Cumpliendo un compromiso (EBA XIV)
El secuestro
Jana, había regresado de África, tras se sometida y
esclavizada allí, pensando que se cerraba un capitulo de su vida y podría volver
a recuperar su estatus social, su vida familiar y laboral… nada más lejos de la
realidad.
Pasaron unas semanas en las que la vida de Jana volvió casi a
la normalidad. Su trabajo de 8 a 4 en la empresa donde su marido le había
buscado un empleo de ejecutiva de cuentas tres días a la semana, de lunes a
miércoles, y en casa paso a llevar todas las labores domesticas, pero con un
detalle. Debía hacerlas vestida de esclava y con los tobillos y muñecas unidas
por una cadena. Sólo si venia alguien de su familia o algún vecino, su marido la
dejaba vestirse normal, o cuando sus hijos estaban en casa.
En verano habían estado, otra vez sin los chicos algo que
empezaba a ser muy habitual, un mes y medio de "vacaciones" en el norte de
África en una hacienda de un amigo de su marido, donde había servido como una
esclava más, tan sólo diferenciada por su blanca piel que acabó muy tostada y
curtida por las grandes jornadas al aire y al sol y el tratamiento de las dos
capataces y donde debió rendir tributo a las otras esclavas de la casa como
novata y recién llegada.
De vuelta a casa y tal como se desarrollaban los temas, su
marido decidió, junto con Hans, al que se había asociado como "productores" de
Jana, comprar una casa más discreta.
No obstante la nueva casa, en una urbanización de las afueras
de la ciudad y algo separado de las colindantes no le permitían muchas visitas.
Incluso tenía siempre una túnica larga, por si se veía
sorprendida pro la llamada de alguien o el cartero, algún repartidor, poder
ponérselo encima, y alguna vez se olvidaba de quitarse los grilletes,
planteándose alguna situación embarazosa como ya contaremos.
También alguna tarde-noche o fines de semana venia Hans con
algún otro amigo y entre los tres la azotaban follaban o usaban sin
contemplaciones, pero tratando de no dejarle marcas pues en su trabajo podrían
verlas, aparte de que Jana notaba que había un especial cuidado en no dejarle
señales o tratárselas si en algún momento el entrenamiento se excedía.
Aquel Viernes noche su marido le había dicho que le tenia una
sorpresa, los niños se habían ido a casa de unos familiares, así que tendrían el
fin de semana libre para ellos.
Jana volvía del trabajo, una comida sorpresa con unos
publicistas americanos a la que debió asistir, cerca de las cinco de la tarde,
caminaba como siempre desde la parada del autobús hasta su casa de dos pisos en
una urbanización en una zona residencial.
Como en los últimos días llevaba puesto un cinturón de
castidad que mi marido me hacia poner a veces para ir al trabajo, otras me
ponía un vibrador con mando a distancia y a veces me hacia llevarlo si salíamos
por la noche a algún cine o a cenar y lo activaba de improviso haciéndome pasar
unos ratos humillantes en publico pues la excitación o el calor que sentía me
hacia comportarme de forma extraña.
Ya en el autobús me pareció que aquel chico de unos
veintitantos años, moreno, con ojos negros y profundos y que me miraban aunque
con disimulo, era atractivo y bien vestido, pero nunca lo había visto, así
que me sorprendió que se bajara en la misma parada que yo.
El chico la seguía, y de pronto sintió ponerse en marcha el
vibrador, casi se cae al suelo, pero vio la sonrisa del joven… que debía ser
quien manipulaba dicho artilugio.
Avanzó como pudo hasta la cancela de la casa mientras el
joven la observaba malicioso a unos pasos d distancia, noto como subía la
potencia del vibrador mientras cruzaba la cancela y como su marido la esperaba
sonriente en el porche.
¿Algún problema cariño? Le pregunto. Ella sonrió mientras
aquel vibrador arrancaba un desfallecedor orgasmo de su sexo y se agarró a su
marido exhausta.
La puerta de la cancela se abrió y el joven entró saludando a
su marido con cordialidad, ella se debatía en los últimos coletazos del orgasmo
entre los brazos de su marido. Este la soltó y fue a estrechar efusivamente la
mano del joven.
Hablaron en voz baja mientras miraban a Jana y entonces el
chaval saco el mando a distancia del bolsillo y se lo dio a su marido.
"Buen trabajo, Mohad" le dijo su marido, " imagino que
querrás pasar? Le preguntó sonriendo.
El joven asintió también sonriendo con rostro de satisfacción
"Cómo no mi amigo, seguro que tendrás algo bueno para mí".
Entonces Jana noto el acento árabe del chaval. Su marido la
aparto de la entrada mientras ella aún avergonzada bajaba la cabeza, e invito a
entrar al joven, luego le siguió. Jana se quedo en al puerta sin saber que
hacer. Su marido se volvió.
"Vas a entrar o que?" dijo autoritario, "ponte rápido tus
aperos y prepáranos unas bebidas", se volvió al Jove invitándole a seguir hasta
el salón.
Jana corrió a su habitación. Un cuarto pequeño en el sótano
de la casa junto al garaje donde vivía cuando no estaban sus hijos y había
invitados en casa. El resto del tiempo lo hacia supuestamente de forma normal,
aunque una vez se cerraba el dormitorio conyugal, su lugar era en el suelo a los
pies de la cama matrimonial, salvo que su marido quisiera follarla o le
permitiera dormir en la cama.
