MI ALUMNO AVENTAJADO
La última llamada por los altavoces avisaba del retraso del
avión en casi dos horas. Y eso era lo último que me faltaba. Si no estaba
bastante cabreada por quedar fuera del nuevo proyecto de investigación en el que
estaba metida día y noche, mi jefe me había hecho la simpática gracia de tener
que cuidar de un niñato procedente de México que se iba a tirar quince días en
España a mi cargo asignado como alumno de un proyecto de videotelefonía.
Desgraciadamente ya había pasado por eso de tener que
aguantar a un inexperto alumno, explicándole una y mil veces cada cosa
detalladamente, para que se llevase unos buenos apuntes de un trabajo que a mí
me había costado años de trabajo y para colmo interfiriendo en mi día a día y
mis otras muchas ocupaciones personales.
Ahora, además, me tocaba esperar el retraso de aquel avión,
algo que me ponía a cien y luego tener que mostrarme simpática y amable con ese
mexicano, sobretodo para no deteriorar nuestras buenas relaciones con las
empresas de aquel país, involucradas en el proyecto con varios millones de
dólares de por medio.
Después de la tortuosa espera, acudí a la pasarela de
llegadas internacionales con un cartelito entre mis manos que rezaba: "Alumno
Félix Bolaños" y debajo el nombre de mi empresa. Fueron pasando todos los
pasajeros que me parecieron miles y cada cara de jovenzuelo que iba pasando
parecía ser mi "invitado", pero el tal Félix no aparecía. Justo en el momento en
que me disponía a darme la vuelta, más irritada todavía de lo que estaba, al
fondo del pasillo apareció la imagen de un joven que corriendo se acercaba con
una bolsa al hombro. Al verle me quedé atontada, pues no podía creer lo que
veían mis ojos. A medida que aquel chico se aproximaba, más impresionada me
quedaba. Debía tener unos veinte años, moreno, peinado hacia atrás y marcando
una musculatura divina, bajo una ajustada camiseta y unos vaqueros gastados.
¡Qué pedazo de tío! Se puso a mi altura haciéndome olvidar de todos mis males y
dejándome en mis pensamientos una frase que se repetía en mi cabeza: "que bueno
está el chaval… ay… te hacía un favor que no veas…".
Pero mi sorpresa no quedó ahí, ya que se me acercó y leyendo
mi cartel sonriente me dijo:
Perdona… soy yo…
Me quedé con la boca abierta y sin poder articular palabra.
Hola… - repitió él, esta vez clavando sus ojos negros
en los míos – digo que… Félix soy yo… supongo que tú eres Lydia, mi
tutora.
Sí, esto… yo… esperaba….
Perdona mi retraso… bueno el del avión no ha sido
culpa mía… pero el mío es que perdí mi pasaporte y al fin lo encontré…
esto, bueno, te estoy tuteando espero no molestarte…
No, claro… encantada – añadí dándole dos besos y la
mano cordialmente a la que él se aferró con suavidad y firmeza al mismo
tiempo.
La verdad, Lydia, no te imaginaba así…
¿Así? ¿Cómo?
Perdona de nuevo, quiero decir que no pensé que
fueras tan joven y bonita, me imaginaba una ingeniera de mediana edad,
no sé me había hecho otra idea...
No sabía que decir ante aquellas amables palabras pero lo
cierto es que a mí me había pasado exactamente lo mismo, no imaginaba que aquel
chico guapísimo pudiera ser mi alumno, pero es que además parecía
simpatiquísimo.
Yo tampoco imaginé que fueras así…
Oh vaya, ¿quizás más mayor?
No, al contrario, pensé que serías un adolescente…
hasta ahora todos los alumnos que nos han enviado eran de quinto o sexto
semestre y tú… ¿tienes…?
22 años. Sí, antes enviaban a muchachos inexpertos,
pero me han elegido para cooperar en una gran empresa, que supongo es la
tuya, por eso te habrás sorprendido.
Entiendo.
¿Y tú?... ¿Cuántos? Vaya, otra vez de preguntón,
perdona Lydia… si no es indiscreción.
No, no me importa, tengo 35.
Que bien, la mejor edad para una mujer. – añadió.
¿La mejor?
Sí, dicen que las treintañeras son las que mejor
disfrutan de la vida: de belleza, de conocimientos y de todo… Es la edad
ideal.
No podía evitar mirarle la boca mientras me hablaba, aquellos
labios que pedían a gritos ser devorados, aquellos dientes blancos y perfectos…
aderezados con aquel cuerpo, esos brazos musculosos que con la tensión de su
bolsa sobre su hombro parecían más robustos, unos ojos impresionantes… es decir
todo.
Antes que nada Lydia, quisiera darte un regalo.
¿Cómo? ¿Un regalo?
Metió la mano en el bolsillo de sus jeans ajustados y al
hacerlo mi mirada se dirigió automáticamente a su paquete, algo que parecía ser
igualmente robusto. Sacó un pequeño colgante con un Halcón plateado.
Verás, esta es la mascota de mi facultad, me gustaría
regalártelo.
Pero, no hacía falta…
Por las molestias ¿Ok?
Aquel detalle me encantó, bueno y todo él... A partir de ese
momento todos mis males y mis cabreos desaparecieron por completo, sintiéndome
contenta por la llegada de tan adorable alumno.
Félix, ¿Ya tienes alguna reserva de hotel? – le
pregunté.
Oh, no gracias Lydia, pero tengo unos amigos aquí en
Madrid, me quedaré en su casa.
De acuerdo, te llevo en mi coche.
Durante el trayecto seguimos conversando de muchas cosas y
nos metimos en pleno atasco de Madrid a una hora punta y casi me alegré por ese
hecho para poder estar más tiempo junto a ese chico simpático, guapo y hablador
que de vez en cuando me regalaba algún piropo maravilloso.
Que suerte tengo de tener una profesora tan linda.
Además pareces muy inteligente, seguro que voy a aprender mucho contigo.
Gracias, Félix, me vas a sonrojar.
Es la verdad. – sentenció.
¿Sabes? Tenía ciertas ideas preconcebidas sobre los
mexicanos.
¿Ah y como somos, según tú?
No, ya veo que muy distintos a como creía. No sé, tu
forma de hablar y de expresarte, casi sin acento, digamos que pareces un
mexicano españolizado…jeje. Me había idealizado que físicamente eras de
otra manera y siempre pensé que erais algo machistas… en fin muy
distinto a la realidad.
Bueno, lo del lenguaje que uso y el acento puede que
sea porque tengo muchos amigos españoles y me resulta fácil expresarme
como ustedes. Lo del físico lo tomo como un halago, supongo… y lo de
machistas es cierto, desgraciadamente lo somos mucho, pero poco a poco
vamos cambiando. Los más jóvenes, desde luego pensamos muy diferente a
nuestros viejos.
El viaje era largo hasta llegar al chalet de sus amigos que
estaba al otro lado de la ciudad y sin embargo no me importó seguir a su lado
tanto tiempo, vamos, que en realidad se me hizo corto.
Hemos tardado un poco ¿no? – le dije cuando se apeaba
del coche.
Estoy acostumbrado a mi México, pero bueno, yo me
manejo mejor en moto.
Que bien, pero a mí me dan un poco de miedo.
Eso porque no lo probaste conmigo.
Aquella invitación sonaba sugerente pensando que ojalá se
pudiera cumplir, pues abrazarme a aquel cuerpo debía ser delicioso. Nos
despedimos y quedamos para el día siguiente con el fin de recogerle para visitar
nuestra empresa y comenzar la enseñanza.
