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TODORELATOS » RELATOS » KAROLINA, VIAJE DE NOVIOS
[ ¿Por qué los momentos buenos son cojonudos y los malos son un coñazo? ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 11-Dic-07 « Anterior | Siguiente » en Confesiones (2279 de 2407)

Karolina, viaje de novios

karol
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Relato en el que se mostró como cornudo consentido mi marido Ernesto. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Carolina

Mi viaje de novios

Hola, me llamo Carolina y tengo 23 años. Soy aficionada a leer los relatos eróticos, me considero una chica muy caliente y ponen mi temperatura muy muy alta.

Mi historia es el relato verídico de unos hechos que me han sucedido en estos últimos meses. He meditado durante semanas, incluso con el relato escrito, si contárosla o no. No me acababa de decidir por miedo a Ernesto, mi marido, no creo que le haga gracia ver publicadas nuestras intimidades, pero, en fin, me he animado a contaros alguna de mis experiencias y he de confesaros una cosa, me excita tanto o más escribir y contaros estos episodios como vivirlos.

Eso sí, debo advertiros que los nombres, tanto el mío como el de mi marido no son verdaderos, creo que con esta prevención será suficiente para que no nos identifiquen como los verdaderos protagonistas de los hechos.

Me casé con Ernesto hace seis meses, es veinte años mayor que yo, bueno 21, el ha cumplido ya los 44. Sé que es una burrada, pero le quiero un montón, es atento, amable, guapo y un gran amante, por si fuera poco esta forradísimo, tanto por su familia como por su trabajo en banca.

Descubrí cuando éramos novios que le gustaba exhibirme delante de otros hombres, pero no le di ninguna importancia. Soy morena, uno setenta y cinco y voy al gimnasio con regularidad, tengo unos pechos justos, ni grandes ni pequeños y mi mejor baza es mi culito, respingón y hermoso. Así que cuando voy a la pelu y me arreglo doy la campanada por donde quiera que vaya. Ya os advertí que soy una chica muy caliente, y ese calor no me abandona. Creerme, me levanto excitada casi todas las mañanas, de forma que es raro que no comience el día aplicándome algún solitario alivio.

Pues bien, como os decía Ernesto me incitaba a vestir provocativa, ropa sexy, medias, tacones, falditas cortas, escotes generosos, vestidos ajustados, ya sabéis. Al principio yo creía que era por disfrutarme, por verme y meterme mano, pero pronto descubrí que además de gozar con estas cosas, su éxtasis lo conseguía cuando otro hombre me miraba. Con el simple hecho de ver como otro chico miraba mis piernas, Ernesto conseguía unas erecciones descomunales que era difícil no advertir.

El pretendía llevarlo en secreto pero era imposible no darse cuenta. Cuando otro chico me miraba las piernas, él con el pretexto de la caricia descuidada, subía mi falda para que el mirón de turno disfrutara con el espectáculo.

En el viaje de luna de miel que hicimos a Brasil, con el pretexto de que era lo que se llevaba allí, me regaló y obligó a lucir varios mini bikinis realmente ridículos, iba prácticamente desnuda por la playa y él sufría de forma casi permanente un crecimiento fálico impresionantemente colosal.

Como quería llevarlo en secreto y a mí no me importaba, decidí hacerme la despistada, dejar que disfrutara con su afición, participar como cómplice inocente en el juego. Además a mi me gustaba también, sin ser consciente del todo descubrí que en mi interior se escondía una exhibicionista. El sentirme acompañada por Ernesto me daba seguridad y el ver su excitación y disfrute me ponían salvaje del todo. Mi chochito se inundaba súbitamente cuando otros me contemplaban, al entreabrirles mis piernas dejado mi culo expuesto a las miradas lascivas o al deslizar el sujetador del mini bikini dejando mi pezoncito fuera.

Luego follábamos como perros en celo, acelerados por las experiencias de la playa.