Se ducho rápidamente en su pequeña y fría ducha junto a su
celda, y se coloco sus atributos de esclava, sus grilletes, el traje negro de
tirantes que resaltaba sus pechos libres y levantados y dejaba libre su sexo y
nalgas, y retoco con cuidado sus pezones anillados, dándoles un toque de
maquillaje para que parecieran más obscuros como le gustaba a su marido.
Preparo en la cocina las bebidas y en una bandeja las llevo
al salón.
Al entrar en el salón el joven y su marido hablaban
animadamente sentados en el sillón, como una entrenada esclava, Jana se
arrodillo en la puerta del salón con la bandeja en las manos y pidió permiso a
su marido para entrar.
Este el hizo un gesto con la mano y siempre sobre sus
rodillas, la mujer avanzó despacio pero con gran destreza hasta llegar a la mesa
baja donde deposito la bandeja, permaneciendo de rodillas junto a ella.
Su marido preguntó al joven que deseaba y este solicito una
bebida sin alcohol, Jana hizo un gesto a su marido y este la indico que fuera a
la cocina a buscar dicha bebida mientras el se preparaba un whisky.
Jana se colocó a cuatro patas y muy despacio con movimientos
felinos y elegantes salió del salón ante la sorpresa y felicitación a su amo,
del joven.
En la cocina Jana se levantó y tras tomar una pequeña cesta
de plata de una estantería colocó la bebida de limón en su interior y sujetó la
cesta mediante unas cadenas también de plata a sus pezones anillados y con una
tercera cadena alrededor del cuello.
Después se puso nuevamente a cuatro patas y partió hacia el
salón procurando mantenerse erguida para evitar el roce de la bandeja con el
suelo.
La entrada en el salón fue espectacular para el joven ante lo
bien entrenada que estaba la mujer, volviendo a felicitar al marido.
Una vez servidas las bebidas, la joven dejo la bandeja y a
cuatro patas se colocó sumisa a los pie de su marido, este le dio unas
palmaditas en la espalda y le hizo un gesto hacia su invitado.
La joven sin abandonar su postura se movió hacia el joven y
se acurrucó entre sus piernas. Mohad la acarició la cabeza y en un momento
determinado y como si fuera natural se bajo la cremallera del pantalón,
mostrando bajo el slip un duro bulto.
Jana comprendió el deseo del hombre y con la boca apartó con
gran habilidad el slip para liberar aquel vástago, ya muy dilatado de coloro
obscuro que con gran ternura coloco entre sus labios.
"Es magnifica" volvió a decirle el joven al marido, que
asintió con la cabeza.
El marido se levanto hacia la mesa y se preparo un nuevo
whisky mientras ya la boca de Jana empezaba a sacra suspiros de placer de la
boca del muchacho.
Fue largo y laborioso el trabajo bucal, pero sin duda el
joven quería sentirse dentro de la mujer, y vivir en primera persona esa
sensación que su amigo le había contado tantas veces, así que la apartó y se
levanto del sillón con el miembro muy duro y erecto.
"¿Puedo?" dijo mirando al marido. "Por supuesto amigo, por
donde gustes" respondió este levantando el vaso en forma de brindis.
El joven se volvió y haciendo levantar a Jana la hizo apoyar
sobre el sillón brindándole el culo, donde tras darle unas fuertes palmadas, el
enterró sin avisar y de una sola vez aquel miembro.
Jana dio un grito y suspiro, mientras el hombre le enterraba
su aparato sin compasión y empezaba una dura enculada, mientras la sujetaba del
pelo y tiraba hacia atrás, haciéndola mantener con los finos tacones el
equilibrio a duras penas.
Duro mucho aquella cabalgada mientras el marido observaba con
tranquilidad degustando su copa, antes d que el chaval gimiendo con fuerza
dejara su carga de semen en el interior del ano de Jana, que una vez el hombre
se hubo retirado volvió a su posición de perra sumisa, mientras el semen le
salía del ano y chorreaba por sus muslos, y discretamente se retiró hacia la
cocina.
El joven se derrumbo en el sillón.
Pasados unos minutos se levantó y fue al baño.
Llamaron a la puerta y Jana que se encontraba lavándose en el
servicio anexo a la cocina, se secó y esta vez en posición erguida salio para
abrir la puerta.
Pasados unos minutos, volvió Mohad, mientras el marido suya
sentado en el sillón.
"Es una magnifica zorra" dijo Mohad tomando su copa, "sin
duda tienes una joya, y podrás brindar a tus amigos y conocidos muy buenas
sensaciones con ella, aparte de sacarle un buen rendimiento económico"
"Eso espero" dijo el marido. Se volvió hacia la puerta.
"¿Jana?" la llamó.
No obtuvo respuesta, y ambos hombres se dirigieron a la
entrada, la puerta estaba abierta y Jana no estaba, salieron al porche a tiempo
de ver un coche negro que dejaba el sendero de entrada de la casa.
Sonó el teléfono, el marido se volvió y lo cogió "Es momento
de cumplir lo prometido" dijo una voz que el hombre conocía con un ligero acento
africano, pero en perfecto castellano, "le mantendré informado", y colgó.
Mohad miro sorprendido. "ningún problema" habló el hombre
"tenia que suceder, me alegro que la hayas disfrutado, ahora quisiera quedarme
sólo".
Mohad le miro perplejo, pero entendió la sugerencia.
"Oh claro, ya me contarás" hizo además de irse, "pero no le
ha pasado nada, ¿no?"
"No, tranquilo" dijo el hombre "es sólo un compromiso
pendiente".
Mohad le apretó la mano y salio de la casa.
Fuera la noche era algo fresca, el otoño cumplía sus últimos
días.