No pude quitarme de la cabeza en todo el día la imagen de
aquel chico tan guapo, caballeroso y simpático: Todo un diamante mexicano. A la
mañana siguiente pasé a recogerle a la hora que habíamos convenido. Su camisa de
manga corta mostraba de nuevo aquellos brazos fornidos que deseaba me abrazaran
continuamente. Llevaba una carpeta y siempre su perfecta sonrisa. Después de
saludarnos con dos besos, momento que aproveché para acercarme algo más a su
cuerpo y sentir con el roce de mis tetas su pecho duro, nos dirigimos a las
oficinas de mi empresa.
Le estuve mostrando las instalaciones y algunos proyectos
pendientes. Él no dejaba de tomar nota de cada cosa que le iba enseñando y de
paso fijándose en el canalillo del escote de mi blusa que yo había elegido bien
ajustada precisamente pensando en él, lo mismo que la minifalda, más corta de lo
habitual, no pasándole por alto cada detalle, ya que sus ojos se iban
inconscientemente a mis piernas en más de una ocasión, algo que me hizo
mostrarme todavía más sensual que nunca. Después de todos los aspectos técnicos
y tras visitar el laboratorio de investigación de nuestro nuevo videotelefóno,
nos dirigimos al comedor de la empresa para almorzar juntos e intercambiar las
primeras impresiones. La charla fue muy animada durante la comida y creo que a
partir de ese momento fuimos tomando una confianza mutua, como si nos
conociéramos de toda la vida. Al final Félix me comentó:
¿Sabes Lydia? Estoy pensando en los pocos días que me
quedan y ya me estoy poniendo triste.
¿Por qué Félix? Aun te quedan 14 días.
Por ti. Me siento tan a gusto contigo…
Gracias, yo también… es una pena que solo puedas
quedarte dos semanas, seguro que nos conoceríamos mucho más.
Él se quedó un poco pensativo con aquella frase mía y yo
misma también por haberla pronunciado casi inconscientemente.
A lo largo de los siguientes días, la atracción que sentía
por Félix se acrecentó, porque ya no me limitaba a verle como a un chico guapo y
simpático, sino como a un deseo intenso al que mi cuerpo no podía resistirse.
Precisamente mi novio me había notado algo rara en esos días y le dije que era
por culpa del trabajo, ya que evidentemente no podía comentarle lo tremendamente
cautivada que me sentía por aquel guapo mexicano y como me calentaba nada más
verle.
Una mañana llegó Félix más pronto de lo normal a la empresa.
Me alegré de verle, pero más al ver su cara cuando quería darme una sorpresa:
Ven Lydia, corre… - me decía tirando de mí hacia la
calle.
Pero… ¿Félix? ¿Dónde me llevas?
Ya verás… es tu sueño…
Al llegar a la puerta principal y bajar las escaleras me
mostró frente a nosotros, una moto de gran cilindrada en el aparcamiento.
¿Y esto? – pregunté intrigada.
¿No me habías dicho que nunca habías montado en una
moto a gran velocidad?
Pero ¿Es tuya?
No, me la prestaron mis amigos de acá. ¿Vamos? – dijo
ofreciéndome un casco integral y poniéndose él otro.
Pero… Félix…
¿Qué ocurre? ¿No te gusta la idea? ¿No confías en mí?
Si, pero es que estoy con minifalda y…
Y preciosa además… eres un bombón.
Pero no podré…
Mira por eso no te preocupes: Con el casco nadie
podrá reconocerte y yo estaré más que orgulloso de llevar a una bonita
rubia en minifalda para envidia de todos los que te admiren… ¿qué más
pedir?
Le hice caso, me enfundé el casco integral y me subí a la
parte de atrás de aquella enorme moto. Naturalmente al hacerlo la minifalda hizo
que mis piernas se mostraran aun más al subirse la prenda y tuve que apretarlas
contra el cuerpo de mi atractivo estudiante que agradeció aquello con una
pequeña palmadita en mi muslo. Eso me gustó mucho y apoyando mi pecho en su
espalda y mis manos en su cintura salimos disparados de aquel aparcamiento
recorriendo la ciudad en esa moto en una sensación nueva para mí y muy agradable
por cierto. Además de vivir la velocidad y de sentirme segura con un buen piloto
que la manejaba, la sensación de estar apretada contra él, más que nunca, me
proporcionaba un placer especial… notaba como se endurecían mis pezones a medida
que esa unión se hacía más palpable.
Al llegar a uno de los cruces de la ciudad, un grupo de
hombres que estaba trabajando en el cuidado de un jardín dejaron sus labores,
para observarnos. Al principio pensé que era por la propia moto, pero me di
cuenta que mis piernas llamaban mucho más la atención y eso, evidentemente, me
ponía aun más cachonda.
En otro de los semáforos que hay junto a la zona de oficinas,
había una terraza de un bar donde sabía que iba frecuentemente a desayunar mi
novio. Al acercarnos mi corazón palpitaba muy deprisa, pensando que cuando nos
viera pudiera reconocerme y esperarme un disgusto con sus enormes celos. ¡Allí
estaba! Al verle me quedé paralizada, pero justo al pasar a su lado, comprobé
que no me había reconocido ya que me lanzó un beso como si fuera dirigido a una
chica rubia cualquiera que se le quedaba mirando desde una moto y no que fuera
su propia novia la que se ocultaba bajo un casco integral. Eso era una sensación
super morbosa que añadía un calorcito que aumentaba en mi cuerpo hasta notar
como mi sexo se iba humedeciendo sin parar.
Bueno Lydia, dime ¿qué te ha parecido? – me preguntó
Felix cuando terminamos el viaje al tiempo que ayudaba a bajarme de
aquella motocicleta.
Ha sido fantástico.
¿Ves? Nadie pudo reconocerte.
Ya lo creo, ni tan siquiera mi novio.
¿Tu novio?
Sí, era uno de los chicos que estaba en la terraza de
aquel bar.
Oh, vaya… ni te conoce el tipo. – contestó riendo.
La verdad es que ha sido excitante.
¿Ah si?, pues no es nada comparado con hacerlo
desnudos.
¿Cómo? ¿Desnudos?
Si… acuérdate que nadie te reconoce. Yo lo hice
varias veces en mi facultad allá en México y no hay nada comparado a
eso, es tan excitante que deseas repetirlo una y mil veces.
Pero Félix… ¿Sin nada de ropa?
Claro, es divertido, todo el mundo se te queda
observando ¿te das cuenta? Bueno nunca lo hice acompañado de una
preciosa rubia como tú… si quisieras…
Félix estás loco. – contesté ruborizada, pero
pensando en el fondo de esa posibilidad, algo que me ponía más caliente,
imaginando lo prohibido, lo alocado del tema.
Los siguientes días seguimos trabajando en el proyecto de
telefonía audiovisual y lo cierto es que Félix era un alumno muy aventajado,
porque no solo aprendía rápido, sino que además aportaba ideas muy inteligentes
a todo el trabajo y sugerencias muy a tener en cuenta. Sin embargo, lo que a mi
me rondaba la cabeza era imaginarme desnuda en aquella moto, solo con el casco
puesto y abrazada a Félix y percibiendo el contacto de nuestros dos cuerpos sin
ningún tipo de ropa de por medio.
Una mañana me sentí muy lanzada y llevé al trabajo un
pantalón blanco muy ajustado y debajo un tanga. Tal y como esperaba Félix se
quedó impresionado al verme.
Guauuu Lydia, que pantalón, estás increíblemente
hermosa.
Gracias ¿Te gusta? ¿No se me nota el tanga? – le hice
la pregunta con toda la maldad del mundo para que se fijara bien,
pasando mis manos por las caderas.
Sin responder me hizo girar sobre mi misma y a continuación
se puso a palpar mis caderas buscando esa costura que pudiera distinguirse bajo
el pantalón. Después, ni corto ni perezoso comenzó a sobarme el culo, primero
suavemente pero más fuerte después. Me tuve que agarrar a una silla para no
caerme del gusto que me estaba suministrando. Cerré los ojos sintiendo como
aquellas perversas manos me sobaban el culo y de mi garganta salía un pequeño
gemido. El cuerpo de Félix se pegó detrás del mío notando como la dureza de su
polla se ubicaba entre mis glúteos de aquel ceñido pantalón.