Mi secreta complicidad envalentonaba a Ernesto que cada vez pretendía mostrarme más y más provocativa con modelitos que me regalaba sin parar cada vez más ajustados y cortos, transparencias, medias de malla, en fin, os podéis imaginar. Yo me sentía una zorrita, pero en contra de lo que pueda parecer me gustaba sentirme así.

Fue en el viaje de novios allí en Brasil cuando sucedió el hecho objeto de este relato.

 

En el hotel donde nos hospedábamos había una orquesta bastante maja, sonaba de maravilla, y tenía un bailarín que amenizaba la música sacando a las chicas a la pista y bailando con ellas. Como parte de la animación en el hotel, aquel bailarín ejercía como profesor, y por las tardes daba clase de baile, merengue, salsa, lambada y sobre todo como es lógico allí, de samba. Desde el primer día nos apuntamos a las clases, a mi me encanta bailar y Ernesto es un de esos pocos hombres a los que se le da bien el tema. Pero había un inconveniente, en las clases había demasiada gente y era difícil disfrutar de las atenciones del profe. Por cierto, un negrazo impresionante, que olía como los ángeles y bailaba de escándalo.

Yo me quejé a Ernesto de que era una pena no tenerle en exclusiva para nosotros y él tardo cinco minutos en cerrar un trato con el negrito. Habló con él y no se que pasta le pondría en el bolsillo, pero a partir de ese día en nuestra suite, a las cinco de la tarde sonaba el timbre de la puerta y Andrés, que así se llamaba, se presentaba con su aparato de música portátil y sus discos para darnos las clases. Cada día nos enseñaba un ritmo distinto, primero enseñaba a Ernesto como mandar los giros y los pasos y luego los bailaba conmigo. Hora y media de ejercicio que yo disfrutaba. Ernesto que me veía gozar insistía en que pasase la mayor parte del tiempo conmigo y yo no le ponía reparos, así que de la hora y media, una entera el negrito era mío. Gozaba del baile, del ritmo, del suave aroma del perfume que usaba Andrés y por que no decirlo de su contacto físico, los latinos son bailes sensuales de complicidad entre los bailarines. Desde el primer día Ernesto insistió en que quería ver como se bailaban en realidad y yo creo que Andrés cogió el mensaje. Poco a poco se arrimaba más a mi, se adhería hasta la fusión de nuestros cuerpos, y yo notaba su musculoso torso contra mis senos, su pierna entre las mías rozando mi rajita y su instrumento que a mi me parecía voluptuoso e inmensamente grande.

En aquellas clases yo descubrí a mi verdadero marido. Supe de manera cierta que era un cornudo consentido. Sentado en el sofá, contemplando como Andrés se pegaba como una lapa a mi cuerpo, tocando indisimuladamente su erección bajo los pantalones. Pero también descubrí a la verdadera Carolina, excitada como una putita bajo el contacto con el cuerpo musculoso y negro, y la mirada cachonda de mi marido.

El tercer día Andrés nos avisó de que al día siguiente nos enseñaría la bachata, por si no lo sabéis os diré que es un baile que se baila muy agarradito. Ernesto me dijo que me pusiera el vestido blanco para la clase, hizo un chiste fácil diciendo que contrastaría en la bachata contra la piel negra de Andrés. Si os cuento como es el vestido blanco o mejor si lo vierais sobre mi cuerpo moreno os daríais cuenta de que solo esa invitación es una declaración de intenciones.

Es un modelo corto hasta la exageración que yo me he negado a ponerme para salir. Es increíble, con estornudar se me ve el culo. Pero además es de gasa tan ligera que se me transparenta todo, y cuando digo todo es todo. Más parece un salto de cama que un vestido y lo peor es el escote, abierto y suelto, me llega al ombliguito y me obliga a hacer verdaderos malabares para mantener las tetas dentro.

Estaba excitada con la idea y cuando Ernesto me lo dijo y me guiñó el ojo, mi excitación creció aún más. No puse reparo alguno, la zorra que anida en mi interior dijo sí antes de que nada sucediera.

