cámara de video y grababa mi entrada. Dijo que se sentía director de cine y todos reímos, pero las risas cesaron cuando preciso: "de cine erótico".

Carlos me miró desnuda con el minúsculo trapito frente a él, se levantó y comenzó a acariciarme lentamente los pechos. Apartó las dos tiras de ropa, me agarró y me condujo al sofá sentándose el primero y haciéndome poner de rodillas sentada encima suya, frente a él, con mis piernas muy muy abiertas. Mis pechos quedaron a la altura de su boca y se aplico a lamer y besar, a mordisquearme y succionarme, chupando y olisqueando como una bestia delicada y feroz a la vez.

Yo enloquecí, mi marido grabando y Carlos comiéndome las tetas con ansia y dulzura, mi bikini, por la postura metido entero en mi coñito empapado y su polla fuera del pantalón con una dureza brillante inconmensurable. No hizo falta quitarme el bañador era tan pequeño, solo apartarlo, para dejar paso a aquel trabuco entre mis jugos. Me acerqué a su oído y le dije con voz de puta, casi susurrando, fóllame, fóllame. Sin que lo oyera Ernesto.

Mi marido aparecía y desaparecía tomando planos de la escena. Y yo fui penetrada durante mucho mucho tiempo. ¡Cómo aguantaba, como me envestía!, a veces paraba y me besaba con cariño casi filial y a continuación aceleraba golpeando mi culo y todo sin dejar de comerme, lamer y besar las tetas. Mis pezones parecían estallar.

Cuando sacó su polla de mi coñito de repente supe que iba a correrse y no pude resistirme, me bajé de rodillas a la alfombra y metí su estaca en mi boca. De reojo veía la cámara de video de Ernesto tomándonos un primer plano. Fue tal la dureza y magnitud del chorro de esperma que no me cupo en la boca, sentí su sabor salado y su calor inundar mi lengua y mi garganta, pero aun así no la saqué y seguí lamiendo aquel prepucio mientras perdía su dureza.

Hicimos una copia de la peli para Carlos, por supuesto.

PDT: De momento mi marido no perderá su puesto de trabajo. ¿No creéis?

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