Vaya culito Lydia, debe hacer maravillas a tu novio.
Gracias. – respondí sonriente a su piropo pensando si
se refería a que hubiera tenido relaciones anales con mi chico, algo que
me había rogado en innumerables ocasiones y a lo que siempre me había
negado rotundamente.
Lydia, estoy desesperado… Llevo casi diez días aquí y
no puedo contenerme… - me decía pegando su boca a mi oreja. Ese culo me
tiene trastornado…
Félix… no puede ser… tengo novio y… mmmm….
¿Y que importa? Te deseo Lydia…
Félix no, por favor… - repetía yo cuando sus dedos
pasaron de mis caderas a la parte de delante y comenzaron a acariciar mi
chochito por encima de la tela de mi pantalón. En ese momento creí
morirme de gusto.
Lydia como me gustas… te deseo más que a nada en el
mundo. – repetía en mi oído a modo de susurro.
Aquello era superior a mí, no podía aguantar de sentir sus
dedos jugando entre mis muslos y haciéndolo con gran pericia. Sin embargo
intenté poner un poco de orden a todo aquello, pensando en mi novio, separé la
mano de mi entrepierna que tanto placer me estaba aportando:
Félix, no por favor… perdóname…
Él me sonrió y entendió perfectamente por mi cara la
situación tan complicada en la que me encontraba.
No, la que debes perdonarme eres tú. Me dejé llevar…
creo que he sido muy desconsiderado y no quise molestarte…
No le dejé acabar la frase.
¿Molestarme?... Félix, me ha encantado. Sentí un
placer tremendo y… me gustas mucho… pero es que mi novio…
Vaya – contestó algo sorprendido - ¿Yo te gusto?
Por supuesto Félix. Eres un encanto y además estás
buenísimo y…
¿Ah siii? Dime, dime…
Bueno, cuando noté en mi culo la dureza esa de ahí,
pues… sentí algo extraño y placentero. Pero yo estoy comprometida y…
comprende…
No tienes por qué disculparte preciosa, lo entiendo
perfectamente.
Además de ser tantas cosas, demostró ser un caballero muy
sensato y muy amable en una situación embarazosa para mi, a pesar de que lo que
más deseaba en ese momento era que me siguiera metiendo mano y sentir esa polla
alojada en otro lugar… follar con aquel mexicano que me hechizaba con aquellos
ojos debía ser increíble, con solo imaginarlo me humedecía entera.
Eres un cielo Félix – le dije percibiendo el gran
bulto que se le había formado bajo el pantalón… más grande de lo normal.
Dios como me ponía ese tío, estaba hecha un lío…
Gracias pero es que imaginé ese culito precioso y… no
pude resistirme a la tentación…
¿Qué imaginaste?
Pues que tu novio tendrá todo un maravilloso regalo
con él, cuanto le envidio en todos los aspectos. Es un tipo con suerte.
Entendí que Félix se refería nuevamente a que mi novio había
conseguido perforar mi agujerito posterior.
Bueno, Félix, ¿Te puedo contar un secreto?
Sí, claro.
Pues que yo no…
¿Tú no qué?
Ante mi silencio se me quedó mirando fijamente incrédulo de
lo que le contaba, para intentar aclararlo con una pregunta:
¿Quieres decir que aun no has probado…?
Pues no, el culito lo tengo virgen, sí.
Oh, vaya.
¿Te sorprende?
En cierto modo sí, pero no pasa nada.
Sospechaba que Félix debía ser todo un experto en el tema en
el que yo andaba pez y que yo lo consideraba un tema tabú, mientras él hablaba
con tanta naturalidad.
Félix, siento haberte provocado de alguna manera y…
no sé como compensarte, me siento mal…
Para nada mujer, la culpa ha sido mía. ¿Qué tal si
cenamos juntos mañana y nos olvidamos de todo?
¿Mañana por la noche..? Bueno claro, al fin y al cabo
te quedan dos días. ¿Dónde te gustaría ir?
A tu casa, si me invitas, claro...
¿Pero…? – pregunté algo desorientada.
Sí, tengo ganas de conocer a tu novio, ese que tiene
la suerte de tenerte en exclusividad, debe ser un tipo con mucha suerte.
Le envidio, sinceramente y tengo ganas de conocerle.
No pude negarme y entendí que tampoco tenía importancia que
fuera a cenar a casa para presentarle a mi chico a pesar de que este se pudiera
sentir algo celoso, pero incluso aquella idea también me atraía.
Si me hicieras otro regalo sería el hombre más feliz
del mundo – añadió a continuación aquel mexicano tan atractivo y
seductor.
Claro, si está en mi mano… lo que quieras. - contesté
segura.
Pues que me acompañes de nuevo en mi moto.
Bueno, eso será un placer. Me encantó la otra vez.
Pero ahora sería de una forma especial… ¡Desnuda!
¿Cómo? – pregunté alarmada abriendo mis ojos como
platos.
Sí Lydia… ¿Recuerdas lo excitante que te resultó el
otro viaje? Nadie te podrá conocer, con el casco quedarás en el
anonimato y en cambio será muy divertido…
Pero Félix eso no puede ser… Yo no puedo… Desnuda
contigo…
Está bien, está bien… Hagamos una apuesta.
¿De qué tipo?
Si consigo terminar el proyecto que hemos comenzado
antes de mañana y reducir su presupuesto en al menos un 40% ¿Lo harías?
¿Irías desnuda en mi moto?
Sabía que aquello era materialmente imposible. Primero porque
el proyecto conjunto estaba muy poco avanzado y a pesar de que él fuera un
alumno tan destacado, no tendría tiempo suficiente ni conocimientos para
cerrarlo en un solo día. Pero lo más absurdo era acabar con un presupuesto más
bajo, pues los costes estaban ajustadísimos.
De acuerdo. Acepto la apuesta. – Contesté sonriente y
segura que aquello era más que ilógico.
Entonces quedamos que si cumplo mi parte irás desnuda
conmigo en la moto…
No podía creérmelo, pero el solo hecho de pensarlo me
excitaba muchísimo, tanto, que deseaba que pudiera cumplir esa apuesta tan
complicada y poder ir desnuda junto con Félix en aquella moto a gran velocidad.
La idea era alocada, atrevida, morbosa y muy atrayente.
Bueno… y si no cumples tu parte ¿Qué gano yo? –
pregunté.
Lydia, estoy muy seguro de que voy a ganar ese reto,
pero si pierdo, el que paseará desnudo en la moto seré yo.
La idea también me seducía, porque de todas, todas, la
ganadora era yo, porque aun perdiendo, podría desnudarme ante él, algo que
soñaba con poder hacer y ganando, poder verle desnudo sería como un sueño para
mi. Durante toda la tarde y la noche estuve observando sus movimientos en la
mesa de trabajo, en el laboratorio, en la biblioteca, desesperado por terminar
con aquel proyecto y desde luego con su apuesta. Me divertía aquello y el final
que se avecinaba me ponía muy nerviosa. Me fui a casa y él se quedó toda la
noche trabajando. Me costó mucho conciliar el sueño, pues no dejaba de
preguntarme si Félix sería capaz o no de cumplir con su parte y de saber qué
pasaría finalmente con el envite.
A la mañana siguiente Félix me esperaba sonriente en mi
despacho. Un escalofrío recorrió mi cuerpo imaginando verme desnuda ante él,
pensando que hubiera conseguido el objetivo.
Hola preciosa. – me saludó sonriente.
Hola Félix… ¿Cómo te ha ido? – pregunté nerviosa,
excitada e intrigada.
Pues compruébalo tú misma.