Sentí mi almejita húmedamente calida y palpitante según me vestía frente al espejo. Rebusqué en el cajón hasta encontrar el tanga más minúsculo, uno negro que se viese bajo mi vestidito. ¡Joder!, no lo pude evitar, metí mi mano bajo el tanga y mi dedo entró, rozando mi botoncito entre mis labios íntimos, estaba inundada como una perra en celo. Jugueteé unos segundos y las palpitaciones de mi cueva parecían tener vida propia. No quise llegar al orgasmo así que lo dejé y salí al salón.

¡Qué puta me sentía!, no había hecho falta hablarlo con Ernesto, él lo sabía y yo también. Y lo peor, o lo mejor es que me gustaba, lo que fuese a suceder me gustaba, fuese lo que fuese.

Ernesto me vio entrar y supo también que la resolución era firme, se había dictado sentencia. Me dijo que estaba hermosísima y al besar mis labios, en el abrazo, deslizo sus dedos a mi coño que rezumaba húmedas emociones. Al separarse de mi me miró a los ojos y me dedico una sonrisa de profundo agradecimiento. Sin decir una sola palabra nos comprendimos.

Cuando sonó el timbre de la suite, casi me desmayo. Y Andrés al entrar casi se cae de espaldas. La verdad es que lucía como la puta mas bella de Brasil. El hielo lo rompió Ernesto. "Hoy le vas a dar la clase sólo para ella. A mi no me gusta la bachata", le dijo a Andrés y enseguida comenzó a sonar la música. A través de un espejo pude ver como Ernesto le guiñaba un ojo a Andrés e inmediatamente una de sus manos se posó dulce sobre la gasa en mi contundente trasero presionándome hacia él. Lo que yo creía un pene enorme resulto ser solo el esbozo de lo que se convirtió en pocos segundos. Contra mi vientre se desplegó un mástil de dureza férrea y sin mediar palabra su boca se fundió con la mía, su lengua me penetró cual serpiente jugando con mi lengua, todo al ritmo de la música, y yo borracha de placer y excitación, abandonada dejándome llevar por aquel negro inmenso y lascivo.

Andrés era un artista y como tal actuó. Me dio la vuelta y me enfrentó a Ernesto, yo creo que no era la primera vez que le invitaban a un convite similar. Me agarró por detrás y al ritmo de un bolero suave comenzó a sobar mis pechos y mi coñito. Yo miraba a Ernesto con su pene fuera masturbarse lentamente ensalivando sus dedos, mientras los de Andrés entraban bajo mi tanga y me follaban el coño y el culo. ¡Qué gozo!, apenas sin darme cuenta me encontré en el sofá tumbada, enfundando entre mis labios la polla de mi marido, jugueteando con su glande, haciendo lo que mejor se me da, lo mejor que se hacer, una buena mamada. Y todo con el ritmo de las envestidas de Andrés por detrás, poseída por los dos falos, creí enloquecer de placer.

Andrés me azotaba suavemente y me susurraba con su acento brasileño, "¡guarra!" "¡guarra!".

No pude ni supe contener dos orgasmos en menos de diez minutos. Grité de placer y Ernesto se derrumbó tras el orgasmo más bestial que le había visto. Ese fue el primero.

Andrés aguantó más, me tiró en la alfombra, boca abajo, metió su dedo en mi culo y lo escupió, detrás vino su pene inmenso y duro. Menos mal que me había lubricado. Deslice mi mano a mi almejita y masturbé mi clítoris mientras Andrés follaba mi culo. Mi cara contra la moqueta de lujo. Aun con el vestido puesto.

"Voy a correrme en tus tetas, date la vuelta". Me dijo mi negro, yo ya me había corrido por segunda vez. Un chorro de esperma inundó el escote y corrió como una catarata entre mis senos hasta mi ombligo.

Nos metimos los tres en el yacusi de la suite. Bebimos champán y reímos.

 

PDT. No aprendí a bailar bachata.

TodoRelatos.com © karol

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