Eché un vistazo a todo el informe que tenía sobre mi mesa y
pude contemplar todos los avances que había conseguido con el nuevo proyecto y
había logrado adelantarlo casi por completo, incluso en su presupuesto,
reduciendo considerablemente la parte más costosa… sin embargo no llegó a los
términos de la apuesta. Me quedé mirando fijamente a aquellos ojos que tanto me
irradiaban y le sonreí diciendo:
Creo que has perdido.
Sí, casi lo consigo, pero no he llegado… es una
lástima. De todos modos cumpliré mi apuesta e iré desnudo como te había
prometido.
En parte me sentí bien porque no era yo la que tenía que ir
desnuda, algo que en parte me daba muchísima vergüenza, pero por otro me
arrepentía, pues creo que ese hecho podía haber resultado morboso y excitante… y
posiblemente una oportunidad única en mi vida.
Llegamos al garaje donde tenía aparcada su moto y junto a
ella comenzó a despojarse de toda la ropa delante de mis narices, en un sueño
hecho realidad: mi guapísimo alumno haciéndome todo un show, para mí solita. Aun
viéndolo con mis propios ojos, no alcanzaba a creérmelo.
Primero se quitó la camisa blanca, botón a botón, hasta
mostrarme un poderoso y musculoso torso. Después su pantalón dejando a la vista
unos boxer blancos ajustados. Por un momento dudé que se atreviera a continuar,
pero lo hizo y se los bajó, revelándome un cuerpo de impresión, tal y como vino
al mundo. No me lo podía creer… Miré a sus ojos y le sonreí agradecida. A
continuación mi vista se fue moviendo lentamente por cada centímetro de su
cuerpo, observando sus fuertes hombros, sus potentes brazos y aquellos
abdominales marcados. Para rematar su miembro parecía llamarme a pesar de
encontrarse en reposo, pero me pareció grandioso… Que cuerpo más bien formado,
que excitación sentía todo mi cuerpo, desde mis duros pezones hasta mi chochito
que palpitaba jubiloso.
Bueno Lydia, ¿Qué tal? Cumplí mi apuesta… ¿No lo
creías? ¿Qué te parece? – me preguntó girando sobre sí, mostrándome sin
pudor su cuerpo desnudo y dejándome sin habla.
Yo… Creo… Me parece que tienes un cuerpo precioso. –
fue lo que salió por mi boca.
Gracias, la lástima es que no haya sido yo el ganador
de la apuesta, jeje… Me hubiera encantado estar en tu situación.
No sé de donde saqué fuerzas y donde metí mi timidez, pero de
algún modo necesitaba hacerlo:
Félix, no te quedarás con las ganas… tu apuesta ha
estado muy cerca, en cierto modo yo también estoy en deuda contigo.
A continuación ante su asombro y el mío propio, fui yo la que
se fue despojando de la ropa. Primero la camiseta, sacándola por mi cabeza y
exponiéndole un sujetador negro de encaje. Luego mis vaqueros lentamente a lo
largo de mis piernas. Por un momento miré a los ojos de Félix que brillaban sin
duda por la emoción y la sorpresa. Me saqué el sostén, dejando a la vista mis
tetas para su disfrute y el mío también pues el hecho de hacerlo me calentaba un
montón. A continuación fue mi tanga el que fue bajando por mis piernas hasta
quedarme en pelotas ante mi atractivo alumno mexicano. Aun no sé como me atreví
a hacerlo.
Cuando alcé la vista sus ojos no solo brillaban sino que
deslumbraban, pero aun más su polla que se había levantado instintivamente ante
mi improvisado streaptease.
Ya estamos igual. – dije con mis manos en mis caderas
de modo desafiante.
¡Que preciosa eres! – me dijo.
Me sentía en parte algo avergonzada y sorprendida de mi
atrevimiento, sin embargo la excitación era tan grande que no me incomodaba para
nada mostrarme así, sin pudor alguno delante de Félix.
Veo que te he puesto algo nervioso – le comenté
sonriente y señalando la erección que parecía no detenerse,
prácticamente apuntando al techo.
Cualquiera no se pone nervioso contigo.
Bueno, ¿Vámos? Añadí decidida y cogiendo uno de los
cascos en disposición de recorrer algunas calles de aquella manera tan
inusual.
¿Estas segura de hacerlo, Lydia?
Completamente.
Félix me hizo un recorrido por todo el cuerpo con su mirada,
lo mismo que yo al suyo. Seguidamente se subió a la moto llevando como única
prenda su casco obligatorio. Me apoyé en su hombro y me subí tras él.
Inevitablemente nuestros cuerpos quedaron pegados y mil sensaciones me
asaltaron. Todas ellas convertían el ambiente en enormemente morboso. Mis tetas
se pegaron a su espalda y el hecho de sentirla así directamente rozándome
provocó que mis pezones se endurecieran. Mi ombligo quedaba a la altura del
comienzo de sus posaderas y notaba el calor que desprendían sobre mi sexo que
también estaba al rojo vivo. Para colmo me agarré a su cintura para sentir aun
más ese contacto de nuestros cuerpos desnudos. Los dos suspiramos a la vez ante
esa sensación. Era todo increíble.
En cuanto la moto arrancó mi cuerpo se pegó aun más al de
Félix. Estábamos piel contra piel en una sensación tan extraña como
asombrosamente excitante. Me encantaba sentirle adherido a mi cuerpo. Notar su
espalda contra mis tetas y que estas le rozaran con el movimiento. Saber además
que estaba con su polla completamente erecta provocaba que mis pezones también
lo estuvieran. Coloqué mis manos sobre su pubis, sabiendo que su hermosa verga
estaba cerca de mí.
La moto recorrió algunas calles cercanas a la zona de mi
trabajo y evidentemente nadie podía reconocerme, pues el casco ocultaba mi
rostro, aunque mi pelo saliera ligeramente por debajo. Saberme anónima con mi
desnudez y que la gente se quedara boquiabierta me ponía como una moto, nunca
mejor dicho...
¿Que tal vas Lydia? – Me preguntó Félix.
Muy bien, muy bien… Esto es tan morboso…
¿A que si?
Todos se paraban a vernos pasar. Desde luego la imagen de una
moto con una pareja desnuda es algo insólito y eso les asombraba e imagino que
también les excitaba. La mezcla de exhibicionismo que estábamos dando, el miedo,
el morbo, la locura… todo junto era superdivertido.
Solo dimos unas vueltas, pues no queríamos que la policía nos
detuviera por escándalo público, pero fue el tiempo suficiente para sentir
tantas cosas que es una experiencia inolvidable. Al bajarnos de la moto nos
volvimos a observar el uno al otro, como queriendo captar esa última imagen,
desnudos uno frente al otro. Nos quitamos los cascos y permanecimos así,
mirándonos en silencio durante unos segundos. Me invitó a que me girara sobre mi
misma, quería verme desde todas las posiciones.
- Me encantas – dijo sonriendo.
Después se abrazó a mí, percibiendo de nuevo su calor y su
polla dura pegándose contra mi abdomen.
Gracias Lydia. Ha sido maravilloso. – me dijo dándome
un pequeño beso en los labios.
Gracias a ti – le contesté devolviéndoselo.
Nos vestimos en silencio, soltándonos alguna sonrisa cómplice
de vez en cuando, sabiendo que estábamos completamente locos, pero eso nos había
divertido tanto… y sobretodo: nos había provocado un placer mutuo sin igual…
Ninguno avanzamos más allá que aquellos roces, aquel abrazo y
aquel beso, pero estaba segura que los dos hubiéramos deseado llegar más lejos y
convertirlo en algo mucho más intenso y duradero. Todas esas sensaciones, aun
siendo deliciosas, se quedaban a las puertas de lo que los dos anhelábamos,
terminar lo que habíamos empezado, pero ninguno dábamos el paso. Mi freno era
sin duda mi novio y hubiera deseado que Félix no tuviera tantos reparos como yo
para que se lanzase sobre mí, sin embargo el hecho de que fuera tan correcto y
educado, yo creo que aun me ponía más fogosa.
Por mi cabeza pasaba la idea de olvidarme de mi novio y de
todo… sentir la preciosa polla de Félix entre mis dedos, tenerla en mi boca y
follar con ese chico… Era más que una obsesión desde que había llegado.
Lamentablemente la imagen de mi novio volvía a aparecer en mi mente cada vez que
lo pensaba.
Bueno Lydia, todavía no me creo que hayamos hecho
esto. – me dijo.
Yo tampoco Félix, es una locura, pero no me
arrepiento.
Entonces, ¿quedamos para una cena tu novio, tú y yo?
Claro, te quedan dos días y hay que darte una buena
despedida. – le decía yo pensando en el buen repaso que le daría yo pero
de otra manera.
Yo llevo el vino. – añadió despidiéndose con dos
besos, una vez que nos vestimos, sin darle ninguna importancia como si
nada hubiera pasado.
Al día siguiente como estaba previsto, Félix acudió a casa y
yo le conté a Carlos, mi novio, que se trataba de mi alumno y que se marchaba al
día siguiente, sin saber todavía si se sentiría celoso, pero al fin y al cabo
sabía que me complacería y tendría el buen detalle de atenderle como anfitrión.
Me puse un vestido negro de tirantes finos que es algo escotado y por encima de
la rodilla con algo de vuelo y ceñido a la cintura. Sin duda quería estar
elegante y sorprender a nuestro invitado.
Mi novio y él se saludaron cortésmente cuando les presenté:
- Carlos, él es Félix, mi alumno que ha venido de México.
No sé por qué razón, pero creo que congeniaron desde el
principio, mejor incluso de lo que yo misma imaginaba. Félix estaba arrebatador:
Una camisa larga azul marino con el cuello ligeramente abierto y unos pantalones
de lino le hacían elegante y más deseable todavía, pero mi mente no se apartaba
ni un momento de lo vivido el día anterior, cuando ambos fuimos desnudos sobre
la moto a gran velocidad. Todas esas sensaciones me habían transformado y
alucinado.
Lydia, estás hermosa – comentó Félix dándome primero
un beso en mi mano galantemente y después otro en mi mejilla ante la
atenta mirada de mi novio que pareció fruncir el ceño en un gesto de
celos de los suyos.
Aquella situación a la añadida de mis recuerdos sobre dos
ruedas, provocó que de mi coño emanaran de nuevo fluidos y que mis pezones se
endurecieran considerablemente.
En la cena los chicos volvieron a compenetrarse en temas en
los que ambos parecían coincidir bastante, como el fútbol y las motos, ni
siquiera sabía que mi novio conociera tanto de eso y las ganas que tenía de
comprarse una. Pobrecito, si hubiera sabido que su novia ya lo había probado,
pero además completamente desnuda y con aquel hombretón mexicano que tanto me
excitaba. De vez en cuando, Félix parecía darse cuenta de mis pensamientos y me
sonreía o me dedicaba algún cumplido guiño cuando mi novio estaba algo más
despistado. El morbo se palpaba por todos lados.
Creo que bebimos bastante del vino con el que nos agasajó
Félix, concretamente cayeron las dos botellas y los licores que acompañamos al
final charlando los tres alegremente sentados en el sofá, algo que nos hizo
desinhibirnos y hablar de cosas mucho más ardientes.
Bueno Félix, ¿Qué tal de mujeres en tu país? ¿Tienes
novia? – le preguntó mi novio.
Ahora mismo no tengo ninguna chica esperándome, pero
no me quejo, he tenido y tengo buenas amigas.
Realmente las mexicanas son preciosas. – añadió
Carlos.
Sí, pero las españolas no tienen por qué envidiarlas.
–intervino Félix mirando de reojo hacia mí.
Oh, vaya, ¿Te ha gustado alguna?
Ya lo creo. La belleza de las españolas te hechiza.
Yo no sabía donde meterme pero cuando los ojos de Félix se
dirigían a mí de esa forma conseguía además de sacarme los colores, excitarme
aun más de lo que estaba con el aliciente de que mi novio pudiera mosquearse,
eso añadía más morbo a la situación.
Bueno y en la cama, ¿Quiénes son mejores? – le
preguntaba Carlos, sin enterarse de nada de nuestros secretos vividos y
además, con tanto alcohol encima, le costaba coordinar las frases.
No puedo comparar, ya que solo lo hice con mexicanas.
– sentenció Félix mirándome fijamente a los ojos, provocando mi deseo
aumentado. El alcohol, el morbo y la propia situación provocaban en mí,
un gusto fuera de lo normal.
Bueno, cuenta, cuenta, no te cortes, ¿Cómo se lo
hacen las mexicanas?
Yo le di un codazo en el hombro a mi novio en señal de que
estaba muy bebido y preguntado cosas demasiado directas y que le ponían en un
compromiso a nuestro invitado. Sin embargo Félix, contestó con naturalidad.
Muy bien, las mexicanas son muy buenas amantes, al
menos las que he tenido el gusto de conocer.
¿Y como la chupan? ¿Hacen buenas mamadas? – añadió mi
chico lanzado con aquella embriaguez.
¿Eres idiota? – le dije yo empujándole para que
dejara aquellas preguntas, aunque en el fondo estaba deseosa de saber
todas las respuestas salidas de los labios de aquel hombre tan
interesante… y que además, siendo tan joven, tuviera tanta experiencia
con mujeres.
Bueno cariño, déjale que nos cuente, vamos si no le
importa. – amplió mi novio.
No Lydia, no te apures, no me importa contestar en
absoluto. Estamos entre amigos… Como digo, mis compatriotas además de
bellas saben satisfacer la sed de sus hombres, si bien son muy fieles a
sus parejas.
Entonces, como las de aquí, también todas muy fieles
y estrechitas, jajaja… – añadió Carlos.
No podía creer lo que decía mi novio, primero por atreverse a
hacerle a Félix ese tipo de preguntas y segundo porque no entendía si esa
"estrechez" a la que hacía referencia era por mi o por las españolas en general.
Me daban ganas de decirle: "pues tu novia la estrechita ha estado ayer con este
chico en pelotas recorriendo las calles de la ciudad sobre una moto", pero a
pesar de estar algo bebida, no cometí ese error y me quedé sin pronunciar
palabra.
Sigue Félix, ¿Cómo haces para llevarte a una chica de
tu país a la cama? – insistió mi chico.
Carlos, por favor. – le decía yo agarrándole por el
brazo.
Calla mujer, déjale. Me interesa saberlo…
Bueno, para conquistar a una mujer hay que ser muy
delicado con ella, creo que tanto aquí como en México. – añadió Félix.
Mis pensamientos me llevaban a querer darle un abrazo a Félix
por haber estado tan caballeroso y oportuno, en contra de las impertinentes
preguntas de Carlos, siempre tan fuera de lugar, eternamente tan cerdo y obseso.
Una pregunta Félix ¿Se dejan dar por el culo? –
preguntó de pronto Carlos.
¡Ya basta! – dije levantándome del sofá airadamente.
No te mosquees mujer, estamos en confianza, es solo
una curiosidad que tengo. Lo digo porque las españolas son muy cortadas
en eso y quería saber si las mexicanas…
¡Carlos! – le repetí de nuevo indignada, primero por
airear nuestras intimidades y por ser tan descarado y maleducado.
Nena, si no quieres escuchar te vas, ya se que a ti
eso no te gusta, pero a mi me interesa… - añadió Carlos
Nunca había dejado a mi chico que tuviéramos sexo anal, pues
me daba un pánico terrible, pero tampoco era cuestión que lo contara a los
cuatro vientos. Sin embargo, yo también estaba intrigada por saber lo que
contaba nuestro invitado y me senté de nuevo, afirmando mi interés. Félix rió al
verme tan atenta, pues él sabía de mi virginidad anal.
Creo que si vas muy directo, ninguna mujer va a dejar
que le hagas determinadas cosas, que a priori le atemorizan, es lógico.
Es cuestión de tacto y sobretodo de no forzar la situación y hacerle
entender a la chica en cuestión que no tiene nada de malo o de
peligroso. – nos explicó.
Hubo un largo silencio, por un lado la contundente frase de
Félix me dejó pensativa y a mi novio haciendo quinielas de cómo conseguirlo,
pero nadie añadió nada más y la conversación quedó ahí. Tras las copas y la
charla que tan interesante tema, Carlos estaba rendido o más bien bebido y en
poco tiempo se quedó profundamente dormido en el sofá. Lo cierto es que había
ingerido más alcohol de la cuenta, aunque eso tampoco era nada fuera de lo
normal. Me levanté y ocupé el asiento al otro lado junto a mi guapo invitado,
tomándole de las manos.
Félix tienes que perdonar a Carlos por esas
impertinentes preguntas… Es muy desconsiderado y bastante grosero.
No te preocupes, preciosa, no pasa nada.
Sí, pero no quería que te importunase. – añadí.
Me ha gustado mucho hablar de ello… ¿Y tú? ¿Qué
opinas? – me preguntó mirándome a los ojos.
Bueno, yo… me he quedado cortada y también algo
intrigada.
¿Ah si?
Sí, sentía curiosidad…
Entonces ¿Te serví de ayuda?
Pues creo que sí, no parece tan horrible como yo
creía… La verdad es que él no ha tenido mucho tacto precisamente, como
tú decías… siempre ha ido "a lo bruto" y yo tengo mucho miedo a eso,
Félix… siempre pensé que me iba a doler mucho… algo que no me hace
relajarme.
No tienes por qué temer nada si él lo hace con
cuidado. El sexo anal es algo muy natural y cuando lo descubres no dejas
de practicarlo. Es fantástico.
Pero duele un poco… reconócelo.
No Lydia, eso es un tópico, no duele nada si estás
preparada y créeme el día que lo experimentes, dejarás esos miedos para
aventurarte en un mundo muy placentero y gozoso.
Aquella frase me gustó en un momento en el que yo estaba
además de algo bebida, muy cachonda. Sin poder resistirme le planté un beso en
la boca en señal de mi agradecimiento y de su galantería, además de sentir un
deseo cada vez mayor hacia él. Como me ponía mi alumno mexicano…
Lydia, eres una mujer estupenda. Ojalá algún día tu
novio pueda mostrar ese cuidado para llevarte al séptimo cielo, como tú
mereces. Y sino, aquí me tienes a tu disposición – señaló Félix
sonriendo.
¿Lo harías por mí? – le contesté con la mejor de mis
sonrisas y con una calentura de campeonato.
¿Bromeas? Nada me complacería más. Hacer el amor
contigo debe ser como un regalo de dioses. Algo así como un sueño.
Hay que ver las cosas tan bonitas que sabía decir aquel
alumno mío… A cada momento me ponía más y más caliente. No pude remediar darle
otro beso pero esta vez mi lengua quiso explorar la suya y darnos un morreo
intenso mientras mi novio dormía como un tronco sobre el sofá a pocos
centímetros de nosotros. Félix acariciaba mi cabeza y yo me agarraba a su cuello
como queriendo que no se fuera nunca y que nuestras bocas se fundieran en ese
beso inolvidable.
¡Hagámoslo! – dije de pronto mirándole fijamente a
los ojos.
Pero… ¿Cómo?
Quiero follar contigo Félix y… que estrenes mi
culito. Necesito un experto para iniciarme en esa locura del placer.
Lydia… ¿Ahora?
Sí, ahora o nunca, sino no me atreveré…
Pero ¿Estas completamente segura? ¿Quieres que
follemos…? ¿Y tu novio…?
Félix, hazlo antes de que me arrepienta… Además
Carlos está como un tronco… Vayamos al dormitorio.
Pero… podría despertarse. – añadió con temor.
Félix, quiero follar contigo ahora, estoy muy
cachonda y quiero hacerlo en mi cama… Carlos cuando está así, se queda
muerto… no se entera y además… ¿No te parece super morboso saber que nos
pueda descubrir? – sentenciaba yo, sin creer lo que salía por mi boca,
comportándome de una forma inusual, como una auténtica zorra caliente.
Pero Lydia… es una locura, si él despertase…
Ah vaya, ¿Tienes miedo? Recuerda que yo me atreví con
el asunto de la moto.
Nada de miedo, preciosa, si tú estás segura, no hay
objeción. Por ti, merece la pena arriesgarse a eso y más.
Le tomé de la mano tirando de él y para evitar que yo misma
pudiera arrepentirme, nos dirigimos a mi dormitorio. Félix se sentó en la cama y
yo a horcajadas sobre él. Me agarré con mis manos a su cuello y nos quedamos
mirando unos segundos fijamente. Nuestros pechos estaban unidos, podíamos
percibir la respiración del otro y los respectivos sexos en contacto a través de
la ropa. La erección de Félix era evidente y palpable en mi coño que ya estaba
hinchado y palpitante. Le saqué la camisa como una desesperada, acariciando ese
torso desnudo que tanto me embelesaba… seguía besándole en el cuello, en la
boca, mientras él acariciaba mi espalda por encima del vestido y la otra mano se
introducía entre mis muslos buscando el lugar más caliente de mi cuerpo.
Dios que gusto Félix… - dije entre suspiros al notar
como sus dedos habían llegado hasta mi tanga empapado.
La lengua de Félix se movía con tremenda pericia, pasaba por
mis labios, jugueteaba con mi lengua y yo quería que aquello no terminase nunca.
Buscaba con mis labios atrapar esa lengua juguetona. Estaba cachondísima. Le
deseaba… le necesitaba. Me sacó el vestido por encima de la cabeza y observó mis
pechos desnudos de nuevo, pero esta vez no se conformó solo con mirarlos, sino
que los atrapó con esas divinas manos que me hicieron estremecer…
Félix, que delicia… - repetía yo mirando hacia atrás,
pensando que mi novio pudiera espabilarse, pero nada, con semejante
borrachera estaría fuera de juego por bastante rato.
Lydia, cuanto he deseado este momento – repetía mi
alumno.
Nuestras caricias eran continuas y nuestra lucha por
despojarnos de la poca ropa que nos quedaba era desesperada, hasta que, como dos
locos, nos pusimos en pie y mutuamente nos quitamos las últimas prendas, hasta
quedarnos completamente desnudos. Del mismo modo que en la aventura de la moto,
volvimos a observar nuestra desnudez, pero ahora ya no hubo ningún impedimento,
ninguna timidez para tocarnos, para acariciarnos, para besarnos incesantemente.
La polla de Félix se veía esplendorosa y creo que vigorosamente grande. Al
sostenerla entre mis dedos él no pudo evitar emitir un pequeño gemido que aun me
encendía más. Ya no había marcha atrás, ahora iba por fin, a follar con ese
hombre… y me iba a iniciar en ese prohibido mundo del estreno de mi culito.
Eché una última mirada a mi espalda en busca de mi novio. Esa
sensación de saberle allí, tan cerca, completamente ebrio y sin percatarse de
nada, me producía un gusto inaudito.
Félix me encanta esta polla, cuanto he soñado con
acariciarla – le decía yo sin dejar de juguetear con ella entre mis
dedos.
Lydia, es una maravilla, tus caricias me enloquecen…
Pues vas a ver como trabaja mi boca. – Sentencié.
Tras decir eso, le empujé sobre la cama, quedándose tumbado y
con su preciosa daga apuntando al techo. Me arrodillé sobre la cama a su lado y
frente a la palpitante verga de mi mexicano adorado. La tomé de nuevo entre mis
dedos, como un trofeo anhelado y con mi lengua recorrí toda su longitud, desde
su base hasta la punta mientras de reojo observaba como él se estiraba y cerraba
los ojos en síntoma claro de lo bien que lo estaba disfrutando. Lo siguiente fue
chuparle los huevos, con la lengua, con los labios, incluso mordisqueándolos con
mis dientes. Esas bolas divinas y bien afeitaditas tenían un sabor
extraordinario, cuantas veces las había soñado y ahora las devoraba con empeño.
Luego me metí todo ese enorme tronco en la boca, lentamente pero hasta casi
llegar a mi garganta y comencé a mamarlo con todas las ganas. Solo se oía el
ruido de mi aliento y mi boca que lubricaba aquel impresionante pene. Mis manos
se agarraban a sus caderas y mi velocidad iba en aumento como si aquella mamada
fuera lo último por hacer en mi vida. Me pidió que me tumbara en la cama pues
veía que no podría resistir por más tiempo las caricias que mi lengua y mis
labios estaban proporcionando a su delicado miembro. Era su turno para
arrancarme todo el placer.
Al tumbarme y recibir de inmediato la lengua de Félix en el
interior de mis muslos creí entrar en el paraíso del placer. Recorrió mis
piernas incesantemente hasta que llegó a mi vulva, allí se desbordó, trabajando
afanosamente con sus labios y su lengua. Lo hacía maravillosamente y mi cuerpo
sentía todo el placer del mundo. Tenía que sostenerme a su cabeza y solo repetía
su nombre en señal del gusto que me estaba suministrando. Que placer tan grande.
Ven Lydia, quiero follarte. – me dijo incorporándose.
Se sentó al borde de la cama y volvió a mirarme con esos ojos que me
traspasaban, que me encendían más y más. No había nada más excitante que
aquello, era superior a mí. Por fin iba a sentir la polla de mi
aventajado alumno dentro de mí, esa anhelada ilusión se iba a hacer
realidad y con el morbo añadido de tener a mi novio tan cerca.
Dios, que sensación Félix, esto es tan excitante… -
le decía yo en pie agarrada a su mano dispuesta a montar como una loca
sobre su poderosa daga.
Ven, preciosa. – me repetía Félix sentado sosteniendo
con fuerza una verga que me pareció gigantesca.
Que polla… es enorme…
Es toda tuya, nena. Súbete y cabalga, mi vida…
Así lo hice. Abrí mis piernas y me senté sobre mi deseado
alumno. Agarré aquel violáceo capullo y lo orienté entre mis muslos hasta que su
punta se ubicó en la entrada de mi coño. Tuve que cerrar los ojos, porque casi
me mareo de esa sensación… más aun cuando la cabeza de esa preciosa polla se
hizo paso en mi interior, para después centímetro a centímetro dejarme caer
sobre ella y quedar empalada. Dios, que gusto era sentirla tan adentro, pensé
que me iba a partir en dos, sin embargo se adaptaba perfectamente, creo que
ambos estábamos hechos para follar como si fuéramos el engranaje perfecto. Abrí
mi boca para que la lengua de ese hombre se introdujera a jugar con la mía,
quería tener todo lo máximo de él... sentirle plenamente.
Que polla más rica… Félix… que delicia - repetía yo,
olvidándome de mi novio dormido…
Es toda tuya preciosa, disfrútala.
Empecé a subir y bajar continuamente por esa larga tranca que
me arrancaba gusto tras gusto logrando hacerme estremecer de placer con cada
embestida. Salía hasta casi la punta para volver a dejarme caer y sentirla
completamente. Era increíble el gusto que me estaba proporcionando aquel
mexicano tan habilidoso, creo que mereció la pena toda la locura, de otro modo
no hubiera apreciado que esa polla ahora me pertenecía, estaba dentro de mí y no
quería que ese momento se acabase nunca. Follábamos con desesperación, nos
besábamos, nos acariciábamos y gemíamos sin importarnos que Carlos se pudiera
despertar, solo éramos Félix y yo. El chapoteo de nuestros sexos lubricados era
un sonido celestial y yo me apoyaba en el cuello de mi venerado alumno y me
dejaba caer intentando hacer más intensas cada una de las acometidas.
Nuestros cuerpos desnudos sudaban y se unían en un polvo
maravilloso, ese que nunca mi novio me había regalado en condiciones y que me
hacía sentirme nueva, diferente, excitada… y muy feliz. Podría haber pensado en
el engaño que estaba cometiendo, la gran locura de serle infiel y tan cerca, sin
embargo, follar con el guapísimo de Félix y tenerle dentro de mí era lo único
que merecía la pena.
¿Estás preparada Lydia? – me dijo de pronto.
Sí, lo estoy. – contesté decidida mirándole fijamente
a los ojos y con esa polla que llegaba a lo más hondo de mi ser sabiendo
que en ese momento se abriría paso en mi virginal culito.
Félix comenzó a acariciar mi esfínter con sus dedos sin dejar
de introducir su miembro en mi sexo ni de besarme tiernamente, consiguiendo que
mi cuerpo se dejara llevar relajadamente. Un dedo se abrió paso sin dificultad
en mi agujero posterior, de forma increíble y con él fue haciendo las veces de
un pequeño folleteo en mi culo.
Lydia ¿tienes algún aceite corporal? – me preguntó
sin dejar de hurgar con su dedo mi orificio.
Sí, tengo.
Tráelo, preciosa.
Me costó separarme de Félix durante los pocos segundos que
tardé en dirigirme al baño en busca del aceite que utilizo para después de la
ducha.
Este ¿Puede valer? – le pregunté a mi nuevo amante
que permanecía con una enorme erección al borde la cama cuando regresé
rauda.
Sí, es… perfecto. Date la vuelta, quiero ver ese
precioso trasero en pompa, Lydia. Vas a ver como lo vivido hasta ahora
es solo el comienzo, ahora voy a romperte el culo y vas a ver las
estrellas.
Sus palabras me enloquecían, a pesar de que en muchas
ocasiones el solo hecho de pensarlo me producía pavor, ahora me sentía con
tremendas ganas de probarlo. Iba a ser Félix, ese que fuera mi becario, ahora mi
profesor en esta nueva enseñanza. Coloqué mi culo frente a su cara que sentado
desde la cama lo toqueteaba, lo mimaba lentamente y lo lamía con su lengua
mientras separaba los cachetes y provocaba que mi agujero se abriera ante
aquellas caricias y chupeteos. Yo creía morirme. Miraba mi cara reflejada en el
espejo del armario que se encuentra justo frente a mi cama y comprobaba que era
de puro vicio, estaba más cachonda que nunca en mi vida. Mis ojos brillaban a
más no poder, mis carrillos enrojecidos indicaban el nivel de calentura y lo
remataban mis pechos inflamados con los pezones puntiagudos…
De pronto sentí un dedo entrar por completo en mi culo, pero
no me dolió en absoluto, porque sin verlo imaginaba que Félix lo había lubricado
a base de bien con el aceite.
¿Qué tal preciosa?
Muy bien, Félix, es cierto. No duele nada.
Claro mujer, verás como poco a poco se va dilatando.
No sé de donde sacaba esas habilidades, ese chico tan joven
era un auténtico experto en dar placer, ignoro si tenía mucha experiencia en el
tema, pero desde luego nadie me había mimado tanto y me había regalado tanto
gozo. Sus dedos pasaban de mi sexo a mi culo varias veces, mientras que con la
otra mano lo hacía entre mis tetas y mi ombligo, aquellas caricias me hacían
aflojarme muchísimo. Un nuevo dedo entró en mi culo y esta vez bien adentro.
Pero lo mejor de todo es cuando lograron entrar dos a la vez. A los pocos
segundos sí que sentí cierta molestia, pues era algo tan grande que nunca antes
se había alojado en mi parte trasera. Pegué un pequeño gritito al notar esa rara
presión en mi ano.
¿Todo bien? ¿Algún problema?– preguntó con
preocupación.
No, no, Félix, es algo raro, pero me da mucho gusto.
– le dije para que no se detuviera, sabiendo que la cosa no se podía
quedar ahí.
Bien Lydia, estás muy bien para recibir mi miembro.
¿Quieres que te la meta por ese precioso culo?
Félix… te lo suplico.
Notarás resistencia y un pequeño ardor que parecerá
molesto, pero no creo que te duela. Si así ocurre preciosa, dímelo y
paro de inmediato.
Vale cariño, dámelo ya, quiero sentirlo en mi culo,
no puedo más… - le decía yo rematadamente excitada.
Félix cuidaba cada detalle al máximo y creo que eso era lo
que me daba la sensación de tranquilidad y al tiempo de relajación para recibir
su miembro en mi agujero inexplorado. Supongo que en otras ocasiones, el miedo y
la falta de relajación no permitían aflojar mis músculos y en ese momento estaba
más dispuesta que nunca.
Con sus manos me abría completamente los cachetes del culo y
agarrado a su verga la orientaba primero a mi coñito caliente que seguía
lubricando sin cesar y luego tras embadurnarme de aceite lo intentaba colar por
detrás. Miré al espejo de nuevo y la escena me trasladó a un mundo nuevo, me
sentía extraña al verme allí reflejada en esa postura semi doblada con mis
carrillos encendidos y por debajo una polla que hacía esfuerzos por abrirse
paso. La imagen era la más impactante del mundo. Pero precisamente esa imagen me
ayudaba a pensar que no era yo sino otra Lydia la que iba a ser empalada por
aquel guapo mexicano. Su cara también se veía en el espejo, concentrada en
preparar mi parte posterior, afanándose en darme más placer que dolor, pero
incluso en ese momento no importaba otra cosa que no fuera su polla dentro de mi
culo y que me desvirgara de una maldita vez.
Lydia, voy a follarte ese culito divino que tienes,
eso que tanto soñé. – me decía con la voz temblorosa.
Su capullo se abrió paso sin problema, con menos resistencia
de la que esperaba y al verme en el espejo medio levantada y dispuesta a ser
sodomizada por primera vez quise grabar esa imagen para siempre.
Oh Félix que caliente se nota, que gustito, métela…
métela por Dios…
Mis súplicas no se hicieron esperar, lentamente se fue
abriendo paso, como a cámara lenta y toda la verga de ese hombre me abría en
canal sintiendo una sensación nueva y extraña. No se podía considerar como
dolor, ni escozor, ni posiblemente la mezcla de las dos cosas, pero sabiendo que
Félix lo iba a conseguir, con su habilidad, con su paciencia y su fabuloso
tacto. Hubo un momento en que esa especie de dolor y placer mezclados me
llevaban a perder el aire, creo que estaba entrando en una dimensión nueva y
sorprendente, porque en un instante justo cuando Félix logró introducir unos
centímetros más, ese pinchazo agudo era acompañado de más placer y mi postura
forzada me llevó a dejarme caer con el propio peso de mi cuerpo. Toda la polla
de mi alumno se introdujo en mi culo, hasta notar sus huevos pegados a mi sexo
hinchado.
Sé que grité, no se cuanto ni a que volumen, pero noté como
mi garganta explotaba soltando una especie de alarido que debió oírse por toda
la casa. Nos detuvimos por un instante, abrazados y quietos, pensando que Carlos
hubiera podido escuchar mi aullido. Aguanté ese nuevo pinchazo en mis entrañas y
poco a poco fue desapareciendo para convertirse en un placer inusitado. Los dos
cuerpos estaban unidos y así se veían reflejados en el espejo, su cabeza pegada
a la mía, su cuerpo en mi cuerpo, su verga en lo más adentro de mi culo. Le
sonreí y tras asegurarnos que nada ni nadie podrían enturbiar ese momento, ni mi
propio novio que seguía dormido como un tronco, comenzamos a follar con todas
las ganas. Mi cuerpo subía y a bajaba sobre su verga que estaba ensartada hasta
lo más hondo.
Félix, que gusto, Dios, no sabía que esto era tan
maravilloso… - le repetía una y otra vez jadeante.
Ese culito es una delicia princesa. Nunca había
sentido nada igual.
No sé si eran ciertas sus palabras pero de la manera en como
gemía y como se aceleraba su respiración cada vez que dejaba caer mi cuerpo
sobre él, no parecía que estuviera fingiendo precisamente. Notarle gozando al
igual que yo, era algo tremendamente cachondo y placentero. Félix me agarraba
por las caderas y observaba como la lubricación se hacía perfecta y yo en el
espejo como nuestros cuerpos se unían continuamente, arrancándonos más y más
placer.
El resto del dolor desapareció por completo o al menos, si lo
había, era cubierto completamente por oleadas de placer. Me sentía tan a gusto
así, follando con Félix que me hubiera tirado horas. Y verme allí reflejada era
lo más apasionante que había vivido. Seguía dejándome caer sobre la preciosa
verga de Félix que se abría paso en mi culo que la recibía gustoso. Que gozada.
Cuantas veces pensé en este momento y que tonta fui de no haberlo probado antes.
Que gusto princesa, creo que no voy a aguantar más,
me voy a correr. – eran las palabras entrecortadas de mi hombre, ese que
me arrancaba el placer en lo más profundo de mi culo.
Córrete Félix le decía yo, mientras arqueaba mi
espalda intentando que aquella verga deliciosa entrase aun más adentro.
De pronto Félix se agarró a mis tetas y mantuvo su polla bien
adentro, cuando de pronto, los primeros chorros de su leche bañaron mi agujerito
posterior. Varias embestidas más y varios espasmos daban lugar a una corrida
monumental por su parte. Y yo me sentía dichosa y así continué cabalgando sobre
su estaca intentando sacar todo su jugo. Poco después sus dedos empezaron a
jugar con mi clítoris y su polla que aun no había reducido su dureza dieron el
espaldarazo definitivo al orgasmo que salió de mi interior entremezclado entre
jadeos y gritos, pronunciando su nombre:
Félix, Félix, Félix…
Él me abrazaba por detrás y seguí apretando su pelvis contra
mi culo para que todos esos calambres de placer llegaran a lo más profundo de mi
ser y vaya si llegaron, por un momento sentí una especie de mareo y ese orgasmo
fue muy distinto a otros muchos que había tenido otras veces. Fue una maravilla.
Exhaustos, terminamos separándonos y yo me giré colocándome
nuevamente sobre él, cara a cara para besarle, sosteniendo su rostro entre mis
manos, mi lengua exploraba dentro de su boca, quería seguir atrapando la suya,
darle todo ese placer que acababa de regalarme.
Una última mirada a sus ojos que brillaban vivaces para
decirle:
Gracias.
Gracias a ti, preciosa. Nunca podré olvidar esto. –
contestó sonriente.
Mi novio seguía sin enterarse de nada y aun aprovechamos para
seguir acariciándonos y besándonos durante un buen rato, queriendo vivir a tope
ese momento que sería uno de los más felices de nuestra vida, al menos lo fue
para mí. Sabía que Félix al día siguiente desaparecería, sin embargo su
presencia estaba junto a mí y el recuerdo de haberme dado el mayor de los
placeres estrenando mi culo, eso fue inolvidable... Nunca podré estar lo
suficientemente agradecida de cuantas cosas me ha regalado mi "mexicano
españolizado"… ese que pasó de ser un alumno aventajado a mi mejor profesor
particular.
Lydia